miércoles, 31 de marzo de 2010

Reflexión Miércoles, 31 de marzo de 2010

Lo bello de perdonar
Anne Cetas

“Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, […] y le besó.” —Lucas 15:20

Para Larry y Mary Gerbens, lo que comenzó como una colección se ha convertido en una oportunidad de servicio. Durante los últimos diez años, han estado coleccionando obras de arte basadas en la historia del hijo pródigo, que se relata en Lucas 15. Dicha colección incluye una pintura de Rembrandt y algunos trabajos de otros artistas que describen dicho relato.

Los Gerbens querían compartir su colección; entonces, la exhibieron en una universidad de su localidad. Larry dijo: «Los artistas nos han ayudado a nosotros, y esperamos que sus obras ayuden a otros».

Mientras recorría la muestra, quedé impactado por la profunda necesidad del hijo, su sincero arrepentimiento y el hermoso perdón del padre reflejados en las diversas obras de arte: pinturas, grabados al aguafuerte, cristalerías, bocetos y cortinas de seda.

Todos hemos sido como el hijo en esta historia, cuyos planes para su vida eran diferentes a los que su padre tenía para él. Todos hemos abandonado a nuestro Padre celestial (Romanos 3:10-12). No obstante, Él nos da la bienvenida cuando regresamos a Su lado.

Tú también verás lo bello del perdón en el rostro de tu Padre celestial cuando clames a Él, diciendo: «Padre, he pecado…» (Lucas 15:18). Si estás lejos de Dios, regresa ahora a casa y experimenta Su amor.

“Cuando Dios perdona, quita el pecado y restaura el alma.”

Lectura del día: Lucas15:11-24

martes, 30 de marzo de 2010

Reflexión Martes, 30 de marzo de 2010

¿El reino de yo?
David C. McCasland

“Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones.” —1 Pedro 3:15

En 1997, Kevin Baugh, de 15 años, y un jovencito amigo decidieron crear su propio país, sólo para divertirse. La República de Molossia comenzó cuando ellos dibujaron un mapa, crearon papel moneda e hicieron una bandera. Actualmente, el Sr. Baugh continúa con su micro-nación tal como comenzó: sólo para divertirse. Cuando Colleen Mastony, reportera del periódico Chicago Tribune, recorrió el reino de poco más de 5.260 m2, en el desierto de Nevada, Baugh le aseguró que continuaba pagando impuestos al gobierno, a los cuales denominaba «ayuda exterior».

«Es siempre en broma», admite Baugh. «Lo hago por el simple placer y deleite de tener mi propio país».

Pocas personas crearán su propia nación, pero todos tenemos un reino del corazón sobre el cual decidiremos quién gobernará. El apóstol Pedro escribió: «Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones» (1 Pedro 3:15). «Santificar» significa colocar a Dios aparte para que sea el Señor o Gobernante de nuestra vida.

En el interior de cada uno de nosotros hay algo que anhela controlar nuestras vidas. Quizá sea tan sólo un pequeño rincón donde declaramos nuestra independencia espiritual y sólo nos rendimos cuentas a nosotros mismos.

Sin embargo, la libertad verdadera llega cuando permitimos que Cristo gobierne nuestros corazones.

“Cuando Cristo gobierna nuestro corazón, nuestros pies andan en Sus caminos.”

Lectura del día: 1 Pedro 3:8-17

lunes, 29 de marzo de 2010

Reflexión Lunes, 29 de marzo de 2010

¡Gracias, Señor!
Dave Branon

“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos.” —Salmo 75:1

En Ministerios RBC, nuestro equipo de recursos humanos ha desarrollado un programa eficaz y alentador centrado en la gratitud.

Cuando un empleado observa que otro hace algo bueno en la oficina, él o ella puede tomar una tarjeta especial de agradecimiento, provista por recursos humanos, y escribirle una nota de reconocimiento. Te sientes muy bien cuando entras en tu oficina y encuentras una de esas tarjetas en tu escritorio.

¿No es grandioso que te agradezcan por una tarea bien hecha? ¿Un «gracias» amable y de corazón no te alegra el día? ¿Y saber que tu trabajo es valorado no hace que tus relaciones interpersonales sean un poco más especiales?

A todos les encanta que les den las gracias. Incluso a Dios. Nuestro Padre celestial se siente complacido con nuestras expresiones de gratitud hacia Él. Su voluntad es que le digamos: «Gracias, Señor». Pablo dijo: «Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18 NVI). El escritor de Hebreos avanza un paso más, al decir: «Seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada» (12:28 NVI).

Continúa buscando maneras de mejorar tu relación con Dios. No te olvides de lo que quizá sea la forma más elemental de adorarlo y honrarlo: Dile «gracias».

“La adoración que Dios más acepta procede de un corazón agradecido.”

Lectura del día: Salmo 75

domingo, 28 de marzo de 2010

Reflexión Domingo, 28 de marzo de 2010

¡Dios te necesita!
Paul Van Gorder

“Si alguien os dijere; ¿Por qué hacéis esto? decid que el Señor lo necesita.” —Marcos 11:3

Para Su entrada triunfal en Jerusalén, Jesús escogió un burro como transporte real. Les indicó a los discípulos que dijeran: «El Señor lo necesita» (Marcos 11:3). ¿No es asombroso que el Hijo de Dios haya utilizado un medio tan insignificante para llevar a cabo Sus propósitos? Sobre este concepto, Alexander Maclaren comenta: «Cristo se acerca a nosotros de manera similar y deja de lado todas nuestras oportunas excusas. Él dice: “Te quiero a ti, y eso basta”».

¡Piénsalo! ¡El Creador del universo nos necesita y desea ubicarnos dentro de Su plan eterno! Aunque es todopoderoso e independiente de toda criatura, ha decidido llevar a cabo Sus planes mediante instrumentos humanos insignificantes. De no ser así, nos habría llevado al cielo tan pronto como fuimos salvos por Su gracia.

Alguien le preguntó a San Francisco de Asís cómo podía hacer tantas cosas. Él respondió: «Quizá esta sea la razón: El Señor miró desde el cielo hacia abajo y dijo: “¿Dónde puedo encontrar al hombre más débil y pequeño de la tierra?”. Después me vio y agregó: “Lo encontré. Obraré a través de él, y él no se enorgullecerá por eso, sino que verá que sólo lo utilizo porque es insignificante”».

