martes, 31 de mayo de 2011

Reflexión martes, 31 de mayo de 2011

Mala elección
Dave Branon

“Muchos de los que duermen en el polvo […] serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.” —Daniel 12:2

El presentador de televisión Larry King le preguntó a una estrella del espectáculo, ya anciano, sobre el cielo. Como prólogo, se refirió a una frase que le había dicho Billy Graham, que «él sabía qué estaba por delante: el paraíso; que iba a ir al cielo».
 
Entonces, el conductor preguntó a su invitado: «¿Usted qué cree?». Este respondió: «Yo quiero mucha actividad. El cielo me suena demasiado tranquilo. En el infierno hay mucho para hacer».
 
Lamentablemente, este hombre no es el único que piensa que una vida en el reino de Satanás es un destino ideal. He oído personas que dicen que prefieren ir al infierno porque todos sus amigos están ahí. Alguien escribió: «Si el infierno fuera real, no creo que fuera malo. Habría muchas personas interesantes».
 
¿Cómo podemos convencer a la gente sumida en este engaño de que debemos evitar el infierno y sus horrores? Quizá contándoles sobre las realidades de ese lugar, que se presentan en las Escrituras. En Daniel 12:2, se lo describe como un sitio de «vergüenza y confusión perpetua»; Lucas 16:23 habla de «tormentos»; Mateo 8:12 menciona «el lloro y el crujir de dientes»; y Apocalipsis 14:11 dice que los que están allí «no tienen reposo».
 
La verdad bíblica objeta que alguien piense que el infierno pueda ser un buen lugar para estar. Sin duda, rechazar a Jesús y enfrentar una eternidad en el reino de Satanás es una mala elección.

“El mismo Cristo que habla de las glorias del cielo describe los horrores del infierno.”

Lectura del día: Apocalipsis 20:11-15

lunes, 30 de mayo de 2011

Reflexión lunes, 30 de mayo de 2011

Honrar con honra
Randy K. Kilgore

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; […] no tendréis recompensa de vuestro Padre…” —Mateo 6:1

Siempre me ha impresionado la solemne y magnífica simplicidad del cambio de guardia en la tumba del soldado desconocido en el Cementerio de Arlington, en Estados Unidos. Este evento minuciosamente coreografiado es un conmovedor tributo a los soldados cuyos nombres —y sacrificio— «solo Dios los conoce». La misma emoción provocan los momentos sin público cuando, con paso firme, vienen y van, hora tras hora, día tras día, incluso durante el peor de los climas.
 
En septiembre de 2003, el huracán Isabel azotaba Washington, D.C., y se les dijo a los guardias que podían refugiarse cuando la tormenta arreciara. Casi sin sorprender a nadie, ¡todos se negaron! Con actitud de entrega, mantuvieron sus puestos aun frente a un huracán, para honrar a sus camaradas.
 
Junto a la enseñanza de Jesús en Mateo 6:1-6, me parece que está Su deseo de que vivamos con una desinteresada e inconmovible devoción a Él. La Biblia nos convoca a las buenas obras y a una vida santa, pero estos deben ser actos de adoración y de obediencia (vv. 4-6), no de una orquestada vanagloria personal (v. 2). El apóstol Pablo respalda esta fidelidad de toda una vida cuando nos ruega que convirtamos nuestro cuerpo en un «sacrificio vivo» (Romanos 12:1).
 
Señor, que nuestros momentos públicos y privados hablen de nuestra devoción y entrega de todo corazón a ti.

“Cuando más servimos a Cristo, menos lo hacemos a nosotros mismos.”

Lectura del día: Mateo 6:1-6

domingo, 29 de mayo de 2011

Reflexión domingo, 29 de mayo de 2011

Seguir maravillado
David C. McCasland

“Si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán […] sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.” —2 Pedro 1:8

Hace poco, durante un viaje, mi esposa se sentó cerca de una madre cuyo hijo volaba por primera vez en avión. Cuando la nave despegó, él dijo: «¡Mamá, mira qué alto que estamos! ¡Y todo se achica cada vez más!». Unos minutos después, exclamó: «¿Eso que está ahí son nubes? ¿Qué hacen debajo de nosotros?». A medida que pasaba el tiempo, otros pasajeros leían, dormitaban y bajaban las persianas para ver la película que se proyectaba a bordo. Sin embargo, este muchachito seguía pegado a la ventanilla, absorto ante la maravilla de todo lo que veía.
 
Los «viajeros experimentados» en la vida espiritual pueden correr el tremendo peligro de perder la capacidad de maravillarse. Los pasajes escriturales que antes nos estremecían quizá se tornen más conocidos y académicos. Podemos caer en el letargo de orar con la mente, pero sin el corazón.
 
Pedro instó a los primeros seguidores de Cristo a seguir creciendo en la fe, la virtud, el conocimiento, el dominio propio, la paciencia, la piedad, el afecto fraternal y el amor (2 Pedro 1:5-7). Dijo: «… si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo» (v. 8). Sin ellas, podemos perder la visión y olvidar la maravilla de haber sido limpiados de nuestros pecados (v. 9).
 
Que Dios nos conceda toda Su gracia para seguir maravillándonos cada vez más al conocerlo a Él.

“Crecer continuamente en Cristo es el resultado de conocerlo con más profundidad.”

Lectura del día: 2 Pedro 1:2-11

sábado, 28 de mayo de 2011

Reflexión sábado, 28 de mayo de 2011

¿Estás escuchando?
Julie Ackerman Link

“… hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua…” —Números 20:8

Se sentía frustrado, enojado. Cansado de que lo culparan de todo lo que andaba mal. Año tras año, los había ayudado a superar un desastre tras otro. Estaba continuamente intercediendo por ellos para sacarlos de problemas. Pero lo único que recibía a cambio de sus esfuerzos era más angustia. Al final, exasperado, dijo: «¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?» (Números 20:10).
 
