domingo, 31 de enero de 2010

Reflexión Domingo, 31 de enero de 2010

¡Sé la luz!

“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.” —Efesios 5:8

Un amigo mío tiene la oportunidad de asistir todos los años a la Super Bowl [competencia final de fútbol americano] como periodista. Su tarea es conseguir entrevistas con atletas creyentes y con personal de la Liga Nacional de Fútbol Americano [NFL], para un programa de radio cristiano.

Hace unos años, cuando acababa de comenzar a cubrir el gran evento, se desilusionó ante la atmósfera autocomplaciente y licenciosa que reinaba durante la semana de la final. «Descubrí que era un sitio sumamente oscuro», declaró él.

Un día, le contó cómo se sentía a un ex jugador de la NFL, que era creyente. El deportista miró a mi amigo y le dijo: «Hermano, tú eres una luz en este lugar oscuro». Ese comentario le recordó la razón por la cual estaba allí y lo ayudó a renovar su entusiasmo por servir al Señor en un sitio donde hace falta la luz del evangelio. Lo estimuló para hacer brillar su luz.

Quizá trabajes en un ambiente donde desestiman a Dios, se burlan de la fe y elogian la vida pecaminosa. Tal vez sientas que estás entrando en «un sitio sumamente oscuro».

¿Por qué no ser una luz (Efesios 5:8) por medio de tus sonrisas, tus palabras y acciones bondadosas, y tu trabajo diligente? Pídele a Dios que te dé oportunidades de comunicar las buenas nuevas de Jesucristo. Quizá seas la única luz que un compañero de trabajo vea hoy. —JDB

“Nuestro testimonio de Cristo es una luz en un mundo de tinieblas.”

Lectura del día: Efesios 5:8-14

sábado, 30 de enero de 2010

Reflexión Sábado, 30 de enero de 2009

Detrás del velo

“Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” —Lucas 23:43

El pastor y escritor Erwin Lutzer escribió: «En cuanto te deslices detrás del velo rasgado, te encontrarás disfrutando de una bienvenida personal por parte de Cristo o percibiendo el primer atisbo de condenación, como nunca antes experimentaste. Sea como sea, tu futuro estará irrevocablemente determinado y permanecerá eternamente inmutable».

Lucas registró un breve pero importante relato que describe a dos hombres que están a punto de atravesar el velo de la muerte. Cuando Jesús fue crucificado, dos hombres fueron colgados junto a Él. Según Marcos, ambos lo insultaban (15:32).

Sin embargo, el corazón de uno de los ladrones fue transformado al darse cuenta de que Jesús era inocente, de que él era pecador y de cuál era su destino. Entonces, reprendió al otro ladrón y le pidió al Señor que se acordara de él cuando viniera en Su reino. Estas palabras fueron una señal de arrepentimiento y de fe sencilla. Jesús respondió: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43). Ese hombre fue salvo de inmediato. Ese día supo dónde pasaría la eternidad.

Reconocer que somos pecadores y colocar nuestra confianza en la muerte y la resurrección de Cristo nos asegura poder saber de inmediato dónde pasaremos nuestros mañanas por toda la eternidad, una vez que nos deslicemos detrás del velo rasgado. —MLW

“Para prepararte para el mañana, confía en Jesús hoy.”

Lectura del día: Lucas 23:39-43

jueves, 28 de enero de 2010

Reflexión Viernes, 29 de enero de 2010

Correr la carrera

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, […] uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.” —1 Corintios 9:24

Spiridon Louis no es muy conocido en el mundo, pero sí en Grecia. Esto se debe a lo que sucedió en 1896, cuando los Juegos Olímpicos resurgieron en Atenas.

En las pruebas de aquel año, a los griegos les fue bastante bien, ya que fue la nación que ganó más medallas. Pero el evento que se convirtió en el verdadero orgullo de Grecia fue el primer maratón en la historia. En esta carrera, compitieron 17 atletas, en aquella ocasión de 40 kilómetros (24,8 millas), pero la ganó Louis, un simple obrero. Por sus logros, el rey y la nación lo honraron, y se convirtió en héroe nacional.

El apóstol Pablo utilizó el correr una carrera como ilustración para describir la vida cristiana. En 1 Corintios 9:24, no sólo nos desafió a correr, sino a hacerlo como para ganar. Dijo: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis». Pablo no sólo enseñó esta verdad, sino que la puso en práctica en su propia vida. En su última epístola, declaró: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7). Después de haber completado la carrera, el apóstol gozosamente anticipaba el momento de recibir la corona de victoria de manos del Rey del cielo.

Como Pablo, corre tu carrera terrenal para ganar y para agradar a tu Rey. —WEC

“La carrera del creyente no es de velocidad; es un maratón.”

Lectura del día: 1 Corintios 9:19-27

Reflexión Jueves, 28 de enero de 2010

A solas con Dios

“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.” —Salmo 23:2

La palabra conectado refleja nuestro estilo de vida actual. Es raro que una persona vaya a alguna parte sin un teléfono móvil, un iPod, un ordenador portátil o un buscapersonas. Se nos puede encontrar las 24 horas del día. Algunos psicólogos consideran que este afán de permanecer conectados es una adicción. Sin embargo, un número creciente de personas está reduciendo deliberadamente el uso de la tecnología. Ser un «antitec» es su manera de preservar los momentos de quietud y limitar el caudal de información que los inunda.

