viernes, 30 de julio de 2010

Reflexión Viernes, 30 de julio de 2010

Isla de residuos
Dennis Fisher

“… a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.” —Génesis 1:10

El otro día me encontré con un informe preocupante sobre personas que piensan que es correcto usar el océano como un basurero gigante. Esto es parte de lo que decía: «Si usted ve esta asombrosa pila de plástico flotando en el Océano Pacífico, se llama “El Gran Basural del Pacífico”. Representa tres millones de toneladas de residuos plásticos que flotan en una superficie mayor que la de Texas. ¡Un paisaje llamativo formado por 46.000 trozos de plástico flotando en alrededor de 2.500 kilómetros cuadrados de océano!». Otras fuentes estiman que la cantidad de basura es aun mayor. El plástico es particularmente perjudicial porque no se recicla.

Durante nuestra travesía terrenal, se nos encargó, al igual que a Adán, que cuidáramos de la tierra y de las criaturas que Dios nos ha dado. Génesis 2:15 dice: «Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase». Dios se deleita en lo que ha hecho, y esto incluye los mares y todo lo que vive en ellos (1:10,20-21).

Este mundo debería hacernos recordar la grandeza de nuestro Creador y actuar como un trampolín para elevar nuestras alabanzas a Él. Tratar esta tierra con indiferencia y usarla como un basurero estropea su belleza y pone en peligro a las criaturas que viven aquí. Como creyentes en Cristo, nuestro deber es respetar y cuidar la tierra, el mar y el aire.

“Cuidar de la creación de Dios es un deber del creyente.”

Lectura del día: Génesis 1:20-28; 2:15

jueves, 29 de julio de 2010

Reflexión Jueves, 29 de julio de 2010

Muestra tus colores
Anne Cetas

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” —Romanos 1:16

Estaba entusiasmado por ir a ver el encuentro de béisbol entre los Tigers de Detroit y los White Sox de Chicago. Esa mañana, antes de ir al estadio del equipo contrincante, me puse con todo orgullo mi camiseta de los Tigers. No obstante, tuve que ponerme un abrigo encima de la camiseta de mi equipo porque hacía frío. Eso hizo que me sintiera frustrada porque ninguna persona que estuviera presente en el estadio U.S. Celular Field podría ver a qué equipo había ido a alentar. Nadie se enteraría de que era fanática de los Tigers. Después de que el encuentro se pospusiera durante tres horas a causa de la lluvia, finalmente comenzó y pude demostrar a toda voz mi lealtad alentando a mi equipo.

El apóstol Pablo exhibió abiertamente una devoción aun mucho más específica: la lealtad a Jesucristo. A los creyentes de Roma, les escribió: «Porque no me avergüenzo del evangelio» (Romanos 1:16). Él sabía que el evangelio «es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree», porque Jesús había cambiado su vida y su destino de manera radical. Mediante su predicación y su testimonio proclamaba a Jesús, Aquel a quien le había entregado toda su vida (Hechos 9).

Los creyentes de Roma también eran famosos por su lealtad a Cristo. Pablo se refirió a ellos, diciendo: «Vuestra fe se divulga por todo el mundo» (Romanos 1:8).

¿Demuestras abiertamente tu lealtad a Jesús?

“Nuestra lealtad a Jesús debe verse y oírse a través de nuestra vida.”

Lectura del día: Romanos 1:8-16

miércoles, 28 de julio de 2010

Reflexión Miércoles, 28 de julio de 2010

Reparación experta
David C. McCasland

“Paraos en los caminos, […] y preguntad […] cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” —Jeremías 6:16

Si alguna vez trataste de arreglar algo y no pudiste, te gustará un cartel que vi fuera de un taller de reparaciones de automóviles: Arreglaremos todo lo que su esposo arregló. Ya sea que el problema sea el coche, las cañerías o un artefacto del hogar, por lo general, es mejor que lo arregle alguien que está capacitado y que es confiable.

Lo mismo sucede con el pecado y nuestras luchas internas que se oponen a los esfuerzos que hacemos para enmendarlo.

Jeremías denunció la avaricia de los profetas y de los sacerdotes de su época, diciendo: «Curan la herida de[l] pueblo [de Dios] con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz» (Jeremías 6:14). Ni ellos podían cambiar ni tampoco guiar al pueblo a experimentar una transformación espiritual. Entonces, el Señor convocó al pueblo a seguir Su camino: «Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma» (v. 16).

Siglos después, Jesús, el Hijo de Dios, dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28).

Las partes de nuestra vida que hemos tratado de arreglar y no hemos podido pueden ser restauradas por la mano de Dios. Por medio de la fe en Cristo, podemos ser plenamente recuperados.

“Cuando Dios perdona, quita el pecado y restaura el alma.”

Lectura del día: Jeremías 6:14-20

martes, 27 de julio de 2010

Reflexión Martes, 27 de julio de 2010

Lecciones de obediencia
Cindy Hess Karper

“Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos.” —1 Juan 5:3

Cuando el pequeño Kofi regresó a casa después de la escuela dominical, su mamá le preguntó qué había aprendido esa mañana. Su rápida respuesta expresó un cúmulo de cosas: «Sobre la obediencia… ¡otra vez!».

Aunque tengo muchos años más que Kofi, coincido en que la obediencia a Dios es una lección que debemos aprender una y otra vez, aunque a veces seamos reacios a hacerlo.

Oswald Chambers escribió: «El Señor no me pone reglas, pero deja bien en claro Sus normas. Si mi relación con Él se basa en el amor, haré lo que dice. […] Si vacilo, es porque amo a alguien que coloqué en Su lugar y que compite con Él; es decir, yo».