Quizá esa sugerencia haya sonado ridícula, pero no lo era. Cuarenta años antes, la generación precedente se había quejado por lo mismo: no tenían agua. Dios le dijo a Moisés que golpeara la roca con su vara (Éxodo 17:6). Cuando obedeció, el agua brotó… y tuvieron gran cantidad. Cuando la queja reapareció tantos años después, Moisés hizo lo que anteriormente había funcionado. Pero, esta vez, no era lo que había que hacer. Lo que el líder les había dicho a los israelitas que hicieran —escuchar— él no lo hizo. En esta ocasión, el Señor le había indicado que hablara a la roca, no que la golpeara.
 
A veces, por agotamiento o por exasperación, no le prestamos mucha atención a Dios. Suponemos que siempre obrará del mismo modo. Pero no es así. A veces, nos dice que actuemos; otras, que hablemos; en ocasiones, que esperemos. Por esta razón, siempre debemos tener cuidado de escuchar antes de actuar.

“Escucha; después, obedece.”

Lectura del día: Números 20:1-13

viernes, 27 de mayo de 2011

Reflexión viernes, 27 de mayo de 2011

El rutter del piloto
Dennis Fisher

“Ordena mis pasos con tu palabra…” —Salmo 119:133

En los siglos XV y XVI, durante la era de la gran exploración marítima, los veleros atravesaban océanos inmensos y peligrosos y navegaban frente a costas amenazadoras. Los pilotos usaban diversas técnicas de navegación; entre ellas, un libro llamado «rutter» (una especie de bitácora), un diario de sucesos registrados por viajeros anteriores, donde relatan los problemas en aguas previamente desconocidas y difíciles. Leyendo los detalles en un rutter, los capitanes podían evitar peligros y atravesar corrientes complicadas.
 
En muchos aspectos, la vida cristiana es como un viaje, y el creyente necesita ayuda para navegar por los mares peligrosos de la vida. Disponemos de esta ayuda porque Dios nos dio Su Palabra, que actúa como un «rutter espiritual». A menudo, al reflexionar sobre un pasaje significativo, recordamos la fidelidad del Señor en medio de circunstancias difíciles. Como señala el salmista, los peligros no solo se hallan en las experiencias de la vida, sino también en nuestra tendencia interior al pecado. Ante esta doble preocupación, escribió: «Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí» (119:133).
 
Cuando reflexiones sobre las enseñanzas bíblicas, recordarás el cuidado de Dios en el pasado, reafirmarás tu experiencia de la guía del Señor en circunstancias adversas y se te advertirá de la peligrosidad del pecado. Esta es la ventaja de tener un «rutter espiritual».

“Con la Palabra de Dios como mapa y Su Espíritu como brújula, estás seguro de mantener el curso correcto.”

Lectura del día: Salmo 119:129-136

jueves, 26 de mayo de 2011

Reflexión jueves, 26 de mayo de 2011

Confianza y tristeza
Dave Branon

“Aun en la risa tendrá dolor el corazón…” —Proverbios 14:13

A principios de 1994, cuando con nuestra familia nos enteramos de que el equipo de fútbol de Estados Unidos jugaría la Copa del Mundo en Michigan, el estado donde nací, supimos que teníamos que estar allí.
 
¡Qué alegría sentíamos mientras íbamos camino al estadio Pontiac Silverdome a ver jugar a Estados Unidos contra Suiza! Fue uno de los eventos más extraordinarios de nuestra vida.
 
Solo hubo un problema. Una de nuestras hijas, Melissa, de nueve años, no pudo ir. Aunque disfrutamos del partido, no fue lo mismo sin ella. A pesar de la alegría de estar allí, estábamos tristes por su ausencia.
 
Cuando pienso en ese día, la tristeza que sentíamos me recuerda a la que experimentamos ahora que ya no está en esta vida, ya que murió en un accidente automovilístico ocho años después de aquel partido. Aunque apreciamos la ayuda del «Dios de toda consolación» (2 Corintios 1:3), este consuelo inmenso no cambia la realidad de su silla vacía en las reuniones familiares. Las Escrituras no dicen que Dios quita nuestra tristeza en esta vida, sino que Él es fiel y que nos consuela.
 
Si perdiste a alguien, aférrate al consuelo de Dios. Confía en Él. Pero recuerda que está bien sentir tristeza por esa ausencia. Ten en cuenta que es una razón más para echar tus cargas sobre tu amoroso Padre celestial.

“No hay pena en la tierra que no se sienta en el cielo.”

Lectura del día: 2 Corintios 1:3-11

miércoles, 25 de mayo de 2011

Reflexión miércoles, 25 de mayo de 2011

Verdadero premio
Joe Stowell

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” —Efesios 5:25

Estoy asombrado por el impacto que mi esposa Martie ha tenido en la vida de nuestros hijos. Muy pocas funciones exigen la clase de perseverancia y de entrega sacrificada e incondicional que tiene la maternidad. Sin duda, mi carácter y mi fe han sido moldeados por mi madre, Corabelle. Seamos realistas, ¿dónde estaríamos sin nuestras esposas y nuestras madres?
 
Esto me trae a la mente una de mis historias deportivas favoritas. Phil Mickelson recorría la calle del hoyo 18 durante el Torneo de Maestros, en 2010, después de su último tiro con el que ganó por tercera vez uno de los premios más codiciados por los golfistas. Pero no fue la victoria que obtuvo en el campo lo que me impactó, sino cuando fue derechito, entre la multitud, hasta donde estaba su esposa, la cual luchaba contra un cáncer que amenazaba con quitarle la vida. Se abrazaron, y la cámara captó una lágrima cayendo por la mejilla de Phil mientras abrazaba fuertemente a su esposa durante un largo rato.
 
Nuestras esposas necesitan experimentar la clase de amor sacrificado y generoso que el Amante de nuestras almas nos ha demostrado. Como lo expresa Pablo: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella» (Efesios 5:25). Los premios vienen y van, pero lo que realmente importa son las personas a quienes amas y que te aman a ti.

