jueves, 30 de junio de 2011

Reflexión jueves, 30 de junio de 2011

Objetos perdidos
Julie Ackerman Link

“… Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.” —Lucas 15:6

Hasta el día en que fui hallada, no sabía que estaba perdida. Hacía las tareas, como de costumbre. Pasaba de una actividad a otra, me distraía con una cosa y con otra. Pero, entonces, recibí un correo electrónico con el título: «Creo que eres mi prima». Cuando leí el mensaje de mi parienta, me enteré de que ella y otra prima habían estado buscando mi rama de la familia durante casi diez años. Esta otra prima le había prometido a su padre, poco antes de que este muriera, que buscaría a sus familiares.
 
Yo no había hecho nada para estar perdida ni tampoco tuve que hacer nada para que me encontraran, excepto reconocer que yo era la persona que habían estado buscando. Saber que ellos habían dedicado tanto tiempo y energía para encontrar a nuestra familia me hizo sentir especial.
 
Esto me llevó a pensar en las parábolas de los «objetos perdidos», en Lucas 15: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido. Siempre que nos alejamos de Dios, ya sea intencionalmente, como el hijo pródigo, o involuntariamente, como la oveja, Él nos busca. Aunque tal vez no nos «sintamos» perdidos: si no tenemos comunión con Dios, lo estamos. Para ser hallados, debemos darnos cuenta de que el Señor está buscándonos (Lucas 19:10) y reconocer que estamos separados de Él. Si regresamos con humildad, podemos volver a reunirnos con Dios y ser restaurados a la comunión familiar.

“Para ser hallado, debes reconocer que estás perdido.”

Lectura del día: Lucas 15:1-10

miércoles, 29 de junio de 2011

Reflexión miércoles, 29 de junio de 2011

Dios es la única esperanza
Cindy Hess Kasper

“Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” —Romanos 8:25

En su libro El puente sobre el Río Kwai, Ernest Gordon escribió sobre sus años como prisionero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Este hombre, de alrededor de 1,90 metros de altura padeció malaria, difteria, fiebre tifoidea, beriberi, disentería y úlceras tropicales. Además, el trabajo forzado y la escasez de comida lo hicieron adelgazar rápidamente, hasta llegar a pesar menos de 45 kilos.
 
La mugre del hospital de la prisión impulsó al desesperado Ernest a pedir que lo trasladaran a un lugar más limpio… la morgue. Acostado en la suciedad de la casa de la muerte, esperaba morir. Sin embargo, todos los días, un compañero de prisión le lavaba las heridas y le insistía para que comiera parte de sus raciones. Mientras el tranquilo y sencillo Dusty Miller atendía a Ernest hasta que este recuperó la salud, le hablaba al agnóstico escocés sobre su fe en Dios y le mostró que, aun en medio del sufrimiento, hay esperanza.
 
La esperanza de la que leemos en las Escrituras no es un optimismo vacío y endeble, sino una expectativa firme y segura de que Dios hará lo que prometió. La tribulación suele ser el catalizador que produce constancia, temple y, finalmente, esperanza (Romanos 5:3-4).
 
Hace más de 70 años, en un brutal campo de prisioneros de guerra, Ernest Gordon aprendió, por experiencia, esta verdad, y dijo: «La fe aumenta cuando la única esperanza que queda es Dios» (ver Romanos 8:24-25).

“Cristo, la Roca, es nuestra segura esperanza.”

Lectura del día: Romanos 5:1-5

martes, 28 de junio de 2011

Reflexión martes, 28 de junio de 2011

Mirar hacia delante
Bill Crowder

“Moisés, […], rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado…” —Hebreos 11:24-25

Durante la Guerra Fría (1947–1991), una época de tensión entre las superpotencias del mundo, Albert Einstein dijo: «No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será con palos y piedras». Fue un momento de perspicacia que se centró en las consecuencias de decidir llevar a cabo una guerra nuclear. Sin considerar los motivos de tal decisión, los resultados serían devastadores.
 
Lamentablemente, no siempre vemos el futuro con tanta claridad. A veces, las implicaciones de nuestras decisiones son difíciles de anticipar. Y en ocasiones, solo pensamos en el aquí y ahora.
 
