lunes, 29 de junio de 2009

Reflexión Lunes, 29 de junio de 2009

Macauley

“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: heme aquí, envíame a mí.” —Isaías 6:8

Macauley Rivera, uno de mis amigos más queridos del seminario bíblico, tenía pasión por el Salvador. El deseo de su corazón era graduarse, casarse con su novia, Sharon, regresar a los suburbios de la ciudad de Washington, D.C., y establecer una iglesia para alcanzar a sus amigos y familiares para Cristo.

Sin embargo, ese sueño terminó cuando Mac y Sharon murieron trágicamente en un accidente, dejando a todos los estudiantes atónitos ante la pérdida. En el servicio religioso en memoria de Mac, se lanzó el desafío: «Mac se ha ido. ¿Quién servirá en su lugar?» En señal del evidente impacto del ejemplo de Mac, más de 200 estudiantes se pusieron de pie para coger el manto del siervo caído de Cristo.

La respuesta de esos estudiantes resuena en el compromiso de Isaías. En un momento de temor e inseguridad, el profeta fue llamado a la sala del trono de Dios, donde Le escuchó decir: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» Isaías respondió: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6:8).

Dios todavía llama a hombres y mujeres para que sean Sus embajadores hoy en día. Les desafía a que Le sirvan, a veces cerca de sus hogares, otras veces en tierras distantes. La pregunta para nosotros es: ¿Cómo responderemos a Su llamado? Que Dios nos dé el valor para decir: «Aquí estoy; envíame».

“A quien Dios llama, lo capacita; a quien capacita lo envía.”

Lectura del día: Isaías 6:1-8

domingo, 28 de junio de 2009

Reflexión Domingo, 28 de junio de 2009

¿Estás listo?

“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.” —Hechos 13:2

Tres meses antes de un viaje misionero ya programado, un amigo y yo estábamos hablando acerca de ello. Él me dijo. «Si alguien no puede ir, estoy dispuesto a tomar cartas en el asunto y unirme a tu grupo». Los ocho días del viaje no iban a ser nada fáciles, por cuanto estaríamos pintando, reparando y arreglando cosas bajo el calor de julio de Jamaica. Pero mi amigo parecía ansioso por ir.

Aproximadamente seis semanas antes de nuestra partida programada, se presentó una vacante. Le mandé un correo electrónico a mi amigo —a quien no había visto en todo ese tiempo— y le pregunté si seguía interesado. Me respondió de inmediato: «¡Claro! Y tengo pasaporte, por si acaso». Él se había asegurado de estar listo en caso recibiera el llamado para ir, por si las moscas.

La preparación de mi amigo me recuerda lo que sucedió allá por el primer siglo en Antioquia. Pablo y Bernabé se encontraban entre un grupo de personas que se estaban preparando espiritualmente para lo que fuera que Dios les pudiera pedir que hicieran, o para cualquier lugar donde Él pudiera enviarles. No se prepararon consiguiendo un pasaporte, sino «ministrando… al Señor y ayunando» (Hechos 13:2). Y cuando el Espíritu Santo dijo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra» (v. 2), ya estaban totalmente listos para el viaje.

¿Te estás preparando para lo que Dios te pida que hagas? Cuando el Espíritu diga «Ve», ¿estarás listo?

“Mantén tus herramientas listas; Dios encontrará trabajo para ti.”

Lectura del día: Hechos 13:1-5

sábado, 27 de junio de 2009

Reflexión Sábado, 27 de junio de 2009

Consejo para el novio

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre.” —Proverbios 1:8

Las habituales despedidas de soltero antes de una boda a menudo se caracterizan por las borracheras y la juerga. La actitud fiestera parece impulsada por la creencia de que el novio pronto se casará y tendrá que adaptarse a una vida de aburrimiento doméstico.

Uno de mis sobrinos se casó hace poco. El padrino planeó una reunión para Joel, pero con una refrescante diferencia. A los invitados se les pidió que se preparasen para compartir algunos pensamientos que le ayudasen en este nuevo capítulo de su vida.

Cuando llegué al desayuno informal, encontré un alegre espíritu de camaradería. Padres, tíos, hermanos y amigos se encontraban animados en una vivaz conversación. Al padre de la novia y al padre del novio se les pidió que compartieran su consejo de lo que habían aprendido en sus propios matrimonios cristianos. Sus pensamientos fueron personales, realistas y bíblicos.

