Nunca se sabe
David H. Roper
“Porque de suyo lleva fruto la tierra…” —Marcos 4:28
Mientras estudiaba en el seminario, dirigí un campamento de verano para niños en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Cada mañana, empezaba el día con una breve historia en la que trataba de incluir un elemento del evangelio.
Para ilustrar la idea de que convertirse en creyente significa tornarse una nueva criatura en Cristo, relaté el cuento de un ratón que quería ser caballo. El ratón había visto una manada de caballos salvajes; pensó que eran criaturas elegantes y quiso ser como ellos. Entonces, aprendió a actuar como un equino. Sin embargo, nunca lo aceptaron como tal porque… bueno… era un ratón. ¿Cómo puede un ratón convertirse en caballo? Solamente si nace caballo, por supuesto. Entonces, después les expliqué cómo podemos todos nacer de nuevo si creemos en Jesús.
Un verano, tenía un consejero del equipo de trabajo, llamado Henry, que era muy hostil a la fe. Lo único que podía hacer era amarlo y orar por él; pero, al terminar el verano, se fue endurecido por su incredulidad. Eso pasó hace más de 50 años. Hace un tiempo, recibí una carta de Henry. La primera frase decía: «Le escribo para decirle que nací de nuevo y que ahora, por fin, soy un “caballo”». Esto me confirmó que lo que debemos hacer es seguir orando y plantando la semilla de la Palabra (Marcos 4:26) para que algún día dé fruto.
“Nosotros sembramos y Dios produce la cosecha.”
Lectura del día: Marcos 4:26-32