martes, 31 de agosto de 2010

Reflexión Martes, 31 de agosto de 2010

Rescatado
Anne Cetas

“Pero Dios, que es rico en misericordia, […] nos dio vida juntamente con Cristo.” —Efesios 2:4-5

Nerviosa, pero emocionada, Laura se subió a un kayak individual para experimentar una travesía de rafting en unos rápidos. Después de sujetarse a la canoa, se lanzó por el río con un grupo de guías y de aficionados a los kayaks.

Laura se puso aún más nerviosa cuando vio las cascadas que estaban por delante. De pronto, cuando el kayak voló por el aire y cayó en los rápidos, se dio vuelta. Le habían enseñado cómo salir rápidamente en caso de que eso sucediera. Sin embargo, al estar cabeza para abajo en el agua, se desorientó y no podía encontrar la barra para liberarse. Sabía que no podría mantener mucho más la respiración y pensó que pronto estaría en la presencia del Señor. Justo en el momento preciso, la ayuda llegó y se salvó. Sin duda, estaba muy agradecida de haber sido rescatada de la muerte física.

Un rescate aun mayor ha sido provisto para nosotros: la salvación de la muerte espiritual llega en la persona de Jesucristo. Cuando estábamos ahogándonos en el pecado, Dios envió a Su Hijo Jesús para dar vida mediante Su muerte y resurrección (Romanos 5:8; Efesios 2:5). Lo hizo porque Él «es rico en misericordia» y «por su gran amor» (Efesios 2:4).

Impulsados por nuestra gratitud, podemos ayudar a otros al contarles sobre el Salvador que necesitan con tanta desesperación.

“Quienes han sido rescatados deberían estar listos y dispuestos a ayudar a rescatar a otros.”

Lectura del día: Efesios 2:1-10

lunes, 30 de agosto de 2010

Reflexión Lunes, 30 de agosto de 2010

Lenguaje en común
Dave Branon

“Pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: al dios no conocido.” —Hechos 17:23

Durante el viaje de ministerio de primavera que los alumnos del colegio secundario hicieron a Jamaica, visitaron un hogar para jóvenes problemáticos que habían transgredido la ley o cuyas familias no podían controlarlos.

No era una situación cómoda para ninguno de ellos, debido a sus culturas diferentes. ¿De qué hablarían? ¿Cómo se relacionarían?

No llevó mucho tiempo averiguarlo. A los pocos minutos de llegar, comenzó un encuentro de fútbol, ya que varios de los alumnos estadounidenses invitaron a algunos jóvenes jamaiquinos a participar de una competencia briosa.

El partido de fútbol fue fundamental para romper el hielo y les dio la oportunidad de conocerse mientras pateaban el balón de un lado al otro. Después del juego, la charla se hizo más fácil y las amistades se entablaron con mayor rapidez porque tenían un interés en común.

En Hechos 17, el apóstol Pablo demostró cómo hacer para sortear barreras y establecer un diálogo. Habló con los atenienses sobre algo que era un interés compartido: la adoración. Asimismo, nosotros podemos usar los deportes para hablar con los compañeros de trabajo o el tema de cortar el césped en el caso de un vecino. Las posibilidades son ilimitadas.

Para llegar a la gente que necesita escuchar sobre el amor de Dios, busquemos un lenguaje en común… y observemos cómo desaparecen las barreras.

“El amor de Dios puede echar abajo cualquier barrera.”

Lectura del día: Hechos 17:22-32

domingo, 29 de agosto de 2010

Reflexión Domingo, 29 de agosto de 2010

Imposible no cantar
David C. McCasland

“Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva.” —Salmo 146:2

Robert Lowry creía que su mayor contribución a la vida era predicar. Sin embargo, a este pastor del siglo xix se lo recuerda más por su música y sus himnos del evangelio. Lowry compuso la letra o la música de más de 500 canciones, entre las cuales están: «Crucificado fue mi Salvador», «Señor, que tú me ayudes» y «Ve cristiano y predica».

En 1860, cuando los Estados Unidos tambaleaban al borde la guerra civil, Lowry escribió estas perdurables palabras que no se centran en las amenazadoras circunstancias, sino en el Cristo inmutable:

Aunque mi gozo y mi consuelo mueran, Aunque la oscuridad sea lo que me rodea, ¡El Señor, mi Salvador, vive!

Ninguna tormenta puede alterar mi profunda calma,

A su cuidado me voy a aferrar.

Cristo es Señor del cielo y de la tierra,

¿Cómo podría dejar de cantar? [Trad. lit.]

La confianza en Dios que tenía Lowry durante los momentos difíciles hace eco de las palabras del salmista: «No confíes en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. […] Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios» (Salmo 146:3-5).

Reaccionar con fe o con temor ante las circunstancias de la vida dependerá de lo que llene nuestra mente. Si sabes que «reinará Jehová para siempre» (v. 10), ¿cómo podrías dejar de cantar?

“Si estás a tono con Cristo, puedes cantar aun en la oscuridad.”

Lectura del día: Salmo 146

viernes, 27 de agosto de 2010

Reflexión Viernes, 27 de agosto de 2010

Cerca y lejos
Julie Ackerman Link

“Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino.” —Salmo 119:37

Todo estaba tranquilo en nuestro jardín. Mientras yo trabajaba sobre la mesa del patio, nuestra perra Maggie yacía junto al césped. Un leve remolino de hojas secas cambió la situación. Maggie se levantó y, en un instante, daba vueltas alrededor de un árbol donde una ardilla se aferraba con firmeza al tronco.

Cuando la llamé, Maggie se me acercó, pero no pude hacer que me mirara, ya que su cuello estaba rígidamente fijo en otra dirección. Aunque físicamente estaba cerca de mí, sus pensamientos y sus deseos se enfocaban en aquella ardilla.

