miércoles, 30 de septiembre de 2009

Reflexión Miércoles, 30 de septiembre de 2009

La medida del amor

“Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.” —Juan 15:13

El 2 de octubre de 1954, el teniente James O. Conway estaba despegando del aeropuerto Boston Logan en un avión que llevaba una carga de municiones. Cuando su nave ya estaba en el aire, repentinamente perdió energía sobre la bahía de Boston; en un instante, Conway enfrentó una brutal elección —saltar del avión y salvar su propia vida, o estrellarlo contra la bahía causando su propia muerte.

Si saltaba, el avión se estrellaría contra un vecindario en el este de Boston, lleno de hogares y familias. De una manera asombrosa, Conway eligió estrellar la nave contra la bahía, dando su vida por las vidas de los demás.

En Juan 15:13, Jesús dijo: «Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos». La disposición a hacer el mayor de los sacrificios para proteger a los demás muestra un corazón que se preocupa más por las necesidades de los otros que por las propias. Alguien dijo una vez que «la medida del amor es lo que uno está dispuesto a entregar por él». Dios el Padre amó tanto que entregó a Su Hijo. Cristo amó tanto que entregó Su vida, hasta el punto de llevar nuestros pecados sobre Sí y morir en nuestro lugar.

La medida del amor de Dios por ti es grande. ¿Has aceptado Su amor de manera personal? —WEC

“Nadie habla con mayor claridad del amor de Dios que la cruz de Cristo.”

Lectura del día: Juan 15:9-17

martes, 29 de septiembre de 2009

Reflexión Martes, 29 de septiembre de 2009

Luchando por arrodillarse

"Siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere." —Colosenses 4:12

Antes de que John Ashcroft juramentara como senador, se reunió con familiares y amigos para orar juntos. Mientras todos se colocaban alrededor de Ashcroft, éste vio a su padre intentando levantarse del sofá donde estaba sentado. Como su padre estaba delicado de salud, le dijo: «Está bien, papá. No tienes que levantarte para orar por mí». Su padre respondió, «No estoy luchando por levantarme. Estoy luchando por arrodillarme».

Su esfuerzo me recuerda al que a veces demanda interceder por un compañero creyente. En Colosenses, Pablo se refiere a Epafras como un siervo que estaba «siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (Colosenses 4:12). «Rogando encarecidamente» es la traducción de una palabra griega de la que obtenemos nuestra palabra «agonía». Se usaba para describir a los luchadores, que en los juegos de gimnasia griega es esforzaban mucho por vencer a sus oponentes.

Epafras pedía que otros creyentes llegaran a la madurez en su caminar con el Salvador. Nuestra concentración y disciplina debe ser la de pedirle a Dios que venza los obstáculos para el crecimiento espiritual en las vidas de los demás. ¿Estamos dispuestos a rogar «encarecidamente» en oración para que Dios satisfaga las necesidades de nuestros seres queridos? —HDF

"La oración intercesora es el verdadero trabajo de la vida."

Lectura del día: Colosenses 4:1-12

lunes, 28 de septiembre de 2009

Reflexión Lunes, 28 de septiembre de 2009

Conclusiones apresuradas

“No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.” —Eclesiastés 7:9

El e-mail sólo contenía versículos bíblicos y provenía de alguien a quien no conocía muy bien, en una época en la que hubo discusiones entre los miembros de un comité de la iglesia en el que yo participaba. Asumí que los versículos iban dirigidos a mí de una manera acusadora y estaba molesta de que alguien que no conocía todos los aspectos involucrados en el asunto usara la Escritura para atacarme.

Antes de poder tomar represalias, mi esposo sugirió que le diera a esta persona el beneficio de la duda en vez de asumir lo peor. «Tal vez haya una explicación inocente», dijo. No podía imaginármelo, pero seguí su consejo y la llamé por teléfono. «Muchas gracias por llamar» me dijo. «Mi computadora tiene un virus y lanzó e-mails usando porciones de nuestra lección de la escuela dominical a personas al azar en mi directorio». Uy. Agradezco que Dios usara a Jay para impedir que yo creara un problema donde no había ninguno.

Al sacar una conclusión que era lógica pero falsa, me acerqué peligrosamente a la posibilidad de un conflicto innecesario. Los israelitas hicieron lo mismo. Estaban listos para ir a la guerra porque asumieron erróneamente que el altar construido por sus hermanos era una señal de rebelión contra Dios (Josué 22:9-34). Para evitar hacer juicios equivocados, debemos procurar conocer los hechos correctamente. —JAL

“Para evitar una caída vergonzosa, no saltes hacia una conclusión equivocada.”

Lectura del día: Josué 22:10-34

domingo, 27 de septiembre de 2009

Reflexión Domingo, 27 de septiembre de 2009

Clavado a la cruz

“[Jesús] os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.” —Colosenses 2:13

Fue un culto conmovedor en la iglesia. Nuestro pastor habló acerca de cómo Jesús cargó sobre Sí nuestros pecados y murió en lugar de nosotros para recibir nuestro castigo. Preguntó si alguien todavía sentía culpa por pecados confesados y por lo tanto no estaba disfrutando del perdón de Dios.

Habíamos de escribir el (los) pecado(s) en una hoja de papel, caminar hacia el frente de la iglesia y clavarla a la cruz que estaba colocada allí. Muchos avanzaron y durante varios minutos se pudo escuchar el aporreo contra los clavos. Por supuesto que este acto no nos dio perdón, pero fue un recordatorio físico de que Jesús ya había cargado sobre sí esos pecados al ser colgado a la cruz y morir.

Eso es lo que el apóstol Pablo enseñó a la iglesia en Colosas. Las personas se estaban viendo influenciadas por falsos maestros que presentaban a Cristo como si fuera insuficiente para sus necesidades. Pero Pablo explicó que Jesús pagó el precio por nuestros pecados. Dijo: «Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, …quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14).