¡Tal vez te consideres pequeño, pero Dios te necesita!

“Dios está buscando personas comunes para hacer obras fuera de lo común.”

Lectura del día: Marcos 11:1-7

sábado, 27 de marzo de 2010

Reflexión Sábado, 27 de marzo de 2010

Amar a Dios
Joe Stowell

“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” —1 Juan 4:11

Poco después de casarnos, yo pensé que conocía el atajo exacto para llegar al corazón de mi esposa. Una noche, llegué a casa con un ramo de una docena de rosas escondido tras mis espaldas. Cuando le di las flores a Martie, ella me agradeció gentilmente, olió el perfume y las llevó a la cocina. Lejos estaba de la reacción que yo había esperado.

Esta fue una lección introductoria sobre la realidad de que las flores no son el lenguaje fundamental del amor para ella. Si bien valoraba el gesto, mentalmente había calculado el costo de un costoso ramo de flores… ¡no apto para el presupuesto de una joven pareja que estudiaba en un seminario! Luego, con el paso de los años, descubrí que a ella le interesa que yo pase más tiempo con ella y que la atienda. Cuando me dedico a ella de manera ininterrumpida y atenta, entonces se siente realmente amada.

¿Alguna vez te preguntaste cómo quiere Dios que le demostremos nuestro amor? Obtenemos una pista al leer: «El que ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Juan 4:21). Es así de simple. Una de las formas principales de demostrar nuestro amor a Dios es amando a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. El amarnos auténticamente unos a otros complace a nuestro Padre celestial.

Por eso, busquemos oportunidades de decirle a Jesús que lo amamos. Vale infinitamente la pena, no importa cuánto cueste.

“Para mostrar que amas a Dios, comparte tu amor con los demás.”

Lectura del día: 1 Juan 4:7-21

viernes, 26 de marzo de 2010

Reflexión Viernes, 26 de marzo de 2010

Digno de respeto
Bill Crowder

“Recibidle [a Epafrodito], pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él.” —Filipenses 2:29

Justo antes del puntapié inicial de la Super Bowl XLIII [final del campeonato de fútbol americano], Kurt Warner, de los Cardinals de Arizona, recibió el premio Walter Payton al hombre del año; homenaje otorgado al jugador con la labor más excelente dentro del campo de juego y el mejor servicio comunitario fuera de él. «Me siento humillado de que el Señor me haya dado una vida tan asombrosa que impacte a otros», dijo Warner, un consagrado creyente en Cristo. «De todos los premios otorgados a los atletas de la NFL [Liga de Fútbol Americano], [esta] se destaca por lo que representa»; un compromiso a la entrega y el sacrificio por los demás.

Rendir homenaje a quienes sirven no es nuevo. Pablo se refirió a esto cuando les recordó a los filipenses que honraran a quienes estaban consagrados al servicio a Dios. Les habló de Epafrodito, un amigo de ellos, que había estado a punto de morir (Filipenses 2:30) debido a sus esfuerzos por servir a otros, incluso a la gente de Filipos, en nombre de Cristo. ¿Qué debían hacer ellos? El apóstol dijo: «Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él» (v. 29). Sin duda, al pensar en quienes se sacrifican para servir al Salvador, estas personas son dignas de nuestro respeto y estima.

¿Por qué no buscar maneras de mostrar gratitud a aquellos que te han servido espiritualmente? Bríndales la honra que merecen.

“Honramos a Dios al honrar a quienes le sirven a Él.”

Lectura del día: Filipenses 2:19-30

jueves, 25 de marzo de 2010

Reflexión Jueves, 25 de marzo de 2010

Muchísimo mejor
Cindy Hess Kasper

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor.” —Apocalipsis 21:4

Después de sufrir tremendamente, primero de cáncer y luego del extenuante régimen médico, el pastor Dan Cummings estaba cansado. Tras dos semanas de tratamiento en Texas, ansiaba regresar a su casa en Michigan. En una nota en su blog, escribió: «Hoy estoy mucho mejor […]. Es asombroso lo que hace un poco de hidratación. […] Este fin de semana, tomaré un vuelo de regreso a casa para seguir allí con el tratamiento».

Dan volvió a Michigan, pero, después de varios días, su viaje en esta tierra terminó. Fue al cielo para estar con Dios, a quien amaba con cada milímetro de su cuerpo debilitado, pero con un espíritu vigoroso.

Pocos días después, cuando miré en su blog, las palabras «hoy estoy mucho mejor» me sacudieron. Entre lágrimas, sonreí al saber que Dan ahora experimentaba una vida que era realmente «mucho mejor» (Filipenses 1:23).

Algún día, los que confesamos el nombre de Jesús también iremos a ese lugar donde no hay «muerte, ni […] llanto, ni clamor». Es un sitio donde no hay más dolor y en el que un Padre amoroso promete enjugar «toda lágrima de [nuestros] ojos» (Apocalipsis 21:4).

La vida que tenemos aquí no es lo único que existe. Hay un lugar muchísimo mejor, que Jesús está preparando para los que le aman (Juan 14:2-3).

“Cielo = sin dolor, sin noche, sin muerte, sin lágrimas.”

Lectura del día: Apocalipsis 21:1-4

miércoles, 24 de marzo de 2010

Reflexión Miércoles, 24 de marzo de 2010

¡Peor imposible!
Dennis Fisher

“Me probará, y saldré como oro.” —Job 23:10

Cuando enseñaba en una escuela bíblica en una ciudad muy grande, a veces corregía las tareas de los alumnos en un patio de comidas, mientras aguardaba el tren para ir a casa. Un día, golpeé accidentalmente mi taza de café, y todo el contenido cayó dentro de mi portafolio.

En la mayoría de las grandes ciudades, donde están las personas que viajan diariamente a sus trabajos, hay un lugar reservado y tranquilo. Sin embargo, el ruido del café al caer fue tan tremendo que no pasó desapercibido. Entonces, un hombre que estaba sentado cerca, dijo bien alto: «¡Peor imposible!».

Desde luego, ese comentario fue exagerado. Sin embargo, todos le tememos a algún tema en particular: la decadencia económica, la muerte de un hijo o de un cónyuge, el cáncer o cualquier otra pérdida o dificultad.

