lunes, 28 de febrero de 2011

Reflexión lunes, 28 de febrero de 2011

Raíz del problema
Bill Crowder

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” —Romanos 7:18

Cuando era niño, uno de mis dibujos animados favoritos de la televisión era Tom Terrific [El fabuloso Tom]. Cuando Tom enfrentaba un desafío, se ponía su gorra de pensar y reflexionaba sobre el asunto con su fiel compañero Mighty Manfred [El poderoso Manfred], el Perro Maravilla. Por lo general, la fuente de esos problemas era el archienemigo de Tom, Crabby Appleton. Hasta hoy, recuerdo cómo se describía en el programa a este villano: «Crabby Appleton, podrido hasta la médula».
 
La verdad es que todos nosotros compartimos el problema esencial de Crabby: alejados de Cristo, estamos todos podridos hasta la médula. El apóstol Pablo nos lo describió así: «… No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios» (Romanos 3:10-11). Ninguno de nosotros es capaz de vivir a la altura de los patrones de santidad perfectos de Dios. Debido a que, por nuestra condición, estamos separados de un Dios santo, Él envió a Su Hijo Jesús para entregarse y morir en la cruz, para recibir el castigo que nosotros merecemos, y después, resucitar. Ahora podemos ser «justificados gratuitamente por su gracia» por medio de la fe en Él (v. 24).
 
Jesucristo vino a buscar a personas «podridas hasta la médula» y a hacernos una «nueva creación» (2 Corintios 5:17). En Su bondad, solucionó nuestro problema por completo… hasta la médula.

“Necesitamos más que un nuevo comienzo: precisamos un nuevo corazón.”

Lectura del día: Romanos 3:10-18

domingo, 27 de febrero de 2011

Reflexión domingo, 27 de febrero de 2011

Un ramo de alabanza
Anne Cetas

“… para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo…” —1 Pedro 4:11

Corrie Ten Boom (1892–1983) fue sobreviviente de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y una creyente en Cristo que se convirtió en conferenciante popular en todo el mundo. Miles de personas asistían a sus reuniones para oírla hablar sobre cómo había aprendido a perdonar a sus captores del mismo modo que Cristo le había perdonado a ella sus pecados.
 
Después de cada encuentro, las personas la rodeaban y la colmaban de elogios por sus cualidades piadosas y le daban gracias por estimularlas en su andar con el Señor. Corrie decía que, después, cuando regresaba a su habitación en el hotel, se arrodillaba y le entregaba esos elogios a Dios como agradecimiento. Lo denominaba darle a Dios «un ramo de alabanza».
 
El Señor nos ha dado dones a cada uno de nosotros para usar en el servicio a los demás (1 Pedro 4:10), de manera que, «en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos» (v. 11). No tenemos nada que ofrecer a los demás que no hayamos recibido primero del Señor (1 Corintios 4:7); por lo tanto, la gloria le pertenece a Él.
 
Para aprender sobre la humildad, quizá podríamos seguir el ejemplo de Corrie. Si nos elogian por algo que dijimos o hicimos, entreguemos, en forma privada, un ramo de alabanza a Dios por la gloria que Él solo merece.

“La alabanza es la flor más hermosa que brota del alma.”

Lectura del día: 1 Pedro 4:7-11

sábado, 26 de febrero de 2011

Reflexión sábado, 26 de febrero de 2011

Con esperanza
David C. McCasland

“Yo […] os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes…” —Éxodo 6:6

Sixteen Tons [Dieciséis toneladas], escrita por Merle Travis y grabada por Tennessee Ernie Ford, se convirtió en la canción más popular de mediados de la década del cincuenta. La gente parecía identificarse con el lamento de este minero, que se sentía atrapado e incapaz de cambiar su situación, sin importar cuánto se esforzara. Los obreros de las minas de carbón solían vivir en casas de la compañía y se les pagaba con «bonos»: unos cupones que solo tenían validez en las tiendas que también pertenecían a la empresa. Aunque se lo citara para ir al cielo —decía el minero—, no podría hacerlo, porque le debía su alma a la tienda de la compañía.
 
Este sentimiento de desesperante resignación puede ayudarnos a entender cómo se sentía el pueblo hebreo durante sus 400 años de esclavitud en Egipto. Cuando Moisés les dijo que Dios había prometido liberarlos de la opresión, no le prestaron atención «a causa de la congoja de espíritu» (Éxodo 6:9). Estaban tan profundamente hundidos que no podían mirar hacia arriba.
 
Pero Dios hizo a su favor algo que ellos mismos no podían hacer. La liberación milagrosa que el Señor otorgó a Su pueblo simboliza Su intervención poderosa a nuestro favor por medio de Su Hijo Jesucristo. «Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos» (Romanos 5:6).
 
Cuando la vida está en su punto más bajo, todavía hay esperanza, por la maravillosa gracia de Dios.

“No desespera aquel cuya esperanza está en Dios.”

