lunes, 30 de abril de 2012

Reflexión lunes, 30 de abril de 2012

¿Mí camino?
Dave Branon

“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte.” —Proverbios 16:25

Piensa en algunas de las parejas intelectuales más improbables. Por ejemplo: ¿qué tal si pusiéramos a Albert Einstein en una habitación con un niño de primer grado, para debatir sobre la teoría de la relatividad? ¿O a George Washington Carver con un estudiante de escuela secundaria para discutir sobre ingeniería bioquímica?
 
Es tonto pensar en hacer algo así. Uno de ellos es experto; el otro, sabría poco o nada del tema.
 
Veamos otro ejemplo: Dios ante cualquier persona para discutir sobre su plan para la humanidad. ¡Ahora sí que hablamos de algo desigual! Sin embargo, solemos oír a gente que trata de explicar la sabiduría incomparable de Dios y anteponer sus criterios a los caminos del Señor.
 
Recibí la carta de un preso, que decía: «Llegué al punto en mi vida donde, por fin, acepté el hecho de que Dios es real y que es el Creador de todo. Me cansé de tratar de hacer las cosas como a mí me parecía. Cuando empecé a humillarme y a aceptar la Palabra de Dios, encontré la respuesta».
 
¡Qué ridículo es rechazar el plan de Dios para la salvación, porque pensamos que conocemos un camino mejor! Solo poniendo nuestra fe en Cristo para el perdón de los pecados podemos reconciliarnos con Dios (Juan 14:6; Romanos 3:23; 6:23). ¿Todavía estás tratando de hacer las cosas a tu manera, pensando que sabes más? (Proverbios 16:25). Coincide con el Señor y sigue su camino.
“Jesús no es uno de los caminos para llegar a Dios ni tampoco el mejor; es el único.” —Tozer
Lectura del día: Proverbios 16:20-25

jueves, 19 de abril de 2012

Reflexión jueves, 19 de abril de 2012

El amor inalterable de Dios
David C. McCasland

“Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia…” —Oseas 10:12

El libro de Oseas, en el Antiguo Testamento, es la historia del amor fiel de Dios hacia su pueblo infiel. De un modo que nos parece extraño, el Señor le ordenó a Oseas que se casara con una mujer que quebrantaría los votos matrimoniales y lo haría sufrir (Oseas 1:2-3). Después de que ella abandonó al profeta por otro hombre, el Señor le dijo a Oseas que la recibiera de nuevo: un cuadro del «amor del Señor para con los hijos de Israel» (3:1).
 
Tiempo después, el profeta recibió la orden de comunicarles a los israelitas que, por haberse rebelado contra el Señor, una potencia extranjera los llevaría cautivos. «… en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruidas…» (10:14).
 
Sin embargo, en medio de su pecado y castigo, la gracia de Dios para con su pueblo nunca se agotaría. En una exhortación llena de bondad, el Señor dijo: «Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar al Señor, hasta que venga y os enseñe justicia» (10:12).
 
Aunque hayamos «arado impiedad» y segado «iniquidad» (10:13), Dios no deja de amarnos. Cualquiera que sea nuestra situación hoy, podemos volvernos al Señor y encontrar el perdón que nos dará un nuevo comienzo. ¡Su amor nunca falla!
“Ninguna fuerza supera el poder del amor de Dios.”
Lectura del día: Oseas 10:9-15

miércoles, 18 de abril de 2012

Reflexión miércoles, 18 de abril de 2012

Cicatrices hermosas
David H. Roper

“… sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho…” —Lucas 7:47

Hace varios años, estaba haciendo una caminata junto al Río Salmón y me encontré con una arboleda de pinos que tenían el tronco parcialmente descortezado. Un amigo mío, que es guardabosques, me había contado que los aborígenes norteamericanos que cazaban en esta zona mucho tiempo atrás habían quitado la corteza de los troncos y sacado la capa subyacente para hacer goma de mascar. Algunas de las marcas eran horribles, pero otras, llenas de sabia cristalizada y pulidas por el viento y el clima, se habían transformado en figuras de una extraña belleza.
 
Así sucede con nuestras transgresiones. Podemos llevar marcas de los pecados del pasado, pero esos pecados, de los que nos hemos arrepentido y que ya pusimos delante de Jesús para que los perdonara, pueden dejar marcas hermosas.
 