Si confesamos nuestro pecado a Dios, buscando Su limpieza, Él perdonará (1 Juan 1:9). No tenemos que seguir aferrados a la culpa. Nuestros pecados han sido clavados en la cruz; han sido quitados. Jesús los perdonó todos. —AMC

“La culpa es una carga que Dios jamás quiso que sus hijos llevaran.”

Lectura del día: Colosenses 2:9-17

sábado, 26 de septiembre de 2009

El amor todo lo cree

“[El amor] todo lo cree, todo lo espera.” —1 Corintios 13:7

Hace 40 años o más que observé a un amigo mío mostrar gran afecto por alguien a quien yo consideraba indigno de amor. Pensé que mi amigo estaba siendo engañado y temía que al final quedara desilusionado y entristecido.

Cuando le expresé mi preocupación, él contestó: «Cuando estoy delante de mi Señor, espero que Él diga de mí que he amado a demasiados más que a demasiados pocos». Jamás he olvidado sus palabras.

Pablo insiste en que «[el amor] todo lo cree» (1 Corintios 13:7). El amor «cree» en las personas. Puede ver el potencial en ellas. Cree que Dios puede tomar a la menos atractiva e indigna de las personas y convertirla en una obra maestra de belleza y gracia. Si el amor yerra, debe ser en lo que respecta a confianza y esperanza.

Ciertamente, debemos estar al tanto del peligro cuando vemos que éste se aproxima y llegar a ser «prudentes como serpientes» (Mateo 10:16). Puede que el amor exigente sea la mejor respuesta a las personas irresponsables e insensatas, pero podemos ser demasiado cautelosos, precavidos y desconfiados.

No nos hace ningún daño real que nos engañen y estafen (Mateo 5:38-48). Es mejor creer en alguien y que nos rompan el corazón que no tener sentimientos. El poeta británico Alfred Tensión escribió: «Es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado». Estoy de acuerdo. —DHR

“El amor ve más allá de lo que las personas son, hasta lo que pueden llegar a ser.”

Lectura del día: 1 Corintios 13

viernes, 25 de septiembre de 2009

Reflexión Viernes, 25 de septiembre de 2009

El maestro como partera

"Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros." —Gálatas 4:19

La madre del filósofo Sócrates de la antigua Grecia, era una partera. Así que Sócrates creció observando cómo ella asistía a las mujeres al traer nuevas vidas al mundo. Esta experiencia influyó más tarde en su método de enseñanza. Sócrates dijo: «Mi arte en la partería es, en general, como el de ellas; la única diferencia es que mis pacientes son hombres, no mujeres, y mi preocupación no se centra en el cuerpo sino en el alma que está en labor de parto».

En vez de simplemente transmitir información a sus alumnos, Sócrates usó el algunas veces doloroso proceso de hacer preguntas perspicaces para ayudarles a llegar a sus propias conclusiones. Enseñarles a pensar se parecía a veces a la labor de parto.

Pablo expresó una idea similar para discipular creyentes en la fe cuando dijo: «Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros» (Gálatas 4:19). A Pablo le preocupaba que cada creyente creciera hasta llegar a la madurez espiritual a la semejanza de Cristo (Efesios 4:13).

Llegar a ser como Cristo es una experiencia de toda una vida; por lo tanto, necesitamos paciencia con los demás y con nosotros mismos. Todos tendremos desafíos y decepciones a lo largo del camino. Pero, si ponemos nuestra confianza en Él, creceremos espiritualmente, y tendremos cualidades de carácter que irradiarán vida nueva. —HDF

"La conversión es el milagro de un momento; madurar lleva toda una vida."

Lectura del día: Gálatas 4:12-20

jueves, 24 de septiembre de 2009

Reflexión Jueves, 24 de septiembre de 2009

Contentamiento

"Ninguno puede servir a dos señores." —Mateo 6:24

Una apasionante fotografía mostrando a una anciana sentada sobre una pila de basura me hizo reflexionar. Ella estaba sonriendo mientras comía un paquete que había sacado de la basura. Muy poco le hacía falta a aquella mujer para quedar satisfecha.

Se habla mucho acerca de una economía en lucha y el costo de vida más elevado. Y muchos se angustian cada vez más con respecto a su sustento. ¿Será posible prestar atención a la enseñanza de nuestro Señor Jesús en Mateo 6:25: «No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir»?

Nuestro Señor no estaba diciendo que no necesitemos trabajar, o comer, o que no debemos preocuparnos por cómo nos vestimos. Él estaba advirtiendo contra aquellas cosas que se hacen tan importantes que nos convierten en esclavos del dinero para conseguirlas en vez de confiar en Él. «Ninguno puede servir a dos señores», dijo (v.24).

Buscar primero «el reino de Dios y Su justicia» (v.33) es reconocer que no importa cuánto esfuerzo realicemos para lograr una vida mejor para nosotros y nuestras familias; al final es el Señor quien cuida de nuestras necesidades. Y ya que Dios es nuestro Padre celestial, siempre tendremos suficiente. —CPH

"El dinero nos sirve bien si lo recibimos como la provisión de Dios."

Lectura del día: Mateo 6:24-34

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Reflexión Miércoles, 23 de septiembre de 2009

La oración de Julie

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” —Juan 14:13

En el 2008, el equipo de la película Day of Discovery (Día de Descubrimiento) viajó a China para seguir la misma ruta de la vida del misionero Eric Liddel, el atleta cuya historia se contó en otra película, Carros de Fuego. El equipo incluyó a las tres hijas de Eric, Patricia, Heather y Maureen, que volvieron a visitar algunos de los lugares donde las dos hermanas mayores habían vivido. En el viaje también iba su anciana tía Louise.

En una ocasión, después de llegar a Pequín, todos tuvieron que caminar una buena distancia con su equipaje. Mientras lo hacían, la tía Louise se quedó sin aliento. Julie, un miembro del equipo de la película, se sentó junto a ella, puso la mano sobre su rodilla e hizo esta simple oración: «Querido Jesús, ayuda a la tía Louise para que respire». De inmediato, ella comenzó a recobrar el aliento.

