domingo, 31 de julio de 2011

Reflexión domingo, 31 de julio de 2011

Gratuito para todos
Dave Branon

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” —Efesios 2:8

En un esfuerzo por ayudar a la gente que tenía problemas para mantener a su familia durante épocas económicas difíciles, la iglesia a la que asisto creó un programa llamado «Gratuito para todos».
 
Llevamos artículos prácticamente sin uso a la iglesia y abrimos las puertas a personas de la comunidad. Podían ir y llevarse a su casa lo que necesitaran.
 
Aunque la jornada fue un gran éxito en cuanto a la cantidad de cosas que la gente pudo llevarse, más lo fue por esta razón: Seis personas aceptaron a Cristo como Salvador durante el evento. En realidad, esos seis creyentes nuevos participaron del «Gratuito para todos» más grandioso de todos los tiempos: el ofrecimiento de la salvación por medio de Jesucristo.
 
Los elementos que se llevaron a la iglesia aquel día especial ya se habían comprado, y después se entregaron sin costo a todos los que simplemente los pedían. Asimismo, el perdón eterno para nuestros pecados ya se ha comprado: Jesús pagó el precio cuando murió en la cruz del Gólgota hace 2.000 años (Romanos 3:23-25). El Señor ahora ofrece la salvación sin costo a todos los que simplemente se arrepienten y creen que Él tiene poder para perdonar y salvar (Hechos 16:31).
 
Cada uno de nosotros está espiritualmente necesitado… y sólo Jesús puede suplir esa necesidad. ¿Has aceptado lo que Él ofrece sin costo alguno en el mejor «Gratuito para todos» del mundo?

“La salvación es un regalo, pero debes aceptarlo.”

Lectura del día: Efesios 1:7-14; 2:8-9

viernes, 29 de julio de 2011

Reflexión viernes, 29 de julio de 2011

La buena vida
David H. Roper

“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien…” —Salmo 73:28

Los filósofos meditan sobre este asunto: «¿Qué es la buena vida y quién la tiene?». Al instante, pienso en mi buen amigo Roy.
 
Roy era un hombre amable y tranquilo que no buscaba reconocimiento, que dejaba que su Padre celestial se ocupara de su vida y cuyo único interés era hacer la voluntad de Dios. Tenía una perspectiva celestial de las cosas. Como solía recordarme: «Aquí solo somos peregrinos».
 
Roy falleció el otoño pasado. En su funeral, algunos amigos recordaron cómo había influido en sus vidas. Varios hablaron de su bondad, generosidad, humildad y mansa compasión. Para muchos, fue una expresión visible del amor incondicional de Dios.
 
Después del funeral, el hijo de Roy fue a la residencia donde su padre había vivido sus últimos días, a recoger sus pertenencias: dos pares de zapatos, unas camisas y pantalones y algunos trastos viejos —la totalidad de los bienes terrenales de Roy—, y los llevó a un centro comunitario local. Roy nunca tuvo lo que algunos considerarían la buena vida, pero fue rico para Dios en buenas obras. George MacDonald escribió: «¿Quién es el poseedor del cielo y de la tierra: el que es dueño de mil casas o aquel que, sin ninguna a su nombre, tiene diez que se llenan de júbilo cuando él golpea a sus puertas?».
 
Después de todo, la buena vida era la de Roy.

“Nadie puede conocer la buena vida sin Dios.”

Lectura del día: Miqueas 6:6-8

jueves, 28 de julio de 2011

Reflexión jueves, 28 de julio de 2011

Por el Dios al que amo
Marvin Williams

“Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas…” —Mateo 6:16

En nuestra iglesia, hace un par de años llevamos a cabo una serie de estudios sobre el tabernáculo del Antiguo Testamento. Como preparación para el mensaje sobre la mesa de la proposición, hice algo que nunca antes había realizado: ayuné durante varios días. Lo hice porque quería experimentar la verdad de que «… no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová…» (Deuteronomio 8:3). Quería privarme de algo que amaba, la comida, por el Dios al que amo más. Durante ese período, seguí la enseñanza de Jesús sobre el ayuno, tal como aparece en Mateo 6:16-18.
 
El Señor Jesús dio una orden en forma negativa: «Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros…» (v. 16). Después, dio otra de carácter positivo sobre ponerse aceite en la cabeza y lavarse la cara (v. 17). En conjunto, ambos mandatos quieren decir que no debe atraerse la atención sobre la persona en sí. Jesús estaba enseñando que el ayuno es un acto secreto de adoración que se realiza mediante un sacrificio que no debiera dar lugar al orgullo religioso. Por último, hizo una promesa: «… tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (v. 18).
 
Aunque el ayuno no es una exigencia, al ceder alguna cosa que nos encanta podemos tener una experiencia más profunda con el Dios a quien amamos. Él nos recompensa al manifestarnos Su propia Persona.

“Alejarnos de la mesa puede acercarnos al Padre.”

Lectura del día: Mateo 6:16-18

martes, 26 de julio de 2011

Reflexión martes, 26 de julio de 2011

Gozo por la mañana
Dennis Fisher

“… Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” —Salmo 30:5

Angie no podía ver porque los vidrios de su automóvil estaban empañados por la niebla. Sin darse cuenta, se cruzó delante de un camión. El accidente le dañó tanto el cerebro que perdió el habla y no pudo cuidarse más sola.
 
Con el paso de los años, me ha asombrado la capacidad de resistencia de los padres de Angie. Hace poco, les pregunté: «¿Cómo se han arreglado para manejar esta situación?». Reflexivamente, su padre respondió: «Con toda sinceridad, la única manera de haber sido capaces de hacerlo es estando cerca de Dios. Él nos da la fortaleza que necesitamos para seguir adelante».
 
