jueves, 31 de marzo de 2011

Reflexión jueves, 31 de marzo de 2011

Entrada válida
Bill Crowder

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” —Juan 14:6

Durante un viaje para enseñar fuera de los Estados Unidos, a mi esposa y a mí nos negaron la entrada al país donde íbamos, debido a problemas con el visado. Aunque pensábamos que la nación que planeábamos visitar había otorgado correctamente los permisos, los consideraron nulos. A pesar de los esfuerzos de varios funcionarios del gobierno, no se pudo hacer nada. No nos dejaron entrar y nos ubicaron en el siguiente vuelo, de regreso a nuestro país. Ninguna intervención pudo modificar el hecho de carecer de la autorización adecuada para ingresar.
 
Esa experiencia en mi vida fue angustiante, pero no puede compararse en lo más mínimo con el definitivo rechazo a entrar. Me estoy refiriendo a aquellos que se presenten delante de Dios sin un pase válido para entrar en el cielo. ¿Qué pasaría si mostraran su registro de esfuerzos religiosos y de buenas obras? No sería suficiente. ¿Qué sucedería si presentaran referencias sobre su personalidad? No serviría. Una sola cosa puede darle a una persona el ingreso al cielo. Jesús dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6).
 
Cristo solo, por medio de Su muerte y resurrección, pagó el precio por nuestros pecados. Y Él es el único que puede darnos el pase autorizado a la presencia del Padre. ¿Has puesto tu fe en Jesús? Asegúrate de tener esta entrada válida para ingresar al cielo.

“Solo a través de Cristo podemos entrar en la presencia del Padre.”

Lectura del día: Juan 14:1-10

miércoles, 30 de marzo de 2011

Reflexión miércoles, 30 de marzo de 2011

Sírvelo hoy
David C. McCasland

“… vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón.” —1 Samuel 12:20

Casi todos nosotros hemos querido tanto alguna cosa que, aunque sabíamos que estaba mal, no paramos hasta conseguirla. Después, nos sentimos apenados por nuestra tozudez espiritual y estupidez. Como consecuencia de haber desobedecido voluntariamente a Dios, podemos enojarnos con nosotros mismos, insensibilizarnos a causa de la culpa o resignarnos a padecer los resultados de nuestra necia equivocación. Sin embargo, hay otra opción.
 
Cuando los integrantes del pueblo de Israel insistían en tener un rey, a pesar de las advertencias del profeta Samuel (1 Samuel 8:4-9), Dios les permitió hacer lo que querían. Pero, cuando se dieron cuenta de los trágicos resultados de su decisión, le pidieron a Samuel que los ayudara y que orara por ellos (12:19). El profeta le dijo al pueblo: «No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón» (12:20).
 
No podemos desandar el ayer, pero sí actuar hoy para cambiar el mañana. Samuel prometió orar por ellos y enseñarles la manera correcta de proceder. Los instó a hacer lo siguiente: «Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros» (v. 24).
 
Dios nos invita a servirlo hoy y a reconocer con humildad Su perdón y Su fidelidad.

“Que los fracasos del ayer no destruyan los esfuerzos del mañana.”

Lectura del día: 1 Samuel 12:19-25

martes, 29 de marzo de 2011

Reflexión martes, 29 de marzo de 2011

Hablar suave y despacio
Jennifer Benson Schuldt

“La blanda respuesta quita la ira…” —Proverbios 15:1

John Wayne, un famoso actor norteamericano e ícono cinematográfico, dijo una vez: «Habla suave, habla despacio y no digas demasiado». A mí me cuesta seguir su consejo porque hablo rápido y no siempre lo hago con suavidad ni limito mis palabras. Sin embargo, esta idea de controlar nuestro lenguaje puede ser una herramienta útil cuando se trata del enojo. La Biblia dice que uno debe ser «tardo para hablar» (Santiago 1:19), y que «la blanda respuesta quita la ira» (Proverbios 15:1).
 
Gedeón respondió con suavidad durante un enfrentamiento verbal con algunos israelitas (Jueces 8). Después que su ejército derrotó a los madianitas, un grupo de conciudadanos lo criticó duramente (v. 1). Estaban ofendidos porque no habían participado en la parte más importante de la batalla. Gedeón no reaccionó con una respuesta áspera, sino que les recordó que habían capturado y asesinado a los príncipes de Madián. También honró a los hombres preguntándoles: «¿… qué he podido yo hacer comparado con vosotros?». Finalmente, «el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta palabra» (v. 3).
 
Con la ayuda del Señor, podemos aplacar las situaciones caldeadas si controlamos nuestras palabras. Responder con amabilidad y delicadeza a las personas enojadas puede fomentar la unidad, para la gloria de Dios.

“Muérdete la lengua antes de que esta despedace a los demás.”

Lectura del día: Jueces 7:24-8:3

lunes, 28 de marzo de 2011

Reflexión lunes, 28 de marzo de 2011

Medalla de oro al esfuerzo
Dave Branon

“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” —Filipenses 2:4

En 2009, durante el campeonato de atletismo de escuelas secundarias en Kansas, sucedió algo inusual. El equipo femenino que ganó la carrera de relevos de 3.200 metros fue descalificado. Pero más raro fue lo que pasó después. El otro equipo, al que se le dio el premio estatal en su lugar, se dio vuelta y entregó las medallas a las integrantes del equipo descalificado.
 