Lectura del día: Éxodo 6:1-13

viernes, 25 de febrero de 2011

Reflexión viernes, 25 de febrero de 2011

Paz y reposo perfectos
David H. Roper

“Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida…” —Salmo 71:20

El salmista había visto «muchas angustias y males» (Salmo 71:20). No obstante, en el fondo de su mente abrigaba la idea de que Dios volvería a darle vida; que lo reviviría. Su planteamiento era el siguiente: «Tú, […], volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra [la tumba]. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme» (vv. 20-21). Si las angustias y los males no terminaban en esta vida, sin duda, acabarían en el cielo.
 
Este concepto —que algún día estaremos en la presencia de Dios y disfrutaremos de Él para siempre— corona muchos de los salmos y es una afirmación que ayuda a que desaparezcan las dificultades de la vida actual (ver Salmos 16, 17, 49, 73).
 
Quizá el Señor sea el único que conozca la angustia que has experimentado, pero no todo termina aquí. Un día, tu Padre aumentará tu grandeza: serás revestido de una gloria inefable. Él volverá a consolarte: Su presencia y Su amor te darán paz y reposo.
 
Richard Baxter escribe: «¡Oh, qué día bendito será cuando […] esté de pie en la orilla y mire hacia atrás, hacia los mares embravecidos que, a salvo, atravesé; cuando rememore mis angustias y tristezas, mis miedos y mis lágrimas, y me adueñe de la gloria que estaba al final de todo!».

“Cuando Dios enjuga nuestras lágrimas, la tristeza da paso a un cántico eterno.”

Lectura del día: Salmo 71:19-24

jueves, 24 de febrero de 2011

Reflexión jueves, 24 de febrero de 2011

Lo importante
Joe Stowell

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” —Mateo 16:26

Hace varios años, un amigo mío visitó una exposición donde se exhibían restos del famoso y lamentable viaje del Titanic. A los asistentes, se les daba una réplica de un billete con el nombre real de un pasajero o de un tripulante que, décadas antes, se había embarcado en el viaje de su vida. Después de que el grupo recorrió la muestra, donde vieron piezas de vajilla de plata y otros artefactos, la visita terminó con un giro inolvidable.
 
En una pizarra grande, aparecían los nombres de todos los pasajeros, junto a la categoría en que viajaban: primera clase, segunda clase, tripulación. Cuando mi amigo buscó el nombre de la persona del boleto que él tenía, observó una raya a lo largo de la pizarra, que dividía los nombres. Encima de la línea se mencionaba a aquellos que se habían «salvado» y debajo, los «perdidos».
 
El paralelo con nuestra vida en esta tierra es profundo. En realidad, no importa para nada la categoría a la que perteneces en este mundo. Lo único que importa, en definitiva, es si has sido «salvado» o si estás «perdido». Como dijo Jesús: «Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mateo 16:26). Quizá ya has confiado en Cristo como tu Salvador, pero ¿qué sucede con tus compañeros de viaje? En vez de catalogarlos por cuestiones externas, háblales de su destino final.

“Para la eternidad, lo que uno cree es más importante que lo que lleva a cabo.”

Lectura del día: Mateo 16:21-28

miércoles, 23 de febrero de 2011

Reflexión miércoles, 23 de febrero de 2011

La variedad de la creación
David C. Egner

“En [la] mano [de Dios] está el alma de todo viviente…” —Job 12:10

¿Alguna vez te has detenido a pensar en las características asombrosas que Dios puso en los animales que creó? Job sí; y el avestruz es uno de los más interesantes sobre los que escribió. A pesar de su aparente insensatez y sus excéntricas cualidades para la crianza, su descendencia sobrevive (39:13-16). Además, aunque pertenece a la familia de las aves, no vuela… pero puede ir más rápido que un caballo (v. 18).
 
Otra criatura notable es el escarabajo bombardero. Este insecto africano dispara dos elementos comunes desde dos reservorios que tiene atrás: peróxido de hidrógeno e hidroquinona. Separadas, estas sustancias son innocuas; juntas, enceguecen a los depredadores del escarabajo. ¡Una válvula especial, interna, mezcla los elementos químicos y le permite bombardear a su enemigo a una velocidad extraordinaria! Y este bichito puede girar su «cañón» para disparar en cualquier dirección.
 
¿A qué se debe que un avestruz bastante atolondrado sobreviva a pesar de su aparente incapacidad para cuidar su cría mientras que el escarabajo bombardero precisa una reacción química sofisticada para poder permanecer en la tierra? A las habilidades creativas de Dios, que no sabe de límites. «… él mandó, y fueron creados», nos dice el salmista (148:5). Desde el avestruz hasta el escarabajo, la obra creadora de Dios es evidente, para que todos la veamos. «Alaben el nombre de Jehová» (Salmo 148:13).

“El diseño de la creación señala al Maestro Diseñador.”

Lectura del día: Job 12:7-13

martes, 22 de febrero de 2011

Reflexión martes, 22 de febrero de 2011

Mayor compasión
Bill Crowder

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.” —Isaías 49:15

Conocí a mi esposa Marlene cuando estaba en la universidad. Yo me estaba especializando en tareas pastorales y ella estudiaba para obtener su título en educación en escuelas primarias. La primera vez que la vi trabajando con los niños, supe que tenía un talento natural para esa labor. Le encantaban los pequeños, y esto se hizo más evidente cuando nos casamos y tuvimos nuestros propios hijos. Verla con ellos era una lección de amor y aceptación incondicionales. Me quedó bien claro que no hay nada en el mundo que pueda compararse con el tierno amor y la compasión de una madre hacia su bebé recién nacido.
 
