viernes, 24 de febrero de 2012

Reflexión viernes, 24 de febrero de 2012

Vigorosos y verdes
David H. Roper

“… Estarán vigorosos y verdes.” —Salmo 92:14

En el Salmo 92, el poeta comienza con un elogio a la alabanza: «Bueno es alabarte, oh Señor». ¿Bueno para qué? Bueno para ti y para mí. A nuestra alma le hace inmensamente bien alejarse de la ansiedad mental y llenar las jornadas con alabanza expresada en oración; recibir cada mañana elevando cánticos de gratitud, porque nos colma de alegría. Nos saca de la angustia y reemplaza nuestra tristeza con cánticos de gozo ante «las obras de [sus] manos» (v. 4). ¿Y cuál es esa obra? ¡La que el Señor está haciendo en nosotros!
 
Esta es una de mis metáforas más preciadas: «El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa del Señor, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes» (vv. 12-14).
 
Las palmeras son símbolos de una imponente belleza y los cedros de una fortaleza inquebrantable. Estas son las características de aquellos que han sido «plantados en la casa del Señor» (v. 13). Sus raíces se extienden hasta la profundidad del amor inagotable de Dios.
 
¿Te parece que tu utilidad para el Señor ha terminado? Permanece en la Palabra de Dios, arraigado y fundamentado en Cristo, y bebiendo de su amor y fidelidad. Entonces, al margen de la edad que tengas, darás fruto, y estarás vigoroso y verde.
“La alabanza surge naturalmente cuando cuentas las bendiciones que tienes.”
Lectura del día: Salmo 92

miércoles, 22 de febrero de 2012

Reflexión miércoles, 22 de febrero de 2012

Un muchacho común y corriente
Anne Cetas

“… Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.” —Juan 10:41

Esteban era solo un muchacho común y corriente. Servía silenciosamente en una iglesia a la que yo asistía hace años. Ayudaba a preparar los elementos para la Cena del Señor, barría la nieve de las aceras de la iglesia en el invierno y cortaba el césped en el verano. Pasaba tiempo con los varones adolescentes que vivían solo son sus madres. Solía escucharlo cuando le contaba a la gente de la iglesia lo bueno que el Señor era con él. Durante la reunión de oración, no hablaba mucho de sí mismo, sino que nos pedía que oráramos por aquellos a quienes les hablaba del amor y del perdón de Jesús.
 
Un versículo de Juan 10, que habla de Juan el Bautista, me hace pensar en Esteban. La gente decía de él: «Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de [Jesús], era verdad» (v. 41). Juan no hizo milagros como Jesús. No habló de sí mismo, sino que vino «para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él» (1:7). Dijo acerca del Señor: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1:29). Mi amigo Esteban también daba testimonio de esa Luz.
 
Nuestra meta, como seguidores de Cristo, es hacer lo mismo: dar «testimonio de la luz». Somos simplemente personas comunes y corrientes que servimos a Dios en nuestro pequeño rincón del mundo. Con nuestras acciones y palabras, ¡indiquémosles a otros el camino hacia la Luz!
“Los creyentes son personas comunes consagradas a una Persona fuera de lo común: Cristo.”
Lectura del día: Juan 10:31-42

martes, 21 de febrero de 2012

Reflexión martes, 21 de febrero de 2012

¿Remolón?
Cindy Hess Karper

“Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?…” —Proverbios 6:9

Mientras estudiábamos el libro de Proverbios en mi grupo pequeño de estudio bíblico, nuestro líder sugirió que cambiáramos la descripción de una persona ociosa y usáramos el término remolón en vez de perezoso (6:6, 9). Ah, entonces sí había empezado a hablar mi idioma. De inmediato, comencé a pensar en todas las personas que considero remolonas.
 
Por ejemplo, los hombres y las mujeres que no enseñan ni disciplinan a sus hijos. O el muchacho que se niega a ayudar con las tareas de la casa. O aquellos adolescentes que descuidan los estudios y pasan todo el día jugando en sitios de Internet.
 
