sábado, 30 de abril de 2011

Reflexión sábado, 30 de abril de de 2011

¿Gracia abusadora?
Philip Yancey

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal…” —Romanos 6:12

En Romanos 5:20, Pablo dijo: «cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia». Pero este concepto radical abre una compuerta teológica. Judas, el escritor bíblico, advierte que es posible convertir «en libertinaje la gracia de nuestro Dios» (Judas 4). ¿Para qué ser bueno si sabes que serás perdonado? Ni siquiera cuando se enfatiza el tema del arrepentimiento se elimina por completo este peligro.
 
En Romanos 6, Pablo habló directamente del tema: «¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera…» (vv. 1-2), y empleó una analogía que hace un contraste descarnado entre la muerte y la vida. «… porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (v. 2). Ningún creyente que ha resucitado a una nueva vida debería añorar el pecado.
 
Sin embargo, la maldad no siempre parece contener el hedor del pecado, ya que este puede ser intensamente atractivo.
 
Pablo lo reconocía; por eso, aconsejó: «… consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro» y «no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal…» (vv. 11-12).
 
Si realmente hemos captado la maravilla del amor de Dios hacia nosotros, ocuparemos nuestros días tratando de comprender Su gracia y de testificarles de ella a otros, no de explotarla.

“Dios no nos salva por gracia para que vivamos en la desgracia.”

Lectura del día: Romanos 6:1-14

viernes, 29 de abril de 2011

Reflexión viernes, 29 de abril de 2011

Poder estelar
Dave Brannon

“¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?” —Job 38:33

Para todos nosotros que, como Job, hemos padecido tragedias y, después, nos atrevimos a cuestionar a Dios, el capítulo 38 de Job debería darnos mucho en qué pensar. Imagina cómo se habrá sentido el gran hombre de Oriente cuando «desde un torbellino» oyó que Dios decía: «¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás» (vv. 1-3). ¡Glup!
 
Es probable que Job se haya sentido tan endeble como una hormiga. Mientras Dios revelaba Sus preguntas en los versículos siguientes, lo que dijo fue tan inesperado como poderoso. En realidad, no contestó los «porqués» de Job, sino que parecía estar diciéndole que viera el poder y la fortaleza con que Él había creado este mundo y que observara Su capacidad para controlar todos los elementos que lo constituían. ¿No es esta una razón suficiente para confiar en Dios?, tal vez se preguntó Job.
 
Como una muestra de Su poder asombroso, Dios señaló el cielo y le dijo a Job que mirara dos de Sus creaciones dignas de admiración: las Pléyades y Orión (v. 31). Enfatizando Su grandeza y la relativa insignificancia del hombre, Dios mencionó dos constelaciones que demuestran un poder que va más allá de nuestra comprensión.
 
Este Ser es Alguien en quien podemos confiar. Si Él tiene las estrellas en Sus manos, con toda seguridad puede ocuparse adecuadamente de nosotros.

“El que mantiene las estrellas en el espacio sostiene a las personas en Sus manos.”

Lectura del día: Job 38:1-11, 31-33

jueves, 28 de abril de 2011

Reflexión jueves, 28 de abril de 2011

Aborrecedores de Dios
Dennis Fisher

“… Dios los entregó a una mente reprobada…” —Romanos 1:28

Hace poco, escuché el audio de un libro de un militante defensor del ateísmo. Mientras el propio autor leía su obra con un sarcasmo y un desprecio maliciosos, esa actitud hizo que me preguntara por qué estaba tan enojado.
 
La Biblia nos dice que rechazar a Dios puede, en verdad, llevar a una actitud de más odio hacia Él: «Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para [convertirse en…] aborrecedores de Dios…» (Romanos 1:28-30).
 
Darle las espaldas a Dios no lleva a ser secularmente neutrales. En realidad, los militantes ateos del día de hoy han mostrado su deseo de quitar de la cultura toda referencia a un Creador.
 
Cuando oímos que los ateos tratan de sacar de la sociedad las cruces y los Diez Mandamientos, es fácil reaccionar a su odio a Dios odiándolos nosotros a ellos. Sin embargo, se nos exhorta a defender la verdad con una actitud de amor: «que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad» (2 Timoteo 2:25).
 
La próxima vez que veas las obras y oigas las palabras de alguien que odia a Dios, evalúa tu actitud. Después, pídele al Señor que te dé espíritu de humildad y ora para que el ofensor llegue al conocimiento de la verdad.

“Defiende la verdad con amor.”

Lectura del día: 2 Timoteo 2:23-26

miércoles, 27 de abril de 2011

Reflexión miércoles, 27 de abril de 2011

Galería de susurros
Bill Crowder

“En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.” —Proverbios 10:19

La catedral de San Pablo, con su cúpula, en Londres, presenta un interesante fenómeno arquitectónico llamado «la galería de los susurros». Una página web lo explica así: «Se le da este nombre porque una persona que susurra mientras mira hacia la pared de un lado puede ser claramente oída desde el otro extremo, ya que el sonido se traslada de manera perfecta a lo largo de la gran curva de la cúpula».
 
En otras palabras, tú y un amigo pueden sentarse en extremos opuestos de la gran catedral del arquitecto Sir Christopher Wren y mantener una conversación sin elevar la voz más que para hablar con susurros.
 
Aunque esta sea una característica fascinante de la catedral de San Pablo, también puede ser una advertencia para nosotros. Lo que decimos sobre los demás en secreto puede trasladarse con tanta facilidad como los susurros a través de esa galería. Y nuestros chismes no solo viajan a lo largo y a lo ancho, sino que suelen producir grandes daños en el camino.
 
Quizá por eso la Biblia con frecuencia nos desafía en cuanto a cómo usamos las palabras. El sabio rey Salomón escribió: «En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente» (Proverbios 10:19).
 
En vez de usar los susurros y los chismes que pueden causar daño y dolor sin sentido, sería mejor que nos controláramos y que guardáramos silencio.

