miércoles, 30 de junio de 2010

Reflexión, Miércoles, 30 de junio de 2010

Rescatado
Marvin Williams

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” —Colosenses 1:13

Un sudafricano sorprendió a nueve hombres robando en su casa. Siete escaparon, pero el dueño se las ingenió para arrastrar a dos hacia la piscina en el patio posterior de la casa. Cuando se dio cuenta de que uno de los ladrones no sabía nadar, se zambulló al agua para salvarlo. El periódico The Cape Times informó que, una vez fuera del agua, el ladrón mojado llamó a sus amigos para que volvieran. Luego sacó un cuchillo y amenazó al hombre que acababa de rescatarlo. El dueño de la casa dijo: «Todavía estábamos cerca de la piscina, así que, cuando vi el cuchillo, simplemente lo volví a empujar al agua. Pero, como buscaba aire desesperado y se estaba ahogando, lo volví a rescatar».

En su Epístola a los Colosenses, el apóstol Pablo escribió sobre otro rescate: Dios el Padre los había salvado del poder de las tinieblas. Este rescate se produjo en el momento de la muerte de Cristo, pero también cuando los colosenses se convirtieron. La imagen que utilizó Pablo (1:12-13) indica que los creyentes han sido rescatados del dominio de las tinieblas de Satanás para ser trasladados como seres libres al reino pacífico de Cristo. Mediante la muerte de Jesús, los creyentes se convierten en ciudadanos libres del reino de la luz.

La respuesta apropiada ante tal sublime gracia es demostrar una gratitud llena de gozo ofreciéndole a Dios un servicio aceptable, con temor y reverencia (Hebreos 12:28).

“Mediante la cruz, Jesús rescató y redimió a los rebeldes.”

Lectura del día: Colosenses 1:12-22

martes, 29 de junio de 2010

Reflexión Martes, 29 de junio de 2010

El corazón de Pablo
David C. McCasland

“… con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.” —Filipenses 1:20

Según una tradición cristiana largamente aceptada, el apóstol Pablo fue decapitado y sepultado en Roma aproximadamente en el 67 d.C. En 2009, unos científicos realizaron una prueba de carbono en lo que muchos creen que son sus restos. Aunque estas pruebas aplicadas sobre fragmentos óseos confirmaron que datan del primero o segundo siglo, la identificación concreta continúa en duda. Sin embargo, al margen de dónde estén los huesos de Pablo, su corazón sigue viviendo en sus cartas del Nuevo Testamento.

Mientras estuvo preso en Roma, Pablo les escribió a los seguidores de Jesús en Filipos sobre el propósito que tenía en la vida, diciendo: «Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte» (Filipenses 1:20-21).

Al leer hoy las palabras de Pablo, estas nos desafían a examinar nuestros corazones. ¿Tenemos tanta pasión por Jesucristo como tenía él? ¿Es nuestra meta honrar al Señor en nuestra vida cotidiana?

Mucho después de que ya no estemos, los que nos conocieron recordarán cómo era nuestro corazón. Dios quiera que, tal como el apóstol, desarrollemos un legado de esperanza y estímulo centrado en la persona de Jesucristo.

“Somos «cartas de recomendación» extendidas por Cristo para todos los que leen nuestras vidas.”

Lectura del día: Filipenses 1:12-21

lunes, 28 de junio de 2010

Reflexión Lunes, 28 de junio de 2010

Vivir intoxicado

“Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios.” —1 Samuel 13:13

Picher, en Oklahoma, ya no existe. A mediados de 2009, esta localidad de 20.000 habitantes, anteriormente pujante, desapareció. A comienzos del siglo xx, tuvo un rápido desarrollo debido a la abundancia de plomo y zinc que había en esa zona. Los obreros extraían el mineral que se usaba para fabricar armamento para los Estados Unidos durante ambas guerras mundiales.

El pueblo comenzó a desaparecer cuando el mineral empezó a escasear; pero, el mayor inconveniente fue que, si bien el plomo y el zinc generaban riqueza, también contaminaban. Al no hacer nada para controlar la contaminación, la ciudad se convirtió en un páramo tóxico y el gobierno clausuró el lugar.

Lo que pasó en Picher puede sucederle a la gente. La prosperidad puede parecer tan beneficiosa que resulta difícil pensar en la posibilidad de que surjan inconvenientes. Se aceptan actividades que, con el tiempo, son perjudiciales para la salud espiritual y, a menos que se corrija el problema, destruyen. Esto le sucedió al rey Saúl. Comenzó siendo un buen rey, pero, al querer triunfar, no vio el daño que producía. Dio las espaldas a los mandamientos de Dios; por lo tanto, actuó «locamente» (1 Samuel 13:13) y perdió su reino (v. 14).

Al intentar ser exitosos, debemos cuidarnos de la contaminación espiritual que se genera al no seguir las claras instrucciones bíblicas. Una vida piadosa nos previene de vivir intoxicados.

“Nadie puede triunfar de verdad sin Dios.”

Lectura del día: 1 Samuel 13:7-14

domingo, 27 de junio de 2010

Reflexión Domingo, 27 de junio de 2010

Realmente sediento
Cindy Hess Karper

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” —Salmo 42:1

¿Alguna vez tuviste una sed terrible? Hace unos años, visité a mi hermana Kathy en Mali, África Occidental. Una tarde, mientras hacíamos un viaje de turismo, la temperatura subió a más de 40 ºC. Muerto de sed, le dije: «Oye, necesito beber algo». Cuando Kathy me dijo que se había olvidado de llevar una provisión de agua filtrada, comencé a desesperarme un poco. Cuanto más seguíamos viaje, tanto más me preguntaba cómo sería en realidad morirse de sed.

Por fin, Kathy dijo: «Ya sé dónde podemos ir», mientras se dirigía hacia la entrada de una embajada. Una vez adentro, me encontré con el paisaje más maravilloso: ¡una máquina expendedora de agua fresca! Tomé uno de los vasitos de papel y lo llené una y otra vez. Mi cuerpo había estado privado de agua durante demasiado tiempo y entonces requirió mucho líquido para revertir los efectos de la deshidratación.

