lunes, 31 de mayo de 2010

Reflexión Lunes, 31 de mayo de 2010

Recordar el sacrificio
Bill Crowder

“Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.” —1 Corintios 11:24

En los Estados Unidos, Memorial Day [Día de los caídos] es el día en que se conmemora a quienes murieron sirviendo a esa nación. Un sitio donde dicha conmemoración tiene un significado profundo y emotivo es en el Cementerio Nacional de Arlington, cerca de Washington, D.C. Arlington es un lugar solemne donde, debido a la muerte de veteranos de guerra ya ancianos y a los permanentes conflictos bélicos en todo el mundo, en la actualidad hay alrededor de 25 funerales militares por día.

Esto es particularmente complicado para «La vieja guardia», miembros del 3.er regimiento de infantería de los Estados Unidos que cumple su servicio en Arlington. Su función es trasladar los cuerpos de los caídos y honrar su sacrificio. Los integrantes de «La vieja guardia» nunca se olvidan del costo de la libertad, porque se les recuerda día tras día.

A los creyentes en Cristo se les ha dado la Cena del Señor para recordar lo que nuestra libertad del pecado le costó al Señor Jesucristo. Al participar del pan y de la copa, cumplimos Su mandato, cuando dijo: «haced esto en memoria de mí» (1 Corintios 11:24). Sin embargo, en la solemne conmemoración del sacrificio de Cristo hay gozo, porque no necesitamos dejar nuestros recuerdos en la mesa del Señor. Vivir nuestras vidas para el Salvador puede mostrarle al mundo que nunca olvidaremos el sacrificio que Él hizo por nosotros.

“Recordar la muerte de Cristo por nosotros debería incentivarnos a vivir para Él.”

Lectura del día: 1 Corintios 11:23-34

domingo, 30 de mayo de 2010

Reflexión Domingo, 30 de mayo de 2010

¿Qué hay que hacer?
Julie Ackerman Link

“Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás.” —Éxodo 23:12

La tecnología actual permite que algunas personas trabajen 24 días y descansen 7 por mes. Podemos llevar trabajo a casa o adonde vayamos de vacaciones. El trabajo nos acompaña siempre, excepto cuando se corta la luz.

En el invierno de 2008, una tormenta de nieve cubrió varios estados con una espesa capa cristalina. Cayeron árboles y ramas que bloquearon caminos e hicieron que la gente no pudiera salir de sus casas. También afectó a los cables de suministro eléctrico, lo que dejó a muchos en total oscuridad y sin poder hacer nada que requiriera electricidad.

Cada vez que algo así interrumpe mi vida, me doy cuenta de lo importante que es el trabajo para mí. Sin él, me siento insignificante, improductiva e inútil. Sin embargo, Dios no quiere que el trabajar sea tan importante para nosotros, y no tendría que haber un corte de electricidad para obligarnos a parar. En el Antiguo Testamento, el Señor aplicó un plan para hacer que Su pueblo se detuviera y le prestara atención a Él. Se llamaba día de reposo. El séptimo día de la semana no tenían que trabajar (Exodo 23:12).

Aunque, en el Nuevo Testamento, a los creyentes no se les exige que cumplan esta ley, el descanso sigue siendo importante. Poner en práctica un día para descansar impide que creamos erróneamente que nuestro trabajo es más importante que Dios.

¿Qué hay que hacer para lograr que te detengas y le prestes atención al Señor?

“Si no nos apartamos para descansar, nos vamos a desmoronar.” —Havner

Lectura del día: Génesis 2:1-7

sábado, 29 de mayo de 2010

Reflexión Sábado, 29 de mayo de 2010

Nunca digas nunca
David C. McCasland

“En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.’ —Hechos 9:20

Mientras caminaba con un amigo por un sendero junto al antiguo Muro de Berlín, él me dijo: «Este es uno de esos lugares “nunca digas nunca” de mi vida». Me explicó que, durante los años en que el muro dividía la ciudad, había hecho una docena de viajes a través del paso fronterizo Checkpoint Charlie para alentar a los miembros de la iglesia que vivían bajo constante vigilancia y oposición en Alemania del Este. En más de una ocasión, los guardias de la frontera lo habían detenido, interrogado y hostigado.

En 1988, él llevo a sus hijos a Berlín Occidental, y les dijo: «Miren bien este muro porque, algún día, cuando traigan a sus hijos aquí, seguirá estando». Un año después no estaba más.

Cuando Saulo de Tarso comenzó a atacar a los seguidores de Jesús, nadie se imaginaba que alguna vez se convertiría en discípulo de Cristo. «Jamás. Imposible». Sin embargo, Hechos 9:1-9 registra la historia del encuentro enceguecedor de Saulo con Jesús en el camino a Damasco. Pocos días después de ese acontecimiento que le cambió la vida, Saulo estaba predicando en las sinagogas de aquella ciudad y diciendo que Jesús era el Hijo de Dios, lo cual llenaba de asombro a todos los que lo escuchaban (vv. 20-21).

En lo que respecta a la obra de Dios en las personas más complicadas que conozcamos, nunca deberíamos decir «nunca».

“Nunca digas «nunca» cuando se trata de lo que Dios puede hacer.”

Lectura del día: Hechos 9:1-22

viernes, 28 de mayo de 2010

Reflexión Viernes, 28 de mayo de 2010

El tiempo en sus manos
Dave Branon

“Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.” —Salmo 31:14-15

En un mensaje a los graduados 2002 de la Universidad de Cedarville, el Dr. Paul Dixon los alentó con estas palabras: «Sus tiempos están en las manos de Dios». Nuestra familia escuchó y pensó que era apropiado para los graduados, entre los cuales estaba nuestra hija Julie.

