martes, 14 de diciembre de 2010

Reflexión martes, 14 de diciembre de 2010

¿Y el gorro de Juani?
David H. Roper

“Mas yo esperaré siempre, y te alabaré más y más.” —Salmo 71:14

Se cuenta la historia de una familia que fue a pasar el día junto a un lago. En cierto momento, el hijo de cinco años se metió en el agua, puso un pie en la parte profunda y se hundió. Como ninguno de los adultos del grupo sabía nadar, corrían de un lado al otro por la orilla, llenos de pánico, mientras el niño salía a la superficie y se hundía pidiendo ayuda a los gritos. Justo en ese momento, pasaba un hombre. Al darse cuenta de lo que sucedía, se zambulló en el lago y rescató al muchachito. Cuando llegó a la orilla con el niño, el cual estaba asustado, pero sano, lo único que le oyó decir a la madre enojada fue: «¿Y el gorro de Juani?».
 
Muchas veces nos preocupamos por decepciones insignificantes que nos llevan a rezongar y a quejarnos, en vez de concentrarnos en las cosas hermosas que Dios coloca en nuestra vida, entre las cuales se destacan Su amor y salvación eternos. Cuando nos quejamos por las pequeñas insatisfacciones de la vida, es como si estuviésemos diciendo: «¿Y el gorro de Juani?».
 
Pablo escribió: «Dad gracias en todo» (1 Tesalonicenses 5:18). Quizá no estemos agradecidos por cada cosa que se nos cruza en el camino, pero sí podemos dar gracias en todo. Tal vez sea difícil dar gracias cuando se pierde el trabajo o la salud se deteriora, pero podemos agradecer por las bendiciones que el Señor nos ha dado en este mundo y por la vida eterna que nos espera.

“En vez de preocuparnos por nuestros problemas, alabemos al Señor por Sus bendiciones.”

Lectura del día: Salmo 42

lunes, 13 de diciembre de 2010

Reflexión lunes, 13 de diciembre de 2010

Fuente de impacto
Bill Crowder

“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, […] se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.” —Hechos 4:13

El Premio Nobel se otorga todos los años a personas que han producido un impacto extraordinario en diversas áreas. Líderes en economía, física, literatura, medicina y paz son reconocidos por sus contribuciones. Darle este premio a alguien es una manera de afirmar en forma categórica sus años de capacitación, esfuerzo, educación y sacrificio en busca de la excelencia; inversiones que constituyen la fuente de tal impacto.
 
Quizá tengamos intenciones de dejar una significativa marca espiritual en el mundo, pero nos preguntamos: ¿Cuál es la fuente de influencia para una vida piadosa y para el ministerio? Si deseamos causar un impacto extraordinario para Jesucristo, ¿en qué debemos invertir nuestra vida?
 
Los primeros seguidores de Cristo mostraban huellas del impacto de haber pasado tiempo con Jesús. Los líderes religiosos judíos lo reconocieron. Hechos 4:13 nos dice: «Entonces viendo [los líderes] el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús».
 
La capacitación y la educación son importantes en el servicio para el Salvador, pero nada puede sustituir el tiempo que uno pasa en Su presencia. Él es la fuente de todo impacto espiritual que podamos ejercer en nuestro mundo. ¿Cuánto tiempo has estado pasando con Jesús, tu fuente de impacto?

“Para ser un experto en vida, pasa tiempo con el Maestro que la creó.”

Lectura del día: Hechos 4:1-13

domingo, 12 de diciembre de 2010

Reflexión domingo, 12 de diciembre de 2010

Cebras y ñus
Julie Ackerman link

“Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.” —1 Corintios 12:25

Después que nuestro avión aterrizó en la pista de grava, Jay y yo bajamos y nos introdujimos en el mundo de Masai Mara, en Kenia. Un hombre de la tribu masai, llamado Sammy, nos recibió y cargó nuestro equipaje en un vehículo Land Rover. Luego, nos dirigimos al campamento donde pasaríamos los dos días siguientes.
 
Ocasionalmente nos deteníamos para ver las cebras y los ñus que migraban desde Masai Mara hacia Serengueti. Entonces, Sammy nos explicaba que las dos inmensas manadas viajaban juntas porque las cebras tenían buena vista y un olfato limitado, mientras que los ñus no podían ver bien, pero su sentido del olfato estaba bien desarrollado. Al trasladarse juntos, son menos vulnerables a los depredadores. Esa fue nuestra primera lección sobre la revelación de Dios en la creación, las cuales abundan en Kenia.
 