El salmista comparó la sed física con la espiritual: «Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía» (Salmo 42:1). Su sed se refería a un anhelo desesperado del Señor, el único Dios vivo (v. 2).

¿Anhelas algo que este mundo no puede proveer? Esa insatisfacción es la sed que el alma tiene de Dios. Corre hacia Aquel que es el único que puede apagar esa sed. «Porque [Dios] sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta» (Salmo 107:9).

“Sólo Jesús, el Agua viva, puede satisfacer la sed del alma.”

Lectura del día: Salmo 42

sábado, 26 de junio de 2010

Reflexión Sábado, 26 de junio de 2010

Culpable de abundancia
Anne Cetas

“La gracia de nuestro Señor fue más abundante.” —1 Timoteo 1:14

Un hombre rellenaba una solicitud de empleo, cuando llegó a la pregunta: «¿Alguna vez fue arrestado?». Él escribió: «No». La pregunta siguiente, para que contestaran los que había respondido que sí, era: «¿Por qué?». De todos modos, el postulante la contestó escribiendo: «Porque nunca me atraparon». Sin duda, ¡él sabía que era culpable de muchas cosas!

Así le sucedió al apóstol Pablo. Él sabía que había hecho mal y que había pecado contra Dios. Escribió: «Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador» (1 Timoteo 1:13). Incluso se autodenominó «el primero» de los pecadores (v. 15).

En un tiempo, nosotros también estábamos separados del Señor por causa de nuestro pecado y éramos considerados Sus enemigos (Romanos 5:10; Colosenses 1:21). Pero, cuando confesamos nuestro pecado y reconocimos que necesitábamos ser perdonados, Él nos limpió y nos hizo personas nuevas.

Los que conocemos al Señor desde hace muchos años podemos tender a olvidarnos de dónde fuimos rescatados y cuánto se nos ha perdonado. Mencionar nuestros fracasos pasados y presentes, y alabar a Dios por Su perdón nos ayudará a no actuar como «santurrones» cuando hablamos con personas que todavía no conocen a Cristo como Salvador.

La verdad es que todos hemos sido culpables de muchas cosas, y Dios merece la gloria por Su misericordia hacia nosotros.

“Gracia significa dar todo a quienes no merecen nada.”

Lectura del día: 1 Timoteo 1:12-17

viernes, 25 de junio de 2010

Reflexión Viernes, 25 de junio de 2010

Las personas correctas
Bill Crowder

“Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.” —1 Corintios 12:18

La película El milagro narra la historia verídica del equipo norteamericano de hockey sobre hielo que lucha sin probabilidades por obtener una medalla de oro en las Olimpíadas de 1980. Al principio, muestra al entrenador Herb Brooks seleccionando los jugadores para su equipo. Cuando le da la lista a Craig Patrick, el entrenador asistente, este dice sorprendido: «Te faltan algunos de los mejores jugadores». Brooks responde: «Craig, no estoy buscando a los mejores jugadores, sólo a los correctos».

Brooks sabía que el talento individual sólo los llevaría hasta cierto punto. La disposición a adecuarse a su estilo de juego participativo era mucho más importante que la habilidad. Sin duda, la prioridad era el éxito del equipo, no la gloria individual.

El llamado bíblico al servicio tiene un énfasis similar. En los propósitos de Dios, cada creyente hace su parte, pero los resultados tienen una orientación grupal. Después de explicar las grandes diferencias en los dones espirituales, Pablo dice: «Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho» (1 Corintios 12:7). Al usar las capacidades que el Señor nos da, Sus propósitos se llevan a cabo y Él recibe la gloria. Lo importante no es ser los mejores, los más talentosos o los más dotados, sino las personas correctas, aquellas que Dios «ha colocado […] en el cuerpo» (v. 18), unidas para servir al mismo equipo.

“No hay personas insignificantes en el cuerpo de Cristo.”

Lectura del día: 1 Corintios 12:7-18

jueves, 24 de junio de 2010

Reflexión Jueves, 24 de junio de 2010

Todo al ganador
David C. McCasland

“Dios ama al dador alegre.” —2 Corintios 9:7

En 2008, el periódico Los Angeles Times cubrió la final de un campeonato de fútbol entre dos escuelas cristianas, pero las noticias fueron más allá de quién ganó el encuentro. Tres días antes, un incendio había arrasado las instalaciones del Westmont College y destruido varios edificios académicos, residencias de profesores y habitaciones de estudiantes. Al no poder ser sede del evento, las reglas exigían que perdiera el juego. En cambio, la universidad Azuza Pacific invitó a sus contrincantes a jugar en sus instalaciones, donde recibió a la hinchada de Westmont con entradas gratuitas y un almuerzo.

En el campo de juego, Westmont obtuvo una emotiva victoria de 2 a 0, mientras que Azuza Pacific se ganó la admiración por su buena voluntad. Bill Plaschke, reportero de LA Times, escribió: «En el sur de California, raras veces se ha visto una mejor demostración de buen espíritu deportivo que en esta ocasión. Azuza Pacific sacrificó su posibilidad de defender el título para darle a Westmont una buena chance de ganarlo. Tan impresionante como la resistencia de los vencedores fue la bondad de los vencidos».

A menudo, cuando la Biblia nos insta a dar de buena gana y con generosidad, «porque Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7), pensamos sólo en el dinero. Dar a los demás una oportunidad y brindar hospitalidad a los angustiados es una forma de generosidad que convierte en ganadores a todos los que lo practican.

“La manera de dar muestra las cualidades del dador más que la dádiva en sí.”