Muchos seguidores de Cristo perciben que un tiempo diario de lectura bíblica y de oración es esencial para su andar cristiano. Esta «hora silenciosa» nos desconecta de las distracciones externas para conectarnos con Dios. Los «delicados pastos» y las «aguas de reposo» del Salmo 23:2 van más allá de una idílica escena campestre. Hablan de nuestra comunión con el Señor mientras Él restaura nuestra alma y nos guía en Sus sendas (v. 3).

Todos podemos apartar un tiempo para reunirnos con Dios, pero ¿lo hacemos? En su librito, «7 minutos con Dios», Robert Foster nos sugiere una forma de comenzar: Empieza orando brevemente para pedir ser guiado, luego lee la Biblia unos minutos y termina con una oración corta de adoración, confesión, gratitud e intercesión por otras personas. Hoy es vital dedicar un tiempo para conectarnos con el Señor, el cual es nuestra vida. —DMC

“El tiempo gastado con Dios está bien invertido.”

Lectura del día: Salmo 23

miércoles, 27 de enero de 2010

Reflexión Miércoles, 27 de enero de 2010

El primer samurái inglés

“Porque yo servía de copero al rey.” —Nehemías 1:11

Se cree que William Adams (1564–1620) fue el primer inglés en llegar a Japón. El shogun japonés reinante tuvo una buena impresión de él y lo convirtió en su intérprete y consejero personal ante las potencias de Occidente. Con el tiempo, Adams recibió dos espadas, con el rango de samurái. Esto demostraba cuánto lo reverenciaban los japoneses. Como William Adams sirvió debidamente al rey extranjero, también fue recompensado con amplias oportunidades de influir sobre él.

Siglos antes, otro hombre que se encontraba en una tierra extraña también influyó en gran manera sobre su gobernante. Nehemías era el copero del rey persa Artajerjes (Nehemías 1:11). En la corte real, antes de que el monarca bebiera el vino, el copero lo probaba para protegerlo de ser envenenado. Pero este cargo también significaba que el rey lo consideraba un consejero confiable. La integridad, la capacidad administrativa y la sabiduría de Nehemías lo convirtieron en confidente de su majestad, lo cual abrió el camino para la reconstrucción de los muros de Jerusalén.

Tal como sucedió con Nehemías, todos nosotros disponemos de una esfera particular de influencia. La crianza de los hijos, el trabajo comunitario o en la iglesia y nuestro empleo secular nos proporcionan un escenario donde podemos ejercer un efecto beneficioso en los demás. ¿Ha colocado el Señor alguna persona en tu vida sobre la cual puedes influir? —HDF

“Aun un pequeño ejemplo puede ejercer una gran influencia para la obra de Dios.”

Lectura del día: Nehemías 1:11-25

lunes, 25 de enero de 2010

Reflexión Lunes, 25 de enero de 2010

Pecados mortales

“Ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.” —Juan 16:22

Es probable que conozcas la lista de los siete pecados capitales que se formuló en el siglo vi: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Pero quizá no sepas que la lista original compilada en el siglo iv también incluía el pecado de la tristeza. Con los años, este sentimiento desapareció del inventario.

Algunas personas son bendecidas con una disposición alegre; parece que siempre están contentas. Muestran una sonrisa constante, como si promocionaran una pasta dental. Sin embargo, hay otras que parecen sufrir de tristeza crónica; se quejan constantemente de la vida y de sus pesares. Ahora bien, ¿alguien puede negar que las aflicciones desaniman?

Si bien reconocemos que no todas las personas son bendecidas con perspectivas brillantes en la vida, debemos recordar que el gozo es una de las dádivas que Jesús les prometió a Sus seguidores. «Nadie os quitará vuestro gozo» (Juan 16:22). Recuerda que el gozo es parte del fruto del Espíritu Santo que mora en los creyentes (Gálatas 5:22). Pidámosle a Dios que nos ayude a ver más allá de las circunstancias angustiantes y que estimule nuestro corazón con la visión del gozo que nos aguarda (Hebreos 12:2). —VCG

“El gozo es un fruto del Espíritu que nunca está fuera de temporada.”

Lectura del día: Juan 16:17-24

sábado, 23 de enero de 2010

Reflexión Sábado, 23 de enero de 2010

¿Renunciar?

“Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” —1 Reyes 19:10

¿Alguna vez has tenido ganas de abandonar todo? Elías sí. El Señor acababa de utilizarlo para mostrarle a la nación de Israel que Jehová es Dios (1 Reyes 18). Sin embargo, las amenazas de la reina Jezabel lo alarmaron tanto que huyó a Beerseba, 160 km al sur (19:3). Después caminó 230 km más en esa dirección, hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.

Dios le preguntó dos veces a Elías qué hacía ahí (vv. 9,13) y, en ambas ocasiones, le respondió con las mismas palabras: «Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (vv. 10,14). Estaba tan encerrado en sus miedos que se había olvidado de lo que Dios había hecho a través de él en el monte Carmelo. A pesar de su gran victoria, Elías se hundió en las profundidades del desánimo. ¡Qué fácil nos resulta hacer lo mismo!

Dios no aceptó la notificación de renuncia de Elías. En cambio, comisionó a su agotado siervo a llevar a cabo tres tareas importantes (vv. 15-17). Y, a propósito, Elías estaba equivocado cuando dijo que era el único fiel que quedaba. Dios tenía otras 7.000 personas que no se habían inclinado ante Baal (v. 18).