La madre de Angie coincidió con él y agregó que durante un tiempo, después del accidente, estaban tan tremendamente angustiados que se preguntaban si alguna vez podrían volver a tener gozo. A medida que se volcaron al Señor, recibieron una innumerable e inesperada cantidad de provisiones para suplir las necesidades físicas y espirituales de Angie y también de toda su familia. Aunque la muchacha nunca recuperó la capacidad de hablar, ahora les responde con amplias sonrisas, y esto les da gozo. El versículo favorito de sus padres continúa siendo: «Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5).
 
¿Alguna vez experimentaste una tristeza extrema? Cuando te apoyas en tu Señor amoroso, está vigente la promesa de un gozo futuro en medio de tus lágrimas.

“Entrégale tus penas a Jesús, el «varón de dolores».”

Lectura del día: Salmo 40:1-5

lunes, 25 de julio de 2011

Reflexión lunes, 25 de julio de 2011

El placer es mío
Joe Stowell

“No […] aparté mi corazón de placer alguno […]; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu…” —Eclesiastés 2:10-11

Siempre espero el verano. El cálido sol, los deportes, las playas y las barbacoas son placeres que traen gozo después de un invierno largo y frío. Pero la búsqueda de placer no es algo solamente estacional. ¿Acaso no nos gusta a todos una buena comida, una conversación interesante y unas brasas ardientes?
 
Desear placer no está mal. Dios lo ha incorporado en nuestro ser. Pablo nos recuerda que el Señor «nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (1 Timoteo 6:17). Otros pasajes nos invitan a disfrutar de los saludables placeres de la comida, de los amigos y de la intimidad de una relación matrimonial. Pero pensar que podemos encontrar placer duradero en las personas y en las cosas es, en definitiva, una búsqueda insatisfactoria.
 
El placer supremo no se halla en las emociones efímeras que ofrece este mundo, sino en el gozo perdurable de una intimidad cada vez más profunda con nuestro Señor. El rey Salomón aprendió esta verdad por la fuerza. «No […] aparté mi corazón de placer alguno…», admitió (Eclesiastés 2:10). Pero después de su enloquecida búsqueda de placer, concluyó: «… todo era vanidad y aflicción de espíritu…» (v. 11). Con razón advirtió: «El que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá» (Proverbios 21:17).
 
Aquello que realmente buscamos solo será satisfecho en una relación apropiada y creciente con Jesucristo. ¡Búscalo a Él y saborea Sus deleites!

“¿Vivimos para darnos todos los gustos o para complacer a nuestro Padre celestial?”

Lectura del día: Eclesiastés 2:1-11

sábado, 23 de julio de 2011

Reflexión sábado, 23 de julio de 2011

Un panorama asombroso
David C. McCasland

“Desde el lugar de su morada miró sobre todos los moradores de la tierra.” —Salmo 33:14

Hace poco, desde mi casa en Colorado, usé los mapas de Google para «recorrer» el vecindario en Nairobi, Kenia, donde vivió mi familia hace dos décadas. Una imagen satelital en la pantalla de mi ordenador me permitía identificar caminos, señales y edificios. En algunos casos, logré obtener una vista desde la calle, como si estuviera parado allí en el suelo.
 
Era una visión impresionante, pero que solo refleja una mínima parte de cómo ve quizá el Señor nuestro mundo.
 
El salmista celebró la visión del Señor escribiendo estas palabras: «Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de los hombres […]. He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre» (33:13-19).
 
A diferencia de un satélite insensible, Dios mira con Su corazón de amor mientras considera quiénes somos y qué hacemos. La Biblia revela que el Señor anhela que confiemos en Él y que sigamos Sus caminos. Nunca estamos fuera de la vista de Dios, y Su mirada está atenta sobre todos aquellos que esperan en Él.
 
Para todos los que han aceptado a Jesucristo por medio de la fe y lo conocen, es alentador darse cuenta de que todos los días formamos parte de Su panorama asombroso.

“Mantén tus ojos puestos en Dios; Él nunca te quita de Su vista.”

Lectura del día: Salmo 33:13-22

viernes, 22 de julio de 2011

Reflexión, viernes, 22 de julio de 2011

Nuestra mejor defensa
Randy K. Kilgore

“… Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” —Juan 9:25

El destino había querido que compartiéramos el asiento en un viaje de ocho horas en tren. Un ex embajador de los Estados Unidos y yo tuvimos un enfrentamiento rápidamente cuando él suspiró al ver que yo sacaba mi Biblia.
 
Reaccioné tal como él esperaba. Al principio, intercambiamos algunas frases breves para acosarnos mutuamente o para ganar terreno. Sin embargo, en forma gradual, detalles de nuestras respectivas historias de vida se incorporaron en la conversación. La curiosidad hizo que brotara lo mejor de nosotros y terminamos haciéndonos preguntas en vez de peleándonos. Con un título universitario en ciencias políticas y una adicción por la política como pasatiempo, me intrigó su carrera, que incluía dos notorios períodos como embajador.
 
Lo más extraño fue que sus preguntas eran sobre mi fe. Lo que más le interesaba era saber cómo me había convertido en «creyente». El viaje en tren terminó amigablemente, e incluso intercambiamos nuestras tarjetas profesionales. Mientras se iba, se dio vuelta y dijo: «A propósito, la mejor parte de su argumento no es lo que piensa que Jesús puede hacer por mí, sino lo que Él ha hecho por usted».
 
En Juan 9, tal como sucedió en aquel tren, Dios nos recuerda que la mejor historia es la que conocemos íntimamente: nuestro propio encuentro con Jesucristo. Intenta contarles la historia de tu fe a seres queridos y a amigos, para que puedas compartírsela claramente a otras personas.

