sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexión sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexiones
Dennis Fisher

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación […]; puso mis pies sobre peña…” —Salmo 40:2

Hace poco, se cumplieron 20 años desde que comencé a escribir un diario personal espiritual. Mientras releía las primeras cosas que anoté, me sorprendí de haber mantenido durante tanto tiempo esta costumbre. Pero ¡ahora no dejaría de hacerlo ni aunque me pagaran!
 
Estos son algunos de los beneficios de haberlo escrito: Las experiencias de la vida me enseñaron que progresar y fracasar son parte del trayecto. Leer sobre cómo me ayudó Dios a solucionar un problema importante me trae a la mente Su gracia. Las luchas pasadas me dan discernimiento para enfrentar cuestiones del presente. Y, lo más importante de todo, las anotaciones diarias me muestran la gran fidelidad de Dios al obrar en mi vida.
 
Muchos de los salmos son como diarios espirituales. Suelen registrar cómo ha llegado la ayuda divina en momentos de prueba. En el Salmo 40, David escribe: «Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos» (vv. 1-2). Después, lo único que tenía que hacer él era leer el salmo para recordar la fidelidad con que Dios lo había liberado.
 
Escribir un diario también te podría resultar útil. Puede ayudarte a ver con más claridad lo que el Señor está enseñándote en el viaje de la vida y hacer que reflexiones sobre Su fidelidad.
“Reflexionar sobre la fidelidad de Dios en el pasado da esperanza para el futuro.”
Lectura del día: Salmo 40:1-5

viernes, 30 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 30 de diciembre de 2011

Cumplir con tu papel
Cindy Hess Karper

“… en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función…” —Romanos 12:4

Durante los últimos años, mi hija Rosie ha sido directora teatral en una escuela secundaria local. Los alumnos se presentan a las pruebas y solo algunos son seleccionados para representar los papeles principales. Pero hay también muchos otros roles secundarios importantes que deben llevarse a cabo y que son vitales para la producción.
 
Hay otros jóvenes que quieren formar parte del espectáculo, pero no les gusta estar a la vista, sino que varían el escenario, abren y cierran los telones, manejan las luces y ayudan con el maquillaje y los cambios de ropa. Además, están los padres que forman parte de la comunidad y que proveen pizza y galletas para los ensayos, donan materiales, construyen escenarios, cosen disfraces, hacen carteles y reparten programas.
 
El éxito de los espectáculos es la culminación de un intenso proceso de cuatro o cinco meses que surge como resultado del arduo trabajo de una gran cantidad de dedicados voluntarios.
 
De manera similar, para que el cuerpo de Cristo funcione plenamente, cada uno de nosotros debe hacer su parte. Cada creyente está singularmente dotado para el servicio. Estos dones se combinan para cooperar los unos con los otros, «según la actividad propia de cada miembro» (Efesios 4:16), y las distintas partes se suman para formar un todo (Romanos 12:5).
 
Nos necesitamos mutuamente. ¿Qué papel estás cumpliendo en la vida de la iglesia?
“Para que una iglesia sea saludable, sus miembros deben ejercitar sus dones espirituales.”
Lectura del día: Romanos 12:1-8

jueves, 29 de diciembre de 2011

Reflexión jueves, 29 de diciembre de 2011

Aún así, me alegraré
Marvin Williams

“Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.” —Habacuc 3:18

Vivir en este mundo puede ser difícil. En ciertos momentos, casi todos nos hemos preguntado: ¿Dónde está Dios? ¿No sabe lo que me pasa? Y tal vez hemos pensado: Da la impresión de que la injusticia está triunfando y que Dios no hace nada. La manera de reaccionar ante nuestros problemas depende de nosotros. El profeta Habacuc tuvo una actitud digna de imitar: Decidió regocijarse.
 