El libro de Job es un ejemplo de peor imposible. No obstante, Job evaluó sabiamente la función de Dios en medio de las pruebas relacionadas con pérdidas y una salud quebrantada: «Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro» (Job 23:10). Esta sabia declaración nos enseña dos lecciones importantes: (1) Aquello que tememos que suceda puede ser usado para probar nuestro carácter y para fortalecernos; y (2) Dios proveerá la fortaleza y el consuelo necesarios para que salgamos adelante.

Aférrate a Dios. Él prometió obrar a tu favor, aun cuando todo se torne peor imposible.

“El Dios viviente puede quitarnos el temor a la vida.”

Lectura del día: Job 1:13-22

martes, 23 de marzo de 2010

Reflexión Martes, 23 de marzo de 2010

Fragancia personal
Julie Ackerman Link

“Por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.” —2 Corintios 2:14-17

Uno no puede verlo, oírlo ni tocarlo, pero el aroma es algo poderoso. El olor de cosas como los crayones, las petunias y los perfumes evocan recuerdos que me transportan al pasado y me traen a la mente personas y lugares que, de otro modo, no recordaría.

Algunas celebridades tienen fragancias que llevan sus nombres. Los fans pueden identificarse con una actriz o un cantante usando los perfumes con sus nombres. En relación a esto, la revista Ladies Home Journal publicó un cuestionario para ayudar a las lectoras a determinar cuál es la fragancia perfecta para ellas. La idea es que, para que una mujer sea recordada, debe tener un aroma con el cual se la asocie.

El concepto de la fragancia personal no es nuevo. Dios lo incorporó como parte de la adoración. En el tabernáculo, una determinada esencia debía asociarse con el Señor (Éxodo 30:34-35). La gente tenía prohibido usarla para otra cosa que no fuera la adoración (vv. 37-38).

Este concepto continúa en el nuevo pacto, pero con una diferencia impactante. En vez de usar incienso para hacer que la gente piense en Él, Dios utiliza a los creyentes como Su «fragancia personal» ante el mundo (2 Corintios 2:14-15). Que Dios se identifique con nosotros de una manera tan poderosa es un concepto que verdaderamente nos llena de humildad, y hace que me pregunte: «¿Qué piensa la gente de Dios como resultado de estar a mi alrededor?».

“Una vida vivida para Dios es una fragancia agradable.”

Lectura del día: 2 Corintios 2:14-17

lunes, 22 de marzo de 2010

Reflexión Lunes, 22 de marzo de 2010

Textear a Dios
David C. McCasland

“Nosotros, […] no cesamos de orar por vosotros.” —Colosenses 1:9

Un artículo del periódico The Washington Post hablaba de una jovencita de 15 años que envió y recibió 6.473 mensajes de texto por teléfono móvil en un solo mes. Ella dice que, si no pudiera comunicarse constantemente con sus amigos, se moriría. Y no es la única. Investigadores afirman que los jóvenes estadounidenses envían y reciben un promedio de más de 2.200 mensajes de texto por mes.

A mí me parece que esta constante comunicación digital ilustra de manera notable lo que la oración podría y debería ser para todo seguidor de Cristo. Al parecer, Pablo estaba continuamente en actitud de oración por los demás: «Nosotros, […] no cesamos de orar por vosotros» (Colosenses 1:9). «Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu» (Efesios 6:18). «Orad sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17). Pero ¿cómo es posible hacer esto?

El misionero Frank Laubach describía su costumbre de «disparar» oraciones por las personas con las que se cruzaba durante el transcurso del día. En cierto modo, estaba «texteando» a Dios a favor de esas personas al permanecer en comunicación constante con el Padre. Laubach creía que la oración es la fuerza más poderosa del mundo, y decía: «Mi función, en este momento, es vivir conversando continuamente con Dios en mi interior y estar totalmente dispuesto a cumplir Su voluntad».

Ora sin cesar. Quizá lo que Pablo nos instó a hacer pueda llevase a cabo.

“La oración debería tornarse tan natural como respirar.”

Lectura del día: Colosenses 1:3-12

domingo, 21 de marzo de 2010

Reflexión Domingo, 21 de marzo de 2010

Leche pura
C. P. Hia

“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” —1 Pedro 2:2

Hace poco, descubrí que algunos productores lecheros chinos diluían la leche vacuna agregándole un producto químico industrial llamado melamina. Le agregaban este componente porque incrementaba artificialmente el contenido proteico. Varios niños murieron y otros se enfermaron gravemente. Esta clase de adulteración no es nada nuevo. En otros países, la melamina se ha estado agregando con igual propósito al alimento para animales durante más de 40 años, lo cual produjo la muerte de muchos de ellos.

Otro tipo de adulteración se observa cuando la gente agrega cosas a la Palabra de Dios, «la leche espiritual no adulterada», como la describió Pedro (1 Pedro 2:2). La expresión no adulterada significa «pura» o «sin contaminación». La iglesia primitiva tuvo que ocuparse de aquellos que consideraban que la circuncisión era necesaria para la salvación (Hechos 15:1). Esa idea fue rechazada porque no estaba de acuerdo con la Palabra de Dios, que dice que la salvación es únicamente por gracia. Pedro alentó a sus hermanos en el Señor, diciéndoles: «¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo […]? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos» (Hechos 15:10-11).

Examina minuciosamente cualquier enseñanza que te exija hacer más de lo que dice la Palabra de Dios. De lo contrario, puede ser mortal para tu bienestar espiritual.

“La Palabra de Dios no necesita adiciones ni sustracciones.”

Lectura del día: Hechos 15:1-11,19-21

sábado, 20 de marzo de 2010

Reflexión Sábado, 20 de marzo de 2010

Matrimonio según Dios
Dave Branon

“Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” —Génesis 2:24

La película La princesa prometida tiene una escena de una boda, en la cual el clérigo que la dirige, dice: «El matrimonio […] es lo que hoy nos une».

Aunque el uso de esa frase pretendía ser humorístico, él dijo una gran verdad. El matrimonio es, en efecto, un gran unificador. Es una institución solemne y respetable, creada por Dios mismo; y une a un hombre y a una mujer en una unidad asombrosa.

A veces es bueno traer a la memoria el gran plan para el matrimonio que desarrollan las Escrituras.

El matrimonio crea una nueva familia a partir de dos: Adán dijo: «Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne […]. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer» (Génesis 2:23-24).