“La vida no se trata de los premios que ganamos, sino de las personas a quienes amamos.”

Lectura del día: Efesios 5:22-33

martes, 24 de mayo de 2011

Reflexión martes, 24 de mayo de 2011

Simplificar
Bill Crowder

“… no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” —Mateo 6:34

En una entrevista en la radio, a una superestrella del básquet le preguntaron sobre su habilidad especial para marcar en circunstancias cruciales el tanto ganador de un partido. El periodista quería saber cómo podía tener tanta calma en momentos de semejante presión. Él respondió que trataba de simplificar la situación. «Sólo hay que hacer un lanzamiento», dijo el jugador. Un lanzamiento… esta es la esencia de simplificar una circunstancia difícil. Concentrarse únicamente en lo que está delante de uno en ese momento. No preocuparse por las expectativas del entrenador ni de los compañeros de equipo. Simplificar.
 
Al reconocer que los desafíos de la vida pueden ser abrumadores y asfixiantes, Jesús nos instó a poner las cosas bajo control simplificándolas. Dijo: «… no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal» (Mateo 6:34). Así concluyó sabiamente Su enseñanza sobre el poder debilitante de la preocupación. Preocuparse no consigue nada positivo; sólo aumenta la sensación de que nos estamos hundiendo en los problemas que enfrentamos. Debemos tomar las cosas como vienen —día a día— y confiar en que Él nos dará la sabiduría necesaria para reaccionar como corresponde.
 
Si sientes que la vida te abruma, haz hoy lo que puedas y, después, confíale el resto al Señor. Como dijo Jesús: «Cada día tiene ya sus problemas» (NVI).

“Perdemos el gozo de vivir en el presente al preocuparnos por el futuro.”

Lectura del día: Mateo 6:25-34

sábado, 21 de mayo de 2011

Reflexión sábado, 21 de mayo de 2011

Fruta fresca
Cindy Hess Karper

“[Los justos] aun en la vejez fructificarán…” —Salmo 92:14

Me encantan las fotos antiguas que suelen imprimirse en la página de obituarios de nuestro periódico local. Un joven sonriente con uniforme militar y palabras tales como: 92 años, peleó por su país en la Segunda Guerra Mundial. O la joven con ojos brillantes: 89 jóvenes años, creció en una granja de Kansas durante la Depresión. El mensaje encubierto es: «¿Saben? No siempre fui viejo».
 
Muy a menudo, los que han tenido una vida larga se sienten al margen cuando llegan a sus últimos años. Sin embargo, el Salmo 92 nos recuerda que, independientemente de cuántos años tengamos, podemos vivir una vida renovada y fructífera. Los hombres y las mujeres que han sido «plantados» en el rico suelo de la viña de Dios siempre «fructificarán» y «estarán vigorosos y verdes» (v. 14). Jesús prometió: «… el que permanece en mí, y yo en él» seguirá dando «mucho fruto» (Juan 15:5).
 
Sí, los músculos y las articulaciones pueden doler, y la vida volverse un poco más lenta, pero, interiormente, podemos renovarnos «de día en día» (2 Corintios 4:16).
 
Hace poco vi a una mujer de hermoso cabello blanco con una camiseta que decía: «No tengo 80, sino 18 con 62 años de experiencia». No importa cuán viejos seamos; de todos modos, podemos ser jóvenes de corazón… y con el beneficio de haber vivido una vida buena, llena de conocimiento y de sabiduría.

“La fidelidad es el requisito divino; la productividad, Su recompensa.”

Lectura del día: Salmo 92

viernes, 20 de mayo de 2011

Reflexión viernes, 20 de mayo de 2011

Recepción humilde
David C. McCasland

“… desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada…” —Santiago 1:21

Mientras leía el primer capítulo de Santiago, me impactó la frase «recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas» (v. 21). Me vino a la mente una decisión con la que he estado luchando para tomar, y pensé: No necesito leer otro libro, asistir a otro seminario ni preguntarle a un amigo sobre esto. Debo obedecer lo que la Biblia me dice que haga. Mis esfuerzos por estar mejor informado se habían convertido en un medio para resistir la instrucción de Dios en lugar de recibirla.
 
Santiago estaba escribiéndoles a seguidores de Cristo, cuando dijo: «desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:21-22).
 
El erudito bíblico W. E. Vine dijo que la palabra griega usada aquí para recibid significa «una recepción pronta y deliberada de lo que se ofrece». La mansedumbre es una actitud hacia Dios «que considera que Su trato con nosotros es bueno y que, por tanto, no lo cuestionamos ni lo resistimos». Un corazón humilde no lucha contra Dios ni contiende con Él.
 
La poderosa Palabra de Dios, implantada en nuestro corazón, es una fuente de sabiduría y fortaleza espiritual digna de confianza. Está a disposición de todos los que la reciben con humildad.

“Abre tu Biblia con oración, léela con cuidado y obedécela con gozo.”

Lectura del día: Santiago 1:13-22

jueves, 19 de mayo de 2011

Reflexión jueves, 19 de mayo de 2011

Relaciones destruídas
C. P. Hia

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria…” —Filipenses 2:3

Desde el balcón de mi casa, vi cómo demolían un edificio de apartamentos de 20 pisos. El trabajo se hizo en apenas una semana y ahora, en el mismo lugar, están construyendo uno nuevo. Ya han pasado varios meses y, aunque las tareas de edificación continúan de noche y los fines de semana, todavía está incompleto. ¡Cuánto más fácil es destruir que edificar!
 
La verdad sobre la demolición y la construcción de edificios también se aplica a las relaciones interpersonales. En Filipenses 4:2, Pablo les escribió a dos mujeres de la iglesia, diciendo: «Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor». Si no se resolvía, la pelea entre ellas amenazaba con echar por tierra el testimonio de la iglesia de Filipos. Por eso, el apóstol instó a un «compañero fiel» (v. 3) para que ayudara a reconstruir la relación.
 