Quizá, al igual que Elías, estás desesperado por las circunstancias que atraviesas en tu vida. Deja que Dios te hable (v. 12). En lugar de permitirte renunciar, Él te mostrará lo que puedes hacer con Su fortaleza. —CPH

“Cuando trabajas para Jesús, la palabra «renunciar» no existe.”

Lectura del día: 1 Reyes 19:11-18

viernes, 22 de enero de 2010

Reflexión Viernes, 22 de enero de 2010

Amor proximal

“Amarás al Señor tu Dios […]; y a tu prójimo como a ti mismo.” —Lucas 10:27

Habría sido más fácil comprar un nuevo secador de cabello, pero, como me había propuesto ahorrar un poco, decidí arreglarlo yo mismo. Para aflojar el tornillo que estaba hundido en lo profundo del mango, saqué la herramienta de última generación según el «manual del reparador casero»: mi navaja de bolsillo. Cuando hice presión para girar el tornillo, la hoja de la navaja se dobló… y me cortó el dedo.

Ese día aprendí la lección: Yo me amo. Y de inmediato suplo mis necesidades. Ni se me ocurrió pensar: «Bueno, no tengo tiempo de parar la sangre ahora. Después lo hago». Además, hubo ternura en la manera de tratar la urgencia. Le indiqué a mi equipo de primeros auxilios (mi esposa e hijos) que me lavara suavemente el dedo y que luego colocara el vendaje de tal modo que, cuando me lo sacara, no me arrancara los pelitos del dedo. Mis pensamientos, palabras y acciones fueron dirigidos por mi amor a mí mismo.

Amar «a tu prójimo como a ti mismo» (Lucas 10:27) exige la misma clase de amor apremiante. Un amor que percibe la necesidad de otra persona y que no descansará hasta satisfacerla. Es un amor cordial y afectuoso que piensa y actúa con esmero; el amor sacrificial y compasivo que un samaritano desconocido tuvo hacia un viajero caído. Es la clase de amor que Dios quiere compartir con tu prójimo a través de ti. —JMS

“Tu corazón toca el de tu prójimo mejor que cualquier cosa.”

Lectura del día: Lucas 10:29-37

jueves, 21 de enero de 2010

Reflexión Jueves, 21 de enero de 2010

Un amigo en común

“Os he llamado amigos.” —Juan 15:15

Imagina que estás de visita en una tierra extraña y que apareces, sin ser anunciado, en una reunión de personas a quienes nunca conociste y que jamás escucharon hablar de ti… pero que, a los pocos instantes, te permiten dirigirles la palabra. Esto sólo puede ocurrir si hay alguna cosa que quiebre el hielo; algo así como tener amigos en común.

Esto sucedió cuando llevé un equipo misionero a una reunión en una iglesia de Bahía Discovery, en Jamaica. Antes de salir de los Estados Unidos, mi amigo Dorant Brown, un pastor jamaiquino, me recomendó asistir a una iglesia. Así que, cuando llegamos y mencioné al pastor Brown, no sólo nos dieron la bienvenida, sino que a mí me pidieron que hablara brevemente y a nuestro equipo que cantara.

Si bien mencionar el nombre de Dorant fue crucial, en realidad no creo que ese amigo en común haya hecho que nos recibieran con tanta calidez. Me parece que fue nuestro mutuo Amigo y Salvador, Jesús, quien abrió el corazón de aquellos amigos jamaiquinos cuando los visitamos.

¿Has experimentado un vínculo especial con alguien que acabas de encontrar al decirle que tú también conoces al Señor? El Señor es un amigo que entregó Su vida por nosotros (Juan 15:13) y que convierte en hermanos a todos los que creen (1 Pedro 2:17).

Jesús. Nuestro Salvador. Nuestro Amigo en común. Él reúne corazones en todo el mundo bajo la bandera de Su amor. —JDB

“Quienes son atraídos hacia Cristo se atraen entre sí.”

Lectura del día: Juan 15:9-17

miércoles, 20 de enero de 2010

Reflexión Miércoles, 20 de enero de 2010

Redirigido

“Mas Jehová estaba con José.” —Génesis 39:2

A los 16 años de edad, el pianista Leon Fleisher debutó formalmente en el Carnagie Hall con la Filarmónica de Nueva York. Después, triunfó en concursos de prestigio internacional e interpretó en las mejores salas de concierto mundiales. Pero, a los 37 años, se enfermó de distonía, una afección neurológica que le paralizó la mano derecha. Después de un periodo de depresión y retraimiento, se dedicó a enseñar y dirigir porque, tal como dijo, amaba más la música que el piano.

Cuando nuestros sueños se hacen añicos, ¿cómo reaccionamos? Cuando José, el hijo favorito de Jacob, fue vendido como esclavo por sus hermanos (Génesis 37:12-36), podría haber caído en la autoconmiseración y en la autocompasión. En cambio, permaneció fiel al Señor. En Génesis 39, leemos cuatro veces que «Jehová estaba con» José (vv. 2,3,21,23) y que su proceder revelaba su fidelidad a Dios. Su vida ejemplar hizo que aquellos a quienes servía en Egipto reconocieran que el Señor estaba con él.