Esto es lo que hace tan notable el texto de Isaías 49:15. Aquí Dios le dice a Su pueblo que se sentía abandonado y olvidado (v. 14), que Su compasión era aun mayor que la de una madre: «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti».
 
A veces, enfrentamos luchas en la vida y somos tentados a creer que el Señor se ha olvidado de nosotros. Incluso podemos llegar a creer que Él ya no nos ama. Pero el amor de Dios hacia nosotros es tan amplio como los brazos extendidos de Cristo en la cruz. Y la tierna compasión de nuestro Padre celestial es más confiable y duradera que el amor de una madre que cuida a su bebé. Consuélate con esta verdad: Su amor nunca falla.

“El amor de Dios hacia nosotros es tan amplio como los brazos extendidos de Cristo en la cruz.”

Lectura del día: Isaías 49:13-18

lunes, 21 de febrero de 2011

Reflexión lunes, 21 de febrero de 2011

Resolución
Dave Branon

“Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro…” —Hechos 15:39

En mayo de 1884, una joven pareja no se ponía de acuerdo sobre el segundo nombre que le pondrían a su hijo recién nacido. La mamá prefería Salomón; el papá, Shippe; ambos de familiares. Como John y Martha no coincidían, acordaron ponerle «S». Así, Harry S. Truman se convertiría en el único presidente de los Estados Unidos cuyo segundo nombre es una inicial.
 
Más de 120 años después, todavía se sabe sobre este conflicto, pero también, que llegaron a una solución razonable.
 
En el Nuevo Testamento, leemos sobre otro desacuerdo que trascendió en la historia. En este caso, fue entre dos misioneros cristianos: Pablo y Bernabé (Hechos 15). Bernabé quería llevar a Marcos con ellos en un viaje para visitar algunas iglesias a las que anteriormente habían ayudado (v. 37), pero Pablo no confiaba en él debido a un incidente previo (v. 38). El desacuerdo entre Pablo y Bernabé fue tan grave que cada uno se fue por su lado (v. 39).
 
Dos mil años más tarde, todavía leemos sobre esta discusión. Lo importante no es que ha trascendido en la historia, sino que no dejó daños permanentes en esa relación. Aparentemente, Pablo se reconcilió con Bernabé, y, en sus últimos días, le pidió a Marcos que se quedara con él, diciendo: «… porque me es útil para el ministerio» (2 Timoteo 4:11).
 
Discusiones hay, pero debemos asegurarnos de solucionarlas. Los rencores son cargas demasiado pesadas para llevar.

“El rencor es algo que empeora cuando recibe atención.”

Lectura del día: 1 Corintios:9:1-6

domingo, 20 de febrero de 2011

Reflexión Domingo, 20 de febrero de 2011

¿Quién es el público?
Philip Yancey

“El que sacrifica alabanza me honrará…” —Salmo 50:23

Yo solía pensar que el culto en la iglesia era un tiempo de esparcimiento. Hablando de gente como yo, Sören Kierkegaarg decía que somos proclives a considerar la iglesia como una especie de teatro: Nos sentamos en el auditorio y observamos con atención a los actores en el escenario. Si nos entretienen bastante, mostramos nuestra gratitud con un aplauso. Sin embargo, la iglesia debería ser lo opuesto a un teatro: Dios es el público que recibe nuestra adoración.
 
Lo más importante tiene lugar dentro del corazón de la congregación, no en el púlpito.
 
No deberíamos irnos de una reunión de adoración preguntándonos ¿qué recibí?, sino, mejor dicho, ¿le agradó a Dios lo que pasó?
 
El Señor se ocupó de darles detalles específicos a los israelitas sobre los sacrificios de animales para la adoración. Sin embargo, les dijo que no necesitaba esos animales: «No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados» (Salmo 50:9-10). Lo que Él quería de ellos era la alabanza y la obediencia (v. 23).
 
Al concentrarnos en las manifestaciones externas de la adoración, nosotros también nos equivocamos: Al Señor le interesa el sacrificio en el corazón, una actitud interna de sumisión y agradecimiento. La meta de la adoración es, ni más ni menos, satisfacer y agradar a Dios.

“El corazón de la adoración es la adoración de corazón.”

Lectura del día: Salmo 50:7-15

sábado, 19 de febrero de 2011

Reflexión sábado, 19 de febrero de 2011

Ayuda en la sala de emergencia
Dennis Fisher

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” —Gálatas 6:2

Hace poco, mi esposa Janet y yo aceptamos una invitación para cenar con una mujer creyente que asiste a nuestra clase de escuela dominical. En su anhelo de prepararnos una comida, se cortó profundamente el dedo índice. Mientras la llevábamos a la sala de emergencia del hospital, oramos por ella, y después nos quedamos a acompañarla en la sala de espera. Varias horas más tarde, nuestra amiga por fin vio al médico.
 
