sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexión sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexiones
Dennis Fisher

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación […]; puso mis pies sobre peña…” —Salmo 40:2

Hace poco, se cumplieron 20 años desde que comencé a escribir un diario personal espiritual. Mientras releía las primeras cosas que anoté, me sorprendí de haber mantenido durante tanto tiempo esta costumbre. Pero ¡ahora no dejaría de hacerlo ni aunque me pagaran!
 
Estos son algunos de los beneficios de haberlo escrito: Las experiencias de la vida me enseñaron que progresar y fracasar son parte del trayecto. Leer sobre cómo me ayudó Dios a solucionar un problema importante me trae a la mente Su gracia. Las luchas pasadas me dan discernimiento para enfrentar cuestiones del presente. Y, lo más importante de todo, las anotaciones diarias me muestran la gran fidelidad de Dios al obrar en mi vida.
 
Muchos de los salmos son como diarios espirituales. Suelen registrar cómo ha llegado la ayuda divina en momentos de prueba. En el Salmo 40, David escribe: «Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos» (vv. 1-2). Después, lo único que tenía que hacer él era leer el salmo para recordar la fidelidad con que Dios lo había liberado.
 
Escribir un diario también te podría resultar útil. Puede ayudarte a ver con más claridad lo que el Señor está enseñándote en el viaje de la vida y hacer que reflexiones sobre Su fidelidad.
“Reflexionar sobre la fidelidad de Dios en el pasado da esperanza para el futuro.”
Lectura del día: Salmo 40:1-5

viernes, 30 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 30 de diciembre de 2011

Cumplir con tu papel
Cindy Hess Karper

“… en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función…” —Romanos 12:4

Durante los últimos años, mi hija Rosie ha sido directora teatral en una escuela secundaria local. Los alumnos se presentan a las pruebas y solo algunos son seleccionados para representar los papeles principales. Pero hay también muchos otros roles secundarios importantes que deben llevarse a cabo y que son vitales para la producción.
 
Hay otros jóvenes que quieren formar parte del espectáculo, pero no les gusta estar a la vista, sino que varían el escenario, abren y cierran los telones, manejan las luces y ayudan con el maquillaje y los cambios de ropa. Además, están los padres que forman parte de la comunidad y que proveen pizza y galletas para los ensayos, donan materiales, construyen escenarios, cosen disfraces, hacen carteles y reparten programas.
 
El éxito de los espectáculos es la culminación de un intenso proceso de cuatro o cinco meses que surge como resultado del arduo trabajo de una gran cantidad de dedicados voluntarios.
 
De manera similar, para que el cuerpo de Cristo funcione plenamente, cada uno de nosotros debe hacer su parte. Cada creyente está singularmente dotado para el servicio. Estos dones se combinan para cooperar los unos con los otros, «según la actividad propia de cada miembro» (Efesios 4:16), y las distintas partes se suman para formar un todo (Romanos 12:5).
 
Nos necesitamos mutuamente. ¿Qué papel estás cumpliendo en la vida de la iglesia?
“Para que una iglesia sea saludable, sus miembros deben ejercitar sus dones espirituales.”
Lectura del día: Romanos 12:1-8

jueves, 29 de diciembre de 2011

Reflexión jueves, 29 de diciembre de 2011

Aún así, me alegraré
Marvin Williams

“Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.” —Habacuc 3:18

Vivir en este mundo puede ser difícil. En ciertos momentos, casi todos nos hemos preguntado: ¿Dónde está Dios? ¿No sabe lo que me pasa? Y tal vez hemos pensado: Da la impresión de que la injusticia está triunfando y que Dios no hace nada. La manera de reaccionar ante nuestros problemas depende de nosotros. El profeta Habacuc tuvo una actitud digna de imitar: Decidió regocijarse.
 
Habacuc vio que los errores espirituales y morales de Judá aumentaban rápidamente, y eso lo perturbó en gran manera. Pero la reacción de Dios le afectó aún más, ya que iba a usar a la malvada nación de Babilonia para castigar a Su pueblo. Aunque el profeta no lo entendió en profundidad, pudo regocijarse porque había aprendido a depender de la sabiduría, la justicia y la soberanía de Dios. Concluyó su libro con una declaración maravillosa: «Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18). Aunque no estaba claro cómo sobreviviría Judá, Habacuc había aprendido a confiar en el Señor en medio de la injusticia, el sufrimiento y la pérdida. Viviría por su fe puesta solo en Dios. Junto con esa clase de fe, llegó el gozo del Señor, a pesar de las circunstancias que lo rodeaban.
 
Nosotros también podemos regocijarnos en nuestras pruebas, tener una confianza inamovible en Dios y vivir en las alturas de Su soberanía.
“Alabar a Dios en las pruebas convierte las cargas en bendiciones.”
Lectura del día: Habacuc 3:11-19

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Reflexión miércoles, 28 de diciembre de 2011

Decisiones y consecuencias
Bill Crowder

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” —Gálatas 6:7

En el Museo Internacional de la Esclavitud, en Liverpool, Inglaterra, se recuerda la devastación de generaciones de hombres, mujeres y niños. El precio que personas inocentes pagaron por la codicia de otros es horroroso… pero no solo ellos han pagado por lo sucedido. En la pared del museo, aparece grabada una profunda observación de Frederick Douglass, ex esclavo y defensor de los derechos humanos, que dice: «Ningún hombre puede encadenar el tobillo de otro ser humano sin, a la larga, descubrir que el otro extremo de la cadena está sujeto a su propio cuello». En toda acción deshumanizante, nos deshumanizamos a nosotros mismo.
 
El apóstol Pablo lo expresó de otro modo al escribir: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7). Estas palabras constituyen un enérgico recordatorio de que nuestras acciones tienen consecuencias; entre ellas, cómo tratamos a los demás. Cuando preferimos odiar, ese odio puede retornar a nosotros haciendo que experimentemos situaciones para las que nunca estamos totalmente preparados. Quizá lleguemos a aislarnos de los demás, enojarnos con nosotros mismos y anular nuestra capacidad para servir a Dios con eficacia.
 
Antes de que esto suceda, decidamos «no [cansarnos], pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos […]. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos…» (vv. 9-10).
“La semilla que sembremos hoy determinará el fruto que cosecharemos mañana.”
Lectura del día: Gálatas 6:1-10

martes, 27 de diciembre de 2011

Reflexión martes, 27 de diciembre de 2011

Espera colmada de gracia
Anne Cetas

“… no desmayamos…” —2 Corintios 4:16

Rogelio se quedó sin trabajo porque la empresa redujo el personal. Durante meses, se presentó en diversos lugares, oró, les pidió a otros que oraran y confío en Dios. No obstante, los sentimientos de él y de su esposa, Julia, fluctuaban. Veían que el Señor les proveía de maneras inesperadas y experimentaban Su gracia, pero, a veces, se preocupaban porque pensaban que nunca encontraría otro trabajo. Esperaron durante 15 largos meses.
 
Al cabo de un tiempo, Rogelio tuvo tres entrevistas en una empresa y, una semana después, lo llamaron y le dijeron: «¿Alguna vez oyó el dicho: “A veces, las nubes tienen un revestimiento de plata”? Bueno, ¡consiguió trabajo!». Más tarde, Julia me dijo: «No cambiaríamos esa dura experiencia por nada. Hizo que nos acercáramos más el uno al otro y al Señor». Los amigos que habían orado se alegraron y le dieron gracias a Dios.
 
Pablo quería que la iglesia de Corinto viera que la gracia del Señor estaba obrando en su vida, para que «la acción de gracias [sobreabundara] para gloria de Dios» (2 Corintios 4:15). Sus pruebas eran tan severas que estaba atribulado en todo, en apuros, perseguido y derribado (vv. 8-9). Sin embargo, instaba a la gente a no desanimarse con los problemas (v. 16), sino a confiar en el Señor. Durante nuestras dificultades, podemos acercarnos más a Dios y a los demás, tal como les sucedió a Rogelio y a Julia, y el Señor será alabado por Su gracia.
“No hay mejor momento para adorar a Dios que ahora mismo.”
Lectura del día: 2 Corintios 4:7-18

lunes, 26 de diciembre de 2011

Reflexión lunes, 26 de diciembre de 2011

Adoración incorrecta
Dave Branon

“… hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse…” —Hechos 19:27

Si realmente quieres hacer que la gente se enoje, pon en peligro su situación financiera.
 
Una mala perspectiva económica hace que los políticos sean destituidos, y la amenaza de una reducción en los ingresos casi hizo que echaran a Pablo de Éfeso.
 
Esto fue lo que sucedió: Pablo llegó a la ciudad y empezó a discutir y persuadir «acerca del reino de Dios» (Hechos 19:8). Había comunicado el evangelio durante más de dos años, y muchos comenzaron a seguir a Jesús.
 