Habacuc vio que los errores espirituales y morales de Judá aumentaban rápidamente, y eso lo perturbó en gran manera. Pero la reacción de Dios le afectó aún más, ya que iba a usar a la malvada nación de Babilonia para castigar a Su pueblo. Aunque el profeta no lo entendió en profundidad, pudo regocijarse porque había aprendido a depender de la sabiduría, la justicia y la soberanía de Dios. Concluyó su libro con una declaración maravillosa: «Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18). Aunque no estaba claro cómo sobreviviría Judá, Habacuc había aprendido a confiar en el Señor en medio de la injusticia, el sufrimiento y la pérdida. Viviría por su fe puesta solo en Dios. Junto con esa clase de fe, llegó el gozo del Señor, a pesar de las circunstancias que lo rodeaban.
 
Nosotros también podemos regocijarnos en nuestras pruebas, tener una confianza inamovible en Dios y vivir en las alturas de Su soberanía.
“Alabar a Dios en las pruebas convierte las cargas en bendiciones.”
Lectura del día: Habacuc 3:11-19

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Reflexión miércoles, 28 de diciembre de 2011

Decisiones y consecuencias
Bill Crowder

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” —Gálatas 6:7

En el Museo Internacional de la Esclavitud, en Liverpool, Inglaterra, se recuerda la devastación de generaciones de hombres, mujeres y niños. El precio que personas inocentes pagaron por la codicia de otros es horroroso… pero no solo ellos han pagado por lo sucedido. En la pared del museo, aparece grabada una profunda observación de Frederick Douglass, ex esclavo y defensor de los derechos humanos, que dice: «Ningún hombre puede encadenar el tobillo de otro ser humano sin, a la larga, descubrir que el otro extremo de la cadena está sujeto a su propio cuello». En toda acción deshumanizante, nos deshumanizamos a nosotros mismo.
 
El apóstol Pablo lo expresó de otro modo al escribir: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7). Estas palabras constituyen un enérgico recordatorio de que nuestras acciones tienen consecuencias; entre ellas, cómo tratamos a los demás. Cuando preferimos odiar, ese odio puede retornar a nosotros haciendo que experimentemos situaciones para las que nunca estamos totalmente preparados. Quizá lleguemos a aislarnos de los demás, enojarnos con nosotros mismos y anular nuestra capacidad para servir a Dios con eficacia.
 
Antes de que esto suceda, decidamos «no [cansarnos], pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos […]. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos…» (vv. 9-10).
“La semilla que sembremos hoy determinará el fruto que cosecharemos mañana.”
Lectura del día: Gálatas 6:1-10

martes, 27 de diciembre de 2011

Reflexión martes, 27 de diciembre de 2011

Espera colmada de gracia
Anne Cetas

“… no desmayamos…” —2 Corintios 4:16

Rogelio se quedó sin trabajo porque la empresa redujo el personal. Durante meses, se presentó en diversos lugares, oró, les pidió a otros que oraran y confío en Dios. No obstante, los sentimientos de él y de su esposa, Julia, fluctuaban. Veían que el Señor les proveía de maneras inesperadas y experimentaban Su gracia, pero, a veces, se preocupaban porque pensaban que nunca encontraría otro trabajo. Esperaron durante 15 largos meses.
 
Al cabo de un tiempo, Rogelio tuvo tres entrevistas en una empresa y, una semana después, lo llamaron y le dijeron: «¿Alguna vez oyó el dicho: “A veces, las nubes tienen un revestimiento de plata”? Bueno, ¡consiguió trabajo!». Más tarde, Julia me dijo: «No cambiaríamos esa dura experiencia por nada. Hizo que nos acercáramos más el uno al otro y al Señor». Los amigos que habían orado se alegraron y le dieron gracias a Dios.
 
Pablo quería que la iglesia de Corinto viera que la gracia del Señor estaba obrando en su vida, para que «la acción de gracias [sobreabundara] para gloria de Dios» (2 Corintios 4:15). Sus pruebas eran tan severas que estaba atribulado en todo, en apuros, perseguido y derribado (vv. 8-9). Sin embargo, instaba a la gente a no desanimarse con los problemas (v. 16), sino a confiar en el Señor. Durante nuestras dificultades, podemos acercarnos más a Dios y a los demás, tal como les sucedió a Rogelio y a Julia, y el Señor será alabado por Su gracia.
“No hay mejor momento para adorar a Dios que ahora mismo.”
Lectura del día: 2 Corintios 4:7-18

lunes, 26 de diciembre de 2011

Reflexión lunes, 26 de diciembre de 2011

Adoración incorrecta
Dave Branon

“… hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse…” —Hechos 19:27

Si realmente quieres hacer que la gente se enoje, pon en peligro su situación financiera.
 