El libro de Proverbios refleja este tipo de consejo proveniente de un mentor al enfrentar los desafíos y las recompensas de la vida. «Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre,… porque adorno de gracia será [ ] a tu cabeza» (Proverbios 1:8-9).

El Señor recibiría mucha más honra si más parejas comenzaran su matrimonio con una actitud que prestara atención a la sabiduría de aquellos que ya llevan más tiempo en el camino de la experiencia.

“El que adquiere su sabiduría de la experiencia de los demás es verdaderamente sabio.”

Lectura del día: Proverbios 1:1-9

viernes, 26 de junio de 2009

Reflexión Viernes, 26 de junio de 2009

La canción de los santos

“¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo;… porque tus juicios se han manifestado.” —Apocalipsis 15:4

Todos hemos escuchado la expresión: «No me enfado; simplemente, me vengaré». Al leer acerca de los juicios que se describen en Apocalipsis, se podría asumir que Dios se «vengará» de los pecadores por sus enormes delitos a lo largo de toda la historia de la humanidad.

La verdad es que el juicio final de Dios es una expresión necesaria de Su justicia santa. Él no puede hacer la vista gorda ante el pecado. De hecho, si al final no hiciera justicia tal y como se describe en Apocalipsis, entonces estaría negando Su carácter santo. Esa es la razón por la que, en medio de Sus juicios, los santos cantarán Su alabanza: «¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo… porque tus juicios se han manifestado» (15:4). Aquellos que conocen mejor al Señor no Le critican por Sus juicios; al contrario, Le adoran y manifiestan públicamente Sus acciones.

Lo que debe sorprendernos no es la escala masiva de los juicios de Dios, ¡sino todo el tiempo que lleva esperando para hacerlos! En Su deseo de que nadie perezca sino que todos lleguen al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), Dios ahora está evitando misericordiosamente Su juicio y dando el mayor plazo posible a Su maravillosa misericordia y gracia. Ahora es el tiempo de arrepentirse y aprovechar Su paciente amor. Y, cuando lo hagamos, ¡nos uniremos a los santos que Le alabarán por toda la eternidad!

“Cuando la justicia de Dios finalmente se revele en toda su plenitud, ¡resonarán sus alabanzas!”

Lectura del día: Apocalipsis 15

jueves, 25 de junio de 2009

Reflexión Jueves, 25 de junio de 2009

El paraíso de los chimpancés

“Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará.” —Números 14:8

Eugene Cussons rescata chimpancés. Muchos de estos animales, arrebatados de la selva cuando eran cachorros, han pasado toda su vida confinados en un espacio más pequeño que el de la celda de una cárcel, tras haber sido abandonados por aquellos que hacen negocio del contrabando de carne. Cuando Cussons llega para llevarlos a la reserva de animales a la que llama «El paraíso de los chimpancés», a menudo encuentra que los primates han desarrollado hostilidad y desconfianza.

«Estos chimpancés no se dan cuenta de que yo soy uno de los buenos», dice Cussons. Cuando trata de colocarlos en una caja más pequeña para el viaje hacia su nuevo hogar, ellos arman una buena pelea. «No saben que los voy a llevar al paraíso de los chimpancés y les voy a dar una vida muchísimo mejor».

En una escala mucho mayor, la oferta de Dios de liberarnos de la esclavitud del pecado a menudo es recibida con resistencia. Cuando Dios rescató a los hijos de Israel de Egipto, les llevó por lugares difíciles que les hicieron dudar de Sus buenas intenciones. «¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?, clamaron (Números 14:3).

Hay momentos en nuestro viaje de fe cuando la «libertad» del pecado que dejamos detrás es más atractiva que las restricciones de la fe que tenemos por delante. Debemos confiar en los límites protectores que se encuentran en la Palabra de Dios como la única manera de llegar al lugar de la libertad final.

“La obedeiencia a Dios es la llave para la libertad.”

Lectura del día: Números 14:1-10

miércoles, 24 de junio de 2009

Reflexión Miércoles, 24 de junio de 2009

Problemas de postergación

“En un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función.” —Romanos 12:4

Muchos de nosotros luchamos con ellos —los problemas de postergación. Un catedrático de la Universidad de Calgary en Alberta, Canadá, estudió durante cinco años el problema de dejar las cosas para más tarde e informó de que el 95% de nosotros pospone hacer una u otra cosa. ¡Una estimativa mostró que los estadounidenses pierden aproximadamente 400 millones de dólares al año posponiendo la declaración de sus impuestos! Debido al temor al fracaso y otras inseguridades, esperamos y esperamos antes de iniciar un proyecto o tomar una decisión.