Como el apóstol estaba teniendo tanto éxito en lograr que la gente viera que hay un solo Dios verdadero, muchos efesios dejaron de adorar a la diosa Diana. Esto se convirtió en una mala noticia para los plateros locales que se ganaban la vida fabricando y vendiendo estatuillas de esa diosa. Si mucha gente dejaba de creer en ella, se les terminaría el negocio. Por eso, cuando los artesanos se dieron cuenta de la situación, hubo una conmoción y un tumulto.
 
Este incidente en Éfeso puede inducirnos a evaluar por qué adoramos a Dios. Los plateros querían defender la adoración del pueblo para proteger su prosperidad personal, pero que nunca se diga algo así de nosotros. Jamás permitas que tu adoración al Señor se convierta en un medio para tener buena suerte.
 
Adoramos a Dios por Su amor hacia nosotros y por lo que Él es; no porque tal actitud pueda llegar a aumentar el saldo de nuestras cuentas. Adoremos al Señor de la manera correcta.
“No adores a Dios para obtener beneficios… ya los tienes.”
Lectura del día: Hechos 19:23-41

domingo, 25 de diciembre de 2011

Reflexión domingo, 25 de diciembre de 2011

Llegó la hora
Jennifer Benson Schuldt

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” —Lucas 2:14

Durante la fiesta de Navidad en nuestra iglesia, observaba a los integrantes del coro que se ubicaban al frente de la congregación mientras el director de música hojeaba unos papeles que tenía sobre un delgado atril negro. La orquesta empezó a tocar y los cantantes interpretaron una conocida canción que comenzaba con estas palabras: «Venid, adoremos; venid, adoremos».
 
Aunque esperaba oír un antiguo y preciado villancico de Navidad, sonreí ante la apropiada elección de la música. La semana anterior había estado leyendo el relato de Lucas del nacimiento de Jesús y noté que, en la primera Navidad, no hubo fiestas, ni regalos ni comidas como en la actualidad, pero sí hubo adoración.
 
Después que el ángel les anunció a unos asombrados pastores que Jesús había nacido, apareció un coro de ángeles «que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas…!» (Lucas 2:13-14). La reacción de los pastores fue ir corriendo a Belén, donde hallaron al Rey que acababa de nacer y que yacía en un pesebre en un establo. Más tarde, regresaron a sus campos «… glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto…» (v. 20). Ver cara a cara al Hijo de Dios movió a los pastores a adorar al Padre.
 
Considera hoy cuál es tu reacción ante la llegada de Jesús a la tierra. ¿Hay lugar en tu corazón para adorar durante este día que celebra Su nacimiento?
“El coro del cielo bajó para cantar cuando el Rey celestial descendió para salvar.”
Lectura del día: Lucas 2:8-20

sábado, 24 de diciembre de 2011

Reflexión sábado, 24 de diciembre de 2011

Muerte derrotada
David C. McCasland

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” —1 Corintios 15:55

Los investigadores en medicina trabajan incansablemente para encontrar una cura para el cáncer, una pista sobre el misterio del Mal de Alzheimer y alguna forma de acabar con una hueste de debilitantes enfermedades. Pero ¿qué pasaría si te despertaras y leyeras una noticia que dice: ¡LA MUERTE HA SIDO DERROTADA!? ¿Lo creerías? ¿Podrías creerlo?
 
El Nuevo Testamento proclama que, para el creyente en Cristo, la muerte verdaderamente ha sido destruida, se volvió inactiva y ya no es capaz de hacer lo que hacía antes. «Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria» (1 Corintios 15:54).
 
Esta buena noticia es para todos los que la reciban, tal como el ángel les dijo a los pastores cuando Jesús nació. «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor» (Lucas 2:10-11).
 
El nacimiento de Jesús fue el principio del final de la muerte. «… el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 15:56-57).
 
¡Por esta razón, celebramos la Navidad!
“El nacimiento de Cristo trajo a Dios al hombre; Su cruz lleva el hombre a Dios.”
Lectura del día: 1 Corintios 15:50-58

viernes, 23 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 23 de diciembre de 2011

El Dios perseguidor
Joe Stowell

“… Dios envió a su Hijo, […], para que redimiese a los que estaban bajo la ley…” —Gálatas 4:4-5

El pastor Tim Keller, de una iglesia presbiteriana de Manhattan, en Nueva York, señala acertadamente que el cristianismo se caracteriza entre todas las religiones porque se trata de un Dios que nos persigue para que nos acerquemos a Él. En todos los otros sistemas religiosos, las personas persiguen a su dios, con la esperanza de que este las acepte por su buena conducta, el cumplimiento de rituales, las buenas obras y otros esfuerzos personales.
 
El poeta británico Francis Thompson capta la profunda naturaleza de esta realidad cuando escribe sobre la forma incesante en que Dios lo persiguió. En su obra titulada El lebrel del cielo, relata que mientras huía del Señor, no podía dejar atrás «esos poderosos pies que me seguían […] en una persecución sin prisa, pero con paso imperturbable». Sin embargo, la incansable persecución de Dios tras la persona descarriada no es solo la historia de Thompson. La esencia del mensaje de la Navidad es la maravillosa verdad de que el Señor vino a buscarnos a cada uno de nosotros. Como declara Pablo: «… Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley…» (Gálatas 4:4-5).
 
Y no es solo la historia de la Navidad, sino también la de la persecución de Dios tras Adán y Eva después de la caída. ¡Me persiguió a mí! ¡Te persigue a ti! ¿Dónde estaríamos hoy si Dios no fuera el «Lebrel del cielo»?
“El deseo eterno de Dios para contigo nunca se acabará.”
Lectura del día: Gálatas 4:1-7

jueves, 22 de diciembre de 2011

Reflexión jueves, 22 de diciembre de 2011

Tesoro escondido
Dennis Fisher

“En [Cristo] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.” —Colosenses 2:3

Un cazador de tesoros británico encontró una cantidad inmensa de monedas romanas enterradas en un campo al sudoeste de Inglaterra. Con un detector de metales, Dave Crisp ubicó una gran vasija con 52.000 monedas. Esas piezas de oro y de bronce, que pesan más de 160 kilogramos y datan del siglo iii a.C., están valuadas en cinco millones de dólares.
 
Si bien el tesoro de Crisp podría hacernos soñar con encontrar riquezas similares, los creyentes en Cristo deberíamos dedicarnos a una clase distinta de búsqueda de tesoros. Lo que rastreamos no es plata ni oro, sino que deseamos encontrar las preciosas gemas del discernimiento, para poder alcanzar «todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2:2-3). El tesoro escondido de conocer más al Señor se encuentra en la Biblia. El salmista dijo: «Me alegro en tu palabra como alguien que descubre un gran tesoro» (Salmo 119:162 NTV).
 
Si leemos la Palabra de Dios en forma apresurada y superficial, nos perderemos sus profundos conceptos. Esas verdades deben buscarse diligentemente, poniendo tanta atención como lo hace alguien que está buscando un tesoro escondido.
 
¿Estás ansioso por encontrar los tesoros guardados en las Escrituras? ¡Empieza a cavar!
“Los tesoros de verdad de la Palabra de Dios se desentierran con la pala de la meditación.”
Lectura del día: Colosenses 1:27-2:3

martes, 20 de diciembre de 2011

Reflexión martes, 20 de diciembre de 2011

Siempre de servicio
Marvin Williams

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta…” —Hebreos 13:17

Mientras mis hijos estaban arrojando los restos de comida en un cesto para desperdicios en un centro de compras local, un hombre que, evidentemente, estaba apurado por algo, casi se chocó con el mayor de ellos. Mi hijo menor dijo en broma: «Quizá robó algo». Pensé que podría usar la situación como una oportunidad para enseñarles algo, y dije: «Eso es lo que la Biblia llama juzgar a los demás». Entonces, él me preguntó sonriendo: «¿Por qué estás siempre “pastoreándome”?». Cuando dejé de reírme, les dije a mis hijos que nunca podía tomarme vacaciones de mi labor de guiarlos y cuidarlos.
 
El apóstol Pablo les dijo a los ancianos de Éfeso que ellos tampoco podían tomarse vacaciones de la tarea de pastorear al pueblo de Dios (Hechos 20). Estaba convencido de que los falsos maestros tratarían de devastar la iglesia (v. 29) y que los líderes debían proteger al grupo de tales embestidas. Cuidar al pueblo del Señor incluye alimentarlo espiritualmente, guiarlo con bondad y advertirlo con firmeza. El incalculable precio que Cristo pagó en la cruz debería motivar a los líderes de la iglesia (v. 28).
 
Los que lideran a las congregaciones tienen la gran responsabilidad de vigilar nuestras almas porque, un día, tendrán que rendirle cuentas al Señor de su labor entre nosotros. Hagamos que hoy se sientan gozosos al ver que los obedecemos y nos sometemos a su liderazgo fiel y piadoso (Hebreos 13:17).
“Después de oír la Palabra de Dios, deberíamos comprometernos a hacer Su obra.”
Lectura del día: Hechos 20:22-32

viernes, 16 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 16 de septiembre de 2011

Evitar las cáscaras
Dave Branon

“Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.” —Lucas 15:16

¡Ah, qué vida la de un cerdo! Lo único que le ofrece cada nuevo día es chapotear en el barro y resoplar alegremente a la hora de comer. ¡Y qué comida que tienen! Cáscaras de trigo crujientes… o cualquier resto de alimentos que se deseche en el corral.
 