Según Hebreos 11:24-26, Moisés miró hacia el futuro y tomó una decisión basada en las posibles consecuencias: «Por la fe Moisés, hecho ya grande, […, escogió] antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón».
 
La decisión de Moisés no fue fácil, pero demostró ser acertada porque él sabía que las dificultades que enfrentaría al vivir una vida piadosa serían más soportables debido a la recompensa que recibiría después. Cuando miramos hacia adelante, ¿estamos dispuestos a soportar «el vituperio de Cristo» —los momentos difíciles que surgen al vincularnos con Jesús— a cambio de la recompensa prometida por haber agradado a Dios?

“Si dependemos de Cristo en cada situación, podemos soportar todo.”

Lectura del día: Hebreos 11:23-31

lunes, 27 de junio de 2011

Reflexión lunes, 27 de junio de 2011

¿Cómo qué se te conoce?
Dennis Fisher

“… Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia…” —Filipenses 2:25

En el Imperio Romano, los paganos solían invocar el nombre de una deidad cuando apostaban en un juego de azar. Una de las deidades favoritas de los apostadores era Afrodita, el nombre griego de Venus, la diosa del amor. Mientras el dado rodaba, decían: «¡Epafrodito!», que literalmente significa «por Afrodita».
 
En el libro de Filipenses, leemos sobre un griego convertido a la fe cristiana que se llamaba Epafrodito. Fue un compañero íntimo de Pablo, que le resultó muy útil en su trabajo misionero. Sobre su amigo, el apóstol escribió: «… Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia…» (Filipenses 2:25).
 
Epafrodito era un espiritual hermano en Cristo, un obrero fiel con quien compartía los esfuerzos del ministerio, un valiente soldado de la fe y el portador de la carta inspirada a la iglesia de Filipos. Era un ejemplo de hermandad, de ética laboral, de constancia espiritual y de servicio. Sin duda, era buen merecedor de su reputación, la cual demostraba que no vivía por una deidad pagana, sino por la fe en Jesucristo.
 
Más importantes que nuestro nombre son las cualidades cristianas que se ven en nuestra vida: fiabilidad, interés por los demás, valor y sabiduría. ¿Qué palabras usaría la gente para describirte?

“Si cuidamos nuestro carácter, ¡nuestra reputación se cuidará sola!”

Lectura del día: Filipenses 2:25-30

viernes, 17 de junio de 2011

Reflexión viernes, 17 de junio de 2011

Riqueza verdadera
Joe Stowell

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo…” —1 Timoteo 6:17

El dinero tiene un poder descomunal. Trabajamos para conseguirlo, lo ahorramos, lo gastamos, lo usamos para satisfacer nuestros deseos terrenales y, después, queremos tener más. Consciente del peligro que representa como causa de distracción, Jesús enseñó más sobre él que sobre cualquier otro asunto. Y, hasta donde sabemos, el Señor jamás aceptó una ofrenda para sí. Sin duda, no enseñó sobre el dar para llenar sus bolsillos, sino que advirtió que confiar en las riquezas y usarlas para conseguir poder bloquea nuestras arterias espirituales con más rapidez que la mayoría de los demás impedimentos para el crecimiento cristiano. Al narrar la historia del «rico insensato», avergonzó a Sus oyentes porque ellos no eran ricos para Dios (Lucas 12:13-21), lo que indica que la definición divina de la riqueza es sumamente diferente a la de casi todos nosotros.
 
Entonces, ¿qué significa ser rico para Dios? Pablo nos dice que los ricos no deberían presumir de sus posesiones «ni [poner] la esperanza en las riquezas» (1 Timoteo 6:17). En cambio, tenemos que ser «ricos en buenas obras, dadivosos, generosos» (v. 18).
 
¡Qué interesante! Dios mide la riqueza por la cualidad de nuestra vida y por las dádivas generosas para bendición de los demás. No es exactamente lo que se comentaría en Wall Street, pero es un gran consejo para los que, erróneamente, creemos que nuestra seguridad y reputación dependen del saldo en nuestra cuenta bancaria.

“Las riquezas son una bendición solo para quienes las usan para bendecir a los demás.”