Dejar las cosas para más tarde también es un problema en la iglesia. Muchos de nosotros posponemos el servir a Dios. Sabemos que debemos alcanzar a los demás, pero nos sentimos inseguros o preocupados en cuanto a qué hacer. Debido a que no estamos seguros de nuestros dones o intereses, postergamos nuestra participación en la iglesia. Nos preocupamos pensando: ¿Qué pasa si hago un mal trabajo? ¿Qué pasa si descubro que ni siquiera puedo hacerlo?

Romanos 12 nos da algo de aliento. El hecho de servir comienza por presentarnos ante Dios como un «sacrificio vivo» (v. 1). Ora y entrégate de nuevo al Señor y a Su obra. Luego mira a tu alrededor y ve lo que los demás están haciendo en tu iglesia, y pregunta si puedes unírteles. Comienza por algo pequeño si así lo necesitas, y prueba haciendo varias cosas.

Tu iglesia te necesita. Pídele a Dios que te ayude a vencer tus problemas de postergación.

“Para una iglesia saludable, ejercita tus dones espirituales.”

Lectura del día: Romanos 12:4-13

martes, 23 de junio de 2009

Reflexión Martes, 23 de junio de 2009

Un mensaje poderoso

“…el evangelio de Cristo… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” —Romanos 1:16

El maestro bíblico Lehman Strauss llegó a Cristo por medio del poder de la Palabra cuando era joven. A sugerencia de su novia, leyó Romanos 3:23, 5:8 y 10:13. Cuando lo hizo, tuvo la convicción de su pecado. Lloró y creyó.

Cuando su hijo Richard tenía siete años, le preguntó a su padre cómo ser salvo. Lehman usó los mismos versículos que su novia (quien ahora era su esposa) había usado años antes. Su hijo también creyó, y finalmente llegó a ser pastor.

¡La Palabra de Dios tiene un poder tremendo! La primera vez que se registra que Dios habló, Él creó la luz (Génesis 1:3). Le hizo una promesa a Abraham (17:15-19) y dio capacidad a su esposa Sara, de 90 años de edad, para que tuviera un hijo (21:1-2). Dios sigue hablando con poder hoy, y todos los que oyen y creen el Evangelio son salvos (Romanos 1:16).

Sí, el mensaje de Cristo y Su obra salvadora en la cruz pueden cambiar la dirección de la vida de una persona. Tiene el poder para alcanzar el corazón de esa persona a la que amas y por la que has orado tantas veces.

Así que no te rindas en tu testimonio. Sé constante en tu caminar diario. Sigue orando y compartiendo el Evangelio con los demás. ¡Es un mensaje poderoso!

“Nuestra palabras tienen el poder de influir; las palabras de Dios tienen el poder de salvar.”

Lectura del día: 1 Corintios 1:18-25

lunes, 22 de junio de 2009

Reflexión Lunes, 22 de junio de 2009

Invitación abierta

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” —Hebreos 4:16

En 1682, Luis XIV hizo de Versalles la capital de Francia y siguió siéndolo (excepto por un corto periodo de tiempo) hasta 1789, cuando París volvió a ser la capital. El bello palacio de Versalles incluía una opulenta Sala de los Espejos de casi 75 metros de largo. Cuando un visitante se acercaba al rey, ¡tenía que hacer una reverencia cada cinco pasos mientras cubría toda la distancia hasta llegar al rey, quien estaba sentado en su deslumbrante trono de plata!

Los emisarios extranjeros que llegaban a Francia se sometían a ese humillante ritual para cortejar el favor del monarca francés hacia su propio país. En contraste, nuestro Dios, el Rey de reyes, invita a Su pueblo a acercarse libremente a Su trono. Podemos venir a Él en cualquier momento —¡no se requiere de audiencias por anticipado ni de reverencias!

¡Cuán agradecidos debemos estar de que nuestro Padre celestial sea muchísimo más abierto! «Porque por medio de [Cristo]… tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios 2:18). Debido a esto, el autor de Hebreos nos insta a «acer[carnos], pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16).

¿Has respondido a la invitación abierta de Dios? Ven con respeto reverencial y gratitud, por cuanto el Dios de este universo está dispuesto a escuchar tus peticiones en cualquier momento.

“El acceso al trono de Dios siempre está abierto.”

