miércoles, 30 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 30 de noviembre de 2011

Acciones y resultados
David C. McCasland

“Si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más […] la gracia y el don de Dios por […] Jesucristo.” —Romanos 5:15

El 24 de noviembre de 1971, un hombre actualmente conocido como D. B. Cooper secuestró un vuelo comercial y amenazó con hacer explotar la nave a menos que le dieran 200 mil dólares. Después de aterrizar para recibir el rescate, ordenó que el avión volviera a despegar. Entonces, se bajaron las escaleras traseras del 727 y él se lanzó en paracaídas en medio de la noche. Nunca lo capturaron, y el caso sigue sin resolver. Este acto aceleró la toma de medidas de seguridad aeroportuarias, donde la confianza y la tranquilidad han sido sustituidas por sospechas y temores. Lo que aquel hombre hizo nos afectó a todos.
 
La Biblia describe dos acciones que transformaron el mundo de una manera mucho más significativa. Por la decisión de Adán, el pecado y la muerte entraron en el mundo, «así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12). Pero por medio del sacrificio de Cristo en la cruz, Dios proveyó un remedio para los resultados del pecado. «Así que, como por la transgresión de uno [Adán] vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno [Jesucristo] vino a todos los hombres la justificación de vida» (v. 18).
 
Cristo hizo lo que nadie más podía hacer, ya que destruyó el poder del pecado y de la muerte mediante Su resurrección. Él ofrece perdón y vida eterna a todos los que reciben Su regalo. Y por eso, le agradecemos de todo corazón.
“La cruz de Cristo cura la condenación de la elección de Adán.”
Lectura del día: Romanos 5:12-19

martes, 29 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 29 de noviembre de 2011

Honrar a los padres
Dennis Fisher

“Honra a tu padre y a tu madre…” —Efesios 6:2

Mi papá acaba de cumplir 90 años, y sus capacidades físicas están menguando. Todavía puede caminar con su andador, pero necesita que alguien le prepare la comida y lo ayude con otras tareas.
 
Mi hermano mayor, Steve, y su esposa, vivían cerca de su casa; entonces, decidieron mudarse con él para cuidarlo. Mi esposa y yo deseábamos ayudar de algún modo, así que, viajamos en avión desde el otro lado del país para quedarnos con papá mientras mi hermano y mi cuñada se iban de vacaciones para descansar. Nos encantó pasar un tiempo con mi padre y nos alegró aligerar la carga de Steve y Judy, aunque solo fuera por unos días.
 
La Biblia nos dice: «…honra a tu padre y a tu madre» (Efesios 6:2). Un comentario del Nuevo Testamento dice que honrar a alguien es «tratarlo con deferencia, respeto, reverencia, bondad, cortesía y obediencia, tal como la situación en la vida de esa persona […] lo demande».
 
Para los hijos pequeños, esto significa obedecer a papá y a mamá. Para los jóvenes, exige que respetes a tus padres aunque pienses que sabes más que ellos. Para los jóvenes adultos, quiere decir que debes hacerlos parte de tu vida. Y para los que están en la mitad de la vida y más allá, significa asegurarse de atenderlos a medida que envejecen y que su salud empieza a declinar.
 
¿Cómo puedes honrar a tus padres esta semana?
“Para honrar a los padres, no hay límite de edad.”
Lectura del día: Éxodo 20:1-17

lunes, 28 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 28 de noviembre de 2011

Sólo haz lo correcto
Joe Stowell

“Para que seáis […] hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa…” —Filipenses 2:15

Durante un viaje al exterior, ocasionalmente me encontré con un abogado de mi ciudad natal. Nos sorprendió ver cuántas cosas teníamos en común. Mientras conversábamos, él preguntó: «¿Me dijo que su nombre era Stillwell?». «No —respondí yo—, Stowell». Entonces, mencionó que tenía un cliente que se llamaba Stillwell. «¿Es Art Stillwell», pregunté; y para sorpresa mía, contestó que sí. Art Stillwell asistía a mi iglesia y era un influyente empresario en la comunidad.
 
El abogado admitió que no tenía ningún cliente como Art. Me explicó que la mayoría quería que hiciera todo lo que fuera necesario para sacarlos de problemas, pero que él era distinto. Cada vez que le preguntaba qué quería que hiciera en una determinada situación, Art le respondía: «¡Sólo haz lo correcto!». Evidentemente, esto había impactado al abogado.
 
Someternos a Cristo en lo que respecta a todos nuestros deseos y decisiones, independientemente del resultado, es lo que nos diferencia en un mundo lleno de gente que desperdicia la vida siguiendo sus propios intereses. Cuando vivimos vidas intachables y «sin mancha», que reflejan con valentía la integridad, el amor y la gracia de Jesús, claramente resplandecemos «como luminares en el mundo» (Filipenses 2:15).
 
Así que, si quieres iluminar tu mundo de una manera convincente, ¡sólo haz lo correcto!
“Ilumina tu mundo reflejando la luz de Cristo.”
Lectura del día: Filipenses 2:12-18

domingo, 27 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 27 de noviembre de 2011

¿Te sientes pobre?
Dave Branon

“… pobre soy y estoy necesitado.” —Salmo 86:1

De una manera u otra, todos podemos relacionarnos con el Salmo 86:1, donde David expresa: «… pobre soy y necesitado». Aun las personas más ricas deberían entender que la pobreza y la necesidad tienen que ver más con el espíritu que con la billetera. Cuando el multimillonario Rich DeVos les habla a grupos de personas, suele decir: «Soy sólo un pecador salvado por gracia».
 
El Salmo 86 nos enseña que la ayuda que Dios provee no se mide por el saldo en un resumen de contabilidad. Cuando reconocemos que somos pobres y necesitados, no lo hacemos para que el Señor derrame abundantes riquezas materiales sobre nosotros, sino para dar lugar a otros tesoros más valiosos.
 