Lamentablemente, los creyentes sin duda se pelean, pero deberíamos procurar vivir «en paz» con todos (Romanos 12:18). A menos que nuestros conflictos se resuelvan, el testimonio cristiano que con tanto trabajo construimos puede destruirse. Se requiere mucho tiempo y esfuerzo para recomponer relaciones interpersonales rotas. Pero vale la pena. Como un edificio nuevo que se levanta de entre las ruinas, los creyentes reconciliados pueden resurgir más fortalecidos.
 
¡Quiera Dios que hoy procuremos edificarnos unos a otros con nuestras palabras y acciones!

“Dos creyentes son mejores que uno… cuando son uno.”

Lectura del día: Filipenses 4:2-7

miércoles, 18 de mayo de 2011

Reflexión miércoles, 18 de mayo de 2011

Seremos transformados
Dennis Fisher

“… seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” —1 Juan 3:2

Thomas De Baggio contrajo la enfermedad de Alzheimer a una edad temprana, y en el libro Losing My Mind [Perder mi mente] hace una crónica de su pérdida gradual de la memoria. Allí registra el perturbador proceso mediante el cual la persona se olvida de todo: las tareas, los lugares y las personas.
 
Esta enfermedad afecta la actividad de las neuronas del cerebro, lo que genera pérdida gradual de la memoria, confusión y desorientación. Puede ser trágico observar que una persona que antes era mentalmente despierta empieza, de manera progresiva, a olvidarse cómo hacer para vestirse o que no reconoce los rostros de los seres queridos. Es como perder a la persona antes de que muera.
 
La pérdida de la memoria también puede ocurrir por otras razones, como un accidente o un trauma existencial. Y para los que vivimos hasta la vejez, el desgaste del cuerpo es inevitable.
 
Pero, para el creyente en Cristo, hay esperanza. Cuando reciban sus cuerpos glorificados en la resurrección, serán perfectos (2 Corintios 5:1-5). Sin embargo, más importante aún es que en el cielo reconoceremos a Aquel que murió para redimirnos. Recordaremos lo que hizo y lo conoceremos por las marcas de los clavos en Sus manos (Juan 20:25; 1 Corintios 13:12).
 
El olvido puede acosar nuestro cuerpo terrenal, pero, cuando veamos al Señor, «seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2).

“En un abrir y cerrar de ojos... seremos transformados. —El Apóstol Pablo”

Lectura del día: 2 Corintios 4:16-5:8

martes, 17 de mayo de 2011

Reflexión martes, 17 de mayo de 2011

Venganzas alternativas
Marvin Williams

“No te vengarás, […], sino amarás a tu prójimo como a ti mismo…” —Levítico 19:18

Un domingo, mientras un pastor predicaba, un hombre lo abordó y le dio un puñetazo. El pastor siguió predicando y el hombre fue arrestado. Después oró por él e incluso fue a visitarlo a la cárcel unos días más tarde. ¡Qué ejemplo de cómo reaccionar ante los insultos y las injurias!
 
Aunque la autodefensa es aceptable, el Antiguo Testamento prohibía vengarse personalmente: «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18; ver también Deuteronomio 32:35). Jesús y los discípulos también lo prohibieron (Mateo 5:38-45; Romanos 12:17; 1 Pedro 3:9).
 
La ley del Antiguo Testamento exigía retribuir del mismo modo (Éxodo 21:23-25; Deuteronomio 19:21), lo cual aseguraba que el castigo legal no fuera injusto ni malicioso. Pero, con respecto a la venganza personal, estaba en ciernes un principio mucho más importante: La justicia debe aplicarse, pero hay que dejarla en manos de Dios o de las autoridades designadas por Él.
 
En vez de devolver injurias e insultos, vivamos aplicando las alternativas que honren a Cristo, en el poder del Espíritu: Estar en paz con todos (Romanos 12:18), someternos a un mediador espiritual (1 Corintios 6:1-6) y dejar todo en manos de las autoridades; más aún, en las manos de Dios.

“Deja la justicia definitiva en las manos de un Dios justo.”

Lectura del día: Deuteronomio 19:16-21

lunes, 16 de mayo de 2011

Reflexión lunes, 16 de mayo de 2011

¿Vida injusta?
Joe Stowell

“Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.” —Salmo 73:3

¿Alguna vez sentiste que la vida es injusta? Para los que estamos comprometidos a hacer la voluntad de Dios y seguir Sus caminos, es fácil frustrarse al ver que a las personas que no tienen interés en Él aparentemente les va bien en la vida. Un empresario engaña y, sin embargo, consigue un importante contrato, y el muchacho que se pasa todo el tiempo de fiesta es robusto y saludable. Mientras tanto, tú o un ser querido lucha con las finanzas o con problemas de salud. Esto nos hace sentir desengañados, como si no sirviéramos para nada.
 
Si alguna vez te sentiste así, no eres el único. El escritor del Salmo 73 desarrolla una extensa lista de formas en que prosperan los malos, y después dice: «Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón» (v. 13). Pero la marea de sus pensamientos vuelve atrás cuando recuerda el tiempo que pasó en la presencia del Señor: «Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos» (v. 17).
 
Cuando pasamos tiempo con Dios y vemos las cosas desde Su punto de vista, nuestra perspectiva cambia por completo. Quizá ahora tengamos celos de los incrédulos, pero no será así en el momento del juicio. Como expresa el dicho: ¿Qué diferencia hay si ganas la batalla, pero pierdes la guerra?
 
Tal como el salmista, alabemos a Dios por Su presencia en esta vida y por Su promesa de una existencia futura (vv. 25-28). Él es todo lo que necesitas, aunque la vida parezca injusta.

“Ocupar tiempo con Dios pone todo lo demás en la perspectiva correcta.”