Cuando regresamos a su casa, nuestra anfitriona insistió en que nos quedáramos para compartir la comida que había preparado. Así fue que pasamos un hermoso momento charlando contentos y disfrutando de comunión espiritual. Mientras comíamos, ella nos contó sobre algunas situaciones tristes que había atravesado y cómo, en medio de esos vaivenes, había descubierto que la gracia de Dios llenó su vida.
 
Más tarde, mi esposa y yo reflexionábamos sobre el inesperado viaje al hospital y la comunión compartida que se había generado. Me vino a la mente este versículo: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gálatas 6:2). Al respaldar a nuestra anfitriona herida, ella fue bendecida. Posteriormente, ella misma se convirtió en una bendición para nosotros mediante su hospitalidad y su deliciosa comida.
 
En retrospectiva, veo que las experiencias dolorosas pueden ser una puerta maravillosa que abre paso a una comunión profunda, al sobrellevar los unos las cargas de los otros.

“Una mano servicial puede aligerar la carga de otra persona.”

Lectura del día: Gálatas 6:1-10

viernes, 18 de febrero de 2011

Reflexión viernes, 18 de febrero de 2011

¿Sueños o decisiones?
Joe Stowell

“Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.” —Filipenses 1:10

He recibido muchísimos consejos buenos en mi vida. Casi en lo más alto de la lista, se encuentra esta sabia observación que hizo un amigo mío: «La vida no está hecha de los sueños que tienes, sino de las decisiones que tomas».
 
Tiene razón. Tu vida actual es la suma total de las decisiones que has tomado hasta este momento. El apóstol Pablo dio un consejo similar, en Filipenses 1:10, cuando dijo: «… que aprobéis lo mejor». En una situación determinada, tenemos un amplio rango de elecciones, que van desde decisiones realmente corruptas, pasando por la mediocridad de alternativas intermedias, siguiendo por opciones buenas, hasta llegar a aquellas que son excelentes. Dios desea que completemos el proceso, que pasemos por alto nuestros impulsos naturales y que alcancemos decisiones insuperables.
 
Con frecuencia, tomar una decisión excelente es un desafío; en especial, cuando no hay muchos otros que se unan a nosotros. A veces, puede parecer que estuvieran reprimiéndose nuestros deseos y libertades. Sin embargo, si sigues el consejo de Pablo, notarás algunos resultados ciertamente positivos, como ser puro, sin mancha y fructífero (v. 11).
 
Decide vivir una vida llena de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23). Y después, ¡deléitate en el resultado!

“Toma una excelente decisión y observa el efecto en cadena de bendiciones.”

Lectura del día: Filipenses 1:1-11

jueves, 17 de febrero de 2011

Reflexión jueves, 17 de febrero de 2011

Cambio
Marvin Williams

“… Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. […]. Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” —Mateo 3:2, 8

Investigaciones médicas han comprobado que, aunque a las personas a quienes se les han hecho bypass coronarios se les indica que deben modificar su estilo de vida y que, si no lo hacen, pueden morir, aproximadamente el noventa por ciento no cambia. En general, dos años después de la cirugía, los pacientes no han modificado sus hábitos. Parece ser que la mayoría prefiere morir que cambiar.
 
Así como los médicos predican un mensaje de transformación física para prevenir la muerte, Juan el Bautista vino a comunicar un mensaje espiritual de cambio. «… Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo 3:2). Estaba preparando el camino para la manifestación final del reino de Dios: Jesús, el Mesías.
 
Arrepentirse significa cambiar la manera de pensar sobre Dios y la actitud hacia Él, lo que, en definitiva, transforma los actos y las decisiones de una persona. Los que se arrepienten y aceptan la provisión de Cristo para el perdón de los pecados por medio de Su muerte se salvarán de la muerte espiritual (Juan 3:16). El arrepentimiento implica confesar el pecado, con una tristeza piadosa, y después abandonarlo. Juan el Bautista llamaba a la gente a dejar una forma de vivir para adoptar otra que honrara a Dios.
 
En la actualidad, el Señor sigue invitándonos a arrepentirnos y, después, responder con «frutos dignos de arrepentimiento» (Mateo 3:8).

“Arrepentirse significa odiar el pecado lo suficiente para alejarse de él.”

Lectura del día: Mateo 3:1-12

miércoles, 16 de febrero de 2011

Reflexión miércoles, 16 de febrero de 2011

Tesoro enterrado
Randy K. Kilgore

“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.” —Salmo 119:18

Al haber crecido en la zona rural de Missouri, donde vivió el bandido norteamericano Jesse James (1847–1882), mis amigos y yo estábamos convencidos de que él había enterrado un tesoro cerca. Recorríamos los bosques soñando con encontrar una alforja o algún otro tesoro. Solíamos ver a un anciano que cortaba leña con un hacha enorme. Durante años, vimos que este misterioso «hachero» recorría penosamente las carreteras buscando latas de bebidas, su único tesoro. Después de cambiarlas por dinero, regresaba a su ruinosa casucha, sin techo y despintada, con una botella en una bolsa de papel marrón. Luego de su muerte, sus familiares encontraron fajos de dinero guardados en su destartalada casa.
 