Maggie y la ardilla me hicieron recordar con cuánta rapidez nos concentramos en cosas que quitan nuestra mirada de Jesús. Las antiguas tentaciones, las nuevas responsabilidades o los permanentes deseos de obtener bienes y placer pueden desviar de inmediato mi atención de Aquel que conoce y desea lo mejor para mí.

Los fariseos padecían una condición espiritual similar (Mateo 15:8-9). Servían en el templo e instruían a los demás, pero sus corazones estaban lejos de Dios.

Nosotros también podemos enseñar y servir en la iglesia, pero estar alejados del Señor. Incluso nuestras actividades religiosas pierden sentido cuando no tenemos la mirada puesta en Jesús. Sin embargo, si dejamos de ser «duros de cerviz» (Hechos 7:51), el Señor puede hacernos desviar los ojos de las cosas insignificantes y reavivar nuestro corazón.

“Cuando Cristo es el centro de nuestra vida, todo lo demás se reubica.”

Lectura del día: Mateo 15:7-20

jueves, 26 de agosto de 2010

Reflexión Jueves, 26 de agosto de 2010

¿Más viejo o mejor?
Joe Stowell

“… aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” —2 Corintios 4:16

Sabemos que estamos envejeciendo cuando decimos cosas como: «¿Puedes creer lo jóvenes que son esos jugadores profesionales de fútbol?». Y, sin duda, es una señal de vejez cuando ya no preguntamos: «¿Cómo estás?», sino que decimos como sorprendidos: «Oye, ¡qué bien que estás!».

Envejecer es inevitable. Lamentablemente, la sociedad nos enseña a temer el paso de los años y a ocultar su realidad todo lo posible. Sin embargo, la vejez puede ser algo maravilloso. Los seguidores de Jesús tienen la capacidad de mejorar notoriamente con los años. Como expresó Pablo: «Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día» (2 Corintios 4:16).

Así como hay señales físicas que revelan que nos estamos poniendo viejos, también hay marcas que muestran una mejoría. En lugar de volverse testarudos, intolerantes y odiosos, los seguidores de Cristo, espiritualmente maduros, se tornan mejores para perdonar, amar y ocuparse de los demás. Envejecer es una continuación del viaje que lleva a ser más como Jesús, lo cual significa que, con el paso del tiempo, el corazón y las actitudes deberían reflejar cada vez más el carácter convincente y los modales atractivos de nuestro Salvador.

Entonces, mientras envejecemos, aprovechemos la oportunidad de crecer espiritualmente y de parecernos más a Jesús. Nuestros amigos notarán que, con los años, estaremos mejor.

“No solamente envejezcas; mejora como seguidor de Jesús.”

Lectura del día: 2 Corintios 4:16-18

miércoles, 25 de agosto de 2010

Reflexión Miércoles, 25 de agosto de 2010

Buscar el sol
Anne Cetas

“No […] aparté mi corazón de placer alguno.” —Eclesiastés 2:10

Cuando los días son soleados y cálidos, a Diana y a David les encanta andar en sus esquís a chorro en el lago, casi volando por encima de la superficie del agua. Sin embargo, una mañana, el día estaba fresco y bastante nublado, y Diana no podía convencer a su compañero de salir a navegar. Entonces, fue sola. Hacía tanto frío que iba de un lado a otro del lago tratando de mantenerse al sol para calentarse un poco. Sin embargo, cada vez que llegaba a una zona soleada, las nubes se movían y aparecía la sombra. Al darse cuenta de lo inútil y tonto que era buscar el sol, finalmente se rindió, porque no conseguía lo que ella quería.

El rey Salomón hizo otra clase de búsqueda que no pudo satisfacerlo (Eclesiastés 2:1). Ya en los primeros once versículos del capítulo 2, menciona que fue tras la alegría, la risa, el vino, la sabiduría, las casas, los jardines, el dinero, las posesiones y la música. Sin embargo, su conclusión fue que «todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol» (2:11). Esas búsquedas era inútiles, «vanidad de vanidades» (1:2). Con sabiduría, concluyó diciendo: «Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre» (12:13).

¿Estás persiguiendo algunas de las mismas cosas que buscó Salomón? Es una persecución inútil. Lo beneficioso y lo satisfactorio sólo procede de conocer y de obedecer a Dios.

“Sólo Dios puede llenar un corazón vacío.”

Lectura del día: Eclesiastés 2:1-11

martes, 24 de agosto de 2010

Reflexión Martes, 24 de agosto de 2010

¿Estás contento?
Albert Lee

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” —1 Tesalonicenses 5:18

Una vez, un poeta escribió: «En general, el ser humano es insensato. Cuando hace calor, quiere frío; cuando hace frío, quiere calor. Siempre quiere lo que no está».

¡Qué reflexión inteligente sobre la naturaleza humana! Por eso, cuando leemos en Filipenses 4:11, «… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación», nos preguntamos: ¿Será posible sentirse así?

Para Pablo lo era. Filipenses 4:12-13 describe la actitud del apóstol ante la vida: «Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (NVI). La comunión de Pablo con Dios estaba por encima de lo que tuviera o de lo que le faltara. Su contentamiento no dependía de las circunstancias, sino de su relación con Cristo.

El apóstol nos recuerda que el contentamiento no se produce de la noche a la mañana. Es algo que se aprende. A medida que nuestra relación con Dios se desarrolla, con el tiempo y las experiencias, aprendemos a confiar más en Él y menos en nosotros. Pablo sabía que Cristo le daría fuerzas para perseverar en toda situación en que se encontrara (v. 13).

Cualesquiera que sean las circunstancias que enfrentes hoy, mediante la oración podrás recibir la fortaleza necesaria para estar contento.

“Hallamos contentamiento en el mismo lugar donde encontramos la salvación: en Cristo.”