Lectura del día: Salmo 73

domingo, 15 de mayo de 2011

Reflexión domingo, 15 de mayo de 2011

 
Palabras fuertes
David C. Egner

“… todo aquel que no hace justicia, […], no es de Dios.” —1 Juan 3:10

En un libro titulado UnChristian (Anticristianos), se enumeran razones por las que a algunos incrédulos no les gustan las personas que profesan fe en Jesucristo. La mayor queja tiene que ver con el modo en que algunos creyentes tratan a los incrédulos, y en ese estudio, estos tienden a considerar a los cristianos hipócritas, críticos, ásperos y odiosos con aquellos que los rechazan.
 
Estoy seguro de que te desagrada como a mí oír lo que ellos piensan de los creyentes. A veces, sus percepciones son más ciertas de lo que nos gustaría que fueran. Primera Juan 3 comienza con las palabras: «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios» (v. 1). Juan presenta un agudo contraste: Los creyentes aman la justicia, se mantienen alejados del pecado y se aman unos a otros; los incrédulos practican el pecado, odian a los demás y permanecen espiritualmente muertos.
 
¡Qué palabras tan fuertes! O somos seguidores de Jesucristo o del diablo. Somos como Caín o como Abel (v. 12; Génesis 4:8-15). Juan dice que amar a los demás es la prueba de que somos verdaderos hijos de Dios (3:10, 18-19; 4:7-8). No podemos seguir practicando el pecado y declarar que somos seguidores de Cristo. Asegurémonos de que nuestras palabras y acciones respalden nuestras creencias.

“Seguir a Cristo exige dos cosas: Creer y actuar en consecuencia.”

Lectura del día: 1 Juan 3:10-18

sábado, 14 de mayo de 2011

Reflexión sábado, 14 de mayo de 2011

Paciencia para ser paciente
Philip Yancey

“Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.” —Salmo 130:5

Los niños quieren las cosas ya: «¡Pero yo quiero el postre ya!», «¿ya llegamos?», «¿ya podemos abrir los regalos?». Por el contrario, a medida que crecemos, aprendemos a esperar. Los futuros médicos esperan durante su capacitación; los padres aguardan esperanzados que el hijo perdido regrese; nosotros esperamos cosas que valgan la pena hacerlo, y, en el proceso, aprendemos a ser pacientes.
 
Dios, que no está limitado al tiempo, requiere que tengamos una fe madura que tal vez incluya retrasos que parecen pruebas. La paciencia es una señal de esa madurez, una cualidad que solo puede desarrollarse con el transcurso del tiempo.
 
Muchas oraciones en la Biblia brotan de la acción de esperar. Jacob esperó siete años para tener una esposa y, después de que su futuro suegro lo engañó, trabajó otros siete (Génesis 29:15-20). Los israelitas esperaron 400 años para ser liberados; Moisés aguardó cuatro décadas para ser llamado a liderarlos, y después otros 40 para llegar a una tierra prometida en la que él no entraría.
 
«Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana», escribió el salmista (Salmo 130:6). Viene a la mente el cuadro de un guardia que cuenta los minutos para que termine su turno.
 
Oro pidiendo esa paciencia que soporta los tiempos de prueba, que sigue expectante, que continúa esperando, que no deja de creer. Oro por paciencia para ser paciente.

“Dios rara vez se apura para hacer grandes cosas.”

Lectura del día: Salmo 130:1-8

jueves, 12 de mayo de 2011

Reflexión jueves, 12 de mayo de 2011

Vengan a mí
Cindy Hess Kasper

“Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.” —Salmo 51:12

Mientras Amelia, de 19 años de edad, esperaba en el consultorio del médico, reconoció que a través de los altavoces se interpretaba el conocido himno ¡Cuán tiernamente el Señor nos convida! Recordar las palabras la hizo sonreír. ¡Quizá una canción cuya letra dice «vienen las sombras, se acerca la muerte» no sea la música de fondo más apropiada para un consultorio médico!
 
A algunos, este antiguo himno les resulta demasiado sentimental, pero el mensaje del estribillo puede ser alentador para el pecador descarriado:
 
Cuando un creyente sustituye la voluntad de Dios con la suya, se halla en un estado de alejamiento, fuera de la comunión con el Señor y en una condición nada envidiable. Aunque a veces cedemos ante nuestra naturaleza egocéntrica, Dios siempre está dispuesto a recibirnos de vuelta. Debido a Su «misericordia» y a Sus «piedades», se goza cuando abandonamos nuestros caminos rebeldes, regresamos a Él y le pedimos perdón (Salmo 51:1-2; Lucas 15).
 
¿Tu mente y tu corazón se han alejado de tu Salvador? Jesús te está llamando y esperando que vuelvas a casa.

“Un hijo de Dios siempre es bienvenido a casa.”

Lectura del día: Salmo 51:1-13

miércoles, 11 de mayo de 2011

Reflexión miércoles, 11 de mayo de 2011

Beneficio de la duda
Anne Cetas

“[El amor] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” —1 Corintios 13:7

En 1860, Thomas Inman les recomendó a sus colegas médicos que no prescribieran un medicamento para curar si no estaban seguros de que serviría. Debían otorgarle al paciente «el beneficio de la duda». Esta frase es también un término legal que significa que si un jurado tiene pruebas conflictivas que lo hace dudar, el veredicto que debe dar es el de «inocente».
 
Quizá como creyentes en Cristo, podríamos aprender de esta frase médica y legal y aplicarla a nuestras relaciones interpersonales. Mejor aún, podemos practicar lo que dice la Biblia sobre concederles a los demás el beneficio de la duda. En 1 Corintios 13:7, leemos que el amor «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta». Leon Morris, en Tyndale New Testament Commentaries [Comentarios Tyndale del Nuevo Testamento], dice sobre la frase «todo lo cree»: «Ver lo mejor en los demás […]. Esto no significa que el amor sea ingenuo, sino que no piensa en lo peor (como lo hace el mundo). Retiene su fe. Al amor no se lo engaña […], sino que siempre está dispuesto a otorgar el beneficio de la duda».
 
