jueves, 31 de diciembre de 2009

Reflexión para el fin de año

Nuestra reputación

Cuando aceptamos el perdón de pecados que Dios ofrece, él nos coloca "en Cristo". Esto exige que tengamos una conducta piadosa, acorde con tal posición. Efesios 4-6 nos dice como vivir conforme a nuestra reputación:
  • Vive a la altura de tu posición (4:1-3). Actúa de acuerdo a tu identificación con Cristo: sé humilde, paciente, amoroso y conciliador.
  • Usa tus dones espirituales (4:7-16). Pon en práctica en la iglesia los talentos que Dios te ha dado.
  • Despójate de la vida vieja (4:17-19). Rechaza la vanidad de los caminos del diablo.
  • Vístete de la vida nueva (4:20-24). Escoge vivir conforme a tu posición en Cristo.
  • Ama a los demás ((5:2). Ama a las otras personas con una entrega total, como Cristo amó a la iglesia.
  • Anda en la luz (5:8-9). Exhibe el fruto del Espíritu.
  • Permite que el Espíritu Santo te llene (5:18-21). Déjale controlar tu vida por completo.
  • Colócate la armadura de Dios (6:10-17). Protégete de los ataques de Satanás.
  • Ora constantemente (6:8-20). Haz que todos tus pensamientos, acciones y circunstancias sean un motivo para comunicarte con Dios.
En este fin de año, cuando todo el mundo hace resoluciones para el año nuevo, haz tú que estas sean las tuyas. Cuando sigas estas indicaciones y crezcas en santidad, con fe vivirás a la altura de tu reputación en Cristo.

Reflexión Jueves, 31 de diciembe de 2009

Sin vuelta atrás

“Siempre están sobre [la tierra] los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin.” —Deuteronomio 11:12

Ray Stedman, pastor en California por muchos años, una vez le dijo a su congregación: «En la víspera de Año Nuevo nos damos cuenta, como en ningún otro momento de nuestras vidas, de que jamás podremos retroceder el tiempo […]; podemos mirar atrás y recordar, pero es imposible volver a ninguna instancia del año que pasó».

Stedman luego hizo referencia a los israelitas cuando estuvieron en el umbral de una nueva oportunidad. Después de cuatro décadas de deambular por el desierto, es probable que la nueva generación se preguntara si tenía la fe y la fortaleza necesarias para poseer la tierra prometida.

Su líder, Moisés, les recordó que ellos habían visto «todas las grandes obras que Jehová ha hecho» (Deuteronomio 11:7) y que su destino era la «tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin» (v.12).

Puede que en la víspera de Año Nuevo tengamos temor del futuro debido a los acontecimientos del pasado. Pero no tenemos que permanecer encadenados a nuestros viejos recuerdos, porque podemos avanzar con la mente centrada en Dios. Así como el Señor cuidaba de la tierra y de Su pueblo, Sus ojos estarán sobre nosotros también.

El cuidado fiel del Señor abarcará cada día del nuevo año. Podemos contar con esa promesa. —DCM

“El “que” de nuestro futuro lo determina el “Quién” de la eternidad.”

Lectura del día: Deuteronomio 11:7-12

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Reflexión Miércoles, 30 de diciembre de 2009

¿Una mala idea?

“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe.” —Hebreos 10:22

El ex atleta había descuidado su cuerpo por demasiado tiempo, así que comenzó una rutina de ejercicios. El primer día hizo varias flexiones y salió a dar un trote ligero. Al día siguiente, más flexiones, unos cuantos abdominales y a trotar por más tiempo. Día 3: ejercicios y correr 2,5 kilómetros. Día 4: nuestro ex atleta en reentrenamiento despertó con la garganta inflamada.

Después hizo un ejercicio más: de un salto, llegó a la conclusión de que el ejercicio había sido una mala idea. Si todo lo que había logrado de sus jadeos y resoplidos era enfermarse, este asunto no era para él.

Examinemos otro escenario. Un cristiano se da cuenta de que ha descuidado su relación con Dios; entonces, comienza una nueva rutina espiritual de lectura bíblica y oración. Pero a los pocos días, surgen algunos problemas en su vida. ¿A qué conclusión llega? Al igual que el ex atleta, ¿debería llegar a la conclusión de que su búsqueda espiritual fue una mala idea y que no le hizo ningún bien? Claro que no.

No oramos y leemos la Biblia para lograr una vida perfecta y libre de problemas. Buscar a Dios no es una cuestión de causa y efecto. Lo hacemos porque beneficia nuestra relación con Aquel que es perfecto. La búsqueda de la piedad no nos eximirá de problemas (2 Timoteo 3:12), pero una vida dedicada a amar y buscar a Dios (Hebreos 10:22) siempre es una buena idea, sin importar lo que suceda. —JDB

“Las raíces de la estabilidad están cimentadas en la Palabra de Dios y la oración.”