“Los chismes se terminan en los oídos de una persona sabia.”

Lectura del día: Proverbios 10:13-23

martes, 26 de abril de 2011

Reflexión martes, 26 de abril de 2011

Difícil de imaginar
Joe Stowell

“Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.” —Filipenses 1:23

Cada vez que mi esposa Martie y yo nos preparamos para salir de vacaciones, nos gusta leer sobre el lugar adonde iremos, estudiar los mapas y anticipar la alegría de llegar, finalmente, al lugar con el que hemos soñado durante tanto tiempo.
 
Los que conocemos a Jesucristo como Salvador tenemos por delante un destino increíble: el cielo. Pero me resulta interesante observar que muchos de nosotros no parecemos estar muy entusiasmados con llegar allí. ¿A qué se debe? Quizá sea porque no entendemos qué es. Hablamos de calles de oro y de puertas de perlas, pero ¿cómo es en realidad? ¿Qué hay allí para que anhelemos llegar?
 
Creo que la descripción más profunda del cielo se encuentra en las palabras de Pablo a los filipenses. Él dijo que «partir y estar con Cristo» es «muchísimo mejor» (Filipenses 1:23). Es lo que le dije a mi nieto, de ocho años, cuando preguntó cómo era el cielo. Empecé preguntándole: «¿Qué es lo que más te entusiasma en la vida?». Él mencionó sus videojuegos y otras cosas divertidas que le gusta hacer. Entonces, le dije que el cielo es muchísimo mejor. Pensó un instante y después dijo: «Abuelo, eso sí que es difícil de imaginar».
 
¿Qué es lo que anhelas en la vida? ¿Qué te entusiasma de verdad? Sea lo que sea, aunque resulte difícil de imaginar, ¡el cielo es muchísimo mejor!

“Cuanto más mires hacia el cielo, menos desearás en la tierra.”

Lectura del día: Filipenses 1:19-26

lunes, 25 de abril de 2011

Reflexión lunes, 25 de abril de 2011

Resurrección y vida
David H. Roper

“Yo soy la resurrección y la vida…” —Juan 11:25

Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida». Una cosa es hacer una declaración semejante; otra totalmente distinta es respaldarla… y Jesús lo hizo al resucitar de los muertos.
 
«Si crees que el Hijo de Dios murió y resucitó —escribe George MacDonald—, todo tu futuro está lleno del amanecer de la eterna mañana, que se levanta detrás de las colinas de la vida; pleno de una esperanza tal, que la más elevada imaginación del poeta no alcanza a vislumbrar su rayo».
 
El Hijo de Dios murió y resucitó, y Su resurrección es la garantía de que Él nos levantará de los muertos y nos arrebatará de la tierra: una persona que piensa, siente, recuerda y reconoce vivirá para siempre.
 
Vivir para siempre significa experimentar el concepto de eternidad que Dios ha puesto en nuestro corazón, volver a encontrarnos con los amados seres creyentes que perdimos por la separación de la muerte, vivir en un mundo sin tristeza, ver a nuestro Señor que nos ama y que dio todo para unirnos a Él para siempre.
 
Pero yo veo otro significado. Como poseemos esta vida y también la próxima, no tenemos que «tenerlo todo» ahora. Podemos vivir en cuerpos quebrantados y arruinados durante un tiempo, padecer pobreza y dificultades, enfrentar soledad, angustia y dolor durante una temporada. ¿Por qué? Hay un segundo nacimiento: vida en el cielo para siempre.

“La resurrección es el fundamento de nuestra fe.”

Lectura del día: 1 Corintios 15:1-11

domingo, 24 de abril de 2011

Reflexión domingo, 24 de abril de 2011

¿Será cierto
David C. McCasland

“Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.” —Lucas 24:11

En la década de 1980, John Knoll y su hermano empezaron a experimentar con un programa de informática para manipular imágenes. Las compañías de programas informáticos pensaron que estaban locos porque, en esa época, los fotógrafos no usaban computadoras. Al principio, estos hermanos lo llamaron Display, después Imaginator, y, finalmente, se decidieron por Photoshop®. En la actualidad, este programa es utilizado en los hogares por aficionados y en los negocios de todo el mundo por profesionales. Un artículo del periódico San Jose Mercury News describió su alcance con un lenguaje popular. Cuando algo parece demasiado bueno para ser cierto, la gente dice: «Lo habrán fotoshopeado».
 
La primera mañana de la Pascua, las mujeres que llevaban especias para ungir el cuerpo de Jesús encontraron la tumba vacía y oyeron decir a los ángeles: «No está aquí, sino que ha resucitado» (Lucas 24:6). Cuando se lo contaron a los discípulos, «… a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían» (v. 11). ¡Tonterías! ¡Alucinaciones! ¡Demasiado bueno para ser verdad!
 
Si alguien manipuló aquellas evidencias, millones de personas en todo el mundo hoy se reúnen para celebrar un mito. Pero, si Jesús conquistó la muerte, todo lo que dijo sobre el perdón, el poder para cambiar y la vida eterna es cierto.
 
Como Cristo resucitó y vive hoy, ¡esta noticia es demasiado buena como para que no sea verdad!

“La resurrección es un hecho histórico que exige una respuesta de fe.”

Lectura del día: Lucas 24:1-12

sábado, 23 de abril de 2011

Reflexión sábado, 23 de abril de 2011

Familia en problemas
Mart De Haan

“Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.” —Lucas 1:16

Muchos de los 30 millones de ciervos de cola blanca, en Estados Unidos, no corren peligro debido a las armas, sino por los automóviles en los suburbios en desarrollo. Tomé conciencia de su situación apremiante cuando una cierva madura pasó corriendo entre el tráfico, justo delante de mí. Mientras la miraba, me pregunté qué la habría llevado a arriesgarse de ese modo y por qué se detuvo del otro lado y miró hacia atrás. Cuando pasé a su lado, seguí su mirada y vi dos pequeños cervatillos que observaban desesperados a su mamá, desde el otro lado de la transitada calle. En vez de seguirla, dieron la vuelta y regresaron al bosque.
 
