lunes, 31 de enero de 2011

Reflexión lunes, 31 de enero de 2011

Ignorar la gracia
Bill Crowder

“Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” —Mateo 7:14

En el agitado centro de una de las grandes ciudades de Asia, quedé maravillado ante las intensamente concurridas aceras. Parecía que no quedaba lugar para moverse en medio de la aglomeración humana. Sin embargo, también daba la impresión de que todos iban a la máxima velocidad.
 
Me llamó la atención el sonido suave, casi como un lamento, de un trompetista que ejecutaba «Sublime gracia». La multitud parecía ignorar tanto al músico como la melodía. Aun así, él seguía tocando y entregando un mensaje musical sobre el amor de Dios a cualquiera que conociera la canción y pensara en sus palabras mientras él la ejecutaba.
 
Pensé en esta situación como si fuera una parábola. La música parecía una invitación a las masas para que siguieran a Cristo. Como sucede con el mensaje del evangelio, algunos creen en la sublime gracia de Dios y deciden tomar el camino angosto. Otros la ignoran, lo cual alude al camino ancho que lleva a la destrucción eterna. Jesús dijo: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan» (Mateo 7:13-14).
 
Jesús murió para que «todo aquel» que invoque Su nombre (Romanos 10:13) encuentre perdón en Su gracia.

“Creer en Cristo es recibir la salvación.”

Lectura del día: Mateo 7:13-23

domingo, 30 de enero de 2011

Reflexión domingo, 30 de enero de 2011

Mirar y aprender
Cindy Hess Karper

“Instruye al niño en su camino…” —Proverbios 22:6

Mientras un árbitro estaba parado detrás de la base durante un partido de softbol femenino, oyó que la madre de una jugadora empezó a cantar: «¡Queremos un nuevo árbitro! ¡Queremos un nuevo árbitro!». Al momento, otros padres se unieron al coro. El árbitro sonrió, se dio vuelta hacia la multitud y gritó: «¡Quiero nuevos padres! ¡Quiero nuevos padres!». La interrupción se terminó.
 
Es importante que los padres den un buen ejemplo porque sus hijos los están observando. Los padres creyentes pueden fomentar buenos hábitos y un comportamiento apropiado haciendo cosas como estas:
 
• Orar por y con ellos, para que aprendan a caminar con Dios. «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Colosenses 4:2).
 
• Leerles la Biblia y enseñarles de ella, para que aprendan la verdad de Dios. «Y las [palabras de Dios] repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes» (Deuteronomio 6:7).
 
• Contarles acerca de Jesús, y guiarlos a poner su fe en Él. «… el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3).
 
La mejor manera de darles un buen ejemplo a nuestros hijos es practicar nuestra fe delante de ellos. Mientras miran, aprenden qué es lo más importante.

“Los hijos tal vez no hereden los talentos de sus padres, pero sí absorberán sus valores.”

Lectura del día: Deuteronomio 11:18-21

sábado, 29 de enero de 2011

Reflexión sábado, 29 de enero de 2011

Seis palabras
David C. McCasland

“Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” —Eclesiastés 12:13

El sitio de Internet Smith, una comunidad virtual que «disfruta del gozo de contar historias», invitaba a sus lectores a enviar frases de seis palabras que describieran sus vidas. Miles respondieron con breves biografías que iban desde un simple «Esposa dulce, hijos buenos: soy rico» hasta un angustioso: «Sesenta. Sin perdonar a mis padres».
 
Con base en la Escritura, traté de imaginarme cómo hubiera resumido el rey Salomón su vida en seis palabras. De joven, podría haber escrito: Dios me dio una gran sabiduría. Pero en sus últimos años, tal vez habría dicho: Debería haber practicado lo que prediqué.
 
Durante un reinado caracterizado por la paz y la prosperidad, Salomón comenzó a tener problemas espirituales del corazón. Cuando llegó a viejo, «sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David» (1 Reyes 11:4). Eso dio como resultado el desagrado de Dios y un final triste para una vida previamente ejemplar (v. 9).
 
Es probable que la gran cantidad de veces que Salomón usó la palabra vanidad (o sin sentido) en Eclesiastés indique lo desilusionado que estaba de la vida. Este rey, antes sabio, que lo tenía todo, lo perdió todo y meditó sobre todo, concluyó el libro con estas últimas palabras: «Teme a Dios, […] guarda sus mandamientos» (12:13).
 
Estas son seis palabras que vale la pena escuchar.

“La obediencia a Dios es la clave para una vida de bendición.”