¿Suena agradable? ¿No? Es probable que al hijo pródigo tampoco le haya gustado.
 
Antes de empezar a comer con los cerdos, había tenido una cálida cama, una gran herencia, un padre amoroso, un futuro asegurado y, posiblemente, buena comida. Pero no le bastó. Quería «divertirse». Deseaba manejar su vida y hacer lo que se le antojara. Todo terminó en compartir la comida con los cerdos.
 
Cuando un joven ignora la guía de padres piadosos y las instrucciones de la Palabra de Dios, los resultados son similares. Siempre me perturba cuando alguien que profesa conocer a Jesús decide vivir de una manera que rechaza la clara enseñanza divina. Ya sea que las decisiones incluyan pecados sexuales, uso de sustancias adictivas, falta de iniciativa o cualquier otra cosa, todo aquello que deje de lado al Señor corre el riesgo de terminar mal.
 
Si despreciamos los claros principios morales de la Biblia y descuidamos nuestra comunión con Dios, seguramente enfrentaremos problemas. Lucas nos cuenta que el joven dio un giro de 180 grados cuando volvió a sus cabales (Lucas 15:17). No pierdas la cabeza. Vive para Dios con la guía de Su Palabra… a menos que te apetezca comer cáscaras.
“El pecado parece deleitoso porque es engañoso.”
Lectura del día: Lucas 15:11-24

lunes, 12 de diciembre de 2011

Reflexión lunes, 12 de diciembre de 2011

Una creciente agresividad
Bill Crowder

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” —Romanos 12:18

En un viaje reciente, un auxiliar de vuelo me preguntó si volaba con mucha frecuencia. Cuando le contesté que sí, dijo: «¿No ha observado que la gente en las aeronaves están volviéndose cada vez más agresiva últimamente?». Tuve que confesar que estaba de acuerdo. Entonces, empezamos a hablar de cuáles podrían ser las causas; cosas como las crecientes medidas de seguridad aeroportuarias, los costos elevados, la disminución en los servicios y una insatisfacción generalizada con respecto a los viajes. Para confirmar que lo que decíamos era cierto, ¡nuestra conversación se vio interrumpida por un pasajero que no quería sentarse en el lugar que le habían asignado, porque le gustaba más el de otro!
 
Cuando los seguidores de Cristo se enfrentan con enojos y agresividades, pueden ser pacificadores. Pablo le escribió a la iglesia de Roma planteándole este desafío: «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres» (Romanos 12:18). ¿Qué significa esto? Por un lado, que debemos controlar lo que está a nuestro alcance. No podemos controlar las actitudes de los demás, pero sí nuestras reacciones.
 
Cuando nos vemos rodeados de ira y de actitudes hostiles, podemos exhibir el corazón del Príncipe de paz al responder de una manera bondadosa y pacífica. De este modo, demostraremos la actitud de nuestro Salvador en un mundo de creciente agresividad.
“El mundo necesita una paz que supere todo malentendido.”
Lectura del día: Filipenses 4:4-9

sábado, 10 de diciembre de 2011

Reflexón sábado, 10 de diciembre de 2011

Situación riesgosa
Joe Stowell

“Y despertando José […], hizo como el ángel del Señor le había mandado…” —Mateo 1:24

En alguna de las tarjetas de Navidad que recibas este año, sin duda habrá un hombre de pie, al fondo, mirando por encima del hombro de María, el cual muestra un notorio interés por el niño Jesús. Se llama José. Después de terminado el relato del nacimiento, no se vuelve a oír mucho de él. Si no conociéramos la historia, pensaríamos que era un espectador insignificante o, a lo sumo, una mera necesidad para validar el derecho de Jesús al trono de David.
 
No obstante, en realidad, José desempeñó un papel estratégicamente importante. Si hubiese desobedecido el mandato del ángel de tomar a María por esposa (Mateo 1:20), desde un punto de vista humano, habría hecho peligrar toda la misión de Jesús. Tomarla por esposa era una tarea riesgosa. Que la gente pensara que él era el padre del bebé lo ponía en una grave situación de quebrantamiento de la ley judía y lo desacreditaba públicamente. Sin embargo, hoy todos estamos agradecidos de que él haya estado dispuesto a poner en juego su reputación para participar en la revelación progresiva de Dios y colaborar en su cumplimiento.
 
Nosotros, en su mayoría, somos insignificantes en comparación con los personajes importantes de este mundo, pero a todos se nos llama a obedecer. ¿Quién sabe qué tiene preparado Dios cuando estamos dispuestos a someternos a Su voluntad? ¡Incluso cuando eso nos ponga en una situación riesgosa!
“No es poca cosa confiar y obedecer.”
Lectura del día: Mateo 1:18-25

viernes, 9 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Qué te daré?
David H. Roper

“… le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.” —1 Reyes 3:5

Me han contado que las «historias sobre tres deseos» pertenecen a casi todas las culturas y siguen una idea similar: Aparece un benefactor y ofrece conceder tres deseos a un confiado beneficiario. Que estos cuentos se den con tanta frecuencia sugiere que todos queremos tener algo que no podemos conseguir por nuestros propios medios.
 
Incluso en la Biblia hay una «historia de un deseo». Ocurrió una noche cuando el Señor se le apareció a Salomón en un sueño y le dijo: «… Pide lo que quieras que yo te dé» (1 Reyes 3:5). Salomón podría haber pedido cualquier cosa: riquezas, honra, fama o poder. Sin embargo, no pidió ninguna de estas cosas, sino que quiso tener un «corazón entendido» (v. 9); es decir, un corazón humilde y dispuesto a escuchar la Palabra de Dios y aprender sus verdades. El joven e inexperto rey que cargaba con la responsabilidad de gobernar una vasta nación necesitaba la sabiduría del Señor para desempeñarse bien.
 
¿Tengo yo esa sabiduría? Si Dios me hablara directamente y me preguntara qué puede hacer por mí, ¿qué le pediría? ¿Salud, riqueza, juventud, poder, prestigio? ¿O le rogaría que me dé sabiduría, santidad y amor? ¿Sería sabio o insensato al pedir?
 
Supongamos que el Señor te preguntara qué quieres que te dé, ¿qué le pedirías?
“Dios les da Su sabiduría a los que humildemente se la piden.”
Lectura del día: 1 Reyes 3:1-9

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Reflexión miércoles, 7 de diciembre de 2011

En memoria de él
Randy K. Kilgore

“Y habiendo [Jesús] dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido…” —1 Corintios 11:24

Cuando un navío de la Marina de los Estados Unidos llega o parte de la base naval de Pearl Harbor, la tripulación se pone en formación, vestida con sus uniformes. Se colocan en posición de firmes a un brazo de distancia entre sí en los laterales de la cubierta, para homenajear a los soldados, los marineros y los civiles que murieron el 7 de diciembre de 1941. Es una escena emocionante, y los participantes suelen considerarlo uno de los momentos más inolvidables de su carrera militar.
 
Incluso para los espectadores, el homenaje despierta un increíble vínculo emocional, particularmente entre los servidores actuales y los del pasado. Le otorga honorabilidad a la labor de los marineros del día de hoy y dignidad al sacrificio de los de ayer.
 
Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor (Mateo 26:26-29), es indudable que lo hacía con el propósito de crear esta misma clase de vínculo emocional. Nuestra participación en la mesa del Señor honra Su sacrificio y, al mismo tiempo, nos concede una comunión íntima con Él mucho más profunda que cualquier otro acto de recordación.
 
Tal como la Marina prescribe detalladamente la manera de homenajear a los caídos, las Escrituras también nos enseñan cómo recordar el sacrificio de Cristo (1 Corintios 11:26-28). Estos actos de adoración y de acción de gracias sirven para honrar una acción del pasado que le da sentido al servicio del presente.
“Cena del Señor: La conmemoración de Cristo que Él mismo nos dejó.”
Lectura del día: 1 Corintios 11:23-34

martes, 6 de diciembre de 2011

Reflexión martes, 6 de diciembre de 2011

Vida libre de impaciencia
Dave Branon

“… no te irrites, sólo harías lo malo.” —Salmo 37:8

¿Te molesta ver cuánta atención presta la sociedad actual a personas que defienden todo lo malo? Quizá se trate de estrellas del espectáculo que ocupan la primera plana mientras fomentan filosofías inmorales con su música, películas o programas. O pueden ser líderes que abiertamente menosprecian los patrones de vida recta.
 
Sería fácil impacientarnos ante esto y estrujarnos las manos desesperados, pero el Salmo 37 sugiere un camino mejor. Escucha el sabio consejo de David: «No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad» (v. 1).
 