Esa familia no está sola. Nosotros también podemos enfrentar situaciones de separación y de peligro que no presuponíamos. La lectura de Malaquías y de Mateo nos recuerda que tanto nosotros como nuestros progenitores tenemos problemas, y necesitamos desesperadamente la ayuda de nuestro Padre celestial. A veces, la precisamos para ver los pecados de nuestros padres y evitar repetirlos (Nehemías 9:2-3). En otras ocasiones, es necesaria para mirar atrás y seguir el ejemplo y el interés de nuestros amorosos progenitores (Lucas 15:18).
 
Solo en nuestro Padre celestial podemos encontrar la gracia interior, el perdón, el ejemplo perfecto que necesitamos. Él sabe que somos hijos caídos de padres también caídos, y, aun así, ahora nos ofrece la ayuda de Su Espíritu y el rescate por medio de Su Hijo.

“Nunca es tarde para volver a Dios.”

Lectura del día: Malaquías 4:4-6; Mateo 1:1-2

viernes, 22 de abril de 2011

Reflexión viernes, 22 de abril de 2011

El pecado duele
Julie Ackerman Link

“… derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos…”—Isaías 53:12

Tarde o temprano, todos sentimos los efectos dolorosos del pecado. A veces, es el peso de nuestro pecado y la vergüenza de haber fallado miserablemente. En otras ocasiones, lo que nos aplasta es el peso del pecado de otra persona; de alguien que nos traicionó, engañó, abandonó, ridiculizó, estafó o se burló de nosotros.
 
Piensa en alguna ocasión cuando el peso de esa culpa o angustia fue tan tremendo que no podías ni levantarte de la cama. Ahora trata de imaginar la gravitación de la suma de tristezas que el pecado de cada persona ha causado en tu familia, tu iglesia y tu vecindario. Súmale a eso todo el sufrimiento que ha provocado en tu ciudad, estado, nación y en el mundo. Ahora intenta hacerte una idea de la cantidad de dolor que toda esa maldad ha generado a través de los siglos, desde la creación.
 
¿Es extraño que el peso de todo ese pecado comenzara a absorberle la vida a Jesús aquella noche en que fue llamado a soportarlo? (Mateo 26:36-44). Al día siguiente, aun Su amado Padre lo abandonaría. Ningún otro sufrimiento puede compararse con esto.
 
El pecado puso a Jesús a prueba hasta lo sumo. Pero Su amor lo soportó, Su fuerza lo cargó y Su poder lo derrotó. Gracias a la muerte y la resurrección de Cristo, sabemos con toda seguridad que el pecado no triunfará y que tampoco puede hacerlo.

“La tumba vacía de Cristo garantiza nuestra victoria sobre el pecado y la muerte.”

Lectura del día: Hebreos 2:10-18

jueves, 21 de abril de 2011

Reflexión jueves, 21 de abril de 2011

Basta del pasado
Randy K. Kilgore

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” —Isaías 43:25

¿Cómo debemos actuar cuando fallamos en la fe y dañamos el testimonio de la Iglesia de Cristo frente a nuestros amigos y familiares o lo deshonramos con nuestras acciones?
 
Podemos aprender del rey David, después de su humillación por el escándalo con Betsabé. Aunque no podían evitarse las terribles consecuencias de su pecado, halló una forma de restaurar su comunión con Dios, que le permitió seguir sirviéndolo. Nosotros también podemos hacerlo.
 
El modelo de David en 2 Samuel 12 nos ayuda: Debemos confesar nuestro pecado con sinceridad (v. 13) y buscar el perdón de Dios. Después, pedirle que exima a los demás de las consecuencias de nuestras acciones (v. 16). Por último, reconocer que, a veces, es imposible evitar las consecuencias y que hay que soportarlas. Aunque estas siempre nos duelen, debemos evitar que nos consuman de tal modo que dejemos de servir a Dios (vv. 20-23).
 
Satanás no solo se deleita en nuestros fracasos, sino también en la inactividad espiritual que, a veces, genera el remordimiento. Cuando arruinamos nuestro testimonio, somos humillados y así debe ser, pero no debemos aumentar el daño al recluirnos en el silencio y la oscuridad, y dejar de ser embajadores de Cristo. Podemos superar los errores del pasado.

“Dios perdona por completo nuestros pecados para restaurarnos a Su presencia y servicio.”

Lectura del día: 2 Samuel 12:1-23

miércoles, 20 de abril de 2011

Reflexión miércoles, 20 de abril de 2011

Conocer su voluntad
Dave Brannon

“...para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” ─Romanos 12:2

Un joven que miraba el futuro y no estaba seguro de lo que traería aparejado el próximo año, llegó a esta conclusión:«Nadie sabe cuál es la voluntad de Dios». ¿Tiene razón? ¿La incertidumbre en cuanto al futuro se aplica al conocimiento de la voluntad divina?
 
El concepto de la voluntad de Dios suele reducirse a determinar en que  situación específica nos encontraremos en algún momento futuro. Aunque la búsqueda de la guía particular de Dios forma parte del tema, otro aspecto también de suma importancia es cumplir todos los días con los elementos claramente definidos de Su voluntad.
 
Por ejemplo, la voluntad de Dios es que seamos buenos ciudadanos, como un desafío para aquellos que se oponen a Cristo (1 Pedro 2:15); que le demos gracias a Dios en todo (1 Tesalonicenses 5:18); que seamos sexualmente santos, al evitar la inmoralidad (1 Tesalonicenses 4:3); que vivamos controlados por el Espíritu Santo (Efesios 5:18); que cantemos a Él (v. 19); y que nos sometamos a los otros creyentes (v. 21).
 