Una mala perspectiva económica hace que los políticos sean destituidos, y la amenaza de una reducción en los ingresos casi hizo que echaran a Pablo de Éfeso.
 
Esto fue lo que sucedió: Pablo llegó a la ciudad y empezó a discutir y persuadir «acerca del reino de Dios» (Hechos 19:8). Había comunicado el evangelio durante más de dos años, y muchos comenzaron a seguir a Jesús.
 
Como el apóstol estaba teniendo tanto éxito en lograr que la gente viera que hay un solo Dios verdadero, muchos efesios dejaron de adorar a la diosa Diana. Esto se convirtió en una mala noticia para los plateros locales que se ganaban la vida fabricando y vendiendo estatuillas de esa diosa. Si mucha gente dejaba de creer en ella, se les terminaría el negocio. Por eso, cuando los artesanos se dieron cuenta de la situación, hubo una conmoción y un tumulto.
 
Este incidente en Éfeso puede inducirnos a evaluar por qué adoramos a Dios. Los plateros querían defender la adoración del pueblo para proteger su prosperidad personal, pero que nunca se diga algo así de nosotros. Jamás permitas que tu adoración al Señor se convierta en un medio para tener buena suerte.
 
Adoramos a Dios por Su amor hacia nosotros y por lo que Él es; no porque tal actitud pueda llegar a aumentar el saldo de nuestras cuentas. Adoremos al Señor de la manera correcta.
“No adores a Dios para obtener beneficios… ya los tienes.”
Lectura del día: Hechos 19:23-41

domingo, 25 de diciembre de 2011

Reflexión domingo, 25 de diciembre de 2011

Llegó la hora
Jennifer Benson Schuldt

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” —Lucas 2:14

Durante la fiesta de Navidad en nuestra iglesia, observaba a los integrantes del coro que se ubicaban al frente de la congregación mientras el director de música hojeaba unos papeles que tenía sobre un delgado atril negro. La orquesta empezó a tocar y los cantantes interpretaron una conocida canción que comenzaba con estas palabras: «Venid, adoremos; venid, adoremos».
 
Aunque esperaba oír un antiguo y preciado villancico de Navidad, sonreí ante la apropiada elección de la música. La semana anterior había estado leyendo el relato de Lucas del nacimiento de Jesús y noté que, en la primera Navidad, no hubo fiestas, ni regalos ni comidas como en la actualidad, pero sí hubo adoración.
 
Después que el ángel les anunció a unos asombrados pastores que Jesús había nacido, apareció un coro de ángeles «que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas…!» (Lucas 2:13-14). La reacción de los pastores fue ir corriendo a Belén, donde hallaron al Rey que acababa de nacer y que yacía en un pesebre en un establo. Más tarde, regresaron a sus campos «… glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto…» (v. 20). Ver cara a cara al Hijo de Dios movió a los pastores a adorar al Padre.
 
Considera hoy cuál es tu reacción ante la llegada de Jesús a la tierra. ¿Hay lugar en tu corazón para adorar durante este día que celebra Su nacimiento?
“El coro del cielo bajó para cantar cuando el Rey celestial descendió para salvar.”
Lectura del día: Lucas 2:8-20

sábado, 24 de diciembre de 2011

Reflexión sábado, 24 de diciembre de 2011

Muerte derrotada
David C. McCasland

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” —1 Corintios 15:55

Los investigadores en medicina trabajan incansablemente para encontrar una cura para el cáncer, una pista sobre el misterio del Mal de Alzheimer y alguna forma de acabar con una hueste de debilitantes enfermedades. Pero ¿qué pasaría si te despertaras y leyeras una noticia que dice: ¡LA MUERTE HA SIDO DERROTADA!? ¿Lo creerías? ¿Podrías creerlo?
 
El Nuevo Testamento proclama que, para el creyente en Cristo, la muerte verdaderamente ha sido destruida, se volvió inactiva y ya no es capaz de hacer lo que hacía antes. «Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria» (1 Corintios 15:54).
 