Ni nos imaginábamos que, cinco días después, nuestra Melissa, de 17 años, iría al cielo tras un accidente automovilístico… ni que ese pensamiento del Salmo 31:15 cobraría un nuevo significado para nosotros.

Con los años, hemos comprendido con dolor que, en Sus caminos misteriosos, Dios ha determinado que la vida de algunos creyentes sea corta. Me viene a la mente una jovencita cristiana, de esas que les sonríen a todos, a quien le dolía un dedo y que, una semana después, moría de una infección aguda. O la muchacha creyente que murió mientras jugaba al sóftbol, cuando una pelota le golpeó el cuello. O ese joven que amaba a Jesús y al que le encantaba pescar, y que murió al ser atropellado por un coche mientras volvía a su casa en bicicleta desde el lugar de pesca. Melissa, Heather, Maggie y Thomas. Durante sus cortas vidas, desarrollaron un legado de fe en Jesús y de amor a los demás. Ellos estaban preparados cuando les llegó el tiempo del Señor.

«Yo en ti confío», dijo el salmista, al reconocer que su vida estaba sólo en manos de Dios (vv. 14-15). ¿Confías en Él para todo lo que pueda sucederte en el futuro?

“Nuestros tiempos están en las manos de Dios; nuestras almas bajo Su cuidado.”

Lectura del día: Salmo 31:1-16

jueves, 27 de mayo de 2010

Reflexión Jueves, 27 de mayo de 2010

Ajos y zafiros
Dennis Fisher

“Si hacéis acepción de personas, cometéis pecado.” —Santiago 2:9

En su fascinante libro Ajos y zafiros: la vida secreta de una crítica encubierta, Ruth Reichl reflexiona sobre los seis años que trabajó como crítica de restaurantes, para el New York Times. Por ser la crítica más influyente del país, los restaurantes más importantes tenían una fotografía de ella para que los empleados la pudieran reconocer. Con la esperanza de obtener una categorización elevada en ese periódico, el personal procuraba brindarle a ella el mejor servicio y la cocina más destacada.

Ante eso, Reichl desarrolló una estrategia inteligente. Ella quería que la trataran como una clienta común, entonces, se disfrazaba. Una vez, se vistió de anciana. En un restaurante, la hicieron esperar mucho antes de darle una mesa y después no prestaban atención a sus pedidos.

En la iglesia primitiva, Santiago habló en contra del favoritismo, diciendo: «[Si] miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos…?» (2:3-4).

Cuando asisten personas a nuestras reuniones, ¿las tratamos con imparcialidad o mostramos favoritismo hacia los ricos y la élite? Dios nos llama a ocuparnos de todos y a interesarnos por ellos, sin importar su condición social. ¡Demos la bienvenida a toda la gente que se una a nosotros para adorar al Rey!

“Dios nos permite entrar en comunión con Él. ¿Quiénes somos para impedir que otros lo hagan?”

Lectura del día: Santiago 2:1-9

miércoles, 26 de mayo de 2010

Reflexión Miércoles, 26 de mayo de 2010

Buenas noticias
C. P. Hia

“No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos.” —2 Reyes 7:9

Graham, un amigo mío australiano, no nació ciego. Un extraño accidente lo dejó así cuando tenía nueve años. Sin embargo, él nunca sintió lástima de sí mismo. Dondequiera que iba, contaba lo que Jesús significaba para él. Su último viaje fue a Tailandia para ejercer como fisioterapeuta. Además de utilizar sus habilidades profesionales, quería compartir el evangelio de Cristo.

Los cuatro leprosos de 2 Reyes 7 también tenían una buena noticia para dar. Se habían encontrado imprevistamente con el campamento sirio y descubrieron que no había nadie. Después de apropiarse de la comida y del botín, recordaron al pueblo samaritano que desfallecía de hambre después de haber sido sitiado por los sirios. Su reacción fue: «No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos» (v. 9). Entonces, fueron y le contaron al resto de los israelitas acerca de las provisiones.

A pesar de sus desventajas físicas y sociales, tanto Graham como los leprosos pensaron en los demás. Estaban agradecidos por lo que habían encontrado y lo consideraban demasiado bueno como para guardárselo y no compartirlo con otras personas.

¿Conoces a alguien que necesite saber lo que Jesús hizo? No pongas excusas diciendo que te falta capacidad, sino ve y comparte la buena noticia de lo que el Señor ha hecho contigo. De este modo, tu vida tendrá un nuevo propósito.

“Cuando estamos agradecidos por lo que tenemos, queremos compartirlo con otros.”

Lectura del día: 2 Reyes 7:3-11

martes, 25 de mayo de 2010

Reflexión Lunes, 25 de mayo de 2010

Ser sanado
David C. McCasland

“¿Quieres ser sano?” —Juan 5:6

Las uvas de la ira, la novela de John Steinbeck, ganadora del premio Pulitzer, comienza con una escena en Oklahoma, una zona arrasada por la sequía durante la Gran Depresión. Entre las semillas resecas y la tierra ahogada por el polvo, las mujeres miraban a los hombres para ver si se derrumbaban bajo tanta presión. Al ver que ellos estaban dispuestos a seguir adelante, ellas cobraron ánimo. Steinbeck escribe: «En lo profundo de su ser, las mujeres y los niños sabían que, si los hombres se mantenían enteros, ninguna desgracia sería demasiado tremenda». El tema no era la felicidad, ni la prosperidad ni la satisfacción, sino la entereza. Esto es lo que más necesitamos todos.