La primera escuela, St. Mary’s Colgan, perdió el primer puesto porque los jueces consideraron que una corredora había salido de su carril cuando entregó el testigo. Esto significó que el segundo equipo, Maranatha Academy, ascendiera al primer lugar. Después de recibir sus medallas, las chicas del Maranatha vieron los rostros apesadumbrados de las alumnas del St. Mary’s; y entonces, se las dieron, una a cada una.
 
¿Por qué lo hicieron? Bernie Zarda, entrenadora del equipo del Maranatha, lo expresó así: «Nuestro eslogan del año era no correr para nuestra gloria, sino para la gloria de Dios». Como resultado del proceder de estas jovencitas, la historia trascendió por todo Kansas, y el nombre de Dios fue exaltado.
 
Cuando dejamos de lado nuestros intereses y logros personales para reconocer que es mejor ocuparse de los intereses de los otros (Filipenses 2:4), vemos que se glorifica el nombre del Señor. Actuar con gracia y bondad hacia los demás es una de las mejores maneras de guiarlos a Dios.

“Cuando amamos a Dios, servimos a la gente.”

Lectura del día: Filipenses 2:4-11

domingo, 27 de marzo de 2011

Reflexión domingo, 27 de marzo de 2011

Teología para todos
Julie Ackerman Link

"… yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra…" —Jeremías 9:24

Algunos dicen que la teología es solo para los «profesionales». Sin embargo, la situación en la época de Jeremías ilustra por qué es importante que todos sepan lo que Dios dice acerca de sí mismo.
 
Los expertos religiosos de los días del profeta estaban tergiversando el mensaje de Dios al profetizar los «delirios de su mente» (Jeremías 23:26 NVI) y desviaban al pueblo con sus mentiras (v. 32). Debido a su falta de honestidad, la gente desconocía la verdadera naturaleza de Dios.
 
En la actualidad, hay personas que describen a Dios como un ser airado, vengativo y ansioso por castigar a la gente por errores insignificantes. Sin embargo, el Señor se describe diciendo que es «… misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad» (Éxodo 34:6). Otros le muestran al mundo un cuadro de un Señor amoroso, que es demasiado bueno para castigar la maldad. Pero Él se representa como alguien que ejerce juicio y justicia (Jeremías 9:24). Dios es, al mismo tiempo, un Juez justo y un Padre amoroso. Si enfatizamos un atributo por encima del otro, pintamos un cuadro falsificado de Su Persona.
 
Lo más importante que podemos saber de Dios y que debemos proclamarle al mundo es que el Señor no quiere castigar a la gente, sino que desea que todos se arrepientan, para poder perdonarlos (2 Pedro 3:9). No obstante, para ser en verdad amoroso, también debe ser absolutamente justo.

"Todos deben enfrentar a Dios: como Salvador o como Juez."

Lectura del día: Jeremías 23:25-32

sábado, 26 de marzo de 2011

Reflexión sábado, 16 de marzo de 2011

Eclipse de Colón
Dennis Fisher

“… no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios…” —2 Corintios 2:17

En uno de sus viajes, Cristóbal Colón descubrió que los alimentos para la tripulación casi se habían terminado. Anclado frente a las costas de Jamaica, estaba agradecido de que los isleños le dieran comida. Pero, con el tiempo, esos regalos fueron disminuyendo y los marineros empezaron a morirse de hambre.
 
Por un libro de astronomía, Colón sabía que, en breve, habría un eclipse lunar. Entonces, reunió a los jefes nativos y les dijo que Dios estaba enojado porque ellos eran egoístas, y que escondería la luna. Al principio, los isleños se burlaron, pero, al ver que el disco plateado lentamente comenzaba a oscurecerse, se aterrorizaron y llevaron comida de inmediato. Colón les dijo que si oraban, la luna volvería. Aunque podamos comprender la situación, el «mensaje de Dios» que dio el navegante fue deshonesto y para beneficio personal.
 
Consciente de la existencia de charlatanes religiosos, que falsificaban la Palabra de Dios para satisfacer sus deseos, el apóstol Pablo escribió: «… no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo» (2 Corintios 2:17).
 
Debemos cuidarnos en todo momento de no distorsionar el mensaje del Señor, para obtener lo que queremos de los demás. Con un corazón entregado a Dios, debemos comunicar con honestidad las verdades espirituales que beneficien a los oyentes.

“Compartir la verdad de Dios es en beneficio de los demás, no para nuestra prosperidad.”

Lectura del día: 2 Corintios 2:14-17

viernes, 25 de marzo de 2011

Reflexión viernes, 25 de marzo de 2011

Fracasados anónimos
Joe Stowell

“Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.” —Juan 21:9

Mi obligación es asar las hamburguesas, los chorizos, la carne o cualquier otra cosa que mi esposa incluya en el menú. Y, aunque no soy el mejor de los chef cuando se trata de cocinar al aire libre, me encanta sentir el aroma inolvidable de asar alimentos sobre las brasas de carbón. Por eso, la mención de las «brasas», en Juan 21:9, me llama la atención. Además, suelo preguntarme por qué Juan incluyó este detalle en la historia sobre el llamado que Jesús le hace a un fracasado Pedro, para que volviera a seguirlo y a servirlo.
 