Lectura del día: Filipenses 4:4-13

lunes, 23 de agosto de 2010

Reflexión Lunes, 23 de agosto de 2010

Empezar joven
Dave Branon

“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, […] entenderás el temor de Jehová.” —Proverbios 2:1,5

Addie estaba un poco preocupada. Un domingo, antes de estar todos sentados a la mesa para almorzar, alguien había empezado a comer. Fue entonces que nuestra nieta de tres años dijo: «Todavía no oramos». Le preocupaba que nos olvidáramos de dar gracias.

Su preocupación era una buena señal, ya que demostraba que, a su corta edad, comenzaba a establecer uno de esos buenos hábitos que los padres les enseñan a los hijos como parte de sus instrucciones para la vida. Por ejemplo, esta pequeña rutina la ayuda a ver la importancia de la oración y de la gratitud, las cuales pueden ser un recurso poderoso para ella en los años que tiene por delante.

No es fácil criar a los hijos en una era hostil a la fe cristiana. Los padres se preguntan cuál es la mejor manera de ayudar a sus hijos a confiar en el Salvador y a vivir una vida agradable para Él. Proverbios indica que una clave para orientar a los hijos es mediante la instrucción diligente de los padres (1:8) sobre temas tales como prestar atención a la sabiduría (2:2), buscar discernimiento (2:3), entender qué significa temer al Señor (2:5), recordar la enseñanza de sus progenitores (3:1) y lograr cordura (4:1). Estas cosas se convierten en hábitos cuando los padres instruyen y los hijos retienen esas enseñanzas (4:1-4).

¿Tienes hijos o nietos? Nunca son demasiado pequeños para empezar a enseñarles cómo vivir una vida sabia.

“El carácter de tu hijo mañana depende de lo que coloques en su corazón hoy.”

Lectura del día: Proverbios 2

domingo, 22 de agosto de 2010

Reflexión Domingo, 22 de agosto de 2010

Fe en la Biblia
Dennis Fisher

“No […] siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.” —2 Pedro 1:16

Los libros para niños Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis, simbolizan la verdad cristiana. En El príncipe Caspian, el autor narra la historia de un tirano que usurpó el trono de la tierra encantada de Narnia. Su sobrino menor, el príncipe Caspian, oye sobre el gran rey de Narnia quien había muerto y resucitado para destruir el poder del mal. Su tío descarta el relato porque lo considera un cuento de hadas. Sin embargo, más tarde, el muchacho descubre que la antigua historia es real.

Lewis intentó ilustrar la idea de que los escépticos suelen despreciar la antigua historia de Cristo y considerarla un mito. Pero, al igual que los eruditos bíblicos actuales, estaba convencido de que las pruebas históricas confirman la autenticidad del registro de la vida sobrenatural de Jesús. Sir Frederic Kenyon, ex director del Museo Británico, tenía la misma convicción sobre la confiabilidad de la Biblia. Al respecto, escribió: «Tanto la autenticidad como la integridad general de los libros del Nuevo Testamento pueden considerarse […] comprobadas».

Los apóstoles tenían la misma fe en el historial de Jesús: «… No os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad» (2 Pedro 1:16).

Podemos estar seguros de que el relato bíblico del Rey de reyes es un registro histórico verídico.

“En un mundo cambiante, puedes confiar en la Palabra inalterable de Dios.”

Lectura del día: 2 Pedro 1:3-16

sábado, 21 de agosto de 2010

Reflexión Sábado, 21 de agosto de 2010

Promesas, promesas
David C. McCasland

“Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.” —Génesis 21:2

Cuando la gente dice suspirando: «Promesas, promesas», suele ser porque se ha desilusionado de alguien que no cumplió con su palabra. Cuanto más sucede esto, mayor es la tristeza y más profundo el suspiro.

¿Alguna vez te pareció que Dios no cumple Sus promesas? Con el tiempo, esta actitud puede instalarse de manera sutil.

Después que Dios le prometió a Abraham: «Haré de ti una nación grande» (Génesis 12:2), pasaron 25 años antes del nacimiento de su hijo Isaac (21:5). Durante ese período, Abraham cuestionó al Señor porque ese hijo no llegaba (15:2). Tal es así, que recurrió a ser padre a través de la sierva de su esposa (16:15).

De todos modos, en medio de esos altibajos, Dios continuaba recordándole que había prometido darle un hijo y, entre tanto, lo instaba a seguirlo fielmente y a creer en Él (17:1-2).

Cuando reclamamos alguna de las promesas que el Señor hace en la Biblia, ya sea de darnos paz mental, coraje o provisión para suplir nuestras necesidades, nos estamos colocando en Sus manos y ajustando a Sus plazos. Mientras esperamos, puede parecer que el Señor se ha olvidado de nosotros; sin embargo, la confianza se aferra a la realidad de que, cuando nos apoyamos en Sus promesas, Él permanece fiel. La seguridad está en nuestro corazón, y el tiempo, en Sus manos.

“Todas las promesas de Dios están respaldadas por Su sabiduría, por Su amor y por Su poder.”

Lectura del día: Génesis 12:1-4; 21:1-7

viernes, 20 de agosto de 2010

Reflexión Viernes, 20 de agosto de 2010

Hora de crecer
Bill Crowder

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.” —1 Corintios 3:1

Mientras miraba algunas tarjetas de cumpleaños en una tienda de regalos, encontré una que me hizo reír. El mensaje decía: «Sólo eres joven una vez, pero puedes ser inmaduro siempre». Esa tarjeta estimuló mi sentido del humor. No tener que crecer posee cierto atractivo, como puede atestiguar todo admirador de Peter Pan.

Sin embargo, todos sabemos que la inmadurez perpetua no es sólo inadecuada, sino también inaceptable. En el caso de los creyentes, es vital que maduremos. Después de nacer de nuevo y de convertirnos en seguidores de Cristo, se espera que dejemos de ser bebés espirituales. Las Escrituras nos desafían a crecer para asemejarnos más al Señor.