En la versión Reina-Valera de la Biblia, la palabra sano suele utilizarse al narrar situaciones donde Jesús curaba físicamente a las personas. Por eso, cuando el Señor se encontró con un hombre que había estado paralítico durante 38 años, le preguntó: «¿Quieres ser sano?» (Juan 5:5-6). Entonces, después de sanarlo, lo desafió para que también alcanzara la plena sanidad espiritual, diciéndole: «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor» (v. 14).

Si sólo buscamos algo que Jesús pueda hacer a nuestro favor, nuestra relación con Él será limitada. Cuando lo que queremos es a Él mismo, eso trae plenitud a nuestras vidas. Para Cristo, lo primero y más importante es sanar todo nuestro ser.

“Sólo Jesús puede sanar completamente una vida quebrantada.”

Lectura del día: Juan 5:1-9

domingo, 23 de mayo de 2010

Reflexión Domingo, 23 de mayo de 2010

Tecnología de punta
Joe Stowell

“… hemos recibido […] el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.” —1 Corintios 2:12

En lo que respecta a las comunicaciones, la tecnología de punta invade cada vez más nuestro mundo. La popularidad de ciertas cosas como mensajes de texto, Twitter y Facebook puede hacer que algunos piensen que la Biblia es un producto antiguo. Las personas con mentalidad tecnológica podrían sentirse afectadas porque la Palabra de Dios no emite sonidos ni tiene gráficos ingeniosos. Pero lo cierto es que hay más capacidad tecnológica en la Biblia que en cualquier avanzada herramienta comunicacional que nuestro mundo conozca.

Es habitual que se le diga a un pastor: «Lo que usted dijo en el mensaje era justo lo que yo necesitaba». De alguna manera, durante el sermón, Dios habló al corazón de una persona con palabras hechas a su medida. Si alguna vez leíste la Biblia y sentiste que Dios te hablaba directamente a ti, sabes a qué me refiero. El Señor te ha puesto en conexión con Su Espíritu que ilumina tu mente para que entiendas Su Palabra.

Imagínate que recibes un «mensaje de texto» directamente de parte del Creador del universo diciéndote justo lo que necesitas en el momento preciso. Cualquiera que sea el nivel de tecnología de punta que logre este mundo, ¡jamás experimentarás una modalidad de comunicación más poderosa que la divina!

Regocíjate en que «hemos recibido […], el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido» (1 Corintios 2:12).

“La Biblia puede ser vieja, pero sus verdades siempre son nuevas.”

Lectura del día: 1 Corintios 2:6-16

viernes, 21 de mayo de 2010

Reflexión Viernes, 21 de mayo de 2010

Yo, mi, mío
Bill Crowder

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria…” —Filipenses 2:3

En 1970, los Beatles comenzaron a trabajar en un documental cuyo objetivo era mostrar cómo elaboraban su música. Sin embargo, en lugar de revelar el proceso de creatividad musical, la filmación ponía de manifiesto un despliegue de interés personal y de confrontación. Los miembros de la banda estaban más interesados en sus propias canciones que en el progreso del grupo. Poco después de concluir ese proyecto, el conjunto se disolvió y dejó como resultado amistades destruidas y disputas.

Este problema es de larga data. En el siglo i d.C., el apóstol Pablo temía que los creyentes de Filipos cayeran en la trampa del egoísmo. Él sabía que, cuando el deseo del progreso personal se coloca por encima del interés en los demás, las actitudes se tornan inmediatamente perjudiciales y divisionistas.

Para contrarrestar esta peligrosa tendencia, Pablo escribió: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:3-4).

¿Qué revelaría un documental sobre tu vida? ¿Egoísmo o generosidad? Debemos ocuparnos los unos de los otros, ya que la solidaridad desinteresada previene las divisiones y genera unidad en la familia de la fe en nuestras iglesias.

“Un corazón centrado en los demás no será consumido por el yo.”

Lectura del día: Filipenses 2:1-11

jueves, 20 de mayo de 2010

Reflexión Jueves, 20 de mayo de 2010

Ofrenda digna
Joe Stowell

“Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta.” —Génesis 4:7

Me alegré mucho cuando un amigo mutuo le regaló una Biblia a mi vecina. Sin embargo, ella me dijo que había dejado de leerla ya que no podía entender por qué Dios había sido tan injusto como para rechazar la ofrenda de Caín. «Después de todo —dijo ella—, como era granjero, simplemente le presentó a Dios lo que tenía. ¿Esperaba Dios que él comprara alguna otra clase de sacrificio para ofrecerle?». Es lamentable, pero ella no había entendido la idea.

No significaba que a Dios no le gustaran las verduras, sino que sabía que la ofrenda de Caín encubría una actitud equivocada. Él no estaba completamente entregado al Señor, como lo revela el hecho de no vivir conforme a Sus caminos.

Es fácil adorar al Señor por fuera mientras nos negamos obstinadamente a entregar aspectos internos. Judas escribe sobre personas exteriormente religiosas que usan las actividades espirituales para esconder la realidad de sus vidas pecaminosas: «¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín» (Judas 11). Podemos servir fielmente a Dios, cantarle alabanzas y ofrendar generosamente para Su obra, pero Él no quiere nada de eso si no lo hacemos de corazón.

¿Ocupa el Señor el primer lugar por encima de nuestros planes y sueños? ¿Es Él más valioso que el pecado que nos tienta? Decirle que es más precioso que cualquier otra cosa o persona en nuestras vidas es la clase de ofrenda que el Señor nunca rechazará.