En los versículos 1-3, es evidente que Pedro había reiniciado su negocio pesquero. Apenas unos días antes, estaba calentándose las manos en un fogón, después de haber negado a Jesús para salvar el pellejo (Juan 18:17-18). Entonces, ¿por qué no volver a la pesca?
 
Mientras Pedro y sus compañeros arrojaban las redes, el Señor preparó un fuego en la playa. ¿Se trató de una coincidencia? ¡Lo dudo! Y mientras Pedro se acercaba a Jesús, me pregunto si el intenso aroma de las brasas le hizo recordar aquel otro fogón, donde le había fallado a Cristo. Aun así, en Su misericordia, Jesús tomó la iniciativa de volver a llamarlo a Su servicio.
 
Piénsalo: Jesús está dispuesto a perdonar nuestros fracasos y llamarnos a servirlo. Después de todo, si solo las personas perfectas fueran aptas para Su servicio, ¡no tendría nadie a quien elegir!

“La imperfección no descalifica para servir a Dios; nos hace depender más de Su misericordia.”

Lectura del día: Juan 21:3-17

jueves, 24 de marzo de 2011

Reflexión jueves, 24 de marzo de 2011

Problemas de dinero
Philip Yancey

“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” —Lucas 12:32

De las palabras de Jesús registradas en la Biblia, Él habla más sobre el dinero que de cualquier otro tema. Lucas 12 ofrece un buen resumen de Su perspectiva: no condena tener bienes, pero sí advierte sobre el peligro de confiar en el dinero para asegurarnos el futuro, porque es incapaz de resolver los problemas más importantes de la vida.
 
Aunque el Señor se refiere a muchos aspectos relacionados con este tema, parece concentrar todo en esta pregunta: ¿Qué efecto tiene el dinero sobre ti? Las posesiones pueden controlar la vida de una persona y desviar su atención, que debe estar centrada en Dios. Jesús nos desafía a liberarnos del poder del dinero… aunque eso signifique despojarnos de todo.
 
Él insta a sus oyentes a hacerse tesoros en el reino de Dios, porque estos pueden beneficiarlos en esta vida y también en la venidera. «No se preocupen», dijo (v. 22 NVI), porque Dios es el que suple nuestras necesidades. Y después, para enfatizar el concepto, trajo a colación al rey Salomón, el hombre más rico del Antiguo Testamento. Jesús dijo que Dios viste de manera más gloriosa una flor silvestre que a un rey majestuoso. Por eso, no debemos afligirnos (vv. 27-29), sino buscar «el reino de Dios, y todas estas cosas [nos] serán añadidas (v. 31).
 
Es mejor confiar en Dios, que se ocupa generosamente de toda la tierra, que pasarnos la vida preocupándonos por el dinero y las posesiones.

“La verdadera medida de nuestra riqueza es lo que tendremos en la eternidad.”

Lectura del día: Lucas 12:22-31

miércoles, 23 de marzo de 2011

Reflexión miércoles, 23 de marzo de 2011

¡Gracias!
Anne Cetas

“¡Alaben al Señor…!” —1 Crónicas 16:8 NVI

Cuando visité México, cuánto deseé haber sabido hablar español. Podía decir gracias, muy bien y hola, pero eso era todo. Me cansé de decir solamente gracias a todos los que me hablaban o hacían algo por mí.
 
Sin embargo, nunca deberíamos cansarnos de expresar palabras de gratitud a Dios. David sabía lo importante que era dar gracias. Después de convertirse en rey de Israel y de hacer construir una tienda para albergar el arca del pacto (donde moraba la presencia de Dios), designó a los levitas «para que ministraran, dieran gracias y alabaran al Señor» (1 Crónicas 16:4 NVI). Allí permanecían muchas personas para ofrecer sacrificios y dar gracias a Dios todos los días (vv. 37-38).
 
David también les encargó a Asaf y a sus colaboradores un cántico de agradecimiento (1 Crónicas 16:8-36 NVI). Este salmo daba gracias por lo que el Señor había hecho: «sus proezas entre los pueblos» (v. 8), «sus maravillosas obras» (v. 9), «los prodigios y los juicios que ha emitido» (v. 12) y por ser el «Salvador» (v. 35). Esta canción también alababa al Señor por lo que Él es: bueno, misericordioso y santo (vv. 34-35).
 
Al igual que David, nunca deberíamos cansarnos de decirle gracias a Dios por lo que es y por lo que ha hecho por nosotros. Dedica hoy un tiempo para ofrecerle tu sacrificio de alabanza.

“A Dios le agrada el corazón lleno de alabanza.”

Lectura del día: 1 Crónicas 16:7-10, 23-26

lunes, 21 de marzo de 2011

Reflexión lunes, 21 de marzo de 2011

Elogios gratuitos
David C. McCasland

“Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos.” —Proverbios 16:24

Durante una época de crisis económica y noticias deprimentes, dos alumnos de la Universidad Purdue decidieron elevar el espíritu de la gente del campus con palabras alentadoras. Todos los miércoles por la tarde, durante dos horas, Cameron Brown y Brett Westcott se paraban junto a una concurrida acera, con un cartel grande que decía «Elogios gratuitos», y expresaban cosas agradables a todos los que pasaban. «Me gusta tu abrigo rojo». «Qué lindas botas para nieve». «Hermosa sonrisa». Algunos estudiantes decían que, todos los miércoles, pasaban a propósito por donde estaban «los chicos de los elogios», solo para oír comentarios amables.
 
