jueves, 18 de agosto de 2011

Reflexión jueves, 18 de agosto de 2011

Promesas "bancables"
Julie Ackerman Link

“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” —2 Corintios 1:20

Después de una crisis financiera mundial, el gobierno de los Estados Unidos decretó leyes más estrictas para proteger a la gente de prácticas bancarias cuestionables. Los bancos tuvieron que modificar sus políticas para acatarlas. A fin de notificarme de tales cambios, mi banco me mandó una carta, pero cuando llegué al final, tenía más preguntas que respuestas. ¡Estaba claro que el uso de frases como «se podrían» o «a nuestro criterio» no sonaban como algo de lo que yo pudiera depender!
 
Por el contrario, el Antiguo Testamento cita a Dios haciendo numerosas promesas. A David, le prometió: «… yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino» (2 Samuel 7:12-13, énfasis agregado). No hay incertidumbre en esas palabras. Reconociendo la fidelidad de Dios a Sus promesas, el rey Salomón expresa en su oración de dedicación del templo: «… has guardado a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; tú lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido…» (2 Crónicas 6:15). Siglos más tarde, el apóstol Pablo dijo que todas las promesas de Dios son «sí» en Cristo (2 Corintios 1:20).
 
En un mundo de incertidumbre, nuestra confianza está puesta en un Dios fiel que siempre cumple lo que promete.

“La fe reconoce que Dios siempre cumple lo que promete.”

Lectura del día: 2 Crónicas 6:1-11

martes, 16 de agosto de 2011

Reflexión martes, 16 de agosto de 2011

Hazlo solo
Randy K. Kilgore

“Respondiendo [Jesús], les dijo: Dadles vosotros de comer…” —Marcos 6:37

«Dadles vosotros de comer…» (Marcos 6:37). Es fácil pasar por alto estas palabras de Jesús. Una inmensa multitud se había reunido para oírlo. Al final del día, los discípulos se pusieron nerviosos y empezaron a presionarlo para que los despidiera (v. 36). «Dadles vosotros de comer…», respondió Jesús (v. 37).
 
¿Por qué dijo el Señor eso? Juan 6:6 explica que los estaba probando. ¿Quería ver si confiaban en que Él haría un milagro? Tal vez, pero parece más probable que deseaba que Sus discípulos se ocuparan más del cuidado de la gente, que pusieran manos a la obra con Él y para Él. Entonces, bendijo lo que le llevaron —cinco panes y dos peces— e hizo el milagro de alimentar a 5.000 personas.
 
Creo que Jesús también utiliza estas palabras con nosotros. Los que nos rodean tienen necesidades, y nosotros las ponemos ante Dios en oración. El Señor suele decir: «Haz algo». Sin embargo, nosotros objetamos: «Pero, Señor, no tengo suficiente tiempo, ni dinero ni energía». Por supuesto que estamos equivocados. Cuando Jesucristo nos pide que nos involucremos, ya sabe cómo llevará a cabo Su obra a través de nosotros.
 
Lo que necesitamos es fe y visión; la capacidad de ver que Dios quiere que seamos Sus instrumentos y de que Él suplirá lo que nos haga falta.

“Cuando Dios dice que hagamos algo, ya tiene los recursos necesarios para realizar la tarea.”

Lectura del día: Marcos 6:30-44

lunes, 15 de agosto de 2011

Reflexión lunes, 15 de agosto de 2011

«Bordado de la tierra»
Dave Branon

“Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos…” —Isaías 41:19

Cerca de uno de los sitios más majestuosos de la naturaleza creada por Dios, hay un jardín botánico de una belleza asombrosa. Del lado canadiense de las Cataratas del Niágara, se encuentra el Floral Showhouse. En el invernadero, hay una gran variedad de flores hermosas y de plantas exóticas. Además de la flora que mi esposa y yo observamos, algo nos llamó la atención: las palabras de una placa.
 