“Dios nunca rechazará un corazón consagrado a Él.”

Lectura del día: Génesis 4:1-7

miércoles, 19 de mayo de 2010

Reflexión Miércoles, 19 de mayo de 2010

Fe prestada
C. P. Hia

“Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.” —Jueces 2:10

Cuando iba a la escuela en Singapur, recuerdo que algunos de mis compañeros que habían puesto su fe en Jesús eran echados de sus casas por sus padres que no creían en Cristo. Sufrían por sus creencias, y esto hacía que tuvieran convicciones más profundas. Por el contrario, yo nací y fui criado en una familia cristiana. Aunque no experimenté persecuciones, también tuve que hacer propias mis convicciones sobre la fe.

Los israelitas que entraron por primera vez a la tierra prometida con Josué vieron las obras poderosas de Dios y creyeron (Jueces 2:7). Sin embargo, la generación siguiente, lamentablemente, «no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel» (v. 10). Por lo tanto, al poco tiempo, se desviaron para adorar a otros dioses (v. 12); no se apropiaron de la fe de sus padres.

Ninguna generación puede vivir de la fe de la generación anterior. Es necesario creer en forma personal. Cuando se enfrentan problemas de diversas clases, es probable que la fe que no es personal se deslice y flaquee.

Sin duda, quienes constituyen la segunda, tercera o incluso cuarta generación de creyentes tienen un legado maravilloso. No obstante, ¡no hay fe de segunda mano! Averigua lo que Dios dice en Su Palabra y personalízalo para que tu fe sea nueva y de primera mano (Josué 1:8).

“Si tu fe no es personalizada, lo que crees no te sirve.”

Lectura del día: Jueces 2:6-12

martes, 18 de mayo de 2010

Reflexión Martes, 18 de mayo de 2010

Derrotar gigantes
Marvin Williams

“Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.” —1 Samuel 17:37

En 1935, el equipo de debate de Wiley College, una escuela de Texas, pequeña, sin categoría y con alumnos de raza negra, inesperadamente derrotó a los campeones, todos de raza blanca, de la Universidad de Southern California. Un caso clásico del desconocido que triunfa sobre un gigante nacional.

Cuando Israel peligraba frente a los filisteos, hubo un muchacho llamado David que derrotó a un gigante de verdad (1 Samuel 17). Los ejércitos estaban reunidos a ambos lados del valle de Ela. Es probable que hayan tenido temor unos de otros; por eso, decidieron que el resultado de la batalla lo determinaría un enfrentamiento entre contendientes representativos de cada grupo. Los filisteos presentaron al gigante Goliat (de aproximadamente 3 m de altura), pero Israel no podía encontrar a nadie que fuera lo suficientemente digno o valiente como para luchar. David se enteró del problema y apeló a Saúl para que le permitiera pelear contra Goliat (vv. 32-37). El rey se resistió, pero finalmente accedió. David, armado con cinco piedras lisas (v. 40) y una fe inconmovible en el Dios Todopoderoso (v. 45), derrotó al campeón nacional de los filisteos.

Todos enfrentamos gigantes en la vida: preocupaciones, dudas, miedos, pecados y sentimientos de culpa. Pero, con recursos limitados e insólitos, y una confianza firme en nuestro Dios que todo lo puede, también podemos triunfar sobre estas cosas.

“Dios nos da coraje para enfrentar a nuestros gigantes.”

Lectura del día: 1 Samuel 17:33-50

lunes, 17 de mayo de 2010

Reflexión Lunes, 17 de mayo de 2010

El origami de Dios
Dennis Fisher

“Porque somos hechura [de Dios], creados en Cristo Jesús.” —Efesios 2:10

Hace poco, asistí a una clase de origami, donde me enteré de que el término proviene de dos palabras japonesas que significan «plegar papel». En este proceso, se realizan pliegues y rayas en un trozo de papel para transformarlo en un pájaro u otro formato singular.

Nuestro instructor era Hitoshiro Akehi, un japonés hermano en Cristo. Mientras plegábamos los papeles, el señor Akehi compartió algunas experiencias de su vida. El menor de once hermanos, fue criado por su madre después de morir su padre durante la Segunda Guerra Mundial. Después de varias idas y venidas, su familia entró en contacto con unos misioneros. Como resultado de ello, muchos de sus parientes se convirtieron en creyentes en Cristo.

Mientras le daba una forma nueva y maravillosa a un simple trozo de papel, pensé en cómo nos moldea Dios a nosotros. En primer lugar, usa circunstancias para hacernos caer de rodillas y acudir a Él. Luego, en Su gracia, sigue utilizando los avatares de nuestra vida para transformarnos en personas más semejantes a Cristo, «conformes a la imagen de su Hijo» (Romanos 8:29).

¿Tu vida ha dado un vuelco inesperado? Recuerda que, en las manos de nuestro Creador y Redentor, «somos hechura [de Dios], creados en Cristo Jesús» (Efesios 2:10). Somos Sus obras de arte inconclusas. El Señor puede utilizar las idas y venidas de nuestra vida para hacernos más parecidos a Su Hijo.

“Los creyentes son obras de Dios en construcción.”

Lectura del día: Romanos 8:22-30

domingo, 16 de mayo de 2010

Reflexión Domingo, 16 de mayo de 2010

La ascención
Julie Ackerman Link

“Viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.” —Hechos 1:9

Cuando el esposo de mi vieja amiga y colega en la labor editorial sufrió un colapso y, posteriormente, murió, no existieron dudas de que había quedado sin vida. Hubo testigos. Lo mismo sucedió cuando murió Jesús. Sin embargo, en ese caso, tres días después, ¡Él resucitó de entre los muertos! No tenemos dudas de que es cierto porque hubo testigos que luego lo vieron vivo.