Lectura del día: Hebreos 10:22-39

sábado, 26 de diciembre de 2009

Reflexión Sábado, 26 de diciembre de 2009

Búsqueda de esperanza

“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.” —Gálatas 6:14

Cuando el comunismo ateo era un poder que amenazaba al mundo, proclamaba que no hay Dios y que la fe en cualquier vida futura era una ilusión engañosa. Leonidas Brezhnev había sido el dictador soviético, la personificación de la incredulidad marxista, pero algo sucedió en su funeral que contradijo al ateísmo. George H.W. Bush, entonces vicepresidente de los Estados Unidos, fue el representante oficial de dicho país en esa ceremonia solemne y formal.

Él informó que, mientras el ataúd seguía abierto, la viuda de Brezhnev miraba inmóvil el cuerpo de su esposo. Luego, justo antes de que los soldados cerraran la tapa, se inclinó e hizo la señal de la cruz sobre el pecho del difunto. ¡Qué gesto tan desesperado y significativo! Evidentemente, la viuda esperaba que lo que su esposo había negado con tanta vehemencia pudiera de alguna manera ser cierto.

¡Gracias a Dios, podemos tener esperanza más allá de esta vida terrenal! Todo lo que necesitamos hacer es aceptar por fe el mensaje salvador de la cruz: Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para que pudiéramos vivir eternamente con Él. ¿Crees esto? Entonces, únete al apóstol Pablo en su afirmación de que «esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen» (1 Timoteo 4:10). —VCG

“La cruz del calvario es el único puente a la vida eterna.”

Lectura del día: Filipenses 2:5-11

viernes, 25 de diciembre de 2009

Reflexión Viernes, 25 de diciembre de 2009

La Navidad de María

“Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” —Lucas 2:19

Fue todo, menos una idílica, silenciosa y fresca noche en Belén cuando una asustada adolescente dio a luz al Rey de reyes. María soportó el dolor de la llegada de su bebé sin la ayuda de nadie más que las manos ásperas de carpintero de José, su prometido. Es probable que los ángeles hayan cantado una serenata para los pastores que estaban en los campos cercanos, con alabanzas para el Niño, pero todo lo que María y José escucharon fueron los sonidos de los animales, la agonía del parto y el primer llanto de Dios manifestado en forma de un bebé. Una estrella de gran magnitud brillaba en el cielo nocturno, encima del recinto, pero el pesebre era un escenario lóbrego para estos dos visitantes foráneos.

Una combinación de asombro, dolor, temor y gozo probablemente penetró en el corazón de María cuando José colocó al bebé en sus brazos. Ella sabía, por la promesa de un ángel, que este pequeñín era «el Hijo del Altísimo» (Lucas 1:32). Al escudriñar en Sus ojos y luego en los de José, en medio de la penumbra, quizá se preguntó cómo habría de criar a Aquel cuyo reino jamás tendría fin.

Esa noche especial, María tenía mucho para meditar en su corazón. Ahora, más de 2 000 años después, cada uno de nosotros necesita considerar la importancia del nacimiento de Jesús, Su posterior muerte y resurrección, y también Su promesa de que regresará. —JDB

“Dios vino amorar con nosotros para que pdiéramos vivir con él.”

Lectura del día: Lucas 1:26-33; 2:4-7

jueves, 24 de diciembre de 2009

Reflexión Jueves, 24 de diciembre de 2009

Lugar especial de Dios

“[María] dio a luz a su hijo primogénito, […] y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” —Lucas 2:7

Cuando era niña, a fines de los años 20, Grace Ditmanson Adams solía viajar con sus padres misioneros por el interior de China. Más tarde, escribió sobre esos viajes y los lugares abarrotados donde pasaban la noche: posadas en aldeas llenas de gente que tosía, estornudaba, fumaba, bebés que lloraban y niños que se quejaban. Su familia colocaba colchonetas sobre tablas apoyadas en caballetes, en una habitación grande junto con todos los demás.

Una noche nevada llegaron a una posada y la encontraron totalmente colmada. El posadero expresó su pesar, luego hizo una pausa, y dijo: «Síganme». Los llevó a una habitación contigua que se utilizaba para almacenar paja y equipo agrícola. Allí durmieron en un lugar tranquilo para ellos solos.

Después de aquel incidente, siempre que Grace leía que María «dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón» (Lucas 2:7), veía el relato de manera diferente. Mientras que algunos describían al posadero como un ejemplo de la humanidad indiferente y pecaminosa que rechazó al Salvador, Grace dijo: «Verdaderamente, creo que el Dios Todopoderoso utilizó al posadero como la persona que dispuso un lugar más saludable que la abarrotada posada, un lugar de privacidad».

Con los ojos de la fe vemos la provisión de Dios para María. Descubre maneras en que Él provee para ti. —DCM

“Los que dejan que Dios provea serán satisfechos.”

Lectura del día: Lucas 2:1-7

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Reflexión Miércoles, 23 de diciembre de 2009

¿Tendrías diez centavos?

“Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.” —Proverbios 14:21

En su perspicaz libro The Forgotten Man (El hombre olvidado), Amity Shlaes ofrece fascinantes historias de cómo se vivió durante la gran depresión en los Estados Unidos. En medio de toda esa tragedia económica estaba «el hombre olvidado», un término usado para las incontables personas que eran despedidas de sus empleos.