Quedé impactado por estos dos jóvenes, que miraban a la gente con el propósito de elogiarla, en vez de buscar algún error o de criticar. Nosotros, como seguidores de Cristo, ¿es así como vemos a los demás todos los días?
 
En lugar de ser como esa persona que se concentra en las cosas malas y cuyas palabras son «como llama de fuego» (Proverbios 16:27), podemos adoptar un enfoque diferente, al saber que lo que decimos surge de lo más profundo de nuestro ser. «El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios. Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos» (vv. 23-24).
 
Las palabras agradables pueden ser gratis, pero elevan el alma de manera inapreciable. ¿Por qué no animas hoy a alguien?

“Un elogio amable cae suave, pero pesa mucho.”

Lectura del día: Proverbios 16:20-28

sábado, 19 de marzo de 2011

Reflexión sábado, 19 de marzo de 2011

Vestimenta apropiada
Bill Crowder

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” —Efesios 6:13

Cuando era niño y jugaba al fútbol americano, una de las cosas a las que me costó acostumbrarme fue a todo el equipo deportivo que teníamos que ponernos. Al principio, correr bien con un casco, hombreras y otros elementos de protección puede parecer difícil e incómodo. Pero, con el tiempo, esa vestimenta defensiva se convierte en un amigo cercano, que brinda un resguardo satisfactorio contra las lesiones graves. Cuando un jugador de fútbol se viste, sabe que su equipo está diseñado para protegerlo en la batalla contra un oponente peligroso.
 
Como seguidores de Cristo, nosotros también nos enfrentamos a un enemigo peligroso; un adversario espiritual que busca hacernos caer y destruirnos. Gracias a Dios, el Señor nos ha provisto de una protección y nos insta a vestirnos para la batalla espiritual.
 
En Efesios 6:13, leemos: «Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes». Después, Pablo describe nuestra armadura: yelmo, coraza, escudo, espada, cinturón y calzado. Estos componentes del equipo espiritual solo son eficaces si nos los ponemos y los usamos, aunque, al principio, nos sintamos incómodos. Fidelidad a la Palabra (v. 17), oración (v. 18) y testimonio (vv. 19-20) son esenciales para que lleguemos a sentir que la armadura es parte de nosotros. Así que, ¡vistámonos! ¡La batalla ha comenzado!

“La armadura de Dios está hecha a tu medida, pero debes ponértela.”

Lectura del día: Efesios 6:13-21

viernes, 18 de marzo de 2011

Reflexión viernes, 18 de marzo de 2011

Líbrame de la ira
David H. Roper

“Deja la ira, y desecha el enojo…” —Salmo 37:8

Tengo un amigo cuyas tarjetas de anotaciones tienen impreso un cuadro de El pensador, la famosa escultura de Rodín, que muestra a un hombre reflexionando profundamente. Debajo de la foto, aparece esta inscripción: «La vida no es justa».
 
En verdad, no lo es, y cualquier teoría que insista con que esta vida es justa demuestra ser ilusoria y engañosa.
 
No obstante, a pesar de las abrumadoras injusticias de la vida, David, en el Salmo 37, ora para no vengarse y, en su lugar, descansar en el Señor y esperar con paciencia hasta que Él traiga justicia a esta tierra en el momento oportuno (v. 7). «Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra» (v. 9).
 
Nuestra ira tiende a ser vengativa y punitiva; sin embargo, la de Dios carece de todo interés personal y es apaciguada por la misericordia. La ira puede ser incluso una muestra de Su amor incesante, que llegue a producir arrepentimiento y fe en nuestros opositores. Por lo tanto, no debemos vengarnos por nuestra cuenta, «… porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. […]. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Romanos 12:19, 21).
 
Esto debe comenzar en el corazón, la fuente de donde fluyen todas las cuestiones de la vida. Quiera Dios que dejemos el enojo, que abandonemos la ira y que esperemos pacientemente en el Señor.

“Una venganza refrenada es una victoria conquistada.”

Lectura del día: Salmo 37:8-11

jueves, 17 de marzo de 2011

Reflexión jueves, 17 de marzo de 2011

Una persona buscada
Randy K. Kilgore

“Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.” —Lucas 7:3

«¿Podrías orar por mi hermana?», preguntó, incómodo, el fornido obrero. Lo miré de manera sospechosa.
 
Hacía unos meses, el bochornoso calor del verano intensificaba las emociones de la atmósfera, antes de una huelga en la planta de ensamblaje donde yo trabajaba en esa época. Los supervisores movían la producción a paso frenético y los miembros del sindicato se resistían. Durante los descansos, los jefes sindicales nos instruían para que redujéramos nuestra actividad. Mi fe y mi idealismo me pusieron en una situación complicada, porque yo creía que lo único que Dios esperaba de mí era el máximo esfuerzo. Inocentemente, traté de explicar mi posición.
 
