jueves, 29 de septiembre de 2011

Relfexión jueves, 29 de septiembre de 2011

La historia de un muro
David C. McCasland

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación.” —Efesios 2:14

Mientras visitaba las ruinas del Muro de Adriano, en el norte de Inglaterra, reflexioné en que quizá eso haya sido el logro más recordado del emperador romano que asumió el poder en el 117 d.C. Unos 18.000 soldados romanos estaban apostados en esta barrera de poco más de 128 kilómetros de largo, construida para impedir que los bárbaros, provenientes del norte, invadieran el sur.
 
A Adriano se lo recuerda por haber construido un muro físico que mantenía afuera a la gente. Por el contrario, recordamos a Jesucristo por haber echado abajo una pared espiritual, para que la gente pueda entrar. Cuando la iglesia primitiva experimentaba tensiones entre los que habían nacido judíos y los que no, Pablo les dijo que, por Jesucristo, todos eran iguales en la familia de Dios. «Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, […] para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, […] porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios 2:14-15, 18).
 
Uno de los aspectos más maravillosos de la fe cristiana es la unidad entre aquellos que siguen a Jesús. Mediante Su muerte en la cruz, Cristo ha quitado las barreras que con tanta frecuencia separan a la gente, y nos ha unido en comunión y amor verdaderos.

“La unidad de los creyentes empieza en la cruz.”

Lectura del día: Efesios 2:11-22

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Reflexión miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ahora no
Anne Cetas

“… transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…” —Romanos 12:2

Para quienes desean ser escritores, puede ser desalentador que les rechacen sus trabajos vez tras vez. Cuando presentan un manuscrito a un editor, suelen recibir una carta de respuesta con estas palabras: «Gracias, pero su presentación no suple nuestras necesidades en este momento». A veces, esto realmente significa «no suple en este momento… ni nunca». Entonces, prueban con otro editor y, después, con otro más.
 
He descubierto que la frase, esto no suple nuestras necesidades en este momento… ni nunca puede ser una expresión útil en mi andar cristiano, para renovar mi mente y reenfocar mis pensamientos en el Señor.
 
Lo que quiero decir es lo siguiente. Cuando empezamos a preocuparnos, podemos recordar: «La preocupación no suple mis necesidades en este momento… ni nunca. Mi corazón necesita confiar en Dios. No estaré ansioso “por nada”» (Filipenses 4:6).
 
Cuando envidiamos lo que otra persona tiene o hace, podemos reforzar esta verdad: «La envidia no suple mis necesidades en este momento… ni nunca. Necesito darle gracias a Dios. Su Palabra dice: “la envidia es carcoma de los huesos” (Proverbios 14:30), y “dad gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:18)».
 
No podemos renovar nuestra mente solos (Romanos 12:2), ya que es la obra transformadora del Espíritu Santo que vive en nosotros. No obstante, repetirnos la verdad mentalmente puede ayudar a someternos a la obra del Espíritu en nuestro interior.

“El Espíritu de Dios renueva nuestra mente cuando repasamos la Palabra de Dios.”

Lectura del día: Romanos 11:33-12:2

martes, 27 de septiembre de 2011

Reflexión martes, 27 de septiembre de 2011

Historias de dos palos
Albert Lee

“Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.” —Éxodo 4:17

La sabiduría popular cuestiona cuánto puede lograrse con poco. Tendemos a creer que puede hacerse mucho más si contamos con mayores recursos financieros, mano de obra talentosa e ideas innovadoras. Pero a Dios, estas cosas no le importan. Considera solo un par de ejemplos:
 
En Jueces 3:31, un hombre relativamente desconocido, llamado Samgar, liberó a Israel de los filisteos sin ayuda de nadie. ¿Cómo? Obtuvo una gran victoria matando 600 filisteos únicamente con una aguijada de bueyes (un palo afilado en un extremo para estimular a los animales que se mueven lentamente).
 
En Éxodo, cuando Dios le pidió a Moisés que sacara al pueblo de Israel de Egipto, este tuvo miedo de que la gente no lo escuchara ni lo siguiera. Entonces, el Señor le preguntó: «¿Qué es eso que tienes en tu mano?» (4:2). Él respondió: «Una vara». Así, pues, Dios usó esa vara en manos de Moisés para convencer al pueblo de que lo siguiera, convertir el Río Nilo en sangre, enviar plagas tremendas sobre Egipto, dividir el Mar Rojo y hacer milagros en el desierto.
 