Algunas personas, después de haber probado la amargura del pecado, ahora lo detestan. Odian el mal y aman la rectitud. Tienen la belleza de la santidad.
 
Otros, al comprender lo lejos que se encontraban (Romanos 3:23), tienen un corazón tierno hacia los demás. Se muestran comprensivos, compasivos y bondadosos cuando otros fracasan. Tienen la belleza de la humildad.
 
Por último, el perdón gratuito y completo de los pecados lleva a tener intimidad con Aquel que ha mostrado misericordia. Tales pecadores aman mucho porque mucho se les ha perdonado (Lucas 7:47). Tienen la belleza del amor.
“La fuente de la belleza es un corazón perdonado.”
Lectura del día: Lucas 7:36-49

domingo, 15 de abril de 2012

Reflexión domingo, 15 de abril de 2012

Detente y mira
Julie Ackerman Link

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” —Salmo 46:10

Cuando mi oftalmólogo dice: «no se mueva», me quedo quieta. No discuto. No lo desafío. No hago nada mientras mira para otro lado. ¿Por qué? Porque es un renombrado cirujano óptico que está tratando de preservar mi visión y que necesita que yo colabore. Sería insensato ignorar sus instrucciones.
 
Entonces, ¿por qué no coopero en las cuestiones de quietud espiritual? Dios considera que el descanso es tan importante que lo incorporó al ritmo de la vida. Sin descanso, no podemos ver con claridad; empezamos a pensar que somos más valiosos de lo que es cierto.
 
Después del estresante enfrentamiento de Elías con Acab y Jezabel, el profeta se sumió en un estado de agotamiento. Dios envió un ángel para que lo atendiera. Durante un período de quietud, «… vino a él palabra del Señor…» (1 Reyes 19:9). Elías pensaba que era el único que estaba haciendo la obra de Dios. Su celo era tan profundo que no sabía que otras 7.000 personas no se habían inclinado delante de Baal (v. 18).
 
Quizá algunos de nosotros temamos lo que pueda suceder si nos quedamos quietos y dejamos de trabajar. Pero algo peor sucede cuando rehusamos descansar. Sin descanso, no podemos estar ni espiritual ni físicamente saludables. Dios nos sana mientras reposamos.
 
Tal como yo debía quedarme inmóvil para que mi ojo se sanara, todos necesitamos quedarnos quietos para que el Señor pueda mantener clara nuestra visión espiritual.
“Nuestra mayor fortaleza quizá sea poder estar quietos y confiar en Dios.”
Lectura del día: 1 Reyes 19:1-12

lunes, 9 de abril de 2012

Reflexión lunes, 9 de abril de 2012

Esperanza para un “embarrado”
Cindy Hess Karper

“… la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.” —Romanos 5:3-4

Cuando mi esposo construyó una galería delante de nuestra casa, esperaba que algún día un pájaro hiciera allí su nido. Por eso, dejó una inclinación en la parte superior del poste esquinero. Más tarde, nos reíamos orgullosos cuando veíamos que los petirrojos se esforzaban al máximo para apoderarse del lugar para construir un nuevo hogar. Los montones de hierba en el piso revelaban sus malogrados esfuerzos. Sin embargo, después de dos días de lluvia incesante, vimos que había aparecido un nido en el mismo sitio que considerábamos imposible. Debido a la lluvia, la Sra. Petirrojo pudo hacer un poco de argamasa de barro. Entretejiéndolo con ramitas y hierba, nuestra decidida amiga emplumada se había construido un nido nuevo. Había perseverado.
 
¡Qué inspiradora es la perseverancia! Tratar de vivir una vida que honre a Cristo en medio de circunstancias difíciles puede frustrarnos y desanimarnos. Pero, cuando dependemos de la ayuda del Señor para atravesar los problemas, recibimos poder para seguir adelante, aun cuando no siempre podamos ver cómo solucionar nuestras dificultades. Gálatas 6:9 nos insta a que «no nos cansemos, pues, de hacer bien» y a que no nos rindamos.
 
¿Está Dios utilizando en tu vida un desafío aparentemente insuperable para producir perseverancia? Permítele que, a través de esa prueba, fortalezca tu carácter y, como consecuencia, aumente tu esperanza (Romanos 5:3-4).
“Cuando el mundo dice: «ríndete», la esperanza susurra: «¡inténtalo una vez más!».”
Lectura del día: Santiago 1:2-4