Lectura del día: 2 Corintios 9:6-15

miércoles, 23 de junio de 2010

Reflexión Miércoles, 23 de junio de 2010

Zarzas y ranúnculos
Julie Ackerman Link

“Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” —Hechos 14:22

Los ranúnculos al fondo de nuestra casa estaban inusualmente radiantes y hermosos debido a la abundante lluvia primaveral que Dios envió a nuestra región. Quería tomarles unas fotografías antes de que se marchitaran, pero se me hacía difícil acercarme porque estaban creciendo en un terreno muy húmedo. Una soleada tarde me puse un par de botas, y caminé con dificultad entre la maleza hacia la ciénaga donde estaban. Antes de conseguir las fotos, me embarré los pies, me raspé por todos lados y me picaron varios insectos. Pero el poder ver los ranúnculos hizo que mi momentánea incomodidad valiera la pena.

Gran parte de la vida consiste en «atravesar» pruebas y complicaciones que son parte inevitable de nuestro mundo pecaminoso. Una de estas pruebas es la persecución. Sin duda, los discípulos experimentaron esta realidad. Ellos conocían las cosas buenas que Jesús tiene preparadas para los que le siguen, pero enfrentaron una fuerte resistencia cuando trataron de contárselo a los demás (Hechos 14:5).

Los que hemos decidido seguir al Señor y sabemos por experiencia que este es «un camino aun más excelente» (1 Corintios 12:31) perseveraremos aunque tengamos que atravesar peligros y dificultades. Al hacerlo, les mostramos a los demás un cuadro hermoso de la paz, la misericordia y el perdón de Dios. El gozo que nos espera por delante hará que nuestra momentánea incomodidad valga la pena.

“El mundo: la tierra de las pruebas; el cielo: la tierra del gozo.”

Lectura del día: Hechos 14:1-22

martes, 22 de junio de 2010

¡Nadie se acuerda!
David H. Roper

“… un hombre […] libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre.” —Eclesiastés 9:15

En un comentario sobre Eclesiastés 9:15, Martín Lutero cita la historia de Temístocles, el soldado y estadista que comandaba el escuadrón ateniense. Con su estrategia, ganó la Batalla de Salamina, expulsó al ejército persa de suelo griego y salvó su ciudad. Pocos años después, cayó en desprestigio, sus conciudadanos lo condenaron al ostracismo y fue desterrado de Atenas. Por eso, Lutero concluye: «Temístocles benefició mucho a su ciudad, pero recibió una tremenda ingratitud».

Por alguna razón, las multitudes ignoran u olvidan rápidamente el bien que un hombre pobre o humilde logra mediante su sabiduría. Pero no importa. «Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada» (v. 16). Es preferible ser un sabio callado y honesto, aunque olvidado, que deja un legado de buenas acciones en vez de un necio arrogante y estridente que, aunque aplaudido, «destruye mucho bien» (v. 18).

Por lo tanto, lo que en definitiva importa no es el reconocimiento ni la gratitud por el trabajo que hemos hecho, sino las almas de aquellas personas amables en quienes hemos sembrado las semillas de justicia. Dicho de otro modo: «… la sabiduría es justificada por todos sus hijos» (Lucas 7:35). ¿A quién has influido con tu sabiduría avisada y piadosa?

“Una persona sabia aplica sus metas terrenales en las ganancias eternas.”

Lectura del día: Eclesiastés 9:13-18

lunes, 21 de junio de 2010

Reflexión Lunes, 21 de junio de 2010

Amenaza imaginaria
Dennis Fisher

“Esaú corrió a su encuentro y le abrazó.” —Génesis 33:4

Durante la primavera pasada, la ventana de una de las habitaciones de nuestra casa se vio varias veces atacada por un petirrojo. El pájaro se posaba en la base de la ventana, sacudía las alas, chirriaba con fuerza y se lanzaba de cabeza contra el vidrio.

Hice algunas investigaciones y descubrí que los petirrojos son territoriales. Mientras anidan, alejan a todo petirrojo competidor. Al parecer, el pájaro se veía reflejado en nuestra ventana y pensaba que era otro petirrojo. La amenaza no era real, sino sólo una imaginación.

En el Antiguo Testamento, vemos una ocasión en que Jacob imaginó una amenaza que, en realidad, no era tal. Años antes, él le había robado a su hermano Esaú la bendición del padre de ambos. Ahora, después de muchos años de estar separados, se volverían a encontrar. Jacob pensó que Esaú lo lastimaría; entonces, le envió regalos anticipados como una ofrenda de paz. Después, cuando vio que Esaú se acercaba con 400 hombres, entró en pánico. Sin embargo, lo que Jacob pensó que era un grupo de ataque era, en realidad, un comité de bienvenida. «Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron» (Génesis 33:4).

A veces, en las relaciones interpersonales, malinterpretamos una situación. Debemos pedirle al Señor que nos dé discernimiento para no perder un amigo por causa de una amenaza imaginaria.

“No tengas miedo de un supuesto enemigo, sino confía en que el Señor te dará un nuevo amigo.”

Lectura del día: Génesis 33:1-4

domingo, 20 de junio de 2010

Reflexión Domingo, 20 de junio de 2010

Gracias, papá
Albert Lee

“Como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros.” —1 Tesalonicenses 2:11

En los Estados Unidos, la mayor cantidad de llamadas de larga distancia se hacen en el día de la madre. Sin embargo, en el día del padre, la mayoría son de cobro revertido. Parece ser que los hijos siguen dependiendo de la provisión de sus padres, aun cuando estén lejos de casa.

A los padres se los necesita y se los quiere por muchas otras cosas, aparte de la ayuda financiera. Aunque 1 Tesalonicenses 2:10-12 está dirigido principalmente a los líderes de las iglesias, Pablo menciona que su rol es similar al de un padre. Dice: «… sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros».

Exhortar significa «llamar a acercarse». Es fácil que los padres piensen que lo único que se les exige es que lleven el sueldo a la casa. Sin embargo, los hijos necesitan que el padre los aliente estando cerca de ellos.

La palabra consolar quiere decir «reconfortar». Lo que más valora un hijo es el tiempo que un padre dedica a escucharlo y a hablar con él. Sin una comunicación constante, las relaciones se enfrían.