Esta buena noticia es para todos los que la reciban, tal como el ángel les dijo a los pastores cuando Jesús nació. «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor» (Lucas 2:10-11).
 
El nacimiento de Jesús fue el principio del final de la muerte. «… el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 15:56-57).
 
¡Por esta razón, celebramos la Navidad!
“El nacimiento de Cristo trajo a Dios al hombre; Su cruz lleva el hombre a Dios.”
Lectura del día: 1 Corintios 15:50-58

viernes, 23 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 23 de diciembre de 2011

El Dios perseguidor
Joe Stowell

“… Dios envió a su Hijo, […], para que redimiese a los que estaban bajo la ley…” —Gálatas 4:4-5

El pastor Tim Keller, de una iglesia presbiteriana de Manhattan, en Nueva York, señala acertadamente que el cristianismo se caracteriza entre todas las religiones porque se trata de un Dios que nos persigue para que nos acerquemos a Él. En todos los otros sistemas religiosos, las personas persiguen a su dios, con la esperanza de que este las acepte por su buena conducta, el cumplimiento de rituales, las buenas obras y otros esfuerzos personales.
 
El poeta británico Francis Thompson capta la profunda naturaleza de esta realidad cuando escribe sobre la forma incesante en que Dios lo persiguió. En su obra titulada El lebrel del cielo, relata que mientras huía del Señor, no podía dejar atrás «esos poderosos pies que me seguían […] en una persecución sin prisa, pero con paso imperturbable». Sin embargo, la incansable persecución de Dios tras la persona descarriada no es solo la historia de Thompson. La esencia del mensaje de la Navidad es la maravillosa verdad de que el Señor vino a buscarnos a cada uno de nosotros. Como declara Pablo: «… Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley…» (Gálatas 4:4-5).
 
Y no es solo la historia de la Navidad, sino también la de la persecución de Dios tras Adán y Eva después de la caída. ¡Me persiguió a mí! ¡Te persigue a ti! ¿Dónde estaríamos hoy si Dios no fuera el «Lebrel del cielo»?
“El deseo eterno de Dios para contigo nunca se acabará.”
Lectura del día: Gálatas 4:1-7

jueves, 22 de diciembre de 2011

Reflexión jueves, 22 de diciembre de 2011

Tesoro escondido
Dennis Fisher

“En [Cristo] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.” —Colosenses 2:3

Un cazador de tesoros británico encontró una cantidad inmensa de monedas romanas enterradas en un campo al sudoeste de Inglaterra. Con un detector de metales, Dave Crisp ubicó una gran vasija con 52.000 monedas. Esas piezas de oro y de bronce, que pesan más de 160 kilogramos y datan del siglo iii a.C., están valuadas en cinco millones de dólares.
 
Si bien el tesoro de Crisp podría hacernos soñar con encontrar riquezas similares, los creyentes en Cristo deberíamos dedicarnos a una clase distinta de búsqueda de tesoros. Lo que rastreamos no es plata ni oro, sino que deseamos encontrar las preciosas gemas del discernimiento, para poder alcanzar «todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2:2-3). El tesoro escondido de conocer más al Señor se encuentra en la Biblia. El salmista dijo: «Me alegro en tu palabra como alguien que descubre un gran tesoro» (Salmo 119:162 NTV).
 
Si leemos la Palabra de Dios en forma apresurada y superficial, nos perderemos sus profundos conceptos. Esas verdades deben buscarse diligentemente, poniendo tanta atención como lo hace alguien que está buscando un tesoro escondido.
 
¿Estás ansioso por encontrar los tesoros guardados en las Escrituras? ¡Empieza a cavar!
“Los tesoros de verdad de la Palabra de Dios se desentierran con la pala de la meditación.”
Lectura del día: Colosenses 1:27-2:3

martes, 20 de diciembre de 2011

Reflexión martes, 20 de diciembre de 2011

Siempre de servicio
Marvin Williams

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta…” —Hebreos 13:17

Mientras mis hijos estaban arrojando los restos de comida en un cesto para desperdicios en un centro de compras local, un hombre que, evidentemente, estaba apurado por algo, casi se chocó con el mayor de ellos. Mi hijo menor dijo en broma: «Quizá robó algo». Pensé que podría usar la situación como una oportunidad para enseñarles algo, y dije: «Eso es lo que la Biblia llama juzgar a los demás». Entonces, él me preguntó sonriendo: «¿Por qué estás siempre “pastoreándome”?». Cuando dejé de reírme, les dije a mis hijos que nunca podía tomarme vacaciones de mi labor de guiarlos y cuidarlos.
 
