viernes, 31 de julio de 2009

Reflexión Viernes, 31 de julio de 2009

El único lugar donde comenzar

“Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” —Gálatas 1:9

Cuando una casa de publicaciones me pidió que escribiera una nota promocionando un nuevo libro, dije que me alegraría hacerlo. Parecía ser un esfuerzo útil dirigido a jóvenes, desafiándoles a vivir para Dios en un mundo cambiante. Pero, mientras leía el libro, algo me atribuía. Aunque contenía muchos pasajes de las Escrituras y grandes consejos espirituales, no explicaba que el punto de partida para cualquier relación con Dios era la salvación por medio de Jesucristo.

E
l autor parecía implicar que la esencia de llevar una vida espiritual en la sociedad moderna se basaba totalmente en la acción —buenas obras— y no en la fe salvadora en Cristo. No escribí la nota de promoción.

La cultura de la iglesia está cambiando rápidamente. A menudo se deja atrás la naturaleza esencial del Evangelio en el intento de encontrar nuevas y emocionantes ideas. El apóstol Pablo quedó atónito al ver que las personas fácilmente aceptaban un «evangelio diferente» (Gálatas 1:6). Lo que él predicaba no provenía del hombre, sino que era una revelación directa de Jesús mismo (vv.11-12).

Jamás debemos abandonar el verdadero Evangelio: que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó para nuestra justificación, declarándonos justos delante de Dios (Romanos 4:25; 1 Corintios 15:3-4). Sólo esto ofrece el «poder de Dios para salvación a todo aquel que cree» (Romanos 1:16). Si queremos vivir para Dios, este es el único lugar donde comenzar.

“La fe es la mano que debe tomar el regalo Dios de la salvación.”

Lectura del dia: Gálatas 1:6-12

jueves, 30 de julio de 2009

Reflexión Jueves, 30 de julio de 2009

Involucrándome

“Clemente y misericordioso es Jehová.” —Salmo 111:4

Fred exclamó: «¿Acaso nadie va a ayudar a ese pobre hombre?», cuando él y mi esposo, Tom, se dieron cuenta de cuál había sido la causa para que el tráfico avanzara lentamente por la transitada carretera de cinco carriles. Un hombre yacía tumbado entre los carriles con su bicicleta sobre él, mientras los vehículos simplemente le esquivaban y pasaban de largo. Fred encendió las luces intermitentes de advertencia y bloqueó el tráfico con su automóvil. Luego él y mi esposo salieron para ayudar al hombre maltrecho.

Fred y Tom se involucraron, al igual que el samaritano en la historia de Jesús en Lucas 10. Ellos también vencieron toda renuencia que pudieran haber tenido para tenderle la mano a un hombre en peligro. El samaritano también tuvo que vencer los prejuicios raciales y culturales. Las personas de las que habríamos esperado ayuda mostraron indiferencia ante la difícil situación del hombre herido.

Es fácil encontrar razones para no involucrarse. Nuestras ocupaciones, la indiferencia y el temor a menudo están al comienzo de la lista. Pero, al buscar seguir fielmente a nuestro Señor, seremos más y más conscientes de las oportunidades para mostrar el tipo de compasión que Él mostró (Mateo 14:14; 15:32; Marcos 6:34).

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús elogió al hombre que había actuado por compasión aun cuando hacerlo le era inconveniente, difícil y costoso. Luego, Él nos dijo a nosotros: «Ve, y haz tú lo mismo» (Lucas 10:37).

“La verdadera compasión hace trabajar al amor.”

Lectura del día: Lucas 10:30-37

miércoles, 29 de julio de 2009

Reflexión Miércoles, 29 de julio de 2009

Volviendo a casa

“Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.” —Salmo 73:24

Cuando era niño, uno de mis pasatiempos favoritos era caminar por el riachuelo detrás de nuestra casa. Esas caminatas significaban una gran aventura para mí: saltar rocas, observar aves, construir presas, seguir rastros de animales. Si lograba llegar a la desembocadura, mi perro y yo nos sentábamos a compartir el almuerzo mientras mirábamos aterrizar aviones del otro lado del lago.

Nos quedábamos todo el tiempo posible, pero sólo hasta el atardecer, pues mi padre me quería de vuelta en casa antes de la noche. En el bosque, las sombras se alargaban y las hondonadas se oscurecían rápidamente. Durante todo el camino de vuelta anhelaba ya estar en casa.

Nuestro hogar estaba sobre una colina detrás de unos árboles, pero la luz siempre permanecía encendida hasta que llegara toda la familia. A menudo, mi padre se sentaba en el porche de atrás y leía el periódico mientras me esperaba. «¿Cómo te fue?», preguntaba. «Bastante bien», le decía, «pero qué bueno es estar en casa».

Estos recuerdos me hacen pensar en otro viaje, el que estoy haciendo ahora. No siempre es fácil, pero sé que al final me espera mi Padre bondadoso y mi hogar eterno. Estoy ansioso por llegar.

Me están esperando. La luz está encendida y mi Padre celestial me espera. Supongo que me preguntará, así como mi papá solía hacerlo: «¿Cómo te fue?» «Bastante bien», le diré, «pero qué bueno es estar en Casa».

“Para el cristiano el cielo se deletrea C-A-S-A.”

Lectura del día: Salmo 73:21-28

martes, 28 de julio de 2009

Reflexión Martes, 28 de julio de 2009

El valor de los amigos

“Y Jonatán... amaba [a David] como a sí mismo.” —1 Samuel 20:17

Juan Crisóstomo (347–407) fue uno de los grandes predicadores de la iglesia primitiva. Recibió el nombre de Crisóstomo que significa «boca de oro» debido a sus elocuentes sermones.