¿Amamos a Dios más que nuestros sueños? Aunque es probable que José haya lamentado la pérdida de su vida pasada y lo que podría haber tenido, Dios lo guió para cumplir con un llamado que él jamás se hubiese imaginado. Hoy el Señor anhela guiarnos. ¿Estamos dispuestos a ser redirigidos por Él? —DCM

“El corazón del hombre piensa en su camino; mas Jehová endereza sus pasos.” —Proverbios 16:9

Lectura del día: Génesis 39:1-10

martes, 19 de enero de 2010

Reflexión Martes, 19 de enero de 2010

Siempre contento

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” —Filipenses 3:14

Tiger Woods es, sin duda, el golfista más grandioso de su generación. Su capacidad para actuar bajo presión y ganar se está tornando legendaria. Sin embargo, lo que lo motiva no es sólo ganar, sino su pasión por la excelencia. Aun con su tremendo éxito, Tiger se esfuerza constantemente para perfeccionar su swing a fin de optimizar su juego y ser un mejor golfista. Su deseo de alcanzar la excelencia nunca se satisface.

Al apóstol Pablo también lo impulsaba su anhelo de lograr la excelencia, pero en su relación con Cristo. No obstante, nos enseñó que debemos ser equilibrados. Aunque nunca debemos sentirnos satisfechos con nuestro crecimiento espiritual, sí tenemos que estar siempre contentos en el Señor.

En su carta a los filipenses, Pablo expresó ambas verdades. Mientras escribía desde la cárcel, declaró su contentamiento en medio de las circunstancias de la vida y las colocó bajo el cuidado de Dios (Filipenses 4:11). Aun así, no se sentía satisfecho con su progreso espiritual, ya que no pretendía «haberlo ya alcanzado» (llegado por completo al objetivo), sino que estaba totalmente comprometido a continuar hacia la meta (3:13-14).

Aprender a equilibrar el contentamiento con la pasión por la excelencia quizá sea la clave olvidada para nuestro incesante crecimiento y progreso espiritual. —WEC

“Gran ganacia es la piedad acompañada de contentamiento.” —1 Timoteo 6:6

Lectura del día: Filipenses 3:7-14

lunes, 18 de enero de 2010

Reflexión Lunes, 18 de enero de 2010

Es asunto mío

“No te vengarás, ni guardarás rencor […], sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.” —Levítico 19:18

En 1955, cuando el sur de los Estados Unidos seguía sumamente segregado, Emmett Till, un joven negro de Chicago, fue a visitar a sus parientes en Mississippi. Después de «atreverse» a hablar con una mujer blanca, dos hombres, también blancos, lo asesinaron brutalmente. Tras deliberar durante una hora, un jurado de varones, todos blancos, los declaró «inocentes». Tiempo después, en un artículo de la revista Life, ambos confesaron el crimen.

Tras el veredicto, la madre de Emmett dijo: «Hace dos meses, tenía un bonito apartamento en Chicago, un buen trabajo, un hijo. Cuando algo les sucedía a los negros en el sur, yo decía: “Es asunto de ellos, no mío”. Ahora sé que estaba equivocada. El asesinato de mi hijo me mostró que lo que le sucede a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, nos incumbe a todos».

Otro asunto que nos atañe a todos es lo que Levítico 19:18 nos insta a hacer: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Jesús cita este versículo y lo interpreta: dice que el amor a quienes nos rodean no tiene límites (Mateo 22:39; Lucas 10:25-37). Prójimo no se refiere sólo a los vecinos, sino a cualquiera que tenga necesidades. Debemos ocuparnos de los demás como nos ocupamos de nosotros mismos.

Amar a nuestro prójimo significa identificarnos con la persecución, el sufrimiento y las injusticias que padecen los otros seres humanos. Es asunto de todos los que siguen a Cristo. —MLW

“La compasión pone en práctica el amor.”

Lectura del día: Levítico 19:11-18

domingo, 17 de enero de 2010

Reflexión Domingo, 17 de enero de 2010

Respeto a la vida

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras.” —Salmo 139:14

En el Salmo 139, David describe a Dios cuando formaba su pequeño cuerpo en la oscuridad del vientre de su madre. El Señor lo amaba antes de que siquiera existiera.

Dios diseñó la persona que David iba a ser y la hizo existir según el plan que había preestablecido. En este salmo, el escritor empleó la curiosa metáfora de un diario donde el Señor, en primer lugar, escribió Su plan y luego lo cristalizó mediante la obra de Sus manos llevada a cabo en el vientre: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas obras que fueron luego formadas» (v. 16).

Dicho de otro modo, el amor del Padre celestial formó a David y lo convirtió en una creación única. Fue el producto del corazón y de la mano inventiva de Dios. Esta misma verdad se aplica a ti. Tú eres especial, al igual que todas las demás personas que hay en el mundo.

Ante esta realidad, debemos tener una actitud en favor de la vida en el sentido más puro que pueda existir. Debemos respetar y valorar la vida de todo ser humano: los nacidos y los que aún están en el vientre de la madre; los niños preciosos y los ancianos cansados; los ejecutivos acaudalados y los financieramente desposeídos. Cada persona es un producto exclusivo del genio de nuestro Creador. Junto con David, exclamemos: «Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras» (139:14). —DHR

“Toda vida es creada por Dios y está autografiada por él.”