Si somos sinceros, todos somos susceptibles a caer en esto. ¿Qué podemos decir de ser «remolón para orar» (1 Tesalonicenses 5:17-18), o «remolón para la leer la Biblia» (Salmo 119:103; 2 Timoteo 3:16-17), o «remolón para ejercitar los dones espirituales» (Romanos 12:4-8) o «remolón para testificar» (Mateo 28:19-20; Hechos 1:8)?
 
Si no estamos haciendo lo que sabemos que Dios quiere que hagamos, somos indudablemente remolones espirituales. En realidad, cuando rehusamos obedecer a Dios, estamos pecando.
 
Presta atención a las desafiantes y convincentes palabras del libro de Santiago: «al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (4:17). No seamos remolones espirituales.
“Podemos poner excusas para no obedecer a Dios, pero Él sigue llamándolo desobediencia.”
Lectura del día: Proverbios 6:6-11

viernes, 17 de febrero de 2012

Reflexión viernes, 17 de febrero de 2012

Lado a lado
Randy K. Kilgore

“… las repetirás a tus hijos […] estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” —Deuteronomio 6:7

En el álbum de mi familia hay una foto de mi hija a los cuatro años de edad trabajando a mi lado y usando un martillo de juguete para reparar el revestimiento de la casa. Ese día, trabajamos lado a lado; ella imitaba todos mis movimientos, absolutamente convencida de que también estaba arreglando nuestro hogar. Pocas veces he disfrutado más una tarea. En la foto, es evidente que ella también está contenta.
 
Esa fotografía me recuerda que nuestros hijos imitan la mayoría de las cosas que ven en nosotros: palabras y acciones. También elaboran su imagen de Dios por lo que observan en nuestra manera de actuar como padres. Si somos severos y despiadados, es probable que también vean al Señor del mismo modo. Si somos distantes y fríos, les parecerá que Dios es igual. Uno de nuestros deberes más importantes como padres es ayudar a que nuestros hijos vean a Dios claramente; en especial, la naturaleza incondicional de su amor.
 
Puedo imaginar que el álbum de fotografías de mi relación con el Señor tiene una imagen similar. De Él, estoy aprendiendo a vivir la vida, a amar y a hacer de ese amor una parte incesante de mi ser. Después, el Señor me muestra cómo enseñarles a otros (Deuteronomio 6:1-7).
 
Que Dios nos conceda el privilegio de conocerlo a Él y la sabiduría para transmitirles ese conocimiento a otros.
“Para enseñarles bien a tus hijos, deja que Dios te enseñe a ti.”
Lectura del día: Deuteronomio 6:1-9

miércoles, 15 de febrero de 2012

Reflexión miércoles, 15 de febrero de 2012

Más, más y más
Jennifer Benson Schuldt

“… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.” —Filipenses 4:11

Ahora que mi hija está aprendiendo a hablar, ha adoptado una palabra favorita: más. Dice «más» y señala una tostada con mermelada. Extendió la mano y dijo «¡más!» cuando mi esposo le dio algunas monedas para poner en su alcancía. Una mañana incluso exclamó: «¡Más papi!», cuando su padre salió para el trabajo.
 
Tal como mi pequeñita, muchos miramos a nuestro alrededor y pedimos «más». Lamentablemente, nunca hay nada que nos baste. Necesitamos el poder de Cristo para romper el ciclo y ser capaces de decir como Pablo: «… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11).
 
La frase «he aprendido» me dice que el apóstol no enfrentaba todas las situaciones con una sonrisa. Aprender a contentarse requiere ejercitación. Su testimonio incluía altibajos que abarcaban desde la picadura de una serpiente hasta la salvación de almas, desde las acusaciones falsas hasta la fundación de iglesias. Sin embargo, declaró que Cristo era la respuesta para satisfacer el alma. Dijo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (v. 13). Jesús le había dado la musculatura espiritual necesaria para soportar momentos difíciles y evitar el peligro de la abundancia.
 
Si descubres que estás buscando «más, más y más», recuerda que el contentamiento llega cuando tienes «más» de Cristo.
“El verdadero contentamiento no depende de nada de este mundo.”
Lectura del día: Filipenses 4:10-20

martes, 14 de febrero de 2012

Reflexión martes, 14 de febrero de 2012

Beneficios de la amistad
Dennis Fisher

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.” —Eclesiastés 4:9

Cicerón fue uno de los pensadores más grandiosos del Imperio Romano. Fue un talentoso orador, abogado, político, lingüista y escritor. Aún hoy se lo cita por su clara prosa y su práctica sabiduría.
 