Dice: «Entren, amigos, y vean la agradable obra de Dios, el bordado de la tierra». ¡Qué forma tan maravillosa de describir la manera en que nuestro Creador favoreció este planeta con una belleza tan sorprendente!
 
El «bordado de la tierra» incluye toques divinos tan diversos como las verdes selvas tropicales de Brasil, la fría hermosura de los glaciares del Círculo Ártico, los campos rebosantes de trigo de las llanuras de América del Norte y las amplias extensiones del fértil Serengueti en África. Estas regiones, como las descritas en Isaías 41, nos invitan a alabar a Dios por Su obra creadora.
 
Las Escrituras también nos recuerdan que cada planta forma parte de la obra de Dios. Desde la rosa (Isaías 35:1) hasta el lirio (Mateo 6:28), el arrayán, el ciprés y el pino (Isaías 41:19-20), Dios colorea nuestro mundo con un esplendoroso despliegue de belleza. Disfruta de tal maravilla y dedica un tiempo para alabar al Señor por el «bordado de la tierra».

“La creación está llena de marcas que señalan al Creador.”

Lectura del día: Isaías 41:17-20

domingo, 14 de agosto de 2011

Reflexión domingo, 14 de agosto de 2011

¿Dios se siente obligado?
C. P. Hia

“… Mejorad vuestros caminos y vuestras obras…” —Jeremías 7:3

Un amigo me mandó fotos de 20 iglesias hermosas del mundo. Ubicadas en sitios distantes como Islandia e India, cada una de ellas es arquitectónicamente singular.
 
El lugar más hermoso para adorar en la época de Jeremías era el templo de Jerusalén, que el rey Josías acababa de reparar y restaurar (2 Crónicas 34–35). Los israelitas estaban aferrados al magnífico edificio (Jeremías 7:4) y pensaban, insensatamente, que tener esa construcción allí significaba que el Señor los protegería del enemigo.
 
Sin embargo, Jeremías les señaló el pecado en sus vidas (vv. 3, 9-10) y les declaró que a Dios no le impresionaban los edificios hermosos construidos en Su nombre si los que asistían no tenían belleza interior, en el corazón. Al Señor no le interesa la adoración legalista externa que no brota de una santidad interna. Y es un error pensar que Él protege a las personas simplemente porque cumplen con sus actividades religiosas.
 
El solo hecho de leer la Biblia, orar y tener comunión con otros creyentes no significa que Dios esté obligado a hacer algo por nosotros. No podemos manipular al Señor. El propósito de estas actividades externas es desarrollar nuestra comunión con Él y ayudarnos a vivir de manera diferente a las personas que nos rodean en este mundo.

“Recuerda: Es imposible manipular a Dios.”

Lectura del día: Jeremías 7:1-11

viernes, 12 de agosto de 2011

Reflexión viernes, 12 de agosto de 2011

Un nuevo propósito
Cindy Hess Karper

“… sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” —Jeremías 29:11

Un hotel de Kansas, de 60 años de antigüedad, está siendo restaurado para convertirlo en apartamentos. Lo mismo sucede con un barco oxidado, amarrado en Filadelfia, al que transformarán en un hotel o en un museo. Al Hangar 61, una notable obra arquitectónica de un antiguo aeropuerto de Colorado, están remodelándolo para usarlo como iglesia. Cada edificio tenía un uso específico que ya no es viable. No obstante, alguien fue capaz de prever una perspectiva y un nuevo propósito para cada construcción.
 
Si los edificios pueden hallar vida y propósito renovados, ¿por qué no la gente? Piensa en aquellos personajes bíblicos cuyas vidas dieron un giro inesperado. Allí estaba Jacob, que luchó contra el ángel del Señor (Génesis 32); Moisés, que habló con una zarza ardiente (Éxodo 3); Pablo, que estuvo temporalmente ciego (Hechos 9). Sus historias eran distintas, pero todos experimentaron un cambio de objetivo cuando su encuentro con Dios los guió por un camino nuevo.
 