Lectura del día: 1 Reyes 10:23; 11:1-10

viernes, 28 de enero de 2011

Reflexión viernes, 28 de enero de 2011

Ciudad terremoto
Dennis Fisher

“Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían…” —Hechos 16:26

En su libro Una grieta en el borde del mundo, Simon Winchester escribe sobre Parkfield, California, un pequeño pueblo con tendencia a los terremotos. Para atraer turistas, el cartel de un hotel dice: «Duerma aquí cuando ocurra». El menú de un restaurante ofrece un bistec de gran tamaño llamado «El grande» y un postre denominado «Réplicas». Pero dejando las bromas de lado, un terremoto de verdad puede ser una experiencia aterradora. Yo lo sé porque estuve en California durante algunos temblores.
 
En el libro de Hechos, leemos que Dios usó un terremoto para abrir el corazón de algunas personas al evangelio. Después de ser falsamente acusados, Pablo y Silas fueron encarcelados en Filipos. Cerca de la medianoche, un terremoto retumbó en la prisión, abrió las puertas de los calabozos y soltó las cadenas de los presos. Cuando el carcelero supo que Pablo y Silas no habían tratado de escapar, preguntó: «¿Qué debo hacer para ser salvo?» (16:30). Ellos dijeron: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa» (v. 31). Esa noche, el carcelero y su familia creyeron y fueron bautizados. Y todo empezó con un terremoto.
 
A veces, las dificultades de la vida hacen que las personas sean más receptivas al evangelio. ¿Conoces a alguien que esté atravesando una crisis? Comienza a orar, mantente en contacto con esa persona y estate listo para expresarle tu compasión y testificarle de Cristo.

“Muchos llegan a tener fe a través de los problemas.”

Lectura del día: Hechos 16:23-34

jueves, 27 de enero de 2011

Reflexión jueves, 27 de enero de 2011

Al revés
Joe Stowell

“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos...” —Mateo 5:43-44

Si me preguntaras quién soy, te diría que soy un seguidor de Cristo. Sin embargo, debo admitir que, a veces, seguirlo es un verdadero desafío. Él me dice que haga cosas como regocijarme cuando me persiguen (Mateo 5:11-12), poner la otra mejilla (vv. 38-39), dar a la persona que quiere quitarme algo (vv. 40-42), amar a mis enemigos,  bendecir a quienes me maldicen y hacer bien a los que me odian (vv. 43-44). Esta clase de vida me parece totalmente al revés.
 
Pero he llegado a la conclusión de que Él no es el que está al revés, sino yo. Todos nosotros nacimos caídos y destruidos. Al haber sido retorcidos por el pecado, nuestros primeros instintos suelen ser equivocados, lo que inevitablemente genera un gran caos.
 
Somos como ina tostada untada con mermelada, que ha caído al revés en el piso de la cocina. Dejados a la ventura, podemos convertir todo en un tremendo lío. Pero, entonces, llega Jesús y, como sifuera una espátula divina, nos levanta del suelo de nuestro andar pecaminoso y nos da la vuelta. Y a medida que seguimos sus caminos desde el lado correcto, descubrimos que poner la otra mejilla impide que generemos una pelea, que es mejor dar que recibir y que morir al yo es la mejor manera de vivir.
 
Después de todo, Sus caminos no son nuestros caminos (Isaías 55:8), ¡y he llegado a darme cuenta que Sus métodos son siempre lo mejor!

“Lo que a nosotros puede parecernos al revés, para Dios está al derecho.”

Lectura del día: Mateo 5:38-48

martes, 25 de enero de 2011

Reflexión martes, 25 de enero de 2011

Basta de luchas
Marvin Williams

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…” —Apocalipsis 21:4

En 2006, Fay Weldon atravesó lo que ella creyó ser una experiencia cercana a la muerte, cuando una reacción alérgica hizo que su corazón se detuviera. Le volvió a contar el episodio a Elizabeth Grice, del Daily Telegraph de Londres. Dijo que una «criatura terrible» trataba de arrastrarla por unas puertas de perlas, mientras los médicos intentaban hacerla volver. Más tarde, agregó: «Si eso era morir, no quiero volver a hacerlo. Es más de lo mismo. Seguir luchando».
 
A menudo, el proceso de morirse es una lucha. Sin embargo, los creyentes en Cristo no necesitamos temerle a la muerte… porque nos lleva al cielo. En Apocalipsis, Juan describe de manera maravillosa cómo será la eternidad con Dios (21:1-4). Él ve que la nueva Jerusalén desciende del cielo. La ciudad de Jerusalén era un símbolo palpable del pueblo de Dios y se la describía como el lugar de la morada de Dios (Salmo 76:2). En cambio, la nueva Jerusalén no estará hecha por manos humanas. Será el sitio donde el Señor vivirá eternamente con Su pueblo y también un lugar del «no más»: no más dolor, tristeza ni enfermedad.
 