Mis compañeros de trabajo reaccionaron con hostilidad, y ese fornido obrero fue el cabecilla. ¿Alguna tarea indeseable…? Allí iba yo, obligado a hacerla. Era el blanco de los chistes más subidos de tono.
 
Por eso, sospeché de ese pedido de oración. «¿Por qué yo?», pregunté. Su respuesta me sacudió: «Porque ella tiene cáncer —dijo con aspereza— y necesito alguien a quien Dios oiga». El rencor desapareció cuando oré por su hermana.
 
Como en el caso del centurión de Lucas 7, los que atraviesan tormentas en la vida no pierden el tiempo ni andan con rodeos, sino que recurren directamente a aquellos cuya fe consideran real. Debemos ser esa clase de personas. ¿Nuestra vida nos señala como una persona buscada, por estar en contacto con Dios?

“Aun la persona más hostil podría buscar ayuda cuando un ser amado está en peligro.”

Lectura del día: Lucas 7:1-10

miércoles, 16 de marzo de 2011

Reflexión miércoles, 16 de marzo de 2011

Respuestas de Dios
Dave Brannon

“Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, […], vino a mí…” —Daniel 9:21

Daniel derramó su corazón ante Dios (Daniel 9:2). Acababa de leer Jeremías y descubrió que Dios había prometido que el cautiverio de Israel en Babilonia duraría 70 años. Por tanto, en un esfuerzo para representar a su pueblo delante de Dios, el profeta ayunó y oró; le rogó al Señor que el rescate no se dilatara (v. 19).
 
Cuando oramos, hay cosas que podemos saber y otras que no. Por ejemplo, tenemos la certeza de que Dios oirá nuestra oración si lo conocemos como nuestro Padre celestial por medio de la fe en Jesús, y también, que nos contestará según Su voluntad. Sin embargo, no sabemos cuándo responderá ni cómo lo hará.
 
Para Daniel, la respuesta a su oración llegó en forma milagrosa y ocurrió de inmediato. Mientras estaba orando, el ángel Gabriel apareció para contestarle. No obstante, la naturaleza de la réplica fue tan sorprendente como la rapidez en llegar. Mientras Daniel le preguntaba a Dios sobre los «70 años», la contestación fue respecto a un período profético de «70 semanas de años». Daniel le pidió al Señor que sucediera algo en ese preciso instante, pero Su respuesta tenía que ver con eventos que ocurrirían miles de años más tarde.
 
Al estar tan concentrados en las situaciones inmediatas que nos rodean, quizá la respuesta de Dios nos deje pasmados. De todos modos, podemos estar seguros de que lo que Él conteste será para Su gloria.

“Las respuestas de Dios a nuestras oraciones pueden superar nuestras expectativas.”

Lectura del día: Daniel 9:20-27

martes, 15 de marzo de 2011

Reflexión martes, 15 de marzo de 2011

Cuestión de perspectiva
Joe Stowell

“… no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” —Apocalipsis 3:17

Uno de mis cuentos favoritos trata de un ranchero tejano que ofrecía consejería agrícola a un granjero alemán, al cual le preguntó sobre el tamaño de su propiedad. Este respondió: «Casi 255 hectáreas». Cuando el alemán le preguntó al tejano cuánto medía su rancho, este le explicó que, si subía a su camioneta al amanecer y conducía hasta que anocheciera, todavía estaría dentro de sus tierras. Sin querer parecer menos, el granjero alemán dijo: «¡Yo solía tener una camioneta vieja como esa!».
 
Dejando de lado el chiste, es importante tener una perspectiva correcta. Desgraciadamente, los creyentes de Laodicea tenían un concepto equivocado de la riqueza (Apocalipsis 3:14-22). A simple vista, eran ricos: tenían abundantes bienes terrenales y pensaban que no necesitaban nada; ni siquiera al Señor. Pero Jesús tenía una visión diferente. A pesar de su prosperidad material, Él veía que cada uno de ellos era «desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo» (v. 17). Por eso, los invitó a volverse verdaderamente ricos al buscar lo que solo Él podía proveer: pureza, identidad, rectitud y sabiduría.
 
No cometamos el error de los laodicenses, sino mantengamos una perspectiva apropiada de qué significa ser rico: La riqueza verdadera no se mide por lo que tienes, sino por quién eres en Cristo.

“La persona más pobre es aquella cuya única riqueza es el dinero.”

Lectura del día: Apocalipsis 3:14-22

lunes, 14 de marzo de 2011

Reflexión lunes, 14 de marzo de 2011

Respuestas olvidadas
Mart De Haan

“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.” —Job 42:5

Un amigo dejó dos empleos para convertirse en asistente de salud en tiempo integral, cuando su hijo adulto sufrió heridas graves en un accidente automovilístico. Ese mismo año, la que había sido su esposa por más de 30 años, contrajo una enfermedad terminal y falleció.
 
Desde entonces, dice que no sabe qué contestar cuando su hijo le pregunta «por qué» les sucedieron esas cosas. Pero me contó sobre un sueño alentador que tuvo durante el transcurso de todo aquello: Soñó que estaba en un lugar inundado de la luz del sol, que había multitudes de personas a su alrededor y también un hombre que contestaba todos sus «porqués». Cada respuesta tenía tanto sentido, que entendió con claridad por qué no tenía que saber ahora los motivos. Después, su hijo aparecía en el sueño, junto a él, pero, cuando trataba de ayudarlo con sus preguntas, no podía recordar las respuestas. De todos modos, aun eso parecía estar bien. Después, se despertó.
 