Nosotros también podemos atravesar circunstancias que transformen el curso de nuestra vida. No obstante, Dios nos recuerda lo siguiente: Yo te amé antes de que tú me amaras. Quiero darte esperanza y un futuro promisorio. Entrégame todas tus preocupaciones porque yo te cuidaré. (1 Juan 4:19; Jeremías 29:11; 1 Pedro 5:7; Juan 10:10).
 
Cuando te aferres a las promesas de Dios, pídele que te muestre una nueva dirección y propósito en tu vida.

“Mantén la mirada en el Señor y no perderás de vista el propósito de la vida.”

Lectura del día: Hechos 9:1-9

jueves, 11 de agosto de 2011

Reflexión jueves, 11 de agosto de 2011

Arrójale el libro
Joe Stowell

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.” —Mateo 4:1

El ministerio de Jesús tuvo un comienzo maravilloso. En Mateo 3, fue bautizado y oyó las confirmadoras palabras de Su Padre: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (v. 17). Pero las cosas dieron un giro negativo.
 
Lo que pasó después —la tentación de Jesús en el desierto— no fue una mera coincidencia. El Espíritu Santo lo guió a un enfrentamiento entre los poderes del cielo y del infierno. Felizmente, la victoria de Jesús ante la tentación nos deja un gran ejemplo para cuando nos encontremos en el desierto de las seducciones siniestras del diablo.
 
Observa que el tentador atacó a Jesús cuando estaba cansado y con hambre. La misma táctica usa con nosotros. Espera que lleguen esos momentos vulnerables y nos atrae con el cebo de sugerencias seductoras que ofrecen un alivio inmediato y una oportunidad de ascenso personal. Cuando enfrentemos tales desafíos, es importante seguir el ejemplo de Jesús: ¡Arrójale «el Libro» a Satanás! El Señor reaccionó frente a la tentación citando las Escrituras: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4; ver Deuteronomio 8:3). La Biblia está repleta de versículos sobre la lujuria, la codicia, la mentira y otros pecados. Si los apilamos en nuestra memoria, podemos usarlos cuando seamos atacados. ¡Es nuestra mejor oportunidad de triunfar!

“Cuando Satanás te ataque, contraataca con la Palabra de Dios.”

Lectura del día: Mateo 4:1-11

miércoles, 10 de agosto de 2011

Reflexión miércoles, 10 de agosto de 2011

Desfallecer
Dennis Fisher

“Desfallecerás del todo…” —Éxodo 18:18

La hija de mi amigo Jeff le pidió que oficiara su boda. Sería un gran gozo viajar a un lugar exótico y romántico para la ceremonia. Pero había un problema importante: como la fiesta sería muy pequeña, Jeff tendría que desempeñar tres papeles diferentes que podrían entrar en conflicto. ¡Sería el pastor que los casara, el padre de la novia y el fotógrafo de la boda!
 
¿Alguna vez sentiste como si tuvieras demasiadas cosas para hacer? Jetro pensó que su yerno Moisés estaba así (Éxodo 18). Guiar a los israelitas, arbitrar en disputas personales y emitir juicios para una gran multitud lo estaban agotando. Finalmente, Jetro se dirigió a Moisés y le dijo: «… el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo» (v. 18). Sabiamente, le aconsejó que delegara litigios menores a otros consejeros y que se ocupara personalmente de los más conflictivos (v. 22).
 
Independientemente de que seas una madre con hijos pequeños, un atareado ejecutivo de negocios o un voluntario de una iglesia con demasiado trabajo, puedes aprender también una lección de Moisés. ¿Por qué no meditas en oración si hay alguna tarea que puedas delegarles a otros o incluso dejar de hacerla, para que no desfallezcas?