Esto es lo que Dios hace a favor de los pobres y los necesitados: Guardará nuestra vida y salvará a todos los que confían en Él (v. 2); será misericordioso y estará dispuesto a perdonar (vv. 3, 5); y escuchará y responderá todas nuestras plegarias (vv. 6-7).
 
Pero no debemos recibir todas las bendiciones del Señor sin dar nada a cambio. Tenemos la responsabilidad de aprender cuáles son Sus caminos, andar en Su verdad, alabarlo, y temer y glorificar Su nombre (vv. 11-12).
 
¿Te consideras uno de los pobres y necesitados? Si es así, bienvenido al grupo. No nos olvidemos de todas las bendiciones espirituales que el Señor tiene para nosotros ni de la respuesta piadosa que deberíamos tener ante Su generosidad.
“El hombre más pobre es aquel cuya única riqueza es el dinero.”
Lectura del día: Salmo 86

sábado, 26 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 26 de noviembre de 2011

Tazón cantor
Julie Ackerman Link

“Nosotros, por lo tanto, debemos […] colaborar con ellos en la verdad.” —3 Juan 8

El artista y científico Michael Flynn diseñó un tazón cantor para una competición internacional de arte, ArtPrize, que se llevó a cabo en los Estados Unidos. Este tazón gigante no requiere electricidad para funcionar, pero sí exige que se suministre algo que escasea: cooperación.
 
Mientras observaba a la gente tratando de hacer que el tazón cantara, me sorprendió que nadie se molestara en leer las instrucciones sobre moverlo delicadamente. Impacientes por conseguir que sonara, esas personas seguían intentando hacer lo que se les ocurría. Al rato, se iban frustrados y decepcionados, como si el tazón tuviera algún defecto.
 
Me pregunto cuántas veces nos frustramos porque la vida no anda como esperamos. Seguimos tratando de hacer lo que nos parece correcto, pero todo continúa saliendo mal. En vez de seguir las instrucciones de la Palabra de Dios, intentamos una y otra vez salir adelante como a nosotros nos parece.
 
El tazón cantor nos recuerda que no podemos esperar que nos vaya bien si ignoramos las instrucciones del Diseñador (Deuteronomio 4:40). La desobediencia divide a las personas entre sí y nos separa de Dios. Para cumplir Su plan para este mundo y dar a conocer el camino para la salvación (Salmo 67:2), debemos seguir Sus indicaciones sobre cómo vivir y trabajar juntos y en paz. Cuando la vida no anda bien, es probable que hayamos dejado de seguir el plan de Dios.
“La vida es una canción hermosa que Dios está enseñándonos a interpretar.”
Lectura del día: Deuteronomio 4:62-40

viernes, 25 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 25 de noviembre de 2011

Hallar esperanza
David C. McCasland

“¿Por qué te abates, oh alma mía […]. Espera en Dios; porque aún he de alabarle…” —Salmo 42:5

En un estudio realizado por investigadores en la Universidad de Minnesota, se descubrió que casi el quince por ciento de los jóvenes estadounidenses pensaba que era «sumamente posible» que murieran antes de cumplir 35 años. Los que tenían esta perspectiva pesimista era más probable que se involucraran en actividades temerarias. La Dra. Iris Borowsky, autora del estudio publicado en la revista Pediatrics [Pediatría], dijo: «Estos jóvenes arriesgan la vida porque sienten que no tienen esperanza y suponen que no hay nada que perder».
 
Nadie es inmune a sentirse desesperanzado. Los Salmos expresan constantes ruegos pidiendo ayuda cuando la vida parece oscura. «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío» (Salmo 42:5). En un desafiante paso de fe, el salmista se insta a no olvidarse del Señor, el cual nunca lo abandonará.
 
Curtis Almquist escribió: «La esperanza se alimenta de la presencia de Dios […]. También se abastece con el futuro que el Señor tiene preparado para nuestra vida».
 
Ningún seguidor de Cristo debería negarse a buscar consejo para combatir la depresión ni sentir que la fe y la oración son soluciones demasiado simples. ¡En Dios, siempre hay esperanza!
“Para el creyente, esperanza es sinónimo de certeza, porque se fundamenta en Cristo.”
Lectura del día: Salmo 42:1-11

jueves, 24 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 24 de noviembre de 2011

El indulto
Jennifer Benson Schuldt

“… la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” —1 Juan 1:7

Todos los años, a finales de noviembre, el presidente de los Estados Unidos decreta un indulto oficial para el «Pavo Nacional del Día de Acción de Gracias». Durante esta alegre ceremonia, un presidente señaló: «Nuestro invitado de honor parece un poco nervioso. Nadie le ha dicho todavía que lo voy a indultar». El pobre pavo tenía una buena razón para estar inquieto: sin una absolución, estaba condenado a ser la cena para festejar el día de acción de gracias.
 
Nosotros estamos en una situación similar en lo que respecta a nuestro pecado. Sin el perdón de Dios, vamos camino a la muerte segura. Esta condición es el resultado directo de nuestros errores. La Biblia dice: «Porque la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). Sin embargo, podemos ser librados de esta sentencia de muerte porque el Hijo de Dios cargó nuestros pecados sobre Su cuerpo en la cruz, «para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida [fuimos] sanados» (1 Pedro 2:24). En 1 Juan 1:7, se nos dice que la sangre de Cristo «nos limpia de todo pecado».
 