Así como Dios hace los animales con diferentes fortalezas y debilidades, lo mismo sucede con los seres humanos. El Señor no sólo nos hizo para que dependiéramos de Él, sino también los unos de los otros. El apóstol Pablo desarrolló este concepto en su carta a la iglesia de Corinto. Como miembros del cuerpo de Cristo, todos tenemos diferentes dones y talentos (1 Corintios 12:12-31).
 
La iglesia sólo es saludable cuando trabajamos juntos, nos cuidamos mutuamente y utilizamos nuestras fortalezas para ayudarnos unos a otros.

“Juntos podemos ir mucho más lejos de lo que lo haríamos solos.”

Lectura del día: 1 Corintios 12:14-26

sábado, 11 de diciembre de 2010

Reflexión sábado, 11 de diciembre de 2010

Orar por la oposición
Dennis Fisher

“Amad a vuestros enemigos […], y orad por los que […] os persiguen.” —Mateo 5:44

Cuando cursaba el primer año del instituto bíblico, empecé a tener más valor para hablar del Señor. No me sorprendió que mi nueva costumbre generara roces con algunas personas. Esto se evidenció en una ocasión cuando asistí a un evento social con algunos de mis ex compañeros de la escuela secundaria. Una joven, a la cual anteriormente le había testificado, se rio de mi interés en cuanto a dónde pasaría ella la eternidad. Ed, otro amigo que sabía de mi fe, dijo bromeando: «¡Tres hurras por la antigua cruz del calvario!». Me sentí menospreciado y rechazado.
 
Sin embargo, horas más tarde, esa misma noche, me inundó un amor inexplicable. Al recordar el mandato de nuestro Señor: «Amad a vuestros enemigos […], y orad por los que […] os persiguen» (Mateo 5:44), oré por Ed, que se había burlado de la cruz de Cristo. Con los ojos llenos de lágrimas, le pedí al Señor que lo salvara.
 
Más o menos al año, recibí una carta de Ed donde decía que quería que nos encontráramos. Cuando por fin nos reunimos, me contó cómo se había arrepentido de sus pecados e invitado a Cristo para que fuera su Salvador y Señor. Más tarde, me sorprendí cuando oí que había ido como misionero evangélico a Brasil. La lección que aprendí por experiencia es que la mejor respuesta para la oposición espiritual es la oración. ¿Acaso habrá alguien que critica tu fe que hoy pueda necesitar tus oraciones a su favor?

“Pueden burlarse de nuestro mensaje, pero no, luchar contra nuestras oraciones.”

Lectura del día: Juan 19:1-5

jueves, 9 de diciembre de 2010

Reflexión jueves, 9 de diciembre de 2010

Receta para el éxito
Jennifer Benson Schuldt

“Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche […]. Así prosperarás y tendrás éxito.” —Josué 1:8

Narices fruncidas y caras de asco… A veces, así reacciona mi familia ante la comida que preparo; en especial, cuando estoy probando algo nuevo en la cocina. Hace poco, tuve mucho éxito con una versión exclusiva de fideos con salsa de queso. Anoté los ingredientes y guardé la receta para consultarla en el futuro. Sin esas instrucciones, sabía que la próxima tanda sería un fracaso.
 
Sin las instrucciones de Dios, Josué habría fracasado al guiar a los israelitas para entrar en la tierra prometida. El primer paso era esforzarse y ser valiente (Josué 1:6). Luego, tenía que meditar constantemente en el libro de la ley. Y por último, debía hacer todo lo que ese libro decía. Mientras Josué siguiera las instrucciones, Dios le prometió que tendría «éxito» (v. 8).
 
La «receta para el éxito», que Dios ofrece, puede funcionar también para nosotros. Sin embargo, su idea del éxito tiene poco que ver con el dinero, la popularidad o, incluso, la buena salud. En el texto original hebreo, «y tendrás éxito» significa «entonces actuarás con sabiduría». Así como Dios llamó a Josué para que caminara sabiamente, también desea que nosotros andemos «con diligencia […], no como necios sino como sabios» (Efesios 5:15).
 
Si somos valientes en el Señor, disfrutamos de Su Palabra y lo obedecemos, tenemos una receta para el éxito espiritual mejor que cualquier otra cosa que elaboremos por nuestra cuenta.

“Obedecer la Palabra de Dios es la receta para el éxito espiritual.”