He aquí una de sus profundas reflexiones en cuanto al valor de los amigos: «Tal es la amistad, que por medio de ella amamos los lugares y las estaciones; por cuanto, cuando… las flores dejan caer sus dulces hojas en la tierra a su alrededor, así los amigos imparten favor incluso en los lugares donde moran. Con amigos, incluso la pobreza es agradable… Mejor sería para nosotros que el sol se extinguiese a que estuviésemos sin amigos».

La historia de Jonatán y David ilustra el valor de la amistad. Aunque el demente rey Saúl estaba a la caza de David, éste último cobró ánimo de su amistad con el hijo de Saúl. «Y Jonatán… amaba [a David] como a sí mismo» (1 Samuel 20:17). Su relación se caracterizaba por la confianza, la comprensión y el aliento. Cuán difícil le hubiera sido a David resistir esta injusta persecución sin el alimento de la amistad basada en el Señor (v.42).

La antigua voz de Crisóstomo y el testimonio de David y Jonatán nos recuerdan la necesidad de alimentar las amistades que Dios nos ha dado.

“Un amigo es la primera persona que viene cuando todo el mundo se ha ido.”

Lectura del día: 1 Samuel 20:12-17

lunes, 27 de julio de 2009

Reflexión Lunes, 27 de julio de 2009

El corazón de Dios revelado

“Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.” —Apocalipsis 3:19

Es fácil pensar en Dios como un matamoscas divino, que simplemente está esperando a que nos posemos en algún lado para que —plaf— nos pueda aplastar por nuestros pecados. Pero eso no es lo que vemos en Apocalipsis 2–3, en Sus cartas a las siete iglesias. La línea de las cartas demuestra el corazón amoroso de Dios incluso hacia las personas veleidosas.

Jesús comenzó muchas de estas cartas afirmando las cosas buenas que Su pueblo había hecho. Esto nos muestra que al Señor Le agrada cuando hacemos lo bueno y lo correcto.

Pero a Jesús también Le preocupan las faltas en nuestras vidas. Su encomio en estas cartas a menudo iba seguido de claras palabras de reprobación. Y si bien no nos sentimos cómodos cuando Le escuchamos decir, «pero tengo contra ti» (2:4; ver vv.14,20), Él nos revela lo que tiene que cambiarse en nuestras vidas para mantenernos lejos del autoengaño.

Esto nos traslada al verdadero meollo del asunto: el arrepentimiento. Cuando el Señor les dijo a estas iglesias que se arrepintieran, estaba revelando Su amor por los santos veleidosos. Su meta no era condenarlos sino restaurarlos a una íntima comunión con Él.

Y no pases por alto el hecho de que cada carta termina con una promesa específica para los «vencedores». Claramente, Dios desea recompensar a aquellos que viven vidas que Le agradan.

¿Qué te está diciendo Él hoy?

“El arrepentimiento restaura y renueva nuestra intimidad con el Señor.”

Lectura del día: Apocalipsis 3:14-22

sábado, 25 de julio de 2009

Reflexión Sábado, 25 de julio de 2009

Cambia de parecer

“Convi[értete] a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” —Hechos 26:20

Una de mis tiras cómicas favoritas, Snoopy y Carlitos, muestra a Carlitos Brown diciéndole a Snoopy: «Oí que estás escribiendo un libro de teología. Espero que tengas un buen título». Snoopy responde: «Tengo el título perfecto: ¿Alguna vez se te ocurrió que tal vez estés equivocado?»

Este título nos recuerda que, a veces, tenemos una idea equivocada de Dios y de lo que demanda de nosotros. Como nuestras creencias erróneas generan comportamientos equivocados, necesitamos «conv[ertirnos] a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento» (Hechos 26:20).

La palabra griega para «arrepentimiento» es metanoeo, «cambiar de parecer». Como Pablo indicó, arrepentirse no significa asentir amablemente en señal de coincidencia con Dios y luego seguir por donde íbamos. Cuando enfocamos la mente en Dios —cuando realmente estamos de acuerdo con Él sobre lo correcto— nuestro comportamiento seguirá esa nueva línea de pensamiento. Como un automóvil, vamos en la dirección que se nos señala. Así que, cuando verdaderamente volvemos la mente y el corazón hacia Dios, nuestras acciones cambian.

En vez de ir felices por la vida, asumiendo que nuestras elecciones son las correctas, debemos detenernos con regularidad y hacernos la pregunta de Snoopy. Como Pablo enseñó, sólo cuando admitimos nuestro error, podemos tener seguridad de estar bien con Dios.

“O conformamos nuestros deseos a la verdad o conformamos la verdad a nuestros deseos.” —Os Guinness

Lectura del día: Hechos 26:12-23

viernes, 24 de julio de 2009

Reflexión Viernes, 24 de Julio de 2009

Camina lo que hay que caminar

“Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” —1 Timoteo 4:12

El predicador estaba hablando medio en broma cuando se quejó, «Mi esposa es absolutamente irrazonable. ¡Realmente espera que yo practique todo lo que predico!» Es muchísimo más fácil decirle a alguien lo que es correcto en vez de practicarlo personalmente.

Cuando mi hijo y yo jugamos al golf juntos, puedo decirle exactamente cómo meter la pelota en el hoyo y hacer los tiros. Pero mi propia capacidad para realizar este deporte es lastimosamente limitada. Supongo que esto es lo que se quiere decir cuando nos referimos a atletas que «dicen lo que hay que decir pero no caminan lo que hay que caminar». Cualquiera puede hablar de cómo hacer un buen juego, pero jugarlo realmente bien es muchísimo más difícil.

Esto es particularmente cierto cuando se trata del desafío de seguir a Jesucristo. No es suficiente que hablemos acerca de la fe, debemos vivir nuestra propia fe. Tal vez esa sea la razón por la que Pablo, después de darle instrucciones a su joven protegido, Timoteo, acerca de cómo predicar, incluyó este recordatorio: «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas» (1 Timoteo 4:12,15).

Como seguidores de Cristo, no podemos darnos el lujo de simplemente hablar acerca de cómo hacer las cosas bien —debemos vivir vidas de fe ejemplar en Jesucristo. Debemos caminar lo que hay que caminar.