Brinda una manera pura de canalizar un deseo diseñado por Dios: «Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido» (1 Corintios 7:2).

Constituye un equipo mutuamente servicial: «El corazón de su marido está en ella confiado […]. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida» (Proverbios 31:11-12).

El matrimonio a la manera de Dios une a un hombre y a una mujer para honrarlo a Él y ayudar a la sociedad. Celebremos el matrimonio por la forma en que nos une en el nombre de Dios.

“Dios creó al esposo y a la esposa para complementarse mutuamente.”

Lectura del día: Génesis 2:18-25

viernes, 19 de marzo de 2010

Reflexión Viernes, 19 de marzo de 2010

Auténtica belleza
David H. Roper

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.” —Proverbios 31:30

A menudo, mientras espero para pagar en la caja del supermercado, dedicó unos instantes para echar un vistazo a las portadas de las revistas que se exhiben allí. Da la impresión de que, si no hablan de sexo o de dinero, proponen temas acerca de dietas, acondicionamiento físico, salud y belleza exterior. No incluyen nada para el alma.

El problema es que la gente lee las revistas equivocadas: aquellas que están llenas de mentiras, que se fijan en la belleza del rostro y en las formas, como si todo se redujera a eso. Esto puede llevar a hacer comparaciones y generar una terrible desazón.

Hace algunos años, un amigo mío me comentó sobre una conversación que había tenido con una joven hermosa y muy segura de sí misma. Él le dijo: «Se ve que te sientes muy segura. ¿Me podrías decir a qué se debe?». «Claro —respondió la muchacha—, es porque soy sumamente bonita». Mi amigo le dijo con una sabiduría extraordinaria: «Ah, cuánto lo lamento». «¿Por qué?», contestó ella. A lo cual él respondió: «Quizá no siempre sigas siendo bonita».

«Engañosa es la gracia, y vana la hermosura» es el pensamiento sabio que leemos en Proverbios 31. La belleza física desaparece demasiado rápido; todos los esfuerzos que hagamos para mantenerla están destinados a fracasar. Pero en la persona «que teme a Jehová» (v. 30) hay una belleza interior; la belleza auténtica, que perdura para siempre.

“La rectitud de corazón produce belleza de carácter.”

Lectura del día: Proverbios 31:21-31

jueves, 18 de marzo de 2010

Reflexión Jueves, 18 de marzo de 2010

¿Quién eres?
Joe Stowell

“Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” —Mateo 4:19

Si alguien te preguntara, «¿quién eres?», supongo que le contarías un poco de ti y de lo que haces. Por ejemplo: «Soy electricista» o «soy enfermera». Sin embargo, eso no es lo que realmente eres, sino lo que haces. Lo cual lleva a preguntar: «Si lo que haces es lo que eres, ¿quién serás cuando dejes de hacer lo que haces?».

Quién eres surge de tu relación con Jesús, y este sentimiento de identidad determinará tu conducta. Toma, por ejemplo, a Mateo. Como recaudador de impuestos durante el gobierno del Imperio Romano, su vida estaba motivada por la codicia. Sin embargo, el día que Jesús apareció y lo invitó a seguirle, todo cambió (Mateo 9:9). De pronto, ¡Mateo tuvo una identidad completamente nueva, como seguidor de Cristo! Y no fue el único. En Mateo 4:18-25, también leemos acerca de cuatro pescadores: Pedro, Andrés, Jacobo y Juan, que dejaron sus redes para seguirlo.

Jesús es una persona convincente y todavía sigue buscando seguidores. Él desea hacer algo en tu vida al darte la identidad personal de seguidor de Cristo. Esto no significa abandonar tu profesión, sino que harás tu trabajo, y todas las demás cosas de la vida, según Su voluntad y Sus métodos.

Así que, la próxima vez que alguien te pregunte, «¿quién eres?», espero que respondas: «¡Soy seguidor de Jesús!».

“Si eres seguidor de Cristo, no necesitas otra identidad.”

Lectura del día: Mateo 4:18-25

miércoles, 17 de marzo de 2010

Reflexión Miércoles, 17 de marzo de 2010

Un Dios bueno
Cindy Hess Kasper

“Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia.'” —Salmo 9:9

Cuando mi cuñado Chuck era misionero en Mali, en África Occidental, tuvo un accidente de tránsito. Un hombre se cruzó en el camino, delante de su motocicleta. Como resultado del choque, mi cuñado y la moto se arrastraron por el suelo unos 60 metros. Poco después de recuperar el conocimiento, en el hospital, el doctor le dijo a Chuck que había «tenido mucha suerte». Él sonrió y contestó: «Dios es bueno».

Tiempo después, se puso a pensar en lo que había pasado ese día. El hombre al cual atropelló no tuvo heridas de importancia ni duraderas, y él también se recuperó. Pero ¿qué habría sucedido si alguno de ellos moría? Entonces, pensó: Dios seguiría siendo igualmente bueno.

Cuando experimentamos alguna tragedia, quizá dudamos de la bondad de Dios. ¿El Señor es siempre bueno? Sí, lo es. Él no promete que nunca nos sucederán cosas malas, pero sí afirma que es «nuestro amparo y fortaleza» (Salmo 46:1). No nos asegura que jamás atravesaremos circunstancias desgarradoras, pero sí promete que no estaremos solos (23:4).

Dios es bueno; no importa el sufrimiento que estemos experimentando. Aunque no entendamos, podemos decir con Habacuc: «Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18).

“Dios prueba nuestra fe para que confiemos en Su fidelidad.”

Lectura del día: Salmo 46

martes, 16 de marzo de 2010

Reflexión Martes, 16 de marzo de 2010

El verdadero héroe
David C. McCasland

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” —Juan 3:30

Louis B. Neumiller era conocido por su humildad, integridad y dedicación a la excelencia. Como presidente de la compañía Caterpillar Tractor, en 1941–1954, mantuvo su fábrica en actividad durante los desafíos de la Segunda Guerra Mundial y la convirtió en una empresa multinacional. En el libro En su tiempo: lecciones de los grandes líderes del siglo xx, los autores Mayo y Nohria describen el liderazgo de Neumiller como un «éxito sin fanfarria». Señalan que la marca de su grandeza fue que separó su identidad del negocio y «dejó que su empresa se convirtiera en el héroe en lugar de él».