Una popular canción de aquella época expresa conmovedoramente su historia:

Solían decirme que estaba construyendo un sueño, con paz y gloria por delante.

¿Por qué debo estar en una fila tan sólo por pan expectante?

Construí un ferrocarril una vez, lo hice funcionar, contra el tiempo corría.

Construí un ferrocarril una vez, que ahora está completo. Hermano, ¿diez centavos tendrías?

La letra nos recuerda que un bajón en la economía lo cambia todo para quienes pierden sus empleos. Cuando eso sucede, como cristianos debemos hacer lo que podamos por los necesitados. En Gálatas 2, Pablo y Bernabé fueron exhortados a evangelizar y a «acord[arse] de los pobres» (v.10). Podemos ver que Pablo hizo precisamente eso: predicar el evangelio y fomentar la ayuda financiera para aquellos que tenían necesidades (Hechos 11:29-30; 1 Corintios 16:1-3).

En tiempos económicamente difíciles, también debemos ayudar a las personas con necesidad espiritual y física. Diez centavos no hacen mucho en estos días, pero una actitud generosa sí. —HDF
“Un buen ejercicio para el corazón es inclinarse para ayudar a que otra persona se levante.”
Lectura del día: 2 Corintios 9:6-15

martes, 22 de diciembre de 2009

Reflexión Martes, 22 de diciembre de 2009

El pastor estrella

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó esas cosas.” —Isaías 40:26

Alguna noche, cuando estés en algún lugar lejos de las luces de la ciudad, «levanta […] en alto [tus] ojos» (Isaías 40:26). Allí, en los cielos, verás una luminosa banda de estrellas que se extiende de un horizonte a otro: es nuestra galaxia.

Según el astrónomo Simon Driver, si tienes buena vista, podrás ver unas 5 000 estrellas. Sin embargo, hay muchísimo más que no se puede observar a simple vista. En 1995, la sonda espacial Hubble, enviada para un profundo estudio de campo, concluyó que hay miles de millones de galaxias, cada una con miles de millones de estrellas. Una estimativa indica que hay más de diez estrellas en el universo por cada grano de arena en la tierra.

Y sin embargo, cada noche, sin falta, Dios «saca y cuenta su ejército; […] ninguna faltará; tal es […] el poder de su dominio» (v.26).

Entonces, ¿por qué dice la gente: «Mi camino está escondido de Jehová»? (v.27). Sí, miles de millones de personas habitan este planeta, pero Dios no se olvida de ninguna. Él conoce «a los que son suyos» (2 Timoteo 2:19). Si puede sacar los incalculables ejércitos del cielo cada noche, astro por astro, también puede llevarte a Su luz. Lo hace con «el poder de su dominio» (v.26); el mismo poder que mostró cuando resucitó a Jesús de entre los muertos.

¿Se ven las estrellas esta noche? ¡Regocíjate! Dios se ocupa de ti. —DHR

“Vemos el poder de la creación de Dios; Sentimos el poder de su amor.”

Lectura del día: Isaías 40:25-27

lunes, 21 de diciembre de 2009

Reflexión Lunes, 21 de diciembre de 2009

Sólo Dios

“Somos colaboradores de Dios.” —1 Corintios 3:9

El 29 de mayo de 1953, el neozelandés Edmund Hillary y su guía serpa, Tenzing Norgay, se convirtieron en los primeros en alcanzar la cumbre del monte Everest, la montaña más alta del mundo. Como Tenzing no sabía usar la cámara, Edmund le tomó una fotografía para probar que habían llegado a la cima.

Más tarde, los periodistas preguntaban repetidamente quién había llegado a la cumbre primero. El líder de la expedición, John Hunt, respondió: «Llegaron juntos, como equipo». Estaban unidos por una meta común y a ninguno le preocupaba quién debía obtener el mayor reconocimiento.

Es contraproducente tratar de determinar quién merece el mayor crédito cuando algo se ha hecho bien. La iglesia de Corinto estaba dividida en dos bandos: los que seguían a Pablo y los que seguían a Apolos. El apóstol Pablo les dijo: «Yo planté, Apolos regó; […] ni el que planta es algo, ni el que riega» (1 Corintios 3:7). Les recordó que eran «colaboradores de Dios» (v.9) y que es Él quien da el crecimiento en el ministerio (v.7).

Nuestra preocupación por quién merece el reconocimiento sólo sirve para quitarle el honor y la gloria que le pertenecen sólo al Señor Jesús. —CPH

“Jesús debe crecer; yo debo menguar.”

Lectura del día: 1 Corintios 3:1-9

domingo, 20 de diciembre de 2009

Reflexión Domingo, 20 de diciembre de 2009

Cantad alegres

“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.” —Salmo 100:1

A los seguidores del equipo de baloncesto de la Universidad Duke se los conoce como los «Locos de Cameron». Cuando Duke juega contra su mayor rival, la Universidad de Carolina del Norte, los «Locos» reciben estas instrucciones: «Este es el partido que han estado esperando. No hay excusas. Pongan todo. [El estadio de] Cameron tiene que reventar los oídos de la gente esta noche». Está claro que los seguidores de Duke toman su lealtad en serio.