Aunque está bien ser «sal» y «luz» (Mateo 5:13-14) en este mundo insulso y oscuro, para intentar contrarrestar el pecado al reflejar la luz de Jesús donde sea posible, no podemos permitir que fuerzas negativas nos hagan vivir enojados y airados (Salmo 37:8). En cambio, debemos descansar en Dios y dejar que Él tenga la última palabra respecto a los malignos: «… como la hierba verde se secarán» (v. 2). Además, deberíamos adoptar el enfoque de David: (1) «Confía en Jehová, y haz el bien»; (2) «te apacentarás de la verdad»; (3) «deléitate asimismo en Jehová»; (4) «encomienda a Jehová tu camino»; y (5) «guarda silencio ante Jehová, y espera en él» (vv. 3-7).
 
Tal vez no nos guste lo que vemos y oímos de algunos aspectos de la sociedad, pero recuerda esto: Dios tiene el control. Confía en que Él hará lo correcto y no te impacientes.
“No desesperes ante la maldad; Dios tiene la última palabra.”
Lectura del día: Salmo 37:1-11

lunes, 5 de diciembre de 2011

Reflexión lunes, 5 de diciembre de 2011

Bien amado
David C. McCasland

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” —1 Juan 4:19

Un amigo decía que su abuela había sido una de las personas más influyentes en su vida. A través de los años, ha tenido un retrato de ella junto a su escritorio como un recordatorio de su amor incondicional. Dijo: «Estoy realmente convencido de que ella me ayudó a aprender a amar».
 
No todos han tenido la oportunidad de sentir un amor humano similar, pero, por medio de Cristo, cada uno puede experimentar el ser bien amados por Dios. En 1 Juan 4, distintas formas de la palabra amor y del verbo amar aparecen 28 veces, y el amor de Dios a través de Cristo se considera la fuente de nuestro amor al Señor y a los demás. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (v. 10). «Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros…» (v. 16). «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero» (v. 19).
 
El amor de Dios no es un grifo que gotea lentamente ni un pozo que debemos cavar nosotros mismos, sino un torrente que fluye de Su corazón al nuestro. Cualquiera que sea nuestro trasfondo o experiencias en la vida, que nos sintamos bien amados por los demás o no, podemos conocer el amor, extraerlo de la fuente inagotable del Señor para experimentar Su cuidado amoroso y, después, transmitírselo a los demás.
 
En Cristo nuestro Señor, somos bien amados.
“Nada es más poderoso que el amor de Dios.”
Lectura del día: 1 Juan 4:7-21

viernes, 2 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 2 de diciembre de 2011

¿Demasiado ocupado? ¡Nunca!
Bill Crowder

“Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.” —Salmo 145:18

Unos estudiantes universitarios le alquilan una casa a mi hermana y a su esposo. Una noche, un ladrón intentó entrar a robar. Cuando la joven que vive allí llamó a la policía para decirles lo que estaba pasando, la operadora le respondió de una manera inusual: «Tendrá que volver a llamar por la mañana. Ahora estamos demasiado ocupados». ¡Qué respuesta tan perturbadora! La muchacha había hecho lo correcto al llamar a la policía, pero, por alguna razón, no prestaron atención a su pedido de ayuda. Esa clase de indiferencia decepciona.
 
No obstante, cuando acudimos a Dios en oración, la indiferencia no existe. Es probable que, a veces, nos parezca que el Señor no oye, pero sí lo hace. Él está atento y nos responderá. La Biblia nos recuerda que podemos hallar consuelo en saber que nuestro Dios está profundamente interesado en lo que pesa sobre nuestro corazón: «Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras» (Salmo 145:18). Cuando clamamos a Él, nunca obtendremos una respuesta desinteresada.
 
En vez de alejarse de nosotros cuando acudimos a Él buscando ayuda, nuestro Padre celestial se nos acerca en los momentos de necesidad. Nunca está demasiado ocupado para escuchar las oraciones de Sus hijos: Cuando lo llamamos, nos oye.
“La línea de comunicación al cielo nunca da ocupado.”
Lectura del día: Salmo 145:8-21

jueves, 1 de diciembre de 2011

Reflexión jueves, 1 de diciembre de 2011

Temas del Adviento
Julie Ackerman

“… esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.” — 1 Pedro 1:13

Creo firmemente que toda la Escritura está relacionada y que su contenido es importante. No obstante, me sorprendí cuando mi lectura de noviembre en el libro de 1 Pedro hablaba de los cuatro temas del Adviento, ese lapso en el calendario eclesiástico cuando muchos cristianos se preparan para celebrar la primera venida de Cristo mientras aguardan con ansias Su segundo advenimiento. Durante el Adviento, se enfatizan la esperanza, la paz, el gozo y el amor que Dios envió con Jesucristo.
 
ESPERANZA. Tenemos una herencia reservada en los cielos, una esperanza viva por la resurrección de Cristo de entre los muertos (1 Pedro 1:3-5).
 
PAZ. Amaremos la vida y veremos días buenos si nos alejamos del mal, hacemos el bien y buscamos la paz, porque el Señor vela sobre los justos y oye sus oraciones (3:10-12).
 
GOZO. Tenemos un gozo inenarrable aunque experimentemos pruebas, porque nuestra fe está evaluándose y demuestra ser genuina. El fin de esta fe es la salvación de nuestra alma (1:6-9).
 
AMOR. Podemos amarnos unos a otros con un corazón puro porque nacimos de nuevo por medio de la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1:22-23).
 
Debido a que Cristo vino la primera vez, podemos vivir con esperanza, paz, gozo y amor hasta que Él vuelva.
“Si esta Navidad buscamos esperanza, paz, gozo y amor, miremos a Dios.”
Lectura del día: 1 Pedro 1:3-5, 13-21

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 30 de noviembre de 2011

Acciones y resultados
David C. McCasland

“Si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más […] la gracia y el don de Dios por […] Jesucristo.” —Romanos 5:15

El 24 de noviembre de 1971, un hombre actualmente conocido como D. B. Cooper secuestró un vuelo comercial y amenazó con hacer explotar la nave a menos que le dieran 200 mil dólares. Después de aterrizar para recibir el rescate, ordenó que el avión volviera a despegar. Entonces, se bajaron las escaleras traseras del 727 y él se lanzó en paracaídas en medio de la noche. Nunca lo capturaron, y el caso sigue sin resolver. Este acto aceleró la toma de medidas de seguridad aeroportuarias, donde la confianza y la tranquilidad han sido sustituidas por sospechas y temores. Lo que aquel hombre hizo nos afectó a todos.
 
La Biblia describe dos acciones que transformaron el mundo de una manera mucho más significativa. Por la decisión de Adán, el pecado y la muerte entraron en el mundo, «así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12). Pero por medio del sacrificio de Cristo en la cruz, Dios proveyó un remedio para los resultados del pecado. «Así que, como por la transgresión de uno [Adán] vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno [Jesucristo] vino a todos los hombres la justificación de vida» (v. 18).
 
Cristo hizo lo que nadie más podía hacer, ya que destruyó el poder del pecado y de la muerte mediante Su resurrección. Él ofrece perdón y vida eterna a todos los que reciben Su regalo. Y por eso, le agradecemos de todo corazón.
“La cruz de Cristo cura la condenación de la elección de Adán.”
Lectura del día: Romanos 5:12-19

martes, 29 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 29 de noviembre de 2011

Honrar a los padres
Dennis Fisher

“Honra a tu padre y a tu madre…” —Efesios 6:2

Mi papá acaba de cumplir 90 años, y sus capacidades físicas están menguando. Todavía puede caminar con su andador, pero necesita que alguien le prepare la comida y lo ayude con otras tareas.
 
Mi hermano mayor, Steve, y su esposa, vivían cerca de su casa; entonces, decidieron mudarse con él para cuidarlo. Mi esposa y yo deseábamos ayudar de algún modo, así que, viajamos en avión desde el otro lado del país para quedarnos con papá mientras mi hermano y mi cuñada se iban de vacaciones para descansar. Nos encantó pasar un tiempo con mi padre y nos alegró aligerar la carga de Steve y Judy, aunque solo fuera por unos días.
 
La Biblia nos dice: «…honra a tu padre y a tu madre» (Efesios 6:2). Un comentario del Nuevo Testamento dice que honrar a alguien es «tratarlo con deferencia, respeto, reverencia, bondad, cortesía y obediencia, tal como la situación en la vida de esa persona […] lo demande».
 
Para los hijos pequeños, esto significa obedecer a papá y a mamá. Para los jóvenes, exige que respetes a tus padres aunque pienses que sabes más que ellos. Para los jóvenes adultos, quiere decir que debes hacerlos parte de tu vida. Y para los que están en la mitad de la vida y más allá, significa asegurarse de atenderlos a medida que envejecen y que su salud empieza a declinar.
 