Cuando nos reunimos para el homenaje en memoria de Dave, leímos pasajes conocidos de las Escrituras que reafirman nuestra esperanza de que él ahora está disfrutando de una vida nueva en el cielo. No obstante, estas promesas las reclamamos por fe, ya que ninguno de nosotros fue testigo de que Dave haya ido allí. Sin embargo, en el caso de Jesús, hubo un testigo que lo vio en el cielo. Poco después de que otros testigos vieran ascender a Jesús (Hechos 1:9), Esteban vio el cielo abierto «y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios» (7:56). Una de las razones por las que sabemos que Jesús dijo la verdad acerca de ir a preparar un lugar para nosotros (Juan 14:2) es que ha sido visto vivo en el cielo.

Cuando un ser querido se nos adelanta para ir al cielo, sentimos como si fuéramos tironeados en la dirección opuesta: hacia el abismo de la tristeza. Aun así, puesto que Dios cumplió Su promesa de resucitar a Cristo y de llevarlo al cielo, podemos confiar en que Él hará lo mismo con todos los que le aman y le siguen.

“La promesa del cielo es nuestra eternal esperanza.”

Lectura del día: Hechos 1:1-11

sábado, 15 de mayo de 2010

Reflexión Sábado, 15 de mayo de 2010

La lista de Charlie
Cindy Hess Kasper

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros.” —Colosenses 3:16

En mayo del 2009, cuando Charles Hayward murió, a los 87 años, dejó un legado para sus hijos y nietos. Él y su esposa Virginia habían servido fielmente como misioneros en India y en Sudáfrica durante muchos años. De todos modos, cuando cumplió 73 años, él comenzó a seleccionar y memorizar pasajes de la Biblia con el propósito de «acabar bien», con su mente llena de la verdad de Dios.

Denominó su proyecto: «Plan de memorización de toda la Biblia». Sus hijos lo llaman: «La lista de Charlie». Escogió un versículo lema (Colosenses 3:16), al menos uno de cada libro del Antiguo Testamento, como mínimo otro de cada libro del Nuevo Testamento, y un versículo o más de cada capítulo de las Epístolas. Comenzó con Génesis 15:6, «y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia», y terminó con Apocalipsis 22:17, «y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente».

En total, Charles memorizó 239 versículos. Me recuerda al salmista, que escribió: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (119:11). Al igual que Charlie, el salmista meditaba y se deleitaba en la Palabra de Dios (vv. 15-16). ¿Qué mejor objetivo podríamos tener que llenar nuestras mentes con la verdad del Señor?

“Memorizar la Palabra de Dios es como plantar semillas que dan como fruto una vida recta.”

Lectura del día: Salmo 119:9-16

viernes, 14 de mayo de 2010

Reflexión Viernes, 14 de mayo de 2010

Silencio y confianza
David McCasland

“Cuando [Jesús] oyó, pues, que [Lázaro] estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.” —Juan 11:6

En una de las columnas semanales de Joe Morgenstern sobre películas, en el Wall Street Journal, se refería al impacto de las grandes estrellas cinematográficas en escenas tomadas en primer plano y donde no decían absolutamente nada. «Las estrellas de cine —escribía él— pueden darse el lujo de no hacer casi nada en momentos cruciales porque, al haber ganado ya nuestro respeto, suponen que estamos prestando atención». Sin embargo, esta cualidad de silencio impactante que admiramos en actores y actrices, puede ser frustrante o decepcionante en nuestra relación con Dios cuando Él permanece callado.

Cuando Lázaro, un amigo íntimo de Jesús, se enfermó gravemente, sus hermanas María y Marta mandaron a avisar al Señor. No obstante, «cuando [Jesús] oyó, pues, que [Lázaro] estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba» (Juan 11:6).

Comentando este pasaje, Oswald Chambers dijo: «¿Dios te ha confiado un silencio; un silencio con un gran significado? […] ¡Piensa en esos días de silencio absoluto en el hogar en Betania! ¿Hay en tu vida algo parecido a aquellos días? […] Su silencio es una señal de que Él está por manifestarse en tu vida de una manera maravillosa. […] Si Dios se ha mantenido en silencio ante ti, alábalo, porque te está introduciendo en el gran sendero de Sus propósitos». Podemos confiar en nuestro Señor amoroso, aun cuando esté en silencio.

“A Cristo no le pasa desapercibido ningún servicio para Él.'”

Lectura del día: Juan 11:1-10

jueves, 13 de mayo de 2010

Reflexión Jueves, 13 de mayo de 2010

No te olvides
Albert Lee

“Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos.” —1 Timoteo 6:18

A veces, cuando salgo de casa para ir a trabajar, mi esposa me dice: «No te olvides de…». Un rato más tarde, en el transcurso del día, me llama y me pregunta: «¿Te acordaste?».

Todos tendemos a olvidarnos de ciertas cosas. Pienso que esta es la razón por la cual Dios nos repite las verdades importantes. En Deuteronomio 24, el Señor les recordó dos veces a los israelitas que habían sido esclavos en Egipto, pero que Él los había rescatado y redimido (vv. 18,22). Por intermedio de Moisés, les dijo: «… te acordarás que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios…» (v. 18).