“Las personas se enteran de las verdaderas historias de la fe cuando las oyen.”

Lectura del día: Juan 9:13-25

jueves, 21 de julio de 2011

Reflexión jueves, 21 de julio de 2011

Se terminó el dolor
Philip Yancey

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” —1 Corintios 15:55

Durante buena parte de mi vida, compartí la perspectiva de aquellos que claman contra Dios por permitir el sufrimiento. No podía encontrar ninguna manera de justificar un mundo tan tóxico como este.
 
Sin embargo, al visitar personas cuyo dolor era mucho mayor que el mío, me sorprendí de sus efectos. Al parecer, el sufrimiento podía actuar reforzando la fe o, de lo contrario, sembrando dudas.
 
Mi enojo en cuanto al dolor ha desaparecido principalmente por una razón: Conocí a Dios. Él me ha dado gozo, amor, felicidad y bondad. Me brinda fe en una Persona, una fe tan sólida que no hay ningún grado de sufrimiento que pueda erosionarla.
 
¿Dónde está Dios cuando experimentamos angustias? Ha estado presente desde el principio. Él diseñó un sistema de sufrimiento que, en medio de un mundo caído, lleva Su sello. Transforma el sufrimiento y lo utiliza para enseñarnos y fortalecernos si permitimos que nos acerque a Él.
 
El Señor se sintió dolido, sangró, clamó y sufrió. Ha dignificado para la eternidad a todos los que sufren al haber experimentado lo mismo que ellos. Pero un día, reunirá los ejércitos del cielo y los enviará para derrotar completamente a los enemigos de Dios. El mundo verá un último y aterrador período de sufrimiento antes de que se produzca la victoria final. Entonces, el Señor creará para nosotros un mundo nuevo e increíble… y ya no habrá más dolor (Apocalipsis 19:11–22:6).

“El sufrimiento nos pondrá en contra de Dios o nos acercará a Él.”

Lectura del día: 1 Corintios 15:51-57

miércoles, 20 de julio de 2011

Reflexión miércoles, 20 de julio de 2011

Bedlam, caos y locura
Bill Crowder

“[Los] que dejan los caminos derechos, […] se alegran haciendo el mal, […] se huelgan en las perversidades del vicio.” —Proverbios 2:13-14

El Museo Imperial de Guerra en Inglaterra ocupa un edificio londinense donde anteriormente estaba el Bethlehem Royal Hospital, un centro de atención para enfermos mentales. El hospital era comúnmente conocido como «Bedlam», un término que, con el tiempo, empezó a usarse para describir escenas de caos y de locura.
 
Es irónico que el Museo de Guerra haya estado donde antes se encontraba Bedlam. Al recorrer el museo, además de ver historias de heroísmo y de sacrificio durante la guerra, también se encuentran relatos escalofriantes de la locura que generan los sentimientos inhumanos entre los hombres. Es una muestra del mal: desde el genocidio moderno y la limpieza étnica hasta el horror del Holocausto.
 
Salomón observó la tendencia de la humanidad al mal y la describió diciendo que son aquellos «que se alegran haciendo mal, que se huelgan en las perversidades del vicio» (Proverbios 2:14). Aunque esto tal vez describa gran parte del mundo que nos rodea, los seguidores de Cristo tienen una manera renovadoramente diferente de enfrentar la vida. Pablo nos desafía, diciendo: «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Romanos 12:21). Las acciones centradas en Cristo, tales como vivir con principios morales (v. 17), procurar la paz (v. 18) y tratar bien a nuestros enemigos (v. 20) beneficiará al mundo.
 
Si cada uno de nosotros viviera reflejando el amor de Dios, quizá habría muchos menos «bedlam».

“Un mundo desesperado necesita creyentes que se ocupen de los demás.”

Lectura del día: Romanos 12:9-21

martes, 19 de julio de 2011

Reflexión martes, 19 de julio de 2011

Factor miedo
Joe Stowell

“Y Abraham respondió: […] Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.” —Génesis 20:11

Si eres admirador de Shakespeare, sabrás que sus héroes siempre tienen una grave debilidad de carácter. Esto ayuda a elaborar una buena historia y enseña algunas lecciones importantes. Lo mismo sucede con nuestro héroe de la Biblia: Abraham. ¿Su debilidad? El miedo.
 
En dos ocasiones, Abraham sucumbió ante el temor de que un gobernante lo matara y le robara la esposa (Génesis 12:11-20; 20:2-13). Por miedo a perder la vida, engañó a Faraón y al rey Abimelec, diciendo: Es mi hermana, lo que, en esencia, daba lugar a que el rey llevara a Sara a su harén (20:2). Al permitir que el miedo controlara sus acciones, puso en riesgo el plan de Dios de levantar una gran nación a través de él y de su esposa (12:1-3).
 
No obstante, antes de juzgar a Abraham, deberíamos hacernos unas preguntas. Por temor a perder el trabajo, ¿comprometeríamos nuestra integridad? Por miedo a parecer antiguos, ¿dejaríamos de lado nuestros valores? Por temor a que nos ridiculicen y nos malinterpreten, ¿descuidaríamos la oportunidad de dar testimonio del evangelio y arriesgaríamos el futuro eterno de una persona? Solo una cosa vencerá nuestros miedos: la fe firme en la presencia, la protección, el poder y las promesas de Dios.
 
Si tu miedo pone en riesgo los maravillosos planes de Dios para tu vida, recuerda que el Señor nunca te pedirá que hagas nada que Él no pueda completar, aunque eso exija una intervención milagrosa de Su parte.

“Deja que tu fe conquiste el miedo y Dios convertirá tu angustia en adoración.”