“Agradamos a Dios cuando nuestro caminar coincide con nuestro hablar.”

Lectura del día: 1 Timoteo 4:6-16

martes, 21 de julio de 2009

Reflexión Martes, 21 de julio de 2009

Eternidad en nuestros corazones

“Y ha puesto eternidad en el corazón de ellos.” —Eclesiastés 3:11

Una vez presencié un bello panorama en las afueras de Anchorage, Alaska. Contrastando con un cielo gris oscuro, las aguas de una bahía provenientes del océano tenían un tinte verdoso, interrumpido por pequeñas crestas blancas. Pronto vi que esas crestas no eran olas, sino ballenas beluga de color blanco plata que se alimentaban a menos de 45 metros de la costa. Junto a otros espectadores, me quedé observando el movimiento rítmico del mar seguido de las apariciones fantasmales y ondulantes de las ballenas. El grupo permanecía callado, casi reverente. En ese momento, nada más importaba.

El autor de Eclesiastés habría entendido la reacción de la multitud. Él percibe claramente la belleza del mundo creado y que Dios «ha puesto eternidad en el corazón» (3:11). Esta hermosa frase se aplica a gran parte de la experiencia humana. Sin duda, se refiere a un instinto religioso; pero nuestros corazones también perciben la eternidad de otras maneras.

Eclesiastés presenta las dos caras de la vida en este mundo: la promesa de placeres tan cautivantes que quizá hagan que dediquemos nuestras vidas a buscarlos y la realidad inquietante de que, al final, no satisfacen. El atractivo mundo de Dios es demasiado grande para nosotros. A menos que reconozcamos nuestros límites, nos sujetemos a la soberanía divina y confiemos en el Dador de toda buena dádiva, terminaremos desesperados.

“Para sacarle el máximo provecho al hoy, ten la eternidad en mente.”

Lectura del día: Eclesiastés 3:9-17

lunes, 20 de julio de 2009

Reflexión Lunes, 20 de julio de 2009

Un pequeño paso; un gran salto

“Y renovaos en el espíritu de vuestra mente.” —Efesios 4:23

En julio de 1969 estaba en Fort Benning, Georgia, entrenando para oficial del ejército de los Estados Unidos. La escuela de oficiales de infantería era intensa y exigente, con sólo escaso tiempo libre. Sorprendentemente, el 20 de julio por la tarde, se nos ordenó ir a la sala de estar de nuestro batallón para sentarnos frente a un aparato de televisión parpadeante donde simplemente nos dijeron: «Esto es historia».

Asombrados, observamos al astronauta del Apolo XI, Neil Armstrong, convertirse en el primer ser humano en pisar la luna, y decir: «Este es un pequeño paso para el hombre; un gran salto para la humanidad». Se suspendió el acostumbrado toque de queda y permanecimos sentados hablando hasta tarde, no sólo de lo que habíamos presenciado, sino de la vida, de Dios y de la eternidad. La exigente rutina había sido interrumpida y nuestra atención se había trasladado hacia lo realmente importante.

Todos necesitamos trasladar nuestro enfoque a diario. Mantener un tiempo a solas con Dios suele permitirnos dejar las exigentes labores, romper la rutina y concentrarnos en Él por medio de la Biblia y la oración. Nuestros pensamientos y acciones cambiarán al seguir las instrucciones de Pablo, que dice: «Renovaos en el espíritu de vuestra mente» (Efesios 4:23).

Lo que parece un pequeño paso puede ser un gran salto en nuestro andar diario con Cristo.

“Cada pequeño paso de fe es un gran paso de crecimiento.”

Lectura del día: Efesios 4:17-24

domingo, 19 de julio de 2009

Reflexión Domingo, 19 de julio de 2009

Hasta hacerse poderoso

“Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso.” —2 Crónicas 26:15

En el cuento de hadas de George MacDonald, Lilith, hay gigantes vigorosos que viven entre la gente normal. Estos poderosos deben llevar a cabo su vida cotidiana con mucho cuidado. Cuando duermen, su ronquido es atronador. Cuando se dan la vuelta, pueden aplastar casas bajo su peso.

En la Biblia, Uzías llegó a ser «poderoso» entre los hombres después de hacerse rey a la edad de 16 años. Las claves de su éxito se registran en 2 Crónicas 26. Su padre, Amasías, fue un buen ejemplo para él (v.4); el profeta Zacarías lo instruyó (v.5); tuvo un ejército de hombres luchadores y de generales capaces que lo ayudaron (vv.11-15); y Dios le prosperó (v.5).

Es evidente que el rey Uzías se hizo «poderoso» por la bendición del Señor; pero después de alcanzar el éxito, se descuidó y tuvo grandes tropezones. La clave de su desaparición se encuentra en la frase «porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso» (v.15).

Estas tres últimas palabras son una seria advertencia para todos nosotros. El corazón de Uzías «se enalteció para su ruina» (v.16). Usurpó los deberes sacerdotales y enfermó de lepra (vv.16-21).

Todos hemos sido ayudados maravillosamente por Dios nuestro Señor, por aquellos que Él nos puso como ejemplos y por los que sirven junto a nosotros. Cuando nos volvemos poderosos, debemos prestar atención, o también tropezaremos.

“Nunca he conocido a un hombre que me haya dado tantos problemas como yo mismo.” —D.L. Moody

Lectura del día: 2 Crónicas 26:3-15

sábado, 18 de julio de 2009

Reflexión Sábado, 18 de julio de 2009

Un burro con traje de león

“Guardaos de los falsos profetas,… vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” —Mateo 7:15

En el libro final de las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis, La última batalla, un simio taimado llamado Shift (Cambio) encuentra una vieja piel de león y convence a un burro ingenuo de que se la ponga. Shift entonces afirma que el burro disfrazado es Aslan (el León que con todo derecho es el rey de Narnia), y forma una alianza con los enemigos de Narnia. Juntos se disponen a controlar y esclavizar a los súbditos de Narnia. Sin embargo, el joven rey Tirian no puede creer que Aslan realmente se involucrara con semejantes prácticas brutales. Así que, con la ayuda del verdadero Aslan, derrota a Shift y a su león falso.