Encargar es «afirmar». Los padres desafían a sus hijos al confirmar la Palabra de Dios poniendo en práctica sus verdades delante de ellos. Incluso cuando fallan, confirman lo correcto al pedir perdón.

Qué agradecidos podemos estar por los padres que ayudan a sus hijos a andar «como es digno de Dios» (v. 12).

“Los padres buenos reflejan al Padre celestial.”

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 2:1-12

sábado, 19 de junio de 2010

Reflexión Sábado, 19 de junio de 2010

Vida Breve
Bill Crowder

“Los días de nuestra edad son setenta años; […] con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos.” —Salmo 90:10

El 19 de octubre de 2008 escuché la noticia de que Levi Stubbs, el cantante principal del grupo vocal The Four Tops, de Motown, había muerto a los 72 años de edad. Cuando yo era muchacho, me encantaba este grupo; en especial, la voz apasionante y llena de emoción de Stubbs. Nunca me había encontrado con él ni escuchado un concierto del grupo, pero su muerte me afectó de una manera inesperada.

Creo que, detrás de mi tristeza, estaba la idea de que yo también me estoy volviendo viejo. La muerte de alguien a quien escuchaba cuando yo era joven me recordó que el tiempo no está pasando… ¡se está terminando!

En el único salmo que se le atribuye a Moisés, él escribe: «Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos» (Salmo 90:10). Estas no son palabras que nos guste escuchar. Queremos permanecer siempre jóvenes, pero la Escritura nos recuerda que los años pasan y que la muerte un día llegará.

Esto nos enfrenta a dos preguntas esenciales: ¿Estoy listo para volar al final de la vida, al haber aceptado a Cristo como mi Salvador? ¿Estoy utilizando mis efímeros días para agradar a Aquel que me ama eternamente?

¿Cómo estás enfrentando —sea cual sea tu edad— los desafíos que te presenta la brevedad de la vida?

“No puedes controlar la duración de tu vida, pero sí su profundidad.”

Lectura del día: Salmo 90

viernes, 18 de junio de 2010

Reflexión Viernes, 18 de junio de 2010

¿Hay algo seguro?
David C. McCasland

“A los ricos de este siglo manda que no […] pongan la esperanza en las riquezas, […] sino en el Dios vivo.” —1 Timoteo 6:17

Durante la crisis financiera mundial de 2008, una viuda perdió un tercio de sus ingresos cuando las acciones bancarias dejaron de pagar dividendos al fracasar su confiable banco. El periódico Wall Street Journal citó su angustiosa reacción como un ejemplo de los sentimientos de muchas personas que fueron afectadas de manera similar: «Uno simplemente piensa, “No puede ser”. ¿Hay algo seguro?».

Las tragedias y las dificultades siempre nos sacuden la mente. Nuestros mejores planes y esperanzas pueden ser destrozados por acontecimientos que no podemos controlar. Se nos recuerda que sólo hay una fuente de verdadera seguridad y confianza en un mundo cambiante. Con una visión renovada, consideremos las palabras de Pablo: «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna» (1 Timoteo 6:17-19).

Cuando nuestros recursos disminuyen, podemos enriquecernos haciendo buenas obras, siendo generosos y compartiendo con los demás. Si la estabilidad financiera regresa, no nos aferremos tanto a lo que se nos da, sino confiemos únicamente en Dios.

Estamos seguros sólo en Él.

“En momentos de incertidumbre, nuestra seguridad está solamente en Dios.”

Lectura del día: 1 Timoteo 6:6-10, 17-19

jueves, 17 de junio de 2010

Reflexión Jueves, 17 de junio de 2010

¿Por qué sufrir?
Philip Yancey

“Bienaventurados los pobres en espíritu.” —Mateo 5:3

Jesús enseñó que el mundo, visto desde la perspectiva de Dios, se inclina a favor de los oprimidos. Esta enseñanza aparece en el Sermón del Monte y en otras declaraciones del Señor: los primeros serán postreros (Mateo19:30; Marcos 10:31; Lucas 13:30), y el que se humilla será enaltecido (Lucas 14:11: 18:14). Pero ¿por qué escogería Dios a los oprimidos para brindarles una atención especial?

1. El sufrimiento nos ayuda a darnos cuenta de nuestra imperiosa necesidad de redención.

2. El sufrimiento nos ayuda a experimentar nuestra dependencia de Dios e interdependencia con otras personas.

3. El sufrimiento nos ayuda a distinguir entre las necesidades y los lujos.

4. El sufrimiento nos ayuda a responder al llamado del evangelio, porque podemos desesperarnos tanto que clamamos a Dios.

Los pobres, los hambrientos, los que lloran y los que sufren son bendecidos (Mateo 5:3-6) porque diariamente perciben su falta de autosuficiencia. Deben recurrir a alguien que los fortalezca. Las personas ricas, exitosas y hermosas quizá vivan toda su vida dependiendo de sus talentos naturales; sin embargo, es más probable que los necesitados, los dependientes y los insatisfechos reciban el regalo del amor de Dios.

«Bienaventurados los pobres en espíritu». ¿Por qué? Porque «de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:3).

“Cuanto más débiles nos sentimos, tanto más nos apoyamos en Dios.”

Lectura del día: Mateo 5:1-12

miércoles, 16 de junio de 2010

Reflexión Miércoles, 16 de junio de 2010

La mota
Dave Branon

“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” —Lucas 6:41

Era sólo una mota, un pequeño objeto volador extraño que volaba por el aire un día ventoso mientras yo cortaba el césped. De algún modo, esa mota se metió en mi ojo izquierdo.

Durante algunas horas, aquella motita me causó bastante irritación en ese ojo. Traté de sacarla con agua. Mi esposa Sue, que es enfermera, también intentó hacerlo con todo lo que se le ocurrió. Al final, fuimos a un centro médico de emergencia donde el personal de guardia tampoco la pudo sacar. Sólo después de aplicar un ungüento y de una molesta espera durante varias horas más, sentí alivio del efecto de esa mota.