Lectura del día: Génesis 20:1-13

lunes, 18 de julio de 2011

Reflexión lunes, 17 de julio de 2011

Palos y piedras
David H. Roper

“Hastiada está nuestra alma […] del menosprecio de los soberbios.” —Salmo 123:4

El salmista estaba harto del «menosprecio de los soberbios» (Salmo 123:4). Quizá tú también. Es probable que tus vecinos, tus compañeros de trabajo o de escuela se burlen de tu fe y de tu decisión de seguir a Cristo. Los palos y las piedras nos quiebran los huesos, pero las palabras pueden dañarnos mucho más profundamente. En su comentario sobre este salmo, Derek Kidner se refiere al menosprecio como «acero frío».
 
Podemos eludir la burla de los orgullosos volviéndonos como ellos o considerar sus intentos de humillarnos como una medalla de honor. Podemos regocijarnos de ser «tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre [de Jesús]» (Hechos 5:41). Es mejor soportar la vergüenza por un tiempo breve que padecer «confusión perpetua» (Daniel 12:2).
 
No debemos ser como los escarnecedores y burlarnos de ellos, sino que tenemos que bendecir a los que nos persiguen. «Bendecid, y no maldigáis», nos recuerda Pablo (Romanos 12:14). De este modo, Dios podrá atraerlos hacia la fe y el arrepentimiento, y convertir nuestros momentos de vergüenza en gloria eterna.
 
Por último, como nos aconseja el salmista, debemos mirar «a Jehová nuestro Dios» (Salmo 123:2). El Señor nos entiende como ningún otro lo hace, porque Él también soportó reproches. Se compadecerá de nosotros según Su infinita misericordia.

“Cuando el trato de los demás te echa abajo, mira hacia arriba al Señor Jesús.”

Lectura del día: Salmo 123

domingo, 17 de julio de 2011

Reflexión domingo, 17 de julio de 2011

Modelo perfecto
Julie Ackerman Link

“[Cristo], en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.” —Efesios 2:21

Demasiado largo. Demasiado corto. Demasiado grande. Demasiado ajustado. Demasiado suelto. Estas palabras describen la mayoría de la ropa que me pruebo. Hallar el modelo perfecto parece imposible.
 
Encontrar una iglesia que sea un «modelo perfecto» genera problemas similares. Toda congregación tiene algo que no está del todo bien. No se reconocen nuestros dones; no se aprecian nuestros talentos; nuestro sentido del humor se malinterpreta; ciertas actitudes, creencias, personas o programas nos incomodan. Nos sentimos como si nosotros no nos amoldáramos bien. Luchamos para encontrar nuestro lugar.
 
Sin embargo, sabemos que Dios desea que nos adecuemos los unos a los otros. El apóstol Pablo dijo que estamos siendo «juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu» (Efesios 2:22).
 
Los creyentes de la Iglesia en la actualidad, como el tabernáculo en los días de Moisés (Éxodo 26) y el templo en la época de Salomón (1 Reyes 6:1-14), son la morada de Dios en la tierra. El Señor quiere que nos amoldemos mutuamente, ya que no debe haber división en Su Iglesia. Esto significa que nosotros, los ladrillos del edificio, debemos estar «perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer» (1 Corintios 1:10).
 
Ninguna iglesia será un modelo ideal, pero todos podemos trabajar para que nos complementemos de manera más perfecta.

“El amor de Cristo crea unidad en medio de la diversidad.”

Lectura del día: Éxodo 26:1-11

sábado, 16 de julio de 2011

Reflexión sábado, 16 de julio de 2011

Vacíame
Cindy Hess Karper

“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo…” —Lucas 6:45

«¡Qué mal hecho!», refunfuñé, mientras vaciaba la trituradora de papel. Estaba siguiendo un buen consejo sobre triturar documentos personales, ¡pero no podía vaciar el recipiente sin que cayeran tiras de papelitos por toda la alfombra! Un día, cuando estaba recogiendo la basura, dudé si debía hacerlo, ya que solo tenía residuos hasta la mitad. Sin embargo, al deslizar una pequeña bolsa de plástico por la parte superior y dar vuelta el recipiente, me alegré al ver que ni un solo trozo de papel había caído al piso.
 
El error había sido mío. ¡Había estado esperando que estuviera lleno hasta el tope para vaciarlo!
 
Cuando permitimos que el pecado llene nuestro corazón, también desbordará en nuestra vida. Lucas 6:45 dice que «… el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo…». Lo que hablamos brota «de la abundancia del corazón».
 
¿Qué tal si quitáramos de nuestro corazón la basura del pecado antes de que empiece a desbordar cuando interactuamos con los demás? ¿Y si nos despojáramos de nuestra amargura, del orgullo empedernido y el enojo furioso? (Efesios 4:26-32). Primera Juan 1:9 nos recuerda que «si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad».
 
Una trituradora de papel está diseñada para ser un cesto de basura. ¡Tú y yo no!

“Confiesa tu pecado… ¡de todos modos, no puedes esconderlo de Dios!”

Lectura del día: Efesios 4:17-32

viernes, 15 de julio de 2011

Reflexión viernes, 15 de julio de 2011

Fuera de los límites
C. P. Hia

“Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.” —Salmo 119:75

En el golf, hay marcadores que indican cuando una pelota se ha ido fuera de los límites. Si esto le sucede a un jugador durante el juego, se le impone como pena un golpe adicional.
 
El profeta Jeremías advirtió al reino del sur, de Judá, de su persistente rechazo a los límites establecidos por Dios. Dijo que aun el mar sabe que la arena en sus orillas lo contiene dentro de los límites, «como frontera perpetua e inquebrantable» (Jeremías 5:22 NVI). No obstante, el pueblo del Señor tenía un corazón desafiante y rebelde (v. 23). No temían a Dios, que era Aquel que les daba la lluvia para sus cultivos (v. 24). Se habían enriquecido mediante el engaño (v. 27) e ignorado el ruego de los desvalidos (v. 28).
 