El autor del Salmo 100 tomaba su lealtad al Señor en serio y quería que los demás hicieran lo mismo. «Cantad alegres a Dios», exclamó (v.1). El pueblo debía expresar libremente su alabanza al Señor, porque Él era el Dios del pacto con Israel, Aquel que estaba sobre todos los otros supuestos dioses. A los israelitas se los exhortaba a centrar toda su energía en Él y en Su bondad.

La bondad y la gracia de Dios deben motivarnos a expresar libremente nuestro amor y lealtad hacia Él con cantos alegres. Quizá esto implique que quienes son más reservados tengan que volverse un poco más flexibles y aprender lo que significa ser expresivos en su alabanza a Dios. Y puede que los que son tan expresivos, y que se pierden la belleza del silencio, tengan que aprender de aquellos que poseen un estilo más reflexivo.

La adoración es un tiempo para centrarnos en nuestro Creador, Redentor y Pastor, y celebrar lo que ha hecho —MLW

“Pensar en Dios debe llevarnos a una alabanza gozosa.”
Lectura del día: Salmo 100

sábado, 19 de diciembre de 2009

Reflexión Sábado, 19 de enero de 2009

No hay motivo de alarma

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.” —Efesios 4:26

El estruendo de la alarma que provenía desde el interior de la iglesia provocó el pánico en mi corazón. Había llegado temprano un domingo por la mañana porque planeaba pasar un momento de paz y quietud antes del arribo de la congregación. Pero olvidé desactivar la alarma contra robos. Al girar la llave, el estruendo perturbador y molesto llenó el edificio y, sin duda alguna, los dormitorios de los vecinos que estaban durmiendo.

La ira se parece mucho a eso. En medio de nuestras vidas pacíficas, algo hace girar una llave en nuestro espíritu y activa la alarma. Entonces, nuestra paz interior, sin mencionar la tranquilidad de quienes nos rodean, se ve interrumpida por la fuerza perturbadora de nuestras emociones explosivas.

A veces, la ira llama apropiadamente nuestra atención hacia alguna injusticia que tiene que tratarse y nos estimula a una acción justa. Sin embargo, en la mayoría de los casos, es la violación de nuestras expectativas, derechos y privilegios lo que enciende egoístamente nuestra ira. En todo caso, es importante saber por qué suena la alarma y responder de una manera piadosa. Pero una cosa es segura, la ira no debe prolongarse sin ser controlada.

No es de extrañar que Pablo nos recuerde la advertencia del salmista: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo» (Efesios 4:26; Salmo 4:4). —Jms

“La ira que no se controla es causa de alarma.”
Lectura del día: Efesios 4:25-32

viernes, 18 de diciembre de 2009

Reflexión Viernes, 18 de diciembre de 2009

Jehová-Jireh

“Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” —Mateo 6:8

En los primeros años que serví como pastor, estuve en iglesias pequeñas donde a menudo la situación financiera era apretada. Algunas veces, la economía de nuestra familia se resentía por ello. En una ocasión, ya casi estábamos sin comida y todavía faltaban varios días para que llegara el día de cobrar el sueldo. Mientras mi esposa y yo nos preocupábamos de cómo alimentaríamos a nuestros hijos en los días siguientes, sonó el timbre. Cuando abrimos la puerta, vimos dos bolsas de víveres. No le habíamos contado nuestro problema a nadie, pero nuestro Dios proveedor había hecho que alguien satisficiera dicha necesidad.

Esto me recuerda el relato de Abraham en el Antiguo Testamento, cuando se le pidió que sacrificara a su hijo Isaac. En el momento preciso, Dios proveyó un carnero en su lugar. Abraham llamó ese lugar Jehová-Jireh, «Jehová proveerá» (Génesis 22:14). Dios es quien sigue preocupándose profundamente por Sus hijos.

Jesús dijo: «Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis» (Mateo 6:8). Él se preocupa y busca constantemente darnos lo mejor para nosotros; y eso es un recordatorio de que, en tiempos de penurias y temor, tenemos a Alguien que nos cuida. Pedro escribió que podemos echar toda nuestra ansiedad sobre Dios, porque Él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Podemos acudir a Él en nuestro momento de necesidad. —WEC

“Lo que Dios promete, Dios provee.”

Lectura del día: Mateo 6:5-15

jueves, 17 de diciembre de 2009

Reflexión Jueves, 17 de diciembre de 2009

El rey de las frutas

“Present[ad] vuestros cuerpos en sacrificio vivo […] que es vuestro culto racional.” —Romanos 12:1

Al durián, una fruta tropical [del sureste asiático], a menudo se la llama la reina de las frutas. O te gusta o lo detestas. Aquellos a quienes les gusta harán casi cualquier cosa por conseguirlo. Los que lo detestan ni se le acercarán debido a su olor acre. A mi esposa le encanta. Recientemente, una amiga, agradecida por lo que mi esposa había hecho por ella, le envió una caja con durianes de la más alta calidad. Se esmeró mucho en asegurarse de que fueran los mejores.

