viernes, 28 de octubre de 2011

Reflexión viernes, 28 de octubre de 2011

¿Por qué yo?
David H. Roper

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios…” —Deuteronomio 29:29

Hace poco, leí el Salmo 131, uno de mis favoritos. En el pasado, lo consideraba un estímulo para entender que el misterio es uno de los rasgos del carácter de Dios. Sus palabras me desafiaban a mantener la mente tranquila, ya que soy incapaz de entender todo lo que el Señor está haciendo en Su universo.
 
Pero, con el tiempo, observé otro aspecto del espíritu tranquilo de David: No puedo comprender todo lo que Dios está obrando en mí, y es imposible intentar entenderlo.
 
David hace una comparación entre un niño destetado que ya no anhela lo que antes demandaba y el alma que ha aprendido la misma lección. Es un llamado a instruirme en cuanto a tener humildad, paciencia y contentamiento en todas las circunstancias de mi vida, cualesquiera que sean, aunque no entienda las razones del Señor. La lógica divina está más allá de lo que mi mente puede comprender.
 
Yo digo: «¿Por qué esta aflicción? ¿Por qué esta angustia?». El Padre responde: «Calla, hijo. No lo entenderías aunque te lo explicara. ¡Simplemente, confía en mí!».
 
Así que, después de contemplar el ejemplo de David, me pregunto: En todas mis circunstancias, ¿puedo esperar en el Señor? (v. 3). ¿Puedo aguardar con fe y paciencia sin ponerme ansioso ni cuestionar la sabiduría de Dios? ¿Soy capaz de confiar en Él mientras lleva a cabo en mí Su buena, agradable y perfecta voluntad?

“En un mundo de misterios, consuela saber que Dios lo sabe todo.”

Lectura del día: Salmo 131

domingo, 23 de octubre de 2011

Reflexión domingo, 23 de octubre de 2011

Él me cuida
David C. McCasland

“… pongo mi vida por las ovejas.” —Juan 10:15

Durante un tiempo de silencio antes del culto del domingo, la organista tocó un himno que yo no conocía. Lo busqué en el himnario y leí las palabras: «El Señor, mi Pastor, me cuida bien», una hermosa paráfrasis del Salmo 23:
 
El Señor, mi Pastor, me cuida bien, / Y suple todas mis necesidades: / En pastos verdes me hace yacer, / Junto a aguas tranquilas me guía. / Mi alma preocupada se fortalece y madura / Cuando voy por el camino verdadero de Dios.
 
Independientemente de cuántas veces oigamos o leamos el conocido Salmo 23, parece llegar con un mensaje renovado del cuidado de Dios hacia nosotros.
 
Aunque camine por los senderos más oscuros / A través de valles como el sepulcro, / Nunca temeré ningún mal; / Tu presencia me da valor. / A mi favor, tu vara y tu cayado / Me aseguran que me salvarás.
 
Esta imagen era familiar para la gente que oyó decir a Jesús: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11). A diferencia de alguien contratado que huye del peligro, el auténtico pastor se queda con el rebaño para protegerlo. «Mas el asalariado, y que no es el pastor, […] ve venir al lobo y deja las ovejas y huye […]. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas…» (vv. 12-14).
 
Al margen de lo que estés enfrentando hoy, Jesús sabe tu nombre, conoce el peligro y no se apartará de tu lado. Puedes decir confiado: ¡El Señor, mi Pastor, me cuida bien!

“El Cordero que murió para salvarnos es el Pastor que vive para guiarnos.”

Lectura del día: Juan 10:7-15

sábado, 22 de octubre de 2011

Reflexión sábado, 22 de octubre de 2011

Hasta la vista
Jennifer Benson Schuldt

“… no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” —1 Tesalonicenses 4:13

Mi abuelo se negaba a decir «adiós»; le parecía que esa palabra era demasiado definitiva. Así que, cuando nos íbamos después de visitarlo, su ritual de despedida era siempre el mismo: De pie, delante de los verdes helechos que delimitaban su casa, saludaba con la mano y exclamaba: «¡Hasta luego!».
 