Dios ha establecido límites morales en Su Palabra para que vivamos dentro de ellos. No los puso para frustrarnos, sino para que, al no traspasarlos, disfrutemos de Su bendición. David escribió: «Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos» (Salmo 119:75). El Señor le dijo a Israel por medio de Moisés: «os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida» (Deuteronomio 30:19).
 
No sometamos a prueba los límites de Dios ni provoquemos la aplicación de Su disciplina. Tomemos decisiones sabias para vivir dentro de los límites marcados en Su Palabra.

“Un pequeño paso de obediencia es un inmenso escalón de bendición.”

Lectura del día: Jeremías 5:21-31

jueves, 14 de julio de 2011

Reflexión jueves, 14 de julio de 2011

Ver el interior
David C. McCasland

“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne…” —2 Corintios 5:16

El 1 de febrero de 1960, cuatro alumnos de una escuela para negros se sentaron en el lugar «solo para blancos» de un restaurante en Greensboro, Carolina del Norte. Uno de ellos, Franklin McCain, observó que una anciana blanca que estaba sentada cerca los miraba. Estaba seguro de que ella tenía pensamientos desagradables sobre ellos y su protesta contra la discriminación. Unos minutos después, la mujer se les acercó, les puso las manos sobre los hombros y les dijo: «Muchachos, estoy tan orgullosa de ustedes».
 
Años más tarde, recordando ese suceso en la Radio Nacional Pública, McCain dijo que aquella situación le enseñó a no estereotipar nunca a nadie, sino que, en cambio, debía hacer una pausa para considerar a los demás y buscar una oportunidad para hablar con ellos.
 
La iglesia del siglo i, como la nuestra en la actualidad, suele fracturarse por divisiones basadas en la raza, el idioma y la cultura. Pablo les escribió a los seguidores de Jesús en Corinto para ayudarlos a responderles a aquellos que se preocupaban más por la apariencia externa que por lo que está en el corazón (2 Corintios 5:12). El apóstol señaló que, como Cristo murió por todos, «de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne» (v. 16).
 
Que todos miremos atentamente para ver el interior de las personas, porque todas están hechas a la imagen de Dios y pueden convertirse en una nueva creación en Cristo.

“Lo importante es lo que está en el corazón.”

Lectura del día: 2 Corintios 5:12-21

miércoles, 13 de julio de 2011

Reflexión miércoles, 13 de julio de 2011

Pablo ya anciano
Dennis Fisher

“… siendo como soy, Pablo ya anciano, […] te ruego por mi hijo Onésimo.” —Filemón 9-10

Celebrar mis 60 años cambió realmente mi perspectiva de la vida: solía pensar que la gente sexagenaria era «vieja». Después, empecé a contar la cantidad de años de vida productiva que podrían quedarme y decidí que serían diez. Seguí pensando de esta forma, obcecadamente, hasta que recordé a un compañero de trabajo muy productivo que tenía 85 años. Así que, lo busqué para preguntarle cómo había sido su vida después de los 60. Me contó sobre algunas de las maravillosas oportunidades de servicio que el Señor le había dado en los últimos 25 años.
 
El apóstol Pablo, al referirse a sí mismo como «anciano», en Filemón 9, ciertamente razonaba con mi propio sentir sobre la edad: «… siendo como soy, Pablo ya anciano, […] te ruego por mi hijo Onésimo (vv. 9-10). Pablo estaba pidiéndole a Filemón que volviera a recibir a su siervo Onésimo, que había huido. Algunos eruditos creen que el apóstol tenía alrededor de 50 años cuando escribió esto; sin duda, no era una persona de la tercera edad, según los parámetros actuales. Sin embargo, la expectativa de vida en aquellos tiempos era mucho menor. Aun así, a pesar de ser consciente de que ya era adulto, continuó sirviendo al Señor muchos años más.
 
Aunque experimentemos limitaciones físicas o de alguna otra clase, lo que realmente importa es que sigamos haciendo lo que podamos para el Señor hasta que Él nos llame a nuestro hogar celestial.

“Dios puede utilizarte a cualquier edad… si estás dispuesto.”

Lectura del día: Filemón 1:1-9

martes, 12 de julio de 2011

Reflexión martes, 12 de julio de 2011

Antigua escuela
Dave Branon

“Quiero, pues, […] que las mujeres se atavíen de ropa decorosa.” —1 Timoteo 2:8-9

A medida que rápida y forzosamente atravesamos la primera parte de este nuevo siglo, vemos que aumentan las personas que cuestionan los patrones respetables del pasado. Esto lo detalló claramente una joven estrella de la música pop; una muchacha que profesaba creer en Jesús.
 
Mientras discutía sobre los estándares de modestia en su vestimenta, descartó la crítica sobre su escasa ropa diciendo: «Eso es una escuela demasiado antigua».
 
Esta joven tiene, y no, razón. En cierto modo, es correcto, ya que los patrones de vestir para los creyentes son «antigua escuela»: se escribieron hace más de 2.000 años. Sin embargo, su actitud que supone que tales patrones pueden ser dejados de lado es incorrecta. En el sentido más preciso, los principios de la Biblia no son «antiguos», sino eternos. Aunque se escribieron hace siglos, continúan vigentes y aplicables.
 
Respecto al tema de la modestia, cuando la Biblia dice que las mujeres deben vestirse «de ropa decorosa» (1 Timoteo 2:9), aún está vigente la verdad de que no debemos vestirnos para captar la atención sobre la persona misma. Un principio más general, «No os conforméis a este siglo, sino transformaos…» (Romanos 12:2), es un mandato del año 2011 que puede guiarnos en el tema de cómo vestirnos.
 