Puesto que los israelitas habían sido redimidos, tenían ciertas responsabilidades que el Señor quería que recordaran. Moisés dijo: «Yo te mando que hagas esto» (v. 18). ¿Qué era «esto»? Se les dijo que se ocuparan del «extranjero, […] el huérfano y […] la viuda» (v. 19). Si parte de la cosecha quedaba en los campos, debían dejarla para esa gente necesitada. En los versículos 20 y 21, les vuelve a recordar a estas personas.

Somos gente redimida por medio de la muerte de Jesús en la cruz y Su resurrección. A nosotros también se nos dice en varias ocasiones que estemos dispuestos a compartir con los necesitados. Hebreos 13:16 declara: «Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios».

“Recibir gratifica, pero compartir satisface.”

Lectura del día: Deuteronomio 24:17-22

miércoles, 12 de mayo de 2010

Reflexión Miércoles, 12 de mayo de 2010

El barco
Dave Branon

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” —1 Pedro 4:10

Un grupo de jóvenes que visitaba Jamaica en un viaje misionero estaba disfrutando de un tiempo libre y jugando al frisbee [disco volador]. Sin embargo, cuando alguien vio que un barco se había volcado en una playa cercana, el juego de pronto terminó y los jóvenes se arrojaron rápidamente al agua para ayudar.

Se encontraron con un pequeño grupo de operarios navieros profesionales que luchaban para tratar de dar vuelta el barco. Ante tal circunstancia, los jóvenes pudieron ayudar. Pusieron manos a la obra, aportaron su fortaleza juvenil, y todos juntos pudieron enderezar el bote.

Lo que pasó ese día en el Mar Caribe me recuerda lo que puede suceder en la iglesia. Los «profesionales», el pastor y las demás personas capacitadas para liderar la congregación, enfrentan una tarea que no pueden hacer solos. Suele ser complicado llevar a cabo las labores en la iglesia sin que los laicos se incorporen y trabajen junto con los líderes.

Esto fue lo que sucedió en Hechos 6. Algunas personas de la iglesia estaban siendo descuidadas, y los «profesionales», los apóstoles que lideraban la congregación, se dieron cuenta de que no podían hacer todo por sí solos. La iglesia pudo seguir adelante sólo cuando siete laicos se sumaron para ayudar a los líderes.

¿Cómo puedes sumarte a la labor de tu pastor y de los demás líderes para colaborar en el progreso de la iglesia?

“El trabajo en equipo divide el esfuerzo y multiplica el resultado.”

Lectura del día: Hechos 6:1-7

martes, 11 de mayo de 2010

Reflexión Martes, 11 de mayo de 2010

Dilbert
Dennis Fisher

“No […] como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios.” —Efesios 6:6

El caricaturista y humorista Scott Adams se hizo famoso por su cómic llamado «Dilbert». En la década de 1990, también escribió un libro titulado El principio de Dilbert. Allí se burla de la tecnología, de las modas pasajeras en el liderazgo y de los gerentes incompetentes. Muchos se ríen a carcajadas por la manera en que estos temas del libro se vinculan con su entorno cotidiano de trabajo.

Refiriéndose a la pereza y al engaño de los empleados, el autor escribe: «Cuando se trata de escaparle al trabajo, está bien que diga que estudié con los maestros. Después de nueve años […] aprendí casi todo lo que hay que saber acerca de parecer ocupado sin realmente estarlo».

Sin embargo, los creyentes tienen un llamado mucho más elevado en lo que respecta a tratar con sus jefes. Las Escrituras nos instan a mostrar una actitud respetuosa hacia aquellos que nos supervisan: «Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios» (Efesios 6:5-6).

La ética laboral correcta comienza con un corazón sincero que considera que Jesucristo es nuestro jefe. Le agradamos a Él cuando servimos con diligencia a nuestro jefe y a las demás personas en el lugar donde trabajamos.

“No importa quién sea tu jefe porque, en realidad, trabajas para Dios.”

Lectura del día: Efesios 6:1-6

lunes, 10 de mayo de 2010

Reflexión Lunes, 10 de mayo de 2010

Pedacito de cielo
Marvin Williams

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” —1 Corintios 3:16

Hace un tiempo, mi esposa encontró a una mujer que necesitaba transporte. Al pensar que quizá Dios había preparado la situación, aceptó llevarla. En el trayecto, la mujer le contó que era creyente, pero que estaba luchando contra un problema de drogadicción. Mi esposa escuchó a esta angustiada mujer y luego le habló. Mientras le daba esperanzas sobre un mañana mejor, creo que, en cierta medida, esa mujer experimentó un pedacito de cielo en la tierra.

Cuando Dios le indicó a Moisés que construyera el tabernáculo según Sus especificaciones, fue para que Su pueblo pudiera sentir Su presencia. Me gusta pensar en eso como un pedacito de cielo en la tierra. El templo también era un ejemplo palpable de la presencia de Dios en este mundo (1 Reyes 5–8). El propósito de estos lugares sagrados era que Dios morara entre Su pueblo. Este fue el plan de Dios cuando Jesús, el templo perfecto, «habitó» entre nosotros (Juan 1:14).

Cuando Jesús ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo a morar en Sus seguidores (Juan 14:16-17), para que nosotros fuésemos tabernáculos y templos de Dios en el mundo (1 Corintios 3:16; 6:19). Como representantes de la presencia del Señor, busquemos formas de brindar paz y esperanza de cielo a las demás personas que están en este mundo.

“Un creyente dispuesto a realizar cosas pequeñas por otros puede hacer grandes obras para Dios.”