A medida que nos rindamos a Dios en estas y en otras áreas, es más probable que vivamos en lo que Romanos 12:2 denomina «la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta». Vivir con la sonrisa aprobadora de Dios genera Su dirección para el futuro.
 
Mientras buscamos conocer la voluntad del Señor para el futuro, también debemos actuar con base en lo que ya sabemos.

“Ama y obedece al Señor todos los días, y Él te revelará tu futuro.”

Lectura del día: Efesios 5:17-21

martes, 19 de abril de 2011

Reflexión martes, 19 de abril de 2011

Pared divisoria
C. P. Hia

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación.” —Efesios 2:14

El 9 de noviembre de 2010 se celebró el 21.º aniversario de la caída del muro de Berlín. Ese día, en 1989, un anuncio en la televisión de Alemania Oriental informaba a las personas de que tenían libertad para viajar a Alemania Occidental. Al día siguiente, unas máquinas demoledoras de la región oriental comenzaron a desmantelar el muro que había dividido ambas naciones durante 28 años.
 
Jesucristo ha derribado «la pared intermedia de separación» entre los judíos y los gentiles (Efesios 2:14). Sin embargo, había una barrera aun más impenetrable que separaba al hombre de Dios. La muerte y la resurrección de Cristo hicieron posible la reconciliación de los hombres entre sí, y de cada uno de ellos con Dios (v. 16).
 
Todos los creyentes son ahora «miembros de la familia de Dios» (v. 19). En unidad, debemos crecer para convertirnos en «un templo santo en el Señor» (v. 21), donde el Espíritu Santo de Dios habita entre nosotros y en nuestro interior (v. 22).
 
Pero, lamentablemente, los creyentes suelen reconstruir muros entre sí. Por eso, Pablo nos insta a andar «como es digno de la vocación […], [soportándonos] con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4:1-3). En vez de construir muros, trabajemos para desmantelar lo que nos separa. Hagamos que el mundo vea que, en verdad, pertenecemos a la misma familia.

“La unidad entre los creyentes es fruto de la unión en Cristo.”

Lectura del día: Efesios 2:11-22; 4:1-3

lunes, 18 de abril de 2011

Reflexión lunes, 18 de abril de 2011

El propósito de su bondad
Joe Stowell

“Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros.” —Salmo 67:1

Cuando era niño, solíamos cantar en la escuela dominical una canción que decía algo así: «¡Dios es bueno conmigo! ¡Dios es bueno conmigo! ¡Él toma mi mano y me ayuda a levantarme! ¡Dios es bueno conmigo!».
 
Debo decir de inmediato que creo que Dios es bueno y que se deleita en hacer cosas buenas por la gente. Sin duda, nos sostiene de la mano en tiempos de dificultad y nos ayuda a levantarnos frente a los ataques violentos de la vida. No obstante, me pregunto si alguna vez dijiste: ¿Por qué es bueno? Con toda seguridad, no lo es porque lo merezcamos ni porque Él crea que necesita comprar nuestro amor y lealtad con Sus beneficios.
 
El salmista ora a Dios pidiéndole que lo bendiga «para que sea conocido en la tierra [el] camino [del Señor], en todas las naciones [Su] salvación» (Salmo 67:2). Las bendiciones cotidianas del Señor son una prueba fehaciente de que Él es, en verdad, un Dios bueno, que se interesa por los Suyos. Pero ¿cómo sabrá este mundo acerca de Dios si nunca lo alabamos por Su bondad hacia nosotros? (v. 3).
 
Por lo tanto, la próxima vez que Dios te bendiga, asegúrate de buscar formas de atribuir adecuadamente el reconocimiento a Él. Aprovechar Sus bendiciones sin proclamar Su bondad no retribuye de manera apropiada el propósito inherente de Sus dones de gracia en nuestra vida.

“Dios es bueno: Asegúrate de que las personas que te rodean sepan lo que Él ha hecho en tu vida.”

Lectura del día: Salmo 67

domingo, 17 de abril de 2011

Reflexión domingo, 17 de abril de 2011

¿Quién es este?
Jennifer Benson Schuldt

“¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor…!” —Lucas 19:38

Imagina estar hombro a hombro con los espectadores junto a un camino de tierra. La mujer detrás de ti está de puntillas tratando de ver quién viene. A lo lejos, alcanzas a ver a un hombre montado en un burro. A medida que se acerca, la gente arroja sus mantos sobre el sendero. De pronto, oyes que un árbol se quiebra detrás de ti: un hombre está cortando ramas de palmeras y algunas personas las despliegan delante del animal.
 
Los seguidores de Jesús lo honraron fervientemente cuando entraba a Jerusalén unos días antes de Su crucifixión. Las multitudes se regocijaban y alababan a Dios «por todas las maravillas que habían visto» (Lucas 19:37). Los devotos del Señor lo rodeaban, exclamando: «¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor…!» (v. 38). Sus entusiastas alabanzas contagiaban a los habitantes de Jerusalén. Cuando Jesús finalmente llegó, «toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?» (Mateo 21:10).
 
Hoy la gente todavía siente curiosidad por Jesús. Aunque no podemos cubrir Su camino con ramas de palmeras ni alabarlo a toda voz en persona, aún tenemos la posibilidad de honrarlo. Podemos hablar de Sus obras maravillosas, ayudar a gente necesitada (Gálatas 6:2), soportar con paciencia los insultos (1 Pedro 4:14-16) y amarnos profundamente los unos a los otros (v. 8). Por eso, debemos estar preparados para responder a los espectadores que preguntan: ¿Quién es Jesús?

“Honramos el nombre de Dios cuando lo llamamos Padre y vivimos como Su Hijo.”