Cuando somos obedientes, le demostramos a Dios que lo amamos y que confiamos más en Él que en nosotros mismos. Arthur W. Pink dijo que el amor es «un principio activo, y que se expresa […] mediante acciones que agradan al sujeto amado». Obedecer a Dios significa renunciar a lo que nosotros queremos y decidir hacer lo que Él pide.

Dios exige obediencia de parte de Sus seguidores, y Jesús le otorgó suma importancia a este tema. En una ocasión, preguntó: «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?» (Lucas 6:46). Y también presentó este desafío: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15).

“La obediencia a Dios es una expresión de nuestro amor a Él.”

Lectura del día: 1 Juan 2:1-11

lunes, 26 de julio de 2010

Reflexión Lunes, 26 de julio de 2010

Lección de Erin
Dave Branon

“Clemente y misericordioso es Jehová.” —Salmo 145:8

La vida de Erin era muy distinta a la de la mayoría de los niños de ocho años. Mientras otros corrían, jugaban y tomaban helado, Erin yacía en una cama, se alimentaba por un tubo y casi no podía ver ni oír. Su vida consistía de jeringas, enfermeras y visitas al hospital mientras batallaba contra permanentes enfermedades y profundas discapacidades.

Rodeada de una familia maravillosa que la cuidaba con compasión y la llenaba de amor, Erin murió antes de cumplir nueve años.

¿Qué se puede aprender de una niña preciosa como Erin, que nunca dijo una palabra, ni coloreó un dibujo ni cantó una canción? Un amigo de esa familia lo expresó con suma claridad: «Todos somos mejores personas al haber tenido a Erin como parte de nuestras vidas. Ella nos enseñó qué significa la compasión, el amor incondicional y el aprecio por las cosas sencillas».

Los niños como Erin también nos recuerdan que este mundo no está reservado para los perfectos, los ricos o los atléticos. Cada persona, sin importar su condición física, mental o emocional, está creada a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27) y posee el mismo valor e importancia. Nuestro Señor tiene compasión por los débiles, los quebrantados y por todo lo que Él ha hecho (Salmo 145:8-9), y nosotros debemos reflejar ese sentir (Efesios 5:1-2). ¿Hay algún «Erin» en tu vida de quien puedas aprender una lección?

“Nunca subestimes el valor de un alma.”

Lectura del día: 1 Corintios 12:21-25

sábado, 24 de julio de 2010

Reflexión Sábado, 24 de julio de 2010

Esfera de influencia
Dennis Fisher

“Instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia […] de reyes.” —Hechos 9:15

El libro El predicador de los presidentes relata el ministerio del evangelista Billy Graham. Desde la presidencia de Harry S. Truman hasta la de George W. Bush, Graham solía tener libre acceso a la Casa Blanca. No obstante, a pesar de su inusual esfera de influencia, continuamente acreditaba tal proyección a la gracia de Dios que obraba a través de él, no a algún talento particular que él tuviera.

El apóstol Pablo fue otro creyente llamado a dar testimonio a personas de mucha autoridad. Cristo dijo de él: «instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel» (Hechos 9:15).

En Hechos, leemos que la esfera de influencia de Pablo incluyó gobernantes tales como Félix, Festo, Herodes Agripa y quizá el mismo César (Hechos 24–26). Sin embargo, así como Billy Graham lo haría siglos después, Pablo le atribuía todo a la gracia de Dios que obraba a través de él: «No yo, sino la gracia de Dios conmigo» (1 Corintios 15:10).

Tal vez tú no seas llamado a proclamar el evangelio ante jefes de estado, pero Dios ha colocado personas en tu vida a quienes Él quiere que les compartas Su mensaje de esperanza. ¿Por qué no oras pidiéndole al Señor que te dé oportunidades para que Su gracia fluya a través de ti al testificarle a alguien dentro de tu esfera de influencia?

“El mejor lugar para testificar es allí donde Dios te ha colocado.”

Lectura del día: Hechos 25:1-12

viernes, 23 de julio de 2010

Reflexión Viernes, 23 de julio de 2010

¿Confianza en qué?
Bill Crowder

“El que piensa estar firme mire que no caiga.” —1 Corintios 10:12

Mientras recorría una tienda de materiales para el hogar, vi a un hombre con una camiseta color rojo estridente y este melancólico mensaje impreso: «Confianza: Lo que sientes justo antes de entender una situación».

Me reí ante este gracioso concepto, pero también me di cuenta de que la camiseta transmitía una advertencia sensata y sólida. Es un recordatorio para todos los que tratamos de hacer las cosas confiando en nuestra propia capacidad o mérito, pero sin depender seriamente de la fortaleza de Dios. Si pensamos que podemos concretar las tareas de la vida con nuestra propia fuerza, esta falsa confianza inevitablemente se convertirá en nuestra ruina, y nos derrumbaremos bajo el peso del fracaso personal.

Pablo les escribió a los corintios sobre este tema recordándoles sobre la tendencia del antiguo Israel a ser autosuficiente y confiar en sí mismo. Describió todo lo que los israelitas pensaban que habían logrado solos, y luego les dijo que habían convertido esos beneficios en un permiso para pecar y en una confianza casi arrogante que los arruinaría.

Pablo señaló que la autoconfianza de esa gente debía ser una advertencia para nosotros. ¿Cuál fue su conclusión? «El que piensa estar firme mire que no caiga» (1 Corintios 10:12). El Salmo 118:8 nos muestra cuál es el mejor camino: «Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre» o en nosotros mismos. ¿En qué confías?

“Confiar en Cristo es la clase correcta de confianza.”