«Si no nos apartamos y descansamos un poco, ¡tal vez nos desvoronemos!» —Havner

Lectura del día: Éxodo 18:13-27

martes, 9 de agosto de 2011

Reflexión martes, 9 de agosto de 2011

Como un rebaño
David C. MCasland

“Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón.” —Salmo 77:20

Durante una demostración de pastoreo con un perro Border Collie, el entrenador explicó que, como las ovejas son sumamente vulnerables a los animales salvajes, su máxima defensa contra los depredadores es permanecer juntas formando un apretado grupo. «Una oveja solitaria es una oveja muerta —dijo el instructor.— El perro siempre las mantiene juntas mientras las guía».
 
La imagen bíblica de Dios como nuestro pastor es un poderoso recordatorio de cuánto nos necesitamos unos a otros en la comunidad de la fe. Al escribir sobre el éxodo de los israelitas de Egipto, el salmista dijo: «[Dios] hizo salir a su pueblo como ovejas, y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor…» (Salmo 78:52-53).
 
Como parte del rebaño de Dios, los que hemos creído en Cristo estamos bajo Su mano instructora y guardiana, y también rodeados de la presencia protectora de los demás. Formamos parte de un cuerpo más grande de creyentes en el cual hay seguridad y responsabilidad.
 
Aunque seguimos adelante con nuestra obligación personal de pensar y de actuar como miembros del rebaño, debemos abrazar la idea de «nosotros» en lugar de «yo» en nuestra vida diaria. Con Cristo como nuestro Pastor y con los demás creyentes a nuestro alrededor, estamos seguros en medio del rebaño.

“Como parte del rebaño de Dios, la protección proviene de Él y de los creyentes entre sí.”

Lectura del día: Salmo 77:11-20

lunes, 8 de agosto de 2011

Reflexión lunes, 8 de agosto de 2011

Pescar donde no hay peces
David H. Roper

“Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.” —Lucas 7:36

Tengo un amigo muy bueno con quien suelo ir de pesca. Después de ponerse las botas de pescador y juntar todo el equipo, se sienta en la puerta trasera de su camioneta y observa el río durante unos 15 minutos, para ver si salta algún pez. «No tiene sentido pescar donde no hay peces», dice. Esto me lleva a pensar en otra pregunta: «¿Pesco almas donde no están?».
 
Se decía de Jesús que era «amigo de publicanos y de pecadores» (Lucas 7:34). Como creyentes, nuestra conducta debe ser diferente a la del mundo, pero hay que estar allí como lo hizo el Señor. Debemos preguntarnos: «¿Tengo, como Jesús, amigos pecadores? Si todos mis amigos son creyentes, tal vez esté pescando almas donde no hay».
 
Estar con los incrédulos es la primera lección sobre «pesca». Después, sigue el amor, un corazón tierno que ve más allá de lo superficial y escucha el clamor más profundo del alma. A continuación, surge la compasión. Como dijo el pastor George Herbert: «Hay mucha predicación en esta amistad».
 
Esa clase de amor no es un instinto natural, sino que proviene únicamente de Dios. Por eso, oramos: «Señor, cuando hoy esté con los incrédulos, ayúdame a captar la voz apagada, el rostro sombrío o los ojos apesadumbrados que, al estar sumergido en mis preocupaciones, podría fácilmente pasar por alto. Que tenga un amor arraigado en el tuyo y que brote de ti. Que hoy escuche a los demás, demuestre compasión y hable tu verdad».

“Debemos ser canales de la verdad de Dios, no reservas.”

Lectura del día: Lucas 7:34-48

viernes, 5 de agosto de 2011

Reflexión viernes, 5 de agosto de 2011

Despedida Difícil
Bill Crowder

“Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.” —Salmo 68:5

Cuando nuestro hijo menor se alistó en el ejército, éramos conscientes de que enfrentaríamos desafíos. Sabíamos que él estaría en peligro y que sería probado física, emocional y espiritualmente. También estábamos al tanto de que, en cierto modo, nuestra casa nunca volvería a ser completamente su hogar. En los meses previos a su partida, mi esposa y yo nos armamos de valor para encarar la situación.
 