Así que, si eres una estrella del pop o un habitual asistente a la iglesia, no te preocupes por ser de la «antigua escuela» si lo que estás haciendo está de acuerdo con el Libro.

“¿Mis elecciones dan la gloria a Dios o captan la atención hacia mi persona?”

Lectura del día: 1 Timoteo 2:8-10

lunes, 11 de julio de 2011

Reflexión lunes, 11 de julio de 2011

Riesgo ocupacional
Julie Ackerman Link

“… las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio.” —Filipenses 1:12

Mi ocupación son las palabras. Ya sea que esté escribiendo o editando, estoy utilizando palabras para transmitir ideas, para que los lectores puedan entender. Por lo general, puedo ver los errores en los escritos de otras personas (aunque, a veces, en los míos no) y determinar cómo solucionarlos.
 
Como editora, me pagan para ser crítica. Mi labor es ver qué está mal en la forma de usar las palabras. Esta habilidad se convierte en discapacidad cuando la traslado a mi vida personal y siempre busco lo que está mal. Centrarme en todo lo malo puede hacer que me pierda todo lo bueno.
 
El apóstol Pablo tenía razón para centrarse en lo que estaba mal en la iglesia de Filipos. Ciertas personas predicaban el evangelio motivadas por una ambición egoísta, para aumentar los sufrimientos de Pablo (Filipenses 1:16). No obstante, en vez de concentrarse en lo negativo, él prefirió fijarse en lo positivo y regocijarse en eso: Que se estaba predicando acerca de Jesucristo (v. 18).
 
Dios desea que tengamos discernimiento —que sepamos diferenciar entre el bien y el mal—, pero no quiere que centremos la atención en lo malo y que nos convirtamos en personas críticas y desanimadas. Aun en circunstancias que estén lejos de ser las ideales (Pablo estaba escribiendo desde la cárcel), podemos encontrar cosas buenas porque, en tiempos de dificultades, Dios sigue obrando.

“Cuando los problemas nublan tu visión, enfoca la mirada en Cristo.”

Lectura del día: Filipenses 1:12-18

domingo, 10 de julio de 2011

Reflexión domingo, 10 de julio de 2011

Perspectiva problemática
Joe Stowell

“Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; […] con nosotros está Jehová; no los temáis.” —Números 14:9

Es inevitable que los problemas invadan nuestra vida: Recibir un mal resultado de un estudio médico, que un amigo de confianza nos traicione, que un hijo nos rechace o que un cónyuge nos abandone. La lista de posibilidades es extensa, pero hay solo dos opciones: seguir adelante solos o acudir a Dios.
 
Enfrentar los problemas solos no es una buena idea, ya que puede llevar a tener conductas perjudiciales, a culpar a Dios y a hundirse en la derrota. Como les sucedió a los israelitas, podríamos perder el control y desesperarnos (Números 14:1-4).
 
Cuando la mayoría de los espías informó sobre los intimidantes gigantes y los peligros que estaban por delante, usaron seis veces verbos que hablaban de sus propias acciones, pero no se refirieron nunca al Señor (13:31-33). Los israelitas estaban en la cúspide de la bendición definitiva que Dios les había prometido. Habían sido testigos presenciales de los milagros en Egipto y sus pies habían caminado por el lecho seco del Mar Rojo, para obtener una victoria que dejó a todos boquiabiertos. La fidelidad de Dios se había evidenciado de manera asombrosa. ¡Qué mala memoria! ¡Qué decepcionante incredulidad! Lamentablemente, habían dado sus espaldas al Señor y abandonado la bendición.
 
Por el contrario, Caleb y Josué optaron por acudir a Dios con esta confianza: «… con nosotros está Jehová…» (14:9). Cuando se te aparezcan los gigantes, ¿qué harás?

“La presencia de Dios es un salvavidas que impide que el alma se hunda en un mar de problemas.”

Lectura del día: Números 13:25-14:9

sábado, 9 de julio de 2011

Reflexión sábado, 9 de julio de 2011

Reunión familiar
David C. McCasland

“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.” —1 Tesalonicenses 2:7

Durante los últimos 29 años, el encuentro anual Celebración de la Vida, en nuestra ciudad, reúne a miembros de una familia singular: médicos, enfermeras y personal del Hospital de Niños de Colorado Springs con ex pacientes de la unidad neonatal de cuidados intensivos. Algunos de ellos son bebés llevados en cochecitos mientras que otros ya son jóvenes. Sus padres los acompañan para agradecerles a aquellos que salvaron la vida a sus hijos y les dieron una segunda oportunidad. El artículo de Edward Paik en The Gazette citaba la sentida respuesta del Dr. Bob Kiley: «Para todo el equipo de trabajo, tanto en lo profesional como en lo personal, esto fortifica el porqué de hacer este trabajo».
 
Me pregunto si en el cielo habrá muchos momentos similares cuando los tutores espirituales y aquellos a quienes ayudaron cuando eran «bebés en Cristo» se reúnan para compartir historias y alabar a Dios. El Nuevo Testamento describe que Pablo, Silvano y Timoteo trabajaron entre los nuevos creyentes de Tesalónica con afecto, «como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos» (1 Tesalonicenses 2:7), y dando consuelo y ánimo, «como el padre a sus hijos» (v. 11).
 
Ayudar en una etapa crítica de su fe a los recién convertidos a Cristo es un trabajo de amor que será motivo de gran gozo en la reunión «familiar» en el cielo.

“Uno de los placeres del cielo será compartir nuestras historias terrenales.”