Lectura de día: 1 Corintios 10:1-12

jueves, 22 de julio de 2010

Reflexión Jueves, 22 de julio de 2010

No te jubiles
C. P. Hia

“Después […] podrán seguir ayudando a sus hermanos en el ejercicio de sus deberes…” —Números 8:26 (NVI)

Los primeros que escalaron el monte Everest, la montaña más alta del mundo, fueron Edmund Hillary y Tenzing Norgay, en 1953. Hillary tenía sólo 33 años. Su hazaña le dio fama, riqueza y la certeza de que ya había vivido una vida extraordinaria.

Entonces, ¿qué hizo durante los 55 años restantes? ¿Se jubiló y descansó en los laureles recibidos? Para nada.

Aunque Hillary ya no tenía montañas más altas para escalar, eso no lo detuvo. Logró otras metas notables, incluso un esfuerzo conjunto para mejorar la asistencia social al pueblo nepalés que vivía cerca del Everest; tarea que continuó hasta su muerte en el 2008.

¿Sabías que Dios les dijo a los levitas que se retiraran de sus obligaciones habituales a los 50 años de edad? (Números 8:24-25). Sin embargo, no quería que dejaran de ayudar a otros, sino que les indicó que podían «seguir ayudando a sus hermanos en el ejercicio de sus deberes» (v. 26). No podemos tomar este incidente como una enseñanza específica sobre la jubilación, pero sí considerarlo una indicación implícita de Dios de que es una buena idea seguir sirviendo a los demás después de jubilarnos o retirarnos de la vida laboral.

Muchas personas sienten que, cuando se jubilan, ya no tienen nada significativo para hacer. Sin embargo, como en el caso de los levitas y de Sir Edmund Hillary, podemos reenfocar nuestras metas al retirarnos y dar de nuestro tiempo para ayudar a otras personas.

“La vida cobra un nuevo sentido cuando la invertimos en otras personas.”

Lectura del día: Números 8:23-26

miércoles, 21 de julio de 2010

Reflexión Miércoles, 21 de julio de 2010

Cubrir la brecha
Joe Stowell

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.” —Juan 1:14

Cuando mis hijos eran jóvenes, pensé que quedarían impresionados con algunos de los pocos logros que quizá yo había alcanzado: leerían mis libros y se asombrarían con mis invitaciones para disertar en conferencias. Sin embargo, después descubrí que no habían leído ninguno de mis libros y que tampoco tenían idea de los lugares donde había estado como orador. Cuando mi hijo mayor finalmente leyó uno de mis libros, ¡me dijo que la única razón de haberlo hecho fue para que yo dejara de decirle a la gente que mis hijos nunca los habían leído!

Seamos realistas: En su mayoría, nuestros hijos no se sienten impresionados con nuestros logros. Así que, la única manera de cubrir la brecha es llegar a ellos allí donde se encuentran; entrar en su mundo. Para eso tenemos que ir a jugar con ellos en el parque de diversiones o con la pelota en el patio trasero de la casa.

Jesús hizo así con nosotros. Juan dijo de Él: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria…)» (Juan 1:14). En otras palabras, el Señor descendió a nuestro nivel cuando vino a esta tierra, lo cual condujo a concretar Su logro más grandioso: cubrir una vez y para siempre la brecha entre Su mundo y el nuestro. ¡Recién entonces pudimos comenzar a entender cuán digno es Él de nuestra máxima adoración y alabanza!

“Jesús cubrió la brecha entre el Dios infinito y el hombre finito.”

Lectura del día: Juan 1:10-18

martes, 20 de julio de 2010

Reflexión Martes, 20 de julio de 2010

Gracia, misericordia y paz
Albert Lee

“Bendice, […] a Jehová. […] El que te corona de favores y misericordias.” —Salmo 103:1,4

Las palabras gracia y paz se encuentran en todos los saludos de Pablo en sus cartas del Nuevo Testamento a las iglesias. Además, en las epístolas a Timoteo y a Tito, también incluye la misericordia: «Gracias, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor» (2 Timoteo 1:2). Examinemos cada uno de estos términos.

Gracia es lo que nuestro Dios santo concede y que nosotros, por ser pecadores, no merecemos. Hechos 17:25 nos enseña que «él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas». Sus dádivas incluyen hasta nuestra próxima respiración. Aun en nuestra hora más oscura, Dios nos da fuerzas para que podamos soportar.

Misericordia es lo que el Señor retiene, pero que sí merecemos. Lamentaciones 3:22 dice: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos». Incluso cuando nos desviamos, Dios nos da tiempo y nos ayuda a regresar a Él.

Paz es lo que Dios concede a Su pueblo. Jesús dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da» (Juan 14:27). Aun en los peores momentos, tenemos tranquilidad interior porque nuestro Dios tiene el control.

Podemos cobrar ánimo al saber que, a lo largo de nuestra vida, el Señor nos dará la gracia, la misericordia y la paz que necesitamos para vivir para Él.

“La gracia de Dios es inconmensurable; Su misericordia, inagotable; Su paz, inenarrable.”

Lectura del día: 2 Timoteo 1:1-10

lunes, 19 de julio de 2010

Reflexión Lunes, 19 de julio de 2010

Esperanza
Julie Ackerman Link

“Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud.” —Salmo 71:5

El antiguo camino de Jerusalén a Jericó es un sendero angosto y peligroso que pasa por un profundo desfiladero en el desierto de Judea. Se llama Wadi Kelt, pero se conoce como el valle de la sombra, ya que fue el sitio que inspiró a David para escribir el Salmo 23. El lugar en sí no ofrece una gran motivación como para componer un poema tan esperanzador. El panorama es inhóspito, árido y peligrosamente empinado. Es bueno para los ladrones, pero para nadie más.