Más tarde, Heather volvió a contar la historia y compartió que la oración de Julie había reavivado su fe. El sencillo acto de fe de Julie le recordó a Heather la continua conexión que tenemos con Jesús —una realidad que había dejado de lado en su vida.

Algunas veces necesitamos recordatorios de que Dios está cerca. Cuando vienen las pruebas y Dios parece lejos, recuerda la oración de Julie y la verdad de que sólo estamos a una oración de distancia para conectarnos con el Dios del universo (Juan 14:13). —JDB

“Dios se deleita en las oraciones más fervientes de su pueblo.”

Lectura del día: Juan 14:12-14

martes, 22 de septiembre de 2009

Reflexión Martes, 22 de septiembre de 2009

¡Todos cantan!

“Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” —Apocalipsis 5:13

Cada verano disfruto asistiendo a muchos de los conciertos gratuitos al aire libre que se presentan en nuestra ciudad. Durante la actuación de un grupo de músicos de instrumentos de metal, varios de ellos se presentaron brevemente y dijeron lo mucho que disfrutaban practicando y tocando juntos.

El placer de compartir música en comunidad ha reunido a personas durante siglos. Como seguidores de Cristo, ya sea que estemos en grupos pequeños, coros o congregaciones, alabar a Dios es uno de los elementos clave de nuestra expresión de fe; y un día estaremos cantando en un concierto que no podemos ni imaginar.

En una visión arrolladora de los tumultuosos eventos al final de los tiempos, Juan registra un coro de alabanza que comienza con unos cuantos y crece hasta llegar más allá de todo número. En honor al Cordero de Dios, que con Su sangre ha redimido a personas de toda tribu y nación (Apocalipsis 5:9), la canción comienza en el trono de Dios; a ésta se le unen miles y miles de ángeles, y finalmente incluye a toda criatura en el cielo, la tierra y el mar. Juntos cantaremos: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos» (v.13).

¡Qué coro! ¡Qué concierto! Qué privilegio comenzar a ensayar hoy! —DCM

“Aquellos que conocen a Cristo ahora cantarán sus alabanzas por siempre.”

Lectura del día: Apocalipsis 5:8-14

lunes, 21 de septiembre de 2009

Reflexión Lunes, 21 de septiembre de 2009

Tumbas blanqueadas

"Vosotros… dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe." —Mateo 23:23

Al estudiar la vida de Jesús, un hecho me sorprende de manera constante: el grupo que más molestó a Jesús fue aquel al que Él se parecía en apariencia. Jesús obedecía la ley mosaica y citaba a guías fariseos (Marcos 9:11-12; 12:28-34). Pero criticaba a los fariseos de manera particular y eran objeto de Sus ataques más fuertes. Les llamó serpientes, generación de víboras, insensatos e hipócritas (Mateo 23:13-33).

¿Por qué? Los fariseos dedicaban sus vidas a seguir a Dios, daban un diezmo exacto (v.23), obedecían toda la ley y enviaban misioneros para ganar nuevos conversos (v.15). Se mantenían firmes a los valores tradicionales, en contra del relativismo y secularismo del siglo I.

Pero las feroces denuncias que Jesús hacía de los fariseos muestran cuán grave Le parecía la tóxica amenaza del legalismo. Sus peligros son elusivos, escurridizos, difíciles de precisar. Creo que siguen siendo una gran amenaza hoy.

Jesús condenó el énfasis en los aspectos externos: «Limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia» (v.25). Las expresiones de amor por Dios se habían convertido en formas de impresionar a los demás.

La prueba de madurez espiritual no es cuán «puros» somos sino la conciencia que tenemos de nuestra impureza. Esa misma conciencia es la que abre la puerta a la gracia de Dios. —PY

"El legalismo destruye nuestra relación de amor con Dios."

Lectura del día: Mateo 23:1-15

domingo, 20 de septiembre de 2009

Reflexión Domingo, 20 de septiembre de 2009

Los otros

"Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, …vuestro galardón es grande en los cielos." —Mateo 5:11-12

Durante mi niñez a menudo pasaba una semana cada verano con mis abuelos. Muchas tardes me echaba en la hamaca del jardín trasero y leía libros que encontraba en la estantería del abuelo. Uno de ellos era el Libro de Mártires de Foxe. Era lectura pesada para una niña, pero quedé absorta con los relatos detallados de los mártires cristianos, creyentes a quienes se les dijo que negaran su fe en Cristo pero que se resistieron a hacerlo —sufriendo por ello muertes horribles.

Hebreos 11 cuenta historias similares. Después de mencionar muchos nombres conocidos de aquellos que demostraron una inmensa fe en Dios, el capítulo cuenta acerca de la tortura y muerte de personas a las que simplemente se hace referencia como «otros» (vv.35-36). Si bien no se mencionan sus nombres, el versículo 38 les hace este tributo: «el mundo no era digno» de ellos. Murieron osadamente por su fe en Jesús.

Hoy oímos de cristianos perseguidos en todo el mundo, pero muchos de nosotros no hemos sido probados hasta ese grado. Cuando examino mi propia fe, me pregunto cómo respondería ante la perspectiva del martirio. Espero tener la actitud de Pablo, que dijo que, a pesar de que le esperaban «prisiones y tribulaciones» (Hechos 20:23), él esperaba acabar la carrera de la vida «con gozo» (v.24). ¿Estamos enfrentando la vida con ese tipo de actitud confiada? —CHK

"La manera de tener gozo en la persecución es encontrarlo en Jesús."