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 2:4-12

viernes, 8 de julio de 2011

Reflexión viernes, 8 de julio de 2011

El poder de una promesa
David H. Roper

“Por esto el hombre […] se unirá a su mujer.” —Mateo 19:5

Yo llevo sólo dos joyas: un anillo de bodas en el dedo y una pequeña cruz celta en una cadena alrededor del cuello. El anillo representa mi compromiso de ser fiel durante toda la vida a Carolyn, mi esposa. La cruz me recuerda que no sólo lo soy por amor a ella, sino también por causa de Jesús. Él me ha pedido que sea fiel a mi esposa hasta que la muerte nos separe.
 
Un matrimonio no es solo un contrato que podemos quebrantar pagando una indemnización. Es un compromiso sin igual cuyo propósito explícito es vinculante hasta que la muerte separe a las partes (Mateo 19:6). Las palabras «para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en salud y en enfermedad» consideran la posibilidad de que no será fácil cumplir con los votos. Las circunstancias pueden cambiar y también pueden hacerlo los cónyuges.
 
En el mejor de los casos, el matrimonio es complicado; abundan los desacuerdos y las adaptaciones difíciles. Si bien no deben vivirse relaciones abusivas y peligrosas, aceptar los problemas de la pobreza, de los inconvenientes y de las decepciones puede producir felicidad. Un voto matrimonial es una obligación de amarse, honrarse y cuidarse mutuamente durante toda la vida, porque Jesús nos pidió que así lo hiciéramos. Como lo expresó una vez un amigo mío: «Este es el voto que nos mantiene fieles aun cuando no tenemos ganas de cumplirlos».

“Amar es más que un sentimiento; es un compromiso.”

Lectura del día: Génesis 2:18-25

jueves, 7 de julio de 2011

Reflexión jueves, 7 de julio de 2011

El hombre cohete
Bill Crowder

“Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría.” —Salmo 55:6

Yves Rossy logró algo que la gente había soñado concretar desde el antiguo mito de Ícaro: voló. Conocido como el «Hombre Cohete», Rossy construyó un par de alas con una mochila con motor que usa su cuerpo como el fuselaje de una aeronave, mientras que dichas alas están adheridas a la parte posterior de su traje resistente al calor. Su primer vuelo fue cerca de Ginebra, Suiza, en 2004, y desde entonces ha realizado muchos trayectos exitosos.
 
El salmista David anhelaba tener alas para volar. En una época cuando lo perseguían enemigos que procuraban quitarle la vida, el rey de Israel exclamó: «¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría» (Salmo 55:6).
 
Tal como David, cuando enfrentamos presiones, maltratos, dificultades o angustias, quizá deseamos ser capaces de criar alas para poder escapar volando. Pero Jesús ofrece un camino mejor: en vez de huir de los problemas, nos invita a volar hacia Él. Dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, […] y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:28-29). En lugar de desear salir volando para escapar de las complicaciones, podemos llevárselas al Señor.
 
Huir no puede darnos paz, pero Jesús sí puede hacerlo.

“Dios nos da fuerza para enfrentar nuestros problemas, no para huir de ellos.”

Lectura del día: Salmo 55:1-8

miércoles, 6 de julio de 2011

Reflexión miércoles, 6 de julio de 2011

Tocar una vida
Anne Cetas

“No nos cansemos, pues, de hacer bien…” —Gálatas 6:9

A mi amigo Dan, que estaba a punto de graduarse de la escuela secundaria, le pidieron que diera el discurso de despedida. Tenía 15 minutos para compartir cómo había llegado hasta su último año de estudio y para agradecer a quienes lo habían ayudado en ese proceso.
 
Eché un vistazo por el salón antes de que él empezara a hablar. Había toda clase de personas: familias jóvenes, profesores, amigos, líderes de la iglesia y entrenadores. Comenzó mencionando cómo había impactado su vida cada persona. Una mujer había sido «como una tía, siempre presente». Un hombre de treinta y tantos años «solía compartirle de la Biblia y aconsejarlo». Otro le había «enseñado sobre la disciplina y la dedicación al trabajo». Un amigo de la iglesia lo había «llevado al entrenamiento de fútbol todos los días» porque su madre no podía. Una pareja lo había «tratado como si fuera su propio hijo». ¿Algo en común? Sí, todos eran creyentes sencillos que se habían ocupado de marcar una diferencia en su vida.
 
Pablo lo denominó hacer «bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10). Podemos ayudar a moldear la vida de una persona demostrando nuestro interés y actuando en consecuencia. Y, tal como sucedió con Dan, cosechar los frutos (v. 9).
 
Mira a tu alrededor. ¿Hay alguien cuya vida necesita de tu toque?

“Haz todo el bien que puedas, como puedas, para todos los que puedas, mientras puedas.”

Lectura del día: Gálatas 6:6-10

martes, 5 de julio de 2011

Reflexión martes, 5 de julio de 2011

Me llama amigo
Julie Ackerman Link

“…Todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer […] para que vayáis y llevéis fruto…” —Juan 15:15-16

Se ha definido la amistad como «conocer el corazón de otra persona y compartir el propio con alguien más». Compartimos el corazón con aquellos en quienes confiamos y nos fiamos de quienes se interesan por nosotros. Confiamos en nuestros amigos porque tenemos la certeza de que usarán la información para ayudarnos, no para perjudicarnos. Ellos, a su vez, confían en nosotros por la misma razón.
 
A menudo, nos referimos a Jesús como nuestro amigo porque sabemos que desea lo mejor para nosotros. Nos fiamos de Él porque le tenemos confianza. ¿Alguna vez pensaste en que Jesucristo confía en Su pueblo?
 
Jesús empezó a llamar a Sus discípulos amigos en lugar de siervos porque les había confiado todo lo que le había oído decir a Su Padre (Juan 15:15). El Señor les encomendó que usaran esa información para beneficio del reino de Dios.
 