Lectura del día: Efesios 2:14-22

sábado, 20 de junio de 2009

Reflexión Domingo, 21 de junio de 2009

Nuestro legado

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos.” —Salmo 127:3

Un amigo mío escribió recientemente: «Si muriéramos mañana, la compañía para la que trabajamos podría reemplazarnos fácilmente en cuestión de días. Pero la familia que queda atrás sentiría la pérdida durante el resto de sus vidas. ¿Por qué entonces invertimos tanto en nuestro trabajo y tan poquito en las vidas de nuestros hijos?»

¿Por qué algunas veces nos agotamos levantándonos temprano y yéndonos tarde a descansar, «com[iendo] pan de dolores» (Salmo 127:1-2), atareándonos en dejar nuestra marca en este mundo y pasando por alto la inversión que es más importante que todo lo demás, nuestros hijos?

Salomón declaró: «Herencia de Jehová son los hijos», un legado invalorable que Él nos ha entregado. «Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud» (v. 4) es su asombroso símil. Nada es más digno de nuestra energía y tiempo.

Salomón proclamó que no hay necesidad de «pan de dolores», trabajando noche y día, por cuanto el Señor cuida de nosotros (Salmo 127:2). Podemos darnos el tiempo para nuestros hijos y confiar en que el Señor proveerá para todas nuestras necesidades físicas. Ya sea que se trate de nuestros propios hijos o de los hijos de otros a quienes discipulamos, ellos son nuestro legado perdurable —una inversión que jamás lamentaremos.

El tiempo pasado con tus hijos es tiempo invertido sabiamente.”

Lectura del día: Salmo 127

Reflexión Sábado, 20 de junio de 2009

Un feliz reencuentro

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo.” —Apocalipsis 21:3

En el 2002, Elizabeth Smart fue raptada de su hogar en Utah. Vivió una vida de vagabundos ante la presencia constante de la pareja acusada de su secuestro. Sin embargo, nueve meses después la encontraron y la devolvieron a casa. Fue un feliz reencuentro anhelado por su familia.

En el libro de Apocalipsis, Juan describe la visión de un cielo y una tierra nuevos, y nuestro futuro reencuentro con el Señor (21:1-5). El contexto no es sólo geográfico, sino de vida para el pueblo de Dios —una gloriosa realidad con Dios y Su pueblo habitando juntos por la eternidad.

Juan describe los beneficios para el pueblo de Dios cuando Él establezca Su morada en medio de éste. Las consecuencias debilitantes del pecado quedarán abolidas para siempre. En la visión de Juan, el pesar, la muerte, el dolor y la separación serán parte de las primeras cosas que entonces serán sólo el pasado. El viejo orden abre paso a uno nuevo y perfecto, un reencuentro de bendición eterna. «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo… Y el que estaba sentado en el trono dijo: he aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21:3,5).

Un día, todos nos regocijaremos en un feliz reencuentro en el cielo con nuestro Padre celestial. ¡No podemos imaginar qué día de regocijo será ése!

“La separación es la ley de la tierra; el reencuentro es la ley del cielo.”
Lectura del día: Apocalipsis 21:1-15

viernes, 19 de junio de 2009

Reflexión Viernes, 19 de junio de 2009

Los hermanos tentados

“¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” —Génesis 39:9

Dos hermanos, ambos lejos de casa, enfrentaron tentaciones similares. Uno de ellos, que trabajaba lejos de la familia, cayó ante los ardides de una mujer más joven. Su pecado le llevó a la vergüenza y al caos familiar. El otro, separado de sus seres amados debido al caos familiar, resistió los ataques de una mujer mayor. Su fidelidad llevó al rescate y la renovación de la familia.

¿Quiénes son estos hermanos? Judá, quien cayó ante los ardides desesperados de su nuera Tamar, a la que había dejado en el abandono (Génesis 38). Y José, quien huyó de los brazos de la esposa de Potifar (Génesis 39). En un capítulo, se cuenta una fea historia de irresponsabilidad y engaño; y en el otro, una bella historia de fidelidad.

Las historias de Judá y José, las cuales se presentan de manera consecutiva en medio de «la historia de la familia de Jacob» (37:2), nos muestran que la tentación en sí no es el problema. Todos enfrentamos la tentación, incluso Jesús la enfrentó (Mateo 4:1-11). Pero, ¿cómo la enfrentamos nosotros? ¿Demostramos que la fe en Dios puede ser el escudo que nos protege de ceder al pecado?

José nos dio una vía de escape: Reconocer el pecado como una afrenta contra Dios y huir de él. Jesús nos dio otra: Responder a la tentación con la verdad de la Palabra de Dios.