Podemos aceptar el perdón de Dios por nuestros pecados y recibir la vida eterna cuando confesamos que Jesucristo es el Señor y creemos que Dios lo levantó de entre los muertos (Romanos 10:9). Considera hoy mismo cómo responderás al ofrecimiento de perdón que el Señor te hace.
“Por la fe en Cristo, recibimos el perdón de Dios y evitamos la condena por el pecado.”
Lectura del día: 1 Juan 1:1-10

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 23 de noviembre de 2011

El mundo de lo más
Anne Cetas

“… Cosas que ojo no vio, […] son las que Dios ha preparado para los que le aman.” —1 Corintios 2:9

Mi compañía de televisión por cable me mandó una tarjeta invitándome a evaluar sus últimos adelantos en emisión de canales. Indicaba que debía contactarme con la empresa para obtener el nuevo equipamiento digital, y explicaba cómo conectarlo y activarlo. Después, la propaganda agregaba lo único que yo debía hacer: Siéntese y disfrute del Mundo de lo Más.
 
La tarjeta me hizo pensar en el «Mundo de lo Más» donde tienen el privilegio de vivir los creyentes en Cristo. Cuando Dios traslada a las personas de las tinieblas del pecado «a su luz admirable» (1 Pedro 2:9), aparece una vida totalmente nueva.
 
Romanos 5 nos describe algunos de los más que tenemos en Cristo: Hemos sido «reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (v. 10) y, como consecuencia, «tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (v. 1). Tenemos la posibilidad de acceder al Padre celestial y a Su gracia (v. 2). Ahora podemos regocijarnos en las dificultades porque entendemos que son oportunidades para desarrollar nuestro carácter al confiar en Él (vv. 3-4). Además, el Espíritu Santo, que fue dado para que viva en nosotros, derrama el amor del Señor en nuestro corazón (v. 5). Y el pecado ya no nos tiene atrapados como antes (6:18).
 
Como creyentes, tenemos un acceso ilimitado al verdadero «Mundo de lo Más». ¿Acaso no es egoísta dejar de invitar a otros a participar de este mundo especial?
“Pertenecer a Dios trae bendiciones ilimitadas.”
Lectura del día: Romanos 5:1-11

martes, 22 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 22 de noviembre de 2011

Gratitud silenciosa
Cindy Hess Karper

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, […] y sed agradecidos.” —Colosenses 3:15

Decir «gracias» es permitir que el dador de un regalo sepa cuánto apreciamos su proceder. El escritor G. B. Stern dijo una vez: «La gratitud silenciosa no le sirve de nada a nadie».
 
Cuando nuestro hijo era joven, a veces había que recordarle que evitar el contacto visual, mirarse los zapatos y mascullar algunas palabras ininteligibles no era un «gracias» aceptable. Y después de muchos años de matrimonio, mi esposo y yo seguimos aprendiendo cuán importante es que nos expresemos continuamente gratitud el uno al otro. Cuando alguno de los dos se siente agradecido, tratamos de verbalizarlo, aunque lo hayamos dicho antes muchas veces respecto al mismo asunto. William Arthur Ward dijo: «Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo».
 
En las relaciones humanas, evidentemente, es importante demostrar agradecimiento, pero es aún más crucial en nuestra relación con Dios. Cuando pensamos en las numerosas bendiciones que hemos recibido, ¿le damos las gracias durante el día? Y cuando recordamos el don asombroso de la muerte y resurrección de Cristo para perdonar nuestros pecados, ¿rebosa nuestro corazón de asombro y agradecimiento? (Romanos 6:23; 2 Corintios 9:15).
 
Aplica de corazón en tu vida todos los días el recordatorio de Colosenses 3:15: «Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, […] y sed agradecidos».
“El Regalo más sublime de Dios debería despertar nuestra más profunda gratitud.”
Lectura del día: Salmo 107:1-2

lunes, 21 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 21 de noviembre de 2011

El toque del artesano
Dennis Fisher

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras…” —Efesios 2:10

Hace poco, vi un documental sobre la fabricación de un piano Steinway. Mostraba el meticuloso cuidado con que se elabora este delicado instrumento. Desde que se cortan los árboles hasta que el piano aparece expuesto, atraviesa innumerables ajustes delicadísimos que le aplican los talentosos artesanos. Después de un año, cuando termina el proceso, músicos destacados tocan el piano y suelen comentar que es imposible que una línea de ensamblaje computarizada logre producir los mismos sonidos brillantes. El secreto del producto final es el toque del artesano.
 
Cuando se construyó el tabernáculo, Dios también valoró el toque artesanal. Eligió a Bezaleel y dijo: «… lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor» (Éxodo 31:3-5).
 
Hoy Dios mora en el corazón de los creyentes, pero la obra del artesano no ha terminado. Cada creyente es, individualmente, «hechura» de Dios (Efesios 2:10). El Maestro Artesano es el Espíritu Santo, el cual quita las imperfecciones de nuestro carácter para hacernos más semejantes a Cristo (Romanos 8:28-29). A medida que nos sometamos a Su labor artesanal, descubriremos que el secreto del producto final es el toque del Artesano.
“El Padre nos dio el Espíritu para hacernos semejantes a Su Hijo.”
Lectura del día: Éxodo 31:1-15

domingo, 20 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 20 de noviembre de 2011

Rasgo de familia
Joe Stowell

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” —Mateo 5:9

Hay una antigua canción de escuela dominical que ocasionalmente recuerdo. Sus palabras dan testimonio de la paz que Jesús da con tanta generosidad: ¡Yo tengo paz, paz, paz, paz en mi corazón…!
 
Sin embargo, a esta bien intencionada canción le falta algo. Es cierto que la paz de Dios es un regalo que disfrutamos de corazón cuando tenemos comunión con Él y estamos en Su presencia (Juan 14:27; 16:33). Pero el Señor jamás pretendió que guardáramos toda esa paz únicamente en nuestro interior. La paz es una dádiva que debemos compartir con quienes nos rodean. Como creyentes, debería caracterizar nuestras relaciones interpersonales y el entorno de nuestras iglesias.
 