Al escribirle a la iglesia en Corinto (una congregación muy problemática), Pablo dijo que las dificultades que atravesaba se debían a la falta de desarrollo espiritual de sus miembros. En 1 Corintios 3:1, señaló: «Hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo».

¿Cómo crecemos para dejar de ser bebés espirituales? Pedro insistió: «Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:18). Esto lo logramos al meditar en la Palabra de Dios y al dedicarnos a la oración (Salmo 119:97-104; Hechos 1:14). Como en el caso de la iglesia de Corintio, tal vez para nosotros también sea hora de crecer.

“El crecimiento espiritual se produce cuando se cultiva la fe.”

Lectura del día: 1 Corintios 3:1-17

jueves, 19 de agosto de 2010

Reflexión Jueves, 19 de agosto de 2010

La mascota de Mozart
Dennis Fisher

“… las aves de los cielos; cantan entre las ramas.” —Salmo 104:12

Mozart es considerado un genio de la composición musical. En una ocasión, aun el canto de un ave lo inspiró. Tenía de mascota un estornino cuyo canto le fascinaba tanto que, según dicen algunos, escribió una pieza musical basada en la melodía que escuchaba en su gorjeo.

Los pájaros también inspiraban al salmista. En el Salmo 104, el escritor alaba a Dios por las criaturas vivientes que puso en la tierra. Entre las cosas que observaba, estaban las aves que volaban en las alturas de los cielos, que se asentaban sobre ramas de árboles y que cantaban melodías que brotaban de corazones gozosos: «A sus orillas habitan las aves de los cielos; cantan entre las ramas» (v. 12). La naturaleza llenaba el corazón del salmista de alabanza a Dios, y yo creo que incluía los sonidos musicales de los pájaros.

A menudo, las maravillas que vemos en la creación nos impulsan a adorar. Este tema se repite a lo largo de toda la Escritura: «Los cielos cuenta la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1). El estímulo de la creación para la alabanza no necesita limitarse a lo visual, sino que también puede incluir el escuchar los cánticos de la naturaleza. Mientras desandamos nuestra rutina diaria, podemos sintonizar nuestro corazón con las melodías que Dios ha colocado en Sus criaturas y permitir que actúen como una plataforma adicional para alabar al Creador.

“La naturaleza toda es una grandiosa sinfonía dirigida por el Creador.”

Lectura del día: Salmo 104:1-13

miércoles, 18 de agosto de 2010

Reflexión Miércoles, 18 de agosto de 2010

Rutina rutinaria
Julie Ackerman Link

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado.” —Salmo 143:8

El verano es mi estación favorita. Me encantan los días tranquilos cuando puedo dejar de lado algunas de mis rutinas sin sentirme culpable. Hacer cosas nuevas, visitar lugares desconocidos y darme tiempo para recorrer «circuitos turísticos» me renuevan el espíritu y me dan más entusiasmo para vivir y para trabajar.

Sin embargo, el verano también puede ser una época peligrosa porque da lugar a abandonar buenos hábitos. Ciertas rutinas son buenas, ya que aumentan nuestra eficacia y aseguran que las cosas importantes se concreten. Después de todo, debemos tener horarios y lugares determinados para ciertas actividades; de lo contrario, el mundo sería un caos. La creación está diseñada para funcionar en forma ordenada y, como parte de ella, nosotros también. Necesitamos comer y dormir a intervalos sistemáticos.

A veces, oímos advertencias legítimas en contra de permitir que una rutina se convierta en algo rutinario. No obstante, la Biblia indica que es bueno establecer horarios para ciertas cosas. David señaló que, para él, la mañana era el momento propicio para alabar a Dios y pedirle Su dirección (Salmos 5:3; 143:8). Daniel oraba tres veces por día y ni siquiera la amenaza de muerte le hizo cambiar su rutina.

Mientras disfrutamos días de esparcimiento, no debemos descuidar el pasar tiempo con Dios. Saborear el alimento espiritual es una rutina para todas las estaciones.

“Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas.” —Isaías 40:31

Lectura del día: Daniel 6:1-10

martes, 17 de agosto de 2010

Reflexión Martes, 17 de agosto de 2010

Verdadera prosperidad
Joe Stowell

“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” —Marcos 10:23

Hace unos años, el imperio bancario Citicorp presentó unas carteleras sobre el dinero: «El dinero cambia de manos: ¡Asegúrate de que no te cambie por completo!» y «Si la gente dice que estás hecho de dinero, ¡deberías tratar tu personalidad!». Estos anuncios daban una perspectiva innovadora sobre las riquezas.

Dios también presenta un matiz sorprendente sobre este tema. Según Él, uno puede tener «abundancia» en tesoros mundanos y, aun así, una profunda pobreza en el alma. O, por el contrario, ser pobre en cosas terrenales, pero lujosamente rico según los estándares divinos.

El poder desequilibrante de la riqueza me trae a la mente la historia del joven rico. Después de dialogar sobre la vida eterna, Jesús le pidió que vendiera todas sus posesiones, que les diera el dinero a los pobres y que lo siguiera. Lamentablemente, el hombre «se fue triste, porque tenía muchas posesiones» (Marcos 10:22). Esto dio lugar a la enseñanza del Señor a Sus discípulos: «¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!» (v. 23).

No significa que Jesús esté en contra de la riqueza, sino que, simplemente, lo entristece todo lo que valoramos más que a Él. Podemos trabajar mucho y ganar dinero, pero, cuando esto es el principal objetivo de nuestra vida, el Señor queda de lado. La clave de la verdadera prosperidad es colocar a Dios como lo primero y primordial en nuestra vida.

“No permitas que las riquezas (o su búsqueda) te desvíen de buscar a Jesús.”