Lectura del día: 1 Timoteo 6:6-19

jueves, 16 de junio de 2011

Reflexión jueves, 16 de junio de 2011

Rescatado
David C. McCasland

“[Dios] nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” —Colosenses 1:13

En enero de 2010, como consecuencia del devastador terremoto en Haití, las escenas de destrucción y de muerte solían interrumpirse cuando sacaban a una persona viva de entre los escombros, aun después que había desaparecido toda esperanza. El alivio y las lágrimas de alegría eran seguidos por una profunda gratitud hacia aquellos que habían trabajado contrarreloj, a menudo arriesgando sus propias vidas para darle a otra persona una oportunidad de seguir viviendo.
 
¿Cómo te sentirías si te sucediera a ti? ¿Alguna vez te rescataron?
 
En Colosenses 1, Pablo les escribió a personas que habían conocido a Jesucristo como Salvador y cuyas vidas daban pruebas de su fe. Después de asegurarles que iba a orar por ellos para que conocieran la voluntad de Dios y agradaran al Señor, el apóstol usó una poderosa imagen para describir lo que Él había hecho por todos ellos: «el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (vv. 13-14).
 
¡En Cristo, hemos sido rescatados! Él nos ha trasladado del peligro a la seguridad; de un poder y un destino a otro; de la muerte a la vida.
 
Vale la pena meditar en todo lo que significa para nosotros ser rescatados y darle gracias a Dios por Su gracia y poder.

“Los que han sido rescatados del pecado están mejor capacitados para ayudar a rescatar a otros.”

Lectura del día: Colosenses 1:3-18

miércoles, 15 de junio de 2011

Reflexión miércoles, 15 de junio de 2011

¿Tengo qué leer Levítico?
Randy K. Kilgore

“… mi palabra […]; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero…” —Isaías 55:11

«¿Realmente, tengo que leer Levítico?», preguntó en serio un joven ejecutivo mientras hablábamos de la importancia de dedicar tiempo a la lectura de la Biblia. «El Antiguo Testamento parece tan aburrido y difícil», agregó.
 
Muchos creyentes piensan lo mismo. Por supuesto que la respuesta es que el Antiguo Testamento, incluso Levítico, ofrece un antecedente y también contrastes esenciales para entender el Nuevo Testamento. Mientras Isaías nos desafía a buscar a Dios (55:6), también nos promete que la Palabra de Dios lleva a cabo lo que el Señor desea que haga (v. 11). La Escritura es viva y poderosa (Hebreos 4:12), y útil para enseñarnos, para corregirnos y para instruirnos (2 Timoteo 3:16). La Palabra de Dios nunca vuelve vacía (Isaías 55:8-11), sino que, a veces, recién nos viene a la mente más tarde, justo cuando la necesitamos.
 
El Espíritu Santo utiliza las verdades que hemos almacenado mediante la lectura o la memorización y nos ayuda a aplicarlas en el momento preciso. Por ejemplo, Levítico 19:10-11 habla de la competencia comercial y también del cuidado de los pobres. Si hemos dedicado tiempo a la lectura de ese pasaje y a reflexionar en él, el Espíritu puede recordarnos estos conceptos y nosotros podemos aplicarlos.
 
La lectura de la Biblia convierte nuestra mente en un almacén a través del cual puede actuar el Espíritu. Esta es una gran razón para leer Levítico y los otros 65 libros también.

“Para entender la Palabra de Dios, apóyate en Su Espíritu.”

Lectura del día: Isaías 55:6-13

martes, 14 de junio de 2011

Reflexión martes, 14 de junio de 2011

Bajo el control divino
Philip Yancey

“Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.” —1 Juan 5:3

Todo padre sabe cuál es la diferencia entre las normas diseñadas primordialmente para beneficio de los padres y las dirigidas para favorecer a los hijos. Las reglas de Dios corresponden a esta última categoría. Como Creador de la raza humana, Él sabe cómo funcionará mejor la sociedad en este mundo.
 
Empecé a observar los Diez Mandamientos considerándolos como reglas diseñadas esencialmente para nuestro beneficio. Jesús enfatizó este principio, cuando dijo: «El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo» (Marcos 2:27).
 