La experiencia de mi amigo me recuerda a otro amigo de Dios que sufrió al no tener respuestas a sus preguntas (Job 7:20-21). Solo cuando el Señor rompió el silencio y le dio a Job una visión de Su Persona a través de la maravilla de la creación, ese amigo descubrió algo que es mejor que cualquier respuesta (42:1-6). En ese preciso momento, Job halló paz, al saber que nuestro Dios tiene razones buenas e incluso maravillosas para que confiemos en Él.

“¿Qué es mejor que una respuesta? Confiar en un Dios bueno, que tiene Sus razones.”

Lectura del día: Job 42:1-6

domingo, 13 de marzo de 2011

Reflexión domingo, 13 de marzo de 2011

Auto a chocolate
Dennis Fisher

“… el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.” —Salmo 19:7

A muchos les gusta tanto la dulzura como la energía que obtienen del chocolate. No obstante, unos técnicos automotrices británicos descubrieron un uso sorprendente de este dulce alimento. Científicos de la Universidad de Warwick fabricaron un auto de carrera que funciona con aceites vegetales y chocolate. El combustible provee energía para que alcance una velocidad máxima de alrededor de 215 km por hora.
 
La Biblia también habla de una sorprendente fuente de energía, proveniente de un alimento. Cuando Dios utilizó a Elías en el monte Carmelo, para hacer descender fuego del cielo, a este clímax espiritual le sucedió una etapa de persecución y melancolía. Ante la depresión de Elías, el Señor mandó un ángel para proveer comida, bebida y descanso para el agotado profeta. El poder sustentador de ese alimento celestial fue extraordinario: «Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios» (1 Reyes 19:8).
 
Así como precisamos alimentos para sustentar nuestra vida física, del mismo modo necesitamos nutrientes para nuestro andar espiritual. La Palabra de Dios es dulce «más que miel, y que la que destila del panal» (Salmo 19:10), y alimenta nuestra alma. Hace «sabio al sencillo» (v. 7) y provee nutrientes y también energía para el largo viaje de la vida. Dedica tiempo para alimentarte con ella.

“Dios nos alimenta por medio de Su Palabra.”

Lectura del día: 1 Reyes 19:1-8

sábado, 12 de marzo de 2011

Reflexión sábado, 12 de marzo de 2011

Visión clara
David C. McCasland

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” —Mateo 5:8

El Gran Telescopio Canarias, uno de los más poderosos del mundo, está en la cima de un volcán extinguido, en La Palma, Islas Canarias. Inaugurado por el Rey Juan Carlos de España, en julio de 2009, brinda a los astrónomos una visión inusualmente clara de los cielos. Ubicado a casi 2.400 metros de altura, está por encima de la cobertura nubosa, donde los vientos predominantes son secos y sin turbulencias. Allí, cerca del paralelo del Ecuador, los científicos pueden estudiar todos los cuerpos celestes del hemisferio norte y parte de los del sur.
 
Jesús escogió la ladera de un monte para enseñar a Sus seguidores sobre las características de una vida consagrada a Dios. Les dijo que la actitud —no la altitud— era la clave para tener una visión clara del Padre.
 
En medio del pasaje conocido como las Bienaventuranzas, Jesús dijo: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). Esto no es solo para algunos que tratan de lograrlo, sino para todos los que, humildemente, lo reciben. Para tener un corazón limpio a los ojos de Dios, debemos aceptar el perdón del Padre, que ofrece por medio de Cristo, Su Hijo. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).
 
La cima de una montaña es un gran sitio para contemplar las estrellas, pero, para ver claramente a Dios, se requiere un corazón transformado.

“Para tener una visión clara de Dios, enfócate en Jesús.”

Lectura del día: Mateo 5:1-12

viernes, 11 de marzo de 2011

Reflexión viernes, 11 de marzo de 2011

A chorros
Jennifer Benson Schuldt

“… no olvides ninguno de sus beneficios.” —Salmo 103:2

Desde afuera, gritos de alegría se filtraban en nuestra casa, y yo quise saber qué era el acontecimiento tan extraordinario que los originaba. Miré a través de las cortinas y vi dos muchachitos que se tiraban agua en medio de un torrente que brotaba de un caño hidrante para apagar incendios.
 
El chorro me hizo pensar en las bendiciones abundantes que Dios derrama sobre Sus hijos y en lo importante que es reconocer que «… el Señor; cada día nos colma de beneficios» (Salmo 68:19).
 
Aunque sé que Él me ha provisto de innumerables cosas buenas, cuando se le rompe una junta al auto, cuando la gripe ataca a mi familia y cuando las relaciones interpersonales amenazan con complicarse, la insatisfacción perturba mi perspectiva de las bendiciones del Señor… ¡se parecen más a gotas esporádicas que salen de un grifo que a una inundación que brota de un caño hidrante!
 