La vara de Moisés y la aguijada de Samgar, cuando estuvieron dedicadas a Dios, se convirtieron en poderosas herramientas. Esto nos ayuda a ver que el Señor puede usar lo poco que tenemos para hacer grandes cosas cuando lo sometemos a Su control. Dios no busca personas con talentos notables, sino aquellas que se dediquen a seguirlo y a obedecerle.

“Lo poco se transforma en mucho cuando está en las manos de Dios.”

Lectura del día: Éxodo 4:1-9, 17

lunes, 26 de septiembre de 2011

Reflexión lunes, 26 de septiembre de 2011

Un cimiento FIRME
Dave Branon

“Y estas palabras que yo te mando hoy, […] las repetirás a tus hijos…” —Deuteronomio 6:6-7

Antes de que mi nieta Katie cumpliera dos años, hizo algo que enorgullecería a cualquier abuelo: empezó a reconocer automóviles por la marca y el año. Todo comenzó cuando ella y su papá empezaron a jugar juntos con la antigua colección de coches viejos de juguete que él tenía. El padre le decía: «Katie, busca el Chevy 1957», y ella lo tomaba de entre cientos de autitos de juguete. Una vez, mientras él le leía un libro de Jorge, el curioso, ella se bajó de su regazo y corrió para buscar un Rolls Royce en miniatura; una réplica exacta del automóvil que aparecía en el cuento.
 
Que una niña de dos años pueda relacionar cosas como esas, ¿no demuestra la importancia de enseñarles a los pequeños lo correcto desde temprana edad? Podemos hacerlo usando lo que yo llamo el principio FIRME: Familiaridad, Interés, Reconocimiento y Modelo Ejemplar. Esto sigue el patrón que dio Moisés en Deuteronomio 6 en cuanto a aprovechar toda oportunidad para enseñarles a los niños las verdades bíblicas, para que se familiaricen con ellas y las conviertan en parte de su vida. Mientras usamos sus preferencias como ocasiones para instruirlos, repitámosles historias bíblicas para que las reconozcan y vivamos vidas piadosas que sean un ejemplo para ellos.
 
Démosles a los niños que forman parte de nuestra vida un fundamento FIRME al enseñarles sobre el amor de Dios, la salvación en Cristo y la importancia de una vida piadosa.

“Edifica la vida de tus hijos sobre el cimiento firme de la Palabra.”

Lectura del día: Deuteronomio 3:1-9

domingo, 25 de septiembre de 2011

Reflexión domingo, 25 de septiembre de 2011

Creyentes "montón de cenizas"
Joe Stowell

“La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará […]; el fuego la probará.” —1 Corintios 3:13

Una vez, una mujer me preguntó por qué debía ser ahora como Cristo si llegaría a ser como Él cuando entrara en el cielo (1 Juan 3:1-3). ¡Qué gran pregunta! En especial, cuando es más fácil ser como uno es.
 
En realidad, hay varias razones por las cuales es importante volverse como Él ahora, pero una de ellas es probablemente la que más se destaca. Cuando lo veamos y comparezcamos delante del Señor, rendiremos cuenta de si hemos vivido conforme a Su voluntad o no. O, como lo expresa Pablo, si lo hemos puesto a Él como fundamento y edificado con «oro, plata, piedras preciosas, madera, heno [u] hojarasca» (1 Corintios 3:12-13).
 
Todo lo que hagamos para el progreso de Su reino —como contribuir al fortalecimiento de la iglesia, servir a los pobres y a los necesitados y promover la rectitud y la justicia, como lo hizo Él— implica edificar con elementos básicos que sobrevivirán al fuego del juicio. Por el contrario, construir con cosas que reflejen nuestra naturaleza caída y vivir para beneficiarnos personalmente y satisfacer nuestros deseos terrenales son materiales que se convertirán en un montón de cenizas ante el fuego consumidor de Su gloria.
 
No sé qué piensas tú, pero yo prefiero amar a Cristo lo suficiente como para parecerme a Él ahora, porque la idea de estar en Su presencia sobre un montón de cenizas es una alternativa impensable.

“Construye tu vida con materiales que sean a prueba del juicio de Dios.”

Lectura del día: 1 Corintios 3:5-15

sábado, 24 de septiembre de 2011

Reflexión sábado, 24 de septiembre de 2011

De mal en peor
Julie Ackerman Link

“… Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, […], y os redimiré con brazo extendido…” —Éxodo 6:6

Volvió a pasar. Sentí el impulso de ordenar mi oficina. Antes de poder resistirme, había hecho un lío peor que el que había al principio. Una pila se convirtió en varias cuando empecé a separar libros, papeles y revistas por temas. A medida que el desorden aumentaba, lamenté haber comenzado, pero no había vuelta atrás.
 