Esta misma característica de generosidad la observamos en Juan el Bautista, el dinámico predicador que habitualmente declaraba que su misión era preparar el camino para el Mesías. Cuando los seguidores de Juan se preocuparon porque Jesús bautizaba gente y las multitudes lo seguían, él dijo: «Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. […] Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (Juan 3:28,30).

Como seguidores de Cristo, ¿estamos exaltándolo a Él en vez de buscar nuestra propia honra? En lugar de decepcionarnos cuando nuestra contribución pasa desapercibida, deberíamos estar contentos, porque nuestro mayor privilegio es engrandecer al Señor. ¡Él es el héroe!

Honrarlo a Él es una marca de grandeza.

“Para ser un gran creyente, sé pequeño y permite que Dios sea grande en tu vida.”

Lectura del día: Juan 3:22-30

lunes, 15 de marzo de 2010

Reflexión Lunes, 15 de marzo de 2010

Última línea defensiva
Bill Crowder

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” —Romanos 8:37

En Gettysburg, Pennsylvania, se libró una batalla que determinó el destino de la Guerra Civil en los Estados Unidos. Uno de los puntos cruciales del conflicto fue un montículo rocoso llamado Little Round Top, donde el coronel Joshua L. Chamberlain y los hombres del 20.º Batallón de Infantería de Maine resistieron con todas sus fuerzas. Si las tropas confederadas hubiesen vencido a estos hombres, algunos historiadores creen que el ejército de la Unión habría sido rodeado y que posiblemente habrían perdido la guerra. El «20.º de Maine» era la última línea defensiva.

Los seguidores de Cristo también participan de una guerra crucial. Al luchar «contra las asechanzas del diablo» (Efesios 6:11), se nos llama a vestirnos con la armadura de Dios y a resistir firmes en la lucha (vv. 10-18).

Y, al igual que los soldados de Gettysburg, tenemos una «última línea defensiva». No obstante, en nuestro caso, esta defensa es más poderosa que cualquier fuerza humana. En Romanos 8:31-39, Pablo dice que nuestra confianza, en última instancia, se basa en el amor imperecedero de Cristo. Nuestra protección es tan completa que nada «nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (v. 39).

Cuando el enemigo nos abruma y todo parece estar perdido, recuerda que tenemos una última línea defensiva imbatible: «Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (v. 37).

“El plan de Dios siempre conduce a la victoria.”

Lectura del día: Romanos 8:31-39

domingo, 14 de marzo de 2010

Reflexión Domingo, 14 de marzo 2010

Privilegios especiales
Dennis Fisher

“Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo.” —Efesios 1:5

En Forever Young: My Friendship with John F. Kennedy, Jr. [Joven para siempre: Mi amistad con John F. Kennedy, Jr.], Billy Noonan rememora las experiencias vividas con el hijo del presidente Kennedy.

Allí relata que, en 1980, John Jr. y él fueron invitados a visitar el portaviones norteamericano John F. Kennedy. Mientras recorrían la nave, sin querer, entraron con el guía en un área restringida. Cuando un oficial los detuvo, el guía señaló a John, y dijo: «Este barco es de su padre». De inmediato, en posición de firme, el oficial saludó al joven. Es que, cuando a un barco de la Marina norteamericana se le pone un nombre en honor a alguien, esa persona es considerada su dueño. Por eso, al ser hijo de aquel cuyo nombre llevaba el barco, John Jr. tenía privilegios especiales.

Esto ilustra un principio espiritual vital. Al ser adoptados en la familia de Dios, quienes hemos sido salvos gozamos de la posición de hijos. Pablo escribió que, como creyentes, somos «predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo» (Efesios 1:5). En virtud de dicha condición, poseemos los privilegios especiales que pertenecen a los descendientes del Rey de reyes.

En el desafiante viaje de la vida, podemos sentir coraje al saber que nuestro «¡Abba, Padre!» (Romanos 8:15) es el dueño del barco y comparte todo con nosotros. Alabado sea Dios: ¡Somos coherederos con Cristo!

“¡La herencia del creyente tiene garantía eterna!”

Lectura del día: Romanos 8:12-17

sábado, 13 de marzo de 2010

Reflexión Sábado, 13 de marzo de 2010

Par de manos seguras
C. P. Hia

“Y me salvará tu diestra.” —Salmo 138:7

Edwin van der Sar, arquero del equipo de fútbol Manchester United, tenía un par de manos «seguras». Durante una temporada, tuvo el récord mundial del arco menos vencido: ¡1.302 minutos sin que le metieran un gol! Esto significa que, durante casi 15 encuentros de 90 minutos cada uno, mientras él cuidaba los postes y el travesaño, nadie pudo anotar ni siquiera un gol contra ese equipo. Pero, en marzo de 2009, el récord se acabó cuando un equipo adversario anotó un gol.

El salmista David hallaba consuelo en el par de manos más seguro que existe: las de Dios. En el Salmo 138, hablando de la protección del Señor, escribió: «… extenderás tu mano, y me salvará tu diestra» (v. 7). Tal como David, nosotros también podemos acudir a las manos seguras de Dios para protegernos del peligro y de la derrota espiritual.

Otra seguridad que la Palabra de Dios brinda para los seguidores de Cristo se encuentra en Judas 1:24-25: «Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén». Esto no significa que nunca tropezaremos, sino que nunca lo haremos de tal manera que el Señor no nos pueda levantar.

El par de manos seguras de Dios no falla… ¡jamás!

“No hay nada más seguro que estar en las manos de Dios.”

Lectura del día: Salmo 138

viernes, 12 de marzo de 2010

Reflexión Viernes, 12 de marzo de 2010

Meta unificada
Marvin Williams

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones.” —1 Corintios 1:10

En Norteamérica, la lechuza moteada está extinguiéndose. Al principio, se creía que su mayor amenaza era la tala de bosques. Sin embargo, algunos estudios han demostrado que el problema quizá sea uno de los parientes de esta ave. Durante los últimos quince años, la lechuza rayada ha estado migrando rápidamente hacia el oeste. Estas lechuzas, que solían vivir exclusivamente al este del Mississippi, compiten por la misma comida con la especie moteada, pero son más agresivas y adaptables.