En Su Sermón del Monte, Jesús dijo: «Bienaventurados los pacificadores…» (Mateo 5:9), lo cual indica que debemos intencionalmente incorporar la paz en todas las interacciones. Por nuestra tendencia a ser problemáticos en lugar de pacificadores, este consejo es importante. Entonces, ¿en qué consiste hacer la paz? Los pacificadores son los que ponen la otra mejilla (v. 39), los que recorren la segunda milla (v. 41) y los que aman a sus enemigos y oran por quienes los persiguen (v. 44).
 
¿Por qué debemos hacer esto? Porque el Señor es pacificador, y, cuando nosotros procuramos la paz, somos «llamados hijos de Dios» (v. 9). Ser pacificador es un rasgo de familia.
“Por la paz de Dios y la paz con Dios, también podemos ser pacificadores para Él.
Lectura del día: Mateo 5:9, 38-48

sábado, 19 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 19 de noviembre de 2011

Dios limpia la casa
Julie Ackerman Link

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” —Efesios 4:31

Dios hizo una limpieza a fondo de mi casa esta semana. Mandó un viento fortísimo por el vecindario que hizo temblar los árboles y sacudió las ramas secas hasta que cayeron. Cuando todo pasó, tuve que limpiar el gran lío que quedó.
 
En mi propia vida, Dios a veces obra de manera similar. Envía o permite que ocurran circunstancias tormentosas que sacuden y hacen caer las «ramas sin vida» que me he negado a desechar. En ocasiones, es algo que anteriormente era bueno, como un área de ministerio fecunda, pero que ya no da fruto. Con mayor frecuencia, se trata de algo que no es bueno, como un mal hábito que se incorpora sigilosamente o una actitud obstinada que impide que sigamos creciendo.
 
Jonás, el profeta del Antiguo Testamento, descubrió qué puede pasar cuando uno se niega a abandonar una actitud testaruda. Su odio a los ninivitas era mayor que su amor a Dios; entonces, el Señor envió una gran tormenta que hizo que aquel hombre terminara dentro de un pez gigante (Jonás 1:4, 17). Dios preservó al reticente profeta en ese lugar insólito y le dio una segunda oportunidad de obedecer (2:10; 3:1-3).
 
Las ramas sin vida de mi jardín me hicieron pensar en actitudes que el Señor espera que yo descarte. La carta de Pablo a los efesios enumera algunas de ellas: amargura, ira, maledicencia (4:31). Cuando Dios sacude las cosas, debemos despojarnos de lo que se afloja.
“El poder limpiador de Cristo puede quitar la mancha de pecado más resistente.”
Lectura del día: Jonás 1

viernes, 18 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 18 de noviembre de 2011

Volverse bilingüe
Bill Crowder

“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como […] vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.” —Hechos 17:28

En una sociedad que parece cada vez más indiferente al evangelio, ¿es posible comunicar la buena noticia a personas que no comparten nuestra fe?
 
Una manera de vincularse con los que desconocen las cosas de Cristo es tornarse culturalmente «bilingüe». Esto lo hacemos al comunicarnos mediante asuntos con los que los demás pueden relacionarse fácilmente. Por ejemplo, saber de música, filmes, deportes y televisión y conversar de esos temas puede brindar una oportunidad así. Si la gente nos oye «hablar su idioma» sin aprobar ni consentir con los medios de comunicación o los acontecimientos a los que estos aluden, podrían abrirse puertas para compartir el trascendente mensaje de Cristo.
 
Pablo nos dio un ejemplo de esto en Hechos 17. Mientras visitaba el Areópago, en Atenas, le habló a una cultura totalmente secular citando a poetas griegos paganos como punto de partida para transmitir valores espirituales. Dijo: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos» (Hechos 17:28). Tal como Pablo se dirigió a aquellas personas sabiendo lo que leían, nosotros también podríamos tener un impacto mayor en la evangelización al vincularnos con las personas con base en lo que pueden aceptar sin inconvenientes.
 
¿Estás tratando de alcanzar con el evangelio a un vecino o a un compañero de trabajo? Trata de convertirte en bilingüe.
“Hay que poner el contenido de la Biblia en contacto con el mundo.”
Lectura del día: Hechos 17:19-31

jueves, 17 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 17 de noviembre de 2011

Compañero de viaje
David H. Roper

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos […]. Y les dijo: Venid en pos de mí…” —Mateo 4:18-19

Me encanta recorrer los pasos y los senderos de Idaho, en Estados Unidos, y disfrutar de su grandeza y pintoresca belleza. A menudo, recuerdo que estas caminatas simbolizan nuestra travesía espiritual, ya que la vida cristiana consiste simplemente en caminar con Jesús a nuestro lado como compañero y guía. Él recorrió los caminos de Israel de un extremo al otro, reuniendo a Sus discípulos y diciéndoles: «Venid en pos de mí» (Mateo 4:19).
 
El viaje no siempre es fácil. A veces, abandonar parece más sencillo que seguir, pero cuando las cosas se complican, podemos descansar durante un tiempo y recuperar las fuerzas. En El progreso del peregrino, John Bunyan describe el cobertizo en el collado Dificultad, donde los cristianos recuperan el aliento antes de seguir escalando. Su rollo lo consolaba y le recordaba la presencia continua del Señor y Su poder sustentador. Cambió de aire, de modo que pudo seguir caminando unos kilómetros más.
 
Solo Dios sabe adónde nos llevará el camino, pero Él nos asegura lo siguiente: «… yo estoy con vosotros todos los días» (Mateo 28:20). Esta no es una metáfora ni ninguna otra figura lingüística; Él es un compañero real. No pasa ni una hora en que el Señor no esté presente, ni un kilómetro sin que vaya con nosotros. Saber que Jesucristo está a nuestro lado hace el viaje más llevadero.