Cuando Dios llamó a Moisés para rescatar a los hebreos de la esclavitud, la situación de ellos también fue de mal en peor. Sin duda, era necesario llevar a cabo la tarea. El pueblo había estado clamando a Dios por ayuda (Éxodo 2:23). Renuentemente, muy renuentemente, Moisés accedió a apelar a Faraón a favor de los hebreos. El encuentro salió mal. En vez de liberar al pueblo, el monarca aumentó sus irracionales demandas. Moisés se preguntó si había sido apropiado haber empezado (5:22-23). Solo después de tremendos inconvenientes para muchas personas, Faraón permitió que el pueblo se fuera.
 
Siempre que comencemos a hacer algo bueno, incluso cuando estemos seguros de que Dios quiere que lo hagamos, no debería sorprendernos que las cosas empeoren antes de que empiecen a mejorar. Esto no significa que estemos haciendo algo malo; simplemente, nos recuerda que necesitamos a Dios para concretar todo lo que emprendamos.

“La necesidad suprema en todo momento difícil es mirar a Dios.” —G. C. Morgan

Lectura del día: Éxodo 5:1-14, 22-23

viernes, 23 de septiembre de 2011

Reflexión viernes, 23 de septiembre de 2011

Asunto serio
Bill Crowder

“… Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia.” —Salmo 96:10

Hace poco, me llamaron para ser miembro del jurado en un juicio. Implicaba tremendos inconvenientes y una enorme pérdida de tiempo, pero era también un asunto serio. Durante los primeros días de instrucciones, el juez disertó sobre la responsabilidad que nos ocupaba y la naturaleza sobresaliente de la tarea. Íbamos a sentarnos a juzgar a personas que presentaban litigios (juzgado civil) o que habían sido acusadas de crímenes (juzgado criminal). Me sentí totalmente inadecuado para la labor que tenía por delante. Juzgar a otra persona, teniendo en cuenta las importantes consecuencias para su vida según lo que se decidiera, no es algo sencillo. Como somos seres humanos imperfectos, quizá no siempre juzguemos correctamente.
 
Aunque los sistemas judiciales de nuestro mundo tengan dificultades y falencias a causa de los seres humanos que los administran, siempre podemos confiar en nuestro Dios que se destaca por Su sabiduría y rectitud. El salmista cantó: «… Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia» (Salmo 96:10). El Señor juzga rectamente, en conformidad con Su justicia perfecta y Su carácter impecable.
 
Podemos confiar en Dios ahora que la vida es injusta, sabiendo que, un día, Él corregirá todas las cosas en Su juicio final (2 Corintios 5:10).

“Un día, Dios corregirá todo lo incorrecto.”

Lectura del día: Salmo 96:1-13

jueves, 22 de septiembre de 2011

Reflexión jueves, 22 de septiembre de 2011

Más allá del status quo
David C. McCasland

“Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” —Juan 5:40

El Dr. Jack Mezirow, profesor emérito de Columbia Teachers College, cree que un elemento básico en la enseñanza a adultos es desafiar las arraigadas percepciones personales y evaluar nuestro discernimiento con una actitud crítica. Dice que los adultos aprenden mejor cuando se enfrentan con lo que él denomina un «dilema desorientador»: algo que «te ayuda a reflexionar drásticamente sobre las suposiciones que has adquirido» (Barbara Strauch, The New York Times). Esto es la contracara de decir: «Lo tengo muy claro; no me confundan con los hechos».
 
Cuando Jesús sanó durante el día de reposo, desafió las creencias profundamente arraigadas de muchos líderes religiosos, y ellos procuraron silenciarlo (Juan 5:16-18). Jesús les dijo: «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida» (vv. 39-40).
 
Oswald Chambers señaló: «El Señor tiene una manera de exponer realidades que confunde las doctrinas de un hombre si estas se interponen en Su camino para llegar a su alma».
 
Las experiencias perturbadoras que nos llevan a cuestionar nuestras suposiciones acerca del Señor pueden guiarnos a una comprensión más profunda de Su persona y a confiar en Dios… si estamos dispuestos a analizarlas y a ir a Él.

«La vida que no se examina no vale la pena vivirla» —Sócrates.

Lectura del día: Juan 5:35-47

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Reflexión miércoles, 21 de septiembre de 2011

Una lección sobre el llanto
David H. Roper

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación…” —Mateo 5:4

¿Alguna vez se te rompió el corazón? ¿Cuál fue la causa? ¿Crueldad, fracaso, infidelidad, pérdida? Quizá te escurriste en la oscuridad para llorar.
 