Lectura del día: Hebreos 11:12-40

sábado, 19 de septiembre de 2009

Reflexion Sabado, 19 de septiembre de 2009

Un plan mucho mayor

“Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.” —Lucas 5:10

Recientemente fuimos a visitar a un pariente. Durante nuestra estancia allí, tuvimos la oportunidad de nadar en una piscina pública. Fue divertido, pero nuestro anfitrión quiso llevarnos al Lago Eire para disfrutar de las playas con arena, las olas encrestadas y la belleza del atardecer. Mis hijos protestaron porque querían nadar en la piscina, pero traté de hacerles ver que ir a las playas de la Isla Presque sería un plan mucho mejor.

Creo que Jesús quería que Simón Pedro viera que Él tenía en mente algo mucho más grande para él —Pedro sería «pescador de hombres» (Lucas 5:10) en vez de pescador de peces. Jesús le dijo que fuera a las aguas más profundas y echara sus redes para pescar (v.4). Pedro acababa de regresar de una infructuosa noche de pesca, pero, al mandato de Jesús, él obedeció y dijo: «Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red» (v.5). Habiendo recibido una lección de humildad con la pesca milagrosa, Pedro se inclinó con respeto reverencial ante el Señor. Jesús entonces le dijo que a partir de ese momento Él quería que fuera pescador de hombres. Pedro lo dejó todo y siguió a Jesús.

Puede que el plan más grande de Dios para nosotros no sea que dejemos nuestra ocupación. Pero sí es Su plan que usemos nuestro tiempo, recursos y posición para llevar a los demás al reino. —MLW

Lectura del día: Lucas 5:1-11

viernes, 18 de septiembre de 2009

Reflexión Viernes, 18 de septiembre de 2009

Más adelante

“…Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” —Romanos 8:18

Parece que hay dos clases de personas en este mundo: los que tienen una perspectiva eterna y los que están preocupados con el presente.

Unos están absortos en lo permanente; los otros, en lo pasajero. Unos almacenan tesoros en el cielo; los otros los acumulan aquí en la tierra. Unos se mantienen en un matrimonio difícil porque esto no lo es todo; los otros buscan la felicidad en otra pareja, creyendo que eso es todo lo que hay en esta vida. Unos están dispuestos a sufrir pobreza, hambre, humillación y vergüenza por «la gloria que en nosotros ha de manifestarse» (Romanos 8:18); los otros creen que la felicidad es ser rico y famoso. Todo es un asunto de perspectiva.

Abraham tenía la perspectiva del «otro mundo». Eso es lo que le permitió entregar un pedazo de tierra bien irrigada junto al Jordán (Génesis 13). Él sabía que Dios tenía algo mejor para él más adelante. El Señor le dijo que mirara en toda dirección hasta donde le alcanzara la vista y luego le dijo que, un día, su familia poseería todo aquello. ¡Qué adjudicación de terrenos! Y Dios le prometió que sus descendientes serían tan abundantes «como el polvo de la tierra» (v.16).

Esa es una actitud que muchas personas no pueden entender. Ellas van en busca de todo lo bueno ahora. Pero los del pueblo de Dios tienen otro punto de vista. ¡Ellos saben que Dios tiene algo mejor más adelante! —DHR

“Vive para Jesús y vivirás para la eternidad.”

Lectura del día: Génesis 13:10-18

jueves, 17 de septiembre de 2009

Reflexión Jueves, 17 de septiembre de 2009

El cristiano pensante

“Derribando argumentos y… llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” —2 Corintios 10:5

La biografía que hizo David McCullough de John Adams, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y uno de sus primeros presidentes, describe a éste como «tanto un cristiano devoto como un pensador independiente y no veía conflicto alguno en ello». Esa declaración me deja pasmado, por cuanto conlleva una nota de sorpresa, sugiriendo que los cristianos son de algún modo ingenuos o poco preparados y que la idea de un «cristiano pensante» es una contradicción.

Nada podría estar más lejos de la verdad. Uno de los grandes beneficios de la salvación es que hace que la paz de Dios guarde la mente del creyente (Filipenses 4:7), lo cual puede fomentar el pensamiento claro, el discernimiento y la sabiduría. Pablo describió esto en su segunda carta a la iglesia de Corinto cuando escribió que en Cristo estamos equipados para «derriba[r] argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y lleva[r] cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5).

Pasar un argumento por el tamiz, adoptar la claridad del conocimiento de Dios y alinear nuestro pensamiento con la mente de Cristo son habilidades valiosas cuando se vive en un mundo que carece de discernimiento. Estas habilidades nos capacitan para usar nuestras mentes representando a Cristo. Todo cristiano debe ser un cristiano pensante. ¿Lo eres tú? —WEC

“La fe nunca tuvo la intención de ser un sustituto de la inteligencia.”

Lectura del día: 2 Corintios 10:1-11

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Reflexión Miércoles, 16 de septiembre de 2009

Cosas que se dicen en secreto

“Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia.” —Eclesiastés 10:12

Algunos dicen que el anonimato es el último refugio de los cobardes. A juzgar por la correspondencia y los comentarios que se me han enviado anónimamente, estoy de acuerdo. Las personas que se esconden detrás de la pantalla del anonimato o de una identidad falsa sienten la libertad de lanzar diatribas iracundas e hirientes. El anonimato les permite ser poco amables sin tener que asumir la responsabilidad de sus palabras.

Siempre que estoy tentada a escribir algo anónimamente porque no quiero que se me identifique con mis propias palabras, me detengo y lo reconsidero. Si no quiero que mi nombre vaya unido a ello, probablemente no debo decirlo. Entonces hago una de dos: o lo tiro a la basura o lo vuelvo a escribir de una manera que sea más útil que hiriente.

Según Efesios, nuestras palabras deben edificar e impartir gracia (4:29). Si no estoy dispuesta a usar mi nombre, hay razones para creer que mi motivo es herir en vez de ayudar.