“Mientras recorres el agotador camino de la vida, deja que Jesús lleve tu pesada carga.”

Lectura del día: Mateo 4:18-22

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 16 de noviembre de 2011

¡Cuidado!
Marvin Williams

“… vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.” —1 Juan 2:18

Cuando los agentes del FBI entrenan a los cajeros de los bancos para identificar billetes falsos, les muestran tanto los falsificados como los auténticos, y estudian las características de ambos. Para detectar un problema de este tipo, deben buscar las diferencias entre el billete genuino y el falso; no las similitudes.
 
En 1 Juan 2, el apóstol ayuda a los creyentes a protegerse de las herejías y les da ejemplos acerca de cristianos y maestros falsos. Una de las señales de los últimos días es la aparición de anticristos (1 Juan 2:18). Se denomina así a aquellos que declaran tener el poder y la autoridad del Señor, pero es mentira, o a quienes rechazan a Dios y se oponen a Él y a Sus enseñanzas.
 
Juan describió tres marcas de los falsos maestros que son controlados por el espíritu del anticristo: (1) salen de la comunión de los creyentes (v. 19), (2) niegan que Jesús sea el Mesías (v. 22), y (3) alejan del Señor a los fieles (v. 26). El apóstol instaba a los creyentes a protegerse del espíritu del anticristo mediante la dependencia del Espíritu de Dios que estaba presente y moraba en ellos, el conocimiento de la verdad y el mantenimiento de la comunión con Cristo.
 
Podemos protegernos del error y del engaño sabiendo qué es lo falso, pero apoyándonos en la Verdad: Jesucristo.
“Cuidado: El diablo puede agregar unos granos de verdad a lo falso.”
Lectura del día: 1 Juan 2:18-27

martes, 15 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 15 de noviembre de 2011

Comida para bebés
C.P. Hia

“El alimento sólido es para los que […] tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” —Hebreos 5:14

¿Alguna vez probaste comida para bebés? Yo sí; es terriblemente blanda. Pero ellos no tienen otra opción porque no tienen dientes. Sin duda, ¡no pueden comer una deliciosa y sabrosa carne asada!
 
Lamentablemente, algunos creyentes se conforman con comida para bebés espirituales. Les basta con repetir una y otra vez las verdades sencillas de las Escrituras y no van más allá de los conceptos básicos del evangelio (Hebreos 6:1-2). Al no hincar sus dientes en verdades más profundas y en pasajes bíblicos más difíciles, carecen de entendimiento y de convicciones escriturales para tomar las decisiones correctas (5:13). Quizá hayan sido creyentes durante muchos años, pero sus capacidades espirituales permanecen inmaduras. Siguen siendo bebés.
 
A medida que los niños crecen físicamente, aprenden a ingerir alimentos sólidos que les dan fortaleza y vitalidad. Asimismo, todos los creyentes deben asumir la responsabilidad de alimentarse por sí solos con comida espiritual consistente. No hacerlo implica permanecer espiritualmente débil y desnutrido.
 
El aspecto de una persona puede decirte relativamente su edad física. Los años de vida espiritual se ven en su capacidad para distinguir lo bueno de lo malo y en las cualidades del carácter que demuestran día tras día.
 
¿Este discernimiento espiritual se evidencia en tu vida o todavía estás alimentándote con comida para bebés espirituales?
“Sé aplicado en el estudio de las Escrituras y ellas se aplicarán a tu vida.”
Lectura del día: Hebreos 5:12-6:2

lunes, 14 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 14 de noviembre de 2011

Angustia de la A a la Z
Dennis Fisher

“Antes si aflige, también se compadece…” —Lamentaciones 3:32

Jerusalén estaba envuelta en llamas, y el profeta Jeremías lloraba. Durante mucho tiempo, habían desoído sus predicciones sobre el juicio divino. Ahora, su terrible profecía se había cumplido de un modo vívidamente horrendo. El breve libro de Lamentaciones registra la angustia del profeta ante la destrucción de Jerusalén.
 
Jeremías escribió el libro siguiendo el orden de las 22 letras del abecedario hebreo, usando una técnica denominada acróstico alfabético, para ayudar al lector a memorizar más fácilmente los pasajes. No obstante, emplear este método también demuestra que no interrumpió las etapas de su angustia, sino que dedicó deliberada e intencionalmente un tiempo para reflexionar sobre su corazón quebrantado e incluso para escribir cómo se sentía. Se podría decir que aprendió a entristecerse de la A a la Z.
 
El consuelo divino surgió en medio de su dolor. Al mirar al futuro, los recordatorios de la soberanía y la bondad del Señor le dieron esperanza: «Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias» (Lamentaciones 3:31-32).
 
Si recientemente has sufrido una pérdida dolorosa, no te olvides de dedicar el tiempo necesario para lamentarte y reflexionar sobre la bondad de Dios. Entonces, podrás experimentar Su consuelo y esperanza para el futuro.
“Dios permite que hoy suframos y lloremos para preparar nuestro corazón para el gozo futuro.”
Lectura del día: Lamentaciones 3:25-33

domingo, 13 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 13 de noviembre de 2011

Sé tú mismo
David C. McCasland

“Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois…” —1 Pedro 3:14

Mientras esperaba para hacerme un análisis de rutina en un hospital local, noté que, en la pared, había una plaqueta de Cristo crucificado. Más tarde, una enfermera me hizo varias preguntas administrativas, y entre ellas: «¿Tiene alguna necesidad espiritual que le gustaría compartirle a un capellán?». Le agradecí por haberme preguntado, lo cual es inusual en el mundo actual. Ella respondió que era un hospital basado en la fe y que: «esa es parte de nuestra misión». Me impactó que no tuvieran miedo de ser quienes son en medio de una sociedad progresivamente secular y pluralista.
 