Es bueno llorar. «Las lágrimas son la única cura para el llanto», dijo el predicador escocés George MacDonald. Llorar un poco le hace bien a la persona.
 
Jesús lloró ante la tumba de Su amigo Lázaro (Juan 11:35), y también llora con nosotros (v. 33). Nuestras lágrimas captan la compasión y el interés de nuestro Señor. Él está al tanto de nuestras noches de angustia e insomnio. Su corazón se duele cuando sufrimos. Él es el «Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones» (2 Corintios 1:3-4). Además, utiliza a Su pueblo para que se consuele mutuamente.
 
No obstante, las lágrimas y nuestra necesidad de consuelo vuelven con demasiada frecuencia en esta vida. El consuelo presente no es la respuesta final. Hay un día futuro cuando ya no habrá muerte, ni tristeza ni llanto, porque todas estas cosas «pasaron» (Apocalipsis 21:4). Allí, en el cielo, Dios enjugará toda lágrima. Nuestro Señor nos ama tanto y Su amor es tan profundo y personal, que Él mismo será quien seque las lágrimas de nuestros ojos.
 
Recuerda, «bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» (Mateo 5:4).

“Dios se preocupa por nuestras angustias y las comparte.”

Lectura del día: Apocalipsis 21:1-7

martes, 20 de septiembre de 2011

Reflexión martes, 20 de septiembre de 2011

¿Estás preparado?
C.P. Hia

“El Señor no retarda su promesa…” —2 Pedro 3:9

Muchos recordarán el segundo semestre de 2008 como el principio de la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1929. Durante los meses siguientes, gran cantidad de gente se quedó sin trabajo, sin casa y sin inversiones. Un año después, en una entrevista en la BBC, Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, señaló que la mayoría de la gente cree que esto no volverá a suceder. Dijo: «La inextinguible capacidad del ser humano cuando se enfrenta con largos períodos de prosperidad es suponer que la situación seguirá del mismo modo».
 
Suponer que las cosas continuarán como siempre no es un punto de vista exclusivo del siglo xxi. En el siglo i, Pablo escribió sobre algunas personas que pensaban que la vida seguiría igual y que Cristo no regresaría. Dijo: «… desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación» (2 Pedro 3:4). Jesús dijo que iba a volver, pero la gente seguía viviendo en desobediencia, como si Él nunca fuera a regresar. Pero Su tardanza se debe únicamente a la paciencia de Dios para con nosotros, porque Él no quiere «que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (v. 9).
 
Pablo nos dice que los creyentes deben vivir «sobria, justa y piadosamente», a la luz del seguro retorno de Cristo (Tito 2:12). ¿Estás preparado para encontrarte con Él?

“Jesús puede venir en cualquier momento, así que, deberíamos estar preparados siempre.”

Lectura del día: 2 Pedro 3:1-13

lunes, 19 de septiembre de 2011

Reflexión lunes, 19 de septiembre de 2011

Épocas de altibajos
Dennis Fisher

“Tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar.” —Eclesiastés 3:4

Casi todos coincidiríamos en que la vida tiene altibajos. El sabio rey Salomón estaba convencido de esto y reflexionó sobre nuestras reacciones ante las circunstancias fluctuantes. En Eclesiastés, escribió: «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. […] tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar» (3:1-4).
 
El padre de Salomón, David, fue considerado «un varón conforme [al] corazón [de Dios]» (1 Samuel 13:14; Hechos 13:22). Sin embargo, su vida ilustra que esta puede estar llena de épocas buenas y malas. David lloró por la enfermedad mortal de su primer hijo, que tuvo con Betsabé (2 Samuel 12:22). Aun así, también escribió canciones de alabanza y de gozosa alegría (Salmo 126:1-3). Con la muerte de su rebelde hijo Absalón, atravesó un período de profunda angustia (2 Samuel 18:33). Y cuando el arca del pacto fue llevada a Jerusalén, David danzó delante del Señor en un éxtasis espiritual (2 Samuel 6:12-15).
 
Nos perjudicamos a nosotros mismos y a los demás cuando decimos que la vida cristiana es tranquila y feliz todo el tiempo. La Biblia, en cambio, describe el andar del creyente como una serie de altibajos. ¿En qué período te encuentras? Ya sea que atravesemos un tiempo de gozo o de tristeza, cada época debería motivarnos a buscar al Señor y a confiar en Él.

“Cada época requiere fe para atravesarla.”