¿Cómo puedes honrar a tus padres esta semana?
“Para honrar a los padres, no hay límite de edad.”
Lectura del día: Éxodo 20:1-17

lunes, 28 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 28 de noviembre de 2011

Sólo haz lo correcto
Joe Stowell

“Para que seáis […] hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa…” —Filipenses 2:15

Durante un viaje al exterior, ocasionalmente me encontré con un abogado de mi ciudad natal. Nos sorprendió ver cuántas cosas teníamos en común. Mientras conversábamos, él preguntó: «¿Me dijo que su nombre era Stillwell?». «No —respondí yo—, Stowell». Entonces, mencionó que tenía un cliente que se llamaba Stillwell. «¿Es Art Stillwell», pregunté; y para sorpresa mía, contestó que sí. Art Stillwell asistía a mi iglesia y era un influyente empresario en la comunidad.
 
El abogado admitió que no tenía ningún cliente como Art. Me explicó que la mayoría quería que hiciera todo lo que fuera necesario para sacarlos de problemas, pero que él era distinto. Cada vez que le preguntaba qué quería que hiciera en una determinada situación, Art le respondía: «¡Sólo haz lo correcto!». Evidentemente, esto había impactado al abogado.
 
Someternos a Cristo en lo que respecta a todos nuestros deseos y decisiones, independientemente del resultado, es lo que nos diferencia en un mundo lleno de gente que desperdicia la vida siguiendo sus propios intereses. Cuando vivimos vidas intachables y «sin mancha», que reflejan con valentía la integridad, el amor y la gracia de Jesús, claramente resplandecemos «como luminares en el mundo» (Filipenses 2:15).
 
Así que, si quieres iluminar tu mundo de una manera convincente, ¡sólo haz lo correcto!
“Ilumina tu mundo reflejando la luz de Cristo.”
Lectura del día: Filipenses 2:12-18

domingo, 27 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 27 de noviembre de 2011

¿Te sientes pobre?
Dave Branon

“… pobre soy y estoy necesitado.” —Salmo 86:1

De una manera u otra, todos podemos relacionarnos con el Salmo 86:1, donde David expresa: «… pobre soy y necesitado». Aun las personas más ricas deberían entender que la pobreza y la necesidad tienen que ver más con el espíritu que con la billetera. Cuando el multimillonario Rich DeVos les habla a grupos de personas, suele decir: «Soy sólo un pecador salvado por gracia».
 
El Salmo 86 nos enseña que la ayuda que Dios provee no se mide por el saldo en un resumen de contabilidad. Cuando reconocemos que somos pobres y necesitados, no lo hacemos para que el Señor derrame abundantes riquezas materiales sobre nosotros, sino para dar lugar a otros tesoros más valiosos.
 
Esto es lo que Dios hace a favor de los pobres y los necesitados: Guardará nuestra vida y salvará a todos los que confían en Él (v. 2); será misericordioso y estará dispuesto a perdonar (vv. 3, 5); y escuchará y responderá todas nuestras plegarias (vv. 6-7).
 
Pero no debemos recibir todas las bendiciones del Señor sin dar nada a cambio. Tenemos la responsabilidad de aprender cuáles son Sus caminos, andar en Su verdad, alabarlo, y temer y glorificar Su nombre (vv. 11-12).
 
¿Te consideras uno de los pobres y necesitados? Si es así, bienvenido al grupo. No nos olvidemos de todas las bendiciones espirituales que el Señor tiene para nosotros ni de la respuesta piadosa que deberíamos tener ante Su generosidad.
“El hombre más pobre es aquel cuya única riqueza es el dinero.”
Lectura del día: Salmo 86

sábado, 26 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 26 de noviembre de 2011

Tazón cantor
Julie Ackerman Link

“Nosotros, por lo tanto, debemos […] colaborar con ellos en la verdad.” —3 Juan 8

El artista y científico Michael Flynn diseñó un tazón cantor para una competición internacional de arte, ArtPrize, que se llevó a cabo en los Estados Unidos. Este tazón gigante no requiere electricidad para funcionar, pero sí exige que se suministre algo que escasea: cooperación.
 
Mientras observaba a la gente tratando de hacer que el tazón cantara, me sorprendió que nadie se molestara en leer las instrucciones sobre moverlo delicadamente. Impacientes por conseguir que sonara, esas personas seguían intentando hacer lo que se les ocurría. Al rato, se iban frustrados y decepcionados, como si el tazón tuviera algún defecto.
 
Me pregunto cuántas veces nos frustramos porque la vida no anda como esperamos. Seguimos tratando de hacer lo que nos parece correcto, pero todo continúa saliendo mal. En vez de seguir las instrucciones de la Palabra de Dios, intentamos una y otra vez salir adelante como a nosotros nos parece.
 
El tazón cantor nos recuerda que no podemos esperar que nos vaya bien si ignoramos las instrucciones del Diseñador (Deuteronomio 4:40). La desobediencia divide a las personas entre sí y nos separa de Dios. Para cumplir Su plan para este mundo y dar a conocer el camino para la salvación (Salmo 67:2), debemos seguir Sus indicaciones sobre cómo vivir y trabajar juntos y en paz. Cuando la vida no anda bien, es probable que hayamos dejado de seguir el plan de Dios.
“La vida es una canción hermosa que Dios está enseñándonos a interpretar.”
Lectura del día: Deuteronomio 4:62-40

viernes, 25 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 25 de noviembre de 2011

Hallar esperanza
David C. McCasland

“¿Por qué te abates, oh alma mía […]. Espera en Dios; porque aún he de alabarle…” —Salmo 42:5

En un estudio realizado por investigadores en la Universidad de Minnesota, se descubrió que casi el quince por ciento de los jóvenes estadounidenses pensaba que era «sumamente posible» que murieran antes de cumplir 35 años. Los que tenían esta perspectiva pesimista era más probable que se involucraran en actividades temerarias. La Dra. Iris Borowsky, autora del estudio publicado en la revista Pediatrics [Pediatría], dijo: «Estos jóvenes arriesgan la vida porque sienten que no tienen esperanza y suponen que no hay nada que perder».
 
Nadie es inmune a sentirse desesperanzado. Los Salmos expresan constantes ruegos pidiendo ayuda cuando la vida parece oscura. «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío» (Salmo 42:5). En un desafiante paso de fe, el salmista se insta a no olvidarse del Señor, el cual nunca lo abandonará.
 
Curtis Almquist escribió: «La esperanza se alimenta de la presencia de Dios […]. También se abastece con el futuro que el Señor tiene preparado para nuestra vida».
 
Ningún seguidor de Cristo debería negarse a buscar consejo para combatir la depresión ni sentir que la fe y la oración son soluciones demasiado simples. ¡En Dios, siempre hay esperanza!
“Para el creyente, esperanza es sinónimo de certeza, porque se fundamenta en Cristo.”
Lectura del día: Salmo 42:1-11

jueves, 24 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 24 de noviembre de 2011

El indulto
Jennifer Benson Schuldt

“… la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” —1 Juan 1:7

Todos los años, a finales de noviembre, el presidente de los Estados Unidos decreta un indulto oficial para el «Pavo Nacional del Día de Acción de Gracias». Durante esta alegre ceremonia, un presidente señaló: «Nuestro invitado de honor parece un poco nervioso. Nadie le ha dicho todavía que lo voy a indultar». El pobre pavo tenía una buena razón para estar inquieto: sin una absolución, estaba condenado a ser la cena para festejar el día de acción de gracias.
 
Nosotros estamos en una situación similar en lo que respecta a nuestro pecado. Sin el perdón de Dios, vamos camino a la muerte segura. Esta condición es el resultado directo de nuestros errores. La Biblia dice: «Porque la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). Sin embargo, podemos ser librados de esta sentencia de muerte porque el Hijo de Dios cargó nuestros pecados sobre Su cuerpo en la cruz, «para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida [fuimos] sanados» (1 Pedro 2:24). En 1 Juan 1:7, se nos dice que la sangre de Cristo «nos limpia de todo pecado».
 
Podemos aceptar el perdón de Dios por nuestros pecados y recibir la vida eterna cuando confesamos que Jesucristo es el Señor y creemos que Dios lo levantó de entre los muertos (Romanos 10:9). Considera hoy mismo cómo responderás al ofrecimiento de perdón que el Señor te hace.
“Por la fe en Cristo, recibimos el perdón de Dios y evitamos la condena por el pecado.”
Lectura del día: 1 Juan 1:1-10

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 23 de noviembre de 2011

El mundo de lo más
Anne Cetas

“… Cosas que ojo no vio, […] son las que Dios ha preparado para los que le aman.” —1 Corintios 2:9

Mi compañía de televisión por cable me mandó una tarjeta invitándome a evaluar sus últimos adelantos en emisión de canales. Indicaba que debía contactarme con la empresa para obtener el nuevo equipamiento digital, y explicaba cómo conectarlo y activarlo. Después, la propaganda agregaba lo único que yo debía hacer: Siéntese y disfrute del Mundo de lo Más.
 