Lectura del día: Lucas 19:28-40

sábado, 16 de abril de 2011

Reflexión sábado, 16 de abril de 2011

Dolor o victoria
Bill Crowder

“Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.” —Salmo 32:10

En un campamento de entrenamiento, los directores técnicos de un equipo de fútbol vestían camisetas con las que buscaban instar a sus jugadores a esforzarse al máximo. La inscripción decía: «Cada día debes elegir: el dolor de la disciplina o la angustia del remordimiento». La disciplina es dura; algo que podemos tratar de evitar. Pero, en los deportes como en la vida, el dolor a corto plazo suele ser el único camino para, a la larga, ganar. Es tarde para prepararse en el medio de la batalla. O estás listo para los desafíos de la vida o te perseguirán los fantasmas del «qué habría pasado si…», «si tan solo hubiera…» o «tendría que haber…» que acompañan el no haberse preparado. Esta es la angustia del remordimiento.
 
Una fuente define el remordimiento como «un disgusto inteligente y emocional por acciones y conductas personales del pasado». Duele mirar atrás, considerar las decisiones tomadas y, a través de la lente del remordimiento, sentir el peso de nuestros fracasos. Así le sucedió al salmista. Después de un episodio personal de pecado y caída, escribió: «Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia» (Salmo 32:10). En la claridad de la retrospectiva, consideró sabio vivir una vida que busca honrar al Señor; sin necesidad de estar signada por la culpa.
 
Que nuestras decisiones de hoy no produzcan remordimiento, sino que sean sabias y honren a Dios.

“Las decisiones presentes determinan las recompensas futuras.”

Lectura del día: Salmo 32

viernes, 15 de abril de 2011

Reflexión viernes, 15 de abril de 2011

Problemas de retraso
David C. McCasland

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera…” —Isaías 26:3

En abril de 2010, nubes de humo que emanaban de un volcán en Islandia obligaron a cerrar aeropuertos en Gran Bretaña y en Europa durante cinco días. Se cancelaron cerca de 100.000 vuelos y millones de pasajeros, en todo el mundo, se encontraron varados en tierra. La gente no llegó a eventos importantes, las empresas perdieron muchísimo dinero y nadie sabía cuándo terminaría el problema.
 
Cuando nuestros planes se hacen pedazos y no hay solución, ¿cómo enfrentamos la frustración y los retrasos? Isaías 26:3-4 es un ancla para nuestra alma en todas las tormentas de la vida: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos». Ya sea que enfrentemos inconvenientes molestos y pérdidas que nos rompen el corazón, vale la pena memorizar y repetir esta promesa inconmovible, todas las noches, cuando cerramos los ojos para dormirnos.
 
Hoy, cuando los planes se frustran, ¿nuestra mente se ve afectada por las circunstancias o descansa en el Señor? Durante un retraso frustrante, ¿todavía seguimos confiando en el corazón amoroso de Dios? En el himno «Cual la mar hermosa», Frances Havergal expresa de manera maravillosa lo que anhelamos.

“Cuando colocamos los problemas en las manos de Dios, Él pone paz en nuestro corazón.”

Lectura del día: Isaías 26:1-9

jueves, 14 de abril de 2011

Reflexión jueves, 14 de abril de 2011

Aliento de vida
Cindy Hess Karper

“El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.” —Job 33:4

En su libro Life After Heart Surgery [Vida tras una cirugía cardíaca], David Burke recuerda lo cerca que estuvo de morir. Acostado en la cama de un hospital, después de una segunda operación cardíaca, tenía unos dolores increíbles y no podía tomar aire profundamente. Como sentía que pasaba a la eternidad, hizo una última oración, confiando en Dios y agradeciéndole por haberle perdonado sus pecados.
 
David estaba pensando en ver a su papá, que había muerto hacía varios años, cuando la enfermera le preguntó cómo se sentía. Él contestó: «Ahora estoy bien», queriendo decir que estaba listo para ir al cielo y encontrarse con Dios. «¡No mientras yo estoy de turno, amigo!», dijo ella. Poco después, los doctores estaban abriéndole el pecho otra vez para sacarle dos litros de líquido. Cuando terminaron, David empezó a recuperarse.
 
Es normal que algunos de nosotros reflexionemos sobre cómo será el momento de enfrentar nuestros últimos instantes en este mundo. No obstante, los que «mueren en el Señor» tienen la certeza de que son «bienaventurados» (Apocalipsis 14:13) y de que su muerte «estimada es a los ojos de Jehová» (Salmo 116:15).
 
Dios formó nuestros días aun antes de que existiéramos (Salmo 139:16), y ahora subsistimos únicamente porque «el soplo del Omnipotente [nos] dio vida» (Job 33:4). Aunque no sepamos cuántas respiraciones nos quedan… podemos descansar tranquilos en que Él sí lo sabe.

“Desde el primer aliento hasta el último, estamos bajo la protección de Dios.”

Lectura del día: Salmo 139:13-18

miércoles, 13 de abril de 2011

Reflexión miércoles, 13 de abril de 2011

Pan de masa fermentada
Dennis Fisher

“Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.” —Lucas 12:1

El pan de masa fermentada se popularizó durante la fiebre del oro, en California, a mediados del siglo xix. En la década de 1890, se convirtió en la comida favorita durante un gran movimiento similar en Alaska. Los buscadores de oro llevaban un trozo pequeño de esta mezcla fermentada que contenía una levadura natural. Entonces, podían usar una parte de la masa para hacer más de esos panes predilectos.
 
Sin embargo, en la Biblia, la levadura puede tener una connotación negativa. Por ejemplo, el Nuevo Testamento suele mencionar que la «levadura» tiene una influencia corrupta. Por eso, Jesús dijo: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía» (Lucas 12:1).
 
Los hipócritas se revisten de una cubierta de rectitud, mientras esconden pensamientos y conductas pecaminosos. Cristo advirtió a Sus discípulos, y también a nosotros, de que llegará el día en que los pecados secretos se expondrán por completo. Dijo: «… nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse» (v. 2). Por esta razón, debemos temer a Dios con reverencia; pedirle que, por Su gracia, perdone todo pecado; y crecer espiritualmente, para llegar a ser creyentes auténticos.
 