Esta pequeña y persistente irritación me trajo de nuevo a la mente la enseñanza de Jesús en Mateo 7 sobre criticar a los demás. Al pensar en ello, lo primero que me impactó fue la practicidad de la ilustración del Señor. Empleando la herramienta literaria de la hipérbole, o exageración, les explicó a sus oyentes sobre lo necio que es que una persona critique a otra sin ver que también es culpable de cometer errores. Si puedes encontrar una pequeña mota en el ojo de otra persona mientras ignoras el trozo de madera que hay en el tuyo, algo anda mal. Es inconcebible que pasemos por alto nuestras propias faltas mientras señalamos las de otras personas.

Una actitud de santurrón es inaceptable en la vida cristiana. Esto se ve claramente.

“Inspecciona tu propia vida antes de ver motas en los demás.”

Lectura del día: Mateo 7:1-6

martes, 15 de junio de 2010

Reflexión Martes, 15 de junio de 2010

Una hermosa melodía
Joe Stowell

“… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” —1 Pedro 2:9

En la primavera de 2009, Susan Boyle subió al escenario de Britain’s Got Talent (Gran Bretaña tiene talento). Comparada con los otros participantes, su aspecto no decía nada. Nadie esperaba mucho cuando colocó el micrófono junto a sus labios. Pero luego, comenzó a cantar. Los jueces quedaron atrapados y sin habla ante la belleza y la potencia de la voz que llenó el auditorio, mientras los deleitados espectadores se pusieron de pie para aplaudir. Todos se sorprendieron de que una canción tan apasionantemente hermosa procediera de una fuente tan insólita.

Todos nosotros podemos ser fuentes insólitas cuando se trata de transmitir con nuestra vida la hermosura de Jesús. Pero Él lo planeó así. Personas comunes como tú y yo nos turnamos en el escenario de la vida, frente a una audiencia escéptica, para que nuestros amigos, familiares y todos los que llenan el auditorio de nuestra existencia vean y escuchen que el amor y la gracia de Jesucristo emanan de nosotros.

Me encanta el recordatorio de Pedro en cuanto a que somos un «pueblo que pertenece a Dios, para que [proclamemos] las obras maravillosas de aquel que [nos] llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9). Tal vez pienses que eres una fuente insólita; sin embargo, cuando dejes que el Señor fluya a través de ti, el mundo espectador se pondrá de pie y prestará atención.

“La belleza de Jesús puede emanar de las fuentes más insólitas.”

Lectura del día: 1 Pedro 2:9-12

lunes, 14 de junio de 2010

Reflexión Lunes, 14 de junio de 2010

La buena historia
Anne Cetas

“Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.” —Lucas 24:2-3

Según un experimento realizado en la Universidad de Chicago, la gente tiende a recordar más las imágenes negativas. Aunque declaran que quieren alejarse del aluvión de noticias malas que transmiten los medios de comunicación, este estudio indica que sus mentes son atraídas hacia este tipo de historias.

A Katherine Hankey (1834–1911) le interesaba más la «buena noticia». Deseaba profundamente que las mujeres jóvenes conocieran a Cristo. En 1866, se enfermó gravemente. Mientras yacía en cama, pensaba en aquellas a quienes les había compartido la historia de la redención en Jesús, y deseaba que alguien la visitara y la consolara con «la antigua historia». Entonces, escribió la poesía que luego se convirtió en un himno:

Nunca nos cansamos de escuchar la historia que nos dice que Dios, en Su gran amor, envió a Su único Hijo a esta tierra (Juan 3:16). Jesús vivió una vida perfecta, cargó nuestro pecado al morir en la cruz y, tres días después, resucitó (Lucas 23:44–24:3). Al aceptarlo como Salvador, recibimos vida eterna y nos convertimos en hijos de Dios (Juan 1:12).

Cuenta la antigua historia de Jesús y de Su amor. Se necesitan buenas noticias.

“La buena noticia de Cristo es la mejor noticia del mundo.”

Lectura del día: Lucas 23:44-24:3

domingo, 13 de junio de 2010

Reflexión Domingo, 13 de junio de 2010

¡Corre!
Bill Crowder

“¿No sabéis que […] en el estadio, todos […] corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.” —1 Corintios 9:24

En la película Carrozas de Fuego, ganadora de varios premios, uno de los personajes es el legendario corredor velocista británico Harold Abrahams. Harold está obsesionado por ganar; pero, en las eliminatorias para las Olimpíadas de 1924, en la carrera de 100 metros, es rotundamente vencido por su rival, Eric Liddell. Entonces, reacciona con una profunda decepción. Cuando su novia Sybil trata de animarlo, él dice enojado: «Yo corro para ganar. Si no puedo ganar, ¡no corro!». Ella le responde con sabiduría: «Si no corres, no puedes ganar».

La vida está llena de reveses, y nosotros, como creyentes, no estamos excluidos de experimentar decepciones que nos llevan a querer rendirnos. Sin embargo, en la carrera de la vida cristiana, Pablo nos desafía a seguir corriendo. Les dice a los corintios: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis» (1 Corintios 9:24). Debemos correr con fidelidad, dice Pablo, estimulados por saber que corremos para honrar a nuestro Rey y que recibiremos de Él una corona eterna.

Si flaqueamos en esta carrera, si dejamos de servir a Dios o cedemos al pecado ante las dificultades, corremos el riesgo de perder una rica recompensa que podríamos haber recibido si hubiésemos corrido de la mejor manera que podemos.

Sybil tenía razón. «Si no corres, no puedes ganar».

“Mejor que ganar cualquier medalla será escuchar al Maestro decir: «¡Bien hecho!».”