Lectura del día: Salmo 139:13-16

sábado, 16 de enero de 2010

Reflexión Sábado, 16 de enero de 2010

Reflectores de honra

“Y mi honra no la daré a otros.” —Isaías 48:11

Bárbara Mertz se queja del faraón egipcio Ramsés II. En su libro Temples, Tombs, and Hieroglyphs [Templos, tumbas y jeroglíficos], esta arqueóloga escribe: «Uno se cansa de tanto Ramsés. Su rostro, su figura y su nombre están esculpidos en más de la mitad de los muros que aún quedan en pie en Egipto; al menos, eso parece». En su insaciable sed de honra, Ramsés se deleitaba en la religión egipcia, que enseñaba que el faraón era dios.

Compara el deseo de honra de Ramsés con la actitud de Pablo y Bernabé. En uno de sus viajes misioneros, enfrentaron una situación donde rechazaron aceptar vanagloria. Cuando la multitud de la idólatra ciudad de Listra los vio sanar a un paralítico, exclamó: «Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros» (Hechos 14:11). De inmediato, prepararon animales para sacrificarlos en honor a ellos. Pero rápidamente, ambos objetaron, diciendo: «Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo» (v. 15).

No podemos compararnos con los apóstoles en cuanto a sus logros para Dios, pero todos hacemos cosas para Él. Es allí, entonces, donde debemos ser «reflectores de honra» y asegurarnos de que el Señor sea quien reciba toda la gloria por las cosas que nosotros hacemos. —HDF

“La meta más grandiosa del hombre: que Dios reciba la gloria y la honra.”

Lectura del día: Hechos 14:8-18

viernes, 15 de enero de 2010

Reflexión Viernes, 15 de enero de 2009

Una segunda oportunidad

“Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” —Lamentaciones 3:22-23

Hace exactamente un año, 155 personas que iban en el vuelo 1549 de US Airways creyeron que morirían. Al despegar de la ciudad de Nueva York, el avión atropelló una bandada de gansos, lo cual detuvo ambos motores. Con los motores apagados, el capitán hizo planear el avión sobre una zona densamente poblada, y luego anunció: «Prepararse para el impacto». No habían pasado 90 segundos cuando la aeronave inutilizada aterrizó sobre las aguas heladas del río Hudson, adonde inmediatamente acudieron barcos y balsas para rescatar a los pasajeros y a la tripulación. Todos sobrevivieron. La gente lo llamó «el milagro del Hudson» y todos elogiaron al piloto y a su personal. Un pasajero agradecido, dijo simplemente: «Tenemos una segunda oportunidad en la vida».

En tiempos de crisis, valoramos la importancia de cada minuto. Sin embargo, en la rutina diaria, solemos olvidar que cada día es una segunda oportunidad. «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré» (Lamentaciones 3:22-24).

Podemos decidir vivir con gratitud por la misericordia y la gracia de Dios, con confianza en Su fiel cuidado y con esperanza porque Él está siempre con nosotros. Hoy Dios nos ofrece una segunda oportunidad en la vida. ¡Aprovechémosla al máximo! —DCM

“Nuestro Dios es un Dios de segundas oportunidades.”

Lectura del día: Lamentaciones 3:22-33

jueves, 14 de enero de 2010

Reflexión Jueves, 14 de enero de 2010

La acumulación de pecado

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.” —2 Corintios 4:7

Durante siglos, en todo el mundo, los molinos se han usado para bombear agua y procesar granos. Pero en las últimas décadas, cuando las turbinas eólicas para generar electricidad se fueron imponiendo, inesperadamente apareció una «mosca en la sopa».

Los investigadores descubrieron que estos generadores funcionaban bien a bajas velocidades, pero que, al aumentar la velocidad del viento, los insectos que se adherían a las paletas reducían la producción de energía. Los operadores observaron que era necesario lavar periódicamente la acumulación de insectos muertos, para evitar la paulatina disminución de la energía de la turbina.

Una acumulación de pecado en la vida del creyente también puede causar problemas. Dios proveyó una manera de limpiar esa acumulación en nuestro ser. En 1 Juan 1:9, leemos: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». No obstante, si no lo hacemos con frecuencia, perderemos energía en nuestro andar. Esto se debe a que la energía para vivir procede de Dios y no de nosotros (2 Corintios 4:7). Si tratamos de vivir la vida cristiana con nuestras propias fuerzas, nos sentiremos derrotados, como molinos a los que les mermó la energía.

Podemos ver y experimentar con más facilidad el poder de Dios en nuestras vidas cuando diariamente nos sacamos de encima la acumulación de pecado. —CHK

“El pecado consume nuestro poder espiritual; la confesión lo restaura.”

Lectura del día: 1 Juan 1:5-10

miércoles, 13 de enero de 2010

Reflexión Miércoles, 13 de enero de 2010

Credibilidad

“Manteniendo buena vuestra manera de vivir […]; para que […] glorifiquen a Dios […], al considerar vuestras buenas obras.” —1 Pedro 2:12

La reciente crisis financiera global ha hecho que la gente preste más atención a su informe crediticio. Cuando era fácil conseguir créditos, algunas personas comenzaron a usar el dinero de forma descuidada. No les importaba ahorrar para comprar lo que querían; simplemente, pedían prestado. No importaba mucho tener deudas. Pero, en una crisis, las cosas cambian por completo. De pronto, tener un buen crédito se torna sumamente importante.