¿Estás enfrentando alguna tentación? Considéralo como una oportunidad para hacer que Dios y Su Palabra sean una realidad en tu vida. Luego, ¡huye!

“Caemos en la tentación cuando no le hacemos frente.”

Lectura del día: Génesis 39:1-12

jueves, 18 de junio de 2009

Reflexión Jueves, 18 de junio de 2009

Apasionado denuedo

“Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan,… se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.” —Hechos 4:13

Un joven estaba predicando a los transeúntes en Hounslow, en las afueras de Londres, Inglaterra. La mayoría lo ignoraba, unos cuantos se burlaban y varios se detuvieron a escuchar. Pero sin importar la reacción de las personas, él seguía sin inmutarse. Con una potente voz y una clara determinación, abrió su corazón —no con las palabras de un profeta iracundo, sino con la profunda preocupación por los hombres y las mujeres en esa calle. Sus ojos, sus expresiones faciales y el tono de su voz revelaban una actitud de compasión, no de condena. En todo ello, él compartía con denuedo el amor y la gracia de Jesucristo.

En Hechos 4, cuando la iglesia todavía llevaba poco tiempo de formada, Pedro y Juan también se dirigieron osadamente a las personas de su generación. ¿La respuesta de los líderes de su tiempo? «Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús» (v. 13). Ese denuedo no era fruto de la capacitación ministerial sino del mucho tiempo que habían pasado en la presencia del Maestro. Como resultado de ello, se habían vuelto personas apasionadas por todo aquello que concernía a Cristo —el destino eterno de los hombres y las mujeres.

Ese mismo apasionado denuedo era lo que se veía en el rostro del joven en Hounslow. ¿Lo ven las personas en nosotros?

“Un cristiano es un embajador que habla por el Rey de reyes.”

Lectura del día: Hechos 4:5-13

miércoles, 17 de junio de 2009

Reflexión Miércoles, 17 de junio de 2009

Medita en estas cosas

“En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré.” —Salmo 145:5

Algunos cristianos se vuelven un poquito escépticos cuando se comienza a hablar acerca de la meditación, y no ven la enorme distinción entre la meditación bíblica y algunos tipos de meditación mística. Según una explicación, en la meditación mística, «la mente racional es llevada a un estado neutral… para que la psique pueda tomar el control». El enfoque es hacia adentro y el objetivo es «hacerse uno con Dios».

En contraste, la meditación bíblica se centra en las cosas del Señor y su propósito es renovar nuestras mentes (Romanos 12:2) para que pensemos y actuemos más como Cristo. Su objetivo es reflexionar en lo que Dios ha dicho y hecho (Salmo 77:12;119:15-16,97) y cómo es Él (48:9-14).

En el Salmo 19:14, David escribió: «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová». Otros salmos reflexionan sobre el amor de Dios (48:9), Sus obras (77:12), Su ley (119:97) y Sus testimonios (119:99).

Llena tu mente de las Escrituras y céntrate en los mandamientos, promesas y bondad del Señor. Y recuerda esto: «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:8).

“Para llegar a ser más como Cristo, medita en quien es él.”

Lectura del día: Salmo 119:89-105

martes, 16 de junio de 2009

Reflexión Martes, 16 de junio de 2009

Mis dos centavos

“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo.” —Proverbios 3:27

Recientemente en nuestro hogar tuvimos que cambiar nuestro proveedor de Internet. Nuestro antiguo proveedor prometió mandarnos lo necesario para que le devolviéramos su módem. Esperamos. No llegó nada. Llamé por teléfono. No llegaba nada, ¡pero sí recibimos una factura del equipo!

Como quería resolver esto, decidí devolver el equipo de mi propio bolsillo. Envié varios faxes preguntando si lo habían recibido, pero no obtuve respuesta. ¡Luego recibí un cheque de reembolso por dos centavos de dólar por el equipo devuelto! Algo así puede ser frustrante. Una transacción simple se complicó por una mala comunicación.

Es triste decirlo, pero tal vez algunas personas en nuestras iglesias encuentren una respuesta impersonal a sus necesidades. Sea que busquen asesoría matrimonial, cuidado infantil, guía para algún adolescente con problemas, o una comunidad amable, les parece que nadie se preocupa por ellos.

La iglesia del primer siglo no era perfecta, pero era fiel al ayudar a los demás. La iglesia en Jerusalén repartía «[sus propiedades y sus bienes] a todos según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:45).