Por ejemplo, sobre la amistad, escribió: «La amistad promueve la felicidad y abate la tristeza al duplicar nuestro gozo y dividir nuestro dolor». Entendía cuál era el doble beneficio de tener amigos a lo largo del camino de la vida.
 
Casi mil años antes, el rey Salomón también había escrito sobre el valor de los amigos. En Eclesiastés, leemos: «Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante» (4:9-10). Sin duda, una vida sin amigos hace que nuestra peregrinación sea solitaria y difícil de soportar.
 
Aquel famoso romano y ese rey judío tenían razón: Los amigos son importantes. Sirven de confidentes, consejeros y colaboradores para sobrellevar las cargas.
 
Piensa en tus amigos. ¿Has estado descuidando a aquellos que Dios te ha provisto para compartir las alegrías y las tristezas? Si es así, trata de localizar a alguno de ellos para reunirte durante esta semana. Recuerda esto: «Mejores son dos que uno», porque un amigo puede duplicar nuestras alegrías y dividir nuestras tristezas.
“Los amigos son flores en el jardín de la vida.”
Lectura del día: Eclesiastés 4:9-12

viernes, 10 de febrero de 2012

Reflexión viernes, 10 de febrero de 2012

Defectuoso
Cindy Hess Karper

“… mi poder se perfecciona en la debilidad…” —2 Corintios 12:9

Un actor famoso comentó que le gustaba representar en las películas personajes «con defectos» porque la gente podía relacionarse mejor con los individuos imperfectos. Casi todos coincidiríamos en que es más fácil entender a la gente que no es perfecta porque sabemos que nosotros también somos así.
 
Dios incluyó en la Biblia historias de personas mentirosas, débiles, desleales y coléricas. Por ejemplo, tomemos a Jacob, que engañó a su padre para recibir una bendición (Génesis 27:1-29). Después, tenemos a Gedeón, que desconfiaba tanto del Señor que le pidió que le demostrara dos veces que cumpliría fielmente lo que le había dicho que haría (Jueces 6:39). Y, más tarde, allí está Pedro, que por miedo a que lo mataran, negó incluso conocer a su amigo y Señor (Marcos 14:66-72).
 
No obstante, cuando leemos el resto de los relatos, observamos que estas personas, con la ayuda de Dios, pudieron superar sus defectos y serle finalmente útiles. Esto ocurrió cuando dependieron del Señor y no de sí mismos.
 
Tal como aquellas personas que vivieron hace miles de años, cada uno de nosotros nace con defectos, pero, por la gracia de Dios, podemos superar esas imperfecciones al aferrarnos a su «poder [que] se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).
“Es bueno aprender de nuestras debilidades si ellas nos hacen depender de la fortaleza de Dios.”
Lectura del día: Génesis 27:6-23

miércoles, 8 de febrero de 2012

Reflexión miércoles, 8 de febrero de 2012

Porque Él es bueno
Anne Cetas

“Alabad al Señor, porque él es bueno…” —Salmo 136:1

Joel y Laura decidieron mudarse del estado de Washington y regresar a su lugar de origen en Michigan. Para llevarse un último recuerdo especial, compraron café en su cafetería favorita y se detuvieron en su librería predilecta. Allí compraron dos adhesivos para poner en el parachoques del automóvil, que tenían la frase favorita de la ciudad de la que se despedían: «Nada como un día en Edmonds».
 
Después de dos semanas y de 4.800 kilómetros de viaje, llegaron a Michigan. Con hambre y deseosos de celebrar la llegada, se detuvieron y preguntaron dónde había un restaurante. Aunque tuvieron que retroceder algunos kilómetros, encontraron una pintoresca cafetería. Ema, la camarera, emocionada al saber que venían del estado donde ella había nacido, preguntó: «¿De qué ciudad?». «De Edmonds», contestaron ellos. «¡Yo soy de ahí!», exclamó la joven. Joel quiso compartir la alegría con ella, entonces, sacó uno de los dos adhesivos que tenía y se lo dio. Asombrosamente, ¡era de la tienda de la madre de la muchacha! Había pasado de las manos de su mamá a la de ellos, y, después de 4.800 kilómetros, a las de ella.
 