Entonces, llegó el día en que Marcos tenía que presentarse. Nos abrazamos y nos despedimos; después, él entró en la oficina de reclutamiento, lo cual me dejó en una situación para la que, decididamente, no estaba preparado. El dolor de aquella difícil despedida parecía insoportable. Aunque corra el riesgo de sonar excesivamente dramático, no recuerdo haber llorado nunca tanto como aquel día. El angustioso adiós y la sensación de pérdida que tuve me partieron el corazón.
 
En momentos así, doy gracias por tener un Padre celestial que sabe lo que significa separarse de un Hijo amado. Estoy agradecido de tener un Dios que se describe como «Padre de huérfanos y defensor de viudas» (Salmo 68:5). Estoy convencido de que si Él se ocupa de la soledad de los huérfanos y de las viudas, también me cuidará y me consolará… aun en esas ocasiones cuando enfrente las luchas que acompañan a las despedidas difíciles.

“La soledad aparece cuando nos olvidamos de Aquel que siempre está con nosotros.”

Lectura del día: Salmo 68:1-10

jueves, 4 de agosto de 2011

Reflexión jueves, 4 de agosto de 2011

Compartir la Palabra
David C. McCasland

“Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado…” —Salmo 19:10

Jerry McMorris empezó a leer el Wall Street Journal hace 50 años, cuando era alumno de la Universidad de Colorado. Su estima hacia esa publicación y a su antigua universidad lo instó a donar a los alumnos de la carrera de Economía cientos de suscripciones a ese periódico. McMorris declaró al Colorado Spring Gazette: «El Journal me dio una perspectiva beneficiosa y amplia de lo que sucedía en el mundo de los negocios, y adopté el hábito de leerlo diariamente al empezar a trabajar. Ayuda a los alumnos a ponerse al tanto de los verdaderos asuntos relacionados con los negocios».
 
A muchas personas les encanta compartir con otros los escritos que han moldeado su vida. Por eso, es comprensible que los seguidores de Cristo quieran compartir con otros la Palabra de Dios. Algunos sustentan económicamente la traducción y la distribución de la Biblia, mientras que otros invitan a sus amigos a estudiarla juntos. Hay muchas maneras de transmitir la verdad de Dios a personas que ansían encontrar ánimo y ayuda. Nuestra meta es permitir que otros experimenten el grandioso beneficio que se halla al conocer a Cristo y ser guiados por Su Palabra. El salmista expresó: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo» (Salmo 19:7).
 
Vale la pena compartir con otros la Palabra de Dios, que guarda nuestro corazón y guía nuestros pasos.

“La Biblia: Conócela con la mente, almacénala en el corazón, muéstrala en tu vida y siémbrala en el mundo.”

Lectura del día: Salmo 19:7-14

miércoles, 3 de agosto de 2011

Reflexión miércoles, 3 de agosto de 2011

Oración insensata
Julie Ackerman Link

“… como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.” —Josué 1:5

A veces, mis oraciones me dan vergüenza. Con mucha frecuencia, me oigo decir frases conocidas que se asemejan más a rellenos sin sentido que a una interacción íntima y significativa. Una frase que me hace enojar y que me parece que puede ofender a Dios es: «Señor, quédate conmigo». En las Escrituras, Él ya prometió que nunca nos abandonará.
 
Dios le hizo esa promesa a Josué justo antes de que guiara a los israelitas para entrar en la tierra prometida (Josué 1:5). Posteriormente, el autor de Hebreos reclamó esta promesa para todos los creyentes: «… No te desampararé, ni te dejaré» (13:5). En ambos casos, el contexto indica que la presencia de Dios tiene que ver con darnos el poder para hacer Su voluntad y no la nuestra, ya que esta última es, por lo general, la que tengo en mente en mis oraciones.
 
Quizá una mejor plegaria sería algo así: «Señor, gracias por tu Espíritu que mora en mí, que está dispuesto a dirigirme por el camino que tú quieres que vaya y que puede hacerlo. Que yo no te lleve donde tú no desees ir. Que no te reclute para hacer mi voluntad, sino que me someta humildemente a ti para hacer la tuya».
 