Lectura del día: Eclesiastés 3:1-8

viernes, 16 de septiembre de 2011

Reflexión viernes, 16 de septiembre de 2011

Sé un paje de armas
David C. Egner

“… Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.” —1 Samuel 14:7

Los israelitas y los filisteos estaban en guerra. Mientras Saúl descansaba con sus hombres debajo de un granado, Jonatán y su paje de armas salieron silenciosamente del campamento para ver si el Señor obraría a favor de ellos, ya que estaban convencidos de que «no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos» (1 Samuel 14:6).
 
Jonatán y su asistente estaban a punto de cruzar un sendero entre dos altos peñascos. Soldados enemigos, armados, estaban posicionados encima de ellos, a ambos lados. Eran dos hombres contra quién sabe cuántos. Cuando Jonatán sugirió que subieran para atacarlos, el paje de armas nunca se acobardó. «Haz todo lo que tienes en tu corazón», le dijo al príncipe. «Aquí estoy contigo a tu voluntad» (v. 7). Entonces, los dos subieron al peñasco y, con la ayuda de Dios, derrotaron al enemigo (vv. 8-14). Debemos admirar a este valiente paje de armas: escaló ese peñasco cargando con toda la armadura y se quedó con Jonatán, siguiéndolo por detrás y matando a todos los que él hería.
 
La iglesia necesita líderes fuertes que enfrenten a nuestros enemigos espirituales, pero no debemos dejar que lo hagan solos. Ellos necesitan la ayuda y el respaldo de todos los miembros de la congregación; fieles «pajes de armas» como tú y yo que estén dispuestos a unirse a ellos en la batalla contra el «enemigo de nuestras almas».

“Los líderes dan lo mejor de sí cuando la gente los respalda.”

Lectura del día: 1 Samuel 14:1-14

jueves, 15 de septiembre de 2011

Reflexión jueves, 15 de septiembre de 2011

Levantamiento de pesas
Jennifer Benson Schuldt

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados…” —Mateo 11:28

Un día, encontré a mi hijo completamente tenso intentando levantar sobre su cabeza una barra con un par de pesas de casi dos kilogramos… una hazaña ambiciosa para un niño pequeño. Solo la había separado unos centímetros del suelo, pero su mirada mostraba que estaba decidido a hacerlo y su cara estaba roja por el esfuerzo. Entonces, me ofrecí para ayudarlo y, juntos, logramos levantar el peso hacia el techo. El levantamiento de pesas que era tan difícil para él, fue fácil para mí.
 
Jesús tiene esta misma perspectiva respecto a las cosas que nos resultan difíciles de manejar. Cuando la vida parece una sucesión de catástrofes, al Señor no lo perturba una pequeña colisión con el automóvil, un dolor de muelas ni una discusión acalorada. ¡Ni aunque todo esto suceda el mismo día! Él puede encargarse de todo y, por esta razón, dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados…» (Mateo 11:28).
 
¿Estás agotado por los incesantes problemas? ¿Te sientes aplastado por el estrés y las preocupaciones? Jesús es la única solución verdadera. Acercarnos al Señor en oración nos permite echar sobre Él nuestras cargas para que nos sostenga (Salmo 55:22). Pídele hoy que te ayude con todas tus cosas. Al ayudarte a llevar la carga, puede darte el descanso que tu alma necesita, porque Su yugo es fácil y Su carga es liviana (Mateo 11:29-30).

“La oración es el lugar donde las cargas cambian de hombro.”

Lectura del día: Mateo 11:25-30

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Reflexión miércoles, 14 de septiembre de 2011

Elevarse hacia la cima
Julie Ackerman Link

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria…” —Filipenses 2:3

«Falta de ambición». Esta es una frase que no te gustaría ver en tu evaluación laboral. En lo que respecta al trabajo, los empleados que no tienen ambiciones raras veces ascienden a la cima de una organización. Nada se consigue si no existe un imperioso deseo de lograr algo. No obstante, la ambición tiene un lado oscuro. A menudo, se refiere más a elevar el yo que a llevar a cabo alguna tarea noble para beneficio de los demás.
 
Así sucedió con muchos de los reyes de Israel, incluso con el primero. Saúl empezó con humildad, pero gradualmente fue considerando que su posición era algo que le pertenecía. Se olvidó de que Dios le había encomendado que liderara a Su pueblo escogido para que este les mostrara a otras naciones cómo llegar a Él. Cuando el Señor lo relevó de sus funciones, lo único que le preocupaba a Saúl era su propia persona (1 Samuel 15:30).
 