La tarjeta me hizo pensar en el «Mundo de lo Más» donde tienen el privilegio de vivir los creyentes en Cristo. Cuando Dios traslada a las personas de las tinieblas del pecado «a su luz admirable» (1 Pedro 2:9), aparece una vida totalmente nueva.
 
Romanos 5 nos describe algunos de los más que tenemos en Cristo: Hemos sido «reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (v. 10) y, como consecuencia, «tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (v. 1). Tenemos la posibilidad de acceder al Padre celestial y a Su gracia (v. 2). Ahora podemos regocijarnos en las dificultades porque entendemos que son oportunidades para desarrollar nuestro carácter al confiar en Él (vv. 3-4). Además, el Espíritu Santo, que fue dado para que viva en nosotros, derrama el amor del Señor en nuestro corazón (v. 5). Y el pecado ya no nos tiene atrapados como antes (6:18).
 
Como creyentes, tenemos un acceso ilimitado al verdadero «Mundo de lo Más». ¿Acaso no es egoísta dejar de invitar a otros a participar de este mundo especial?
“Pertenecer a Dios trae bendiciones ilimitadas.”
Lectura del día: Romanos 5:1-11

martes, 22 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 22 de noviembre de 2011

Gratitud silenciosa
Cindy Hess Karper

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, […] y sed agradecidos.” —Colosenses 3:15

Decir «gracias» es permitir que el dador de un regalo sepa cuánto apreciamos su proceder. El escritor G. B. Stern dijo una vez: «La gratitud silenciosa no le sirve de nada a nadie».
 
Cuando nuestro hijo era joven, a veces había que recordarle que evitar el contacto visual, mirarse los zapatos y mascullar algunas palabras ininteligibles no era un «gracias» aceptable. Y después de muchos años de matrimonio, mi esposo y yo seguimos aprendiendo cuán importante es que nos expresemos continuamente gratitud el uno al otro. Cuando alguno de los dos se siente agradecido, tratamos de verbalizarlo, aunque lo hayamos dicho antes muchas veces respecto al mismo asunto. William Arthur Ward dijo: «Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo».
 
En las relaciones humanas, evidentemente, es importante demostrar agradecimiento, pero es aún más crucial en nuestra relación con Dios. Cuando pensamos en las numerosas bendiciones que hemos recibido, ¿le damos las gracias durante el día? Y cuando recordamos el don asombroso de la muerte y resurrección de Cristo para perdonar nuestros pecados, ¿rebosa nuestro corazón de asombro y agradecimiento? (Romanos 6:23; 2 Corintios 9:15).
 
Aplica de corazón en tu vida todos los días el recordatorio de Colosenses 3:15: «Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, […] y sed agradecidos».
“El Regalo más sublime de Dios debería despertar nuestra más profunda gratitud.”
Lectura del día: Salmo 107:1-2

lunes, 21 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 21 de noviembre de 2011

El toque del artesano
Dennis Fisher

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras…” —Efesios 2:10

Hace poco, vi un documental sobre la fabricación de un piano Steinway. Mostraba el meticuloso cuidado con que se elabora este delicado instrumento. Desde que se cortan los árboles hasta que el piano aparece expuesto, atraviesa innumerables ajustes delicadísimos que le aplican los talentosos artesanos. Después de un año, cuando termina el proceso, músicos destacados tocan el piano y suelen comentar que es imposible que una línea de ensamblaje computarizada logre producir los mismos sonidos brillantes. El secreto del producto final es el toque del artesano.
 
Cuando se construyó el tabernáculo, Dios también valoró el toque artesanal. Eligió a Bezaleel y dijo: «… lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor» (Éxodo 31:3-5).
 
Hoy Dios mora en el corazón de los creyentes, pero la obra del artesano no ha terminado. Cada creyente es, individualmente, «hechura» de Dios (Efesios 2:10). El Maestro Artesano es el Espíritu Santo, el cual quita las imperfecciones de nuestro carácter para hacernos más semejantes a Cristo (Romanos 8:28-29). A medida que nos sometamos a Su labor artesanal, descubriremos que el secreto del producto final es el toque del Artesano.
“El Padre nos dio el Espíritu para hacernos semejantes a Su Hijo.”
Lectura del día: Éxodo 31:1-15

domingo, 20 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 20 de noviembre de 2011

Rasgo de familia
Joe Stowell

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” —Mateo 5:9

Hay una antigua canción de escuela dominical que ocasionalmente recuerdo. Sus palabras dan testimonio de la paz que Jesús da con tanta generosidad: ¡Yo tengo paz, paz, paz, paz en mi corazón…!
 
Sin embargo, a esta bien intencionada canción le falta algo. Es cierto que la paz de Dios es un regalo que disfrutamos de corazón cuando tenemos comunión con Él y estamos en Su presencia (Juan 14:27; 16:33). Pero el Señor jamás pretendió que guardáramos toda esa paz únicamente en nuestro interior. La paz es una dádiva que debemos compartir con quienes nos rodean. Como creyentes, debería caracterizar nuestras relaciones interpersonales y el entorno de nuestras iglesias.
 
En Su Sermón del Monte, Jesús dijo: «Bienaventurados los pacificadores…» (Mateo 5:9), lo cual indica que debemos intencionalmente incorporar la paz en todas las interacciones. Por nuestra tendencia a ser problemáticos en lugar de pacificadores, este consejo es importante. Entonces, ¿en qué consiste hacer la paz? Los pacificadores son los que ponen la otra mejilla (v. 39), los que recorren la segunda milla (v. 41) y los que aman a sus enemigos y oran por quienes los persiguen (v. 44).
 
¿Por qué debemos hacer esto? Porque el Señor es pacificador, y, cuando nosotros procuramos la paz, somos «llamados hijos de Dios» (v. 9). Ser pacificador es un rasgo de familia.
“Por la paz de Dios y la paz con Dios, también podemos ser pacificadores para Él.
Lectura del día: Mateo 5:9, 38-48

sábado, 19 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 19 de noviembre de 2011

Dios limpia la casa
Julie Ackerman Link

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” —Efesios 4:31

Dios hizo una limpieza a fondo de mi casa esta semana. Mandó un viento fortísimo por el vecindario que hizo temblar los árboles y sacudió las ramas secas hasta que cayeron. Cuando todo pasó, tuve que limpiar el gran lío que quedó.
 
En mi propia vida, Dios a veces obra de manera similar. Envía o permite que ocurran circunstancias tormentosas que sacuden y hacen caer las «ramas sin vida» que me he negado a desechar. En ocasiones, es algo que anteriormente era bueno, como un área de ministerio fecunda, pero que ya no da fruto. Con mayor frecuencia, se trata de algo que no es bueno, como un mal hábito que se incorpora sigilosamente o una actitud obstinada que impide que sigamos creciendo.
 
Jonás, el profeta del Antiguo Testamento, descubrió qué puede pasar cuando uno se niega a abandonar una actitud testaruda. Su odio a los ninivitas era mayor que su amor a Dios; entonces, el Señor envió una gran tormenta que hizo que aquel hombre terminara dentro de un pez gigante (Jonás 1:4, 17). Dios preservó al reticente profeta en ese lugar insólito y le dio una segunda oportunidad de obedecer (2:10; 3:1-3).
 
Las ramas sin vida de mi jardín me hicieron pensar en actitudes que el Señor espera que yo descarte. La carta de Pablo a los efesios enumera algunas de ellas: amargura, ira, maledicencia (4:31). Cuando Dios sacude las cosas, debemos despojarnos de lo que se afloja.
“El poder limpiador de Cristo puede quitar la mancha de pecado más resistente.”
Lectura del día: Jonás 1

viernes, 18 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 18 de noviembre de 2011

Volverse bilingüe
Bill Crowder

“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como […] vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.” —Hechos 17:28

En una sociedad que parece cada vez más indiferente al evangelio, ¿es posible comunicar la buena noticia a personas que no comparten nuestra fe?
 
Una manera de vincularse con los que desconocen las cosas de Cristo es tornarse culturalmente «bilingüe». Esto lo hacemos al comunicarnos mediante asuntos con los que los demás pueden relacionarse fácilmente. Por ejemplo, saber de música, filmes, deportes y televisión y conversar de esos temas puede brindar una oportunidad así. Si la gente nos oye «hablar su idioma» sin aprobar ni consentir con los medios de comunicación o los acontecimientos a los que estos aluden, podrían abrirse puertas para compartir el trascendente mensaje de Cristo.
 
Pablo nos dio un ejemplo de esto en Hechos 17. Mientras visitaba el Areópago, en Atenas, le habló a una cultura totalmente secular citando a poetas griegos paganos como punto de partida para transmitir valores espirituales. Dijo: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos» (Hechos 17:28). Tal como Pablo se dirigió a aquellas personas sabiendo lo que leían, nosotros también podríamos tener un impacto mayor en la evangelización al vincularnos con las personas con base en lo que pueden aceptar sin inconvenientes.
 