La Biblia es un libro sumamente realista. Supone que los seres humanos serán tentados a desear lo que tiene el prójimo, a codiciar los bienes de otra persona, a trabajar demasiado, a explotar de ira contra aquellos que los perjudican. Presume que la humanidad desordenará todo lo que toque. Cada uno de los Diez Mandamientos ofrece un escudo de protección contra ese desorden. Tenemos la libertad de decir que no a nuestras inclinaciones pecaminosas. Al hacerlo, evitamos ciertos daños.
 
En su conjunto, los Diez Mandamientos se entretejen en la vida en este planeta para convertirla en una trama perfecta, significativa y estructurada, cuyo beneficio es permitirnos vivir como una comunidad pacífica y saludable bajo el control de Dios.

“¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado.” —Salmo 119:5-6

Lectura del día: Marcos 2:23-28

lunes, 13 de junio de 2011

Reflexión lunes, 13 de junio de 2011

Tubería espiritual
Dennis Fisher

“… en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé…” —Salmo 57:1

El Oleoducto Trans-Alaska recorre 1.280 km a través de ese estado. Como se construyó en una zona de terremotos, los ingenieros tuvieron que asegurarse de que el conducto soportara los temblores de tierra. Entonces, se decidieron por una red de membranas deslizantes de teflón para disminuir el impacto cuando el terreno se mueve debajo de las cañerías. Quedaron encantados cuando llegó la primera gran prueba. En 2002, un terremoto hizo que el suelo se desplazara unos 5.5 m hacia un costado. Las membranas se movieron delicadamente para acomodarse al movimiento, sin dañar el conducto. La clave fue la flexibilidad.
 
El conducto espiritual del creyente hacia el cielo se construye sobre una firme confianza en Dios. Pero, si somos inflexibles en cuanto a cómo esperamos que Él actúe, podemos incurrir en problemas. En una crisis, cometeríamos el error de dejar de mirar al Señor para centrarnos en nuestras circunstancias angustiosas. Deberíamos orar así: «Dios, no entiendo por qué has permitido que ocurra esto, pero confío en que, al final, me darás la salida, a pesar de todo lo que pasa a mi alrededor». El salmista lo expresó maravillosamente: «… en ti ha confiado mi alma, […] hasta que pasen los quebrantos» (Salmo 57:1).
 
Cuando la tierra parece moverse debajo de nosotros, seamos flexibles en las expectativas, pero confiemos firmemente en el amor y cuidado inconmovibles de Dios.

“Dios puede posponer la respuesta o negar nuestro pedido, pero nunca defraudará nuestra confianza.”

Lectura del día: Salmo 57

domingo, 12 de junio de 2011

Reflexión domingo, 12 de junio de 2011

La gran recepción
Dave Branon

“Entonces Pedro, […], alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, […] oíd mis palabras.” —Hechos 2:14

Nos gusta leer sobre reapariciones; sobre personas o empresas que están al borde del desastre y que dan vuelta la situación. La compañía Ford Motor es un ejemplo de esto. En la década de 1940, la empresa casi desaparece porque los líderes se negaban a modernizarla. En realidad, el gobierno estuvo a punto de tomar la compañía por temor a que su desaparición comprometiera los esfuerzos norteamericanos en la guerra. Pero, cuando Henry Ford II fue dado de baja del ejército para liderar la empresa, la situación cambió, y esta se convirtió en una de las corporaciones más grandes del mundo.
 
A veces, nosotros necesitamos una reaparición: para corregir decisiones equivocadas o para compensarlas. En tales ocasiones, Pedro nos da un buen ejemplo. Toda su vida se caracterizó por fracasos. Primero, casi se ahoga cuando le faltó fe (Mateo 14:30). Después, dijo cosas tan erradas que Jesús lo llamó «Satanás» (16:22-23). Y cuando el Señor más lo necesitó, negó incluso conocerlo (26:74).
 
Pero ahí no termina la historia. En el poder del Espíritu, Pedro hizo su reaparición. El día de Pentecostés, predicó y 3.000 personas pusieron su fe en Cristo (Hechos 2:14, 41). El apóstol volvió a ser eficaz porque su fe se renovó, tuvo cuidado de lo que decía y adoptó una posición firme en defensa de Jesús.
 