Asimismo, nuestro mayor conflicto espiritual a menudo no viene desde afuera de la iglesia, sino de los otros creyentes. Esto estaba sucediendo en la iglesia de Corinto; por eso, Pablo dedicó un tiempo para hablar sobre el espíritu divisionista que se había desarrollado en esa congregación. Ese espíritu amenazaba la unidad de la iglesia. El apóstol, como un pastor que incentiva a la acción, alentó a los corintios a coincidir en los principios fundamentales y a no dividirse por cuestiones de menor importancia. La gente se peleaba porque se ponía del lado de distintos líderes religiosos, tales como Pablo, Apolos, Pedro e incluso Cristo. Al crear estas divisiones, les importaba más su líder favorito que la unidad en Cristo.

Pablo dijo que el elemento básico que debe unir a la iglesia es la predicación del evangelio. Esta debe ser también nuestra meta.

“Una iglesia unida es una iglesia fuerte.”

Lectura del día: 1 Corintios 1:10-17

jueves, 11 de marzo de 2010

Reflexión Jueves, 11 de marzo 2010

Misericordias de Dios
David H. Roper

“Menor soy que todas las misericordias […] que has usado para con tu siervo.” —Génesis 32:10

«Menor soy que todas las misericordias de Dios». Esta era la inscripción que George Herbert, poeta y clérigo inglés del siglo xvii, grabó en su anillo de sello, y era la frase con la cual firmaba sus cartas y libros. Jacob había dicho estas palabras al meditar en la bondad que Dios, demostrada hacía él aun en medio de su pecado y vergüenza: «Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo» (Génesis 32:10).

La palabra «misericordias» viene del término hebreo kjesed, que significa el amor permanente de Dios. Creo que es importante que haya brotado del corazón de una persona que se consideraba totalmente indigna.

Al depender únicamente del fiel amor del Señor, Jacob exclama: «Líbrame». Qué combinación extraña de ideas: Reconoce que no es digno, pero ruega ser liberado (vv. 10-11). En contraposición a algunos que creen que todo está en orden, Jacob sabía que lo que había presentado delante del Señor había sido arruinado por el pecado. Se consideraba una persona que no merecía la gracia de Dios. Sin embargo, su esperanza no dependía de su dignidad, sino de la promesa de Dios de que derramaría Su favor sobre aquellos que se cobijaran bajo Su misericordia. La humildad y el arrepentimiento son las llaves que abren el corazón del Señor.

Como lo hizo con Jacob, Dios nos escucha cuando clamamos humildemente a Él rogando por Su misericordia.

“La misericordia es una bendición inmerecida que Dios le concede a un receptor indigno.”


miércoles, 10 de marzo de 2010

Reflexión Miércoles, 10 de marzo de 2010

Recordatorios
Dennis Fisher

“Yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas.” —2 Pedro 1:12

Jill Price tiene una memoria extraordinaria, que ha dejado atónitos a los científicos. En el 2006, en un artículo titulado «Un caso de inusual memoria autobiográfica», una revista científica describió su capacidad altamente desarrollada. Price no tiene una aptitud especial para memorizar listas de palabras, números, conceptos o idiomas, pero sí recuerda lo que le sucedió durante cualquier día de los últimos 30 años. Menciona una fecha, y ella te dirá qué día de la semana era, cómo estaba el clima, los programas de TV que miró y la gente con quien habló.

Son pocos los que tienen una memoria así. Por esta razón, necesitamos recordatorios para realizar tareas simples y cumplir con nuestras citas. Esto es particularmente cierto cuando se trata de verdades espirituales. El apóstol Pedro mostró que entendía la necesidad de recordatorios espirituales, al escribir: «Yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas. […] Pues tengo por justo […], el despertaros con amonestación […]. También yo procuraré con diligencia que […] vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas» (2 Pedro 1:12-15).

Sin importar la clase de memoria que tengamos, necesitamos que se nos recuerden los principios bíblicos. La lectura bíblica diaria, los grupos pequeños de estudio y la participación en una iglesia local pueden ayudarnos a recordar las verdades vitales de Dios.

“Deja que la Palabra de Dios se grabe en tu memoria, gobierne tu corazón y guíe tus pasos.”

Lectura del día: 2 Pedro 1:5-15

martes, 9 de marzo de 2010

Reflexión Martes, 9 de marzo de 2010

No te olvides
David C. McCasland

“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos…” —Deuteronomio 8:11

Uno de mis cómics favoritos se titula «Superman en sus últimos años». Muestra al superhéroe, ya anciano, parado en una ventana y listo para saltar, mientras mira hacia atrás y dice: «¿Adónde iba?».

La falta de memoria nos afecta a todos, y aunque nuestros lapsus ocasionales quizá sean cómicos o fastidiosos, olvidarnos de Dios puede ser desastroso.

Cuando los israelitas estaban listos para entrar a la tierra prometida, Moisés los desafió, diciendo: «Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto» (Deuteronomio 8:2), y «cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos» (v. 11).

Los siguientes motivos pueden hacer que nos olvidemos de Dios: Pruebas (vv. 2-4). Dios permitió que Su pueblo tuviera hambre y luego les dio maná. Si tenemos necesidades en la vida, es fácil creer que Dios se ha olvidado de nosotros. Satisfacción (vv. 10-11). La abundancia o la necesidad pueden producir amnesia espiritual, porque ambas cosas hacen que nos centremos en nosotros mismos y no en el Señor que provee. Orgullo (vv. 12-16). Si la prosperidad nos hace sentir que nuestro esfuerzo nos proporcionó éxitos, nos hemos olvidado de Dios.

La humildad, la obediencia y la alabanza nos ayudan a recordar la provisión y el cuidado fiel del Señor. Hoy no nos olvidemos de agradecerle por todo lo que Él ha hecho.

“Jamás permitas que la abundancia de las dádivas de Dios te haga olvidar del Dador.”

Lectura del día: Deuteronomio 8:1-2,10-18

lunes, 8 de marzo de 2010

Reflexión Lunes, 8 de marzo de 2010

Al rescate
Joe Stowell

“Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” —Lucas 15:7

Hace poco, Marty y yo viajamos a algunas ciudades importantes en varios países. Quedamos abrumados ante lo perdido que está nuestro mundo, y tristes por los millones de personas que nunca han escuchado el mensaje de la gracia salvadora de Jesús. La idea de alcanzar a nuestro planeta para Cristo se tornó irresistible.