En un mundo donde la ambición suele impulsar a las personas a hacer lo que sea necesario para ascender a posiciones de poder sobre los demás, Dios llama a Su pueblo a vivir de una manera nueva y diferente. No debemos hacer nada motivados por una ambición egoísta (Filipenses 2:3), y tenemos que dejar de lado el peso del pecado que nos atrapa (Hebreos 12:1).
 
Si deseas ser alguien que realmente «asciende», haz que tu ambición sea amar y servir a Dios con humildad, con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:30).

“Si nuestra mirada no está enfocada en Dios, la ambición es corta de vista.”

Lectura del día: 1 Samuel 15:17-30

martes, 13 de septiembre de 2011

Reflexión martes, 13 de septiembre de 2011

Amnesia de carácter
Cindy Hess Karper

“Hubo […] un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.” —Job 1:1

Al parecer, los jóvenes chinos están empezando a olvidar cómo escribir los caracteres que componen la hermosa caligrafía de su idioma tradicional. Algunos denominan este fenómeno «amnesia de carácter». El extendido uso de computadores y de teléfonos móviles suele significar que se descuida la escritura y que algunos ya no pueden recordar los caracteres que aprendieron en la niñez. Un joven dijo: «La gente ya no escribe más a mano, excepto el nombre y la dirección».
 
Algunas personas parecen tener una clase diferente de «amnesia de carácter». Cuando enfrentan un dilema, parecen «olvidarse» de cuál es el proceder correcto y, en su lugar, escogen la salida más fácil.
 
Dios dijo que Job era «hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:8). Permitió que Satanás le quitara todo lo que tenía: hijos, riqueza y salud. Sin embargo, a pesar de esas circunstancias que le desgarraron el corazón, Job se negó a maldecir a Dios. «En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno» (v. 22). Satanás había contradicho la afirmación del Señor respecto al carácter impecable de Job, pero se comprobó que estaba equivocado.
 
¿Amnesia de carácter? No. El carácter es lo que somos; no es algo que «olvidamos». Los que pierden el carácter lo hacen a propósito.

“Cuando la riqueza se va, se pierde poco; cuando se va la salud, algo; pero si se va el carácter, ¡todo está perdido!”

Lectura del día: Job 1:13-22

lunes, 12 de septiembre de 2011

Reflexión lunes, 12 de septiembre de 2011

Bendita certeza
Joe Stowell

“Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.” —2 Corintios 5:8

Mientras hablaba con un hombre cuya esposa había fallecido, me contó que un amigo le había dicho: «Lamento que hayas perdido a tu esposa». ¿Qué le contestó él? «Ah, no, no la perdí. ¡Sé exactamente dónde está!».
 
Para algunos, esto puede parecerles una afirmación un poco atrevida o incluso displicente. Con tantas teorías sobre la vida después de la muerte, podríamos preguntarnos cómo estar realmente seguros de dónde van nuestros seres queridos después de morir; y ni qué hablar de dónde terminaremos nosotros.
 
Sin embargo, para los seguidores de Cristo, la confianza es lo apropiado. Tenemos la certeza que nos da la Palabra de Dios de que, cuando muramos, estaremos inmediatamente con el Señor (2 Corintios 5:8). Gracias a Dios, esto es más que una simple expresión de deseo. Se fundamenta en la realidad histórica de Jesús, que vino y murió para pagar nuestra condena por el pecado, para que pudiéramos recibir la vida eterna (Romanos 6:23). Después, demostró que hay vida después de la muerte al salir de Su tumba y ascender al cielo, donde, como Él prometió, está preparando un lugar para nosotros (Juan 14:2).
 
Así que, ¡regocíjate! Como los beneficios de esta realidad son fuera de este mundo, podemos osadamente decir con Pablo que «confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Corintios 5:8).

“Para el seguidor de Jesús, la muerte significa: cielo, felicidad y Él.”

Lectura de día: 2 Corintios 5:1-10

viernes, 9 de septiembre de 2011

Reflexión viernes, 9 de septiembre de 2011

Nunca se sabe
David H. Roper

“Porque de suyo lleva fruto la tierra…” —Marcos 4:28

Mientras estudiaba en el seminario, dirigí un campamento de verano para niños en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Cada mañana, empezaba el día con una breve historia en la que trataba de incluir un elemento del evangelio.
 
Para ilustrar la idea de que convertirse en creyente significa tornarse una nueva criatura en Cristo, relaté el cuento de un ratón que quería ser caballo. El ratón había visto una manada de caballos salvajes; pensó que eran criaturas elegantes y quiso ser como ellos. Entonces, aprendió a actuar como un equino. Sin embargo, nunca lo aceptaron como tal porque… bueno… era un ratón. ¿Cómo puede un ratón convertirse en caballo? Solamente si nace caballo, por supuesto. Entonces, después les expliqué cómo podemos todos nacer de nuevo si creemos en Jesús.
 