Lectura del día: Marcos 10:17-23

lunes, 16 de agosto de 2010

Reflexión Lunes, 16 de agosto de 2010

Amor mutuo
Cindy Hess Kasper

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” —Juan 13:35

Tienes que esforzarte para ofender a los creyentes. Por naturaleza, son el grupo de personas más perdonador, comprensivo y considerado con que he tratado. Nunca suponen lo peor. Valoran la importancia de tener perspectivas diferentes. Son lentos para enojarse, rápidos para perdonar y casi nunca juzgan con dureza ni actúan con un espíritu que no sea de amor total… No, aguarda un momento, ¡estaba pensando en los perros golden retriever!

Me reí cuando leí esto en un mensaje de correo electrónico. Sin embargo, al haber tenido experiencia con esta raza de perros (y también con cristianos), ¡creo que es cierto que, a veces, los creyentes se enojan con demasiada facilidad! «El director del coro siempre le da los solos a ella». «El pastor ni me miró cuando me dio la mano para saludarme». «Hago de todo aquí; la gente debería valorarme un poco más».

Enojo. Resentimiento. Orgullo. Es verdad, en ocasiones, es necesario ocuparse de las cuestiones entre creyentes. Pero ¿qué pasaría si siempre intentáramos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros (Mateo 7:12), si no fuéramos tan rápidos para juzgarlos en vez de para perdonarlos (Lucas 6:37) y si demostráramos un poquito de humildad (Filipenses 2:3)?

¿Y qué sucedería si el mundo reconociera, sin ninguna duda, que somos seguidores de Jesús por el amor que tenemos «los unos con los otros» (Juan 13:35)? ¿Es una realidad en nuestro caso?

“A veces, el mejor testimonio es el amor.”

Lectura del día: Juan 13:33-35

sábado, 14 de agosto de 2010

Reflexión Domingo, 15 de agosto de 2010

El más fuerte
C. P. Hia

“Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder.” —Salmo 93:1

Las Cataratas del Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil, es un espectacular conjunto de saltos de agua con 275 cascadas en una extensión de 2,7 km (1,67 millas) del Río Iguazú. Del lado brasilero, grabadas sobre un muro, están las palabras del Salmo 93:4: «El Señor, en las alturas, se muestra poderoso: más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más poderoso que los embates del mar» (NVI). Debajo de este texto, aparecen estas palabras: «Dios siempre es mayor que todos nuestros problemas».

El autor del Salmo 93, que escribió sus palabras en una época cuando gobernaban reyes, sabía que, en definitiva, Dios es Rey por sobre todos. «Jehová reina», declaró. «Firme es tu trono desde entonces; tú eres eternamente» (vv. 1-2). Por más altas que sean las olas y furiosas las inundaciones, el Señor sigue siendo mayor que todo.

El rugir de las cascadas es ciertamente majestuoso, pero es muy distinto estar en medio de las aguas que corren a toda velocidad hacia ellas. Quizá hoy estés en una situación así. Los problemas físicos, financieros o relacionales amenazan con ser cada vez peores y te sientes como si fueras a caer por las cataratas. En situaciones semejantes, los creyentes tienen Alguien a quien acudir: el Señor «que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Efesios 3:20), porque es mayor que todos nuestros problemas.

“Nunca midas el poder ilimitado de Dios según tus limitadas expectativas.”

Lectura del día: Salmo 93

viernes, 13 de agosto de 2010

Reflexión Viernes, 13 de agosto de 2010

Libertad
David C. McCasland

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.” —Romanos 13:8

Hace mucho tiempo, mi esposa decidió que conducir dentro de los límites de velocidad le da una maravillosa sensación de libertad. Ella me dice: «Jamás necesito un radar que detecte a qué velocidad voy, nunca tengo que frenar cuando veo una patrulla policial ni tampoco me preocupo por la posibilidad de tener que pagar una multa por exceder los límites permitidos». Aun en viajes largos, cuando los kilómetros parecen convertirse en una lenta rutina, ella coloca el control de crucero a la velocidad permitida y disfruta del trayecto. «Además —me recuerda—, es la ley».

Romanos 13:1-10 habla de nuestra responsabilidad ante la autoridad del gobierno humano y la de la ley de Dios. Cuando obedecemos a las autoridades gubernamentales, no debemos temer el castigo, y nuestra conciencia está tranquila porque estamos haciendo lo correcto (vv. 3,5).

Pablo instó a los seguidores de Cristo, que vivían en Roma, a darles a las autoridades del gobierno lo que correspondía, fueran impuestos, rentas, respeto u honra (v. 7). No obstante, fue más allá de los reglamentos humanos al escribir: «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley» (v. 8).

Nuestro deber es obedecer la ley de los hombres y nuestro privilegio consiste en cumplir la ley de Dios al amar a los demás. Además, la Suya es «la ley perfecta que da libertad» (Santiago 1:25 NVI).

“Cumplimos la ley humana por obediencia y la ley de Dios por amor.”

Lectura del día: Romanos 13:1-10

jueves, 12 de agosto de 2010

Reflexión Jueves, 12 de agosto de 2010

Vínculos valiosos
Anne Cetas

“Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” —Romanos 12:5

Me dio mucha alegría cuando escuché que David estaba en la oficina para asistir a una reunión del directorio. Ambos teníamos una amiga en común, Sharon, que había muerto hacía varios años. Pasamos unos minutos recordándola y hablando de su amor a la vida y a Dios. ¡Qué placer conectarse con una persona que ha amado a alguien que uno también amó! Hay un vínculo especial porque les encanta hablar de esa persona querida.

Quienes conocemos a Jesucristo como Salvador tenemos vínculos aun más estrechos. Estamos eternamente conectados con Él y los unos con los otros. «Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros», dice Pablo en Romanos 12:5. El creyente en Cristo «es nacido de Dios» y ama al que «ha sido engendrado por él» (1 Juan 5:1).