Lectura del día: Josué 1:1-9

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Reflexión miércoles, 8 de diciembre de 2010

Vivir con humildad
Marvin Williams

“Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina…” —2 Crónicas 26:16

Dwight L. Moody dijo: «Cuando un hombre piensa que tiene mucha fuerza y confía en sí mismo, puedes anticipar su caída. Tal vez pasen años antes de que salga a la luz, pero ya ha comenzado». Esto ciertamente le sucedió al rey Uzías.
 
Todo parecía andar tan bien en su vida… Era obediente, se sometía a sus consejeros espirituales y buscó la dirección de Dios durante la mayor parte de su reinado. Mientras le pidió al Señor que lo ayudara, Él le concedió grandes triunfos, los cuales se evidencian en muchos de sus logros (2 Crónicas 26:3-15).
 
La vida de Uzías se caracterizó por tener gran poder y éxito humanos hasta que todo eso lo encegueció. Su orgullo se manifestó de diversas maneras: desafió la santidad de Dios al traspasar los límites del templo y atreverse a asumir una posición que nunca podría tener (v. 16); consideró que el poder de Dios era bueno, pero que no lo necesitaba en absoluto para ejercer su liderazgo (vv. 5,16); rechazó la disciplina y el consejo piadoso (vv. 18-19); pasó por alto su oportunidad de arrepentirse; e ignoró las consecuencias de su pecado, en lugar de temer a lo que podría sucederle (vv. 18-19).
 
Cuando Dios nos concede triunfar en alguna área de nuestra vida, no nos olvidemos de la Fuente de dicho éxito. Quiera el Señor que escojamos vivir con humildad, porque Él da gracia a los humildes.

“Dios nos exalta cuando decidimos vivir humildemente.”

Lectura del día: 2 Crónicas 26:3-19

martes, 7 de diciembre de 2010

Reflexión martes, 7 de diciembre de 2010

Cosas pequeñas
Anne Cetas

“… Padre de misericordias y Dios de toda consolación, […] nos consuela en todas nuestras tribulaciones…” —2 Corintios 1:3-4

Una facultad de medicina, en Nueva York, ofrece una oportunidad singular a los alumnos que se especializan en geriatría: durante diez días, residen en un hogar de ancianos y experimentan cómo es la vida allí. Aprenden lo difícil que es maniobrar una silla de ruedas, ser levantado de la cama con un elevador y tomarse de la barra de la ducha estando sentado. Uno de ellos aprendió lo importantes que son algunas cosas simples, como colocar los nombres de los pacientes a menor altura en las puertas, para que encuentren sus habitaciones con más facilidad, o poner el control remoto del televisor en un lugar accesible.
 
Aunque los estudiantes no alcanzan a identificarse por completo con la situación, estarán mejor capacitados para servir a los ancianos en el futuro.
 
A veces, Dios nos da la oportunidad de utilizar las lecciones que aprendimos y el consuelo que Él nos concedió en momentos difíciles, para ayudar a otros de manera especial. Pablo lo señaló cuando dijo: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación…» (2 Corintios 1:3-4).
 
¿Estás utilizando para beneficio de la vida de otros las lecciones que aprendiste durante tus pruebas? Recuerda: aun las cosas pequeñas pueden significar mucho.

“Dios no nos consuela para que nos sintamos confortables, sino para convertirnos en consoladores.”

Lectura del día: 2 Corintios 1:3-7

lunes, 6 de diciembre de 2010

Reflexión lunes, 6 de diciembre de 2010

Cambio de dirección
Bill Crowder

“Porque ellos mismos cuentan […], cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.” —1 Tesalonicenses 1:9

El Servicio Secreto de los Estados Unidos se fundó en 1865. ¿Cuál era su misión? Ocuparse de los falsificadores, en un intento de proteger el dólar y, en consecuencia, la economía de la nación. No obstante, este grupo clave de funcionarios, encargados de hacer cumplir la ley, experimentó un cambio de dirección en 1902. Aunque sus responsabilidades todavía abarcan una diversidad de tareas, alcanzaron renombre por ser quienes protegen al presidente de Estados Unidos de América.
 