Como el hachero que desconocía el tesoro que tenía, los creyentes, a veces, ignoramos partes de las Escrituras. Olvidamos que debemos utilizarla en su totalidad; que cada pasaje está incluido en el canon por un motivo. ¿Quién sabía que Levítico tiene un tesoro enterrado tan valioso? En siete eficaces versículos del capítulo 19, Dios nos enseña a proveer para los pobres y los desvalidos, sin quitarles la dignidad (vv. 9-10, 14); a manejar nuestros negocios con ética (vv. 11,13,15); y a respetar al Señor en nuestra vida cotidiana (v. 12).
 
Si tan solo unos versículos pueden contener un tesoro tan grande, piensa en todo lo que podría ser nuestro si buscáramos en la Biblia todos los días.

“Cada palabra de la Biblia tiene un propósito; lo que no has leído es tu tesoro enterrado.”

Lectura del día: Levítico 19:9-15

martes, 15 de febrero de 2011

Reflexión martes, 15 de febrero de 2011

Calor y santidad
Julie Ackerman Link

“… Cuando pases por el fuego, no te quemarás…” —Isaías 43:2

¿Por qué mi cabello tarda tanto en secarse?, me preguntaba. Como de costumbre, estaba apurada y no quería salir con el pelo mojado en medio del clima invernal. Entonces, me di cuenta de lo que pasaba: para poner la temperatura del aire del secador de cabello como le gustaba a mi sobrina, lo había cambiado de «caliente» a «templado».
 
A menudo, me gustaría ser capaz de controlar las circunstancias de la vida con tanta facilidad como puedo cambiar el programa de mi secador de cabello. Elegiría una posición confortable: ni muy caliente ni muy frío. Con toda seguridad, no escogería ni el calor de la adversidad ni el fuego de la aflicción. Pero, en la esfera espiritual, con la tibieza no se consigue nada. Somos llamados a ser santos, y la santidad suele requerir «calor». Ser santo significa ser apartado para Dios; separado de todo lo inmundo o impuro. Para refinarnos y purificarnos, el Señor a veces usa el horno de la aflicción. El profeta Isaías dijo: «… Cuando pases por el fuego, no te quemarás…» (Isaías 43:2). No dijo: Si pasas. Y el apóstol Pedro señaló que las pruebas no deberían sorprendernos (1 Pedro 4:12).
 
Ninguno de nosotros sabe cuándo será llamado a caminar por el fuego ni cuán caliente estará el horno. No obstante, esto sí sabemos: El propósito de Dios al usar las llamas es purificarnos, no destruirnos.

“La única forma en que Dios acelera la santificación es aumentando el calor.”

Lectura del día: Isaías 43:1-13

viernes, 11 de febrero de 2011

Reflexión viernes, 11 de febrero de 2011

¿Debo contarlo?
Anne Cetas

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…” —2 Corintios 5:17

Jorge le estaba hablando del evangelio a Carolina. Le dijo que su pecado la separaba de un Dios santo y que Jesús había muerto y resucitado para salvarla. Carolina seguía poniendo la misma excusa para no creer: «Pero si lo recibo como Salvador, ¿voy a tener que contárselo a los demás? No quiero hacerlo». Decía que no encajaba con su personalidad, que no quería tener que hablarles a otros acerca de Jesús.
 
Jorge le explicó que, para recibir al Señor, no se requería prometer que uno iba a testificar de Él, pero también le dijo que, una vez que ella conociera a Jesús, se convertiría en Su embajadora ante el mundo (2 Corintios 5:20).
 
Después de conversar un rato más, Carolina reconoció su necesidad de que Cristo la salvara. Más tarde, se fue a su casa entusiasmada y en paz. Entonces, sucedió algo curioso: a las 24 horas de aceptar a Cristo, ya les había contado a tres personas sobre lo que Dios había hecho en su vida.
 
Al haber sido reconciliados con Dios por medio de Jesucristo, ahora tenemos el «ministerio de la reconciliación», según lo declara el apóstol Pablo (v. 18). Somos Sus embajadores y, por esta razón, le rogamos a la gente «en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (v. 20).
 
Cuando estamos agradecidos, queremos contar lo que Dios ha hecho.

“No hay mejor noticia que el evangelio: ¡díselo a todos!”

Lectura del día: 2 Corintios 5:12-21

jueves, 10 de febrero de 2011

Reflexión jueves, 10 de febrero de 2011

Ovación de pie
Jennifer Benson Schuldt

“He aquí, veo […] al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.” —Hechos 7:56

Susan Boyle pasó la mayor parte de su vida viviendo con su gata Pebbles, cuidando a su madre anciana y cantando en la iglesia. Sin duda, no parecía una súper estrella de la música. Quizá por eso, la audiencia se reía de esta sencilla mujer de mediana edad, antes de que cantara en un programa de búsqueda de talentos. Sin inmutarse, Susan enfrentó a la antipática multitud, cantó maravillosamente y, como resultado, recibió una ovación del público en pie.
 
En la época de la iglesia primitiva, Esteban se enfrentó con una multitud hostil (Hechos 6–7). Un tribunal de líderes religiosos escuchó a los testigos falsos que lo acusaron de blasfemia (Hechos 6:13). Esteban respondió declarando la verdad de la Palabra de Dios, que reafirmaba su fe en Cristo. Al final de su discurso, dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios» (7:56). Entonces, la multitud lo apedreó (v. 58). Jesús, que miraba desde el cielo, le dio la bienvenida a casa.
 