La Biblia nos dice que el diablo se dedica a imitar a Dios. Su objetivo es «subir [...] al cielo» (Isaías 14:12-15). Por medio del engaño, Satanás trata de reemplazar a Cristo con un sustituto. Jesús mismo nos advirtió de los falsos profetas y los falsos Cristos: «Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán» (Mateo 24:4-5).

¿Cómo podemos distinguir al Cristo real del falso? El único Cristo auténtico es el que se describe en las Escrituras. Cualquier persona o cosa que represente a un Jesús diferente al que se muestra en la Biblia está promoviendo a «un burro con traje de león».

“La Palabra de Dios da sabiduría para discernir lo que es falso.”

Lectura del día: Mateo 7:15-23

viernes, 17 de julio de 2009

Reflexión Viernes, 17 de julio de 2009

Cuando la tierra tiembla

“En mi angustia invoqué a Jehová.” —Salmo 18:6

Varios días después de un devastador terremoto en el área de San Francisco, se vio a un muchacho meciéndose y balanceándose en el patio de juegos del colegio. Su director le preguntó si estaba bien; el muchacho asintió con la cabeza, y dijo: «Me estoy moviendo como la tierra, para que, cuando haya otro terremoto, yo no lo sienta». Él quería prepararse para otro temblor de tierra.

Algunas veces, después de un trauma, nos preparamos para lo que pueda venir después. Si recibimos una llamada por el teléfono móvil anunciando malas noticias, cada vez que el teléfono suena sentimos pánico y nos preguntamos: ¿Y ahora qué habrá pasado?

La «tierra estaba temblando» para el salmista David después de que el rey Saúl trató de matarle (1 Samuel 19:10). Corrió y se escondió. Pensó que lo que seguiría sería la muerte y le dijo a su amigo Jonatán: «Apenas hay un paso entre mí y la muerte» (20:3). Escribió: «Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron» (Salmo 18:4).

David clamó al Señor en su angustia (v.6) y encontró que Él era un apoyo, Alguien en quien podía confiar que siempre estaría con él. Dijo: «Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;… mi alto refugio» (v.2). El Señor será eso para nosotros tambien cuando la tierra tiemble debajo de nuestros pies.

“Para sobrevivir a las tormentas de la vida, fija tu ancla a la Roca de los siglos.”

Lectura del día: Salmo 18:1-6

jueves, 16 de julio de 2009

Reflexión Jueves, 16 de julio de 2009

Detrás del edificio

“Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” —1 Corintios 15:58

El lugar donde trabajábamos era caluroso, sucio y olía mal. Habíamos viajado miles de kilómetros para hacer algunos proyectos de trabajo, y aquel día estábamos pintando la parte trasera de un edificio de aulas en una escuela para sordos. Las únicas personas que alguna vez verían esta parte del edificio serían el encargado de cortar el césped y cualquier otro infeliz que tuviera que trabajar en la fosa séptica.

Sin embargo, mientras los jóvenes adultos pintaban diligentemente, una de las muchachas puso este hecho en perspectiva al decir: «Nadie vendrá jamás hasta aquí atrás para ver esto, pero Dios lo verá. Así que,vamos a dejarlo bonito». Y lo hicimos.

Algunas veces nos sentamos en nuestro escritorio y pensamos que nadie ve nuestro trabajo. O estamos ante una línea de ensamblaje montando pieza tras pieza de manera interminable. Tal vez cuidamos a bebés que lloran en la guardería de la iglesia. O vivimos la mejor vida cristiana que podemos, sin que nadie lo note.

A menudo, nuestro trabajo se encuentra «detrás del edificio». Pero, si hemos sido llamados por Dios para hacer eso, tenemos que realizar nuestro trabajo con todo nuestro corazón. Como parte de nuestro llamado a amar a los demás profundamente (1 Pedro 4:8), ofrecer hospitalidad (v.9) y usar nuestros dones para servir a los demás (v.10), nuestra tarea es realizar el trabajo con la fortaleza de Dios para traer alabanza y gloria a Él, no a nosotros mismos. Lo importante es que a Dios le guste lo que vea.

“Ningún servicio para Cristo le pasa desapercibido a él.”

Lectura del día: 1 Pedro 4:8-11

miércoles, 15 de julio de 2009

Reflexión Miércoles, 15 de julio de 2009

Una pasión

“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” —Lucas 14:26

Nechayev, un discípulo de Karl Marx del siglo XIX que participó en el asesinato del Zar Alejandro II, escribió: «El hombre revolucionario… no tiene intereses personales, asuntos comerciales, emociones, compromisos, propiedades ni nombre. Todo en él queda totalmente absorbido en el único pensamiento y la única pasión por la revolución». Aunque sus motivos y sus metas estaban errados, la declaración de Nechayev muestra la determinación del compromiso.

Jesús quería un verdadero compromiso por parte de Sus discípulos. En Lucas 14, leemos que grandes multitudes se Le unieron en Su viaje hacia Jerusalén (v.25). Tal vez estos seguidores ocasionales se consideraban Sus verdaderos discípulos, pero Jesús enseñó que seguirle implicaba más que simplemente sber cosas sobre Él. Explicó lo que realmente significaba ser Su discípulo cuando definió el costo del discipulado: Nada, ni el amor de un padre o una madre, o incluso nuestra propia vida, había de tener prioridad sobre la lealtad a Jesús (vv.26-33). Sus discípulos (entonces y ahora) deben reconocer que, si Dios ha de ser fundamental en sus vidas, las posesiones e incluso las relaciones sociales tienen que ser secundarias.