La levadura puede ser beneficiosa en la panadería, pero también nos recuerda que debemos resguardarnos de la penetrante influencia del pecado en nuestro corazón.

“Sabed que vuestro pecado os alcanzará.” —Números 32:23

Lectura del día: Lucas 12:1-7

martes, 12 de abril de 2011

Reflexión martes, 12 de abril de 2011

Atender las señales
Julie Ackerman Link

“Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del Hombre a esta generación” —Lucas 11:30

La carretera estaba tranquila y avanzábamos rápidamente mientras íbamos a la casa del papá de Jay, en Carolina del Sur. A medida que cruzábamos las montañas de Tennessee, empecé a ver carteles de desvíos. Como mi esposo no se detenía, supuse que no tenían que ver con nuestro recorrido. Poco después, antes de llegar a la frontera de Carolina del Norte, encontramos una señal que decía que, más adelante, la autopista estaba cerrada por un desmoronamiento. Teníamos que dar la vuelta. Jay se sorprendió y preguntó: «¿Por qué no pusieron ningún aviso?». «Había un montón —dije yo—, ¿no los viste?» «No —dijo él—, ¿por qué no me avisaste?» «Supuse que los habías visto», contesté. Ahora contamos esta historia a nuestros amigos, como algo cómico.
 
A lo largo de la historia, Dios proporcionó numerosos «carteles» para mostrar a las personas cómo vivir, pero no le hicieron caso. Cuando Él, finalmente, envió a Su Hijo como señal (Lucas 11:30), los líderes religiosos casi no prestaron atención a Sus advertencias. Para ellos, la vida era buena: eran reconocidos y respetados (v. 43), y no les gustaba que les dijeran que estaban equivocados (v. 45).
 
Nosotros podemos ser como ellos. Cuando nos va bien en la vida, tendemos a ignorar las advertencias que nos indican que debemos dar la vuelta y dejar nuestro andar pecaminoso. Es importante recordar que, aunque las cosas anden bien, quizá estemos equivocados.

“Dios advierte para protegernos, no para castigarnos.”

Lectura del día: Lucas 11:29-45

lunes, 11 de abril de 2011

Reflexión lunes, 11 de abril de 2011

Síndrome del centavo
David C. McCasland

“Jehová, que me ha librado de las garras del león […], él también me librará de la mano de este filisteo.” —1 Samuel 17:37

Se dice que el centavo es la unidad monetaria más despreciada de los Estados Unidos. Muchas personas, si ven un centavo tirado en el suelo, ni siquiera se molestan en levantarlo. No obstante, algunas organizaciones de caridad están descubriendo que estas monedas pueden alcanzar sumas significativas, y que los niños son dadores generosos. Como dijo un participante: «Pequeñas contribuciones pueden marcar una inmensa diferencia».
 
El relato bíblico sobre David y Goliat describe a una persona, aparentemente insignificante, cuya confianza en Dios era mayor que cualquier otro poder que estuviera a su alrededor. Cuando David se ofreció para enfrentar al gigante Goliat, el rey Saúl dijo: «No podrás tú ir contra aquel filisteo» (1 Samuel 17:33). Pero David tenía fe en el Señor, que lo había librado en el pasado (v. 37).
 
David no padecía del «síndrome del centavo»: un sentimiento de inferioridad y de desesperación al enfrentar problemas abrumadores. Si él hubiese prestado atención al pesimismo de Saúl o las amenazas de Goliat, no habría hecho nada. En cambio, actuó con coraje porque confiaba en Dios.
 
Es fácil sentirse como un centavo en medio de un déficit de dos millones de dólares. Pero, cuando obedecemos al Señor en cada circunstancia, todo suma. En forma colectiva, nuestros actos de fe, grandes o pequeños, marcan una gran diferencia. Y cada centavo cuenta.

“El coraje aparece cuando la fe se pone al frente.”

Lectura del día: 1 Samuel 17:32-37

sábado, 9 de abril de 2011

Reflexión domingo, 10 de abril de 2011

Un culto para siempre
Anne Cetas

“… He aquí, yo hago nuevas todas las cosas…” —Apocalipsis 21:5

Dos jóvenes hermanos se sentaban en la primera fila de la iglesia todos los domingos y observaban a su papá mientras dirigía el culto de adoración. Una noche, después de mandarlos a acostarse, el padre oyó que uno de ellos lloraba. Le preguntó qué le pasaba, pero el muchachito no se atrevía a contestarle. Finalmente, confesó: «Papá, la Biblia dice que vamos a adorar a Dios en el cielo para siempre. ¡Es una cantidad de tiempo impresionante!». Como imaginaba que el cielo sería un período largo de adoración, con su papá dirigiendo en el frente, ¡el lugar le sonaba bastante aburrido!
 
Aunque a veces nos gustaría saber más acerca de cómo será el cielo, estamos seguros de esto: es imposible que aburrido sea la palabra correcta para describirlo. Veremos cosas bellas como nunca antes conocimos; entre ellas: «un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal» (Apocalipsis 22:1). Allí experimentaremos «la gloria de Dios», que iluminará el cielo (21:23; 22:5); y disfrutaremos de una vida sin dolor ni tristeza (21:4).
 
Sí, no hay duda de que adoraremos en el cielo. Personas «de todo linaje y lengua y pueblo y nación» (5:9) se regocijarán alabando a Jesús, el Cordero digno, que murió por nosotros y resucitó (5:12).
 
Nos deleitaremos en la gloria de la presencia de Dios… para siempre. ¡Pero nadie se aburrirá ni siquiera por un segundo!

“Los placeres de la tierra no pueden compararse con el gozo del cielo.”