¿Una mera casualidad? ¿O esas experiencias fueron buenas dádivas preparadas por un Dios bondadoso a quien le encanta alentar a sus criaturas? Proverbios nos dice: «Por el Señor son ordenados los pasos del hombre» (20:24 lbla). En respuesta a esto, bendigamos «su nombre; porque el Señor es bueno» (Salmo 100:4-5).
“Todo buen regalo viene del Padre.”
Lectura del día: Salmo 100

jueves, 2 de febrero de 2012

Reflexión jueves, 2 de febrero de 2012

El plan de Dios; no el nuestro
Dave Branon

“Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” —Salmo 91:2

Todos estaban equivocados respecto al arca del pacto (un objeto del tabernáculo que representaba el trono de Dios). Después de perder una batalla contra los filisteos, Israel envió mensajeros a Silo para pedir que el arca fuese transportada a Eben-ezer, el lugar donde acampaba el ejército.
 
Cuando llegó el arca, los israelitas celebraron con tanto fervor que, a lo lejos, en Afec, el enemigo llegó a oírlos. La llegada del arca hizo que los filisteos temieran y que los israelitas cobraran valor.
 
Ambos estaban equivocados. Los israelitas llevaron el arca a la batalla y volvieron a caer aplastados por los filisteos, los cuales la capturaron. Otro error. Los filisteos se enfermaron y sus dioses fueron destruidos.
 
Podemos entender el error de los filisteos, ya que adoraban a los ídolos, pero los israelitas tendrían que haber sido más sabios. No consultaron a Dios en cuanto a cómo usarla. Si bien sabían que, anteriormente, el arca se había llevado a las batallas (Josué 6), no consideraron que lo que hizo que Israel derrotara a Jericó no fue la participación del arca, sino el plan de Dios.
 
Independientemente de los recursos que tengamos, fracasaremos a menos que los usemos según el plan divino. Estudiemos la Palabra de Dios, oremos pidiendo su dirección y confiemos en su guía (Salmo 91:2) antes de lanzarnos a cualquier aventura de fe.
“Nosotros vemos en parte; Dios ve la totalidad.”
Lectura del día: 1 Samuel 4:1-11

miércoles, 1 de febrero de 2012

Reflexión miércoles, 1 de febrero de 2012

El espíritu de Navidad
David C. McCasland

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra…” —Lucas 1:35

Las obras generosas y voluntariosas que proliferan en diciembre suelen desaparecer rápidamente, por lo cual, muchos dicen: «Ojalá que el espíritu navideño durara todo el año». ¿Por qué parece ser que la bondad y la compasión estuvieran ligadas al calendario? ¿Hay alguna fuente inagotable de compasión que sea más profunda que los cálidos sentimientos festivos que duran solo esta temporada?
 
En los dos primeros capítulos de Lucas, es asombroso que se mencione siete veces al Espíritu Santo. Su obra se cita en la vida de Juan el Bautista, que aún no había nacido (1:15), y en la de María (1:35), Elisabet (1:41), Zacarías (1:67) y Simeón (2:25-27). Allí, en lo que solemos llamar «la historia de la Navidad», no se habla de personas a quienes se les acababa de ocurrir algo o que se sintieron extrañamente inducidas, sino que se identifica al Espíritu Santo como Aquel que guió a Simeón, llenó a Zacarías y a Elisabet, y engendró al bebé en el vientre de María.
 
Al igual que ellos, ¿reconocemos nosotros la voz del Espíritu entre todas las demás? ¿Estamos atentos a sus impulsos y ansiosos de obedecer? ¿Permitiremos que su calidez y amor llenen nuestro corazón y fluyan a través de nuestras manos?Hoy, la presencia y el poder de Cristo permanecen con nosotros por medio del Espíritu Santo, el cual es el verdadero y eterno Espíritu de la Navidad… durante todo el año.
“Jesús se fue para que el Espíritu pudiera venir a quedarse.”
Lectura del día: Lucas 1:31-41