No conocemos mucho sobre la eternidad, pero sí sabemos que, para el creyente, sin importar cuáles sean ahora nuestras luchas físicas y emocionales, todas ellas acabarán. La vida con Dios será incomparablemente mejor.

“Los deleites del cielo superarán infinitamente las dificultades de la tierra.”

Lectura del día: Apocalipsis 21:1-14

lunes, 24 de enero de 2011

Reflexión lunes, 24 de enero de 2011

Sigue siendo cierto
Bill Crowder

“Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.” —Hechos 17:16

La Biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, tiene una amplia colección de fragmentos antiguos de la Biblia, que datan del siglo ii. Una de las muestras es una porción de Hechos 17:16.
 
No obstante, el mensaje que exhibe este antiguo fragmento es tan actual como el de un periódico de hoy. Dice: «Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría». El apóstol estaba enojado por la proliferación de ídolos en la antigua Atenas, y estoy convencido de que hoy se disgustaría con nosotros.
 
Algunos ídolos que vemos en la actualidad son distintos a los de la época de Pablo. Ya sea que se trate de riqueza, fama, poder, deportes, entretenimientos o política, estos ídolos contemporáneos abundan. Como siempre, nuestro enemigo espiritual, Satanás, busca seducirnos para que nos alejemos del Salvador y adoremos a dioses falsos. Los creyentes no son inmunes; por eso, debemos proteger nuestro corazón para no caer en la hipocresía de enojarnos con los incrédulos que parecen adorar cualquier cosa, menos a Dios.
 
Nosotros también debemos aferrarnos al amor del Señor para alcanzar a aquellos que no lo conocen. Luego, como los creyentes de Tesalónica, debemos volvernos «de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero» (1 Tesalonicenses 1:9).

“Un ídolo es todo aquello que ocupa el lugar que le corresponde a Dios.”

Lectura del día: Hechos 17:16-31

sábado, 22 de enero de 2011

Reflexión sábado, 22 de enero de 2011

El marginado
Jennifer Benson Schuldt

“… si hacéis acepción de personas, cometéis pecado…” —Santiago 2:9

Tenía la cara sucia y el cabello largo y mugriento. La cerveza le había manchado la ropa y el olor se esparcía por todas partes. Cuando entró en el edificio de la iglesia, los asistentes a la reunión del domingo lo ignoraron. Se quedaron pasmados cuando el hombre se acercó al púlpito, se quitó la peluca y comenzó a predicar. En ese preciso instante, se dieron cuenta de que era el pastor.
 
No sé cómo será en tu caso, pero yo tiendo a ser amigable y a saludar a las personas que conozco y a aquellos que tienen buen aspecto.
 
Santiago hizo una solemne advertencia a las personas como yo. Dijo: «… si hacéis acepción de personas, cometéis pecado…» (2:9). El favoritismo basado en la apariencia o en la posición económica no tiene lugar en la familia de Dios. De hecho, significa que nos hemos convertido en «jueces con malos pensamientos» (v. 4).
 
Gracias al Señor, podemos evitar el trato preferencial si amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, sin importar quién sea. Alcanzar al hombre que no tiene un hogar, a la mujer hambrienta o al joven con un corazón quebrantado significa que estamos cumpliendo «la ley real, conforme a la Escritura» (v. 8).
 
En un mundo que aparta con el brazo a los marginados, mostremos el amor de Cristo y abracemos a quienes más necesitan que nos ocupemos de ellos.

“El amor cristiano verdadero ayuda a aquellos que no pueden devolver el favor.”

Lectura del día: Santiago 2:1-9

viernes, 21 de enero de 2011

Reflexión viernes, 21 de enero de 2011

Naturaleza y vacío
Julie Ackerman Link

“… que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” —Efesios 3:19

Según el antiguo filósofo Aristóteles, «la naturaleza aborrece el vacío». Basaba su conclusión en la observación de que la naturaleza exige que todo espacio esté lleno de algo, aunque solo sea el aire incoloro e inodoro.
 
El mismo principio se aplica a nuestra vida espiritual. Cuando el Espíritu Santo empieza a convencernos de pecado, de inmediato nos viene a la mente la idea de comenzar un plan para mejorar personalmente. Nos esforzamos al máximo para terminar con nuestros peores hábitos. Sin embargo, todo intento de liberarnos de pensamientos, actitudes y deseos impuros está destinado al fracaso, porque despojarnos de cualquiera de estas cosas genera un vacío en nuestra alma. En cuanto nos vaciamos de un vicio, entran otros en su lugar, y terminamos igual de mal o peor de lo que empezamos.
 