Cuando oímos algo negativo sobre las demás personas o sospechamos de sus motivaciones para actuar, detengámonos antes de juzgar si sus intenciones son buenas o malas. Concedámosles el beneficio de la duda.

“El amor concede a los demás el beneficio de la duda.”

Lectura del día: 1 Corintios 13

martes, 10 de mayo de 2011

Reflexión martes, 10 de mayo de 2011

Vengan y vean
David C. McCasland

“… Venid y ved…” —Juan 1:39

«¿Podría decirme dónde puedo encontrar las bombillas?» «Sí, claro. Venga conmigo y lo acompañaré hasta allí».
 
En algunas tiendas grandes, a los empleados los instruyen para que acompañen a los clientes a encontrar lo que buscan, en vez de darles simplemente indicaciones verbales. Esta acción común de cortesía y de acompañar a una persona inquisitiva puede ayudarnos a ampliar nuestro concepto de lo que significa guiar a otros a Cristo.
 
En Juan 1, aparecen las frases «venid y ved» y «ven y ve». Cuando dos curiosos discípulos de Juan el Bautista le preguntaron a Jesús dónde vivía, el Señor dijo: «… Venid y ved…» (v. 39). Después de pasar el día con Él, Andrés encontró a su hermano, Simón Pedro, y lo llevó a ver a Jesús (vv. 40-41). Más tarde, Felipe le contó a Natanael que había encontrado al Mesías. Ante la respuesta escéptica de este, Felipe dijo: «Ven y ve» (v. 46).
 
Testificar de Cristo puede ser una ocasión que se presente una sola vez cuando comunicamos la buena noticia de Jesús a los demás, pero también puede implicar tener que acompañar a una persona que está buscando ayuda y satisfacción. Nuestro interés genuino en su bienestar espiritual, nuestras oraciones y nuestra relación con ellos dicen, sin palabras: «Vengan y vean. Caminemos juntos y los guiaré a Cristo».

“La bondad y la compasión han guiado más personas a Cristo que la sola predicación.”

Lectura del día: Juan 1:35-46

lunes, 9 de mayo de 2011

Reflexión lunes, 9 de mayo de 2011

Amor útil
Dennis Fisher

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” —Juan 1:14

Al final del viaje terrenal de mi madre, ella y mi papá todavía seguían muy enamorados y compartían una sólida fe en Cristo. Mamá padecía de demencia senil y había perdido la memoria, incluso de sus familiares. No obstante, papá la visitaba constantemente en la residencia donde vivía con asistencia diaria y buscaba maneras de suplir las capacidades disminuidas de ella.
 
Por ejemplo, le llevaba algunos caramelos masticables, desenvolvía uno y se lo ponía en la boca; algo que ella no podía hacer por sí sola. Entonces, mientras ella lo masticaba lentamente, mi padre se sentaba en silencio a su lado y la tomaba de la mano. Cuando terminaba el tiempo de estar juntos, mi padre, con una amplia sonrisa, decía: «Siento tanta paz y gozo cuando paso tiempo con ella».
 
Aunque me conmovía el gran gozo que papá tenía al ayudar a mi madre, más me emocionaba que él estaba representando la gracia de Dios. Jesús estuvo dispuesto a humillarse a sí mismo para conectarse con nuestra debilidad. Reflexionando en la encarnación de Cristo, Juan escribió: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…» (1:14). Al adquirir las limitaciones humanas, Él hizo innumerables actos de compasión, para suplir nuestras debilidades.
 
¿Conoces a alguien que pueda beneficiarse con el amor útil y suplidor que hoy podría fluir a través de ti hacia ellos?

“Para ser un canal de bendición, deja que el amor de Cristo fluya a través de ti.”

Lectura del día: Juan 1:9-14

domingo, 8 de mayo de 2011

Reflexión domingo, 8 de mayo de 2011

Aprender a confiar
Julie Ackerman Link

“Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.” —Salmo 37:3

Cuando metí mi cámara en medio del arbusto para tomar una foto de los pequeños petirrojos, ellos abrieron la boca sin abrir los ojos. Estaban tan acostumbrados a que la mamá los alimentara cada vez que se movían las ramas, que ni siquiera miraron para ver quién (o qué) provocaba el alboroto.
 
Esta es la clase de amor que las madres les infunden a sus hijos. Yo disfruto de la bendición de tener una mamá así. Mientras crecía, podía comer cualquier comida que ella ponía sobre la mesa, sin temor de que me hiciera mal. Aunque me obligaba a comer cosas que no me gustaban, yo sabía que lo hacía porque eran beneficiosas para mí. Si solo se hubiese preocupado por lo que era fácil para ella, me habría dejado comer comida chatarra. Cuando mi mamá me decía que hiciera algo, o que no, yo sabía que lo que tenía en mente era lo mejor para mí. No trataba de impedir que me divirtiera, sino que intentaba protegerme de cosas perjudiciales.
 
Así es la relación que tenemos con Dios, que se comparó a sí mismo con una madre: «Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros…» (Isaías 66:13). Al ser Sus hijos, no hay razón para temer a lo que nos pase ni envidiar lo que les suceda a los demás: «No […] tengas envidia de los que hacen iniquidad» (Salmo 37:1). Cuando confiamos en Su bondad, nos alimenta Su fidelidad.

“El cuidado de Dios nos rodea.”