Quizá por esta razón, en el Salmo 103, David nos recuerda: «… no olvides ninguno de sus beneficios» (v. 2). Y después, para ayudarnos, enumera un torrente de bendiciones para los creyentes. Nos trae a la mente que Dios perdona todas nuestras iniquidades, que sana todas nuestras dolencias, que rescata del hoyo nuestra vida, que nos corona de favores y misericordias, y que sacia de bien nuestra boca (vv. 3-5).
 
Dediquemos hoy un tiempo para reconocer la abundante provisión divina en vez de pasar por alto Su chorro de bendiciones.

“Sumar las bendiciones multiplica el gozo.”

Lectura del día: Salmo 103:1-10

miércoles, 9 de marzo de 2011

Reflexión miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Ya llegamos?
Julie Ackerman Link

“… te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, […], para saber lo que había en tu corazón.” —Deuteronomio 8:2

Si existe algo así como una pregunta universal, quizá sea esta: ¿Ya llegamos? Innumerables generaciones de niños la han hecho. Después, al convertirse en adultos, tienen que contestar la misma pregunta cuando se la formulan sus hijos.
 
Cada vez que leo los libros de Moisés, me pregunto cuántas veces oyó esta pregunta, hecha por los israelitas. Antes de rescatarlos de la esclavitud y de sacarlos de Egipto, Moisés les dijo que el Señor los guiaría «a tierra que fluye leche y miel» (Éxodo 3:8). Y lo hizo, pero primero tuvieron que pasar 40 años vagando por el desierto. Sin embargo, ese peregrinaje no fue algo común, ya que no estaban perdidos, sino que el deambular tuvo un propósito. Después de 400 años de esclavitud, los hijos de Israel necesitaban reorientar su corazón, alma y mente hacia Dios. Esto se logró en el desierto (Deuteronomio 8:2, 15-18), pero solo después de que toda una generación murió a causa de su desobediencia (Números 32:13).
 
En la vida, a veces parece que estamos dando vueltas en círculo. Nos sentimos perdidos; queremos preguntarle al Señor: ¿Ya llegamos? ¿Falta mucho? En esos momentos, es útil recordar que, para Dios, no solo es importante el destino, sino también cómo hacemos el viaje. Él lo emplea para humillarnos, probarnos y mostrarnos lo que tenemos en el corazón.

“Es el viaje, no sole el destino, lo que es importante.”

Lectura del día: Deuteronomio 8

martes, 8 de marzo de 2011

Reflexión martes, 8 de marzo de 2011

Pequeñeces
Joe Stowell

“Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” —Juan 6:9

Escéptico sobre la utilidad de un pequeño almuerzo, Andrés dijo a Jesús: «… ¿qué es [cinco panes de cebada y dos pececillos] para tantos?» (Juan 6:9). Sin embargo, esa pequeña porción, en manos de Jesús, se convirtió en una enorme bendición. Por eso, antes de pensar que no tienes mucho para ofrecer al Señor, considera esto:
 
Edward Kimball, un maestro de escuela dominical, de Boston, decidió visitar a un joven de su clase, para asegurarse de que fuera creyente. Aquel día guió a ese hombre, Dwight L. Moody, al Señor.
 
Moody, el Billy Graham del siglo xix, produjo un gran impacto en Wilbur Chapman. Chapman, un evangelista notorio, reclutó a Billy Sunday, para que se uniera a él en sus campañas de evangelización. A su vez, Sunday lanzó un ministerio nacional, con grandes resultados en ciudades como Charlotte, en Carolina del Sur. Una organización, fruto del reavivamiento impulsado por Sunday, invitó al evangelista Mordecai Ham a esa ciudad. En una de las reuniones, Billy Graham recibió a Cristo como Salvador y, más tarde, este se convirtió en el evangelista más importante de nuestra era.
 
Cuando pienses que no tienes mucho que ofrecer, recuerda al maestro de escuela dominical Edward Kimbal, que ocupó un sábado por la tarde para ir a visitar a un miembro de su clase. ¡Dios tiene una forma particular de usar la fidelidad rutinaria a las «pequeñeces», para lograr grandes cosas!

“Dios usa pequeñeces para hacer grandes cosas para Su gloria.”

Lectura del día: Juan 6:4-14

lunes, 7 de marzo de 2011

Reflexión lunes, 7 de marzo de 2011

Olvidar el yo
David H. Roper

“… todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar…” —Santiago 1:19

El verano pasado estaba pescando truchas en un arroyo, cuando un pez que comía cerca captó mi atención. Levanté la vista y allí, en la orilla, divisé a un conocido: Dave Tucker, el nacionalmente famoso guía de pesca con mosca y proveedor de artículos para este deporte. De inmediato, me centré en intentar lucirme, tiré mal la siguiente lanzada y se me escapó el pez. Esto es lo que sucede cuando no atendemos lo que estamos haciendo y pensamos en nosotros mismos.
 
W. H. Auden escribió un breve y atractivo poema sobre los que se olvidan de sí mismos cuando se concentran en una tarea: un cocinero revolviendo una salsa, un cirujano haciendo una incisión, un empleado completando una nota de embarque. Dice que todos «tienen la misma expresión de entrega total, olvidándose de sí mismos ante la tarea». Esta frase «olvidándose de sí mismos ante la tarea» me trae a la mente Filipenses 2:3-4: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino […] por lo de los otros».
 