Jesús llama a Sus seguidores a vivir absorbidos por un pensamiento y una pasión únicos y exclusivos: Él.

“Nuestro amor por Jesús es la clave para la pasión espiritual.”

Lectura del día: Lucas 14:25-35

martes, 14 de julio de 2009

Reflexión Martes, 14 de julio de 2009

¿Es el amor para los perdedores?

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” —1 Corintios 13:13

Se puede aprender mucho acerca de una persona por lo que dice su camiseta. Recientemente uno de estos mensajes captó mi atención mientras caminaba por un centro comercial local. Una joven llevaba una camiseta de color rojo brillante que decía, «El amor es para los perdedores». Tal vez ella pensó que era un mensaje inteligente o provocativo, incluso gracioso. O tal vez ella había quedado herida por alguna relación y se había alejado de los demás en vez de arriesgarse a que la vuelvan a herir. Sea como sea, la camiseta me dejó pensando.

¿Acaso el amor es para los perdedores? El hecho es que, cuando amamos, corremos riesgos. Las personas fácilmente podrían herirnos, decepcionarnos o incluso abandonarnos. El amor puede provocar una derrota.

La Biblia, no obstante, nos desafía a que amemos a los demás de una manera más elevada. En 1 Corintios 13, Pablo describe lo que significa vivir el tipo de amor de Dios. La persona que ejercita el amor piadoso no lo hace para beneficio o ganancia personal sino más bien, «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (13:7). ¿Por qué? Porque el amor piadoso resiste más allá de las heridas de la vida llevándonos sin cesar hacia el cuidado del Padre, el cual jamás disminuye.

Así que, tal vez el amor sea para los perdedores, por cuanto es en los momentos de pérdida y decepción cuando más necesitamos de Dios. Incluso en nuestras luchas, sabemos que «el amor nunca deja de ser».

“El amor de Dios nunca deja de ser.”

Lectura del día: 1 Corintios 13

lunes, 13 de julio de 2009

Reflexión Lunes, 13 de julio de 2009

Primera iglesia del candelero

“Arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero.” —Apocalipsis 2:5

Me encanta que las iglesias lleven nombres tales como «Iglesia Luterana del Rey de Gloria» o «Iglesia Bautista Misionera Alfa y Omega». Si la iglesia en Éfeso todavía existiera, tal vez ésta llevaría un nombre bonito como el de «Primera Iglesia del Candelero».

A menudo pasamos por alto la importancia de la gloriosa visión que Juan tiene de Jesús en Apocalipsis 1, cuando Él está de pie entre los siete candeleros de oro. No se trataba simplemente de candelabros decorativos, sino de fuentes sustanciales de luz. Cuán significativo es, entonces, que los candeleros representen a las siete iglesias que habían sido llamadas a llevar la luz de Cristo para un mundo muy entenebrecido.

Vivimos en un mundo en tinieblas que desesperadamente necesita el poder iluminador de Cristo que brilla a través de nosotros. Tengamos cuidado, entonces, de no repetir el error de los efesios quienes habían «dejado [su] primer amor» (Apocalipsis 2:4). Aunque se les alabó por hacer muchas cosas bien, no habían logrado mantener a Jesús en primer lugar.

Es fácil permitir que las cosas desplacen a Jesús hasta que pronto nos encontramos haciendo «trabajos de iglesia» por un montón de motivos equivocados. ¿Qué pasa entonces? Perdemos nuestro impacto. Jesús advirtió «Arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré… y quitaré tu candelero de su lugar» (v.5). No podemos darnos el lujo de permitir que eso suceda. Mantén a Jesús en primer lugar para que Su luz siga brillando resplandeciente en este mundo en tinieblas.

“Las obras que se hacen por amor a Jesús brillan con mayor fulgor en un mundo en tinieblas.”

Lectura del día: Apocalipsis 1:10-25

domingo, 12 de julio de 2009

Reflexión Domingo, 12 de julio de 2009

Él me ve

“Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.” —Mateo 10:31

Un domingo en la mañana en la iglesia cantamos, His Eye is on the Sparrow (Sus ojos están sobre el pajarillo) a manera de himno para la congregación. Era una rara oportunidad de expresar colectivamente una canción que, por lo general, era interpretada por un solista.

Durante el primer coro, noté a un amigo que sollozaba tan fuerte que no podía cantar. Como yo sabía algo de lo que él había estado soportando recientemente, reconocí que sus lágrimas eran de gozo pues me di cuenta que, sin importar cuál sea nuestra situación, Dios ve, sabe y se ocupa de nosotros.

Jesús dijo: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos» (Mateo 10:29-31). El Señor les dijo estas palabras a Sus doce discípulos al enviarlos a enseñar, sanar y dar testimonio de Él a «las ovejas perdidas de la casa de Israel» (v.6). Les dijo que, aun cuando enfrentaran persecución por causa de Él, ellos no temerían, ni siquiera la muerte (vv.22-26).

Cuando circunstancias amenazadoras nos presionan para hacer que perdamos la esperanza, podemos encontrar aliento en las palabras de esta canción: «Canto porque soy feliz, canto porque soy libre. Por cuanto Sus ojos están sobre el pajarillo y sé que Él me ve a mí». Estamos bajo su atento cuidado.

“Cuando pones tus preocupaciones en las manos de Dios, él pone su paz en tu corazón.”

Lectura del día: Mateo 10:16-31

sábado, 11 de julio de 2009

Reflexión Sábado, 11 de julio de 2009

Pionero de los pioneros

“Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno.” —Romanos 15:20

A principios del siglo XIX, el presidente de los Estados Unidos Thomas Jefferson culminó la compra de Louisiana y extendió los límites de la joven república, «de mar a mar».