Un verano, tenía un consejero del equipo de trabajo, llamado Henry, que era muy hostil a la fe. Lo único que podía hacer era amarlo y orar por él; pero, al terminar el verano, se fue endurecido por su incredulidad. Eso pasó hace más de 50 años. Hace un tiempo, recibí una carta de Henry. La primera frase decía: «Le escribo para decirle que nací de nuevo y que ahora, por fin, soy un “caballo”». Esto me confirmó que lo que debemos hacer es seguir orando y plantando la semilla de la Palabra (Marcos 4:26) para que algún día dé fruto.

“Nosotros sembramos y Dios produce la cosecha.”

Lectura del día: Marcos 4:26-32

jueves, 8 de septiembre de 2011

Reflexión jueves, 8 de septiembre de 2011

Relojes de carillón
Dennis Fisher

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.” —Salmo 90:12

En 1876, Henry Clay Work escribió la canción Mi reloj de pie. Describe un reloj de carillón que fielmente cronometra la vida de su dueño. La niñez, la adultez y la vejez, todo se observa desde la perspectiva de su amado reloj. El estribillo dice:
 
El incesante tictac del reloj nos recuerda que nuestro tiempo en la tierra es limitado. Independientemente de las alegrías y tristezas de la vida, el tiempo sigue avanzando. Para el creyente, nuestro paso por esta tierra es una oportunidad para obtener sabiduría. El salmista escribe: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Salmo 90:12).
 
Una manera de contar nuestros días es preguntarnos: ¿Cómo puedo parecerme más a Cristo? ¿Leo la Biblia con regularidad? ¿Dedico tiempo para orar? ¿Me reúno con otros creyentes? Las respuestas a estas preguntas indican cómo estamos en el proceso de obtener sabiduría y de asemejarnos más a Cristo.
 
Cualquiera que sea la etapa de la vida —niñez, juventud, adultez o vejez—, la vida siempre nos brinda oportunidades de crecer en fe y sabiduría. Contar nuestros días es la reacción apropiada ante el avance inevitable de la vida.
 
¿Cómo estás progresando en tu travesía?

“No gastes tu tiempo; inviértelo.”

Lectura del día: Salmo 90:1-12

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Reflexión miércoles, 7 de septiembre de 2011

Centrarse en lo justo
David C. McCasland

“Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio…” —Amós 5:15

Durante los últimos 135 años de la Liga Profesional de Béisbol de los Estados Unidos, solo 20 lanzadores completaron un juego perfecto. El 2 de junio de 2010, Armando Galarraga, de los Tigers de Detroit, habría sido el número 21, pero el error de un árbitro le negó el sueño de todo lanzador. La reproducción en vídeo mostró la verdad. Aunque el árbitro reconoció su error y se disculpó personalmente, la falta cobrada en el campo de juego no podía revertirse.
 
A pesar de todo, Galarraga permaneció tranquilo, comprendió la situación del árbitro y nunca lo criticó. Que Armando se negara a vengarse asombró a todos: aficionados, jugadores y periodistas deportivos.
 
Si insistimos en que nos traten justamente, podemos enojarnos y frustrarnos. Pero cuando nos aferremos a la sabiduría bíblica, procuraremos el bienestar de los demás. Proverbios nos convoca «para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes, para recibir el consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad» (1:2-3). Oswald Chambers dijo respecto a nuestro trato personal con los demás: «Nunca busques justicia, pero nunca dejes de aplicarla; y nunca permitas que nada que enfrentes amargue tu interacción con los hombres por medio de Jesucristo».
 
Como seguidores de Cristo, cuando experimentamos injusticias, tenemos el privilegio y la responsabilidad de responder con honestidad e integridad, haciendo lo recto, justo y correcto.

“La vida no es justa, pero Dios es siempre fiel.”

Lectura del día: Proverbios 1:1-9

martes, 6 de septiembre de 2011

Reflexión martes, 6 de septiembre de 2011

Medir el crecimiento
Julie Ackerman

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe […], a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” —Efesios 4:13

Cuando un alumno de una escuela secundaria trató de usar un termómetro para medir una mesa, su maestro quedó estupefacto. En 15 años como maestro, David había visto muchas situaciones lamentables y chocantes, pero no podía salir de su asombro al pensar cómo podía haber llegado ese estudiante a la escuela secundaria sin poder distinguir entre una regla y un termómetro.
 