Cuando David escribió, «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno» (v. 4), estaba en un lugar donde el mal era una realidad siempre presente. No obstante, se negó a ceder ante el miedo. Él no estaba diciendo que esperaba que Dios quitara el mal para que pudiera pasar por allí a salvo, sino que la presencia del Señor le daría confianza para atravesar esos lugares difíciles, sin temor a que lo abandonara. En otro salmo, David dijo que el Señor era su esperanza (71:5).

Muchos declaran tener esperanza, pero sólo aquellos cuya esperanza está en Cristo pueden expresarlo con certeza. La esperanza no procede de la fuerza, ni de la inteligencia ni de las circunstancias favorables, sino del Señor. Como Hacedor del cielo y de la tierra, Él es el único que tiene derecho a prometer esperanza y poder para cumplir Su promesa.

“La esperanza para el creyente es una certidumbre… porque se fundamenta en Cristo.”

Lectura del día: Salmo 23

domingo, 18 de julio de 2010

Reflexión Domingo, 18 de julio de 2010

Despedida final
David C. McCasland

“Yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.” —2 Timoteo 4:6

Después de que le diagnosticaran un cáncer terminal, Randy Pausch, de 47 años, regresó a la Universidad Carnegie Mellon para dar su último discurso a colegas, alumnos y amigos. El profesor de informática pensó que tal vez asistirían unas 150 personas; sin embargo, el auditorio para 400 estaba repleto. Durante una hora, Randy les abrió su corazón con una despedida humorística, profunda y conmovedora, más centrada en la vida que en la muerte. A las pocas semanas, millones de personas habían visto por Internet el video de la conferencia, que luego se convirtió en un best seller. Por lo general, quienes enfrentan la muerte tienen una perspectiva inusualmente clara de lo que de verdad importa en la vida.

La despedida final del apóstol Pablo ha inspirado a innumerables seguidores de Cristo a través de los siglos. Escribió: «El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:6-7). Su consejo a Timoteo se extiende más allá del tiempo para desafiarnos también a nosotros. La carta comienza y termina con la gracia de Dios (1:2; 4:22), mientras que su contenido es una celebración por la incesante fidelidad del Señor.

Un mensaje de los moribundos puede dar sentido a los vivientes. El final triunfante de Pablo, «A él sea gloria por los siglos de los siglos» (4:18), es un mensaje que puede incentivarnos a todos en esta vida.

“Si estamos preparados para morir, lo estamos para vivir.”

Lectura del día: 2 Timoteo 4:6-22

sábado, 17 de julio de 2010

Reflexión Sábado, 17 de julio de 2010

Alérgico a...
Dave Branon

“Absteneos de toda especie de mal.” —1 Tesalonicenses 5:22

Una de nuestras nietas es alérgica a varios tipos de comidas. La leche, el queso, los huevos y el helado están entre los alimentos que tiene que evitar. Aun una pequeña cantidad de estas cosas le perjudica la salud.

Ella no es la única a quien se le exige que evite ciertas cosas en la vida. Mientras que sus alergias tienen que ver con su bienestar físico, todos los que somos creyentes en Cristo debemos mantenernos alejados de ciertos peligros para mantener la salud espiritual. Las Escrituras nos dan indicaciones claras de cuáles son las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos».

Toda especie de mal (1 Tesalonicenses 5:22). Esto debe hacernos pensar en las decisiones que tomamos, ya que participar en lo que es claramente malo no es bueno para nuestra vitalidad espiritual.

Cuestiones necias e insensatas (2 Timoteo 2:23; Tito 3:9). Esto requiere discernimiento, porque algunos argumentos son apropiados para defender la fe. Sin embargo, aquellos para los cuales no hay respuesta o que no tienen un genuino respaldo sólo causan conflictos.

Inmoralidad sexual (1 Tesalonicenses 4:3). La Biblia dice que toda actividad sexual entre un hombre y una mujer fuera de los límites del matrimonio es inmoral (Génesis 2:24; Éxodo 20:14; 1 Corintios 7:2; Hebreos 13:4).

¿Estamos dispuestos a hacer un esfuerzo para alejarnos de las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos»?

“Para evitar el pecado, corta de raíz la tentación.”

Lectura del día: Tito 3:3-11

viernes, 16 de julio de 2010

Reflexión Viernes, 16 de julio de 2010

¡No juzgues!
David H. Roper

“No juzguéis, para que no seáis juzgados.” —Mateo 7:1

Cuando Jesús ordenó: «No juzguéis», no estaba diciendo que fuéramos ingenuos o imprudentes. Sin duda, debemos tener una mentalidad crítica y analítica en este mundo donde solemos enfrentarnos con injusticias y perversidades. Lo que quería decir era que no actuáramos de manera condenatoria ni acusadora. Pablo lo señaló elocuentemente al decir: «No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones» (1 Corintios 4:5).

Al escribir sobre aquellos cuyas acciones son dudosas, el poeta Robert Burns expresó una idea similar: «Un tema debe seguir siendo profundamente oscuro: la [motivación]. Por qué lo hacen». Nadie conoce las motivaciones de otra persona. Sólo Dios puede traerlas a la luz cuando están escondidas en la oscuridad. Él es el único que puede exponer las intenciones del corazón.

Jesús conoce las fuerzas latentes que motivan a los demás: los comienzos crueles, el miedo, la decepción, el corazón quebrantado, la resistencia al pecado. Además, Él está obrando en todo corazón sumiso para hacerlo madurar espiritualmente. Por eso, en definitiva (por lo general, en contra de nuestras expectativas), elogiará a aquellos que ha conducido a la madurez.

El Señor es el único que puede evaluar el corazón. Hasta que Él regrese, pidámosle que nos ayude a examinar el nuestro.

“Sé lento para juzgar a los demás, pero rápido para juzgarte a ti mismo.”