Sin embargo, el problema era que nadie sabía realmente lo que había en esa vasta extensión de tierra. Se necesitaban mapas, con claras instrucciones, para los pioneros que iban a viajar hacia el Pacífico. En efecto, los exploradores Lewis y Clark se convirtieron en pioneros de pioneros, al preparar el camino para la mayor de las migraciones por tierra en la historia de los Estados Unidos. Abrieron una nueva senda que otros seguirían.

El compromiso de Pablo con el ministerio estaba enmarcado en una prioridad similar. En Romanos 15:20, escribió: «Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno». Quería que sus esfuerzos en el ministerio abrieran una nueva senda, y que otros la siguieran. Timoteo, Tito, Marcos y Silas son sólo algunos de los que siguieron el sendero que Pablo abrió.

Hoy, ese compromiso se ve en los seguidores de Jesús que llevan el mensaje del Salvador a lo más recóndito de la tierra. Al orar hoy, pidamos la bendición de Dios sobre Su Palabra a medida que nosotros, Sus «embajadores», abramos una nueva senda para nuestra generación (2 Corintios 5:20).

“Las obras que se hacen por amor a Jesús brillan con mayor fulgor en un mundo en tinieblas.”

Lectura del día: 2 Corintios 5:12-21

viernes, 10 de julio de 2009

Reflexión Viernes, 10 de julio de 2009

Obras maestras de Dios

“...somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” —Efesios 2:10

El Museo de Arte de Grand Rapids tiene más de 5000 obras, que incluyen 3500 impresiones, dibujos y fotografías; 1000 obras de diseño; y 700 pinturas y esculturas. Al leer acerca del nuevo museo y proyectar visitarlo, no pude evitar pensar en el «museo» de Dios.

Dios es un artista y Su creación es magnífica más allá de todo calificativo. ¡Pero esta no es Su obra más grandiosa! La obra maestra de Dios es habernos redimido. Cuando aún estábamos muertos en nuestros pecados, Él nos dio vida por medio de Su Hijo Jesucristo (Efesios 2:1,5). Pablo les recordó a los efesios que ellos eran «hechura» o poiema de Dios (v.10), término griego que significa «poema» u «obra de arte». El museo de arte de Dios es la Iglesia, llena de millones de obras maravillosas: Su pueblo.

Pablo dijo que ser la obra de arte de Dios debe generar algo en nosotros. La idea es que no nos quedemos inmóviles y en silencio en el museo de la comunión, sino más bien, que mostremos el amor de Dios en forma práctica por medio de las buenas obras. Jesús dijo que estas buenas obras glorifican a nuestro Padre celestial (Mateo 5:16).

Dios no nos creó de nuevo en Su Hijo para que fuéramos piezas de museo. Nos redimió para que nuestras buenas obras exhibieran el fulgor de Su redención y gracia, y llevaran a un mundo en tinieblas hacia la luz de Su amor.

“El mejor testimonio lo dan los que testifican con sus vidas.”

Lectura del día: Efesios 2:1-10

jueves, 9 de julio de 2009

Reflexión Jueves, 9 de julio de 2009

La vida, el amor y el chocolate

“…andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.” —Efesios 5:1-2

Un comentario que leí en uno de mis blogs favoritos captó mi atención. Era la mañana de su noveno aniversario de bodas. Como no tenía mucho dinero, el autor salió corriendo para traerle a su esposa, Heidi, su pastel francés favorito —pain au chocolat (pan de chocolate). Después de haber corrido por varios kilómetros, llegó a casa, exhausto, sólo para encontrarla a ella en la cocina justo cuando estaba sacando una hogaza de pan crujiente relleno de chocolate del horno. Era un pain au chocolat.

Ese esposo, Jeff, comparó su vida con Heidi con las vidas de las personas en la historia corta de O. Henry Gift of the Magi (El regalo de los magos). Cuenta acerca de un hombre que vendió su única posesión de valor —un reloj de bolsillo— para comprarle una peineta a su esposa, quien a su vez vendió su bella y larga cabellera para comprar una cadena de oro para el reloj de su esposo.

Sería genial no tener problemas de dinero, pero es más importante darnos cuenta del inmensurable valor de las personas por las que nos preocupamos. Algunas veces necesitamos que nos recuerden que adquirir «cosas» no es tan importante como apreciar a las personas que Dios ha colocado en nuestras vidas. Cuando colocamos los intereses de los demás por encima de los nuestros (Filipenses 2:3), aprendemos lo que significa amar, servir y sacrificarse. De hecho, así es como imitamos a Cristo en nuestras relaciones (Efesios 5:1-2).

La vida, el amor y el chocolate saben mejor cuando se comparten con los demás.

“Al amor nunca le da miedo dar demasiado.”

Lectura del día: 1 Juan 3:16-23

miércoles, 8 de julio de 2009

Reflexión Miércoles, 8 de julio de 2009

Las mayores delicias del cielo

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, …son las que Dios ha preparado para los que le aman.” —1 Corintios 2:9

Joni Eareckson Tada, quien quedó discapacitada siendo una adolescente en un accidente al zambullirse en un lago, ha sido parapléjica por más de 40 años. Podríamos pensar que su mayor anhelo sería poder caminar, incluso correr, libre del confinamiento de su silla de ruedas.

Pero Joni nos dice que su mayor deseo es ofrecer una «alabanza que sea pura». Ella explica: «No quedaré inválida a causa de las distracciones, ni quedaré discapacitada por la falta de sinceridad. No quedaré impedida por un corazón tibio y aburrido. Mi corazón se unirá al tuyo y rebosará con efervescente adoración. Finalmente podremos tener comunión plena con el Padre y el Hijo. Para mí, ésta será la mejor parte del cielo».

¡Cuánto le habla eso a mi corazón dividido, y cómo cautiva a mi espíritu carente de visión! ¡Qué bendición ofrecer «una alabanza que es pura» sin pensamientos divagantes, sin pedidos egocéntricos, sin la incapacidad de poder remontarme sobre mi lenguaje limitado a la tierra!