Pedro instó a los creyentes del siglo i, que habían sido dispersados tras la persecución y que vivían en mundos hostiles, a considerar una bendición el sufrir por lo correcto. «Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros» (1 Pedro 3:14-15).
 
Tal como aquella mujer del hospital que expresó abiertamente la fe de ellos, nosotros también podemos declarar la nuestra. Y si nos critican o amenazan injustamente por creer en Cristo, tenemos que responder con amabilidad y respeto. Nunca debemos tener temor de ser lo que somos en Él.
“Es mejor sufrir por la causa de Cristo que a causa de Su disciplina.”
Lectura del día: 1 Pedro 3:8-17

sábado, 12 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 12 de noviembre de 2011

El camino a la bendición
Dave Brannon

“Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol…” —Éxodo 15:25

Robin y Esteban desarrollan un ministerio de consejería que les proporciona muy pocos ingresos. Hace poco, un problema familiar los obligó a hacer un viaje de unos 8.000 kilómetros en su vieja camioneta.
 
Después de resolver la crisis, empezaron el viaje de regreso. Cuando todavía les faltaban más de 3.000 kilómetros para llegar a su casa, el vehículo comenzó a fallar. Un mecánico lo revisó y les dijo: «Se fundió. Hay que cambiar el motor».
 
Como no podían pagarlo, la única opción era ejercitar la paciencia y lograr que la camioneta llegara a destino. Tres días después, más varios litros de aceite y una gran cantidad de oraciones, milagrosamente llegaron con el coche hasta el garaje. Más tarde, oyeron sobre un «misionero de automóviles» que ayudaba a gente que servía al Señor. Tras asombrarse de que la camioneta había llegado, ofreció cambiar el motor gratis. Si Esteban lo hubiese arreglado antes, le habría costado miles de dólares, que no tenía.
 
En Éxodo 15, Dios guiaba a los israelitas por el desierto. Después de tres días de viaje, se quedaron sin agua y no podían conseguirla. Pero el Señor sabía lo que pasaba. En realidad, en Mara (v. 25) y en Elim (v. 27) les aguardaba una solución. Dios no solo resolvió el problema del agua, sino que también les dio un lugar para descansar.
 
Aunque nuestras circunstancias parezcan difíciles, podemos confiar en la guía del Señor. Él ya sabe qué necesitaremos cuando lleguemos allí.
“Enfrentar lo imposible nos da la oportunidad de confiar en Dios.”
Lectura del día: Éxodo 15:22-27

viernes, 11 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 11 de noviembre de 2011

Verdadera seguridad
Bill Crowder

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” —Romanos 8:37

Durante la Guerra Fría, un período de malestar entre las dos potencias mundiales más grandes en la segunda mitad del siglo xx, los estadounidenses vivían bajo la amenaza de una guerra nuclear. Recuerdo que, durante la crisis de los misiles en Cuba, en 1962, parecía que Estados Unidos estaba al borde del aniquilamiento. Para un alumno de sexto grado, era una situación muy angustiante.
 
Uno de los recuerdos más vívidos de aquella época eran los ejercicios de seguridad en la escuela: Sonaba una alarma y debíamos escondernos debajo de los pupitres para protegernos de las bombas atómicas. Al mirar atrás, estoy seguro de que eso no nos habría ayudado para nada ante un holocausto nuclear. Incluso, nos habría dado una falsa sensación de seguridad.
 
Aunque hoy quizá no enfrentemos algo así, hay muchos peligros que nos atemorizan, y algunos son espirituales. Efesios 6:12 nos recuerda que nuestras luchas son «contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes». Sin duda, hay enemigos poderosos, pero Dios nos ha dado Su amor protector (Romanos 8:35, 38-39) y los recursos espirituales de Su armadura (Efesios 6:13-17).
 
¿El resultado? Aunque enfrentemos una fuerte oposición, «somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37). En nuestro Padre celestial, tenemos seguridad verdadera.
“La seguridad no está en la ausencia de peligro, sino en la presencia de Dios.”
Lectura del día: Romanos 8:31-39

jueves, 10 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 10 de noviembre de 2011

Es todo por Él
Anne Cetas

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” —Juan 3:30

Cuando Silvia se comprometió para casarse, su amiga Ana, que era soltera, lo festejó con ella. Organizó una fiesta para su amiga, la ayudó a elegir el vestido de novia, la escoltó por el pasillo de la iglesia el día de la boda y estuvo a su lado durante la ceremonia. Cuando Silvia y su esposo tuvieron hijos, Ana celebró el nacimiento de los niños y se regocijó con las bendiciones de su amiga.
 
Tiempo después, Silvia le dijo a Ana: «Me has consolado en situaciones difíciles, pero lo que especialmente me demuestra que me quieres es que te alegras conmigo durante los buenos momentos. No dejaste que ninguna clase de celos te impidiera celebrar junto a mí».
 
Cuando los discípulos de Juan se enteraron de que un nuevo rabino llamado Jesús estaba rodeándose de seguidores, pensaron que su maestro se pondría celoso (Juan 3:26). Entonces, se le acercaron y le dijeron: «¡Está bautizando y todos acuden a Él!». Pero Juan celebró que Jesús llevara a cabo Su ministerio. Declaró: «… soy enviado delante de él. […] el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido» (vv. 28-29).
 
Nosotros también deberíamos caracterizarnos por tener una actitud humilde. En vez de querer que nos presten atención a nosotros, todo lo que hacemos debería atribuir la gloria a nuestro Salvador. «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (v. 30).
“Si queremos que Cristo crezca en nosotros, el ego debe disminuir.”
Lectura del día: Juan 3:22-36

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reflexión miércoles, 9 de noviembre de 2011

Esperar...
Julie Ackerman Link

“… bienaventurados todos los que confían en él.” —Isaías 30:18

En Michigan, en los Estados Unidos, el otoño es la temporada de caza. Durante algunas semanas, todos los años, los cazadores con licencia pueden entrar en los bosques para cazar diversas especies de animales. Algunos construyen casillas elaboradas en lo alto de los árboles y se sientan en silencio durante horas esperando que un ciervo se detenga donde puedan alcanzarlo con un disparo.
 