¿Estás luchando? Si Pedro pudo volver, tú también.

“Para volverte íntegro, sométete al Espíritu Santo.”

Lectura del día: Hechos 2:14-21, 37-41

sábado, 11 de junio de 2011

Reflexión sábado, 11 de junio de 2011

Boda real
Julie Ackerman Link

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.” —Apocalipsis 19:7

Los casamientos siempre han sido una ocasión para las extravagancias. Las bodas modernas se han convertido en una oportunidad para que las muchachas vivan la fantasía de ser «princesa por un día». Un vestido elegante, un peinado elaborado, invitados con ropa de fiesta, ramos de flores, abundancia de comida y grandes festejos con amigos y familiares contribuyen a la atmósfera de un cuento de hadas. Muchos padres empiezan a ahorrar mucho antes para poder afrontar el elevado costo de convertir en realidad el sueño de su hija. Una boda real aumenta las extravagancias hasta un nivel que nosotros, «la gente común», raras veces vemos. No obstante, en 1981, muchos pudimos echar un vistazo a uno de ellos cuando el casamiento del príncipe Carlos y la princesa Diana se transmitió por televisión desde Inglaterra a todo el mundo.
 
Otra boda real está en etapa de preparación y será más elaborada que cualquier otra. Sin embargo, en esta, la persona más importante será el esposo, Cristo mismo; y nosotros, la Iglesia, seremos Su esposa. La revelación de Juan dice que ella se preparará (19:7) y que nuestro vestido de bodas serán nuestras acciones justas (v. 8).
 
Aunque los matrimonios terrenales duran solo una vida, las novias se esfuerzan para que su vestido sea perfecto. ¡Cuánto más, como la esposa de Cristo, deberíamos prepararnos para un matrimonio que se extenderá por la eternidad!

“Las buenas obras no nos convierten en creyentes, pero un creyente hace buenas obras.”

Lectura del día: Apocalipsis 19:1-10

viernes, 10 de junio de 2011

Reflexión viernes, 10 de junio de 2011

Tarjeta profesional
C. P. Hia

“Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo…” —1 Timoteo 1:1

En algunas culturas, el título debajo del nombre en tu tarjeta profesional es muy importante. Identifica tu rango. La forma de tratarte depende de lo que seas en comparación con los que te rodean.
 
Si Pablo hubiese tenido una tarjeta profesional, lo habría identificado como «apóstol» (1 Timoteo 1:1), que significa «enviado». Él no usaba ese título motivado por el orgullo, sino por el asombro. No se ganó esa posición; fue «por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo». En otras palabras, no era una designación humana, sino divina.
 
Anteriormente, Pablo había sido «blasfemo, perseguidor e injuriador» (v. 13). Dijo considerarse el «primero» de los pecadores (v. 15). No obstante, por la misericordia de Dios, había llegado a ser apóstol, alguien a quien «el Rey de los siglos» (v. 17) le había encomendado el glorioso evangelio y lo había enviado a predicar las buenas nuevas.
 
Lo más asombroso es que, como en el caso del apóstol Pablo, todos nosotros somos enviados al mundo por el Rey de reyes (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8). Reconozcamos con humildad que tampoco merecemos semejante comisión. Para nosotros, es un privilegio representar al Señor y Su verdad eterna en palabras y en acciones cada día y ante todos los que nos rodean.

“Dios te dio un mensaje para compartir. ¡No te lo guardes!”

Lectura del día: 1 Timoteo 1:1, 12-17

jueves, 9 de junio de 2011

Reflexión jueves, 9 de junio de 2011

Pensamientos robados
Mart De Haan

“¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” —Salmo 13:1

Cuando mi esposa y yo viajábamos por otro estado, alguien robó en el automóvil mientras estábamos almorzando. Con una sola mirada al vidrio roto, nos dimos cuenta de que habíamos olvidado esconder nuestro GPS (sistema de posicionamiento global).
 
Al revisar rápidamente el asiento trasero, llegué a la conclusión de que el ladrón también se había llevado mi computadora portátil, el pasaporte y la chequera.
 