Cuando escucho a un amigo, tengo que recordar que debo concentrarme en él y no empezar a preguntarme cómo se me ve, qué piensa él de mí o qué debo decir a continuación. Pongamos a los demás en primer lugar y escuchémoslos con total atención, compenetrados en quien está delante y olvidándonos de nosotros mismos.

“Quizá tu mayor muestra de amor hoy sea escuchar.”

Lectura del día: Filipenses 2:1-4

viernes, 4 de marzo de 2011

Reflexión viernes, 4 de marzo de 2011

Anticipación
Cindy Hess Kasper

“… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo…” —Juan 14:3

A principios del mes en que empieza la primavera, una amiga mía comienza la cuenta regresiva. En el calendario que tiene en su oficina, estaban marcados los 20 días que faltaban para que llegara la nueva estación del año. Una mañana, cuando la vi, comentó: «¡Solo faltan 12 días!». Unos días después, exclamó: «¡Quedan solo seis!». El entusiasmo que tenía se me empezó a contagiar, y yo también me puse a contar cuánto faltaba. «¡Jerrie, solo quedan dos días!». «¡Sí, ya lo sé!», me dijo con alegría.
 
Como creyentes, tenemos algo para esperar con ansia, que es aun más emocionante que anticipar la aparición de las flores y el cálido esplendor del sol después de un frío invierno. Dios prometió muchas cosas en Su Palabra, y cada una de esas promesas se cumplió o se cumplirá. Pero una de las más importantes es la seguridad de que Cristo volverá. «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; […]. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:16-17).
 
Aunque nadie puede saber el día exacto, Dios nos prometió que Jesús regresará (Hechos 1:7-11). Mientras nos preparamos para celebrar la Pascua, ¡estimulémonos unos a otros anticipando ese día!

“Cristo vuelve… ¡tal vez sea hoy!”

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 4:13-18

miércoles, 2 de marzo de 2011

Reflexión miércoles, 2 de marzo de 2011

Virtuoso
Dennis Fisher

“Si, pues, […] hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” —1 Corintios 10:31

Un periódico importante de los Estados Unidos denominó a Christopher Parkening: «el guitarrista más virtuoso de nuestros días, ya que combina un profundo discernimiento musical con un completo dominio técnico de su instrumento». Sin embargo, hubo una época cuando Parkening dejó de tocar la guitarra profesionalmente. En el clímax de su carrera como guitarrista clásico, a los 30 años, se retiró, compró un rancho en Montana y pasaba los días pescando con mosca. No obstante, este retiro temprano no le brindó la satisfacción que anhelaba.
 
Más tarde, mientras visitaba California, lo invitaron a una iglesia, donde oyó una clara presentación del evangelio. Respecto a eso, escribió: «Esa noche me acosté y no pude dormir, quebrantado por mis pecados […]. Había vivido de una manera muy egoísta y eso no me había hecho feliz […]. Fue entonces cuando le pedí a Jesucristo que entrara en mi vida, para que fuera mi Salvador y Señor. Por primera vez en la vida, recuerdo haberle dicho: “Señor, lo que quieras que haga con mi vida, eso haré”».
 
Uno de los versículos bíblicos favoritos de Parkening es 1 Corintios 10:31: «Si, pues, […] hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios». Él ha vuelto a tocar la guitarra, pero ahora motivado por el deseo de glorificar al Señor.
 
A cada uno de nosotros se nos han concedido talentos y, cuando los usamos para la gloria de Dios, nos brindan gozo y satisfacción.

“Fuimos creados para glorificar a Dios.”

Lectura del día: 1 Corintios 10:31-11:1

martes, 1 de marzo de 2011

Reflexión martes, 1 de marzo de 2011

Ganar o perder
David C. McCasland

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” —2 Timoteo 4:7

Durante la temporada 2009 de fútbol americano universitario, Colt McCoy, quarterback del equipo de la Universidad de Texas, cuando lo entrevistaban después de los encuentros, siempre empezaba dando gracias a Dios por la oportunidad de poder jugar. Al comienzo del campeonato nacional, se había lesionado y tuvo que ver desde el banquillo cómo perdía su equipo.
 
Después del partido, le dijo a un periodista de televisión: «Hubiese dado todo lo que tengo por haber podido jugar con mi equipo […]. Siempre le doy gloria a Dios. Nunca cuestiono por qué pasan las cosas. El Señor tiene el control sobre mi vida y sé que, si nada más existiera, estoy afirmado sobre la Roca».
 
El apóstol Pablo atravesó muchas veces la experiencia de ser liberado por Dios, pero no insistió en que las cosas se hicieran como él quería. Desde la prisión en Roma, le escribió a Timoteo: «Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano» (2 Timoteo 4:6). Alguien podría decir que Pablo no logró sus metas y que estaba terminando su vida derrotado. Pero él lo veía de otro modo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (v. 7). Tenía la mirada puesta en el futuro, en la corona eterna (v. 8).
 
A medida que caminamos con Dios, podemos alabarlo por Su fidelidad.

“En todo cambio, Él permanecerá fiel.” —Katharina von Schlegel

Lectura del día: 2 Timoteo 4:1-8