¿Estás tratando de alcanzar con el evangelio a un vecino o a un compañero de trabajo? Trata de convertirte en bilingüe.
“Hay que poner el contenido de la Biblia en contacto con el mundo.”
Lectura del día: Hechos 17:19-31

jueves, 17 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 17 de noviembre de 2011

Compañero de viaje
David H. Roper

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos […]. Y les dijo: Venid en pos de mí…” —Mateo 4:18-19

Me encanta recorrer los pasos y los senderos de Idaho, en Estados Unidos, y disfrutar de su grandeza y pintoresca belleza. A menudo, recuerdo que estas caminatas simbolizan nuestra travesía espiritual, ya que la vida cristiana consiste simplemente en caminar con Jesús a nuestro lado como compañero y guía. Él recorrió los caminos de Israel de un extremo al otro, reuniendo a Sus discípulos y diciéndoles: «Venid en pos de mí» (Mateo 4:19).
 
El viaje no siempre es fácil. A veces, abandonar parece más sencillo que seguir, pero cuando las cosas se complican, podemos descansar durante un tiempo y recuperar las fuerzas. En El progreso del peregrino, John Bunyan describe el cobertizo en el collado Dificultad, donde los cristianos recuperan el aliento antes de seguir escalando. Su rollo lo consolaba y le recordaba la presencia continua del Señor y Su poder sustentador. Cambió de aire, de modo que pudo seguir caminando unos kilómetros más.
 
Solo Dios sabe adónde nos llevará el camino, pero Él nos asegura lo siguiente: «… yo estoy con vosotros todos los días» (Mateo 28:20). Esta no es una metáfora ni ninguna otra figura lingüística; Él es un compañero real. No pasa ni una hora en que el Señor no esté presente, ni un kilómetro sin que vaya con nosotros. Saber que Jesucristo está a nuestro lado hace el viaje más llevadero.

“Mientras recorres el agotador camino de la vida, deja que Jesús lleve tu pesada carga.”

Lectura del día: Mateo 4:18-22

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 16 de noviembre de 2011

¡Cuidado!
Marvin Williams

“… vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.” —1 Juan 2:18

Cuando los agentes del FBI entrenan a los cajeros de los bancos para identificar billetes falsos, les muestran tanto los falsificados como los auténticos, y estudian las características de ambos. Para detectar un problema de este tipo, deben buscar las diferencias entre el billete genuino y el falso; no las similitudes.
 
En 1 Juan 2, el apóstol ayuda a los creyentes a protegerse de las herejías y les da ejemplos acerca de cristianos y maestros falsos. Una de las señales de los últimos días es la aparición de anticristos (1 Juan 2:18). Se denomina así a aquellos que declaran tener el poder y la autoridad del Señor, pero es mentira, o a quienes rechazan a Dios y se oponen a Él y a Sus enseñanzas.
 
Juan describió tres marcas de los falsos maestros que son controlados por el espíritu del anticristo: (1) salen de la comunión de los creyentes (v. 19), (2) niegan que Jesús sea el Mesías (v. 22), y (3) alejan del Señor a los fieles (v. 26). El apóstol instaba a los creyentes a protegerse del espíritu del anticristo mediante la dependencia del Espíritu de Dios que estaba presente y moraba en ellos, el conocimiento de la verdad y el mantenimiento de la comunión con Cristo.
 
Podemos protegernos del error y del engaño sabiendo qué es lo falso, pero apoyándonos en la Verdad: Jesucristo.
“Cuidado: El diablo puede agregar unos granos de verdad a lo falso.”
Lectura del día: 1 Juan 2:18-27

martes, 15 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 15 de noviembre de 2011

Comida para bebés
C.P. Hia

“El alimento sólido es para los que […] tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” —Hebreos 5:14

¿Alguna vez probaste comida para bebés? Yo sí; es terriblemente blanda. Pero ellos no tienen otra opción porque no tienen dientes. Sin duda, ¡no pueden comer una deliciosa y sabrosa carne asada!
 
Lamentablemente, algunos creyentes se conforman con comida para bebés espirituales. Les basta con repetir una y otra vez las verdades sencillas de las Escrituras y no van más allá de los conceptos básicos del evangelio (Hebreos 6:1-2). Al no hincar sus dientes en verdades más profundas y en pasajes bíblicos más difíciles, carecen de entendimiento y de convicciones escriturales para tomar las decisiones correctas (5:13). Quizá hayan sido creyentes durante muchos años, pero sus capacidades espirituales permanecen inmaduras. Siguen siendo bebés.
 
A medida que los niños crecen físicamente, aprenden a ingerir alimentos sólidos que les dan fortaleza y vitalidad. Asimismo, todos los creyentes deben asumir la responsabilidad de alimentarse por sí solos con comida espiritual consistente. No hacerlo implica permanecer espiritualmente débil y desnutrido.
 
El aspecto de una persona puede decirte relativamente su edad física. Los años de vida espiritual se ven en su capacidad para distinguir lo bueno de lo malo y en las cualidades del carácter que demuestran día tras día.
 
¿Este discernimiento espiritual se evidencia en tu vida o todavía estás alimentándote con comida para bebés espirituales?
“Sé aplicado en el estudio de las Escrituras y ellas se aplicarán a tu vida.”
Lectura del día: Hebreos 5:12-6:2

lunes, 14 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 14 de noviembre de 2011

Angustia de la A a la Z
Dennis Fisher

“Antes si aflige, también se compadece…” —Lamentaciones 3:32

Jerusalén estaba envuelta en llamas, y el profeta Jeremías lloraba. Durante mucho tiempo, habían desoído sus predicciones sobre el juicio divino. Ahora, su terrible profecía se había cumplido de un modo vívidamente horrendo. El breve libro de Lamentaciones registra la angustia del profeta ante la destrucción de Jerusalén.
 
Jeremías escribió el libro siguiendo el orden de las 22 letras del abecedario hebreo, usando una técnica denominada acróstico alfabético, para ayudar al lector a memorizar más fácilmente los pasajes. No obstante, emplear este método también demuestra que no interrumpió las etapas de su angustia, sino que dedicó deliberada e intencionalmente un tiempo para reflexionar sobre su corazón quebrantado e incluso para escribir cómo se sentía. Se podría decir que aprendió a entristecerse de la A a la Z.
 
El consuelo divino surgió en medio de su dolor. Al mirar al futuro, los recordatorios de la soberanía y la bondad del Señor le dieron esperanza: «Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias» (Lamentaciones 3:31-32).
 
Si recientemente has sufrido una pérdida dolorosa, no te olvides de dedicar el tiempo necesario para lamentarte y reflexionar sobre la bondad de Dios. Entonces, podrás experimentar Su consuelo y esperanza para el futuro.
“Dios permite que hoy suframos y lloremos para preparar nuestro corazón para el gozo futuro.”
Lectura del día: Lamentaciones 3:25-33

domingo, 13 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 13 de noviembre de 2011

Sé tú mismo
David C. McCasland

“Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois…” —1 Pedro 3:14

Mientras esperaba para hacerme un análisis de rutina en un hospital local, noté que, en la pared, había una plaqueta de Cristo crucificado. Más tarde, una enfermera me hizo varias preguntas administrativas, y entre ellas: «¿Tiene alguna necesidad espiritual que le gustaría compartirle a un capellán?». Le agradecí por haberme preguntado, lo cual es inusual en el mundo actual. Ella respondió que era un hospital basado en la fe y que: «esa es parte de nuestra misión». Me impactó que no tuvieran miedo de ser quienes son en medio de una sociedad progresivamente secular y pluralista.
 
Pedro instó a los creyentes del siglo i, que habían sido dispersados tras la persecución y que vivían en mundos hostiles, a considerar una bendición el sufrir por lo correcto. «Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros» (1 Pedro 3:14-15).
 
Tal como aquella mujer del hospital que expresó abiertamente la fe de ellos, nosotros también podemos declarar la nuestra. Y si nos critican o amenazan injustamente por creer en Cristo, tenemos que responder con amabilidad y respeto. Nunca debemos tener temor de ser lo que somos en Él.
“Es mejor sufrir por la causa de Cristo que a causa de Su disciplina.”
Lectura del día: 1 Pedro 3:8-17

sábado, 12 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 12 de noviembre de 2011

El camino a la bendición
Dave Brannon

“Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol…” —Éxodo 15:25

Robin y Esteban desarrollan un ministerio de consejería que les proporciona muy pocos ingresos. Hace poco, un problema familiar los obligó a hacer un viaje de unos 8.000 kilómetros en su vieja camioneta.
 
Después de resolver la crisis, empezaron el viaje de regreso. Cuando todavía les faltaban más de 3.000 kilómetros para llegar a su casa, el vehículo comenzó a fallar. Un mecánico lo revisó y les dijo: «Se fundió. Hay que cambiar el motor».
 
Como no podían pagarlo, la única opción era ejercitar la paciencia y lograr que la camioneta llegara a destino. Tres días después, más varios litros de aceite y una gran cantidad de oraciones, milagrosamente llegaron con el coche hasta el garaje. Más tarde, oyeron sobre un «misionero de automóviles» que ayudaba a gente que servía al Señor. Tras asombrarse de que la camioneta había llegado, ofreció cambiar el motor gratis. Si Esteban lo hubiese arreglado antes, le habría costado miles de dólares, que no tenía.
 