El apóstol Pablo les dijo a los ancianos de Éfeso que ellos tampoco podían tomarse vacaciones de la tarea de pastorear al pueblo de Dios (Hechos 20). Estaba convencido de que los falsos maestros tratarían de devastar la iglesia (v. 29) y que los líderes debían proteger al grupo de tales embestidas. Cuidar al pueblo del Señor incluye alimentarlo espiritualmente, guiarlo con bondad y advertirlo con firmeza. El incalculable precio que Cristo pagó en la cruz debería motivar a los líderes de la iglesia (v. 28).
 
Los que lideran a las congregaciones tienen la gran responsabilidad de vigilar nuestras almas porque, un día, tendrán que rendirle cuentas al Señor de su labor entre nosotros. Hagamos que hoy se sientan gozosos al ver que los obedecemos y nos sometemos a su liderazgo fiel y piadoso (Hebreos 13:17).
“Después de oír la Palabra de Dios, deberíamos comprometernos a hacer Su obra.”
Lectura del día: Hechos 20:22-32

viernes, 16 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 16 de septiembre de 2011

Evitar las cáscaras
Dave Branon

“Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.” —Lucas 15:16

¡Ah, qué vida la de un cerdo! Lo único que le ofrece cada nuevo día es chapotear en el barro y resoplar alegremente a la hora de comer. ¡Y qué comida que tienen! Cáscaras de trigo crujientes… o cualquier resto de alimentos que se deseche en el corral.
 
¿Suena agradable? ¿No? Es probable que al hijo pródigo tampoco le haya gustado.
 
Antes de empezar a comer con los cerdos, había tenido una cálida cama, una gran herencia, un padre amoroso, un futuro asegurado y, posiblemente, buena comida. Pero no le bastó. Quería «divertirse». Deseaba manejar su vida y hacer lo que se le antojara. Todo terminó en compartir la comida con los cerdos.
 
Cuando un joven ignora la guía de padres piadosos y las instrucciones de la Palabra de Dios, los resultados son similares. Siempre me perturba cuando alguien que profesa conocer a Jesús decide vivir de una manera que rechaza la clara enseñanza divina. Ya sea que las decisiones incluyan pecados sexuales, uso de sustancias adictivas, falta de iniciativa o cualquier otra cosa, todo aquello que deje de lado al Señor corre el riesgo de terminar mal.
 
Si despreciamos los claros principios morales de la Biblia y descuidamos nuestra comunión con Dios, seguramente enfrentaremos problemas. Lucas nos cuenta que el joven dio un giro de 180 grados cuando volvió a sus cabales (Lucas 15:17). No pierdas la cabeza. Vive para Dios con la guía de Su Palabra… a menos que te apetezca comer cáscaras.
“El pecado parece deleitoso porque es engañoso.”
Lectura del día: Lucas 15:11-24

lunes, 12 de diciembre de 2011

Reflexión lunes, 12 de diciembre de 2011

Una creciente agresividad
Bill Crowder

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” —Romanos 12:18

En un viaje reciente, un auxiliar de vuelo me preguntó si volaba con mucha frecuencia. Cuando le contesté que sí, dijo: «¿No ha observado que la gente en las aeronaves están volviéndose cada vez más agresiva últimamente?». Tuve que confesar que estaba de acuerdo. Entonces, empezamos a hablar de cuáles podrían ser las causas; cosas como las crecientes medidas de seguridad aeroportuarias, los costos elevados, la disminución en los servicios y una insatisfacción generalizada con respecto a los viajes. Para confirmar que lo que decíamos era cierto, ¡nuestra conversación se vio interrumpida por un pasajero que no quería sentarse en el lugar que le habían asignado, porque le gustaba más el de otro!
 