Siempre que estés tentado a decir algo en secreto —tal vez a algún familiar, un compañero de trabajo o a tu pastor— considera por qué no quieres que se identifique tu nombre con tus palabras. Después de todo, si no quieres eso, probablemente Dios tampoco lo quiere. Él es tardo para la ira y grande en misericordia (Éxodo 34:6) y nosotros debemos ser igual. —JAL

“El anonimato puede ser la manera de un cobarde de esconderse detrás de palabras hirientes.”

Lectura del día: Efesios 4:25-32

martes, 15 de septiembre de 2009

Reflexión Martes, 15 de septiembre de 2009

Dejar ir

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.” —Filipenses 3:7

Se ha dicho que «la basura de una persona es el tesoro de otra». Cuando David trató de ayudar a sus padres a limpiar su casa de «artículos innecesarios» antes de que se mudaran a otra menor, encontró esta tarea muy difícil. A menudo se enfadaba cuando sus padres se negaban a separarse de cosas que no habían usado durante décadas. Finalmente, el padre de David le ayudó a entender que incluso los artículos desgastados e inútiles estaban ligados a personas o vivencias importantes. Deshacerse de los cachivaches era como borrar sus propias vidas.

Nuestra renuencia a guardar los cachivaches en nuestros hogares puede ser un paralelismo espiritual con nuestra incapacidad para limpiar nuestros corazones de las actitudes que nos agobian.

Durante muchos años, Saulo de Tarso se aferró al nivel de «rectitud» que había logrado al obedecer la ley de Dios. Su linaje y desempeño eran posesiones muy preciadas hasta que tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9:1-8). Cara a cara con el Salvador resucitado, renunció a su tan atesorado esfuerzo propio y más tarde escribió: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo (Filipenses 3:7).

Cuando el Espíritu Santo nos insta a soltar una actitud a la que nos aferramos y que nos impide seguir a Cristo, encontramos verdadera libertad al dejarla ir. —DCM

“Por medio de Cristo tenemos la libertad de abandonar la basura.”

Lectura del día: Filipenses 3:3-11

lunes, 14 de septiembre de 2009

Reflexión Lunes, 14 de septiembre de 2009

Dejando un legado

“Y las repetirás a tus hijos, …estando en tu casa, y andando por el camino.” —Deuteronomio 6:7

Recientemente mi nieto Álex me acompañó mientras hacía unos recados. Inesperadamente me preguntó: «Abuelo, ¿cómo recibiste a Cristo como tu Salvador?» Conmovido, le conté acerca de mi conversión cuando era un niño. Alex seguía interesado, así que describí para él cómo su bisabuelo había llegado a la fe. Esto incluyó un breve resumen de cómo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, su resistencia inicial al Evangelio y cómo su vida cambió después de hacerse cristiano.

Posteriormente recordé nuestra conversación cuando leí un pasaje de la Biblia que hablaba acerca de la fe que se transmitía de generación en generación. En Deuteronomio, Moisés instruyó a los israelitas a que se tomaran a pecho las verdades de Dios y las compartieran con la siguiente generación como una manera de vivir: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarse, y cuando te levantes» (6:6-7).

La crianza bíblica no es garantía de que se tendrá una descendencia piadosa. Pero, cuando vemos interés espiritual en la siguiente generación, podemos cultivar conversaciones vitales acerca de la Palabra de Dios. Éste puede ser uno de los más grandes legados de un padre o un abuelo. —HDF

“El legado más valioso que un padre le puede dejar a un hijo es un ejemplo piadoso.”

Lectura del día: Deuteronomio 6:4-9

domingo, 13 de septiembre de 2009

Reflexión Domingo, 13 de septiembre de 2009

La sonrisa de Mel

“También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia.” —Romanos 5:3

Algunas personas piensan que no debemos dibujar en nuestras Biblias, pero me alegra que mi hija Melissa dibujara en la suya. En el margen junto a Romanos 5, ella usó un lapicero de tinta verde para hacer el dibujito de un sencillo rostro sonriente y enmarcó el versículo 3.

¿Cómo podría ella saber que su familia y amigos necesitarían este pasaje cuando nos dejó tan de repente en un accidente automovilístico a la edad de 17 años? ¿Cómo podría ella saber que estos versículos contarían su historia al tiempo que guiaban nuestras vidas y las de otras personas a lo largo de estos últimos siete años?

Romanos 5 comienza explicando nuestra justificación por medio de la fe, la cual nos da paz con Dios por medio de Jesús (v.1). Melissa tenía esa paz. Y en estos momentos ella está gozando los frutos de su fe, tal y como lo describe el versículo 2: «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios». ¡Imagina el rostro sonriente que ella podría dibujar ahora!

Y luego estamos todos los demás —todos los que hemos quedado atrás cuando nuestros seres queridos nos preceden en la muerte. De alguna manera, «nos gloriamos en las tribulaciones». ¿Por qué? Nuestro sufrimiento trae perseverancia, la cual produce carácter y nos da esperanza (vv.3-4).

En momentos de tragedia nos sentimos impotentes e indefensos, pero jamás sin esperanza. Dios derrama Su amor en nuestros corazones y, con él, la gran esperanza de Su gloria. Todo es parte del plan misterioso y sin embargo maravilloso de Dios. —JDB

“Dios a menudo cava pozos de gozo con la pala del sufrimiento.”

Lectura del día: Romanos 5:1-5

sábado, 12 de septiembre de 2009

Reflexión Sábado, 12 de septiembre de 2009

Violencia lateral

“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” —Mateo 20:26

Un intrigante artículo en la revista Michigan Nurse llevó la atención hacia el «sucio secretito de la enfermería» —la falta de cortesía y el abuso verbal que se da entre algunas enfermeras. Esta intimidación entre colegas (también conocida como violencia lateral) toma la forma de traiciones, indirectas, luchas internas, sabotajes, afrentas verbales, faltas de respeto a la privacidad y otros.

La violencia lateral no sólo ocurre entre las enfermeras; es un problema creciente en muchos otros ambientes de trabajo. Esta intimidación siempre incluye un desequilibrio de poder, una intención de hacer daño y la amenaza de mayor agresión.