Pensar en los vacíos nos ayuda a entender la importancia de lo que Pablo les decía a los efesios cuando oraba para que Cristo morara en los corazones de ellos por medio de la fe y para que «[conocieran] el amor de Cristo, para que [fueran] llenos de toda la plenitud de Dios» (3:19).
 
La única solución permanente para el problema del pecado en nuestra vida es sustituirlo con el amor de Jesús, que llena el vacío. Cuanto más llenos estamos de Su amor, menos lugar hay para cualquier cosa mala.

“No necesitamos arreglar nuestra casa antes que Cristo entre. Él la acomoda después de dejarlo entrar.”

Lectura del día: Efesios 3:14-21

jueves, 20 de enero de 2011

Reflexión jueves, 20 de enero de 2011

Temor y amor
Albert Lee

“… ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que [le] temas […], y que lo ames…?” —Deuteronomio 10:12

Alguien me contó lo que observó sobre sus dos jefes. A uno de ellos, sus subordinados lo aman, pero no le temen. Como aman a su jefe, pero no respetan su autoridad, no siguen sus instrucciones. Al otro jefe, los que trabajan bajo sus órdenes lo aman y le temen, y esto se demuestra en el comportamiento de ellos.
 
El Señor desea que Su pueblo le tema y que también lo ame. El pasaje bíblico de hoy, Deuteronomio 10, dice que el obedecer Sus instrucciones implica ambas cosas. En el v. 12, se nos indica que debemos temer al Señor nuestro Dios y amarlo.
 
Temer a Dios el Señor es respetarlo al máximo. Para el creyente, no es una cuestión de sentirse intimidado por Él o por Su carácter, sino de andar en todos Sus caminos y de cumplir Sus mandamientos, porque respeta Su persona y Su autoridad. Por amor, lo servimos de todo corazón y con toda nuestra alma; no por simple obligación (v. 12).
 
El amor brota de una profunda gratitud por Su amor hacia nosotros; no porque nos guste o nos disguste. «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero» (1 Juan 4:19). Nuestro temor y amor a Dios nos capacita para andar voluntariamente en obediencia a Su ley.

“Si tememos y amamos a Dios, lo obedeceremos.”

Lectura del día: Deuteronomio 10:12-17

miércoles, 19 de enero de 2011

Reflexión miércoles, 19 de enero de 2011

Cuando alguien cae
David C. McCasland

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” —1 Corintios 10:12

Oír sobre la mala conducta de una figura pública respetable se ha convertido en algo tan usual que, aunque tal vez nos decepcionemos profundamente, casi no nos sorprende. Pero ¿cómo deberíamos reaccionar ante la noticia de un fracaso moral de una persona destacada o de un amigo? Podríamos empezar mirándonos a nosotros mismos. Hace un siglo, Oswald Chambers les dijo a sus alumnos del instituto bíblico Bible Training College, en Londres: «Manténganse siempre alertas ante la realidad de que allí donde un hombre ha vuelto atrás es exactamente donde cualquiera puede hacerlo […]. La fortaleza desprotegida es doble debilidad».
 
Las palabras de Chambers hacen eco de la advertencia de Pablo a ser conscientes de nuestra propia vulnerabilidad cuando vemos los pecados de otros. Después de hacer un repaso de la desobediencia de los israelitas en el desierto (1 Corintios 10:1-5), el apóstol instó a sus lectores a aprender de esos pecados para que no los repitieran (vv. 6-11). No se centró en los pecados pasados, sino en el orgullo presente, cuando escribió: «… el que piensa estar firme, mire que no caiga» (v. 12).
 
Sacudir la cabeza a manera de reproche es una reacción común ante el pecado manifiesto. Sin embargo, es más útil la cabeza que asiente, diciendo: «Sí, yo también soy capaz de hacer eso», y que después se inclina para orar por aquel que ha caído y por el que piensa que está firme.

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu. —Proverbios 16:18”

Lectura del día: 1 Corintios 10:1-13

martes, 18 de enero de 2011

Reflexión martes, 18 de enero de 2011

Un libro abierto
David H. Roper

“… sois carta de Cristo…” —2 Corintios 3:3

Como soy escritor, en ocasiones algún amigo me dice: «Algún día me gustaría escribir un libro».
 
«Es una meta elogiable —contesto yo— y espero que lo hagas. Pero es mejor ser un libro que escribirlo».
 