Después de un anuncio de un servicio de reparación de crédito, un locutor local dijo: «La reparación de crédito no es algo que puedas comprar, sino que debes trabajar para conseguirla».

El mismo principio se aplica a la credibilidad en la vida. No la podemos comprar, sino que es algo para lo cual debemos trabajar. Quizá podamos «tomar prestada» temporalmente cierta credibilidad al asociarnos con personas confiables, pero, tarde o temprano, necesitaremos obtenerla de forma personal.

La credibilidad tiene que ver con la capacidad de generar confianza. Esto es esencial para los creyentes porque nuestras vidas influyen en la reputación del Señor (1 Pedro 2:12). Cuando nos autodenominamos cristianos, Su reputación se vincula con nosotros. Si la gente tiene motivos para no creer en nosotros, es probable que no crean en Dios.

La forma de ganar credibilidad es vivir de manera honorable. En consecuencia, los demás creerán en Dios y lo glorificarán. —JAL

“Si nos ocupamos de nuestro carácter, la buena reputación viene sola.”

Lectura del día: 1 Pedro 2:11-21

martes, 12 de enero de 2010

Reflexión Martes, 12 de enero de 2010

Acabadores

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” —2 Timoteo 4:7

Cuando era niño, soñaba con convertirme en cinturón negro en karate. Hace varios años, comencé a entrenarme y estuve a punto de alcanzar esa meta. Sin embargo, a dos cinturones de distancia del objetivo, abandoné. Hubo dos razones: mi profesor cambió la metodología a mitad del proceso de entrenamiento, y yo empecé a estar tan ocupado que no podía dedicar el tiempo necesario para entrenarme.

Casi todas las semanas, me frustro al pensar que Dios quiere que sea un acabador en todos los aspectos de mi vida, pero, en especial, en el servicio para Él.

Cuando Pablo se refirió al final de su vida, no se sintió frustrado por no haber cumplido con algunas facetas de su ministerio. En esta última despedida (2 Timoteo 4:7), el apóstol empleó palabras sumamente ilustrativas para describir la manera de acabar su servicio para Cristo. Describió su vida y su ministerio comparándolos con una batalla: «He peleado la buena batalla». Esa batalla era buena porque había participado en ella a favor de Dios y del evangelio. Luego, como un paralelismo de su ministerio, utilizó la ilustración de una carrera: «He acabado la carrera, he guardado la fe». Pablo declaró que, por la gracia de Dios, había acabado todo lo que el Señor le había dado para hacer.

Como seguidores de Jesús, esforcémonos para ser acabadores, al perseverar en nuestro servicio para Cristo. —MLW

“Corre la carrera con la vista puesta en la eternidad.”

Lectura del día: 2 Timoteo 4:1-8

lunes, 11 de enero de 2010

Reflexión Lunes, 11 de enero de 2010

Seguir nuestro ejemplo

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes.” —1 Timoteo 4:12

Alicia, que tiene sólo seis años y está comenzando a leer, solía ver a sus padres y a sus abuelos cuando leían la Biblia por la mañana. Un día, muy temprano, se despertó antes que todos los demás. La abuela la encontró sentada en el sofá, con la Biblia y un librito de devociones sobre la falda. Ella quería seguir el ejemplo de pasar tiempo con Dios al comienzo del día.

Timoteo, un joven pastor, enfrentaba grandes responsabilidades en la iglesia de Éfeso: capacitar a creyentes, guiar en la adoración, combatir la falsa doctrina. El apóstol Pablo, más maduro y experimentado, le dio instrucciones sobre cómo liderar a la iglesia en estas áreas, pero también mencionó la importancia de la conducta personal. Dijo: «Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Timoteo 4:12).

Pablo desafió a Timoteo con estas palabras: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina» (v. 16). Si prestaba atención a su vida espiritual y mantenía una doctrina sólida, sería un buen ejemplo para la familia de la iglesia.

Todos tenemos personas que nos observan. Aun la pequeña Alicia tiene hermanos menores que se fijan en lo que ella hace. Vivamos la vida de tal manera que aquellos que sigan nuestro ejemplo ayuden a otros en su andar con Dios. —AMC

“Un buen ejemplo vale más que un buen consejo.”

Lectura del día: 1 Timoteo 4:12-16

sábado, 9 de enero de 2010

Reflexión Sábado, 9 de enero de 2010

Miedo a lo desconocido

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció […]; y salió sin saber a dónde iba.” —Hebreos 11:8

¿Alguna vez Dios te pidió que hicieras algo aparentemente irracional o que te llevaba al terreno de lo desconocido? ¿Qué pasaría si te pidiera que rechazaras un largamente ansiado ascenso en el trabajo o una anhelada relación sentimental con alguien? ¿Y si te llamara para ir a un lugar remoto de la tierra o te pidiera dejar que tu hijo le sirva en un sitio lejano?

Lo desconocido está lleno de interrogantes atormentadores, tales como: «¿Y si pasa esto o aquello…?» Aun así, cuando seguimos al Señor, Él suele llamarnos a recorrer territorio desconocido. Obedecer Sus mandamientos de perdonar, entregar nuestros tesoros o abandonar las cosas que nos brindan seguridad y placer nos deja a menudo en el terreno atemorizante del qué irá a pasar.