Como creyentes, nunca tenemos que decirles «adiós» a los seres queridos si ellos han puesto su fe en Jesús como Salvador. La Biblia promete que los volveremos a ver.
 
El apóstol Pablo dijo que no debemos entristecernos «como los otros que no tienen esperanza» (1 Tesalonicenses 4:13), porque cuando Cristo vuelva, los que creyeron en Él y han muerto resucitarán de sus tumbas, y junto con los salvos que estén vivos en ese momento nos reuniremos con el Señor en el aire (vv. 15-17). Confiamos en que, un día, en el cielo, «ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4). En ese lugar maravilloso, «estaremos siempre con el Señor» (1 Tesalonicenses 4:17).
 
Los creyentes en Cristo tienen la esperanza de un encuentro eterno con Él y con los seres amados también creyentes que ya han muerto. Por esta razón, Pablo nos exhorta a alentarnos «los unos a los otros con estas palabras» (v. 18). Hoy, anima a alguien con la esperanza que nos permite decir «hasta luego» en vez de «adiós».

“Al morir, el pueblo de Dios no dice «adiós», sino «hasta luego».”

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 4:13-18

jueves, 20 de octubre de 2011

Reflexión jueves, 20 de octubre de 2011

¿Mis uñas o Su mano?
Dave Branon

"… Jehová sostiene su mano." —Salmo 37:24

Las dificultades pueden hacernos modificar nuestras perspectivas. Hace poco, recordé esto mientras conversaba con una persona que estaba sufriendo: una madre que, como mi esposa y yo, había perdido una hija adolescente en una muerte repentina y sin preaviso.
 
Me dijo que echaba terriblemente de menos a su hija y que le había dicho a Dios que le daba la impresión de que estaba colgando en el aire y aferrada solamente con las uñas. Con el tiempo, sintió que el Señor le recordaba que Su mano protectora estaba junto a ella para sostenerla; que podía soltarse y que Él la sujetaría.
 
Esta es una perspectiva más alentadora, ¿no es verdad? Me recuerda que, cuando surgen dificultades y nos sentimos casi incapaces de aferrarnos a nuestra fe, la situación no depende de nosotros, sino de Dios que nos sostiene con Su mano poderosa. El Salmo 37:23-24 dice: «Por Jehová son ordenados los pasos del hombre […]. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano». Y el Salmo 63:8 declara: «Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido».
 
En los momentos difíciles, podemos preocuparnos tanto de nuestra función de «colgarnos de Dios» que olvidamos Su promesa de que Él nos protegerá. No son nuestras uñas lo que nos sostiene, sino Su mano amorosa y sustentadora.

"Nadie está más seguro que aquel a quien lo sostiene la mano de Dios."

Lectura del día: Salmo 37:23-26

miércoles, 19 de octubre de 2011

Reflexión miércoles, 19 de octubre de 2011

Invertir en el futuro
Bill Crowder

“… haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.” —Mateo 6:20

Jason Bohn era estudiante universitario cuando convirtió un hoyo en un solo golpe jugando al golf y ganó un millón de dólares. Aunque otros podrían haber despilfarrado ese dinero, Bohn tenía un plan. Como deseaba ser profesional de ese deporte, usó el premio como un fondo para vivir y entrenarse, y mejorar su talento deportivo. El efectivo se convirtió en una inversión para su futuro, la cual le dio sus dividendos cuando ganó el torneo B. C. Open de 2005 de la PGA (Asociación de Golf Profesional). Sin duda, su decisión de invertir a largo plazo en vez de vivir el momento fue sabia.
 
En un sentido, esto es lo que Jesús nos dice que hagamos. Se nos han confiado recursos (tiempo, talento, oportunidades) y nosotros decidimos cómo usarlos. El desafío es considerar esos recursos como utilidades para invertir a largo plazo. El Señor lo expresa de este modo en Mateo 6:20: «… haceos tesoros en el cielo», y nos asegura que estos tesoros protegidos no pueden ser destruidos ni robados.
 