Luego, recordé la historia de un muchacho que caminaba por una playa. Al encontrarse con cientos de estrellas de mar que morían bajo el calor del sol ardiente, comenzó a arrojarlas al agua. Alguien que pasaba, le preguntó: «¿Qué estás haciendo?». «Salvándoles la vida», respondió el muchacho. «Ni lo intentes», dijo el hombre. «Es imposible salvar todas estas estrellas de mar». «Es cierto —le contestó—, pero a cada una que sí salve, le marcará una gran diferencia».

Me encanta la perspectiva del muchacho. Cuando la ola del pecado nos arrojó a la ribera de la muerte, Dios envió a Su Hijo a caminar por la playa para rescatar a todos los que se arrepienten. Y, como dijo Jesús a su audiencia en Lucas 15, cada vez que alguien es rescatado, hay fiesta en el cielo. «Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento» (Lucas 15:7).

¿Se ha regocijado el cielo porque fuiste rescatado? Si es así, únete a las filas de quienes alcanzan almas perdidas con la gracia salvadora de Jesús.

“Cuando hayas sido salvado, querrás rescatar a otros.”

Lectura del día: Lucas 15:1-7

domingo, 7 de marzo de 2010

Reflexión Domingo, 7 de marzo 2010

Ayudantes de Dios
Anne Cetas

“Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles.” —Salmo 103:20

Estaba conversando con algunos niños acerca de Dios y de superhéroes, cuando Tobías hizo una pregunta. Este niño de cinco años de edad, muy imaginativo, dijo para cualquiera que escuchase: «¿Dios tiene un ayudante como tenía Hércules?». Su hermano mayor, de siete años y más sabio, de inmediato respondió: «Sí, tiene miles. Son Sus ángeles».

Los ángeles son un tema popular de debate y la gente cree una gran cantidad de mitos en cuanto a ellos. Por ejemplo: algunas personas oran a los ángeles porque piensan que se encuentran al mismo nivel de Dios. Otros creen que, al morir, las personas se convierten en ángeles. Pero aquí está lo que la Biblia, nuestra autoridad, enseña:
  • Dios creó a los ángeles (Colosenses 1:15-17).
  • Los ángeles adoran a Dios (Nehemías 9:6) y se los conoce mediante estos términos: arcángeles (Judas 1:9), querubines (2 Reyes 19:15) y serafines (Isaías 6:1-3).
  • Sirven al pueblo de Dios (Hebreos 1:13-14) guardándolo y protegiéndolo (Salmo 91:9-12).
  • Dios les asigna tareas especiales (Mateo 1:20; Lucas 1:26).
  • Los ángeles de Dios se regocijan cuando nos arrepentimos y acudimos a Cristo para ser salvos (Lucas 15:7,10).
Sólo Dios merece nuestra adoración. Por tanto, ¡unámonos a los ángeles para cantar alabanzas a Él!

“Los ángeles son los ayudantes especiales de Dios.”

Lectura del día: Salmo 103:19-22

sábado, 6 de marzo de 2010

Reflexión Sábado, 6 de marzo de 2010

¿Está bien?
Dave Branon

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” —Filipenses 4:7

Mientras el coro de jóvenes se preparaba para cantar el clásico himno de Horatio G. Spafford, «Está bien con mi alma», uno de ellos dio un paso al frente para relatar la historia de la conocida canción. Spafford la escribió estando en un barco, cerca del sitio en el mar donde habían muerto sus cuatro hijas.

Mientras escuchaba esa introducción, seguida de las palabras que cantaban los jóvenes, un torrente de emociones me invadió. Al escuchar las expresiones de fe de Spafford, me resultaba difícil comprender la frase «donde habían muerto sus cuatro hijas». En mi caso, tras haber perdido repentinamente a una hija, la idea de perder cuatro me parece inimaginable.

¿Cómo podía eso estar «bien» para Spafford, en medio de su dolor? Al oír las palabras «si paz cual un río es aquí mi porción», recuerdo dónde se puede encontrar paz. En Filipenses 4, Pablo dice que puede hallarse cuando elevamos nuestras oraciones a Dios de corazón (v. 6). Al orar con confianza, aliviamos nuestra alma, nos deshacemos de la ansiedad y desatamos los lazos de nuestra angustia. Entonces, podemos obtener «la paz de Dios» (v. 7), una calma de espíritu divina e inexplicable. Esta paz supera nuestra capacidad de comprender las circunstancias que vivimos (v. 7) y, por medio de Jesús, actúa como una defensa que protege de tal manera nuestro corazón que nos permite susurrar, aun en el dolor: «Está bien con mi alma».

“Jesús nunca se equivoca.”

Lectura del día: Filipenses 4:4-7

viernes, 5 de marzo de 2010

ReflexiónViernes, 5 de marzo de 2010

Información correcta
Bill Crowder

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, […] como los otros que no tienen esperanza.” —1 Tesalonicenses 4:13

Hacía quince minutos que el avión había despegado cuando el piloto anunció que la aeronave tenía un problema serio y que la tripulación estaba tratando de analizar qué era. Poco tiempo después, anunció que había una vibración y que tendríamos que regresar al aeropuerto. Luego, las azafatas dieron una serie de explicaciones detalladas para aclarar lo que pasaba y lo que sucedería en cuanto aterrizáramos. En una situación que podría haber sido aterrorizante, los temores de los pasajeros fueron apaciguados porque se les dio la información correcta.

En el siglo I, un grupo de creyentes de Tesalónica temía que sus seres queridos, que eran creyentes y que habían muerto, se hubieran ido para siempre y se perdieran la segunda venida de Cristo. Por esa razón, Pablo escribió: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza» (1 Tesalonicenses 4:13). Las palabras de consuelo del apóstol tenían el propósito de calmar sus miedos al darles la información correcta, que marcó completamente la diferencia. Aunque estaban entristecidos por la pérdida, aún podían tener esperanza de volver a reunirse en el futuro con aquellos que habían creído en Cristo.

Cuando perdemos a alguien, nosotros también podemos hallar consuelo y esperanza porque la Biblia nos ha dado la información correcta.

“La muerte no es un punto final, sino sólo una coma.”