Lectura del día: 1 Corintios 4:1-5

jueves, 15 de julio de 2010

Reflexión Jueves, 15 de julio de 2010

Alguien de mi edad
Bill Crowder

“Aun en la vejez y en las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad.” —Salmo 71:18

En un viaje reciente en avión, me preparé para trabajar un poco. Esparcidos sobre la bandeja de mi asiento estaban mi computadora portátil, mi disco rígido de respaldo, mi iPod y otros aparatos que forman parte de un «guerrero del camino» del siglo xxi. Mientras trabajaba, un joven que estaba sentado a mi lado me preguntó si podía hacer un comentario. Me dijo qué alentador era para él, un hombre joven, ver que alguien de mi edad utilizara con tanto entusiasmo la tecnología moderna. Más allá de que tuvo la intención de halagarme, de repente sentí que tenía como 120 años. ¿Qué quiso decir con «alguien de mi edad»?, me pregunté. Después de todo, «sólo» tengo 57.

Entonces, recordé el Salmo 71, para la gente de «mi edad» y de un poco más. Nos trae a la mente el valor de la vida bien vivida y de la importancia de las lecciones aprendidas: Las lecciones no son sólo para beneficio personal, sino para transmitírselas a las generaciones subsiguientes. El salmista escribió: «Aun en la vejez y en las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir» (v. 18).

Así que, quizá ser «alguien de mi edad» no sea un rango tan malo. El privilegio de los «veteranos» seguidores de Cristo es declarar el poder y la fortaleza de Dios a las generaciones más jóvenes. Así podremos ser un verdadero estímulo para ellos.

“El mejor regalo para la generación más joven es el buen ejemplo de la generación veterana.”

Lectura del día: Salmo 71

miércoles, 14 de julio de 2010

Reflexión Miércoles, 14 de julio de 2010

¿Trato hecho o no?

“Y no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.” —Lucas 15:19

Si eres como yo, te encanta hacer bienos negocios. No solo para comprar más barato, sino también cuando te las arreglas para sacar una gran ventaja sin tener que dar nada a cambio. Así que, si te identificas con esta clase de tratos, entenderásla idea del hijo pródigo cuando decidió regresar a su casa.

Había tres clases de siervos en aquellos días: trabajadores diurnos que recibían su paga a diario; sirvientes contratados que trabajaban muchas horas en la propiedad, pero que vivían en el pueblo manteniendo intacta su independencia; o siervos de amor que vivían en el lugar de trabajo y entregaban todo de sí para servir a la familia.

Cuando el hijo pródigo tocó fondo, es interesante observar que pensó en disculparse preguntando si podía convertirse en un jornalero, un sirviente contratado. ¿Por qué no convertirse en un agradecido siervo de amor? Algunos comentaristas sugieren que quizá intentó negociar un trato, una manera de obtener un sueldo y mantener también su independencia.

A menudo, le decimos a Dios algo así: «Te voy a servir, pero no puedes quitarme mi libertad». Al principio, puede parecer un buen negocio, pero el trato que Dios ofrece es mucho mejor. Tal como hizo el padre del muchacho, los brazos del Señor están abiertos y dispuestos a recibir como parte de Su familia a los pecadores arrepentidos. ¡No puede haber mejor trato ni mejor manera de servirle!

“La verdadera libertad se halla en la sujeción a Cristo.”

Lectura del día: Lucas 15:11-24

lunes, 12 de julio de 2010

Reflexión Martes, 13 de julio de 2010

Pobres entre nosotros
Joe Stowell

“… no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre.” —Deuteronomio 15:7

En su libro Loco amor, Francis Chan cuenta de una familia que tiene una interesante tradición navideña. La mañana del 25 de diciembre, la familia Robynson no se concentra en abrir regalos debajo del arbolito de Navidad, sino en hacer panqueques y café para servirles el desayuno a personas que no tienen un hogar. Es una forma sencilla, pero creativa, de mostrar el amor y la generosidad de Dios a los pobres.

Dios espera esta clase de generosidad de parte de Su pueblo. En Deuteronomio 15, Moisés señaló la realidad de la pobreza y la manera en que los más ricos deben ocuparse del tema. A estos se les advirtió sobre cuatro peligros:

Un corazón endurecido, que ignora las necesidades de los pobres (v. 7).

Una mano cerrada, que retiene lo que les falta a los pobres (v. 7).

Un pensamiento perverso, que vacila en cuanto a prestar dinero a los pobres o se niega a hacerlo porque se aproxima el año de cancelar las deudas (v. 9).

Un espíritu mezquino, que es renuente a satisfacer las necesidades de los pobres que hay entre ellos (v. 10). No sólo se les advirtió sobre el egoísmo, sino que, más importante aun, se los instó a ser espontáneamente generosos (vv. 8,10,11).


El pueblo de Dios siempre debe tener un espíritu generoso hacia los pobres. Abramos nuestros corazones y nuestras manos. —MLW

“La generosidad nace de un corazón que ha experimentado la gracia de Dios.”

Lectura del día: Deuteronomio 15:7-11

Reflexión Lunes, 12 de julio de 2010

Travesía espiritual
Dennis Fisher

“Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.” —1 Tesalonicenses 1:9

Los milagros que Dios obró a través de Moisés desafiaron a los numerosos dioses del faraón. Sin embargo, en otra época, hubo un monarca egipcio que impulsó la creencia en una deidad. El Faraón Akenaton indicó que el sol naciente y poniente era la gran deidad que daba vida a la tierra. El símbolo religioso de Atón, el dios sol, era un disco de luz con rayos que emanaban de él. Aunque la idea de este faraón se acercaba más al Dios único de la Biblia, aún seguía siendo idolatría.