Cuando pienso en los cazadores que tienen tanta paciencia para esperar que aparezca un ciervo, me viene a la mente lo impacientes que podemos ser cuando tenemos que aguardar que Dios actúe. Solemos equiparar «esperar» con «desperdiciar». Si esperamos algo (o a alguien), pensamos que no estamos haciendo nada, ya que, en una cultura obsesionada por los logros, tal espera parece una pérdida de tiempo.
 
Pero la espera logra muchas cosas. En especial, prueba la fe. Aquellos cuya fe es débil suelen ser los primeros en rendirse, mientras que los de fe más fuerte están dispuestos a aguardar indefinidamente.
 
Al leer la historia de la Navidad, en Lucas 2, vemos dos personas que demostraron su fe al haber estado dispuestas a esperar. Simeón y Ana aguardaron durante muchos años, pero no desperdiciaron el tiempo, sino que eso les permitió llegar a ser testigos de la venida del Mesías (vv. 22-38).
 
El no recibir una respuesta inmediata a una oración no es razón para abandonar la fe.
“Esperar en Dios jamás significa desperdiciar el tiempo.”
Lectura del día: Lucas 2:22-38

martes, 8 de noviembre de 2011

Reflexión martes, 8 de noviembre de 2011

¡Que gran vecindario!
Joe Stowell

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” —Romanos 14:17

El lugar donde vives demanda ciertas cosas en cuanto a cómo hacerlo. En mi vecindario, el camión recolector de basura pasa los martes por la mañana, así que, estoy encargado de sacar el cesto de residuos la noche anterior. A los vecinos les desagrada que se dejen pilas de basura en la acera durante días. Además, muchos niños juegan fuera de la casa; por lo tanto, hay carteles por todas partes que les recuerdan a los conductores que circulen lentamente. Esto significa que yo conduzco despacio y tengo cuidado porque los pequeños corren sin mirar tras los balones que se les van a la calle.
 
Es importante recordar que Dios nos ha colocado en el «reino de su amado Hijo» (Colosenses 1:13). Vivir en Su vecindario significa que hay patrones de comportamiento que transforman la vida y que deberían reflejar con claridad dónde estamos ubicados espiritualmente. Por esta razón, Pablo nos recuerda que el reino de Dios no consiste en discutir y pelearse por cuestiones terrenales, sino en considerar la «justicia, paz y gozo» (Romanos 14:17). Vivir según los parámetros divinos, ser pacificadores y generar gozo en todas nuestras relaciones interpersonales es la verdadera esencia de la vida cristiana. Y cuando vivimos de este modo, nuestro andar agrada a Dios y bendice a los demás (v. 18).
 
¡Parece ser la clase de vecindario donde a todos les encantaría vivir!
“Si formas parte del reino de Dios, tu manera de vivir será diferente.”
Lectura del día: Romanos 14:13-19

lunes, 7 de noviembre de 2011

Reflexión lunes, 7 de npviembre de 2011

Surcos derechos
Randy C. Kilgore

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” —Filipenses 3:14

¡Es el primer día que subo al tractor! Una fresca brisa matinal corre por la planicie. Los grillos y el silencio del campo ceden ante el crujir del motor. Después de apoyar el arado en la tierra, empiezo a recorrer el terreno. Bajo la vista para mirar los indicadores y la palanca de cambios, aprieto el frío manubrio de acero y admiro el poder que tengo. Al final, me doy vuelta para ver los resultados: en vez de la línea perfectamente recta que esperaba encontrar, vi algo parecido a una serpiente que se deslizaba, con más curvas e inclinaciones que el Circuito de Indianápolis.
 
Sabemos cómo funciona el asunto. Se nos enseñó: «Deben arar con la mirada fija en un poste de la cerca». Al mantenerse enfocada en un punto al otro extremo del campo, la persona tiene la seguridad de que hará una línea recta. Al volver, cumplo con las indicaciones y el resultado es predecible: la línea está derecha. Solo se torció cuando dejé de tener un punto de referencia.
 
Pablo aplicó un concepto similar cuando escribió sobre tener sus ojos puestos en Jesucristo y en el impacto que esto ejercía en él. No solo ignoró las distracciones (Filipenses 3:8,13), sino que se enfocó (vv. 8, 14), observó los resultados (vv. 9-11) y cumplió con el patrón establecido para otros (vv. 16-17).
 
Como Pablo, si miramos a Cristo, haremos un surco derecho y llevaremos a cabo el propósito de Dios en nuestra vida.

“Cuando fijas la mirada en Cristo, enfocas todo correctamente.”

Lectura del día: Filipenses 3:8-17

domingo, 6 de noviembre de 2011

Reflexión domingo, 6 de noviembre de 2011

Aguas torrentosas
Bill Crowder
“Y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.” —Apocalipsis 1:15

Mientras estaba en Brasil, fui a visitar las Cataratas del Iguazú, uno de los saltos de agua más maravillosos del mundo. Las masivas cascadas dejan sin aliento, pero lo que más me impresionó del lugar no fue ni el panorama ni el agua que salpicaba, sino el ruido. Era más que ensordecedor; sentí como si el propio sonido me hubiese estado envolviendo. Fue una experiencia asombrosa que me hizo recordar lo pequeño que soy comparado con todo eso.
 