Aunque sabemos que Jesús es nuestro amigo, ¿podemos decir que nosotros lo somos de Él? ¿Lo escuchamos o solo queremos que Él nos escuche a nosotros? ¿Deseamos saber lo que tiene en Su corazón o únicamente buscamos contarle lo que hay en el nuestro? Para ser amigos de Jesús, debemos escuchar lo que Él quiere que sepamos y, después, utilizar esa información para guiar a otros para que también sean amigos Suyos.

“La amistad de Cristo requiere nuestra fidelidad.”

Lectura del día: Juan 15:9-17

domingo, 3 de julio de 2011

Reflexión domingo, 3 de julio de 2011

¡Abre bien la boca!
Dennis Fisher

“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis…” —1 Pedro 2:2

Al comienzo de la primavera, mi esposa y yo presenciamos por la ventana de nuestra cocina un fascinante espectáculo de unas aves. Una pareja de mirlos, con paja en sus picos, entraba por una pequeña abertura en la casa de al lado. Un par de semanas después, nos deleitamos al ver cuatro avecillas que asomaban la cabeza por el agujero. Mamá y papá se turnaban para alimentar a los hambrientos bebés.
 
Ver las bocas bien abiertas de esas crías me recordó lo importante que es que los seguidores de Cristo deseen ansiosamente el alimento espiritual. En 1 Pedro 2:2, el apóstol Pedro usa la analogía de los bebés que ansían ser alimentados, y dice: «Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis…». La palabra griega traducida «desead» habla de un anhelo profundo. Es un término compuesto que significa «desear de todo corazón» o «anhelar».
 
Podría parecer extraño que se ordene anhelar algo de todo corazón. Sin embargo, a diferencia de las aves y de los bebés hambrientos, es preciso que a nosotros se nos recuerde la necesidad que tenemos de comida espiritual. Aunque nos hayamos alimentado con la Palabra en el pasado (v. 3), debemos darnos cuenta de que nuestra necesidad es constante y que, si no seguimos nutriéndonos, nos debilitaremos espiritualmente. Dios está ansioso por alimentar a Sus queridos hijos. Así que, ¡abre bien la boca!

“Descuidar la Palabra te hará morir de hambre el alma; meditar en ella te alimentará.”

Lectura del día: 1 Pedro 2:1-5

sábado, 2 de julio de 2011

Reflexión sábado, 2 de julio de 2011

¿Qué estás haciendo?
Dave Branon

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios.” —Efesios 5:15

Mientras estuvo en casa durante un tiempo, mi nieta Addie empezó a preguntar una y otra vez: «¿Qué estás haciendo, abuelo?». Ya sea que trabajara en la computadora, me pusiera los zapatos para salir, me sentara a leer o ayudara en la cocina, ella se ponía a mi lado y me preguntaba qué estaba haciendo.
 
Después de contestarle algunas decenas de veces, diciendo: «pagando cuentas», «yendo a la tienda», «leyendo el periódico», «ayudando a la abuela», llegué a la conclusión de que ella estaba haciendo una pregunta clave.
 
Contestarle a una niña curiosa sobre todo lo que hacemos es una cosa, pero responderle a Dios sobre nuestros actos es infinitamente más importante. ¿Acaso no sería útil pensar que el Señor se pone a nuestro lado en cualquier momento para preguntarnos: «Qué estás haciendo»? ¡Imagina cuántas veces nuestras respuestas parecerían sin sentido o vacías!
 
«Paso toda la tarde viendo televisión», «como más de lo que debo», «paso otro día entero sin hablar contigo», «discuto con mi cónyuge»… y la lista podría seguir, para vergüenza personal.
 
Se nos dice que debemos usar el tiempo de manera cuidadosa, teniendo en mente glorificar a Dios (1 Corintios 10:31; Colosenses 3:23). Pablo dijo: «… tengan cuidado de su manera de vivir» (Efesios 5:15 NVI). Así que, es una buena pregunta. Dios quiere saber: «¿Qué estás haciendo?».

“Cuídate de no gastar demasiado tiempo en asuntos de muy poca importancia.”

Lectura del día: Colosenses 3:12-17

viernes, 1 de julio de 2011

Reflexión viernes, 1 de julio de 2011

¿Cuestión de opinión?
Bill Crowder

“[Jesús] les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” —Mateo 16:15

Vivimos en una era dominada por toda clase de encuestas de opinión pública. La multitud influye en la toma de decisiones, y hasta cierto punto es bueno. Los sondeos pueden informarnos sobre las experiencias de la gente con determinados productos, y esto nos ayuda a comprar mejor. También brindan a los funcionarios gubernamentales una idea de cómo se reciben sus iniciativas políticas. Mientras que la información recogida es una cuestión de opinión personal, puede servir para determinar qué decidir en diversas cuestiones.
 
Sin embargo, en lo que respecta a la pregunta más importante para toda la eternidad, una encuesta de opinión pública no puede darnos la respuesta, sino que debemos responder en forma personal. En Mateo 16, Jesús llevó a Sus discípulos a Cesarea de Filipo y les hizo una pregunta sobre qué opinaba la gente: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (v. 13). Las respuestas fueron diversas y todas se complementaban, pero ninguna era la adecuada. Por esta razón, el Señor después inquirió: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 15). Pedro tuvo la contestación correcta: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (v. 16).
 
La opinión pública puede ser útil para responder a ciertos interrogantes, pero no a la pregunta esencial que definirá tu eternidad: ¿Quién dices tú que es Jesús? Si concuerdas con las Escrituras y pones tu fe en Cristo, tendrás vida eterna.

“La opinión no puede reemplazar la verdad de la Palabra de Dios.”

Lectura del día: Mateo 16:13-20