Imagínate cómo se habrá sentido Abraham cuando Dios le pidió que trasladara a toda su familia y no le dijo adónde irían (Génesis 12:1-3). También le demandó perseverancia; es decir, que se quedara en una tierra desconocida, aunque las atractivas comodidades del pasado amenazaran seducirlos, tanto a él como a su familia, a regresar al entorno seguro de Ur.

Empezar un nuevo año es como entrar en territorio inexplorado. El miedo a lo desconocido podría impedir que siguiéramos la guía de Dios en los días que están por delante. Pero, como Abraham, cuando nos aferramos a Aquel que sabe todas las cosas, estamos en buenas manos… no importa el destino. —JMS


“Nunca tengas temor de confiarle el futuro desconocido al Dios omnisciente.”
Lectura del día: Hebreos 11:8-12

viernes, 8 de enero de 2010

Reflexión Viernes, 8 de enero de 2010

Última inauguración

“Todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.” —Apocalipsis 15:4

Algunas de las palabras que se emplearon para describir la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de verano, en 2008, fueron asombrosa, impresionante y extraordinaria. Un comentarista señalo: «Esto demuestra lo que sucede cuando a un artista se le ofrecen recursos ilimitados».

Cuando oí esto, pensé: ¡Eso es lo que Dios hizo en la creación! No se guardó nada. El universo resultante es de una belleza impresionante, una complejidad asombrosa y absolutamente extraordinario.

La ceremonia de las Olimpíadas mostró una precisión perfecta; pero, si uno de los percusionistas o bailarines hubiese decidido modificar la visión del artista, todo el espectáculo se habría estropeado.

Eso fue lo que sucedió poco después de la creación. A diferencia del productor de las Olimpíadas, Dios dio albedrío, y Su obra de arte fue estropeada porque Adán y Eva pensaron que había un camino mejor. Como dijo Isaías: «Cada cual se apartó por su camino» (53:6).

La solución divina para nuestro capricho fue insólita: El Artista pagó el precio para recrear lo que nosotros habíamos arruinado. Un día, tendrá lugar otra ceremonia de inauguración donde todos los que están en los cielos y en la tierra se postrarán ante el nombre de Jesús (Filipenses 2:10). También aquellos que, de toda nación, hayan aceptado el plan de Dios en Cristo adorarán juntos en la perfecta Nueva Jerusalén (Apocalipsis 15:4). —JAL

“Tenemos toda la eternidad para alabar a Dios; comencemos hoy.”

Lectura del día: Apocalipsis 15

jueves, 7 de enero de 2010

Reflexión Jueves, 7 de enero de 2010

Dios ama los adverbios

“Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” —1 Corintios 2:16

De manera sabia, los puritanos procuraban vincular todas las áreas de la vida con Dios, su fuente, para unir ambos mundos, en vez de dividirlos en sagrado y secular. Tenían un dicho: «Dios ama los adverbios y no le preocupa si es bueno, sino si está bien hecho». Los adverbios califican los verbos, las palabras que indican acciones y actividades. Este proverbio implica que al Señor le importa más la actitud con que vivimos que los resultados en sí.

Agradar al Señor no significa que debamos estar ocupados en una nueva serie de actividades «espirituales». Como decían los puritanos, ya sea limpiando zapatos o predicando sermones, poniendo herraduras a los caballos o traduciendo la Biblia, toda actividad humana puede constituir una ofrenda a Dios.

Pasamos mucho tiempo envueltos en actividades mundanas. «Mas nosotros tenemos la mente de Cristo», nos recuerda Pablo (1 Corintios 2:16). Esta verdad debe guiarnos en todo lo que hacemos: cuidar a un padre anciano, ir limpiando detrás de un hijo, sentarse en el patio con un vecino, lidiar con las quejas de un cliente, completar las planillas de un paciente en una sala de enfermería, quedar atrapado en un embotellamiento de tránsito, aserrar madera, presentar informes, ir a comprar alimentos…

Se necesitan la fe y la mente del Señor Jesús para reconocer aspectos de trascendencia eterna aun en las tareas más comunes. —PY

“El mundo premia el éxito; ¡Dios premia la fidelidad!”

Lectura del día: Colosenses 3:8-17

miércoles, 6 de enero de 2010

Reflexión Miércoles, 6 de enero de 2010

Leyes del cielo

“Si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, también desecharé la descendencia de Jacob, y de David.” —Jeremías 33:25-26

Si deseas ver en el cielo la próxima convergencia de Venus, Júpiter y la luna, márcalo ahora en el calendario. El 18 de noviembre de 2052 podrás observar, en la oscuridad de la noche, que esos sistemas solares vecinos «se reúnen» en una pequeña zona del firmamento. Esta yuxtaposición notable de las esferas refractarias iluminó el cielo nocturno por última vez el 1 de diciembre de 2008, y recién volverá a hacerlo dentro de cuatro décadas.

Esta previsibilidad, como también los diferentes eclipses y el retorno del cometa Halley (28 de julio de 2061), demuestran el orden que existe en el universo. Si ninguna serie de leyes establecidas gobernara el movimiento de todas las cosas en el cosmos, tales predicciones no podrían hacerse.

¿Estas reglas establecidas están por encima de patrones al azar? ¿Podemos ver la mano de Dios en estas afirmaciones de la astronomía? Observa Jeremías 33:25-26. El Señor tiene en mente la relación entre Él y Su pueblo como resultado del pacto, y emplea como analogía una verdad científica. En efecto, Dios dice que las leyes del universo que Él estableció, «las leyes del cielo y la tierra», son tan seguras como las promesas que pactó con Su pueblo.