Me pregunté: «Si le podemos dar lo mejor a un amigo, ¿cómo podemos hacer menos por nuestro Señor, quien dio Su propia vida por nosotros?»

El noble de la parábola de Jesús (Lucas 19) quería lo mejor de sus diez siervos a quienes les había dado dinero, y les dijo: «Negociad entre tanto que vengo» (v.13). Cuando regresó y les pidió cuentas, elogió con las palabras «está bien» a los que habían hecho todo lo posible con el dinero que se les había encomendado. Pero llamó «mal siervo» (v.22) al que no hizo nada con él.

El significado fundamental de esta historia es la mayordomía de lo que se nos ha dado. Ser fieles con lo que Dios nos ha concedido implica ofrecerle lo mejor de nosotros a cambio. Así como el amo en la parábola confió aquel dinero a sus siervos, el Señor nos ha dado dones para servirle. Somos nosotros quienes salimos perdiendo si no logramos darle lo mejor de nuestro ser. —CPH

“Lo mejor que podemos hacer es servir a Dios sirviendo a los demás.”

Lectura del día: Lucas 19:12-26

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Reflexión Miércoles, 16 de diciembre de 2009

Recuperación

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer.” —Filipenses 2:12-13

Una amiga mía se cayó de la bicicleta y sufrió un severo daño cerebral; los doctores no estaban seguros de si sobreviviría. Durante varios días permaneció entre la vida y la muerte.

La primera buena noticia llegó cuando abrió los ojos. Luego respondió a sencillas órdenes verbales. Pero la angustia permanecía ante cada pequeña mejoría. ¿Hasta dónde progresaría?

Después de un duro día de terapia, su esposo se desanimó; pero a la mañana siguiente, compartió estas reconfortantes palabras: «¡Sandy ha vuelto!» Física y psicológicamente, su esposa estaba volviendo a ser «ella»: la persona que conocíamos y amábamos.

El accidente de Sandy me recuerda a lo que los teólogos llaman «la caída» de la humanidad (Génesis 3). Y la lucha de mi amiga por recuperarse se compara con nuestra batalla por vencer el quebrantamiento del pecado (Romanos 7:18). La recuperación sería incompleta si funcionara sólo su cuerpo o su cerebro. La integridad implica que todas las partes trabajan juntas para un propósito.

Dios está sanando a Sandy, pero ella tiene que trabajar duro con la terapia para recuperarse. A nosotros nos pasa lo mismo desde el punto de vista espiritual. Después que Dios nos rescata por medio de Cristo, debemos «ocuparnos» en nuestra salvación (Filipenses 2:12), no para ganarla, sino para armonizar nuestros pensamientos y acciones con Su propósito. —JAL

“Para recuperarnos, sigamos sometiéndonos al Espíritu Santo.”

Lectura del día: Romanos 7:13-25

martes, 15 de diciembre de 2009

Reflexión Martes, 15 de diciembre de 2009

Palabra de Dios admirable

“Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos.” —Salmo 119:89

Al descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, en 1947, se lo ha llamado el hallazgo arqueológico más grande del siglo xx. Los manuscritos ocultos en las cuevas cerca de Qumrán son las copias más antiguas que se conocen de los libros clave del Antiguo Testamento. En el 2007, el Museo de Historia Natural de San Diego fue la sede de una exhibición de 24 de estos rollos. Un tema que a menudo se repetía en la muestra fue que, durante los últimos 2 000 años, el texto de la Biblia hebrea (el Antiguo Testamento cristiano) permaneció virtualmente inalterado.

Los seguidores de Cristo que creen que la Biblia es la eterna e inmutable Palabra de Dios consideran que esta extraordinaria preservación no es una simple coincidencia. El salmista escribió: «Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. De generación en generación es tu fidelidad» (Salmo 119:89-90). Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35).

La Biblia es más que una reliquia histórica. Es la Palabra de Dios viva y poderosa (Hebreos 4:12), donde encontramos al Señor y descubrimos cómo vivir para Él y honrarlo. «Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos» —concluye el salmista—, «porque con ellos me has vivificado» (119:93).

¡Qué privilegio tenemos cada día de buscar a Dios en Su admirable Palabra! —DCM

“Conocer a Cristo, la Palabra Viva, es amar la Biblia, la Palabra escrita.”

Lectura del día: Salmo 119:89-96

lunes, 14 de diciembre de 2009

Reflexión Lunes, 14 de diciembre de 2009

Luces de advertencia

“«Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento».” —Joel 2:12

No se me ocurrió que la alteración en el motor de mi automóvil y la lucecita amarilla de «chequear motor» en el panel realmente demandaran mi atención inmediata. Les resté importancia y dije que lo revisaría al otro día. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando di vuelta a la llave para encender el coche, no arrancó. Mi primera reacción fue de frustración porque sabía que esto significaría dinero, tiempo e incomodidad. Lo que se me ocurrió luego tuvo más que ver con una determinación: Tengo que prestarle atención a las luces de advertencia que están tratando de captar mi atención; pueden significar que algo anda mal.