Estoy pensando en las palabras del apóstol Pablo: «siendo manifiesto que sois carta de Cristo […], escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón» (2 Corintios 3:3).
 
En su libro La práctica de la piedad, Lewis Bayly, capellán del rey Jaime I de Inglaterra, dijo que «el que espera producir algo bueno con sus escritos» descubrirá que «instruirá a muy pocos […]. Por lo tanto, el medio más poderoso para promover lo bueno es el ejemplo […]. Un hombre entre mil puede escribir un libro para instruir a sus prójimos […], pero todos pueden ser modelos de excelencia viviente para quienes los rodean».
 
La obra que Cristo está haciendo en los creyentes puede ejercer una influencia mucho mayor que cualquier libro que puedan escribir. Por medio de la Palabra de Dios, escrita «en [sus] corazones» (Jeremías 31:33), el Señor muestra Su amor y bondad para que todos vean.
 
Como creyente, quizá nunca escribas un libro, ¡pero al vivir para Dios, serás uno! Un libro abierto, una «carta de Cristo» para que todos lean.

“Si alguien leyera tu vida como un libro, ¿encontraría a Jesús en sus páginas?”

Lectura del día: Jeremías 31:31-34

lunes, 17 de enero de 2011

Reflexión lunes, 17 de enero de 2011

Conducir sin luz
Joe Stowell

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” —Salmo 119:105

Siempre he pensado que podría superar casi cualquier situación si el Señor me anticipara el resultado. No dudo de que «todas las cosas […] ayudan a bien» (Romanos 8:28), pero me iría mucho mejor durante los tiempos difíciles si supiera exactamente qué aspecto tiene el «bien».
 
Sin embargo, por lo general, Dios no nos muestra adónde nos está llevando, sino que solo nos pide que confiemos en Él. Es como conducir un automóvil durante la noche. Las luces nunca alumbran el trayecto completo hasta nuestro destino, sino que iluminan solo unos 50 metros al frente. Pero esto no nos desamina a continuar avanzando, ya que confiamos en ellas. Lo único que en realidad necesitamos es suficiente luz para seguir adelante.
 
La Palabra de Dios es como las luces delanteras en momentos oscuros. Está llena de promesas necesarias para que nuestra vida no caiga en la zanja de la amargura y la desesperación. Su Palabra promete que Él nunca nos dejará ni nos desamparará (Hebreos 13:5). Nos asegura que sabe lo que tiene pensado para nuestra vida: planes de paz y no de mal, para darnos el fin que esperamos (Jeremías 29:11). Y también nos dice que el objetivo de las pruebas es convertirnos en personas mejores, no amargadas (Santiago 1:2-4).
 
Así que, la próxima vez que te parezca que estás conduciendo en la oscuridad, recuerda que debes confiar en tu luz delantera: la Palabra de Dios te iluminará el camino.

“No tropezarás en la oscuridad si caminas a la luz de la Palabra de Dios.”

Lectura del día: Salmo 119:105-112

domingo, 16 de enero de 2011

Reflexión domingo, 16 de enero de 2011

Potencial de un niño
Dennis Fisher

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” —Proverbios 22:6

Louis Armstrong era famoso por su cara sonriente, su voz rasposa, su pañuelo blanco y su virtuosismo con la trompeta. No obstante, su niñez se caracterizó por el sufrimiento y las necesidades. Su padre lo abandonó cuando era bebé y, con solo doce años, lo mandaron a un reformatorio. Lo sorprendente fue que esto se convirtió en un punto decisivo y beneficioso para su vida.
 
El profesor Peter Davis visitaba periódicamente la escuela y les enseñaba música a los muchachos. Al poco tiempo, Louis se destacó como trompetista y se convirtió en el líder de la banda musical. La trayectoria de su vida pareció haber sido reajustada para que llegara a ser un famoso trompetista y artista.
 
La historia de Louis puede ser un ejemplo para los padres creyentes. El proverbio que dice «instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6) puede aplicarse no solo al aspecto moral y espiritual de la vida de nuestros hijos. También deberíamos darnos cuenta de que los talentos de un niño a menudo determinarán las áreas que les resultarán más interesantes. En el caso de Louis, una pequeña capacitación musical dio como resultado un trompetista virtuoso.Salva un
 
A medida que les enseñamos con amor la Palabra de Dios a nuestros hijos, deberíamos fomentar sus capacidades y preferencias para que lleguen a convertirse en aquello que el Señor planeó para sus vidas.

“Salva un niño, salva una vida.”