En Éxodo 15, Dios guiaba a los israelitas por el desierto. Después de tres días de viaje, se quedaron sin agua y no podían conseguirla. Pero el Señor sabía lo que pasaba. En realidad, en Mara (v. 25) y en Elim (v. 27) les aguardaba una solución. Dios no solo resolvió el problema del agua, sino que también les dio un lugar para descansar.
 
Aunque nuestras circunstancias parezcan difíciles, podemos confiar en la guía del Señor. Él ya sabe qué necesitaremos cuando lleguemos allí.
“Enfrentar lo imposible nos da la oportunidad de confiar en Dios.”
Lectura del día: Éxodo 15:22-27

viernes, 11 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 11 de noviembre de 2011

Verdadera seguridad
Bill Crowder

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” —Romanos 8:37

Durante la Guerra Fría, un período de malestar entre las dos potencias mundiales más grandes en la segunda mitad del siglo xx, los estadounidenses vivían bajo la amenaza de una guerra nuclear. Recuerdo que, durante la crisis de los misiles en Cuba, en 1962, parecía que Estados Unidos estaba al borde del aniquilamiento. Para un alumno de sexto grado, era una situación muy angustiante.
 
Uno de los recuerdos más vívidos de aquella época eran los ejercicios de seguridad en la escuela: Sonaba una alarma y debíamos escondernos debajo de los pupitres para protegernos de las bombas atómicas. Al mirar atrás, estoy seguro de que eso no nos habría ayudado para nada ante un holocausto nuclear. Incluso, nos habría dado una falsa sensación de seguridad.
 
Aunque hoy quizá no enfrentemos algo así, hay muchos peligros que nos atemorizan, y algunos son espirituales. Efesios 6:12 nos recuerda que nuestras luchas son «contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes». Sin duda, hay enemigos poderosos, pero Dios nos ha dado Su amor protector (Romanos 8:35, 38-39) y los recursos espirituales de Su armadura (Efesios 6:13-17).
 
¿El resultado? Aunque enfrentemos una fuerte oposición, «somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37). En nuestro Padre celestial, tenemos seguridad verdadera.
“La seguridad no está en la ausencia de peligro, sino en la presencia de Dios.”
Lectura del día: Romanos 8:31-39

jueves, 10 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 10 de noviembre de 2011

Es todo por Él
Anne Cetas

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” —Juan 3:30

Cuando Silvia se comprometió para casarse, su amiga Ana, que era soltera, lo festejó con ella. Organizó una fiesta para su amiga, la ayudó a elegir el vestido de novia, la escoltó por el pasillo de la iglesia el día de la boda y estuvo a su lado durante la ceremonia. Cuando Silvia y su esposo tuvieron hijos, Ana celebró el nacimiento de los niños y se regocijó con las bendiciones de su amiga.
 
Tiempo después, Silvia le dijo a Ana: «Me has consolado en situaciones difíciles, pero lo que especialmente me demuestra que me quieres es que te alegras conmigo durante los buenos momentos. No dejaste que ninguna clase de celos te impidiera celebrar junto a mí».
 
Cuando los discípulos de Juan se enteraron de que un nuevo rabino llamado Jesús estaba rodeándose de seguidores, pensaron que su maestro se pondría celoso (Juan 3:26). Entonces, se le acercaron y le dijeron: «¡Está bautizando y todos acuden a Él!». Pero Juan celebró que Jesús llevara a cabo Su ministerio. Declaró: «… soy enviado delante de él. […] el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido» (vv. 28-29).
 
Nosotros también deberíamos caracterizarnos por tener una actitud humilde. En vez de querer que nos presten atención a nosotros, todo lo que hacemos debería atribuir la gloria a nuestro Salvador. «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (v. 30).
“Si queremos que Cristo crezca en nosotros, el ego debe disminuir.”
Lectura del día: Juan 3:22-36

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 9 de noviembre de 2011

Esperar...
Julie Ackerman Link

“… bienaventurados todos los que confían en él.” —Isaías 30:18

En Michigan, en los Estados Unidos, el otoño es la temporada de caza. Durante algunas semanas, todos los años, los cazadores con licencia pueden entrar en los bosques para cazar diversas especies de animales. Algunos construyen casillas elaboradas en lo alto de los árboles y se sientan en silencio durante horas esperando que un ciervo se detenga donde puedan alcanzarlo con un disparo.
 
Cuando pienso en los cazadores que tienen tanta paciencia para esperar que aparezca un ciervo, me viene a la mente lo impacientes que podemos ser cuando tenemos que aguardar que Dios actúe. Solemos equiparar «esperar» con «desperdiciar». Si esperamos algo (o a alguien), pensamos que no estamos haciendo nada, ya que, en una cultura obsesionada por los logros, tal espera parece una pérdida de tiempo.
 
Pero la espera logra muchas cosas. En especial, prueba la fe. Aquellos cuya fe es débil suelen ser los primeros en rendirse, mientras que los de fe más fuerte están dispuestos a aguardar indefinidamente.
 
Al leer la historia de la Navidad, en Lucas 2, vemos dos personas que demostraron su fe al haber estado dispuestas a esperar. Simeón y Ana aguardaron durante muchos años, pero no desperdiciaron el tiempo, sino que eso les permitió llegar a ser testigos de la venida del Mesías (vv. 22-38).
 
El no recibir una respuesta inmediata a una oración no es razón para abandonar la fe.
“Esperar en Dios jamás significa desperdiciar el tiempo.”
Lectura del día: Lucas 2:22-38

martes, 8 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 8 de noviembre de 2011

¡Que gran vecindario!
Joe Stowell

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” —Romanos 14:17

El lugar donde vives demanda ciertas cosas en cuanto a cómo hacerlo. En mi vecindario, el camión recolector de basura pasa los martes por la mañana, así que, estoy encargado de sacar el cesto de residuos la noche anterior. A los vecinos les desagrada que se dejen pilas de basura en la acera durante días. Además, muchos niños juegan fuera de la casa; por lo tanto, hay carteles por todas partes que les recuerdan a los conductores que circulen lentamente. Esto significa que yo conduzco despacio y tengo cuidado porque los pequeños corren sin mirar tras los balones que se les van a la calle.
 
Es importante recordar que Dios nos ha colocado en el «reino de su amado Hijo» (Colosenses 1:13). Vivir en Su vecindario significa que hay patrones de comportamiento que transforman la vida y que deberían reflejar con claridad dónde estamos ubicados espiritualmente. Por esta razón, Pablo nos recuerda que el reino de Dios no consiste en discutir y pelearse por cuestiones terrenales, sino en considerar la «justicia, paz y gozo» (Romanos 14:17). Vivir según los parámetros divinos, ser pacificadores y generar gozo en todas nuestras relaciones interpersonales es la verdadera esencia de la vida cristiana. Y cuando vivimos de este modo, nuestro andar agrada a Dios y bendice a los demás (v. 18).
 
¡Parece ser la clase de vecindario donde a todos les encantaría vivir!
“Si formas parte del reino de Dios, tu manera de vivir será diferente.”
Lectura del día: Romanos 14:13-19

lunes, 7 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 7 de npviembre de 2011

Surcos derechos
Randy C. Kilgore

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” —Filipenses 3:14

¡Es el primer día que subo al tractor! Una fresca brisa matinal corre por la planicie. Los grillos y el silencio del campo ceden ante el crujir del motor. Después de apoyar el arado en la tierra, empiezo a recorrer el terreno. Bajo la vista para mirar los indicadores y la palanca de cambios, aprieto el frío manubrio de acero y admiro el poder que tengo. Al final, me doy vuelta para ver los resultados: en vez de la línea perfectamente recta que esperaba encontrar, vi algo parecido a una serpiente que se deslizaba, con más curvas e inclinaciones que el Circuito de Indianápolis.
 
Sabemos cómo funciona el asunto. Se nos enseñó: «Deben arar con la mirada fija en un poste de la cerca». Al mantenerse enfocada en un punto al otro extremo del campo, la persona tiene la seguridad de que hará una línea recta. Al volver, cumplo con las indicaciones y el resultado es predecible: la línea está derecha. Solo se torció cuando dejé de tener un punto de referencia.
 
Pablo aplicó un concepto similar cuando escribió sobre tener sus ojos puestos en Jesucristo y en el impacto que esto ejercía en él. No solo ignoró las distracciones (Filipenses 3:8,13), sino que se enfocó (vv. 8, 14), observó los resultados (vv. 9-11) y cumplió con el patrón establecido para otros (vv. 16-17).
 
Como Pablo, si miramos a Cristo, haremos un surco derecho y llevaremos a cabo el propósito de Dios en nuestra vida.

“Cuando fijas la mirada en Cristo, enfocas todo correctamente.”

Lectura del día: Filipenses 3:8-17