En Joel 2:12-17, leemos que Dios usó al profeta Joel para instar a Su pueblo a prestar atención a la luz de advertencia en su panel espiritual. La prosperidad había hecho que Israel se volviera complaciente y negligente en su compromiso con el Señor. Su fe se había degenerado en un formalismo vacío, y la vida de los israelitas había caído en la bancarrota moral. Así que, Dios envió una plaga de langostas para arruinar las cosechas y captar la atención de Su pueblo, con lo cual hizo que este cambiara su comportamiento y se volviera a Él de todo corazón.

¿Qué luces de advertencia se encienden en tu vida? ¿Qué tiene que afinarse o repararse por medio de la confesión y el arrepentimiento? —MLW

“Para aprovechar tu tiempo al máximo, tómate tiempo para orar.”

Lectura del día: Joel 2:12-17

viernes, 11 de diciembre de 2009

Reflexión Viernes, 11 de diciembre de 2009

Lágrimas de arrepentimiento

“Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.” —Lucas 22:62

Mi esposo, un autotitulado analfabeto en informática, compró una computadora para ayudarlo en su negocio. Después de darle algunas sugerencias, lo dejé solo para que practicara un poco. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de escuchar una voz, con un ligero tono de pánico, desde la oficina: «Oye, ¿dónde está ese… botoncito?»

Por supuesto, lo que mi esposo estaba buscando era la tecla de «deshacer», que nos permite retroceder cuando hemos cometido un error. ¿Alguna vez deseaste tener una tecla así en tu vida? ¿Una opción para anular, reparar o restaurar lo que el pecado ha roto o dañado?

Después del arresto de Jesús, Pedro, uno de Sus amados discípulos, negó tres veces que lo conocía. Luego leemos que, «vuelto el Señor», simplemente «miró a Pedro», quien «saliendo fuera, lloró amargamente» (Lucas 22:61-62). Lo más probable es que esas fueran lágrimas de vergüenza y arrepentimiento. Sin duda, habrá deseado poder deshacer sus acciones. Pero no quedó abandonado en la angustia. Después de Su resurrección, Jesús restauró a Pedro y le dio la oportunidad de reafirmar su amor (Juan 21:15-17).

Cuando llores por el pecado en tu vida, recuerda que Dios ha provisto un método de restauración. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9). —CHK

“El camino de regreso a Dios comienza con un corazón quebrantado.”

Lectura del día: Lucas 22:54-62

jueves, 10 de diciembre de 2009

Reflexión Jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Una simple casualidad?

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” —Proverbios 3:6

Huang, un no creyente, era un científico de visita en la Universidad de Minnesota en 1994. Durante su estada allí, conoció a algunos cristianos y disfrutó de su compañerismo. Así que, cuando se enteraron de que Huang iba a regresar a Pekín, le dieron el nombre de un creyente que también se estaba mudando a esa ciudad, para que se pusiera en contacto con él.

En el vuelo de regreso a Beijing, el avión detectó problemas en los motores y pasó la noche en Seattle. ¡La aerolínea alojó a Huang en la misma habitación de la persona que tenía que contactar! Cuando llegaron a Pekín, ambos comenzaron a reunirse semanalmente para un estudio bíblico y, un año después, el científico le entregó su vida a Cristo. Esto no fue tan sólo una simple casualidad; Dios lo preparó.

En Rut 2, leemos que ella llegó a «aquella parte del campo [que] era de Booz» (v.3). Este hombre les preguntó a sus siervos quién era ella (v.5), lo cual dio lugar a que la tuviera en especial consideración. Cuando Rut le preguntó la razón de tanta amabilidad, Booz respondió: «He sabido todo lo que has hecho con tu suegra […]. Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida» (vv.11-12).

¿Acaso los acontecimientos en las vidas de Rut y de Huang sucedieron tan sólo porque sí? No, porque nadie en el pueblo de Dios puede escapar de Sus planes de guía y provisión. —AL

“Puede que una «simple casualidad» esté planificada por Dios.”

Lectura del día: Rut 2:1-12

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Reflexión Miércoles, 9 de diciembre de 2009

Cuando la vida es demasiado grande

“Jehová Dios mío, tú me has puesto […] por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.” —1 Reyes 3:7

De joven, Jimmy Carter fue suboficial en la Marina de los Estados Unidos, y quedó profundamente impactado por el Almirante Hyman Rickover, el cerebro detrás de la flota de submarinos nucleares de ese país.

Al poco tiempo de su asunción como presidente, invitó a Rickover a la Casa Blanca a almorzar. En esa ocasión, el almirante le obsequió a Carter una placa que decía: «Oh Dios, tu mar es tan grande y mi barca tan pequeña». Esa oración da una perspectiva útil del tamaño y de la complejidad de la vida, y de nuestra incapacidad para manejarla por nuestra cuenta.