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 4:13-18

jueves, 4 de marzo de 2010

Reflexión Jueves, 4 de marzo de 2010

¿Qué da felicidad?
C. P. Hia

“Todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.” —Eclesiastés 2:11

Después de estudiar el efecto del boom económico en Japón, posterior a la Segunda Guerra Mundial, Richard Easterlin concluyó que el crecimiento financiero no siempre produce una mayor satisfacción. Por otro lado, Betsey Stevenson y Justin Wolfers realizaron encuestas en más de 100 países y determinaron que la satisfacción en la vida es mayor en las naciones más ricas.

Entonces, ¿quién tiene razón? Veamos lo que dice el escritor de Eclesiastés. ¡Él debería saberlo! Fue un hombre realmente rico (2:8) y tenía los medios para probar todo lo que hay en este mundo… ¡y sin duda lo hizo! Se dedicó a los placeres (vv. 1-3), a los grandes proyectos (vv. 4-8), a los entretenimientos (v. 8 y al trabajo arduo (vv. 10-11). Sin embargo, llegó a la conclusión de que todo era «vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol» (v. 11).

La satisfacción duradera no proviene de tener cosas tangibles como una cuenta de ahorros o bienes materiales. Los sucesos recientes han demostrado que estas cosas pueden perder repentinamente su valor. Para hallar la felicidad verdadera, debemos buscarla en Alguien que no sea de «debajo del sol». Y ese es Jesús, nuestro Salvador.

El escritor de himnos Floyd Hawkins lo expresó así: «Descubrí el camino a la felicidad. Descubrí el camino al gozo. Descubrí el alivio para la tristeza […] cuando encontré a Jesús, mi Señor». Sólo Él puede dar pleno gozo (Juan 15:11).

“Para conocer la felicidad, conoce a Jesús.”

Lectura del día: Eclesiastés 2:1-11

miércoles, 3 de marzo de 2010

Reflexión Miércoles, 3 de marzo de 2010

Arroyo impetuoso
Dennis Fisher

“Corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.” —Amós 5:24

Cuando yo era adolescente, fui con mi papá, mis tíos y mis primos a pescar truchas en las cabeceras del río Sacramento, en California. Este río nace como resultado de la nieve derretida; por lo tanto, el agua era torrentosa, transparente, fría y refrescante. Mis primos y yo no pudimos resistir meternos en la corriente helada mientras pescábamos truchas arco iris.

Al regresar a casa, nos detuvimos para darnos un chapuzón en una laguna bastante diferente. El agua era cálida y olía a estancada. Contrastaba tremendamente con la otra corriente tan rápida y estimulante.

El profeta Amós utilizó la metáfora de una corriente de aguas para ilustrar el poder transformador de la justicia. Consternado ante los rituales religiosos y sin vida de Israel, y la explotación que hacían de los pobres (Amós 2:6-8; 5:21-27), clamó para que se impusieran el juicio y la justicia. Observó que el pueblo de Dios estaba atascado en la laguna estancada de la injusticia hacia los demás, cuando lo que necesitaban era una vida signada por «la justicia como impetuoso arroyo».

Asimismo, Dios desea que nosotros permitamos que el juicio brote de nuestras vidas y «corra […] como las aguas». Una forma de hacerlo es luchar para que haya leyes justas y abogar por el cuidado bondadoso de los pobres. Procuremos ser parte del impetuoso arroyo de la justicia de Dios hasta que Cristo vuelva.

“La justicia aparece cuando la verdad se pone en acción.”

Lectura del día: Amós 5:21-27

martes, 2 de marzo de 2010

Reflexión Martes, 2 de marzo de 2010

Dios está aquí
Julie Ackerman Link

“El [Señor] sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.” —Salmo 147:3

Leslie y sus dos hijas estaban a punto de ser desalojadas de su casa. Aunque ella creía que Dios podía ayudarlas, hasta ese momento, el Señor no había dado ninguna señal de cómo lo haría. Leslie se preguntaba: ¿Dónde está Dios? Mientras se dirigía hacia los tribunales, le pidió al Señor que interviniera. Entonces, escuchó una canción en la radio, que decía: «¡Dios está aquí! Regocíjense los quebrantados de corazón». ¿Sería esta la confirmación de parte de Él que ella anhelaba escuchar?

Dentro del juzgado, Leslie se presentó ante el juez, escuchó el veredicto y firmó los documentos legales, pero Dios todavía no le había respondido.

Mientras caminaba hacia su automóvil, un camión se detuvo al lado de ella. «Señora —dijo el conductor—, escuché su testimonio en el juzgado, y creo que Dios quiere que la ayude». Y así lo hizo. Gary ayudó a Leslie a contactarse con una mujer de una iglesia local que pudo intervenir entre las partes para anular la causa y permitir que ella y sus hijas regresaran a su casa.

Cuando la gente pregunta «¿dónde está Dios?», la respuesta es «aquí mismo». Una de las formas en que el Señor obra es a través de creyentes como Gary que continúan la tarea que comenzó Jesús: sanar a los quebrantados de corazón y vendar sus heridas (Salmo 147:3).

“Cuando amamos a Dios, servimos a la gente.”

Lectura del día: Lucas 4:16-21

lunes, 1 de marzo de 2010

Reflexión Lunes, 1 de marzo de 2010

El más bello
Anne Cetas

“El Cordero que fue inmolado es digno…” —Apocalipsis 5:12

A los 19 años, cuando acababa de aceptar a Cristo como Salvador y comencé a asistir a una iglesia, quedé inmediatamente cautivado con el canto de los grandes himnos de la fe. Mi corazón desbordaba de gozo y gratitud al entonar canciones que hablaban del amor de Dios hacia nosotros en Cristo. Poco después, «¡Cristo divino», escrito al final del siglo xvii, se convirtió en uno de mis favoritos. Me encanta la sencillez de la melodía y la grandeza de Aquel a quien exaltan estas palabras:

El Hijo de Dios, de quien cantamos en esta canción, vino a esta tierra, vivió una vida perfecta y se entregó por nosotros en la cruz (Lucas 23:33). Resucitó de la tumba (Lucas 24:6) y ahora está sentado a la diestra de Dios (Hebreos 1:3). Un día, nos uniremos con miles y miles para adorar, diciendo: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 5:13). Quizá también cantemos «Cristo divino».

Mientras tanto, busquemos sabiduría en Su Palabra y sigamos Sus caminos para permitir que Jesús sea «el más bello», por encima de todo en nuestra vida.

“Nuestra adoración a Jesús nunca será suficiente.”

Lectura del día: Apocalipsis 5:8-14