Lectura del día: 1 Corintios 9:19-27

viernes, 11 de junio de 2010

Reflexión Sábado, 12 de junio de 2010

El panda tirador
Dennis Fisher

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero […] que usa bien la palabra de verdad.” —2 Timoteo 2:15

En su entretenido libro Come, dispara y se va, Lynne Truss se lamenta del problema del mal uso de la puntuación. Muchas veces, esto también se extiende a las traducciones. Truss narra la historia de un panda que entra en un café, pide un emparedado, lo come y, luego, saca una pistola y comienza a disparar. Cuando un mozo le pregunta por qué actuó así, el animal le entrega una guía sobre vida silvestre, mal puntuada y mal traducida, y le dice que busque la descripción de un panda. Decía: «Panda: Mamífero de gran tamaño, color blanco y negro, parecido a un oso, nativo de China. Come, dispara y se va».

Colocar una coma después de la palabra come, en inglés eat, puede confundir por completo al traductor. Las palabras dispara (en inglés, shoot, también significa brotes) y se va (en inglés, leaves, también significa hojas) se usaron erróneamente en lugar de aludir a plantas para comer. En realidad, la guía debía decir: «Come brotes y hojas».

El correcto uso del idioma también es importante para el estudio bíblico. Pablo lo describió así: «usa bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15). La frase «usa bien» se empleaba para describir a un artesano talentoso que cortaba algo derecho. En el contexto espiritual, significa un estudio diligente y minucioso, guiado por Espíritu Santo; enseñar la verdad de manera directa y correcta. Esta debe ser la prioridad de todo creyente aplicado.

“Sé aplicado para estudiar la Biblia y aplícala a tu vida.”

Lectura del día: 2 Timoteo 2:1-15

Reflexión Viernes, 11 de junio de 2010

Detenerse a ayudar
Marvin Williams

“Amarás […] a tu prójimo como a ti mismo.” —Lucas 10:27

El Dr. Scott Kurtzman, jefe de cirugía del Waterbury Hospital, en Connecticut, iba camino a dar una conferencia cuando presenció un terrible accidente que involucró 20 vehículos. El doctor se puso inmediatamente en acción, se abrió paso entre los trozos de metal, y comenzó a gritar: «¿Quién necesita ayuda?». Después de prestar asistencia durante 90 minutos, y una vez que las víctimas fueron llevadas a hospitales regionales, el Dr. Kurtzman comentó: «Una persona con capacitación como la mía, simplemente no puede pasar de largo sin atender a una persona herida. Me niego a vivir mi vida sin actuar así».

Jesús relató una parábola sobre un hombre que se detuvo a ayudar a otro (Lucas 10:30-37). Un judío había sido atrapado en una emboscada, desnudado, robado y dejado por muerto. Un sacerdote judío y un ayudante del templo pasaron por allí, vieron al hombre y cruzaron al otro lado del camino. Después pasó un samaritano despreciado, vio al hombre y sintió una tremenda compasión. Su compasión se convirtió en acción: le curó las heridas y se las vendó, lo llevó a una posada, lo cuidó mientras pudo, pagó todos los gastos y después le prometió al posadero que regresaría para pagar cualquier otro gasto adicional que surgiera.

A nuestro alrededor hay personas que están sufriendo. Movidos por la compasión que genera su sufrimiento, seamos de aquellos que se detienen a ayudar.

“La compasión siempre es sinónimo de actividad.”

Lectura del día: Lucas 10:30-37

jueves, 10 de junio de 2010

Reflexión Jueves, 10 de junio de 2010

Oración fiel
Cindy Hess Kasper

“[Oren] por los reyes y por todos los que están en eminencia.” —1 Timoteo 2:2

En junio de 2009, Emma Gray murió a los 95 años de edad. Durante más de dos décadas, había sido encargada de la limpieza en una casa grande. Todas las noches, mientras hacía las tareas, oraba pidiendo bendiciones, sabiduría y protección para el hombre para quien trabajaba.

Aunque trabajó en el mismo lugar durante 24 años, los ocupantes de la residencia cambiaban cada cuatro, más o menos. Durante ese tiempo, Emma elevó sus oraciones nocturnas a favor de seis presidentes de los Estados Unidos: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford y Carter.

Si bien tenía preferencia por algunos de ellos, igualmente oró por todos. Ella seguía las instrucciones que se nos dan en 1 Timoteo 2 en cuanto a orar «por todos los que están en eminencia» (v. 2). Estos versículos continúan diciendo que vivir «quieta y reposadamente», y ser una persona piadosa y reverente «es bueno y agradable delante de Dios […], el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (vv. 2-4).

Puesto que Dios «oye la oración de los justos» (Proverbios 15:29), ¡quién sabe cómo respondió Él las oraciones fieles de Emma! En Proverbios 21:1, leemos: «Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina».

Tal como Emma, nosotros también debemos orar por nuestros líderes. ¿Hay alguien por quien Dios te está llamando a orar hoy?

“Para influir a los líderes a favor de Dios, intercede ante Dios a favor de esos líderes.”

Lectura del día: 1 Timoteo 2:1-7

miércoles, 9 de junio de 2010

Reflexión Miércoles, 9 de junio de 2010

No es justo
Joe Stowell

“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.” —Salmo 103:10

«¡No es justo!» Ya sea que lo hayas dicho o que, al menos, lo hayas pensado, debes admitir que es difícil ver que alguien se sale con la suya y no recibe lo que merece. Esto lo aprendemos desde niños. Sólo hay que preguntarles a padres de adolescentes. Los chicos odian que a los hermanos no se los castigue por cosas por las que ellos recibieron una zurra. Por eso, siempre están chismorreando lo que hacen unos u otros. Pero, en realidad, nunca cambiamos. A nuestro modo de pensar, justicia significa que los pecadores merecen la ira de Dios y que nosotros, los buenos, merecemos Sus elogios.

Sin embargo, si Dios fuera sólo «justo», ¡todos seríamos consumidos por Su juicio! Podemos dar gracias por esto: «[Dios] no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades» (Salmo 103:10). Deberíamos estar contentos, no malhumorados, de que Él prefiere la misericordia más que la justicia, y está dispuesto a extender Su gracia aun a aquellos que no la merecen y que están perdidos sin esperanza. Y, mientras pensamos en esto, ¿cuándo fue la última vez que permitimos que la misericordia triunfara sobre la justicia con respecto a alguien que nos ofendió?