La mayoría de los creyentes no enfrenta tanta hostilidad. Sin embargo, todos necesitamos estar «firmes en el Señor» cuando aparecen las presiones (Filipenses 4:1). No podemos permitir que los demás acallen nuestra voz que habla de Cristo. Proclamar a Jesús no siempre obtiene el favor de las multitudes aquí en la tierra, pero sí asegura la aprobación del Señor en el cielo, donde es más importante.

“Si encuentras oposición, tal vez sea la prueba de que estás haciendo algo valioso.”

Lectura del día: Hechos 6:8-15; 7:54-60

miércoles, 9 de febrero de 2011

Reflexión miércoles, 9 de febrero de 2011

Llanto y gozo
Bill Crowder

“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.” —Romanos 12:15

Durante su vida, Golda Meir supo de luchas y de victorias. Como Primera Ministra de Israel, experimentó muchos episodios conflictivos y de fracaso, como así también el gozo esporádico de éxitos y triunfos en la vida del incipiente Estado de Israel. Ella dijo acerca del gozo y la tristeza: «Los que no saben cómo llorar con todo el corazón, tampoco saben cómo reír».
 
El apóstol Pablo nos llamó a vivir una vida de llanto y también de gozo, pero con un giro inesperado. En Romanos 12:15, nos desafió a mirar más allá de nuestras circunstancias para ver las necesidades de los demás. Dijo: «Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran».
 
Si solo nos regocijamos en nuestras victorias personales, perdemos de vista lo maravilloso que es celebrar el poder de Dios, el cual desea llevar a cabo Sus propósitos en y a través de otras personas también. Si únicamente nos lamentamos de nuestras pérdidas, desperdiciamos la oportunidad de «estar allí», para demostrarles nuestra compasión a aquellos que sufren.
 
La vida está llena de situaciones de gozo y tristeza extremos, de victorias y derrotas, pero se nos ha concedido el privilegio de participar de esos momentos en la vida de otras personas, para ver la gracia de Dios en acción. ¡No te lo pierdas!

“Ocuparse de las necesidades de los demás honra a Cristo.”

Lectura del día: Romanos 12:9-16

martes, 8 de febrero de 2011

Reflexión martes, 8 de febrero de 2011

Explorador del espacio
Dennis Fisher

“Y vosotros, padres, […] a vuestros hijos, […] criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” —Efesios 6:4

Muchos de los primeros astronautas fueron en una época Boy Scouts. Esta agrupación era experta en despertar la imaginación de los muchachitos e inculcarles disciplina para alcanzar sus metas… aun cuando eso significara llegar hasta las estrellas.
 
El 20 de julio de 1969, los Boy Scouts celebraban entusiasmados mientras asistían a una conferencia. Durante el encuentro, quedaron encantados al escuchar que Neil Armstrong, ex Eagle Scout, los saludaba desde el espacio. ¡Uno de ellos había logrado concretar un sueño maravilloso!
 
En cierto modo, el hogar cristiano puede asemejarse a un amoroso y espiritual campamento de exploradores. La Biblia insta a los padres a brindar un entorno beneficioso en la casa para el crecimiento de los hijos. Se los exhorta a criarlos en la disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4). Criar se refiere a nutrirlos mediante la provisión de los recursos necesarios para suplir sus necesidades físicas, mentales y espirituales. La disciplina implica ocuparse de todos los aspectos del desarrollo de un niño. Y la amonestación habla de guiar por medio de palabras adecuadas y particularmente apropiadas para cada hijo.
 
Esforcémonos para convertir nuestro hogar en un sitio donde la disciplina con amor permita que los niños que tenemos bajo nuestra responsabilidad alcancen su máximo potencial para la gloria de Dios.

“Lo que hoy inculcas en el corazón de tus hijos influye sobre su carácter futuro.”

Lectura del dia: Efesios 6:1-4

lunes, 7 de febrero de 2011

Reflexión lunes, 7 de febrero de 2011

Ejercitos de Dios
David H. Roper

"Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos." —Salmo 91:11

Cuando nuestra nieta Julia era muy pequeña, la llevamos a pasear en auto por un camino montañoso de Idaho, en Estados Unidos. Más tarde, ella y su Nana charlaban sobre la «aventura». «A mí no me da miedo porque creo que Papa tiene un ángel guardián», dijo Nana. A lo que Julia respondió: «¡Me parece que tiene un equipo de ángeles guardianes!».
 
La misión de los ángeles es proteger y servir a los hijos de Dios (Hebreos 1:13-14). El salmista declaró: «Los carros de guerra de Dios se cuentan por millares; […] vino en ellos el Señor» (Salmo 68:17 NVI). Dios es el «Señor de los ejércitos»; los ángeles constituyen Su ejército.
 
En 2 Reyes, leemos que Eliseo y su siervo estaban rodeados por el ejército sirio. El siervo de Eliseo exclamó: «¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos? Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Entonces, el Señor abrió los ojos del criado y este vio que «el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor» (6:15-17). ¡El ejército del Señor estaba allí y en disposición!
 