Después, llegó la sorpresa. Esa misma noche, después de llamadas telefónicas y horas de creciente preocupación, sucedió lo inesperado. Cuando abrí la maleta, metido entre mi ropa estaba lo que pensé que había perdido. ¡No podía creer lo que veía! Recién entonces recordé que nunca había puesto esas cosas en el asiento trasero. Las había guardado en la maleta, la cual estaba guardada en el baúl del auto.
 
A veces, en la emoción del momento, nuestra mente nos juega una mala pasada. Pensamos que la pérdida es mayor de lo que es en realidad. Tal vez nos sentimos como David, el compositor de canciones, el cual, en su confusión, pensaba que Dios se había olvidado de él.
 
Más tarde, cuando recordó lo que sabía en lugar de lo que temía, su sensación de pérdida se tornó en un cántico de alabanza (Salmo 13:5-6). Su gozo renovado anticipaba lo que ahora nosotros debemos recordar: Nada puede robarnos lo más importante si nuestra vida está «escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:3).

“Basa tu seguridad en el amor de Dios en tu corazón, no en el temor de tu mente.”

Lectura del día: Salmo 13; Colosenses 3:1-4

miércoles, 8 de junio de 2011

Reflexión miércoles, 8 de junio de 2011

Bueno para nada
Joe Stowell

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” —Apocalipsis 2:4

Mi esposa Martie es una excelente cocinera. Sentarse a disfrutar de sus delicias culinarias, después de un día de intensa actividad, es un verdadero regalo. A veces, cuando terminamos de cenar, ella hace algunas tareas y me deja solo; entonces, debo decidir si tomo el control remoto o limpio la cocina. Cuando quiero portarme bien, me arremango, pongo los platos en el lavavajillas y rasco las ollas y las sartenes… todo por el gozo de oír la reacción de gratitud de Martie que, por lo general, dice algo así: «¡Vaya, Joe! ¡No tenías por qué ponerte a limpiar la cocina!». Lo que me da la oportunidad de decir: «¡Quería demostrarte cuánto te amo!».
 
Cuando Jesús reprendió a la iglesia de Éfeso por haber abandonado su «primer amor» (Apocalipsis 2:4), fue porque estaban haciendo un montón de cosas buenas, pero sin amor a Él. Aunque fueron elogiados por su perseverancia y su paciencia, desde el punto de vista de Cristo, estaban siendo «buenos» para nada.
 
La buena conducta debería ser siempre un acto de adoración. Resistir la tentación, perdonar, servir y amarse unos a otros son oportunidades tangibles de expresar nuestro amor a Jesús, no para que coloquen una estrella al lado de nuestro nombre ni para que nos den palmadas en la espalda.
 
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo «bueno» motivado por tu amor a Jesús?

“¡El amor en acción es amor de verdad!”

Lectura del día: Apocalipsis 2:1-7

martes, 7 de junio de 2011

Reflexión martes, 7 de junio de 2011

Dios es Dios
Albert Lee

“Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, […], a fin de obtener mejor resurrección.” —Hebreos 11:35

Cuando una autoridad romana le pidió a Policarpo (69–155 d.C.), obispo de la iglesia de Esmirna, que maldijera a Cristo si quería que lo liberaran, él dijo: «Lo he servido 86 años y Él nunca me falló. ¿Cómo puedo yo blasfemar a mi Rey que me salvó?». El oficial romano lo amenazó: «Si no cambias tu manera de pensar, te haré consumir por el fuego». Policarpo permaneció impertérrito. Como no maldijo a Cristo, lo quemaron en la hoguera.
 
Siglos antes, cuando tres jóvenes llamados Sadrac, Mesac y Abed-nego enfrentaron una amenaza similar, respondieron: «… rey Nabucodonosor […]: nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses» (Daniel 3:16-18). Una experiencia similar, pero con dos resultados distintos. Policarpo fue quemado vivo, pero Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron del horno sin ninguna marca.
 
Dos resultados diferentes, pero el mismo despliegue de fe. Estos hombres nos mostraron que la fe en Dios no es simplemente confiar en lo que Él puede hacer, sino en que Dios es Dios, ya sea que nos libere o no. Él tiene la última palabra, y está en nosotros decidir seguirlo en cualquier circunstancia.

“La vida es dura, pero Dios es bueno… siempre.”