Cuando un amigo me contó esta historia, me descorazoné por la situación de ese alumno y de otros como él que están tan atrasados en su educación. No pueden avanzar porque todavía no han aprendido las lecciones básicas de la vida cotidiana.
 
Pero después, me vino a la mente un crudo pensamiento: ¿No hacemos a veces lo mismo cuando usamos instrumentos de medición espiritual equivocados? Por ejemplo, ¿suponemos que las iglesias con mayores recursos son las más bendecidas por Dios? ¿Acaso no pensamos ocasionalmente que los predicadores populares son más piadosos que aquellos que tienen menos seguidores?
 
La medida correcta de nuestra condición espiritual es la cualidad de nuestro andar, que se mide mediante atributos tales como la humildad, la bondad y la longanimidad (Efesios 4:2). «… soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor» (v. 2) es un buen indicador de que estamos alcanzando la meta de Dios para nosotros: «… la medida de […] la plenitud de Cristo» (v. 13).

“Nuestro amor a Dios puede medirse por nuestro amor a los demás.”

Lectura del día: Efesios 4:1-6

lunes, 5 de septiembre de 2011

Reflexión lunes, 5 de septiembre de 2011

Lo bueno de trabajar
Randy K. Kilgore

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” —Génesis 1:26

Algunos cristianos crecen creyendo que el trabajo es algo malo, una maldición por el pecado de Adán y Eva. Si esta creencia equivocada no se corrige, puede hacer que la gente sienta que lo que hacen diariamente en su trabajo no es importante para Dios. O, al menos, que no es tan importante como la labor de los misioneros y los pastores. Génesis 1:26-31 nos enseña que esto no es cierto.
 
Primero, aprendemos que Dios mismo trabaja, como lo comprueba la tarea de la creación y el hecho de que descansó al séptimo día. Después, descubrimos que somos hechos a Su imagen (v. 26) y que se nos otorgó el dominio de lo creado. Esto implica que debemos trabajar para cuidar lo que se creó. Sin duda, cuidar la creación de Dios es un trabajo; un trabajo noble, porque Dios vio lo que había hecho y dijo que era «bueno en gran manera» (v. 31).
 
Tampoco debemos ignorar que antes de que el pecado entrara en escena, se declaró que el trabajo era algo bueno. En otras palabras, el trabajo no fue una consecuencia de la caída y, por lo tanto, no es una maldición. Volvemos a ver este concepto en Génesis 2, cuando «tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» (v. 15).
 
Abordemos la labor de cada día —ya sea en un trabajo o haciendo otra actividad para ayudar a nuestra familia— conscientes de la dignidad y la nobleza que Dios le otorgó en la creación.

“Dios, dame trabajo hasta que mi vida termine… y vida hasta que termine mi trabajo.”

Lectura del día: Génesis 1:26-31

viernes, 2 de septiembre de 2011

Reflexión viernes, 2 de septiembre de 2011

El problema de los héroes
Dave Branon

“¡Te alabo porque soy una creación admirable!” —Salmo 139:14

Cuando era niño, tenía un héroe: Pete Maravich, un jugador de baloncesto, con un alto porcentaje de anotación, que era un mago para manejar el balón.
 
El problema fue que mi deseo de ser como Pistol Pete impidió que estuviera contento con lo que Dios quería que yo fuera y para lo que me había creado. Cuando me di cuenta de que nunca podría jugar como Pete, me desilusioné. Incluso abandoné por un tiempo el equipo de la universidad porque no podía alcanzar el nivel de juego de Maravich.
 
Los jóvenes todavía siguen haciendo esta clase de cosas. No están contentos con lo que Dios planeó para sus vidas porque se comparan con sus héroes «perfectos».
 
El cantante cristiano Jonny Diaz admitió esto y escribió una canción llamada Más bella que tú, que empieza diciendo: «Muchachita de catorce años mirando una revista; dice que quiere lucir así». Algunas jovencitas desean parecerse a la estrella de Disney Selena Gomez o a otra figura, como yo quería parecerme a Maravich. Diaz canta: «Nunca habrá nadie más bella que tú; no compres esas mentiras […]; fuiste hecha con un propósito que solo tú puedes concretar». Él está diciendo lo que otro escritor de canciones expresaba, inspirado por Dios, hace miles de años: «¡Te alabo porque soy una creación admirable!» (Salmo 139:14 NVI).
 
Dios nos hizo como Él quiere que seamos. Créelo. Nunca habrá nadie más sublime que tú.

“Somos hermosas obras maestras diseñadas por Dios.”

Lectura del día: Salmo 139:1-14