¿Por qué orar?
"Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo." Mateo 14:23
Como periodista, he pasado tiempo con personas famosas que me hacen sentir muy pequeño. Rara vez duermo bien la noche anterior a la entrevista y tengo que luchar contra mis nervios. Me pregunto qué haría si estuviera sentado en algún banquete junto a, digamos, Albert Einstein o Mozart. ¿Nos pondríamos a charlar? ¿Me pondría en ridículo?
En oración me acerco al Creador de todo lo que existe -Alguien que me hace sentir inmensurablemente pequeño. ¿Qué más puedo hacer sino permanecer en silencio ante tal Presencia? ¿Cómo puedo creer que sea lo que sea que yo diga va a importarle a Dios?
Algunas veces, la Biblia enfatiza la distancia entre los humanos y Dios, y otras, la cercanía entre ambos. Pero, sin duda alguna, Jesús mismo nos enseñó a contar con la cercanía. En Sus propias oraciones Él usaba la palabra Abba (Papá), un tratamiento informal que los judíos jamás habían usado antes en oración. Había nacido una nueva forma de orar.
Jesús entendía mejor que nadie la inmensa diferencia entre Dios y los seres humanos. Y, sin embargo, no puso en tela de juicio la preocupación personal de Dios, quien cuida de las aves y cuenta los cabellos en nuestras cabezas. Él valoró la oración lo suficiente como para pasar muchas horas en dicha tarea.
Si tuviera que responder a la pregunta «¿Por qué orar?» en una sola frase, esta sería: «Porque Jesús lo hacía».
En oración me acerco al Creador de todo lo que existe -Alguien que me hace sentir inmensurablemente pequeño. ¿Qué más puedo hacer sino permanecer en silencio ante tal Presencia? ¿Cómo puedo creer que sea lo que sea que yo diga va a importarle a Dios?
Algunas veces, la Biblia enfatiza la distancia entre los humanos y Dios, y otras, la cercanía entre ambos. Pero, sin duda alguna, Jesús mismo nos enseñó a contar con la cercanía. En Sus propias oraciones Él usaba la palabra Abba (Papá), un tratamiento informal que los judíos jamás habían usado antes en oración. Había nacido una nueva forma de orar.
Jesús entendía mejor que nadie la inmensa diferencia entre Dios y los seres humanos. Y, sin embargo, no puso en tela de juicio la preocupación personal de Dios, quien cuida de las aves y cuenta los cabellos en nuestras cabezas. Él valoró la oración lo suficiente como para pasar muchas horas en dicha tarea.
Si tuviera que responder a la pregunta «¿Por qué orar?» en una sola frase, esta sería: «Porque Jesús lo hacía».
"Si Jesús necesitaba orar, ¿cómo podemos nosotros hacer menos que eso?"
Lectura del día: Lucas 11:1-13
Lectura del día: Lucas 11:1-13