Lectura del día: Daniel 3

lunes, 6 de junio de 2011

Reflexión lunes, 6 de junio de 2011

Tiburón toro
Bill Crowder

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido…” —1 Pedro 4:12

Hace poco, después de una discusión durante un almuerzo, decidí investigar sobre el comentario de que, una vez, un tiburón toro había atacado a alguien en el Lago Michigan. Parecía algo tan imposible que todos nos burlamos de la idea de que hubiera tiburones en un lago de agua fría en una zona tan interior del país. Encontré un sitio web que afirmaba que se había producido un ataque de un tiburón toro en ese lugar en 1955, pero que nunca lo habían comprobado. ¿Un ataque de un tiburón en el Lago Michigan? Si la historia fuera cierta, sería, sin duda, un hecho extraño.
 
¿No sería grandioso que las dificultades en la vida fueran como los ataques de tiburones toro en el Lago Michigan: extraños o incluso falsos? Pero no es así. Los problemas y los conflictos son habituales. Lo que sucede es que, cuando ocurren, preferiríamos que no fuera así.
 
Quizá por esta razón el apóstol Pedro, al escribirles a los seguidores de Cristo del siglo i, que atravesaban momentos difíciles, les dijo: «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese» (1 Pedro 4:12). Estas pruebas no son anormales; entonces, una vez que se nos pase la sorpresa, podemos acudir al Padre, que obra profundamente en nuestro corazón y en nuestra vida. Su amor nunca falla. Y en nuestro mundo repleto de pruebas, necesitamos desesperadamente esta clase de amor.

“Con los destellos de Su amor, Dios pinta en nuestras nubes el arco iris de Su gracia.”

Lectura del día: 1 Pedro 4:12-19

sábado, 4 de junio de 2011

Reflexión sábado, 4 de junio de 2011

Impacto por Cristo
Dave Branon

"Sé ejemplo […] en palabra, conducta, amor, […], fe y pureza." —1 Timoteo 4:12

Durante años, he tenido el privilegio de acompañar a jóvenes en ocho viajes misioneros. Algo que aprendí en esas excursiones es que las personas de esa edad son lo suficientemente adultas como para producir un impacto por el nombre de Jesús; ya sea en mí o en la vida de otras personas con las que interactúan.
 
También he observado que los que más impacto producen por Cristo son aquellos que cumplen con los requisitos que Pablo le mencionó a Timoteo en 1 Timoteo 4:12. Para tratar de convencerlo de que su juventud no iba en detrimento de su ministerio, Pablo le dijo a su hijo espiritual: «sé ejemplo de los creyentes» en diversas áreas.
 
En palabra: Los jóvenes que marcan una diferencia para Cristo controlan lo que hablan, evitan las charlas negativas y dicen palabras que honran a Dios. En conducta: Los que tienen una conducta discreta brillan en el mundo a la vista de todos. En amor: Al prestar atención a las palabras de Jesús sobre amar a Dios y al prójimo (Mateo 22:37-39), agradan al Señor y conmueven los corazones. En fe: Los que ponen en práctica su fe transforman vidas. En pureza: Es difícil ser moralmente puro y doctrinalmente sano, pero los jóvenes que lo consiguen pueden establecer el parámetro para todos los demás.
 
Las palabras de Pablo no son solo para la generación joven; todos deberíamos ser un ejemplo en palabra, conducta, amor, fe y pureza. Así producimos un impacto por Cristo.

"El comentario más valioso de la Biblia es una vida piadosa."

Lectura del día: 1 Timoteo 4:10-16

viernes, 3 de junio de 2011

Reflexión viernes, 3 de junio de 2011

Dos cuentos, una ciudad
Dennis Fisher

“Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.” —Nahum 1:7

El libro de Jonás tiene los ingredientes necesarios para el guión de una gran película: un profeta que huye, una terrible tormenta en el mar, un gran pez que se traga al vocero divino, Dios que le perdona la vida y una ciudad pagana que se arrepiente.
 
Pero la continuación de Jonás —el libro de Nahum— tal vez no sea tan popular. Este profeta sirvió en Nínive como lo había hecho su antecesor, pero unos 100 años después. En esa ocasión, los ninivitas no tuvieron ningún interés en arrepentirse. Por tanto, Nahum condenó a la ciudad y pronunció juicio sobre el pueblo.
 