Cuando los seguidores de Cristo se enfrentan con enojos y agresividades, pueden ser pacificadores. Pablo le escribió a la iglesia de Roma planteándole este desafío: «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres» (Romanos 12:18). ¿Qué significa esto? Por un lado, que debemos controlar lo que está a nuestro alcance. No podemos controlar las actitudes de los demás, pero sí nuestras reacciones.
 
Cuando nos vemos rodeados de ira y de actitudes hostiles, podemos exhibir el corazón del Príncipe de paz al responder de una manera bondadosa y pacífica. De este modo, demostraremos la actitud de nuestro Salvador en un mundo de creciente agresividad.
“El mundo necesita una paz que supere todo malentendido.”
Lectura del día: Filipenses 4:4-9

sábado, 10 de diciembre de 2011

Reflexón sábado, 10 de diciembre de 2011

Situación riesgosa
Joe Stowell

“Y despertando José […], hizo como el ángel del Señor le había mandado…” —Mateo 1:24

En alguna de las tarjetas de Navidad que recibas este año, sin duda habrá un hombre de pie, al fondo, mirando por encima del hombro de María, el cual muestra un notorio interés por el niño Jesús. Se llama José. Después de terminado el relato del nacimiento, no se vuelve a oír mucho de él. Si no conociéramos la historia, pensaríamos que era un espectador insignificante o, a lo sumo, una mera necesidad para validar el derecho de Jesús al trono de David.
 
No obstante, en realidad, José desempeñó un papel estratégicamente importante. Si hubiese desobedecido el mandato del ángel de tomar a María por esposa (Mateo 1:20), desde un punto de vista humano, habría hecho peligrar toda la misión de Jesús. Tomarla por esposa era una tarea riesgosa. Que la gente pensara que él era el padre del bebé lo ponía en una grave situación de quebrantamiento de la ley judía y lo desacreditaba públicamente. Sin embargo, hoy todos estamos agradecidos de que él haya estado dispuesto a poner en juego su reputación para participar en la revelación progresiva de Dios y colaborar en su cumplimiento.
 
Nosotros, en su mayoría, somos insignificantes en comparación con los personajes importantes de este mundo, pero a todos se nos llama a obedecer. ¿Quién sabe qué tiene preparado Dios cuando estamos dispuestos a someternos a Su voluntad? ¡Incluso cuando eso nos ponga en una situación riesgosa!
“No es poca cosa confiar y obedecer.”
Lectura del día: Mateo 1:18-25

viernes, 9 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Qué te daré?
David H. Roper

“… le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.” —1 Reyes 3:5

Me han contado que las «historias sobre tres deseos» pertenecen a casi todas las culturas y siguen una idea similar: Aparece un benefactor y ofrece conceder tres deseos a un confiado beneficiario. Que estos cuentos se den con tanta frecuencia sugiere que todos queremos tener algo que no podemos conseguir por nuestros propios medios.
 
Incluso en la Biblia hay una «historia de un deseo». Ocurrió una noche cuando el Señor se le apareció a Salomón en un sueño y le dijo: «… Pide lo que quieras que yo te dé» (1 Reyes 3:5). Salomón podría haber pedido cualquier cosa: riquezas, honra, fama o poder. Sin embargo, no pidió ninguna de estas cosas, sino que quiso tener un «corazón entendido» (v. 9); es decir, un corazón humilde y dispuesto a escuchar la Palabra de Dios y aprender sus verdades. El joven e inexperto rey que cargaba con la responsabilidad de gobernar una vasta nación necesitaba la sabiduría del Señor para desempeñarse bien.
 
¿Tengo yo esa sabiduría? Si Dios me hablara directamente y me preguntara qué puede hacer por mí, ¿qué le pediría? ¿Salud, riqueza, juventud, poder, prestigio? ¿O le rogaría que me dé sabiduría, santidad y amor? ¿Sería sabio o insensato al pedir?
 