Lectura del día: Éxodo 25:1-9

domingo, 9 de mayo de 2010

Reflexión Domingo, 9 de mayo de 2010

Amor tangible
Bill Crowder

"Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo." —Juan 19:26

La biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, alberga una maravillosa colección de fragmentos antiguos de la Biblia. Uno de ellos, muy pequeño, es una porción de Juan 19. Esta parte del Evangelio de Juan describe el momento en que Jesús, durante Su crucifixión, le habló a Su madre demostrando el amor que sentía por ella y el interés en su bienestar. Las palabras pertenecen al versículo 26, donde leemos: «Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo».

Mientras observaba detenidamente ese antiguo fragmento, volví a quedar impactado por el amor tan tangible de Jesús hacia Su madre y Su amigo. Con palabras sumamente claras, hizo que el mundo supiera de ese amor y cariño al mostrarse interesado en que Su amigo cuidara a Su madre cuando Él se fuera. Colgado en la cruz, Jesús le dijo a Juan: «He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (v. 27).

En algunos lugares del mundo, hoy se celebra el día de la madre; por esta razón, creo que sería una oportunidad maravillosa para expresarle públicamente tu amor a tu mamá, si todavía la tienes, o de agradecerle al Señor por ella, si ya no está más contigo. Después de hacerlo, muéstrale de maneras tangibles cuánto la amas y todo lo que significa para ti.

"Dios, bendice a mi madre. Todo lo que soy o espero ser se lo debo a ella." —Abraham Lincoln

Lectura del día: Juan 19:25-30

sábado, 8 de mayo de 2010

Reflexión Sábado, 8 de mayo de 2010

Zona protegida
Dennis Fisher

“Tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.” —Rut 2:12

Cuando los horrores de la guerra asolaron a los habitantes de Nanjing, en China, ni las mujeres se salvaron de la creciente violencia, y muchas fueron atacadas y asesinadas. En este entorno amenazador, Minnie Vautrin tomó medidas heroicas para impedir que las mujeres chinas fueran heridas. Mientras servía como misionera y maestra en Ginling College, en Nanjing, Minnie colaboró con el pueblo chino, misioneros, cirujanos y empresarios, y convirtió la escuela en una «zona protegida», un lugar de refugio para miles de mujeres y niñas.

En la Biblia, descubrimos que Rut y su suegra Noemí también tuvieron necesidad de recibir protección. Por ser viudas, para sobrevivir, tenían que recoger lo que pudieran de los campos cosechados. Como era costumbre en aquella época, Rut buscó un «pariente redentor». Este hombre era un familiar cercano de su esposo muerto, que se casaría con ella para continuar la descendencia. Booz reunía precisamente esas condiciones. Este hombre se sintió impactado por el sacrificio que hizo Rut para cuidar a Noemí y su deseo de refugiarse en el Señor (Rut 2:12). Booz obró de manera honrosa para «redimir» a Rut y convertirla en su esposa. Después, proveyó para ella y para Noemí todo lo que necesitaban.

Nuestro refugio definitivo está en el Señor (Salmo 46:1). Aun así, Él desea utilizarnos como instrumentos para brindarles a otras personas una «zona protegida».

“Aman de veras quienes muestran su amor.” —Shakespeare

Lectura del día: Rut 2:1-12

jueves, 6 de mayo de 2010

Reflexión Juves, 6 de mayo de 2010

Tiempo para ti
David C. McCasland

“Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.” —Salmo 34:6

El historiador Casio Dion registró un acontecimiento revelador de la vida del emperador romano Adriano, que gobernó en 117–138 d.C.: «En una ocasión, cuando una mujer le hizo un pedido [a Adriano] mientras pasaba por allí durante un viaje, al principio él le dijo: “No tengo tiempo”; pero después, cuando ella exclamó, “entonces, deja de ser emperador”, él se volvió y le concedió una audiencia».

¡Cuántas veces decimos o escuchamos decir: «Ahora no, estoy ocupado» o «lo siento, pero no tengo tiempo»! Sin embargo, nuestro Padre celestial, el Señor y Creador de todas las cosas, siempre tiene tiempo para nosotros. El salmista escribió: «Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. […] Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias» (Salmo 34:15,17).

Dios no es como el emperador o como un ejecutivo ocupado que trata de evitar las interrupciones, sino que Su gozo, como Padre, es escuchar a Sus hijos y responderles. «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (v. 18).

La deducción final de Adriano fue: «Debo dedicarles tiempo a mis súbditos». El postulado inicial de Dios es: «Siempre tengo tiempo para los que acuden a mí». Cada vez que tengamos necesidad de hablar, el Señor estará dispuesto a escucharnos.

“Dios nunca está demasiado ocupado para escuchar a Sus hijos.”

Lectura del día: Salmo 34:4-18

miércoles, 5 de mayo de 2010

Reflexión Miércoles, 5 de mayo de 2010

Que Dios elija
David H. Roper

“Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán.” —Génesis 13:11

Quizá tengamos anhelos secretos que son demasiado profundos como para contárselos a otras personas. Puede ser algo relacionado con el matrimonio, con un trabajo o ministerio que nos gustaría realizar, o con un lugar especial donde querríamos servir. Debemos colocar cada deseo en las manos de Dios y orar, diciendo: «Señor, elige por mí. No lo haré solo».

Génesis 13:1-11 nos dice que Lot decidió por sí solo en cuanto a un deseo que tenía: «Alzó […] sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová […]. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán».