En el cielo, «no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3). Que la perspectiva del cielo nos haga capaces de experimentar, incluso aquí y ahora, un adelanto de esa adoración glorificadora a Dios.

“Ver a Jesús será el gozo más grande del cielo.”

Lectura del día: Apocalipsis 22:1-5

martes, 7 de julio de 2009

Reflexión Martes, 7 de julio de 2009

Haciendo la obra de Dios

“Nuestra competencia proviene de Dios.” —2 Corintios 3:5

Cuando era pastor solía tener una pesadilla una y otra vez. Me levantaba para predicar el domingo por la mañana, miraba a mi congregación… ¡y veía que no había nadie en los bancos!

N
o hace falta un Daniel (Daniel 2:1, 19) o un terapeuta en sueños para interpretar la visión. Ésta salía de mi creencia de que todo dependía de mí. Erróneamente creía que, si no predicaba con poder y persuasión, la congregación disminuiría y la iglesia se vendría abajo. Pensaba que yo era el responsable de los resultados de la obra de Dios.

En los Evangelios leemos que algunas personas Le preguntaron a Jesús, «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» (Juan 6:28). ¡Qué audacia! ¡Sólo Dios puede hacer las obras de Dios!

La respuesta de Jesús nos instruye a todos: «Ésta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (v.29). Entonces, sea lo que sea que tengamos que hacer, ya sea enseñar en una clase de escuela dominical, liderar un grupo pequeño, contarle la historia del Evangelio a nuestro vecino, o predicar a miles, debemos hacerlo por fe. No hay otra manera de «poner en práctica las obras de Dios».

Nuestra responsabilidad es servir a Dios fielmente, donde sea que Él nos haya colocado. Luego, hemos de dejarle los resultados al Señor. Tal y como Jesús les recordó a Sus discípulos en Juan 15:5: «Separados de mí nada podéis hacer».

“La obra de Cristo en la cruz nos equipa para hacer buenas obras para él.”

Lectura del día: Juan 6:25-33

lunes, 6 de julio de 2009

Reflexión Lunes, 6 de julio de 2009

Burbujas en la frontera

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven.” —2 Corintios 4:18

Atascado en una larga fila en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá, ¡Joel Schoon Tanis tenía que hacer algo para aliviar su mal humor! Buscó sus botellas que contenían una mezcla que hacía burbujas, salió del automóvil y comenzó a soplar. Les dio también botellas a otros conductores y dice que «pronto había burbujas por todas partes… Es asombroso lo que las burbujas hacen por las personas». La fila no avanzó ni un ápice más rápido, pero, «de repente todos estaban felices», dice Joel.

«Lo que vemos depende principalmente de lo que buscamos», dijo el estadista británico John Lubbock (1834–1913). Una buena actitud y el enfoque correcto nos ayudan a manejar la vida con gozo, aun cuando no hacen que las circunstancias a nuestro alrededor cambien en absoluto.

Pablo alentó a los corintios en sus pruebas: «No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:18).

Entonces, ¿qué es lo invisible y eterno que podemos ver? El carácter de Dios es un excelente lugar donde enfocarnos. Él es bueno (Salmo 25:8), es justo (Isaías 30:18), es perdonador (1 Juan 1:9), y es fiel (Deuteronomio 7:9).

Meditar en el carácter de Dios nos puede dar gozo en medio de nuestras luchas.

“Cuando Cristo está en el centro de tu enfoque, todo lo demás se colocará en la perspectiva correcta.”

Lectura del día: 2 Corintios 4:8-18

domingo, 5 de julio de 2009

Reflexión Domingo, 5 de julio de 2009

Alabanza llena de esperanza

“Bendice alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” —Salmo 103:2

Uno de mis amigos estaba llorando un bello día de verano, incapaz de lidiar con las dificultades de la vida. Otra amiga no podía ver más allá de las tristezas de su pasado, las cuales habían alterado su vida. Y otro tenía que luchar con la clausura de la pequeña iglesia que había pastoreado fielmente. Un cuarto amigo había perdido su empleo en un ministerio local.

¿Qué pueden hacer nuestros amigos que luchan —o cualquiera de nosotros— para encontrar esperanza? ¿A dónde nos volvemos cuando el mañana no ofrece promesa de felicidad alguna?

Podemos alabar o «bendecir» al Señor, tal y como lo dijo David en el Salmo 103. En medio de los problemas, reconocer el papel de Dios en nuestras vidas puede ayudarnos a dejar de pensar en las heridas de nuestros corazones y, en vez de ello, forzarnos a morar en la grandeza de nuestro Dios. David conocía las tribulaciones. Enfrentó la amenaza de enemigos, las consecuencias de su propio pecado y los desafíos del dolor. Y, sin embargo, también reconoció el poder sanador de la alabanza.

Por esa razón en el Salmo 103 podemos mencionar las razones por las que debemos volver nuestra atención a Dios, quien nos colma de beneficios: Nos perdona, nos sana, nos redime, nos corona con amor y compasión, satisface nuestros deseos y nos renueva. David nos recuerda que Dios provee justicia y rectitud, y está lleno de gracia y amor.

Toma a David como ejemplo: Alabar la grandeza de Dios pone esperanza en nuestros corazones atribulados.

“La alabanza puede aligerar la más pesada de tus cargas.”

Lectura del día: Salmo 103:1-14

sábado, 4 de julio de 2009

Reflexión Sábado, 4 de julio de 2009

Libertad peligrosa

“No uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” —Gálatas 5:13

La libertad es peligrosa en manos de aquellos que no saben cómo usarla. Esa es la razón por la que los criminales son confinados en cárceles con alambres de púas, barras de acero y muros de cemento. Piensa, si no, en una fogata a la que se le permite esparcirse en un bosque seco. Rápidamente se convierte en un infierno abrasador. La libertad sin barreras puede como el caos.