Más tarde, teniendo esa escena en mente, no pude evitar pensar en Juan, en Apocalipsis 1:15. Mientras estaba en la isla de Patmos, tuvo una visión del Cristo resucitado. El apóstol describió a Jesús en la gloria de Su resurrección y detalló Su vestimenta y Sus cualidades físicas. Después, señaló que la voz de Cristo era «como estruendo de muchas aguas» (v. 15).
 
No estoy seguro de haber apreciado el significado de esas palabras hasta que visité Iguazú y quedé pasmado ante el ruido estruendoso de las cataratas. Cuando aquellas potentes aguas me recordaron lo pequeño que soy, comprendí mejor por qué Juan cayó como muerto a los pies del Señor (v. 17).
 
Quizá esta descripción te ayude a captar la majestuosidad de la presencia de Cristo y te impulse a seguir el ejemplo de Juan al adorar al Salvador.
La verdadera exaltación de Cristo cambia la admiración en adoración.”
Lectura del día: Apocalipsis 1:9-17

sábado, 5 de noviembre de 2011

Reflexión sábado, 5 de noviembre de 2011

Paz en las crisis
Dennis Fisher

“La paz os dejo…” —Juan 14:27

Ted, uno de los ancianos de nuestra iglesia, solía trabajar como oficial de policía. Un día, después de responder a un aviso de violencia, contó que la situación se puso difícil y su vida corría peligro. Un hombre había apuñalado a otro y, luego, con amenazas, lo apuntó con el cuchillo. Otro policía se había apostado en el lugar y le disparó al agresor cuando este atacó a Ted. El criminal fue atrapado, pero mi amigo recibió un disparo durante el enfrentamiento. Mientras lo llevaban al hospital en la ambulancia, sintió que el Espíritu Santo le inundaba el alma con grandes oleadas de paz. Estaba tan tranquilo que pudo expresarle palabras de consuelo al otro oficial encargado de hacer cumplir la ley que estaba emocionalmente consternado por la crítica situación.
 
El Señor Jesús prometió darnos paz en medio de las crisis. Apenas unas horas antes de Su crucifixión, Él mismo consoló a Sus discípulos con estas palabras: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo» (Juan 14:27).
 
¿A qué le temes más? Si tuvieras que enfrentarte a eso, Cristo está a tu lado. La confianza en Él por medio de la oración pone a disposición de todos «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento» y que «guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7).

“El secreto para tener paz es entregar al cuidado de Dios todas nuestras preocupaciones.”

Lectura del día: Juan 14:19-27

viernes, 4 de noviembre de 2011

Reflexión viernes, 4 de noviembre de 2011

Corderos que vadean
David H. Roper

“Toda la Escritura es […] útil…” —2 Timoteo 3:16

El escritor C. S. Lewis dice que los conceptos religiosos son como las sopas: algunas son espesas y otras son claras. Sin duda, hay conceptos «espesos» en la Biblia: misterios, sutilezas y complejidades que desafían las mentes más desarrolladas. Por ejemplo: «[Dios] de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece» (Romanos 9:18). Sin embargo, en el mismo volumen hay ideas que son nítidamente «claras»: simples, asequibles y fácilmente comprensibles. ¿Qué podría superar la sencillez de la cristalina declaración de 1 Juan 4:16: «Dios es amor»?
 
John Cameron, un escritor del siglo xv, sugiere: «En la misma pradera, el buey lame el pasto, […] el pájaro recoge semillas, […] y un hombre encuentra perlas; asimismo, en el amplio y coherente contenido de las Escrituras, se encuentran diversidades para toda clase de situaciones. En ellas, el cordero puede vadear y el elefante nadar, los niños pueden alimentarse con leche y los hombres más fuertes comer carne».
 
Todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se encuentran en el Libro de Dios, la Biblia; profundidades de océanos que sacuden la mente más sofisticada y zonas superficiales que cualquier alma sencilla y sincera puede sortear.
 
No vaciles. «Toda la Escritura […] es útil» (2 Timoteo 3:16). ¡Sumérgete en ella!

“Dios habla a través de Su Palabra; dedica tiempo para escucharla.”

Lectura del día: 2 Timoteo 3:13-17

jueves, 3 de noviembre de 2011

Reflexión jueves, 3 de noviembre de 2011

Buscar agua
Dave Brannon

“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.” —Juan 4:14

Estados Unidos de América ha gastado millones de dólares buscando agua en Marte. Hace unos años, la NASA mandó unos robots mellizos, Oportunidad y Espíritu, al planeta rojo para ver si, en algún momento, hubo agua allí o no. ¿Por qué hace eso Estados Unidos? Los científicos que estudian detenidamente los datos enviados por esos dos pequeños trotamundos marcianos están intentando determinar si alguna vez hubo vida en ese planeta. Y para que eso haya ocurrido, tuvo que haber agua. Sin agua, no hay vida.
 
Hace dos mil años, una pareja de «trotamundos» atravesó los campos de un puesto de avanzada de esta tierra llamado Samaria, en busca de agua. Uno era una mujer que vivía por allí; el otro, un hombre de Galilea. Terminaron reunidos en un pozo cerca de la aldea de Sicar. Cuando llegaron, Jesús encontró el agua que buscaba y la mujer halló la que no sabía que necesitaba (Juan 4:5-15).
 
El agua es esencial, tanto para la vida física como para la espiritual. Jesús sorprendió a la mujer junto al pozo. Le ofreció el Agua de vida: Él mismo. Jesucristo es la renovadora y refrescante «fuente de agua que [salta] para vida eterna» (Juan 4:14).
 
¿Conoces a alguien que esté buscando agua? ¿Alguien que esté espiritualmente sediento? Preséntale a Jesús, el Agua viva. Es el descubrimiento más grandioso de todos los tiempos.

“Solamente Jesús, el Agua viva, puede satisfacer la sed del alma.”

Lectura del día: Juan 4:1-15