Lectura del día: Apocalipsis 22:1-7

Reflexión sábado, 9 de abril de 2011

Bel se postra
David H. Roper

“… yo los sostendré…” —Isaías 46:4

En Isaías 46, el profeta nos esboza un cuadro del sitio de Babilonia y de la evacuación de sus ídolos. Los carros y los transportes crujen al llevarlos, y los animales cansados gimen por tanto peso (v. 1).
 
En contraposición a eso, Isaías dice que Dios lleva a Sus hijos desde que nacen (v. 3). «Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo…», declara Él (v. 4). En el texto hebreo, el contraste es preciso y vívido: Las bestias que tiran de los carros soportan la pesada «carga» de los ídolos (v. 1), pero nosotros somos «llevados» por Dios (v. 3). Los ídolos son una carga, algo que se acarrea (v. 1), mientras que Dios, con alegría, nos ha llevado desde la matriz (v. 3).
 
El Señor nos hizo (v. 4). Nada podría ser más reconfortante, ya que nuestro Padre ama a Sus hijos y los cuida. Él promete: «… os soportaré yo…», y esto incluye todas las preocupaciones y las angustias que se nos presentan en el transcurso de la vida.
 
Así que, podemos dejar que el Señor nos lleve y que se ocupe de todas nuestras cargas. Esta canción de Annie Johnson Flint nos desafía a experimentar la protección de Dios: «Si nuestros recursos se han agotado, y fuerzas nos faltan para continuar, si al punto ya estamos de desanimarnos, la hora ha llegado en que Dios obrará».

“Nuestra tarea es entregar nuestras penas; ¡la de Dios es cuidarnos!”

Lectura del día: Isaías 46:1-9

viernes, 8 de abril de 2011

Reflexión viernes, 8 de abril de 2011

Entender
Dave Branon

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.” —1 Corintios 9:19

Un periodista deportivo, creyente en Cristo, visitaba las instalaciones de un equipo de la liga profesional de béisbol. Mientras conversaba con un jugador, también creyente, pasó un directivo y notó que, después de perder un partido difícil, ellos hablaban de «cosas cristianas». Así que, regañó al reportero por no hablar del juego y se fue. El famoso lanzador le dijo al periodista: «Lo lamento. Simplemente, no capta».
 
Vivimos en un mundo con personas que «no captan». No llegan a entender que, mientras nos esforzamos para ser los mejores en lo que hacemos, lo más importante en la vida es agradar a Dios. Para el creyente, practicar deportes, vender seguros, dirigir una imprenta o enseñar en una escuela, es para la gloria de Dios y del evangelio de Jesús.
 
En 1 Corintios 9, Pablo explica que el discípulo de Cristo debe soportar todo, «por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo» (v. 12). La meta del creyente es proclamar el mensaje de Jesús. «¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!», dijo él (v. 16). Una forma de hacerlo es practicar un estilo de vida piadoso, que induzca a otros a preguntar sobre la esperanza que tenemos (1 Pedro 3:15).
 
Estamos rodeados de personas que creen que lo más importante son las cosas de este mundo. Pero, en vez de frustrarnos ante la resistencia que enfrentamos, nuestra meta debe ser que el evangelio avance mientras ayudamos a otros a «captarlo».

“Que Dios convierta tu vida en una ventana iluminada, que da un ejemplo cristiano.”

Lectura del día: 1 Corintios 9:11-23

jueves, 7 de abril de 2011

Reflexión jueves, 7 de abril de 2011

Dura disciplina escolar
Joe Stowell

“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo […]; pero después da fruto apacible de justicia…” —Hebreos 12:11

De todos mis recuerdos de la niñez, hay uno que sobresale entre los demás. Aunque no tengo ni idea de lo que dijo mi maestra, me acuerdo claramente de que le contesté: «cállate». Ella me mando a mi casa; así que, me levanté y salí de la clase de preescolares, para caminar media cuadra, hasta donde yo vivía. Al entrar por la acera lateral, vi a mi mamá que sacaba los yuyos del jardín, detrás de nuestra casa. En ese momento, me enfrenté con una decisión estratégica: seguir avanzando y decirle a mi madre por qué había vuelto tan temprano de la escuela o dar la vuelta y regresar, para hablar con mi maestra.
 
Cuando volví al salón de clases, fui inmediatamente escoltado hasta el baño, donde ella me lavó la boca con jabón. Es probable que ese tipo de disciplina actualmente no se aplique, pero créeme, ¡funcionó! Hasta el día de hoy, tengo sumo cuidado en cuanto a las consecuencias de mis palabras.
 
Dios está profundamente interesado en que nosotros, Sus hijos, crezcamos de manera apropiada. A veces, Él necesita hacernos enfrentar situaciones desagradables para captar nuestra atención y volver a encaminarnos, de modo que produzcamos continuamente un «fruto apacible de justicia» (Hebreos 12:11).
 
No te resistas a la mano correctora de Dios. Reacciona a Sus reprimendas con gratitud, ya que Él te ama lo suficiente como para interesarse en qué clase de persona estás convirtiéndote.

“La corrección divina es nuestra esperanza de una vida mejor.”

Lectura del día: Hebreos 12:3-11

miércoles, 6 de abril de 2011

Reflexión miércoles, 6 de abril de 2011

Superestrellas espirituales
Dennis Fisher

“Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” —1 Corintios 3:4

En la cultura actual, abundan las superestrellas. Los grandes jugadores de fútbol pueden generar tanto entusiasmo, que es sabido que los aficionados causan disturbios en las tribunas. Algunos músicos populares hacen que sus seguidores los adoren de pie durante todo el concierto. Las estrellas del espectáculo contratan guardaespaldas para que los protejan de acosadores devotos.
 
Los creyentes de Corinto, en el siglo i, se habían divido por seguir a sus «superestrellas espirituales». Pablo consideraba que dicho favoritismo reflejaba la naturaleza pecaminosa del corazón de un creyente rebelde, y preguntaba: «Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?» (1 Corintios 3:4).
 