Salomón también sabía que la vida podía ser abrumadora. Cuando sucedió a su padre David como rey de Israel, le confesó su debilidad a Dios, diciendo: «Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir» (1 Reyes 3:7). Como resultado de ello, pidió sabiduría para gobernar de una manera que agradara a Dios y ayudara a los demás (v.9).

¿Sientes que la vida te queda grande? Puede que no haya respuestas fáciles para los desafíos que enfrentas, pero Dios promete que, si le pides sabiduría, Él te la concederá (Santiago 1:5). No tienes que enfrentar tú solo los abrumadores desafíos de la vida. —WEC

“Reconocer nuestra pequeñez puede hacernos abrazar la grandeza de Dios.”

Lectura del día: 1 Reyes 3:4-14

martes, 8 de diciembre de 2009

Reflexión Martes, 8 de diciembre de 2009

Un legado de arrepentimiento

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado.” —Salmo 51:17

Todas las naciones tienen héroes, pero puede que Israel sea la única que haya elaborado una literatura épica acerca de los fracasos del más grande de sus héroes (Salmo 51). Este elocuente salmo muestra que Israel, al final, recordó a David más por su devoción a Dios que por sus logros políticos.

Paso a paso, el salmo lleva al lector por todas las etapas del arrepentimiento. Describe las constantes repeticiones mentales, la culpa que nos carcome, la vergüenza y, finalmente, la esperanza de un nuevo comienzo, que surge del verdadero arrepentimiento.

De una manera extraordinaria, el Salmo 51 revela que la verdadera naturaleza del pecado es una relación rota con Dios. David clama: «Contra ti, contra ti solo he pecado» (v.4). Ve que los sacrificios que el Señor quiere son «el espíritu quebrantado, [e]l corazón contrito y humillado» (v.17). David cuenta con esos elementos.

En su oración, busca el bien que podría surgir de su tragedia y ve un rayo de luz. Tal vez, al leer esta historia de pecado, otros podrían evitar las mismas dificultades, o al leer su confesión, podrían llegar a tener esperanza de ser perdonados. La oración de David es contestada y se convierte en su gran legado como monarca. El mejor rey de Israel ha caído hasta lo más bajo. Pero ni él, ni nadie, pueden caer más allá del alcance del amor y el perdón de Dios. —PY

“El arrepentimiento es el terreno donde florece el perdón.”

Lectura del día: Salmo 51

lunes, 7 de diciembre de 2009

La guerra… luego la paz

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” —Filipenses 4:7

El 7 de diciembre de 1941, un avión de guerra japonés, piloteado por Mitsuo Fuchida, despegó del portaaviones Akagi. Fuchida dirigió el ataque sorpresa a la flota de los Estados Unidos en el Pacífico, en Pearl Harbor, Hawai.

Durante los años de guerra siguientes, Fuchida continuó volando; a menudo, escapando por poco de la muerte. Hacia el final del conflicto bélico, se sentía desilusionado y amargado.

Unos cuantos años más tarde, escuchó una historia que despertó su curiosidad espiritual: Una joven cristiana, cuyos padres habían sido asesinados por los japoneses durante la guerra, decidió servir como misionera a los prisioneros nipones. Impresionado, Fuchida comenzó a leer la Biblia.

Al leer las palabras de Jesús desde la cruz, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34), entendió por qué la mujer podía mostrar bondad a sus enemigos. Ese día, Fuchida le entregó su corazón a Cristo.

Al convertirse en predicador y evangelista laico para sus conciudadanos, este ex combatiente demostró «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:7), paz que disfrutan aquellos que han confiado en Cristo y han hecho «conocidas [sus] peticiones delante de Dios» (v.6).

¿Has encontrado esta paz? Sin importar por lo que hayas pasado, Dios la pone a tu disposición. —HDF

“La verdadera paz no es la ausencia de guerra; es la presencia de Dios.” —Loveless

Lectura del día: Lucas 23:32-43

viernes, 4 de diciembre de 2009

Reflexión Viernes, 4 de diciembre de 2009

Lo que puedes hacer

“[Oro] para que os dé […] el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.” —Efesios 3:16

¿Estás recibiendo lo que quieres de la vida? ¿O sientes que la economía, el gobierno, las circunstancias que te rodean u otros factores externos te están robando la estima y el gozo?

Recientemente, en una encuesta, se les preguntó a 1 000 personas qué era lo que más deseaban en la vida. El sorprendente resultado fue que el 90% de los cristianos que creían en la Biblia dijeron que querían los siguientes resultados: una relación íntima con Dios, un propósito claro en la vida, un alto grado de integridad y un profundo compromiso con la fe.

Cabe destacar que estos intensos deseos pueden lograrse sin ayuda humana externa. Para ello, ningún programa gubernamental será de ayuda, y los tiempos de dificultad económica no podrán robar estos ideales. Estos objetivos de la vida se alcanzan cuando permitimos que la Palabra de Dios gobierne nuestros corazones y recibimos la fortaleza del Espíritu, para desarrollar al «hombre interior» (Efesios 3:16), lo cual da como resultado el verdadero gozo.