Lectura del día: Isaías 66:7-13

sábado, 7 de mayo de 2011

Reflexión sábado, 7 de mayo de 2011

Paz y perdón
David C. McCasland

“¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” —Mateo 18:33

En 1865, cuando terminó la Guerra Civil en los Estados Unidos, habían muerto más de medio millón de soldados, la economía estaba destruida y el pueblo seguía profundamente dividido en el aspecto político. La celebración del Día de la Madre en ese país comenzó para recordar el esfuerzo de dos mujeres que buscaron paz y reconciliación durante esa época angustiosa. En 1870, Julia Ward Howe pidió que se celebrara un Día Internacional de la Madre en el que las mujeres se unieran para oponerse a todo tipo de guerra. Unos años después, Anna Reeves Jarvis empezó a conmemorar el Día de la Amistad de las Madres, con el propósito de volver a unir a las familias y a los vecinos distanciados por la guerra. Siempre se sufre muchísimo cuando los amigos y los parientes se dividen y no están dispuestos a perdonar.
 
El evangelio de Jesucristo ofrece la promesa de paz y reconciliación con Dios y los unos con los otros. Cuando Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces debía perdonar a un hermano que pecara contra él (Mateo 18:21), el Señor sorprendió a todos al contestar «setenta veces siete» (v. 22). Después narró una historia inolvidable sobre un siervo que había sido perdonado, pero que no actuó así con los demás (vv. 23-35). Cuando Dios en Su gracia nos perdona, exige que nosotros extendamos hacia otros lo que hemos recibido.
 
Con el amor y el poder de Dios, siempre se puede perdonar.

“El perdón es el cristianismo en acción.”

Lectura del día: Mateo 18:21-35

viernes, 6 de mayo de 2011

Reflexión viernes, 6 de mayo de 2011

La sabia hormiga
Jennifer Benson Schuldt

“[La hormiga] prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.” —Proverbios 6:8

Todos los años hago algo especial para celebrar la llegada de la primavera: compro trampas para hormigas. Estas pequeñas invasoras marchan continuamente a nuestra cocina para buscar cualquier resto de comida que haya quedado en el suelo. No son exigentes; les gusta todo: trocitos de papas fritas, un grano de arroz e incluso una pizca de queso.
 
Aunque las hormigas pueden ser una molestia, Salomón las alabó por su estricta ética laboral (Proverbios 6:6-11). Señaló que son disciplinadas: «no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor» (v. 7), son sumamente productivas. También siguen ocupadas cuando no hay una necesidad inmediata, y así consiguen suministros en el verano y recogen alimentos durante la siega (v. 8). Cuando llega el invierno, no están preocupadas pensando qué van a comer. Poco a poco, estas obreras laboriosas han ahorrado suficiente para subsistir.
 
Nosotros podemos aprender de la hormiga. Cuando Dios nos da épocas de abundancia, podemos preparar para cuando los recursos sean pocos. El Señor es el proveedor de todo lo que tenemos, incluso de nuestra capacidad para trabajar. Debemos hacerlo con diligencia, ser administradores sabios de lo que Él ha provisto y, después, descansar en la promesa de Su cuidado (Mateo 6:25-34).
 
Recordemos el consejo de Salomón: «Ve a la hormiga, […], mira sus caminos, y sé sabio» (Proverbios 6:6).

“Confía en Dios hoy… y prepárate para mañana.”

Lectura del día: Proverbios 6:6-11

jueves, 5 de mayo de 2011

Reflexión jueves, 5 de mayo de 2011

¿Tiempo de orar?
David H. Roper

“Oh Dios, acude a librarme; apresúrate, oh Dios, a socorrerme.” —Salmo 70:1

Una mañana, cuando era niño, estaba sentado en la cocina, mirando a mi mamá que preparaba el desayuno. De pronto, la grasa de la sartén donde freía la panceta se prendió fuego. Las llamas subieron por el aire, y mi madre corrió a la despensa a buscar un paquete de harina para arrojarlo sobre el incendio.
 
«¡Socorro!», grité. Y después, agregué: «¡Ay, ojalá fuera la hora de orar!». Es probable que «es hora de orar» haya sido una expresión frecuente en la familia, y yo la interpreté literalmente como que solo podíamos hacerlo en determinados horarios.
 
Desde luego que la hora de orar es en cualquier momento; en especial, cuando estamos en crisis. El miedo, la preocupación, la ansiedad y la aflicción son las ocasiones más comunes para hablar con Dios. Por naturaleza, recurrimos a la oración cuando nos sentimos desolados, abandonados y despojados de todo recurso humano. Clamamos con las palabras de David: «… apresúrate, oh Dios, a socorrerme» (Salmo 70:1).
 
John Cassian, un creyente del siglo v, escribió lo siguiente: «Este es el clamor aterrorizado de alguien que ve la trampa del enemigo, el grito de una persona asediada de día y de noche, que exclama que no puede escapar a menos que su Protector acuda a rescatarla».
 
Que esta sea nuestra simple oración en cada crisis y durante todo el día: «¡Socorro, Señor!».

“No hay un lugar, ni tiempo en el que no se pueda orar.”

Lectura del día: Salmo 70

miércoles, 4 de mayo de 2011

Reflexión miércoles, 4 de mayo de 2011

Dos palabras
Dave Branon

“Someteos, pues, a Dios…” —Santiago 4:7

En los anales de la historia publicitaria en los Estados Unidos, uno de los eslogan más eficaces que ha habido es la pregunta de los productores de leche californianos: «¿Bebiste leche?». Con esta frase, el grupo captó la atención de casi todos. En unas encuestas, más del noventa por ciento de la gente reconoció el lema.
 
Si «¿bebiste leche?» es tan bueno para recordar a la gente que debe beber «jugo de vaca», quizá podamos crear algún eslogan para instarnos a vivir vidas más santas. Veamos Santiago 4 e intentemos hacerlo. Este pasaje nos da cuatro instrucciones específicas.
 