Por supuesto, esto jamás ocurriría en la iglesia… ¿o sí? Piensa en la interacción personal en las juntas de diáconos y ancianos, entre el personal de las oficinas de las iglesias, en los grupos de estudio bíblico y en los ministerios juveniles. ¿Están alguna vez marcados por el tipo de comportamiento que hace daño, denigra o intimida a los demás? ¿Y qué hay acerca de la interacción en nuestras familias?

Cuando los discípulos estaban disputándose las mejores posiciones en el reino venidero, Jesús les reprendió y dijo: «El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor» (Mateo 20:26). Con esa actitud en todas nuestras relaciones, la intimidación jamás se encontrará entre nosotros.

“Solo el que sirve es apto para dirigir.”

Lectura del día: Mateo 20:20-28

viernes, 11 de septiembre de 2009

Reflexión Viernes, 11 de septiembre de 2009

¿Eres honesto?

“Pero los que hacen verdad son [el] contentamiento [de Dios].” —Proverbios 12:22

La revista Woman’s Day hizo una encuesta entre más de 2 mil personas para verificar sus niveles de honestidad. Al preguntárseles «¿Cómo eres de honesto?», 48% respondieron que muy honestos, 50%, que un tanto honestos, y un 2%, que no muy honestos.

El 68% de los encuestados confesó que habían tomado útiles de oficina de sus centros de trabajo para uso personal. Y el 40% de ellos admitió que harían trampa en el pago de sus impuestos si supieran que no les atraparían.

Ananías y Safira probablemente pensarion que podían salirse con la suya cuando mintieron (Hechos 5:1-11). Pero rápidamente se encontraron en una situación muy distinta cuando Pedro les confrontó y les dijo que habían mentido al Espíritu Santo. De inmediato cayeron muertos (vv.5,10).

El deseo del Señor era mantener a Su nueva Iglesia pura para poder usar a los creyentes en las vidas de los demás. Tal y como lo dice el maestro bíblico G. Campbell Morgan: «La iglesia pura es la iglesia poderosa… El único poder [que puede hacer] que una iglesia sea pura es el Espíritu de Dios que mora en ella». La pureza de la iglesia llevó a que sus miembros difundieran su testimonio «y los que creían en el Señor aumentaban más» (v.14).

Seamos el tipo de personas «que hacen verdad» (Proverbios 12:22) para que podamos ser usados por el Señor.

“No existen grados de honestidad.”

Lectura del día: Hechos 5:1-11

jueves, 10 de septiembre de 2009

Reflexión Jueves, 8 de septiembre de 2009

Lugares abandonados

“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” —Salmo 119:11

Nuestra familia acababa de llegar a la cabaña del lago que habíamos alquilado para una muy esperada semana de vacaciones cuando mi esposa descubrió la evidencia inequívoca de arañas y ratones en la casa. No era que jamás nos hubiésemos topado con aquello, sino que esperábamos que la cabaña hubiese sido limpiada y preparada para nuestra estancia allí. En vez de ello, todo estaba sucio con los restos de aquella plaga e hizo falta una buena limpieza antes de poder instalarnos. No era una mala casa; simplemente la habían dejado abandonada.

Podríamos ser culpables de tratar nuestros corazones igual que aquella cabaña. Nuestros «lugares abandonados» pueden llegar a convertirse en semilleros para plagas de pensamientos equivocados, malas actitudes o comportamientos pecaminoso —creando problemas que requieren una gran atención para ser corregidos. El camino sabio a seguir es reconocer nuestra necesidad de cuidar nuestros corazones permaneciendo en la Palabra de Dios y adoptando sus verdades.

En el Salmo 119:11, el rey David reconoció el peligro de no cimentar nuestras vidas en las Escrituras. Él dijo: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti».

Con un enfoque en la Palabra, podemos construir vidas espirituales fuertes que nos ayudarán a evitar los peligros que inevitablemente crecen en lugares abandonados.

“Para crecer fuerte espiritualmente, lee la Palabra.”

Lectura del día: Salmo 119:9-16

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Reflexión Miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cómo hacerse rico

“Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” —Lucas 12:15

Encuentro interesante que Jesús enseñara acerca del dinero más que cualquier otra cosa. Y no estaba tratando de hacerse rico poco a poco. Hasta donde sabemos, ni siquiera pidió una ofrenda. La razón por la que hizo una enseñanza tan extensa sobre este tema es que nada obstruye nuestras arterias espirituales con mayor rapidez que el dinero —ya sea por trabajar para tener mucho o por desear tenerlo.

Piensa en el hombre que descaradamente Le pidió a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia» (Lucas 12:13). ¡Asombroso! Tuvo una oportunidad de «ir a fondo» con Jesús, pero, en vez de ello, quería los bolsillos llenos hasta el fondo.

Jesús respondió con una declaración contundente y que iba contra lo que se intuía: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (v.15). Prosiguió contando la parábola de un hombre rico que era tremendamente exitoso desde un punto de vista mundano —con tantas cosechas que tenía que construir graneros más y más grandes— pero que, a los ojos de Dios, era en realidad un «necio». No porque fuera rico, sino porque no era rico hacia Dios.

Escucharás muchos consejos acerca de cómo hacerte rico. Pero sólo Jesús nos lo dice con franqueza. No se trata de dinero. Se trata de las riquezas de nuestra relación con Él y el gozo de convertir nuestra codicia en generosidad.

“Aprender como ser rico hacia Dios rinde dividendos eternos.”

Lectura del día: Lucas 12:13-21

martes, 8 de septiembre de 2009

Reflexión Martes, 8 de septiembre de 2009

Consolado para consolar

“[Dios] nos consuela…para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación.” —2 Corintios 1:4

Mientras le hablaba a un grupo de atletas cristianos, les pregunté cómo respondían normalmente a las situaciones difíciles. Sus respuestas incluían el temor, la ira, la autocompasión, la agresión, la desesperación, el comportamiento abusivo, la apatía y volverse a Dios. Les alenté a confiar en que Dios les consolaría y luego les usaría para consolar a otros.