Piensa en tus recursos: talento, tiempo, conocimiento. Son temporales y limitados. Pero si los inviertes con la vista puesta en la eternidad, estas cosas efímeras pueden producir un impacto permanente. ¿Cuál es tu objetivo? ¿El ahora o la eternidad? Invierte en el futuro, ya que no solo tendrá un efecto interminable, sino que también cambiará tu manera de ver la vida cada día.

“Las personas más ricas de la tierra son las que invierten su vida en el cielo.”

Lectura del día: Mateo 6:19-24

martes, 18 de octubre de 2011

Reflexión martes, 18 de octubre de 2011

¡Papá no dijo "Ay"!
David H. Roper

“Clemente y misericordioso es Jehová…” —Salmo 145:8

Tengo un amigo que, una noche, estaba trabajando en la oficina de su casa tratando de terminar una tarea impostergable. Su hijita, que en ese entonces tenía unos cuatro años, jugaba alrededor del escritorio entreteniéndose con una cosa y otra, moviendo objetos de un lado para otro, abriendo los cajones y haciendo bastante ruido.
 
Mi amigo soportó estoicamente la distracción hasta que la niña se dañó un dedo con un cajón y gritó dolorida. Él reaccionó con exasperación y exclamó: «Se acabó». La sacó de la habitación y cerró la puerta.
 
Más tarde, la madre encontró a la niña llorando en su cuarto y trató de consolarla. «¿Todavía te duele el dedo?», le preguntó. «No», respondió la niña gimoteando. «Entonces, ¿por qué estás llorando?», le preguntó la mamá. «Porque —exclamó la pequeña llorando— cuando me apreté el dedo, papá no dijo “¡Ay!”».
 
A veces, eso es todo lo que necesitamos, ¿no es así? Alguien a quien le importe lo que nos pasa y que reaccione con bondad y compasión; alguno que diga: «¡Ay!». Tenemos una Persona llamada Jesús que hace eso ante lo que nos pasa.
 
Jesús nos ama, comprende nuestras angustias y se entregó por nosotros (Efesios 5:2). Ahora tenemos que «andar en amor» e imitarlo.

“El susurro consolador de Dios acalla el ruido de nuestras pruebas.”

Lectura del día: Efesios 5:1-10

lunes, 17 de octubre de 2011

Reflexión lunes, 17 de octubre de 2011

Carácter en juego
Anne Cetas

“… todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder…” —2 Pedro 1:3

Un entrenador de fútbol americano de una universidad en el Bronx (en Nueva York) formó su equipo sobre las buenas cualidades del carácter. En lugar de poner el nombre de cada uno en la parte posterior de las camisetas, los jugadores del Maritime College tenían palabras tales como familia, respeto, responsabilidad y entereza. Antes de cada competición, el entrenador Clayton Kendrick-Holmes les recordaba a los integrantes de su equipo que jugaran guiados por esos principios.
 
El apóstol Pedro tenía su propia lista de cualidades cristianas (2 Pedro 1:5-7) e instaba a los creyentes a incorporarlas a su andar en la fe:
 
Virtud. Cumplir con el diseño de Dios para tener una vida moralmente excelente.
 
Conocimiento. Estudiar la Palabra de Dios para obtener sabiduría para combatir la falsa doctrina.
 
Dominio propio. Reverenciar tanto a Dios que nos inste a decidir comportarnos piadosamente.
 
Paciencia. Tener esperanza aun en las dificultades, porque confiamos en el carácter de Dios.
 
Piedad. Honrar al Señor en todas las relaciones interpersonales de la vida.
 
Afecto fraternal. Demostrar cariño hacia los demás creyentes.
 
Amor. Sacrificarnos por el bien de los demás.
 
Desarrollemos cada vez más estas cualidades e incorporémoslas a cada área de nuestra vida.

“El ejercicio de la piedad es la clave para un carácter piadoso.”