No es la justicia de Dios, sino Su misericordia lo que hace que Él nos busque, para que haya fiesta en el cielo cuando somos hallados (Lucas 15:7). Personalmente, ¡estoy agradecido de que Dios no haya sido «justo» conmigo! Y tú, ¿qué piensas?

“Podemos ser misericordiosos con los demás porque Dios lo ha sido con nosotros.”

Lectura del día: Salmo 103:1-10

martes, 8 de junio de 2010

Reflexión Martes, 8 de junio de 2010

Dame una mano
David H. Roper

“Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido.” —Salmo 119:173

Hace poco, estaba pescando con unos amigos y me metí en una corriente de agua que era demasiado fuerte para mis viejas piernas. No tendría que haberlo hecho, ya que es bien sabido que uno no puede meterse en corrientes de las cuales no puede salir.

Sentí esa sensación de pánico que uno experimenta cuando se da cuenta de que está en un grave problema. Un paso más, y sería arrastrado por el agua.

Hice lo único que se me ocurrió: le grité a un amigo que estaba cerca, que es más joven y más fuerte que yo. «¡Oye, Pedro! —exclamé—, ¡por favor, dame una mano!». Mi amigo caminó por la corriente, extendió su mano fornida y tiró hasta llevarme adonde el agua estaba tranquila.

Unos días después, mientras leía el Salmo 119, me encontré con el versículo 173: «Esté tu mano pronta para socorrerme». Entonces, pensé en aquel día en el medio de la corriente de agua y en otros en que me «metí» en situaciones difíciles, sobreestimando mis débiles capacidades y poniendo en peligro a mis seres queridos y a mí. Quizá hoy te encuentres en una situación similar.

Hay ayuda cerca, un Amigo que es mucho más fuerte que tú y que yo; uno cuya mano puede asirnos (Salmo 139:10). El salmista también dice acerca de Él: «Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra» (89:13). Puedes clamar a Dios: «¡Dame una mano!», y Él se te acercará de inmediato.

“Cuando nos golpea la adversidad, Dios está listo para fortalecernos.”

Lectura del día: Salmo 139:7-12

lunes, 7 de junio de 2010

Reflexión Lunes, 7 de junio de 2010

Administrar gracia
Julie Ackerman Link

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” —1 Pedro 4:10

La semana pasada tuve varias oportunidades de mostrar gracia. No lo hice de manera perfecta, pero me sentí bien con la forma en que manejé una situación en particular. En vez de enojarme, dije: «Entiendo cómo pudo haber pasado. Sin duda, algunos de los errores también son culpa mía», y no agregué nada más.

Según mi propia escala de medición, me merecía un puntaje elevado. No perfecto, pero cerca. Merodeando en el fondo de mi mente (odio admitirlo) estaba la idea de que, si era bondadoso, tal vez podía esperar que me trataran del mismo modo en alguna ocasión en el futuro.

El domingo siguiente, por la mañana, nuestra congregación estaba cantando «Sublime gracia»; de pronto, mi actitud audaz me volvió a la mente al pronunciar las palabras «¡Sublime gracia del Señor! […] Yo ciego fui, mas puedo ver; perdido, y Él me halló».

¡¿Qué se había cruzado por mi mente aquella vez?! La bondad que demostramos a los demás no es nuestra. La única razón de poder «administrar» gracia a alguien es porque Dios nos la ha dado a nosotros primero. En nuestro caso, sólo podemos traspasar lo que hemos recibido de Él.

Los buenos administradores buscan oportunidades de transferirles a otros lo que han recibido del Señor. Quiera Dios que todos seamos «buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 Pedro 4:10).

“Cuando conozcas la gracia de Dios, querrás mostrársela a los demás.”

Lectura del día: 1 Corintios 15:1-11

domingo, 6 de junio de 2010

Reflexión Domingo, 6 de mayo de 2010

Un héroe curado
David C. McCasland

“No os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis.” —1 Pedro 3:14

El cabo Desmond Doss fue el primer objetor de conciencia en ganar la Medalla de Honor del Congreso, la condecoración militar más importante en los Estados Unidos. Doss era un consagrado seguidor de Cristo y creía que no debía matar a otras personas, pero deseaba servir a su país; entonces, se ofreció para trabajar como médico. Durante el entrenamiento en el regimiento, los demás soldados se burlaban de él porque se negaba a disparar un rifle. Lo ridiculizaban cuando leía la Biblia y se arrodillaba junto a su cama por la noche para orar. Sin embargo, en combate, la historia cambió.

En mayo de 1945, durante la batalla de Okinawa, en la Segunda Guerra Mundial, Doss arriesgó varias veces su vida para rescatar a cientos de hombres heridos. Por sus acciones generosas, se ganó la gratitud y el respeto de sus antiguos críticos y de aquellos cuyas vidas había salvado.

Frente a la crítica injusta, Pedro les dijo a sus compañeros cristianos: «Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis» (1 Pedro 3:14). Los instó a honrar a Dios en sus corazones y a estar preparados para responder de manera respetuosa a todo el que preguntara sobre la esperanza que ellos tenían (v. 15).

Que nuestra respuesta a un mundo sufriente, que suele ser hostil a Cristo, sea tal que demuestre el amor de Dios.

“Devolver bien por bien es humano; devolver bien por mal es divino.”

Lectura del día: 1 Pedro 3:8-17

viernes, 4 de junio de 2010

Reflexión Viernes, 4 de junio de 2010

Negación plausible
Bill Crowder

“Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” —1 Samuel 16:7

En respuesta a las acusaciones de los medios de comunicación por escándalo e indecencia, el político culpable respondió con el siguiente pretexto: «No recuerdo tales acontecimientos». No obstante, este fue otro intento de una figura pública de aplicar una estrategia llamada «negación plausible». Ocurre cuando un individuo trata de crear una red de protección personal buscando convencer a los demás de que desconocía los sucesos en cuestión. Otra persona es imputada y se convierte en el chivo expiatorio que paga por los agravios del culpable.