Supongamos que el Señor te preguntara qué quieres que te dé, ¿qué le pedirías?
“Dios les da Su sabiduría a los que humildemente se la piden.”
Lectura del día: 1 Reyes 3:1-9

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Reflexión miércoles, 7 de diciembre de 2011

En memoria de él
Randy K. Kilgore

“Y habiendo [Jesús] dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido…” —1 Corintios 11:24

Cuando un navío de la Marina de los Estados Unidos llega o parte de la base naval de Pearl Harbor, la tripulación se pone en formación, vestida con sus uniformes. Se colocan en posición de firmes a un brazo de distancia entre sí en los laterales de la cubierta, para homenajear a los soldados, los marineros y los civiles que murieron el 7 de diciembre de 1941. Es una escena emocionante, y los participantes suelen considerarlo uno de los momentos más inolvidables de su carrera militar.
 
Incluso para los espectadores, el homenaje despierta un increíble vínculo emocional, particularmente entre los servidores actuales y los del pasado. Le otorga honorabilidad a la labor de los marineros del día de hoy y dignidad al sacrificio de los de ayer.
 
Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor (Mateo 26:26-29), es indudable que lo hacía con el propósito de crear esta misma clase de vínculo emocional. Nuestra participación en la mesa del Señor honra Su sacrificio y, al mismo tiempo, nos concede una comunión íntima con Él mucho más profunda que cualquier otro acto de recordación.
 
Tal como la Marina prescribe detalladamente la manera de homenajear a los caídos, las Escrituras también nos enseñan cómo recordar el sacrificio de Cristo (1 Corintios 11:26-28). Estos actos de adoración y de acción de gracias sirven para honrar una acción del pasado que le da sentido al servicio del presente.
“Cena del Señor: La conmemoración de Cristo que Él mismo nos dejó.”
Lectura del día: 1 Corintios 11:23-34

martes, 6 de diciembre de 2011

Reflexión martes, 6 de diciembre de 2011

Vida libre de impaciencia
Dave Branon

“… no te irrites, sólo harías lo malo.” —Salmo 37:8

¿Te molesta ver cuánta atención presta la sociedad actual a personas que defienden todo lo malo? Quizá se trate de estrellas del espectáculo que ocupan la primera plana mientras fomentan filosofías inmorales con su música, películas o programas. O pueden ser líderes que abiertamente menosprecian los patrones de vida recta.
 
Sería fácil impacientarnos ante esto y estrujarnos las manos desesperados, pero el Salmo 37 sugiere un camino mejor. Escucha el sabio consejo de David: «No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad» (v. 1).
 
Aunque está bien ser «sal» y «luz» (Mateo 5:13-14) en este mundo insulso y oscuro, para intentar contrarrestar el pecado al reflejar la luz de Jesús donde sea posible, no podemos permitir que fuerzas negativas nos hagan vivir enojados y airados (Salmo 37:8). En cambio, debemos descansar en Dios y dejar que Él tenga la última palabra respecto a los malignos: «… como la hierba verde se secarán» (v. 2). Además, deberíamos adoptar el enfoque de David: (1) «Confía en Jehová, y haz el bien»; (2) «te apacentarás de la verdad»; (3) «deléitate asimismo en Jehová»; (4) «encomienda a Jehová tu camino»; y (5) «guarda silencio ante Jehová, y espera en él» (vv. 3-7).
 
Tal vez no nos guste lo que vemos y oímos de algunos aspectos de la sociedad, pero recuerda esto: Dios tiene el control. Confía en que Él hará lo correcto y no te impacientes.
“No desesperes ante la maldad; Dios tiene la última palabra.”
Lectura del día: Salmo 37:1-11

lunes, 5 de diciembre de 2011

Reflexión lunes, 5 de diciembre de 2011

Bien amado
David C. McCasland

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” —1 Juan 4:19

Un amigo decía que su abuela había sido una de las personas más influyentes en su vida. A través de los años, ha tenido un retrato de ella junto a su escritorio como un recordatorio de su amor incondicional. Dijo: «Estoy realmente convencido de que ella me ayudó a aprender a amar».
 