Lectura del día: Proverbios 22:1-6

viernes, 14 de enero de 2011

Reflexión viernes, 14 de enero de 2011

¿Llamarlo bueno?
Dave Branon

"Mas yo en tu misericordia he confiado…" —Salmo 13:5

¿Podemos nosotros saber determinar de verdad si las circunstancias de la vida son buenas o malas?
 
Por ejemplo, tu automóvil se rompe justo antes de sacar a pasear a tu familia. Pero cuando lo llevas al taller, el mecánico te dice: «Menos mal que no saliste a la ruta con este coche. Podría haberse incendiado». ¿Esa situación es mala debido al inconveniente o es buena porque Dios los protegió?
 
O quizá tu hija decide dedicarse a algo que a ti no te interesa mucho. Querías que jugara al baloncesto o que compitiera en atletismo en la escuela secundaria, pero ella deseaba cantar y tocar el oboe. Te frustras, pero la muchacha sobresale en lo que hace y termina consiguiendo una beca para estudiar música. ¿Eso es malo porque no se cumplieron tus sueños o es bueno porque Dios la guió por senderos que tú no podrías haber anticipado?
 
A veces, es difícil ver cómo está obrando Dios. Sus misterios no siempre nos revelan Sus secretos, y nuestro viaje suele ser redirigido por desvíos incontrolables. Tal vez Dios nos esté mostrando una ruta mejor.
 
Para asegurarnos de que las circunstancias aparentemente malas nos benefician, debemos reconocer el «gran amor» (Salmo 13:5 NVI) de Dios y confiar en él. Al final, podremos decir: «Canto salmos al SEÑOR. ¡El SEÑOR ha sido bueno conmigo!» (v. 6 NVI).

"Quizá no podamos controlar las circunstancias, pero sí nuestra actitud frente a ellas."

Lectura del día: Salmo 13

jueves, 13 de enero de 2011

Reflexión jueves, 13 de enero de 2011

Fe por contrato
Philip Yancey

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” —Romanos 8:28

A veces, las personas que sirven a Dios viven con una implícita «fe por contrato». Como dan tiempo y energía a la obra del Señor, piensan que merecen ser retribuidos con un trato especial.
 
Pero este no es el caso de mi amigo Douglas. En muchos aspectos, ha tenido una vida parecida a la de Job, ya que experimentó el fracaso en su ministerio, la muerte de su esposa tras un cáncer, y heridas, tanto él mismo como su hijo, al ser atropellados por un conductor borracho. Aun así, Douglas aconseja: «No confundas a Dios con la vida».
 
Cuando aparecen los problemas y surgen las dudas, suelo leer Romanos 8: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?» (v. 35). En esa única frase, Pablo resumió la biografía de su vida y de su ministerio. Soportó pruebas a causa del evangelio; sin embargo, tenía la clase de fe que creía que Dios podía utilizar esas «cosas» —sin duda, inherentemente desagradables— para bien. Había aprendido a ver más allá de las dificultades para contemplar a un Dios amoroso que un día prevalecerá sobre todo eso. Escribió: «… estoy seguro de que [nada] nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (vv. 38-39).
 
Esta clase de confianza puede ser de muchísima ayuda para vencer el desánimo al ver que la vida no ha sido como nosotros esperábamos.

“… el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. —Filipenses 1:6”

Lectura del día: Romanos 8:28-39

martes, 11 de enero de 2011

Reflexión martes, 11 de enero de 2011

¿Por qué no ahora?
David H. Roper

“… David, habiendo servido a su propia generación […], durmió.” —Hechos 13:36

Tengo un amigo querido que sirvió como misionero en Surinam durante muchos años, pero, en los últimos tiempos de su estancia allí, contrajo una enfermedad que lo dejó con una parálisis. A veces, se preguntaba por qué Dios permitía que siguiera viviendo. Anhelaba partir para estar con el Señor.
 
Quizá la vida sea muy difícil para ti o para un ser querido, y te preguntas por qué Dios ha permitido que tú o esa otra persona sigan con vida. Cuando Jesús dijo que se iba al cielo, Pedro preguntó: «Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora?» (Juan 13:37). Como en su caso, tal vez tú te preguntes por qué se ha pospuesto la entrada al cielo: «¿Por qué no ya?».
 
Dios tiene un propósito sabio y amoroso al dejarnos aquí. Tiene una obra que hacer en nosotros que solo puede llevarse a cabo aquí en la tierra. Nuestras aflicciones, que son solo momentáneas, están produciendo en nosotros «un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» (2 Corintios 4:17). Y hay una labor que realizar para los demás, aunque solo sea amarlos y orar por ellos. Quizá nuestra presencia también tenga el propósito de darles a otros la oportunidad de aprender a amar y a tener compasión.
 
