domingo, 26 de julio de 2015

Un Corazón Consagrado



Por Lawrence Darmani

Lectura: 2 Crónicas 17:1-11; 20:32

… haciendo lo recto ante los ojos del Señor. —2 Crónicas 20:32

Un exitoso empresario cristiano nos compartió su historia en la iglesia. Fue sincero sobre sus luchas con la fe y su gran riqueza, y declaró: «¡La riqueza me asusta!».


Citó la afirmación de Jesús: «es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios» (Lucas 18:25), y mencionó la historia del rico y Lázaro, en Lucas 16:19-32, en la que el rico termina en el infierno. La parábola del «joven rico» (Lucas 12:16-21) también lo perturbaba.


Pero, después, este empresario declaró: «He aprendido una lección de la conclusión de Salomón sobre la abundancia de riquezas: todo es “vanidad”» (Eclesiastés 2:11). Salomón decidió no permitir que la riqueza se interpusiera en su devoción al Señor. Su deseo era servirlo con sus bienes y ayudar a los necesitados.


A través de los siglos, Dios ha bendecido materialmente a algunas personas. En 2 Crónicas 17:5, leemos sobre Josafat: «El Señor […] confirmó el reino en su mano […] y tuvo riquezas y gloria en abundancia». Pero el rey no se enorgulleció, porque estaba consagrado de corazón al Señor (v. 6; ver también 20:32).


El Señor no está en contra de la riqueza, pero sí se opone a adquirirla de manera incorrecta y usarla mal. Él es digno de la devoción de todos sus seguidores.

La gratitud genera satisfacción. ¿Por qué estás agradecido?

Con o sin riquezas, un corazón consagrado agrada a Dios.

lunes, 20 de julio de 2015

Servicio Fiel


Por Dennis Fisher 

Lectura: 2 Timoteo 2:1-10

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo (v. 3).

Por haber participado en la Primera Guerra Mundial, C. S. Lewis conocía bien las presiones del servicio militar. En un discurso público, durante la Segunda Guerra Mundial, describió con elocuencia las dificultades que enfrenta un soldado: «Todo lo que atravesamos en cada situación adversa […] se resume en la vida del soldado en servicio activo. Como una enfermedad, amenaza con dolor y muerte. Como la pobreza, intimida con frío, calor, sed, hambre y falta de un techo. Como la esclavitud, amedrenta con trabajo duro, humillación, injusticia y reglas arbitrarias. Como el exilio, amenaza con separarte de todos los que amas».


El apóstol Pablo usó la analogía del soldado sufriente, para describir las pruebas que puede experimentar un creyente al servir a Cristo. En sus últimos días, y tras haber soportado fielmente el sufrimiento por defender el evangelio, exhorta a Timoteo a hacer lo mismo: «Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo» (2 Timoteo 2:3).


Servir al Señor exige perseverancia. Tal vez nos enfrentemos con problemas de salud, conflictos relacionales o circunstancias difíciles, pero, como un buen soldado, seguimos adelante, fortalecidos en Él, ¡porque servimos al Rey de reyes y Señor de señores que murió por nosotros!

Padre, ayúdame a ser fiel en el servicio a ti.

El amor de Dios no evita las pruebas, pero nos ayuda a atravesarlas.