Ese cambio de rumbo en las obligaciones del Servicio Secreto no es nada en comparación con el cambio radical que experimentaron en su vida los creyentes de Tesalónica. Esa transformación espiritual los cambió de tal manera que todo el mundo se dio cuenta. Pablo escribió: «… os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero» (1 Tesalonicenses 1:9). Y explica: «De tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y Acaya que han creído. […] vuestra fe en Dios se ha extendido» (vv. 7-8). El cambio de dirección que demostraron fue, sin exagerar, tremendo: abandonaron la adoración a los ídolos para entregarse a una relación con el Dios vivo y verdadero. Así, la gente se dio cuenta de la diferencia en sus vidas.
 
Me pregunto: ¿La gente observa una transformación tan profunda en nuestro corazón y en nuestra manera de vivir?

“Aceptar a Cristo no es una mera información, sino una transformación.”

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 1

domingo, 5 de diciembre de 2010

Reflexión domingo, 5 de diciembre de 2010

Prepararse y esperar
David C. MCCasland

“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor…” —Lucas 2:9

Cuando nuestros hijos eran pequeños, celebrábamos el Adviento (período que comienza el cuarto domingo antes de la Navidad y se extiende hasta la Noche Buena) colocando una corona de hojas en la mesa y encendiendo velas todas las noches después de cenar. Cantábamos un himno y leíamos un breve pasaje bíblico sobre el nacimiento de Cristo. Era un tiempo especial durante el cual preparábamos nuestro corazón para festejar la Navidad.
 
Sin embargo, el Adviento es más que eso. Cuando los cristianos comenzaron a celebrarlo, en el siglo iv, no lo consideraban solamente una preparación para conmemorar el nacimiento de Jesús, sino también un período de anticipación de Su segunda venida. Hallaban esperanza y gozo en la promesa contundente del retorno del Señor.
 
El Evangelio de Lucas relata que «la gloria del Señor» resplandeció alrededor de los pastores cuando el ángel anunció el nacimiento del Salvador (2:9). El mismo Lucas registra la promesa de Jesús de que regresaría «con poder y gran gloria» (21:27). Estos dos acontecimientos delimitan el propósito por el cual el Hijo de Dios vino al mundo.
 
En latín, adviento significa «venida». Las semanas antes de la Navidad pueden ser una época maravillosa de recogimiento y expectación al celebrar la primera venida del Señor en Belén y anticipar la segunda, cuando regrese en gloria. ¡Cristo vino! ¡Cristo viene otra vez!

“¡Cristo vino! ¡Cristo viene otra vez!”

Lectura del día: Lucas 2:8-12; 21:25-28

sábado, 4 de diciembre de 2010

Reflexión sábado, 4 de diciembre de 2010

Inspirar a transpirar
Julie Ackerman link

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores…” —Santiago 1:22

Mis dos abuelos eran jardineros, y también lo son muchos de mis amigos. Me encanta visitar hermosos jardines… me inspiran, me hacen desear crear algo igualmente precioso en mi propia casa. Pero mi problema es pasar de la etapa de inspiración a la de transpiración que requiere la jardinería. Mis grandes ideas no se hacen realidad porque no dedico ni el tiempo ni la energía necesarios para concretarlas.
 
Esto también puede ser cierto en nuestra vida espiritual. Podemos oír los testimonios de otras personas y maravillarnos ante la obra que Dios está haciendo en sus vidas, escuchar música y mensajes grandiosos y sentirnos inspirados a seguir al Señor con más dedicación. Sin embargo, poco después de salir de la iglesia, nos resulta difícil encontrar tiempo o no nos esforzamos para cumplir nuestro deseo.
 
Santiago describe a tales creyentes como personas que se miran en un espejo y se ven, pero no hacen nada para corregir lo que está mal (Santiago 1:23-24). Oyen la Palabra, pero eso no los induce a la acción. El apóstol dice que debemos hacer, no sólo oír.
 
Cuando pasemos de la inspiración que genera la simple «audición» de cosas buenas que hacen otras personas a la transpiración que implica la «realización» personal de tales bondades, la Palabra de Dios implantada (1:21) producirá un jardín hermoso de fruto espiritual.

“La vida funciona mejor cuando trabajamos.”

Lectura del día: Tito 3:1-8

viernes, 3 de diciembre de 2010

Reflexión viernes, 3 de diciembre de 2010

La firma de Dios
Cindy Hess Kasper

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera…” —Génesis 1:31

En la pared de la casa de un amigo mío, que tiene junto a un lago, hay una colección de cuadros. Cada uno de ellos muestra una foto de un atardecer, tomadas desde el muelle, en diversas estaciones del año. Si bien todas son asombrosamente bellas, no hay dos idénticas. Cuando las miro, me recuerda cómo definió una vez otro amigo el atardecer: «La hermosa firma de Dios al final del día».
 