Las leyes de Dios han gobernado el universo desde su creación y siguen haciéndolo con una previsibilidad asombrosa. Así que, anota en el calendario y asómbrate ante el control inmutable de Dios. —JDB

“Las maravillas de la creación revelan que Dios está activo.”

Lectura del día: Salmo 19:1-7

martes, 5 de enero de 2010

Reflexión Martes, 5 de enero de 2010

Cautiverio

“Sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa.” —2 Timoteo 2:9

En su libro de memorias, La escafandra y la mariposa, Jean-Dominique Bauby describe su vida después de un ataque cerebral masivo que lo dejó con una dolencia llamada «síndrome de cautiverio». Aunque paralizado casi por completo, pudo escribir su libro parpadeando el ojo izquierdo. Una ayudante recitaba un alfabeto codificado hasta que él parpadeaba al elegir la letra que quería dictar. El libro requirió unos 200.000 parpadeos para escribirlo. Bauby utilizó la única capacidad física que le quedaba para comunicarse con los demás.

En 2 Timoteo, leemos que Pablo experimentó un tipo diferente de «síndrome de cautiverio». Estando bajo arresto domiciliario, se enteró de que su ejecución era inminente. Con esto en mente, le dijo a Timoteo: «Sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa» (2 Timoteo 2:9). A pesar de su aislamiento, recibía visitas, escribía cartas de estímulo y se regocijaba de que la Palabra de Dios se extendiera.

Es probable que las circunstancias hayan hecho que algunos de nosotros estemos aislados de los demás. Yacer en la cama de un hospital, cumplir una sentencia en prisión o estar postrados en casa puede hacernos sentir que padecemos nuestro propio «síndrome de cautiverio». Si esto es una realidad en tu vida, ¿por qué no reflexionas, en oración, para descubrir cómo alcanzar a otros, aun en esa condición? —HDF

“Ninguna obra es demasiado pequeña cuando se hace para Cristo.”

Lectura del día: 2 Timoteo 2:1-10

lunes, 4 de enero de 2010

Reflexión Lunes, 4 de enero de 2010

Pasar revista

“Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que ha hecho.” —2 Corintios 5:10

Imagina que un día vas a trabajar y, cuando tu jefe te saluda, dice: «Ven a mi oficina a las 9:30. Me gustaría hablar contigo sobre tu desempeño en el trabajo».

Es probable que te pongas nervioso al pensar en lo que tu superior podría decirte. Tal vez te preguntes: ¿Qué pensará mi jefe de lo que hago? ¿Me ascenderán y me aumentarán el salario? ¿O me quedaré sin trabajo? ¿Va a decirme: «Bien hecho» o «Te echo»?

Si bien esta clase de entrevista es importante, la Biblia habla de otra revisión mucho más transcendental. Cuando esta vida haya pasado, nos presentaremos delante del Señor. Pablo escribió: «Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Corintios 5:10). No asistiremos a esta evaluación futura con temor a perder la salvación ni con el deseo de obtener algún beneficio personal o la aprobación humana, sino que estaremos ansiosos de escuchar al Señor decirnos: «Bien, buen siervo y fiel» (Mateo 25:21).

Nuestro desafío, como seguidores de Cristo, es servirle ahora con excelencia, para que luego podamos escucharle decirnos: «Bien hecho». Si se tiene en cuenta mi manera de vivir hoy, ¿qué evaluación obtendré cuando vea al Salvador? —WEC

“El servicio bien hecho aquí en la tierra recibirá un "Bien hecho" en el cielo.”

Lectura del día: 2 Corintios 5:1-11

domingo, 3 de enero de 2010

Reflexión Domingo, 3 de enero de 2009

Ampliar la perspectiva

“Id, y haced discípulos a todas las naciones.’ —Mateo 28:19

A un misionero y a mí nos invitaron a almorzar con David, un hombre de casi 80 años, quien sustentaba con generosidad el ministerio de este siervo de Dios. David no podía ir a visitar el país donde servía el misionero, pero, mientras daba gracias por los alimentos, oró con toda facilidad por las personas, los lugares y las circunstancias de aquel lugar. Después de haber orado habitualmente por ese ministerio, no tenía problema en mencionar datos específicos. Este hombre tenía una perspectiva de la obra misionera que iba más allá de las fronteras de su país, Singapur.

Nuestro Señor Jesús nos mandó tener una perspectiva mundial de la obra misionera. Cuando dijo: «Id, y haced discípulos a todas las naciones, […] enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mateo 28:19-20), no nos pedía que compráramos un billete para ir por todo el mundo a proclamar Su mensaje. Quizá no tengamos oportunidad de salir del lugar donde nacimos, pero podemos participar de lo que sucede en el mundo, sin dejar nuestra ciudad natal.

Ahora bien, ¿cómo se hace? ¿Hay algún estudiante de otro país que viva cerca de tu casa? ¿Una familia de otra nación que intenta enfrentar la vida en un entorno nuevo? ¿O, simplemente, una persona solitaria a quien puedas levantarle el ánimo? Hablarles sobre el amor de Dios es tu manera de cruzar los océanos con el evangelio. —CPH

“Si miras a través de los ojos de Jesús, verás un mundo necesitado.”

Lectura del día: Mateo 28:16-20