La enseñanza del apóstol sobre nuestra manera de ver a los líderes cristianos expone una perspectiva bíblica, que brinda un aprecio mutuo hacia los que sirven: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios» (v. 6). Cada persona hizo su parte: Pablo había plantado la semilla espiritual mediante la evangelización y Apolos la había regado con su enseñanza bíblica elocuente. Pero Dios era el único que hacía que creciera la semilla de la vida espiritual. Él solo es la «superestrella».
 
Debemos cuidarnos de no poner en un pedestal a ningún líder cristiano. Más bien, debemos valorar cómo utiliza Dios una variedad de líderes espirituales, para Su honra y gloria.

“Cada persona tiene su lugar en el servicio para Dios, y solo Él merece la gloria.”

Lectura del día: 1 Corintios 3:1-15

martes, 5 de abril de 2011

Reflexión martes, 5 de marzo de 2011

El último caramelo
Cindy Hess Karper

“Gustad, y ved que es bueno Jehová; […] los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” —Salmo 34:8,10

Una tarde, Ángela le dio a su hijita cuatro caramelos y le dijo que ya no iba a recibir más golosinas.
 
Después de tragar casi enteros los tres primeros, Eliana hacía durar el último: lo chupaba, se lo sacaba de la boca, lo mordía, lo volvía a chupar otro poco y, después, lo raspaba por fuera con los dientes. Como sabía que era su último caramelo, tardó 45 minutos en ingerirlo por completo.
 
Ángela, divertida, observaba a su pequeña hija. Entonces, se le ocurrió pensar que estaba viendo cómo descubría Eliana la importancia de saborear las cosas: disfrutar del gusto y de la textura de algo, y aprender a aprovechar al máximo el sabor de una experiencia placentera.
 
Cuando leemos: «Gustad, y ved que es bueno Jehová…» (Salmo 34:8), podemos estar seguros de que Dios quiere que «saboreemos» Su presencia. Él nos permite obtener un conocimiento íntimo y grato de Su Persona. Y, cuando meditemos en Su Palabra, lograremos entender más profundamente quién es Él (Ezequiel 3:1-3). A medida que gustemos Su bondad y amor, nos revelará el sabor distintivo de Su creatividad, soberanía, santidad y fidelidad.
 
Con toda seguridad, nuestro Padre observa con gozo mientras aprendemos a disfrutar de Él y a saborearlo.

“Nuestro mayor privilegio es disfrutar de la presencia de Dios.”

Lectura del día: Salmo 34:1-10

lunes, 4 de abril de 2011

Reflexión lunes, 4 de abril de 2011

Manguera enganchada
C. P. Hia

“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida…” —2 Timoteo 2:4

En septiembre de 2008, Felipe Massa, de Brasil, tendría que haber ganado el Gran Premio de Fórmula Uno en Singapur. Sin embargo, mientras ocupaba el primer puesto, se detuvo a cargar combustible y, al salir para continuar la carrera, la manguera de reabastecimiento quedó enganchada al auto. Cuando su equipo pudo desengancharla, ya había perdido tanto tiempo que terminó en el decimotercer puesto.
 
El apóstol Pablo le advirtió a Timoteo contra otra clase de enredo que lo llevaría a la derrota: “los negocios de la vida” (2 Timoteo 2:4). Lo instó a que no permitiera que nada lo frenara ni lo distrajera de seguir adelante en la causa de su Señor y Maestro.
 
En nuestro mundo, hay muchas cosas atractivas en las que es fácil enredarse: pasatiempos, deportes, televisión, videojuegos. Quizá comiencen como actividades de “reabastecimiento”, pero, más tarde, pueden ocuparnos tanto la mente y el tiempo, que interfieren con el propósito para el cual Dios nos creó: comunicar la buena noticia de Cristo, servirle con nuestros dones y glorificarlo.
 
Pablo le dijo a Timoteo por qué no debía enredarse en los negocios de este mundo: Para “agradar” a Dios (v. 4). Si deseas agradar al Señor Jesús, procurarás mantenerte desenredado del mundo. Como nos recuerda Juan: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).

“Aunque vivamos en este mundo, debemos declarar nuestra lealtad al cielo.”

Lectura del día: 2 Timoteo 2:1-7

viernes, 1 de abril de 2011

Reflexión viernes, 1 de abril de 2011

Alimentarse
Julie Ackerman Link

“… a estas alturas ya deberían ser maestros…” —Hebreos 5:12

Los aguiluchos tenían hambre, y parecía que mamá y papá los ignoraban. El mayor de los tres decidió solucionar el problema picoteando una ramita, pero, aparentemente, no tenía mucho sabor, porque la dejó en seguida.

Lo que más me llamó la atención de ese pequeño drama, emitido por una cámara web desde el Jardín Botánico Norfolk, fue que un pescado grande yacía justo detrás de las aves, pero estas todavía no habían aprendido a alimentarse. Seguían dependiendo de sus padres, que cortaban la comida en trocitos y, después, les daban de comer. No obstante, en pocas semanas, les enseñarían a sus crías a alimentarse sin ayuda; una de sus primeras lecciones de supervivencia. Si los aguiluchos no desarrollan esta habilidad, nunca serán capaces de sobrevivir.

El autor de Hebreos habló de un problema similar en la esfera espiritual. Ciertas personas de la iglesia no estaban madurando espiritualmente; no habían aprendido a distinguir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). Como en el caso del aguilucho, no sabían qué diferencia había entre una ramita y un pez. Todavía necesitaban que otras personas les dieran de comer, cuando ya tendrían que haber estado alimentándose, no solo a ellas mismas, sino también a otros (v. 12).

Mientras que es bueno recibir alimento espiritual de parte de predicadores y maestros, el crecimiento y la supervivencia en la vida cristiana también dependen de saber alimentarnos solos.

El crecimiento espiritual exige el alimento sólido de la Palabra de Dios.”
Lectura del día: Hebreos 5:12-6:2