Cuando nos reunimos con otros creyentes, tenemos oportunidad de hablar de Aquel a quien amamos —Cristo— y del amor, el perdón y la gracia que hemos experimentado en Él por Su muerte y resurrección (4:9-10). En esas ocasiones, podemos alentarnos mutuamente para seguir confiando en el Señor y para estimularnos unos a otros a ser fieles en nuestro andar cristiano.

El próximo domingo y durante toda la semana, recordémosles a los demás creyentes todo lo que Jesús ha hecho y lo verdaderamente maravilloso que es el Señor.

“Cuanto más amas a Jesús, más hablas de Él.”

Lectura del día: 1 Juan 4:7-5:1

miércoles, 11 de agosto de 2010

Reflexión Miércoles, 11 de agosto de 2010

Cópienme
Marvin Williams

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” —1 Corintios 11:1

Un día, al sentarnos a la mesa, mi hijo mayor comenzó a protestar diciendo que su hermanita «siempre» copiaba lo que él hacía. Cuando ella lo imita al reírse o al comer las papas fritas antes que la hamburguesa, él se enoja. Mi esposa y yo tratamos de hacerle entender que esa era su oportunidad de influir en ella al ser un buen ejemplo.

A diferencia de mi hijo, Pablo invitaba a los demás a copiar su ejemplo (1 Corintios 11:1). En este versículo, concluyó el tema del capítulo 10 donde afirmaba que los corintios amaban lo suficiente a los demás como para limitar sus propias libertades. Decía que, cuando un incrédulo los invitaba a su casa para compartir los alimentos, tenían libertad de comer lo que les ofrecieran (v. 27). No obstante, si comer carne ofrecida a los ídolos hacía que otro creyente se cuestionara si lo que estaba haciendo era correcto, debían restringir su libertad para bien del creyente «más débil» (v. 28).

Pablo instó a la gente a seguir su ejemplo en este sentido, así como él seguía el ejemplo de Cristo. El apóstol no buscaba su bienestar personal, sino el de los demás, al imitar el ejemplo de amor, unidad, aceptación y sacrificio de Jesús.

Asimismo, nosotros debemos seguir el ejemplo del Señor hasta el más mínimo detalle, de modo que podamos decirles con confianza a nuestros hermanos y hermanas: «Cópienme como yo copio a Cristo».

“Vive una vida digna de imitar al imitar a Cristo.”

Lectura del día: 1 corintios 10:23-11:1

martes, 10 de agosto de 2010

Reflexión Martes, 10 de agosto de 2010

Ahora no es siempre
Julie Ackerman Link

“Ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” —Apocalipsis 21:4

«Piensa en lo bien que te vas a sentir cuando deje de doler», decía mi padre. Cuando era niña, solía recibir este consejo de mi papá; en general, después de algún golpecito o raspón sin importancia que desencadenaba una exorbitante reacción dramática de mi parte. En aquella época, el consejo no me servía, porque en lo único que podía pensar era en mi dolor, ante el cual, la única reacción apropiada eran gemidos a toda voz acompañados de baldes de lágrimas.

No obstante, con el paso de los años, el consejo de mi padre me ha ayudado a atravesar algunas situaciones verdaderamente angustiosas. Ya sea que se tratara del dolor de un corazón quebrantado o de la tristeza de una enfermedad interminable, recordaba: Ahora no es siempre.

La confianza que tenemos como creyentes es que Dios tiene un buen plan para nosotros. El sufrimiento no formó parte de Su creación original, pero sirve de recordatorio temporal de lo que sucede en un mundo donde el orden divino ha sido quebrantado. También nos motiva a comunicar el mensaje del plan de Dios para redimir a la humanidad del sufrimiento causado por el pecado.

Aunque no podemos evitar el dolor ni la decepción (Juan 16:33), sabemos que son sólo transitorios. Algunas angustias se aliviarán en esta vida, pero todas desaparecerán cuando Dios, en definitiva y con autoridad, establezca Su cielo nuevo y tierra nueva (Apocalipsis 21:1). Ahora no es siempre.

“Las pérdidas en la tierra ni siquiera se comparan con las ganancias del cielo.”

Lectura del día: Apocalipsis 21:1-5

lunes, 9 de agosto de 2010

Reflexión Lunes, 9 de agosto de 2010

Vida con sentido
David H. Roper

“Acordaos de [quienes] os hablaron la palabra de Dios, […] e imitad su fe.” —Hebreos 13:7

Isaac Hann fue un pastor casi desconocido que sirvió en una pequeña iglesia en Loughwood, Inglaterra, a mediados del siglo xviii. Al final de su ministerio, los miembros de la iglesia sumaban 26 mujeres y 7 hombres. Y de esos hombres, sólo 4 asistían con cierta regularidad.

En una era de medios masivos y de mega-iglesias, ¿quién pensaría que esa fue una labor exitosa? En nuestro mundo actual, Isaac Hann sería considerado uno de esos pastores que nunca «lograron nada». Sin duda, no lo habrían invitado como orador a ninguna conferencia de pastores ni habría escrito ningún artículo sobre crecimiento de la iglesia.

Sin embargo, cuando murió, a los 88 años de edad, sus feligreses colocaron una placa en la pared de su salón de reuniones, la cual se conserva hasta el día de hoy. Una parte dice: Pocos pastores fueron tan humildes; aun así, pocos fueron tan admirados; tras madurar para el cielo por la gracia divina, como fruto de otoño cayó; lector, no pienses en vivir tanto como él vivió, sino busca hacerlo imitando su bondad.

Me viene a la mente Primera Pedro 5:5-6: «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo». El reverendo Isaac Hann «logró lo máximo» de la manera que realmente importa: con humildad ante Dios y una recompensa en el cielo. Nosotros también podemos hacerlo.

“La humildad es la receta para el éxito.”