Así que, aunque desees liberarte a ti mismo o a un ser amado, vivir en la carne puede ser provechoso (Filipenses 1:21). Además, hay consuelo en la espera: Aunque el cielo se retrase, Dios tiene Sus razones. ¡No hay ninguna duda!

“Nuestro mayor consuelo es saber que Dios tiene el control.”

Lectura del día: Juan 13:33-38

lunes, 10 de enero de 2011

Reflexión lunes, 10 de enero de 2011

Llamado de
Julie Ackerman Link

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” —Génesis 12:1

Una de las personas más inteligentes que conozco es un amigo de la escuela que aceptó a Cristo como Salvador mientras estudiaba en una universidad estatal. Se graduó con honores y fue a estudiar a un famoso seminario. Trabajó como pastor en una pequeña iglesia durante varios años y después respondió al llamado de servir en otra iglesia, lejos de la familia y los amigos. Después de doce años en ese lugar, sintió que la congregación necesitaba renovar el liderazgo y, entonces, se fue. No le habían ofrecido trabajo en otra iglesia más grande ni un cargo para enseñar en ninguna escuela ni seminario. En realidad, ni siquiera tenía otro trabajo. Simplemente, sabía que Dios lo estaba guiando en otra dirección, así que, obedeció.
 
Cuando charlamos sobre el tema, mi amigo me dijo: «Muchas personas hablan de ser llamado para ir a alguna cosa, pero no oigo mucho sobre ser llamado para salir de algo».
 
En muchos aspectos, su obediencia se parecía a la de Abraham, el patriarca israelita, el cual salió sin saber adónde lo guiaba Dios (Hebreos 11:8-10). Problemas tales como el hambre (Génesis 12:10), el miedo (vv. 11-20) y los conflictos familiares (13:8) daban razones para dudar, pero Abraham perseveró y, a causa de su fe, Dios lo consideró justo (Gálatas 3:6).
 
Quizá no sea fácil llevar una vida de obediencia, pero sí será bendecida (Lucas 11:28).

“No necesitas saber adónde vas si estás seguro de que Dios es el guía.”

Lectura del día: Génesis 12:1-9

domingo, 9 de enero de 2011

Reflexión domingo, 9 de enero de 2011

Ojo siempre abierto
Cindy Hess Kasper

“A Jehová clamé estando en angustia, y él me respondió.” —Salmo 120:1

A mediados del siglo xix, el detective Allan Pinkerton se hizo famoso por descubrir una serie de robos a trenes y por frustrar un complot para asesinar a Abraham Lincoln mientras viajaba para asumir la presidencia de los Estados Unidos. La Agencia Nacional de Detectives Pinkerton no solo se destacó por ser una de las primeras en ese país, sino aún más por su logotipo, que mostraba un ojo bien abierto, con la frase: «Nunca dormimos».
 
No hay nada mejor que saber que uno está protegido y seguro. Al ir a dormir por la noche, te tranquiliza que las puertas estén cerradas con llave y todo esté en silencio. Te sientes a salvo. Sin embargo, hay muchos que yacen despiertos en sus camas pensando con miedo en el presente y en el futuro. Algunos les temen a los disturbios fuera de la casa o a un cónyuge violento. Otros no pueden dormir porque están preocupados por un hijo rebelde. Incluso hay quienes, angustiados, están atentos para saber si un hijo gravemente enfermo sigue respirando.
 
En estos casos, nuestro Dios amoroso nos insta a clamar a Él, a Aquel que «no se adormecerá ni dormirá» (Salmo 121:4). El Salmo 34:15 nos recuerda que «los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos».
 
Quizá Pinkerton haya sido el «ojo privado» original, pero el único que realmente tiene Su ojo siempre abierto, que nunca duerme, está escuchando los clamores de «los justos» (Salmo 34:17).

“Podemos dormir en paz cuando recordamos que Dios está despierto.”

Lectura del día: Salmo 121

viernes, 7 de enero de 2011

Reflexión viernes, 7 de enero de 2011

Realmente asombroso
Anne Cetas

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…” —1 Juan 3:1

Leí estas palabras en la página web personal de una joven: «Solo quiero ser amada… ¡y él tiene que ser extraordinario!».
 
¿No es lo que todos queremos: ser amados, sentir que alguien se preocupa por nosotros? ¡Y muchísimo mejor si la otra persona es extraordinaria!
 