No todos han tenido la oportunidad de sentir un amor humano similar, pero, por medio de Cristo, cada uno puede experimentar el ser bien amados por Dios. En 1 Juan 4, distintas formas de la palabra amor y del verbo amar aparecen 28 veces, y el amor de Dios a través de Cristo se considera la fuente de nuestro amor al Señor y a los demás. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (v. 10). «Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros…» (v. 16). «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero» (v. 19).
 
El amor de Dios no es un grifo que gotea lentamente ni un pozo que debemos cavar nosotros mismos, sino un torrente que fluye de Su corazón al nuestro. Cualquiera que sea nuestro trasfondo o experiencias en la vida, que nos sintamos bien amados por los demás o no, podemos conocer el amor, extraerlo de la fuente inagotable del Señor para experimentar Su cuidado amoroso y, después, transmitírselo a los demás.
 
En Cristo nuestro Señor, somos bien amados.
“Nada es más poderoso que el amor de Dios.”
Lectura del día: 1 Juan 4:7-21

viernes, 2 de diciembre de 2011

Reflexión viernes, 2 de diciembre de 2011

¿Demasiado ocupado? ¡Nunca!
Bill Crowder

“Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.” —Salmo 145:18

Unos estudiantes universitarios le alquilan una casa a mi hermana y a su esposo. Una noche, un ladrón intentó entrar a robar. Cuando la joven que vive allí llamó a la policía para decirles lo que estaba pasando, la operadora le respondió de una manera inusual: «Tendrá que volver a llamar por la mañana. Ahora estamos demasiado ocupados». ¡Qué respuesta tan perturbadora! La muchacha había hecho lo correcto al llamar a la policía, pero, por alguna razón, no prestaron atención a su pedido de ayuda. Esa clase de indiferencia decepciona.
 
No obstante, cuando acudimos a Dios en oración, la indiferencia no existe. Es probable que, a veces, nos parezca que el Señor no oye, pero sí lo hace. Él está atento y nos responderá. La Biblia nos recuerda que podemos hallar consuelo en saber que nuestro Dios está profundamente interesado en lo que pesa sobre nuestro corazón: «Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras» (Salmo 145:18). Cuando clamamos a Él, nunca obtendremos una respuesta desinteresada.
 
En vez de alejarse de nosotros cuando acudimos a Él buscando ayuda, nuestro Padre celestial se nos acerca en los momentos de necesidad. Nunca está demasiado ocupado para escuchar las oraciones de Sus hijos: Cuando lo llamamos, nos oye.
“La línea de comunicación al cielo nunca da ocupado.”
Lectura del día: Salmo 145:8-21

jueves, 1 de diciembre de 2011

Reflexión jueves, 1 de diciembre de 2011

Temas del Adviento
Julie Ackerman

“… esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.” — 1 Pedro 1:13

Creo firmemente que toda la Escritura está relacionada y que su contenido es importante. No obstante, me sorprendí cuando mi lectura de noviembre en el libro de 1 Pedro hablaba de los cuatro temas del Adviento, ese lapso en el calendario eclesiástico cuando muchos cristianos se preparan para celebrar la primera venida de Cristo mientras aguardan con ansias Su segundo advenimiento. Durante el Adviento, se enfatizan la esperanza, la paz, el gozo y el amor que Dios envió con Jesucristo.
 
ESPERANZA. Tenemos una herencia reservada en los cielos, una esperanza viva por la resurrección de Cristo de entre los muertos (1 Pedro 1:3-5).
 
PAZ. Amaremos la vida y veremos días buenos si nos alejamos del mal, hacemos el bien y buscamos la paz, porque el Señor vela sobre los justos y oye sus oraciones (3:10-12).
 
GOZO. Tenemos un gozo inenarrable aunque experimentemos pruebas, porque nuestra fe está evaluándose y demuestra ser genuina. El fin de esta fe es la salvación de nuestra alma (1:6-9).
 
AMOR. Podemos amarnos unos a otros con un corazón puro porque nacimos de nuevo por medio de la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1:22-23).
 
Debido a que Cristo vino la primera vez, podemos vivir con esperanza, paz, gozo y amor hasta que Él vuelva.
“Si esta Navidad buscamos esperanza, paz, gozo y amor, miremos a Dios.”
Lectura del día: 1 Pedro 1:3-5, 13-21