Lectura del día: 1 Pedro 5:1-7

domingo, 8 de agosto de 2010

Reflexión Domingo, 8 de agosto de 2010

Lección del jején
Dennis Fisher

“No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.” —Hebreos 3:8

Durante una de mis caminatas diarias, sin darme cuenta, pasé entremedio de un pequeño tornado de diminutos insectos. En ese momento, no presté mucha atención a lo sucedido, pero más tarde, descubrí toda clase de picaduras en mis tobillos y en mis brazos. Al parecer, había atravesado un enjambre de jejenes que me produjeron mucha picazón y llagas molestas.

Esa experiencia me dio una nueva perspectiva sobre la plaga de jejenes con que Dios castigó Egipto cuando el faraón no dejaba en libertad a los israelitas. En Éxodo 8:16-18, la palabra hebrea traducida «piojos» también puede significar «jejenes» o «mosquitos». Como a esos insectos se los comparó con la arena del desierto, lo más probable es que haya sido un enjambre de jejenes. Los sacerdotes paganos del faraón, que se jactaban de bañarse y rasurarse con frecuencia, allí estaban cubiertos de innumerables picaduras de insectos. Dios había enviado esa plaga para hacer que el monarca egipcio se arrepintiera y dejara ir al pueblo de Israel; sin embargo, su corazón se endureció.

¿Dios está tratando de captar tu atención con algunas circunstancias de tu vida? ¿Está intentando persuadirte para que vuelvas a caminar en comunión con Él? (Gálatas 5:25). Debemos resistir la tendencia a endurecer nuestro corazón y, en su lugar, someternos al Señor (Santiago 4:6-8) y preguntarle qué lecciones espirituales quiere que aprendamos.

“Dios nos hace sentir tristes al convencernos de pecado y gozosos al confesarlos.”

Lectura del día: Éxodo 8:16-19

sábado, 7 de agosto de 2010

Reflexión Sábado, 7 de agosto de 2010

¿De qué se trata?
Bill Crowder

“Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.” —Romanos 9:3

Hace poco, estaba en un centro de compras repleto de gente y vi una mujer que se abría paso entre la multitud. Lo que me llamó la atención fue el mensaje en la camiseta que llevaba puesta, escrito con grandes letras mayúsculas: lo único que importa soy yo. Su proceder reafirmaba las palabras de su ropa.

Me temo que ella no es la única que piensa así. Hay tantos hombres y mujeres que expresan ese mensaje, que podría convertirse en el lema de nuestro mundo moderno. Sin embargo, para los seguidores de Cristo, esa afirmación es incorrecta. Nosotros no somos lo único que importa, sino Jesucristo y las demás personas.

Sin duda, el apóstol Pablo sentía el peso de esta realidad. Le preocupaba tanto que los compatriotas israelitas conocieran a Cristo, que dijo: «Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne» (Romanos 9:3). ¡Qué declaración tan maravillosa! Lejos de pensar que él era lo único importante, Pablo afirmaba que estaba dispuesto a entregar su eternidad para que ellos la obtuvieran.

La enseñanza del apóstol es un recordatorio vivificante del sacrificio personal en un mundo desafiante y destructivamente centrado en sí mismo. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Lo único que importa soy yo? ¿O lo importante en nuestra vida es Jesucristo y la gente que Él vino a rescatar?

Piénsalo. ¿Qué es lo que te importa?

“Nuestra vida debería caracterizarse por el amor a Cristo y a los demás; no por el ego.”

Lectura del día: Romanos 9:1-5

viernes, 6 de agosto de 2010

Reflexión Viernes, 6 de agosto de 2010

El mejor cuarto
David C. McCasland

“Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.” —1 Pedro 4:9

En enero de 2009, durante un viaje de investigación a Alemania, me afligí mucho al saber que nos alojaríamos en un monasterio. Imaginé un lugar austero, sin calefacción, con pisos de piedra fríos y camas duras. Sin embargo, me encontré con un cuarto cálido, agradable y cómodo. Mi colega comentó: «Los monjes creen en el principio de tratar a sus huéspedes como lo harían con Jesús». Aunque ellos no viven con tantas comodidades, igualmente están contentos.

Robert Herrick, poeta inglés del siglo xvii, escribió:

Cristo, Él aún exige, dondequiera que va, como comida o alojamiento, el mejor de los cuartos.

Déjalo que Él escoja, concédele la parte más noble de toda la casa: lo mejor de todo es el corazón.

[Trad. lit.]

Al parecer, es más fácil recibir a Cristo con alegría en nuestro corazón que poner nuestra vida al servicio de la gente. Ya sea que se trate de un cuarto en nuestra casa o de un tiempo entre nuestras actividades, solemos tratar a las personas como intrusos en lugar de invitados.

El apóstol Pedro escribió: «Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones» (1 Pedro 4:8-9).

Honramos a Cristo al darle a Él el mejor cuarto, nuestro corazón, y al ser hospitalarios con los demás.

“Para conocer el amor, ábrele tu corazón a Jesús; para mostrar amor, ábreselo a los demás.”

Lectura del día: 1 Pedro 4:7-14

jueves, 5 de agosto de 2010

Reflexión Jueves, 5 de agosto de 2010

El diablo me obligó
Marvin Williams

“Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” —Santiago 1:14

En marzo de 2009, en el estado de Washington, una mujer de 62 años fue acusada de robar más de 73.000 dólares de la iglesia adonde asistía. Cuando los detectives la interrogaron, dijo: «Satanás tuvo una gran participación en el robo». Suena como si dijera que el diablo la obligó a hacerlo.

Quizá Satanás haya desempeñado su parte en las decisiones de esa mujer, pero ella tenía algunos conceptos equivocados sobre la tentación y el pecado. El diablo tienta a los creyentes, pero no los hace pecar. Santiago dice que tampoco hay que culpar a Dios: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie» (Santiago 1:13). El Señor es bueno y santo.