Así como alenté a esos atletas, Pablo animó a un grupo de creyentes en una ciudad llamada Corinto. Él les recordó que, para el seguidor de Jesús, las aflicciones eran inevitables. Muchos estaban siendo perseguidos, encarcelados y oprimidos —todo debido a su relación con Jesús. Pablo quería que los corintios supieran que, en medio de su tribulación, Dios era su fuente de ayuda. Él se pondría de su lado y les ayudaría a dar respuestas piadosas. Luego Pablo dio una de las razones por las que Dios permitía el sufrimiento y traía consuelo divino —para que los corintios tuvieran empatía y pudieran identificarse con el sufrimiento de los demás y consolarlos (2 Corintios 1:4).

Cuando suframos, recordemos que Dios nos traerá consuelo por medio de Su Palabra, el Espíritu Santo y nuestros compañeros de la fe. Dios no nos consuela para que estemos cómodos; nos consuela para que podamos ser consoladores de otros.

“Cuando Dios permite las pruebas, también provee el consuelo.”

Lectura del día: 2 Corintios 1:3-11

lunes, 7 de septiembre de 2009

Reflexión Lunes, 7 de septiembre de 2009

Oraciones sin contestar

“[Jesús dijo], «Ni aun en Israel he hallado tanta fe»” —Lucas 7:9

Una explicación que a menudo escuchamos para las oraciones «no contestadas» es que no tenemos suficiente fe. Pero Jesús dijo en Lucas 17:6 que, si tenemos fe del tamaño de una semilla de mostaza, podemos ordenarle a un sicómoro que se desarraigue y se plante en el mar; y nos obedecerá.

Lucas cuenta de un centurión romano con «gran fe» (7:9). Su fe se expresó primero como un llamado a Jesús para que sanara a su siervo moribundo; luego, como un reconocimiento de que Jesús podía sanar a su siervo en cualquier momento y en cualquier lugar. El centurión no Le pidió a Jesús que hiciera las cosas a su manera.

La fe ha sido descrita como «la confianza en el corazón de Dios y en Su poder». Algunas oraciones que parecen no recibir respuesta simplemente son ejemplos en los que Dios amorosamente ha invalidado nuestros deseos. Él sabe que lo que hemos pedido no es lo mejor. O puede que sea que nuestro tiempo no es el Suyo, o que Él tiene un propósito muchísimo mayor en mente. Recordemos que incluso Jesús oró a Su Padre celestial: «pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42).

¿Tenemos la gran fe del centurión —una fe que confía en que Dios hará Su obra a Su manera?

“Las respuestas de Dios son más sabias que nuestras oraciones.”

Lectura del día: Lucas 7:1-10

domingo, 6 de septiembre de 2009

Reflexión Domingo, 6 de septiembre de 2009

Preludio de alabanza

“Días sobre días añadirás al rey; sus años serán como generación y generación.” —Salmo 61:8

Entramos a una sala de conciertos, encontramos nuestros asientos y escuchamos con expectativa cuando los instrumentos de la orquesta son afinados. El sonido es discordante, no melódico. Pero el afinamiento es simplemente un preludio a la sinfonía.

C. S. Lewis sugirió que así sucede con nuestros devocionales e incluso nuestras reuniones de adoración. Algunas veces parecen desafinados, pero Dios escucha nuestras oraciones y alabanzas con deleite paternal. En realidad nos estamos preparando para participar en la sinfonía gloriosa del cielo. Ahora estamos haciendo una contribución minúscula a las armonías de las huestes de ángeles y redimidos. Pero nuestra adoración, aunque débil, complace el corazón del Oyente Divino más que la mejor de las interpretaciones de la mayor orquesta de la tierra.

¿Aguardamos con ansia nuestra participación en la sinfonía de alabanza del cielo? ¿Estamos participando con gozo en la adoración que deleita el corazón de Dios? ¿O consideramos la devoción una disciplina más que un deleite?

Nuestras actitudes se transformarán cuando nos demos cuenta de que la alabanza deleita el corazón de Dios. La alabanza nos ayuda a afinar nuestras vidas con las armonías celestiales.

La alabanza es una preparación indispensable para la adoración que será nuestro gozo eterno. «Todo lo que respira alabe a JAH» (Salmo 150:6).

“El corazón lleno de alabanza le causa placer a Dios.”

Lectura del día: Salmo 150

sábado, 5 de septiembre de 2009

Reflexión Sábado, 5 de septiembre de 2009

La vida es buena

“Por lo cual estoy seguro de que [nada] nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” —Romanos 8:38-39

Al visitar un pueblo turístico cercano, deambulé hasta dar con una tienda llena de artículos, todos marcados con el lema «La vida es buena». Algunas veces necesitamos recordar esa verdad sencilla.

Cuando el trabajo para ganarnos la vida, criar una familia, mantener la salud y el buen estado físico y mantener buenas relaciones comienza a abrumarnos, es bueno pensar cuán pequeña realmente es nuestra parte en el universo. Mientras nos obsesionamos con nuestro trabajo, Dios hace el Suyo en silencio. Él mantiene a la tierra y a los planetas girando, y a las estaciones cambiando. Sin ayuda alguna por nuestra parte, Él hace que el sol salga cada mañana y se ponga cada atardecer. Cada noche Él cambia el diseño de las lumbreras nocturnas en el cielo. Apaga la luz para que podamos dormir y la vuelve a encender para que podamos ver mientras trabajamos y jugamos. Sin levantar un dedo, podemos disfrutar de auroras y ocasos. Cada año, las estaciones cambian según su programación; no tenemos que orar por ello o decirle a Dios que es tiempo de enviar la primavera. Todo lo que Él hace nos recuerda que Él es bueno (Hechos 14:17).