Cuando Pablo dirigió su discurso al pueblo de Atenas, sufría por la idolatría de esa ciudad. No obstante, empleó la comprensión imperfecta sobre Dios de la gente para indicarles quién es el Señor de las Escrituras. Refiriéndose a los esfuerzos del pueblo por tratar de hallar a Dios, el apóstol dijo: «El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas» (Hechos 17:24).

En nuestro mundo crecientemente pluralista, es probable que las personas que nos rodean adoren una variedad de deidades. Sin embargo, la travesía espiritual no necesita terminar allí. Nunca sabemos si alguien puede estar yendo en dirección al reino de Dios. Siguiendo el ejemplo de Pablo, deberíamos respetar el trasfondo religioso de la persona, observar su receptividad espiritual y luego señalarle el camino al único Dios verdadero de las Escrituras.

“Dios es el único digno de nuestra adoración.”

Lectura del día: Hechos 17:22-31

sábado, 10 de julio de 2010

Reflexión Domingo, 11 de julio de 2010

Hacedores del mundo
Cindy Hess Kasper

“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.” —Santiago 1:22

Antes de mudarnos a otra casa en un nuevo vecindario, un domingo invitamos a comer a mi cuñada Sue y a su esposo Ted. Mientras nos saludábamos en la entrada de la casa, un ruido extraño les hizo dirigir la vista hacia la cocina. Tras seguir la mirada de ellos, quedé paralizada del horror. Una manguera desenganchada de nuestra antigua lavadora de platos se sacudía de un lado al otro como la trompa de un elefante enojado, ¡escupiendo agua por todas partes!

Sue se puso en acción de inmediato: dejó caer la cartera al piso, llegó a la cocina antes que yo y, mientras pedía toallas y un secador, cortó el agua. Pasamos los primeros quince minutos de su visita arrodillados secando el piso.

Sue es una hacedora, y este planeta es un lugar mejor gracias a los hacedores que hay en el mundo. Son personas que están siempre listas para ponerse a trabajar, para involucrarse e incluso, de ser necesario, para liderar.

Muchos de los hacedores del mundo son también hacedores de la Palabra. Son seguidores de Jesús que se han tomado a pecho el desafío de Santiago: «Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores» (1:22).

¿Estás haciendo todo lo que sabes que Dios quiere que hagas? A medida que leas la Palabra de Dios, practica lo que has aprendido. Primero, oye; después, haz. La bendición de Dios surge como resultado de nuestra obediencia (v. 25).

“El valor de la Biblia no consiste simplemente en conocerla, sino en obedecerla.”

Lectura del día: Santiago 1:19-27

Reflexión Sábado, 10 de julio de 2010

El precio de participar
David C. McCasland

“Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.” —2 Corintios 11:28

Mientras realizaban su famoso documental sobre la Segunda Guerra Mundial, el cineasta Ken Burns y sus colegas miraron miles de horas de material militar filmado. Durante la noche, escenas de la devastadora Batalla de Peleliu solían invadir sus sueños. Burns le dijo a Rick Kushman, reportero del periódico Sacramento Bee: «Uno escucha los fantasmas y los ecos de un pasado casi inexpresable. Si lo haces, te introduces en la vorágine emocional».

Tanto en el aspecto artístico como en el espiritual, involucrarse en las luchas de los demás tiene su precio. Pablo lo experimentó en su labor al compartir el evangelio: «Y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias. ¿Cuando alguien se siente débil, no comparto yo su debilidad? ¿Y cuando a alguien se le hace tropezar, no ardo yo de indignación?» (2 Corintios 11:28-29 NVI).

Oswald Chambers dijo que entramos en esta lucha espiritual cuando «deliberadamente nos identificamos con el interés de Cristo en las demás personas» y «para nuestro asombro, descubrimos que tenemos el poder para mantenernos maravillosamente aplomados en medio de toda la situación».

Pablo comprendió que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Jesús pagó el precio más caro por incorporarse a nuestro mundo, y Él nos fortalece mientras compartimos Su amor con los demás.

“Si obedecemos el llamado de Dios, Él nos suministrará la fortaleza necesaria.”

Lectura del día: 2 Corintios 11:22-33

viernes, 9 de julio de 2010

Reflexión Viernes, 9 de julio de 2010

Mostrar, luego hablar
Joe Stowell

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre…” —Mateo 5:16

Hubo una época en que una ciudad del oeste de los Estados Unidos quizá haya sido el lugar más hostil del país al evangelio. Las cafeterías tenían carteles con anuncios de reuniones de hechiceros para aprender a embrujar a los enemigos.

El entorno era tan desafiante para las iglesias que casi no conseguían permisos del concejo municipal para congregarse. Muchos líderes de esas iglesias sólo se lamentaban de la situación, hasta que un grupo de pastores comenzó a reunirse con regularidad para orar y después decidió practicar el amor de Jesús en la ciudad. Comenzaron un ministerio entre los «sin techo», los enfermos de SIDA y los jóvenes en situación de riesgo. Con fidelidad y un propósito definido, suplieron con el amor de Dios las necesidades de la gente dolida. Poco después, las organizaciones locales comenzaron a convocarlos para ayudar. Y lo más importante de todo fue que las iglesias empezaron a crecer a medida que la gente respondía al evangelio expresado en acciones.

Esto comprueba lo siguiente: A veces uno tiene que «mostrar» y recién después hablar. En realidad, nadie quiere escuchar lo que tenemos para decir del amor de Jesús hasta que lo hayan visto en nuestra vida (Mateo 5:16). Entonces, aun los más acérrimos opositores quizá se alegren de que tú estés en su ciudad, su oficina o su vecindario. Y también podrías llegar a tener la oportunidad de hablarles de Cristo.