Cuando hagamos la voluntad de Dios, Él estará con nosotros aunque no se lo pidamos. Si no estamos cumpliéndola, debemos pedirle perdón, cambiar de dirección y seguirlo.

“Que no seamos inconscientes al orar, sino conscientes de la voluntad de Dios.”

Lectura del día: Josué 1;1-9

martes, 2 de agosto de 2011

Reflexión martes, 2 de agosto de 2011

Amigo despertador
Dennis Fisher

“… para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” —Juan 14:3

Hace unos años, me hicieron unos análisis para detectar si tenía cáncer, y estaba nervioso por el resultado. Mi ansiedad aumentaba mientras pensaba que, aunque los integrantes del personal médico estaban bien capacitados y eran sumamente competentes, también eran extraños y no tenían ninguna vinculación conmigo.
 
Sin embargo, después de despertarme de la anestesia, oí el hermoso sonido de la voz de mi esposa: «Querido, es maravilloso. No encontraron nada». Miré su rostro sonriente y me sentí reconfortado. Necesitaba sentir el respaldo de alguien que me amaba.
 
Una seguridad similar está al alcance de todos los que han confiado en Jesús. Los creyentes pueden sentirse reconfortados al saber que, cuando despierten en el cielo, Alguien que los ama profundamente —Jesús— estará allí.
 
El Libro de oración común expresa esta esperanza del creyente: «Después de mi despertar, [mi Redentor] me resucitará, y en mi carne veré a Dios. Sí, yo mismo lo veré, mis propios ojos lo verán, al que es mi amigo y no un extraño».
 
¿Tienes problemas para enfrentar la muerte? Jesús prometió estar allí cuando nos deslicemos de este mundo al siguiente. Dijo: «… para que donde yo estoy [el cielo], vosotros también estéis» (Juan 14:3). ¡Qué consuelo nos da a los creyentes saber que, después de la muerte, nos despertará un Amigo íntimo!

“Ver a Jesús será el mayor gozo del cielo.”

Lectura del día: Juan 14:1-7

lunes, 1 de agosto de 2011

Reflexión lunes, 1 de agosto de 2011

Hacer bien
Marvin Williams

“Jesús de Nazaret, […] anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” —Hechos 10:38

Una vez, alguien dijo: «El bien que hagas hoy se olvidará mañana, pero hazlo de todos modos». Esto me gusta; es un gran recordatorio. En el libro de Hechos, Lucas resumió el ministerio terrenal de Jesús diciendo que «anduvo haciendo bienes» (10:38).
 
¿Qué pretende la Biblia al decirnos que debemos «hacer bien»? Jesucristo hizo bien al enseñar, sanar, alimentar y consolar a la gente. Tomándolo a Él como el ejemplo perfecto, Sus seguidores son llamados a suplir las necesidades de los demás, incluso las de aquellos que los odian: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen…» (Mateo 5:44; ver también Lucas 6:27-35). Deben servir a sus enemigos sin esperar ninguna retribución.
 
Además, a medida que surjan las oportunidades, Sus seguidores tienen que hacerles bien especialmente a los otros creyentes (Gálatas 6:10). No deben permitir que la persecución, el egoísmo ni el exceso de actividades les hagan olvidarse de beneficiar a los demás y de compartir con ellos lo que tienen (Hebreos 13:16).
 
Para ser como nuestro Salvador y Sus primeros seguidores, deberíamos preguntarnos cada día: «¿Qué bien puedo hacer hoy en el nombre de Jesús?». Cuando hagamos el bien, estaremos ofreciendo un sacrificio agradable a Dios (Hebreos 13:16) y atraeremos personas a Cristo (Mateo 5:16).

“Imita a Jesús: Anda y haz el bien.”

Lectura del día: Lucas 6:27-36