El que mejor cumple con esa descripción es Jesucristo. En una demostración de amor sin precedentes, dejó la morada celestial con Su Padre y vino a la Tierra como el bebé a quien recordamos en Navidad (Lucas 2). Más tarde, después de vivir una vida perfecta, dio Su vida en la cruz como una ofrenda a Dios por nosotros (Juan 19:17-30). Ocupó nuestro lugar porque necesitábamos ser rescatados de nuestro pecado y de la pena de muerte. «… Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Tres días después, el Padre levantó a Jesús de entre los muertos y volvió a vivir (Mateo 28:1-8).
 
Cuando nos arrepentimos y recibimos el regalo del amor asombroso de Jesús, Él se convierte en nuestro Salvador (Juan 1:12; Romanos 5:9), Señor (Juan 13:14), Maestro (Mateo 23:8) y Amigo (Juan 15:14). «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios» (1 Juan 3:1).
 
¿Buscas a alguien que te ame? Jesús te ama muchísimo más de lo que cualquier otra persona pueda hacerlo… ¡y Él es realmente extraordinario!

“Lo maravilloso de todo esto es pensar que Jesús me ama.”

Lectura del día: Romanos 5:6-11

jueves, 6 de enero de 2011

Reflexión jueves, 6 de enero de 2011

Tomar cartas
Marvin Williams

“Y [a Jesús] le era necesario pasar por Samaria.” —Juan 4:4

En 1992, el huracán Andrés dañó terriblemente la casa de Norena en el sur de Florida, en los Estados Unidos. Entonces, le pagaron un seguro y comenzaron la tarea de reparación. Sin embargo, cuando se terminó el dinero, los constructores se fueron y dejaron una casa incompleta y sin electricidad. Durante 15 años, Norena se las arregló con una pequeña refrigeradora y unas pocas lámparas conectadas con extensiones de cables. Lo sorprendente era que los vecinos parecían no darse cuenta del problema. Al tiempo, el alcalde se enteró y decidió tomar cartas en el asunto: contactó un electricista que, a las pocas horas, le devolvió la electricidad a la casa.
 
Cuando Jesús se encontró con la mujer samaritana junto al pozo (Juan 4), intervino en la vida de ella y le habló sobre su necesidad de recibir poder espiritual. Estableció con ella un lazo en común (el agua, v. 7) y le despertó el interés y la curiosidad espiritual (vv. 9-14). Fue bondadoso y sensible al confrontarla con su pecado (vv. 16-19) y mantuvo la conversación enfocada en un tema importante (vv. 21-24). Después, la confrontó directamente con la verdad de que Él era el Mesías (v. 26). Como resultado, ella y muchos otros samaritanos creyeron en Jesús (vv. 39-42).
 
Tomemos cartas en las vidas de otros y hablémosles de Jesús. Él es la única fuente de poder espiritual y el que satisface nuestros anhelos más profundos.

“Una fe que vale la pena tener, también vale la pena compartirla.”

Lectura del día: Juan 4:7-26

miércoles, 5 de enero de 2011

Reflexión miércoles, 5 de enero de 2011

León de Judá
Julie Ackerman Link

“No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido…” —Apocalipsis 5:5

Los leones que se paseaban por la reserva de animales Masai Mara, en Kenia, parecían inofensivos. Se revolcaban sobre pequeños arbustos; se refregaban la cara contra las ramas como si estuvieran tratando de peinar sus magníficas melenas; bebían tranquilamente de un arroyo; caminaban sin prisa por el terreno seco y lleno de matorrales como si tuvieran todo el tiempo del mundo. El único momento en que les vi los dientes fue cuando uno de ellos bostezó.
 
Sin embargo, ese aspecto sereno es engañoso. La razón por la cual pueden estar tan relajados es que no tienen nada a qué temerle: ni escasez de comida ni depredadores naturales. Los leones parecen perezosos e indiferentes, pero son los animales más fuertes y feroces que existen. Con un solo rugido, hacen que todos los demás huyan para protegerse.
 
A veces, parece que Dios estuviera paseándose. Cuando no lo vemos actuar, llegamos a la conclusión de que no está haciendo nada. Oímos que la gente se burla de Él y dice que no existe, y ansiosamente nos preguntamos por qué no se defiende. Pero a Dios «no lo espantarán sus voces, ni se acobardará por el tropel de ellos» (Isaías 31:4). No tiene nada que temer. Con un solo rugido, hace que sus detractores se dispersen como ratas.
 
Si te preguntas por qué Dios no está ansioso y tu sí, se debe a que tiene todo bajo control. Él sabe que Jesucristo, el León de Judá, triunfará.

“Como Dios tiene el control, no tenemos nada que temer.”

Lectura del día: Isaías 31:1-5