A veces, la vida será difícil y dolorosa, y, por ahora, imperfecta. Pero sigue siendo buena, porque, en todas estas cosas, nada puede separarnos de las espléndidas expresiones del amor de Dios (Romanos 8:39).

“La gracia de Dios es inmensurable; su misericordia, inagotable; su paz, inefable.”

Lectura del día: Romanos 8:31-39

viernes, 4 de septiembre de 2009

Reflexión Viernes, 4 de septiembre de 2009

El Dios de Einstein

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” —Salmo 19:1

Cuando se le preguntó al gran físico Albert Einstein si creía en Dios, él respondió: «Estamos en la posición de un niñito que entra en una enorme biblioteca llena de libros en muchos idiomas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo… Ésa, me parece, es la actitud de incluso los seres humanos más inteligentes hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente dispuesto y obedeciendo ciertas leyes pero apenas las entendemos». Aunque Einstein se maravillaba ante el diseño que veía en la naturaleza, no creía en un Creador personal.

El salmista compartía con Einstein el sentido de sobrecogimiento y respeto reverencial en cuanto a la naturaleza, pero dio un paso más y creyó en el Diseñador que había por detrás del diseño: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1).

La maravilla que sentimos al contemplar nuestro universo debe servir como una señal en el camino que apunta hacia Aquel que lo creó. Las Escrituras nos dicen: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:3).

¿Estás luchando con tus creencias? Mira las estrellas esta noche. En el cielo se ha diseñado una asombrosa señal en el camino que apunta al Diseñador de todo ello.

"El diseño de la creación apunta al Maestro Diseñador.”

Lectura del día: Salmo 19:1-6

jueves, 3 de septiembre de 2009

Reflexión Jueves, 3 de septiembre de 2009

Viajes

“Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio.” —Filipenses 1:12

En un mapa en la parte de atrás de mi Biblia, se muestran cada uno de los viajes misioneros de Pablo con una línea de color y flechas que indican la dirección de su travesía. En los primeros tres viajes, las flechas se dirigen lejos de su punto de partida y giran hacia un punto de retorno. Sin embargo, en el cuarto viaje, Pablo estaba viajando como un prisionero, rumbo a un juicio ante César, y las flechas sólo apuntan en dirección de ida, terminando en Roma.

Podríamos estar tentados a llamar a éste un momento infortunado en la vida de Pablo, si no fuera por su visión de que Dios le estaba guiando y usando tanto en este viaje como lo había hecho en los otros tres.

Él escribió: «Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor» (Filipenses 1:12-14).

Aun cuando nuestro viaje en la vida esté marcado por el confinamiento y las limitaciones, podemos estar seguros de que el Señor animará a los demás por medio de nosotros cuando hablemos Su Palabra y confiemos en Él.

“Para el cristiano, lo que parece un desvío puede ser un nuevo camino hacia la bendición.”

Lectura del día: Filipenses 1:8-18

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Reflexión Miércoles, 2 de septiembre de 2009

Paciencia en prisión

“[Dios] dijo: No te desampararé, ni te dejaré.” —Hebreos 13:5

¿Has notado cómo la mala memoria de las personas puede poner a prueba nuestra paciencia? Como profesor, mi paciencia es puesta a prueba cada vez que un alumno se olvida de hacer algún deber que ha sido detalladamente explicado.

En la historia de José en la Biblia, vemos un ejemplo muchísimo peor de lo que es una mala memoria; y sólo podemos imaginar la manera en que, por ello, José luchó por mantener la paciencia.

Mientras estuvo en la cárcel, José interpretó un sueño del copero del rey, que llevó a la liberación de aquel hombre. José le dijo: «Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa» (Génesis 40:14). Sería lógico que, después de que José había ayudado al copero a obtener su libertad, éste se acordaría de él y le pondría en el primer lugar de las «cosas por hacer». Pero pasaron dos años antes de que el copero le hablara al faraón acerca de José (41:9). Finalmente, José fue liberado.

Imagina la impaciencia de José mientras esperaba cada día en esa mazmorra (40:15), tal vez pensando que nunca más sería liberado. Pero José tenía un recurso: La presencia de Dios (39:21), al igual que nosotros (Hebreos 13:5). Cuando te sientas impaciente, apóyate en el Dios que siempre está contigo. Él convertirá tu impaciencia en paciente confianza.

“Paciencia significa esperar el tiempo de Dios sin dudar de su amor.”

Lectura del día: Génesis 40:1-14, 23

martes, 1 de septiembre de 2009

Reflexión Martes, 1 de septiembre de 2009

Corriendo una maratón

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” —Filipenses 3:14

El Maratón de los Camaradas, que comenzó en 1921, es el más antigua de los ultra-maratones. Se lleva a cabo anualmente en Sudáfrica, abarcando una distancia de 90 km (56 millas). Bruce Fordyce dominó esta maratón por completo en los años 80, ganándola nueve veces entre 1981 y 1990. Su récord en 1986 de 5 horas 24 minutos y 7 segundos se mantuvo durante 21 años antes de ser finalmente superado en el 2007. Para mí es asombroso que él haya continuado participando en esta carrera cada año.

En un sentido, como cristianos, todos estamos en un maratón. Se necesita resistencia para correr y terminar la carrera de la vida. Cuando el apóstol Pablo escribió su carta a los filipenses, habló acerca de cómo «se «extend[ía] a lo que está delante» (3:13) y proseguía «a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (v.14).

Nuestro Señor Jesús ha puesto un ejemplo de cómo correr el maratón de la vida. La Biblia nos dice que Jesús «por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2). A pesar de la «contradicción de pecadores», Él culminó Su carrera (v.3).

El secreto para terminar bien es desear el gozo que nos espera después de la carrera de la vida —vivir eternamente con Él.

“La carrera del cristiano no es una competencia sino una carrera de resistencia.”

Lectura del día: Filipenses 3:12-21