1. ¡Someteos! El versículo 7 nos dice que nos sometamos a Dios. Nuestro Señor soberano nos ama, así que, ¿por qué no dejar que sea Él quien dirija la función? La sumisión nos ayuda a resistir al diablo. 2. ¡Acercaos! El versículo 8 nos recuerda la importancia de acercarnos a Dios. Depende de nosotros cerrar la brecha que nos separa del Señor. 3. ¡Limpiad! El versículo 8 también nos trae a la memoria la seguridad de que nuestro corazón está limpio. Esto sucede cuando confesamos nuestros pecados a Dios. 4. ¡Humillaos! Santiago dice que debemos ser humildes delante del Señor (v. 10). Esto implica que tenemos que considerar nuestro pecado como algo por lo cual llorar.
 
¡Someteos! ¡Acercaos! ¡Limpiad! ¡Humillaos! Estas palabras quizá no parezcan apropiadas en una camiseta, como «¿bebiste leche?», pero sin duda lucirán bien en ti.

“El testimonio más poderoso es una vida piadosa.”

Lectura del día: Santiago 4:7-10

martes, 3 de mayo de 2011

Reflexión martes, 3 de mayo de 2011

Nunca solos
Bill Crowder

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.” —Hebreos 13:5

Al haber jugado fútbol en torneos intercolegiales, nunca perdí mi amor por «el juego bonito». En especial, me encanta ver la Premier League inglesa. Una de las razones es la destreza y la velocidad con que allí se juega. Además, me apasiona cómo cantan los aficionados para respaldar a sus amados «bandos». Por ejemplo, durante años, el equipo de Liverpool ha tenido como lema You’ll Never Walk Alone [Nunca caminarás solo]. ¡Qué emocionante que es oír a 50.000 personas que se unen para cantar la letra de esa antigua canción! Tanto para los jugadores como para los aficionados, es estimulante ver que seguirán juntos hasta el fin. ¿Caminar solos? Nunca.
 
Este sentimiento es importante para todos. Como todos hemos sido hechos para vivir en comunidad, el aislamiento y la soledad están entre las experiencias más dolorosas del ser humano. En tiempo de angustia, nuestra fe es vital.
 
El hijo de Dios nunca necesita temerle al abandono. Aunque la gente se nos vuelva en contra, los amigos nos dejen o las circunstancias nos separen de los seres queridos, nunca estamos solos. Dios dijo: «No te desampararé, ni te dejaré…» (Hebreos 13:5). Estas frases no son solo una agradable melodía ni palabras ingeniosas que ofrecen un sentimiento vacío, sino la promesa de Dios mismo para los que son el objeto de Su amor. Él está presente… y no se va a ir.
 
Con Cristo, nunca caminarás solo.

“La presencia de Dios con nosotros es uno de Sus presentes más grandiosos.”

Lectura del día: Hebreos 13:1-8

lunes, 2 de mayo de 2011

Reflexión lunes, 2 de mayo de 2011

Dos Reglamentos
Joe Stowell

“De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” —Mateo 22:40

¿Alguna vez te sentiste abrumado por los reglamentos y las expectativas? Imagina cómo se habrá sentido el pueblo judío cuando trataba de cumplir más de 600 reglas del Antiguo Testamento y muchas otras que le habían impuesto los líderes religiosos de aquella época. Imagina también su sorpresa cuando Jesús simplificó la búsqueda de la rectitud al reducir la lista a solo dos cosas: «Amarás al Señor tu Dios» (Mateo 22:37) y «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 39).
 
En esencia, Jesús nos está diciendo que Dios sabe cómo lo amamos a Él por la forma en que tratamos a las demás personas. A todas ellas. Seamos realistas: amar a nuestro prójimo puede ser un desafío. Pero, cuando lo hacemos para expresar nuestro amor a Dios, damos rienda suelta a una motivación poderosa que ama sin importar si esa persona lo merece o no. Y cuando amamos a Dios y a nuestro prójimo, todo lo demás se ajusta también. Si amo a mi prójimo, no daré falso testimonio contra él, no codiciaré su riqueza ni a su esposa, ni tampoco le robaré. Amar a los demás en beneficio de la obra de Dios concede incluso la gracia y la fortaleza para perdonar a aquellos que nos han colmado de injusticias.
 
¿Hay alguien que hoy necesita ver el amor de Dios a través de ti? ¡Cuanto más desagradable sea la persona, más sentido tiene que declares la profundidad de tu amor a Dios!

“Amar a Dios es la clave para amar a los demás.”

Lectura del día: Mateo 22:34-40

domingo, 1 de mayo de 2011

Reflexión domingo, 1 de mayo de 2011

¡Paren el reloj!
Julie Ackerman Link

“… la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.” —1 Reyes 8:11

Todos los años, cuando empieza la primavera, quiero detener el reloj. Me encanta cuando la muerte es derrotada por frágiles brotes que se niegan a quedar confinados bajo la arcilla endurecida y las ramas quebradizas. En pocas semanas, el panorama desnudo se transforma en árboles totalmente vestidos, adornados de flores brillantes y perfumadas. Nunca me canso de disfrutar de las vistas, los sonidos y las fragancias de la primavera.
 
Del mismo modo, cuando llego a 1 Reyes, en el plan anual de lectura de la Biblia, me encuentro con el capítulo 10 y experimento la misma sensación: quiero que la historia se detenga. La nación de Israel ha florecido. Salomón se ha convertido en rey y edificado un sitio magnífico como morada de Dios, que entró en el lugar con un destello de gloria (8:11). Al fin, unidos bajo un rey justo, están en paz. ¡Me encantan los finales felices!
 
Pero la historia no termina ahí, sino que sigue: «Pero el rey Salomón amó, […], a muchas mujeres extranjeras» (11:1) y «sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos» (v. 4).
 
Como las estaciones del año, los ciclos de la vida también continúan: nacimiento y muerte, éxito y fracaso, pecado y confesión. Aunque somos incapaces de detener el reloj cuando disfrutamos de buenos momentos, podemos descansar en la promesa de Dios de que, al final, toda mala experiencia terminará (Apocalipsis 21:4).

“En tiempos buenos y malos, Dios nunca cambia.”

Lectura del día: 1 Reyes 10:23-11:4