El profeta le predicó a la Nínive no arrepentida, diciendo: «Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable» (Nahum 1:3). No obstante, también pronunció un mensaje de misericordia. Para consolar al pueblo de Judá, declaró: «Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían» (v. 7).
 
En las historias de Jonás y de Nahum, vemos que cada generación nueva necesita responder a Dios en forma individual. La vida espiritual de una persona no puede entregársele a otra; cada uno debe decidir en su propio corazón si va a servir al Señor. El mensaje de Dios es tan actual hoy como lo fue hace cientos de años: Juicio para los que no se arrepienten y misericordia para los arrepentidos. ¿Cómo vas a responder?

“El juicio de Dios es seguro, pero también lo es Su misericordia.”

Lectura del día: Nahum 1

jueves, 2 de junio de 2011

Reflexión jueves, 2 de junio de 2011

¡El Hijo amanece!
David H. Roper

“… nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.” —Malaquías 4:2

Según una leyenda, el nombre del estado donde nací, «Idaho», viene de una palabra de los indios shoshone: «i-da-jou»; que traducida significa algo parecido a: «¡Miren! El sol se levanta sobre la montaña». Suelo pensar en esto cuando el gran astro aparece sobre las cumbres en el oriente y derrama su luz y su vida sobre el valle donde vivimos.
 
También pienso en la promesa de Malaquías: «… nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación» (Malaquías 4:2). Esta es la irrevocable promesa de Dios de que nuestro Señor Jesús volverá y de que toda la creación «será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Romanos 8:21).
 
Cada nuevo amanecer es un recordatorio de la mañana eterna cuando el «Sol brillante del cielo» saldrá trayendo salvación en Sus alas. Entonces, todo lo que ha sido hecho se volverá a realizar de manera irrevocablemente perfecta. No habrá espaldas ni cinturas doloridas, dificultades financieras, pérdidas ni vejez. Una versión de la Biblia dice que, cuando Jesús vuelva, saldremos «saltando como becerros recién alimentados» (Malaquías 4:2 NVI). Este es mi mayor anhelo y esperanza.
 
Jesús dijo: «Ciertamente vengo en breve» (Apocalipsis 22:20). ¡Sí, ven, Señor Jesús!

“Tienes motivos para estar contento si esperas el regreso de Cristo.”

Lectura del día: Malaquías 4:1-6

miércoles, 1 de junio de 2011

Reflexión miércoles, 1 de junio de 2011

Pecado escondido
Cindy Hess Kasper

“Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos.” —Salmo 69:5

Carlos había frenado en una esquina, cuando un automóvil que venía detrás lo embistió y lo empujó contra el coche que estaba adelante. Un crujido escalofriante indicaba que otros vehículos habían colisionado detrás de él.
 
Mientras se quedó sentado en silencio por unos instantes, observó que el auto que estaba justo detrás de él arrancaba y se mezclaba en el tránsito que pasaba. Con la evidente esperanza de evitar encontrarse con la policía, el conductor que huía no se dio cuenta de que se le había caído algo. Cuando llegó la policía, un oficial levantó del suelo la matrícula del vehículo que había escapado, y le dijo a Carlos: «Alguien lo va a estar esperando cuando llegue a su casa. No se va a escapar de lo que hizo».
 
Las Escrituras nos dicen: «… sabed que vuestro pecado os alcanzará» (Números 32:23), como lo descubrió este hombre que había huido. A veces podemos esconder nuestro pecado de la gente que nos rodea, pero nunca nada «escapa a la vista de Dios» (Hebreos 4:13 NVI). Él ve cada uno de nuestros errores, pensamientos y motivaciones (1 Samuel 16:7; Lucas 12:2-3).
 
A los creyentes se les promete algo maravilloso: «Si confesamos nuestros pecados, él [Dios] es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9). Así que, no permitas que los pecados que no has confesado, o que están «escondidos», se interpongan entre tú y Dios.

“El pecado podría esconderse de los demás, pero nunca de Dios.”

Lectura del día: 1 Juan 1:5-10