Lecturaa del día: 2 Pedro 1:1-11

sábado, 8 de octubre de 2011

Reflexión sábado, 8 de octubre de 2011

Libertad de elección
David C. McCasland

“[Daniel] se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” —Daniel 6:10

Cuando se supo que la fecha programada para el juego de fútbol americano más importante de 2011 coincidía con Yom Kippur (Día del Perdón), el departamento estudiantil de la Universidad de Texas les solicitó a los funcionarios de la escuela que cambiaran de día. Dijeron que era injusto hacer que los alumnos judíos tuvieran que elegir entre la competición clásica contra sus rivales de Oklahoma y la celebración del día más importante y sagrado del año para ellos. Pero la fecha no se modificó. Incluso en sociedades donde la gente goza de libertad religiosa, todavía se exige que las personas que profesan una determinada fe tomen decisiones difíciles.
 
Daniel demostró su valentía para obedecer a Dios sin importar las consecuencias. Cuando sus rivales políticos le tendieron una trampa para quitarlo de su camino para llegar al poder (Daniel 6:1-9), él no desafió la ley ni se quejó de que lo habían tratado mal. «Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes» (v. 10).
 
Daniel no sabía si el Señor lo libraría del foso de los leones, pero no le importó. Decidió honrar a Dios con su vida, cualquiera que fuese el resultado. Al igual que Daniel, somos libres de escoger seguir al Señor.

“Nunca puedes equivocarte cuando decides seguir a Cristo.”

Lectura del día: Daniel 6:1-10

viernes, 7 de octubre de 2011

Reflexión viernes, 7 de octubre de 2011

Política: Sin sonrisas
Anne Cetas

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” —Juan 13:35

Por lo general, nos dicen que sonriamos cuando alguien nos toma una fotografía. Pero en algunos lugares, se aplica la política de no sonreír en las fotos para el carné de conducir. Debido a los robos de identidad, estos departamentos de vehículos automotores verifican las fotografías nuevas que se toman para asegurarse de que no coincidan con otras que ya están en el sistema. Si alguien se fotografía con un nombre falso, un operador recibe una alarma. Entre 1999 y 2009, en un estado de los Estados Unidos se impidió que 6.000 personas obtuvieran licencias falsas. Pero ¿por qué no se puede sonreír? La tecnología reconoce una cara más fácilmente si la expresión facial de la persona es neutra.
 
Jesús indicó una buena manera de reconocer a un creyente. Les dijo a Sus discípulos: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35). Las formas de demostrar amor a los demás creyentes son tan ilimitadas como las necesidades de las personas: una nota de ánimo, una visita, una comida, una reprensión cordial, una oración, un versículo bíblico, un oído atento, incluso una sonrisa amistosa.
 
El apóstol Juan escribió: «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos» (1 Juan 3:14). Por el interés que demostramos hacia los demás creyentes, ¿pueden los demás darse cuenta de que conocemos y amamos al Señor?

“Una medida de lo que amamos a Dios es cuánto amor les demostramos a Sus hijos.”

Lectura del día: Juan 13:31-35

jueves, 6 de octubre de 2011

Reflexión jueves, 6 de octubre de 2011

¡Brilla!
Cindy Hess Karper

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre…” —Mateo 5:16

Estaba frustrada de que, a pesar de mis repetidas solicitudes, las luces de la calle en el frente de mi casa seguían apagadas. Como no tenemos aceras y hay tanta distancia entre una luz y la otra, es importante que cada una funcione para iluminar en la oscuridad. Estaba preocupada porque temía atropellar a algún niño que iba a la escuela mientras yo salía del garaje temprano por la mañana.
 
La idea de la luz se usa con frecuencia en la Biblia. Jesús dijo que Él es la luz del mundo (Juan 9:5). Se nos dice que debemos ponernos «las armas de la luz» al vestirnos del Señor (Romanos 13:12-14). Y Mateo 5:16 nos indica que debemos dejar que «alumbre [nuestra] luz delante de los hombres, para que vean [nuestras] buenas obras, y glorifiquen a [nuestro] Padre que está en los cielos».
 