“Cuando compartes el evangelio, asegúrate de que también lo vivas.”

Lectura del día: Mateo 5:11-16

miércoles, 7 de julio de 2010

Reflexión Jueves, 8 de julio de 2010

Predicciones falsas
C. P. Hia

“Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” —Mateo 24:3

La noticia de que el 22 de julio de 2009 se produciría un eclipse solar generó predicciones alarmantes. Se pronosticó que afectaría en gran medida la fuerza gravitacional, por lo cual, las placas tectónicas abrirían una grieta que provocaría un terremoto de proporciones considerables que, a su vez, produciría un devastador maremoto en Japón. El Servicio Geológico de los Estados Unidos respondió diciendo que ningún científico «predijo nunca un terremoto tan importante. Que no lo saben y que no esperan saberlo, en ningún momento ni en el futuro previsible».

También se han hecho muchas predicciones sobre la fecha de la segunda venida de Cristo, a pesar de las enfáticas palabras de nuestro Señor: «Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre» (
Mateo 24:36). Cristo les dijo a Sus seguidores que, en vez de tratar de predecir la fecha de Su regreso, debían velar (v. 42) y estar preparados (v. 44).

Pedro advirtió lo siguiente: «El día del Señor vendrá como un ladrón». Y después agregó: «¿No deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo un conducta intachable…?» (2 Pedro 3:10-11 NVI).

El Señor Jesús quiere que concentremos toda nuestra energía en esforzarnos por vivir para Dios mientras aguardamos «la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2:13).

“Aguarda expectante el retorno de Cristo y vivirás para gloria de Él.”

Lectura del día: Mateo 24:36-44

Reflexión, Miércoles, 7 de julio de 2010

Cuidado con tus deseos
Julie Ackerman Link

“No codiciarás...” —Éxodo 20:17

A veces me pregunto por qué Dios no enumeró los Diez Mandamientos en el orden inverso, ya que el décimo se relaciona con el primer pecado: el deseo. El pecado de Eva no fue simplemente desear una fruta, sino querer tener el conocimiento que Satanás le dijo que la haría semejante a Dios (Génesis 3:5). Su codicia la llevó a violar el primero y el décimo mandamiento que Dios posteriormente le dio a Moisés.

Si no codiciamos, eliminamos muchas de las razones por las cuales desobedecemos los otros mandamientos. Querer tener lo que no es nuestro nos induce a mentir, robar, cometer adulterio, matar y negarnos a honrar a nuestros padres. Rehusamos descansar porque, con seis días de trabajo, no podemos conseguir lo que deseamos. Usamos mal el nombre de Dios cuando lo empleamos para justificar algo que queremos hacer. Idolatramos las riquezas y las relaciones interpersonales porque no queremos colocar toda nuestra confianza en el Señor.

Me resulta difícil pensar en pecados que no incluyan alguna forma de codicia. Sin embargo, como es el último de la lista, tendemos a pensar que es el más insignificante. Pero no es así. Si detenemos el pecado cuando todavía está en nuestro corazón y en nuestra mente, evitamos convertir a los demás en víctimas de nuestro actuar pecaminoso y sorteamos muchas de sus graves consecuencias.

“Contentamiento es comprender que Dios ya me ha dado todo lo que necesito.”

Lectura del día: Éxodo 20:1-17

lunes, 5 de julio de 2010

Reflexión Lunes, 5 de julio de 2010

Retirarse para avanzar
Bill Crowder

“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.” —Mateo 14:23

Un amigo mío me contó sobre un retiro de líderes de su iglesia. Durante dos días, ese grupo se reunió en un lugar retirado para dedicar tiempo a la oración, la planificación y la adoración. Mi amigo no sólo se sintió renovado, sino que cobró fuerzas. Me dijo: «Sin duda, este retiro nos ayudará a avanzar en el ministerio de la iglesia».

Me sonó extraño lo que dijo: retirarse para avanzar. Pero es así. A veces uno tiene que detenerse y reacomodarse antes de poder progresar de manera significativa. Esto es particularmente cierto en nuestra relación con Dios.

Jesús mismo acostumbraba «retirarse para avanzar». Después de un intenso día de servicio en la región del mar de Galilea, se retiró, apartado de los demás. Mateo 14:23 nos dice que «despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo». Solo en presencia del Padre.

En este mundo vertiginoso y competitivo, es fácil caer en el agotamiento al esforzarse para avanzar a toda costa. Pero, aun en nuestro deseo de ser creyentes eficientes, debemos estar habitualmente dispuestos a retirarnos para entrar en la presencia de Dios. Sólo al renovar las fuerzas en Él, podemos hallar los recursos necesarios para avanzar en Su obra. Haz un retiro con Jesús antes de seguir adelante.

“A solas con el Padre es el único lugar donde hallaremos fuerzas para seguir adelante.”

Lectura del día: Mateo 14:13-23

domingo, 4 de julio de 2010

Reflexión Domingo, 4 de julio de 2010

Verdadera libertad

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.” —Gálatas 5:1

En 1776, las 13 colonias británicas asentadas en América del Norte protestaron por las restricciones que el rey de Inglaterra aplicó sobre ellas, y comenzaron una lucha que dio nacimiento a una nueva república. Al poco tiempo, la novel nación adoptó ese documento actualmente famoso, conocido como la Declaración de la Independencia.

Hace casi 2.000 años, el Señor Jesús exclamó desde la cruz: «Consumado es», y así proclamó la «declaración de la independencia» del creyente. Toda la humanidad estaba sujeta a la tiranía del pecado y de la muerte. Pero Cristo, el Ser impecable, ocupó nuestro lugar en el calvario y murió por nuestros pecados. Tras haber satisfecho las demandas de la justicia de Dios, ahora liberta eternamente a todos los que confían en Él.