Aunque no podamos ver a los ángeles con nuestros ojos físicos, sí podemos descansar confiados en que el Señor de los ejércitos está vigilándonos constantemente y que tiene un ejército invisible a Su disposición para enviar adonde a Él le plazca.

"Los ángeles de Dios protegen a Su pueblo mientras este hace la obra del Señor."

Lectura del día: 2 Reyes 6:8-17

domingo, 6 de febrero de 2011

Reflexión domingo, 6 de febrero de 2011

Sin parcialidad
David C. McCasland

“Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, […], siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.” —Colosenses 3:11

Un artículo del Washington Post informó que estudios recientes sobre la naturaleza del prejuicio indicaban que casi todas las personas abrigan parcialidades, y que estas actitudes afectan incluso a aquellos que las resisten con ahínco. Un psicólogo de la Universidad de Kentucky señala que gran parte de nuestra autoestima surge de sentirnos mejores respecto a nosotros mismos en comparación con otros debido al grupo al que pertenecemos. No es fácil dominar los prejuicios, aun dentro de la familia de Dios.
 
Las palabras de Pablo a los creyentes de Colosas son una enseñanza para nosotros en el día de hoy, al decir que nuestro lenguaje y comportamiento hacia los otros creyentes deberían reflejar la unidad que tenemos en Cristo. Pablo dijo: «y revestido del [hombre] nuevo […], donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos» (Colosenses 3:10-11). En vez de superioridad y favoritismo, deberíamos demostrar misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia los unos a los otros (v. 12). Y, por encima de todas las cosas, tenemos que vestirnos «de amor, que es el vínculo perfecto» (v. 14).
 
En el cuerpo de Cristo, ninguna raza, nacionalidad ni clase es mejor que otra. Mediante la cruz, Cristo nos ha hecho uno, y nosotros debemos tratarnos mutuamente con honestidad, dignidad y amor.

“El prejuicio distorsiona lo que ve, engaña cuando habla y destruye cuando actúa.”

Lectura del día: Colosenses 3:8-17

sábado, 5 de febrero de 2011

Reflexión sábado, 5 de febrero de 2011

Falla geológica
Dennis Fisher

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.” —Mateo 7:24

En 1931, la ciudad de Hayward, en California, construyó su primer edificio municipal permanente. En aquel momento, la estructura, con sus columnas corintias con base cuadrada y su arco romano como entrada, que costó 100.000 dólares, se consideraba espectacular. Hubo un solo problema: se edificó sobre la falla de Hayward y, poco a poco, se está partiendo por la mitad. En 1989, un terremoto obligó a cerrarlo y, en la actualidad, es inhabitable.
 
Edificar sobre un cimiento inestable no tiene sentido. Esto también se aplica a nuestra vida espiritual. Jesús les enseñó esta verdad a Sus discípulos mediante una ilustración: «Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina» (Mateo 7:26-27).
 
Los cambios morales de nuestro mundo actual pueden confundirnos. Quizá nos veamos tentados a permitir que la cultura o las opiniones de la sociedad sean el fundamento de las decisiones que tomamos. Sin embargo, obedecer la verdad inmutable de Dios brinda una estabilidad que no existe en ninguna otra parte. «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca» (v. 24).

“Construye tu vida sobre el fundamento sólido: Jesucristo.”

Lectura del día: Mateo 7:24-27

viernes, 4 de febrero de 2011

Reflexión viernes, 4 de febrero de 2011

Visita real
Joe Stowell

“… vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, […] no sois vuestros…” —1 Corintios 6:19

Mi amigo Tim Davis cuenta que, cuando era niño, estuvo en Trinidad cuando la Reina Isabel fue a visitar la ciudad. Recuerda haber ido con sus padres, que eran misioneros evangélicos, para unirse a cientos de personas que se habían reunido para saludar a la reina. Agitando la bandera, observaba mientras el séquito pasaba por la calle: primero, los soldados; después, la guardia montada; y luego, la limusina desde donde ella saludaba a la multitud que la vitoreaba. Siguió mirando mientras la reina salía de la ciudad en su auto y dejaba atrás a todos, para que volvieran a su vida normal. Tim lo expresa así: «¡La realeza llegó a la ciudad y nada cambió!».
 
Para quienes hemos aceptado a Jesús como Salvador, hubo un día cuando la realeza llegó… a nuestro corazón. Como declara Pablo, nuestro cuerpo es «templo del Espíritu Santo» (1 Corintios 6:19); una realidad con enormes implicancias. El propósito de Su morada en nuestra vida es transformarnos para que vivamos de un modo que lo glorifique a Él. Nuestras relaciones interpersonales, la manera de servir a nuestro jefe, la forma de usar nuestro dinero, cómo tratamos a nuestros enemigos y todas las demás facetas de nuestra vida deben reflejar la maravillosa realidad de que la Realeza vive en nuestro interior.
 
¿Ha cambiado algo desde que el Rey Jesús entró en tu corazón? ¿El mundo lo nota o simplemente cree que Él pasó de largo?