Una luz que no brilla ha dejado de ser útil. Jesús dijo que nadie esconde una luz debajo de un cesto, sino que la coloca en un candelero para que ilumine todo lo que está a su alrededor (Mateo 5:15). Nuestra luz (nuestras acciones) debe señalar hacia Aquel que es la luz. No tenemos luz propia, sino que brillamos al reflejar la de Cristo (Efesios 5:8).
 
Dios nos ha colocado a cada uno de nosotros en un entorno específico que nos permitirá brillar con Su luz. No seas como un farol quemado en la calle. ¡Resplandece!

“Ya sea que actúes como una vela en un rincón o como un faro sobre una montaña, resplandece.”

Lectura del día: Mateo 5:14-16; 1 Pedro 2:9-10

miércoles, 5 de octubre de 2011

Reflexión miércoles, 5 de octubre de 2011

Ubicación, ubicación, ubicación
Joe Stowell

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” —Colosenses 1:13

Actualmente, en muchos países, comprar y vender bienes raíces es un negocio complicado. Los precios de las casas han bajado significativamente, y la cuestión es aun peor si uno trata de deshacerse de propiedades comerciales. Por eso, en este tipo de actividad, es importante tener en mente este antiguo dicho: «¡Los tres conceptos más trascendentales que hay que saber sobre comprar y vender propiedades son ubicación, ubicación, ubicación!».
 
La misma verdad se aplica en cuanto a vivir para Cristo. Si queremos tener éxito al transitar el altamente devaluado territorio de nuestro mundo, es esencial saber dónde estamos ubicados espiritualmente. Pablo nos recuerda que tenemos una nueva posición en Cristo, ya que hemos sido librados «de la potestad de las tinieblas, […] al reino de su amado Hijo» (Colosenses 1:13). Saber que hemos sido reubicados por Su asombrosa gracia en el reino de Jesús marca la diferencia. Ahora el Señor reina en nuestro corazón y en nuestra mente, y somos Sus agradecidos súbditos. Su voluntad es también la nuestra y Sus caminos se convierten en los patrones de comportamiento para todas las áreas de la vida. Y cuando estamos obligados a tomar una decisión, permanecemos leales a Él.
 
Así que, cuando las tentaciones y la seducción de las tinieblas de las que fuimos apartados amenacen Su señorío en tu corazón, recuerda tu nuevo código postal: ¡Colosenses 1:13!

“Los súbditos del reino deberían exhibir los modales de la corte.”

Lectura del día: Colosenses 1:3-14

sábado, 1 de octubre de 2011

Reflexión sábado, 1 de octubre de 2011

Controlador de mensajes
Bill Crowder

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” —Colosenses 4:6

Mientras regresaba del trabajo a mi casa, escuché un anuncio por la radio que me llamó la atención. Era de un programa de informática que revisa los correos electrónicos a medida que se escriben. Yo conocía el «corrector ortográfico» y el «corrector de gramática», pero esto era diferente. El programa revisa el tono y la redacción de los correos para asegurarse de que no sean excesivamente agresivos, descorteses o maliciosos.
 
Mientras escuchaba al locutor que describía las características del programa, me preguntaba cómo sería si pudiera tener algo así para mi boca. ¿Cuántas veces he reaccionado duramente en vez de escuchar primero y, después, no tener que arrepentirme de lo que había dicho? Sin duda, un controlador de mensajes me habría protegido de responder con tanta insensatez.
 
Pablo observó que era necesario que los creyentes evaluaran su forma de hablar; en especial, cuando lo hacen con personas que no son creyentes en Cristo. Dijo: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6). Le interesaba que nuestro lenguaje fuera agradable, que reflejara la belleza de nuestro Salvador. Además, debe ser atrayente para los demás. Es vital que les hablemos a los incrédulos con el tono correcto para poder testificarles. Colosenses 4:6 puede ser nuestro controlador de mensajes.

“Cada vez que hablamos, nuestro corazón queda a la vista de todos.”

Lectura del día: Colosenses 4:2-6