Pablo escribió: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición» (Gálatas 3:13). Romanos 8 afirma que «ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús […]. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte» (vv. 1-2). Gálatas 5:1 insta a todos los redimidos a estar «firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres».

Estamos agradecidos a Dios por la libertad que gozamos en una nación; sin embargo, por sobre todas las cosas, ¡los creyentes, en cualquier lugar, pueden alabar al Señor por la libertad que se encuentra en Cristo!

“Nuestra más grande libertad es haber sido liberados del pecado.”

Lectura del día: Gálatas 4:21-31; 5:1

sábado, 3 de julio de 2010

Reflexión Sábado, 3 de julio de 2010

Velocidad de caracol

“El sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.” —Romanos 5:3-4(NVI)

Uno de las primeras cosas que recuerdo de mi niñez era observar los caracoles en las flores del jardín del patio trasero de nuestra casa. Me fascinaba ver esta pequeña criatura con un caparazón, una pequeña panza alargada y ojitos que se convertían en una especie de periscopios. Pero lo que realmente parecía extraño era la lentitud con que se movía.

¿A qué velocidad se traslada un caracol? Un estudio determinó que recorre aproximadamente 12,20 m en una hora. ¡Con razón usamos la frase más «lento» que un caracol…!

Aunque los caracoles se mueven con paso lento, tienen una virtud que los caracteriza: la paciencia. Charles Spurgeon, el gran predicador del siglo xix, señaló con ironía: «Por su perseverancia, el caracol llegó al arca».

Según el apóstol Pablo, la perseverancia es un elemento clave en el desarrollo del carácter. Lo explicó así: «El sufrimiento produce perseverancia» (Romanos 5:3). Luego, sobre ese fundamento, se construyen el carácter y la esperanza (v. 4). La palabra griega original que se traduce «perseverancia» significa «resolución, constancia y resistencia». Se empleó para referirse a los creyentes que son constantes en su andar en la fe, a pesar de las pruebas numerosas y angustiantes.

¿Las dificultades te han hecho volver tan lento como un caracol? Cobra ánimo. Dios no exige que lleguemos rápido, Él espera que progresemos con perseverancia.

“Todo gran logro requiere una gran perseverancia.”

Lectura del día: Romanos 5:1-5

viernes, 2 de julio de 2010

Reflexión Viernes, 2 de julio de 2010

Llevar el nombre
David C. McCasland

“A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” —Hechos 11:26

Hans Geiger, Marie Curie, Rudolf Diesel, Samuel Morse y Louis Braille tienen algo en común: todos ellos inventaron o descubrieron cosas importantes que llevan sus nombres. Los nombres de estas personas, junto con los de muchas otras, aparecen en una lista de «325 innovaciones que han producido grandes impactos en la vida humana», según aparece en un material de la Enciclopedia Británica.

Los que seguimos a Cristo llevamos Su nombre. Lucas dice en su registro sobre la iglesia primitiva: «A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía» (Hechos 11:26). Más tarde, Pedro instó a los primeros creyentes a no avergonzarse de padecer «como cristiano[s]» (1 Pedro 4:16). El término cristiano, utilizado en una época para burlarse de los seguidores de Jesús, fue adoptado por ellos como una insignia de honor, una señal de lealtad a Él.

E. M. Blaiklock, ex catedrático de estudios clásicos en la Universidad de Auckland, escribió que, en el siglo i, el término cristiano era «en cierto modo, apropiado, ya que implicaba lealtad a una persona y aceptación de ella; y esa persona, el Mesías (Cristo) […]. El verdadero uso moderno de la palabra sigue la misma tradición […]. Cristiano es aquel que acepta, con todas sus implicaciones, el señorío de Jesucristo».

En el día de hoy, como seguidores de Cristo, llevamos alegremente Su nombre como nuestro Salvador, Señor y Amigo.

“No seas cristiano solo de nombre.”

Lectura del día: Hechos11:19-26

jueves, 1 de julio de 2010

Reflexión Jueves, 1 de julio de 2010

Lista preocupante

“No se angustien por el mañana.” —Mateo 6:34

Mientra almorzaba sentado en mi auto bajo la sombra de un árbol, me preocupaban algunas cosas. En ese momento, un petirrojo, con un suculento gusano colgando de la boca, aterrizó cerca de la puerta del coche y me miró. Ese pájaro me hizo recordar vividamente las palabras de Jesús en Mateo 6:25-26: "No se preocupen por su vida[...]. Fíjense en las aves del cielo; no siembran nis cosechan ni almacenan eb graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?" (NVI).

Hace años, en un artículo de la revista Focal Point, del Seminario de Denver, Paul Borden sugirió algunas cosas útiles sobre el tema de las preocupaciones y las angustias:

Elabora una lista de preocupaciones. Escribe las cosas que te preocupan: ;as cuentas a pagar, tu trabajo, tus hijos o nietos, tu salud, el futuro.

Convierte tu lista de preocupaciones en una lista de oración. Pídele al Señor que obre en esas situaciones que te preocupan. Ora en especial por tus necesidades y depende de él.

Convierte tu lista de oración en una lista de actividades. Si percibes que hay algo que puedes hacer en cuanto a lo que te preocupa, hazlo. Al convertir nuestra preocupaciones en oración y actividad, Borden dice: "La ansiedad paralizante puede ser reemplazada por un interés en las responsabilidades de la vida."


¿Por qué no comienzas a elaborar tu lista ahora mismo?

“Lo que has convertido en un tema de oración debe dejar de ser un tema de preocupación.”

Lectura del día: Mateo 6:25-34