“Si Jesús entró a vivir en tu vida, el mundo debería notar un cambio duradero.”

Lectura del día: 1 Corintios 6:12-20

jueves, 3 de febrero de 2011

Reflexión jueves, 3 de febrero de 2011

Buenos deseos
C. P. Hia

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento.” —Filipenses 1:9

En Singapur, las cenas sociales y empresariales durante la temporada del Año Nuevo chino suelen empezar con un plato que incluye ensaladas, aderezos, encurtidos y pescado crudo. Se llama Yu Sheng, un juego de palabras que suena parecido a «año de prosperidad». Por tradición, los que están presentes preparan juntos la ensalada. Mientras lo hacen, se repiten ciertas frases para incentivar la buena suerte.
 
Nuestras palabras pueden expresar lo que deseamos que suceda en beneficio de otras personas en el año que comienza, pero no pueden garantizar la buena suerte. Lo importante es esto: ¿Qué desea ver Dios en nosotros el próximo año?
 
En su carta a los filipenses, Pablo expresa que su deseo y oración es que el amor de ellos «abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento» (1:9). La iglesia había sido un gran baluarte de respaldo para él (v. 7); sin embargo, los instaba a continuar creciendo en el amor hacia los demás. El apóstol no estaba hablando de conocimiento intelectual, sino de conocer al Señor. El amor a los demás comienza con una comunión más íntima con Dios. Conociéndolo a Él más plenamente, podemos discernir entre lo correcto y lo incorrecto.
 
Ofrecer nuestros mejores deseos a los demás para el próximo año está bien, pero nuestra oración de corazón debería ser que abundemos en amor, para que seamos «llenos de frutos de justicia […], para gloria y alabanza de Dios» (v. 11).

“La gente con un corazón para Dios también tiene corazón para otros.”

Lectura del día: Filipenses 1:9-18

miércoles, 2 de febrero de 2011

Reflexión miércoles, 2 de febrero de 2011

Vidas fragmentadas
Julie Ackerman Link

“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará…”  —Salmo 55:22

De vez en cuando, mi computador funciona más lento. El uso frecuente de ciertos programas y documentos hace que segmentos de información se dispersen, lo que requiere que la máquina deba buscar dichas piezas antes de poder usarlas. Para arreglar el problema, tengo que usar un programa que recupera esos segmentos y los agrupa en un sitio donde puede accederse a ellos con facilidad. Este proceso se llama «desfragmentación».
 
Al igual que mi ordenador, mi vida también se fragmenta. Una situación perturba mis emociones mientras trato de concentrarme en otra cosa. Me bombardean exigencias de todas partes. Quiero llevar a cabo todo lo que hay que hacer, pero mi mente no para y mi cuerpo no arranca. Al rato, me siento agotada e inservible.
 
Hace poco, fui a un retiro donde se repartieron unas notas para los asistentes, que incluían una oración con palabras que expresaban cómo me sentía yo: «Señor, estoy dispersa, intranquila, y solo la mitad de mí está aquí».
 
El rey David también atravesó momentos similares (Salmo 55:2). En oración, presentaba sus necesidades a Dios por la mañana, por la tarde y por la noche, confiado en que sería oído (v. 17).
 
La oración puede ayudar a desfragmentar nuestra vida. Cuando echamos nuestras preocupaciones sobre el Señor, nos muestra aquello que nosotros debemos hacer y lo que únicamente Él puede llevar a cabo.

“Cuando más necesitamos orar es cuando menos tiempo tenemos para hacerlo.”

Lectura del día: Salmo 55:1-8

martes, 1 de febrero de 2011

Reflexión martes, 1 de febrero de 2011

Corazones falsos
Mart De Haan

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas…” —Jeremías 17:9

Algunas historias verídicas sobre engaño y falsedad pueden sonar más extrañas que la ficción. Según una noticia de Associated Press, una mujer en Georgia fue arrestada después de tratar de pagar una compra de más de 1,500 dólares con un billete falso de un millón. Cuando la indagaron, la clienta, avergonzada, declaró que su ex esposo, un coleccionista de monedas, la había engañado dándole el dinero falso.
 
El valor del billete hace que nos preguntemos si, de veras, se puede llegar a engañar a alguien hasta el punto de hacerle pensar que es verdadero. De todos modos, quizá esta sea una buena ilustración del casi increíble problema de autoengaño del cual nos advierte el profeta. Cuando Jeremías dijo: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (17:9), expresaba un sentimiento de asombro que va más allá de nuestra capacidad de comprensión. Aquí no está diciendo que a algunos de nosotros nos resulta difícil ser honestos con nosotros mismos, sino que todos experimentamos lo mismo.
 
Felizmente, Dios escudriña nuestro corazón y entiende lo que nosotros no podemos ver (v. 10). Él nos da todo el fundamento para que digamos: «Señor, necesito que me ayudes. Por favor, muéstranos si estamos siendo honestos con nosotros mismos y contigo. Si no es así, ayúdanos a cambiar y a fiarnos de ti y no de nosotros».

“Sólo se sobrevive en un mundo engañoso confiando en Aquel que nunca engaña.”

Lectura del día: Jeremías 17:5-11