A veces los creyentes tienen su propia clase de negación plausible. Declaramos desconocer nuestra conducta equivocada, ponemos excusas o culpamos a otros; pero Dios sabe la verdad. La Biblia nos dice: «El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Esto es cierto cuando el corazón es puro y también cuando está corrompido y encubierto con falsas declaraciones de inocencia. Podemos engañar a otras personas que sólo nos ven por fuera, pero Dios conoce la realidad de nuestro corazón, sea bueno o malo.

Por lo tanto, es sabio confesar con humildad nuestras ofensas al Señor. Él desea que admitamos la verdad (Salmo 51:6). La única manera de librarnos del pecado y restaurar nuestra comunión con Dios es reconocerlo y confesárselo a Él (vv. 3-4).

“Podemos conseguir engañar a otros, pero Dios conoce nuestro corazón.”

Lectura del día: Salmo 51:1-10

jueves, 3 de junio de 2010

Reflexión Jueves, 3 de junio de 2010

Campeón de tiro
Dennis Fisher

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” —Filipenses 3:14

Matt Emmons, que obtuvo la medalla de oro en la prueba de rifle en las Olimpíadas de 2004 en Atenas, estaba listo para ganar otro evento. Ocupaba el primer puesto y esperaba dar exactamente en el blanco con su último tiro. Pero algo salió mal: dio en el blanco… ¡pero estaba apuntando al que no le correspondía! Ese enfoque equivocado lo hizo descender al octavo puesto y le costó una medalla.

En la Carta de Pablo a los Filipenses, el apóstol reafirmó la importancia de centrarse en el blanco correcto en nuestra vida cristiana. «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús», dijo él (3:14).

Pablo utilizó el término «meta» como una ilustración tomada de un atleta que corre una carrera. Es interesante observar que la misma palabra también se empleaba para describir un blanco para arrojar flechas. En ambos casos, la posibilidad de ganar depende de enfocar bien. Para el creyente, durante toda su vida, ese enfoque debería consistir en procurar parecerse cada día más a nuestro Salvador Jesucristo (Romanos 8:28-29; Gálatas 5:22-23).

¿Hacia dónde apuntas hoy? ¿Estás preocupado por progresar y hacer que la vida sea más confortable? Si eres creyente, el blanco correcto hacia donde debes apuntar es parecerte más al Hijo de Dios (2 Corintios 3:18). ¡Asegúrate hoy de estar apuntando al blanco correcto!

“Para aprovechar tu vida al máximo, haz que las metas de Dios sean tus metas.”

Lectura del día: Filipenses 3:7-14

miércoles, 2 de junio de 2010

Reflexión Miércoles, 2 de junio de 2010

Cuanto antes
C. P. Hia

“Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos […] que sólo tú, Jehová, eres Dios.” —2 Reyes 19:19

Para la mayoría de los hispanohablantes, el acrónimo SOS significa una petición de ayuda urgente. Sin embargo, para los creyentes también podría significar: «Sólo Ora Siempre».

El rey Ezequías fue uno de los mejores monarcas de Judá. Después del reinado malvado de su padre, restauró la adoración a Dios en la nación (2 Reyes 18:3-4). Sin embargo, cuando el rey asirio atacó Judá, Ezequías se rindió, quitó el oro del templo de Jerusalén y se lo dio para apaciguarlo (vv. 13-16).

No obstante, eso no satisfizo al monarca asirio; así que, volvió a amenazarlo. Fue entonces cuando Ezequías recurrió al Señor en oración, diciendo: «… sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; […] sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios» (19:15-19). Cuando Ezequías oró, Dios le contestó de una manera extraordinaria y lo libró de sus enemigos (vv. 35-37).

Tal vez estés enfrentando un problema que te hace sentir desamparado. Quizá sea la pérdida de un trabajo, una situación familiar o laboral difícil, o problemas de salud. Recuerda que tenemos un Dios poderoso a quién podemos presentarle nuestras preocupaciones. Así que, antes de hacer cualquier otra cosa, recuerda el SOS: Sólo ora siempre.

“La oración debería ser nuestra primera reacción en vez de nuestro último recurso.”

Lectura del día: 2 Reyes 19:9-19

martes, 1 de junio de 2010

Reflexión Martes, 1 de junio de 2010

Preguntas de David
Dave Branon

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” —Salmo 8:4

Un proverbio africano dice: «El que pregunta, no se pierde en el camino». Este concepto puede ser útil al considerar las preguntas de David en los Salmos. Es evidente que él estaba buscando la guía de Dios para saber qué camino debía tomar.

Observa, por ejemplo, algunas de las preguntas que hizo:

«Jehová, ¿hasta cuándo?» (6:3). Una pregunta impaciente por ver el plan de Dios cumplido.

«¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?» (8:4). Una pregunta de asombro ante el interés de Dios por el hombre pecador.

«¿Por qué […] te escondes en el tiempo de la tribulación?» (10:1). Una pregunta que revela un anhelo de la presencia de Dios.

«Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?» (15:1). La pregunta definitiva sobre quién puede vivir con Dios.

David tenía algunas preguntas difíciles para hacerle al Señor, porque había descubierto lo que se siente cuando una persona deja de lado a Dios, hace las cosas como quiere y pierde su camino. No obstante, cuando escribió los salmos, era un hombre que buscaba vivir piadosamente. Por eso, investigaba lo que Dios pensaba sobre temas complicados.

Preguntas. Al igual que David, tú también las tienes. Sigue preguntando. Después, mediante la fe en la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo, presta atención mientras Él te guía por Su camino.

“Es bueno preguntarse cosas, pero mejor aun es buscar las respuestas de Dios.”

Lectura del día: Salmo 8