Nuestro complicado mundo nos tienta a colocar la búsqueda de nuestros deseos en las manos de otros. Si bien algunas veces necesitamos ayuda y no podemos vivir aislados, no son las fuentes externas las que brindan la verdadera felicidad. Esto viene de adentro, de permitir que Cristo se sienta en nuestros corazones como en Su casa (v.17). —JDB

“Si un mundo atribulado te abate, busca a Jesús.”

Lectura del día: Efesios 3:14=21

jueves, 3 de diciembre de 2009

Reflexón Jueves, 3 de diciembre de 2009

Encontrando a Jesús

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” —Romanos 8:32

En Wellington, Florida, después de que robaran de una escena del nacimiento una valiosa estatuilla en cerámica del niño Jesús, los oficiales tomaron medidas para impedir que los ladrones volvieran a tener éxito. Un artículo de Associated Press describió cómo colocaron un dispositivo de rastreo GPS (sistema de posicionamiento global) dentro de la estatuilla de reemplazo. La siguiente Navidad, cuando el niño Jesús volvió a desaparecer, la señal guió a los policías hasta la vivienda del ladrón.

Hay momentos cuando las circunstancias difíciles o las pérdidas personales pueden hacernos sentir que nos robaron a Cristo de nuestra Navidad. ¿Cómo podemos encontrar a Jesús cuando la vida parece ir en contra de nosotros?

Al igual que un GPS espiritual, Romanos 8 nos guía hacia el amor y la presencia constantes de Dios en nuestra vida. Leemos que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestras debilidades e intercede por nosotros (v.27). Sabemos que Dios está a nuestro favor (v.31). Y tenemos esta gran seguridad: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (v.32). Finalmente, se nos recuerda que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús (vv.38-39).

Busquemos a Jesús en el pesebre, en la cruz, resucitado de entre los muertos y en nuestros corazones. Allí es donde podemos encontrarlo en Navidad. —DCM

“Si solo nos centramos en la Navidad, podríamos perder de vista a Cristo.”

Lectura del día: Romanos 8:27-39

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Reflexión Miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sin chance

"Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo." —1 Juan 4:4

En el 2004, Josh Hamilton era una sobresaliente promesa del béisbol profesional, pero fue suspendido por abuso de drogas. Luego, una noche, tuvo un sueño que le cambió la vida. Estaba luchando contra el diablo. «Yo tenía un palo —dijo—, y cada vez que lo golpeaba, él caía y se volvía a levantar. Lo golpeé hasta quedar exhausto, y él seguía de pie».

Después de esa pesadilla, Hamilton juró mantenerse limpio. El sueño regresó, pero con una importante diferencia. «Yo lo golpeaba [al diablo] y era como si él rebotase», dijo Josh. Pero esta vez, el joven no estaba solo. Agregó: «Me di vuelta y Jesús estaba batallando a mi lado. Seguimos luchando y cobré fuerzas. El diablo no tuvo chance».

La Biblia dice que el diablo no tiene chance porque el Espíritu, que vive en nosotros, es mayor que él (1 Juan 4:4). Cristo vino a destruir la obra del diablo por medio de Su vida, ministerio y sacrificio (3:8). En la cruz, desarmó a Satanás y triunfó sobre él (Colosenses 1:13,14; 2:15).

Aunque derrotado por la cruz, el diablo sigue activo en este mundo. Pero su derrota final es segura (Apocalipsis 20:7-10). Mientras tanto, tomamos toda la armadura de Dios (Efesios 6:10-18) y lo resistimos firmes por medio de la sangre de Jesús y Su Palabra. No tiene chance. —MLW

"El diablo es un enemigo derrotado."

Lectura del día: Efesios 6:10-18

martes, 1 de diciembre de 2009

Reflexión Martes, 1 de diciembre de 2009

El mejor de los regalos

"¡Gracias a Dios por su don inefable!" —2 Corintios 9:15

¿Tienes problemas para escoger el regalo perfecto para alguien? Una amiga compartió conmigo algunas sugerencias:
  • El regalo de escuchar. Sin interrumpir, sin planificar nuestra respuesta. Tan sólo escuchar.
  • El regalo del afecto. Ser generoso con abrazos, besos y palmaditas en la espalda, siempre que sea de la forma apropiada.
  • El regalo de la risa. Compartir historias graciosas y chistes. Tu regalo dirá: «Me encanta reírme contigo».
  • El regalo de una nota escrita. Expresar nuestro aprecio o afecto por medio de una breve nota escrita a mano.
  • El regalo de un cumplido. Decir con sinceridad, «Hoy estás fantástico» o «eres una persona especial», puede despertar una sonrisa.
Pero, al comenzar este mes especial de celebración, ¿por qué no entregar el mejor regalo que has recibido? Comparte la verdad de que «la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús» (Romanos 6:23). O este versículo de Juan 1:12: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». Recuérdales a otros que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

Jesucristo es el mejor regalo. «¡Gracias a Dios por su don inefable!» (2 Corintios 9:15). —CHK

"El mejor regalo se encontró en un pesebre."

Lectura del día: Juan 1:10-13