En ninguna otra parte esto se hace tan evidente como en la vida cristiana. Los creyentes están libres de la maldición de la ley, de su castigo y de su poder para producir la culpa. El temor, la ansiedad y la culpa son reemplazados por la paz, el perdón y la libertad. ¿Quién podría ser más libre que aquel que experimenta la libertad en lo más profundo de su alma? Pero aquí es donde a menudo fallamos. Usamos el privilegio de la libertad para vivir de manera egoísta, o pretendemos ser dueños de lo que simplemente nos ha sido encomendado por Dios. Incurrimos en maneras de vivir en las que nos permitimos excesos, especialmente en sociedades prósperas.

El uso apropiado de la libertad es «la fe que obra por el amor» para servirnos unos a otros (Gálatas 5:6,13). Cuando dependemos del Espíritu y gastamos nuestras energías en amar a Dios y ayudar a los demás, la obra destructora de la carne queda limitada por Dios (vv.16-21). Así que, usemos siempre nuestra libertad para construir, no para destruir.

Al igual que un fuego voraz, la libertad sin límites es peligrosa. Pero cuando está controlada, es una bendición para todos.

“La libertad no nos da la libertad de hacer lo que nos agrada, sino de hacer lo que agrada a Dios.”

Lectura del día: Gálatas 5:1-6, 16-21

viernes, 3 de julio de 2009

Reflexión Viernes, 3 de julio de 2009

El principio de Job

“¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” —Job 2:10

Cuando mi esposa aceptó el cargo de directora de educación especial en un distrito escolar a varios kilómetros de casa, eso implicó que viajara muchos kilómetros todos los días. Sería tolerable a corto plazo, pero todos sabíamos que no podría seguir así indefinidamente. Entonces, decidimos mudarnos a una ciudad a mitad de camino de nuestros empleos.

El agente inmobiliario no creía que nuestra casa se vendería de inmediato. Las tendencias del mercado mostraban muchas casas en venta y pocos compradores. Después de mucha oración y una agotadora limpieza, finalmente la pusimos en venta. Para nuestra sorpresa, ¡la vendimos en menos de tres semanas!

A veces me siento culpable de recibir bendiciones materiales. En un mundo tan necesitado, ¿por qué debía yo esperar la intervención divina para vender una casa? Pero entonces, recuerdo la respuesta de Job a su esposa: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (Job 2:10).

Este versículo se suele aplicar para aceptar las decepciones, pero el principio también vale para agradecer por las bendiciones. El apóstol Pablo aprendió a regocijarse en la abundancia y en la necesidad (Filipenses 4:10-13). Dios desea enseñarnos el contentamiento mediante las ganancias y también las pérdidas. Agradecer a Dios en todo implica reconocer Su soberanía y fomentar una vida de fe.

“Jehová dio, y Jehová quitó; ¡Sea el nombre de Jehová bendito! —Job 1:21”

Lectura del día: Filipenses 4:10-13

jueves, 2 de julio de 2009

Reflexión Jueves, 2 de julio de 2009

La elección

“De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás.” —Génesis 2:16-17

Observaba cómo una joven madre trataba de hacer que su hijito de dos años se decidiera. «Puedes escoger pescado o pollo», le dijo. Ella limitó la elección a dos cosas porque el niño era demasiado pequeño para entender más allá de ello. A menudo, la elección ofrece una mayor variedad de opciones, y también debe permitirle a la persona rechazar las alternativas.

Adán y Eva se encontraban en el mejor de los ambientes posibles. Dios les había dado la libertad de comer de todos los árboles en el Edén. ¡Él sólo puso límites alrededor de un árbol! Ellos podían elegir, y no hacía falta ser muy inteligente para escoger sabiamente. Pero su elección fue trágica.

Algunos culpan a Dios por lo que consideran son Sus restricciones. Incluso puede que LE acusen de tratar de controlar sus vidas. Pero Dios nos da a elegir, así como lo hizo con Adán y Eva.

Sí, Dios establece límites, pero son para nuestra protección. David lo entendió. Escribió, «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos… más que todos mis enseñadores he entendido… porque he guardado tus mandamientos. De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra» (Salmo 119:98-101).

Dios se preocupa tanto por nosotros que nos pone límites para que elijamos lo que es correcto.

“Los mandamientos de Dios nos fueron dados para realizarnos, no para frustrarnos.”

Lectura del día: Génesis 2:16-17; 3:1-8

miércoles, 1 de julio de 2009

Reflexión Miércoles, 1 de julio de 2009

La manifestación

“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá.” —Isaías 40:5

La habitación era un desastre: muebles que no combinaban, pintura descolorida, conexiones eléctricas horrorosas, casquivaches amontonados por todas partes. Los dueños de la casa intentaron mejorar algunas cosas, pero se veía cada vez peor.

Así comienza un programa de televisión sobre cómo reformar una casa. Después de entrevistar a los dueños, el diseñador elabora un plan para aprovechar al máximo el cuarto. Los productores del programa crean un clima de suspenso que va en aumento hasta llegar a lo que se denomina «la revelación». Los televidentes observan los progresos, junto con los «uh» y los «ah» de los propietarios al ver la nueva habitación.

Con el tiempo, el mundo se ha convertido en una especie de habitación descuidada. La gente lo satura de objetos que no corresponden; prioriza cosas que entorpecen su potencial. La vida se torna oscura, abarrotada e ineficaz. Los proyectos de autoayuda traen muy pocos beneficios.

La Biblia es el diseño divino que muestra la mejor manera de vivir. Dios genera suspenso a lo largo del Antiguo Testamento. Luego, en el momento indicado, llega la gran revelación: ¡Jesús! Al verle, Simón exclamó: «Porque han visto mis ojos tu salvación… luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2:30-32).

Llegamos a ser parte de la gran «revelación» de Dios cuando seguimos su diseño y el ejemplo de Cristo.

“Todo lo que soy se lodebo a Jesucristo quien me ha manifeestado en su Libro Divino.”

Lectura del día: Lucas 2:25-35