Entonces, ¿a quién debemos culpar por nuestro pecado? Santiago dice: «Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido» (v. 14). Así como un pescador usa un cebo para atraer a su presa, nuestros deseos malos y descontrolados nos llevan a ceder ante la tentación y el pecado.

Cuando pecamos desobedeciendo a Dios, no culpemos a otros ni justifiquemos nuestras acciones con la teología errónea de que «el diablo me obligó a hacerlo». En cambio, asumamos toda la responsabilidad por nuestros actos, confesemos nuestros pecados a un Dios de gracia y perdonador, y procuremos volver a vivir una vida recta.

“Cuando pecamos, la culpa yace en nuestro interior.”

Lectura del día: Santiago 1:12-18

miércoles, 4 de agosto de 2010

Reflexión Miércoles, 4 de agosto de 2010

Fuera de orbita
Joe Stowell

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, […] en tierra seca y árida donde no hay aguas.” —Salmo 63:1

Todavía me asombra que podamos lanzar sondas al espacio interplanetario. Sin embargo, pienso qué desperdicio sería si, camino a Marte, esa sonda quedara atrapada bajo la fuerza gravitacional de un objeto menor e insignificante. ¡Cuidado! Esto podría estar sucediendo en nuestra vida.

Cuando Jesús llamó a Sus discípulos para que lo siguieran, Su intención era que comenzaran una travesía en la cual lo buscaran con pasión. Los seguidores de Cristo han sido lanzados a una trayectoria cuyo objetivo es acercarse cada vez más a Él. No obstante, en el proceso, solemos distraernos y sucumbir ante el poder de atracción de cosas seductoras, aunque menos importantes. Cuando pasa esto, dejamos de ir en busca del Señor y comenzamos a dar vueltas alrededor de objetivos que, al final, están vacíos y no satisfacen.

El Salmo 63 es la cura para las vidas atrapadas en órbitas sin sentido. David buscó a Dios porque sabía que sólo Él podía satisfacer sus profundos anhelos. Dijo: «Mejor es tu misericordia que la vida» (v. 3). El gozo de la presencia del Señor llenaba cada instante de su vida; por eso, agregaba: «Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche» (v. 6). David sabía que el gozo y el propósito verdadero no proceden de admirar a Dios desde lejos, sino de buscarlo con dedicación.

¡Retomemos el curso y procuremos andar cada vez más cerca del Señor!

“Cuanto más cerca caminas del Señor, menos lugar queda para que se interpongan otras cosas.”

Lectura del día: Salmo 63

martes, 3 de agosto de 2010

Reflexión Martes, 3 de agosto de 2010

Virus del pecado
C. P. Hia

“Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.” —Romanos 6:18

La pandemia de gripe A (H1N1) centró la atención del mundo en los virus. Estos son organismos vivientes que necesitan un huésped para sobrevivir y para causar estragos. En algunos casos, un virus está presente muchos años antes de que el huésped siquiera se entere. Durante ese tiempo, puede provocar daños incalculables en diferentes partes. Si se lo elimina de dicho huésped, el virus puede permanecer latente o morir.

De manera similar, el pecado necesita un huésped para mantenerse vivo. Por sí solos, los pecados como el orgullo, la codicia, el enojo y el egoísmo son sólo palabras. Sin embargo, cuando el pecado domina un huésped humano, trabaja provocando destrucción mientras la persona tiene vida.

Gracias a Dios, por la muerte de Jesús como sacrificio en la cruz, los creyentes en Él han sido posicionalmente «libertados del pecado» (Romanos 6:18). Aunque seguimos pecando, el Espíritu Santo que vive en nosotros nos ayuda a resistir ese «virus del pecado»: los deseos de la carne (Gálatas 5:16). El apóstol Juan nos dice: «Ninguno que sea hijo de Dios practica el pecado, porque tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios» (1 Juan 3:9 DHH). Ahora andamos en dependencia del Espíritu y un día nos presentaremos «sin mancha delante de su gloria con gran alegría» (Judas 24).

¿Esto no te produce un gran consuelo al enfrentarte hoy con un mundo infectado por el «virus» del pecado?

“El pecado es la enfermedad, Cristo es la cura.”

Lectura del día: Romanos 6:14-23

lunes, 2 de agosto de 2010

Reflexión Lunes, 2 de agosto de 2010

Él ya sabe
Bill Crowder

“No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” —Mateo 6:8

Un amigo, que es piloto comercial, me contó acerca de un vuelo en el que se enfrentó con un grave problema mecánico, con peligrosas implicaciones. Cuando se produjo esa situación, las luces de alarma de la cabina de mando le informaron lo que ocurría, él monitoreó todo hasta llegar a destino y, finalmente, aterrizaron sin inconvenientes.

Una vez que estuvieron en tierra, el piloto fue de inmediato a hablar con el equipo de mantenimiento para informar lo sucedido. Para su asombro, los mecánicos respondieron: «Ya conocemos del problema y estamos listos para arreglarlo. Cuando sonó la alarma en la cabina del avión, nosotros también recibimos automáticamente la advertencia».

Mientras me comentaba sobre este incidente, no pude evitar compararlo con las palabras de Jesús sobre nuestro Padre celestial: «… vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis» (Mateo 6:8). El Señor dijo esto para diferenciarlo de las personas que creen que debemos usar «vanas repeticiones», ya que «piensan que por su palabrería serán oídos» (v. 7). Jesús ratifica que Dios conoce a Sus hijos y se interesa por ellos.

Aunque el Señor conoce nuestras necesidades, aún desea que le contemos lo que tenemos en el corazón. Él está listo para escuchar nuestra oración y, por Su gracia, reparar los daños que hayamos experimentado.

“La oración es la voz de la fe que confía en que Dios sabe todo y se interesa.”

Lectura del día: Mateo 6:5-8