A Lot le pareció mejor la llanura del Jordán, con su rico suelo y su abundante suministro de agua. Sin embargo, la tierra estaba corrompida de maldad (v. 13). El pastor Ray Stedman escribió lo siguiente: «Lot, atreviéndose a gobernar su vida, “escogió solo”, y, engañado por lo que vio, trastabilló enceguecido hasta caer en la angustia y el juicio. Abram, por el contrario, se sintió satisfecho al permitir que Dios eligiera por él […]. Abram lo vio en su luz verdadera». Lot eligió solo y perdió todo: su familia, su fortuna y la aceptación de los hombres.

El mejor curso que podemos tomar es dejar que Dios elija y luego seguir Su dirección, teniendo la seguridad de que todas las elecciones de nuestro Padre celestial se generan en Su sabiduría y amor infinitos.

“La satisfacción llega cuando deseamos hacer la voluntad de Dios más que la nuestra.”

Lectura del día: Génesis 13:9-13

martes, 4 de mayo de 2010

Reflexión Martes, 4 de mayo de 2010

La devoción de Dios
Anne Cetas

“A fin de que, […] seáis plenamente capaces de comprender […] el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.” —Efesios 3:17-19

En 1826, el escritor británico Thomas Carlyle se casó con Jane Welsh, otra escritora de renombre. Ella se dedicó a respaldar el éxito de su esposo y lo ayudaba de todo corazón.

Debido a una dolencia estomacal y a una enfermedad nerviosa, él tenía un temperamento bastante irritable. Por esa razón, ella le preparaba comidas especiales y trataba de mantener la casa lo más silenciosa posible, para que él pudiera escribir.

Por lo general, Thomas no valoraba el espíritu servicial de Jane ni pasaba mucho tiempo con ella. Sin embargo, refiriéndose a su esposa, le escribió a su madre lo siguiente: «Debo reconocer de corazón que ella […] me ama con una devoción que me resulta misterioso entender que pueda merecerlo. Ella […] mira con tanta dulzura y optimismo mi rostro sombrío, que me transmite una nueva esperanza cada vez que encuentro su mirada».

¡Nosotros también tenemos a Alguien que nos ama con una devoción que no podemos comprender que merezcamos, debido a nuestra condición de pecadores! Esa Persona es Dios el Padre, «que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Romanos 8:32). Su amor es ancho, largo, profundo y alto, y también excede todo conocimiento (Efesios 3:18-19).

Comprender y apreciar el amor de Dios es algo tan vital que Pablo oraba para que los efesios estuvieran «arraigados y cimentados» en él (v. 17).

“No hay mayor gozo que saber que Dios te ama.”

Lectura del día: Efesios 3:14-21

lunes, 3 de mayo de 2010

Reflexión Lunes, 3 de mayo de 2010

¿Importan las palabras?
Dave Branon

“Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.” —Santiago 1:26

Escuché decir a un adolescente de una familia creyente: «Mi mamá no cree que esté mal decir palabrotas». Luego aclaró cuáles le parecían aceptables a ella; eran términos que desde hace mucho tiempo se han considerado inapropiados.

En los últimos años, la forma de hablar de la gente se ha degradado, pero nosotros no tenemos que adaptarnos a eso. Al esforzarnos para tener «cuidado de [nuestra] manera de vivir» (Efesios 5:15 NVI), deberíamos pensar en cómo honrar a Dios con nuestras palabras.

Agradamos al Señor con nuestra lengua cuando demostramos buen criterio. «El que refrena sus labios es prudente», nos recuerda Proverbios 10:19. Cuando hablamos, tenemos que filtrar las palabras que salen de nuestra boca: «El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias» (Proverbios 21:23).

Es importante emplear palabras agradables y positivas, incluso para referirse a temas complicados. «La palabra áspera hace subir el furor», pero «la lengua de los sabios adornará la sabiduría» (Proverbios 15:1-2).

Por último, debemos evitar las palabras que den una imagen pobre de nuestra posición como hijos de Dios. La exhortación de Pablo, «ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca», establece un patrón estricto para el uso correcto del vocabulario.

Para honrar al Señor en cada área de la vida, utiliza palabras que sean agradables y aceptables para un Dios santo.

“Lo que decimos revela lo que somos.”

Lectura del día: Proverbios 15:1-7

domingo, 2 de mayo de 2010

Reflexión Domingo, 2 de mayo de 2010

Buscar satisfacción
Joe Stowell

“¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?” —Isaías 55:2

En lo que respecta a resolver rompecabezas, todos sabemos que, para disfrutar de un resultado satisfactorio, se necesitan todas las piezas. En muchos aspectos, lo mismo sucede con la vida. Pasamos los días acomodando cosas, con la esperanza de elaborar un cuadro completo uniendo todas las partes desparramadas.

Sin embargo, a veces parece que falta una pieza. Quizá hemos estado procurando conseguir las que no corresponden al rompecabezas. Aunque sepamos que la vida ha perdido su pieza principal si Dios no ocupa el centro de todo, ¿vivimos como si esto no importara? Y, aunque asistamos habitualmente a la iglesia, ¿es Él la apasionante esencia de nuestra existencia? En ocasiones, nos acostumbramos a sentirnos lejos de Dios. Esto hace que resulte más fácil pecar e impide que percibamos que nos falta algo importante.

Pero, sin importar cuánto nos hayamos alejado de Dios, Él desea que nos acerquemos. A través del profeta Isaías, apeló a Su pueblo, diciendo: «¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura» (Isaí­as 55:2).

Si te falta algo en la vida, recuerda que Dios es el único que puede satisfacerte plena y abundantemente. Permítele que complete el cuadro de tu vida.

“Todo corazón tiene un anhelo que sólo Jesús puede satisfacer.”

Lectura del día: Isaías 55:1-6