Dios escribe Su firma en cada ocaso y también en cada uno de Sus hijos de manera particular. Nunca me canso de reconocer cuán maravillosamente distinta es cada persona que conozco. La creatividad de Dios no tiene límites, y la variedad de personalidades, de sentidos del humor, de talentos y de preferencias en la música y en los deportes es todo obra de Sus manos.
 
En el cuerpo de Cristo, podemos ver que los diversos dones espirituales siguen teniendo un vínculo en común y pueden obrar juntos para cumplir los propósitos de Dios y para darle gloria a Él. En 1 Corintios 12:4-6, leemos: «… hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo».
 
La firma de Dios, que es tan evidente en la naturaleza, también está presente en Su pueblo. Celebremos las diferencias que hacen que cada uno de Sus hijos sea único.

“La firma de Dios se ve en Su creación.”

Lectura del día: Génesis 1:27-31

jueves, 2 de diciembre de 2010

Reflexión jueves, 2 de diciembre de 2010

Tiempo de refrigerio
Dennis Fisher

“… arrepentíos […]; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.” —Hechos 3:19

¿Qué te resulta más renovador: una bebida fría en un día caluroso, una siesta por la tarde o escuchar música de alabanza y de adoración?
 
El tema bíblico del refrigerio tiene una diversidad de alcances físicos y espirituales. En la Escritura, leemos que tal alivio se obtenía descansando durante el día de reposo (Éxodo 23:12), con agua fresca después de una actividad física (Jueces 15:18-19), con una música suave (1 Samuel 16:23) y mediante el estímulo de la comunión (2 Timoteo 1:16).
 
El apóstol Pedro describe una ocasión de refrigerio espiritual que tuvo lugar durante el Día de Pentecostés, cuando exhorta a sus oyentes a arrepentirse y a responder al evangelio «para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio» (Hechos 3:19). Su declaración tuvo un significado especial para la audiencia judía porque hacía referencia al milenio, cuando el Mesías reinaría. No obstante, la buena noticia de la vida espiritual también se extendería a los gentiles (Hechos 10).
 
Aun ahora, como creyentes, podemos experimentar un tiempo de refrigerio al aquietar nuestro corazón durante los momentos devocionales de oración y lectura bíblica. Cuando estamos a solas con el Señor, podemos experimentar Su paz y Su gozo que renuevan nuestro espíritu. ¿No estás agradecido por estos tiempos diarios de refrigerio espiritual?

“Cuando nos acercamos a Dios, nuestra mente se refresca y nuestra fuerza se renueva.”

Lectura del día: Hechos 3:17-26

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Reflexión miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Una muleta?
Dave Branon

“… estamos atribulados en todo, mas no angustiados…” —2 Corintios 4:8

¿Alguna vez escuchaste decir a los escépticos que la fe cristiana es sólo una muleta; que la única razón de que algunos declaran confiar en Jesús es porque son débiles y tienen que inventar una «religión» para poder sobrevivir?
 
Al parecer, esos escépticos no han oído acerca del médico que, en un país del Lejano Oriente, pasó dos años y medio en la cárcel siendo «reeducado», porque profesó creer en Cristo. Más tarde, después de ser liberado, lo volvieron a arrestar; en esa ocasión, por sus actividades en la iglesia.
 
Y tal vez dichos escépticos tampoco han oído sobre Pablo, el cual, después de confiar en Jesús, fue arrestado y azotado, soportó burlas y padeció un naufragio (2 Corintios 11:16-29).
 
Estos creyentes no buscaban una muleta, sino que tenían algo esencial y profundo en sus corazones: experimentaban una relación personal con Dios, producto de su fe en la obra de Jesús en la cruz. Como resultado, se convirtieron en hijos del Rey, deseosos de sacrificar todo por el privilegio de proclamar Su nombre. No andaban a los saltos buscando algo que los mantuviera en pie.
 
¿Una muleta? Ni pensarlo. La fe en Cristo no es una cuestión de seguridad ni de prevención, sino de creer en Jesús y confiar en Él sin importar lo que traiga aparejado. Significa tomar una cruz todos los días (Lucas 9:23) y vivir para el Salvador.

“Como Jesús soportó la cruz en nuestro lugar, nosotros voluntariamente la tomamos por Él.”

Lectura del día: 2 Corintios 4:8-15