La buena comunicación es el punto de partida para saber las necesidades de los demás. Esto nos permite poder dar ayuda personal y práctica a las personas cuando la necesitan. Los recursos, tanto materiales como espirituales, pueden dirigirse a cada persona como el objeto del amor personal de Dios.

“Dios cuida de ti; tú cuida de los demás.”

Lectura del día: Hechos 2:40-47

viernes, 12 de junio de 2009

Reflexión Viernes 12 de junio de 2009

Un trato comercial justo

“Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.” —Salmo 119:162

Scott y Mary Crickmore invirtieron 15 años de sus vidas ayudando a traducir el Nuevo Testamento al dialecto maasina. Era para la tribu fulani en la nación de Mali, en África occidental.

Después del borrador inicial, Mary visitó las aldeas cercanas y se lo leyó a las personas de las aldeas cercanas. Ella se sentaba en chozas con un grupo de hombres o mujeres para escucharles decir lo que habían entendido. Eso le ayudó a asegurarse de que las palabras que estaban usando en la traducción eran precisas y claras.

Algunas personas pensaban que el sacrificio de los Crickmore fue demasiado grande —renunciar a su estilo de vida cómodo, cambiar sus hábitos alimenticios por harina de maíz y arroz, y vivir en circunstancias adversas durante esos quince años. Pero ellos dijeron que fue «un trato comercial justo» porque ahora el pueblo de los fulani tenía la Palabra de Dios en un idioma que podían leer.

El salmista se deleitaba en la Palabra de Dios. Permanecía en una actitud de respeto reverencial y se regocijaba en ella, la amaba y la obedecía (Salmo 119:161-168). Encontró gran paz y esperanza en la Palabra.

El pueblo de los fulani ahora puede descubrir los «muchos despojos» (v. 162) de la Palabra de Dios. ¿Estarías de acuerdo con los Crickmore en que cualquier esfuerzo y sacrificio por hacer llegar la Biblia a los demás es «un trato comercial justo»?

“Una medida de nuestro amor es ¿qué estamos dispuestos a hacer para compartir su Palabra con los demás?”

Lectura del día: Salmo 119:161-168

jueves, 11 de junio de 2009

Reflexión Jueves, 11 de junio de 2009

Locos religiosos

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” —Colosenses 4:6

Tengo un amigo al que invitaron a una cena y le sentaron junto a un agresivo incrédulo que se deleitaba en hostigar a los cristianos.

Durante toda la velada, el hombre acosaba a Mateo sin misericordia acerca de los males de la cristiandad a lo largo de la historia. Con cada insulto, mi amigo calmadamente respondía: «Ese es un punto de vista interesante». Y luego le hizo una pregunta que provocó un auténtico interés en el hombre y desvió la conversación llevándola lejos del asunto que dividía a ambos hombres.

Cuando al final de la cena ya estaban a la puerta para despedirse, el hombre disparó un golpe final y en ese momento Mateo le pasó el brazo por los hombros y riendo entre dientes le dijo: «Amigo mío, toda la noche te la has pasado tratando de hablarme de religión. ¿Acaso eres uno de esos locos religiosos?»

La animosidad del hombre se disolvió en un estallido de risa y luego se puso serio, por cuanto efectivamente era un loco religioso. Todos los seres humanos lo son. Somos insaciable e incurablemente religiosos —perseguidos y acosados por el incesante amor de Dios, aunque puede que intentemos mantenerle lejos de nosotros. La amabilidad y el ingenioso humor de Mateo despertaron el corazón de este hombre para que pudiera ser receptivo al Evangelio.

Hemos de ser «prudentes como serpientes» (Mateo 10:16) al lidiar con no cristianos, hablándoles «con gracia, sazonada con sal» (Colosenses 4:6).

“Como la «sal de la tierra», los cristianos pueden provocar en los demás sed del Agua de Vida.”
Lectura del día: Mateo 10:16-22

miércoles, 10 de junio de 2009

Reflexión Miércoles, 10 de junio de 2009

La tierra de la eterna primavera

“Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado.” —Salmo 37:25

El ex-presidente del Seminario Bíblico Columbia Bible College en Carolina del Sur, J. Robertson McQuilkin, señaló que Dios tiene un propósito sabio al dejar que envejezcamos y nos debilitemos:

«Creo que Dios ha planificado que la fuerza y la belleza de la juventud sean físicas. Pero la fuerza y la belleza de la vejez son espirituales. Gradualmente perdemos la fuerza y la belleza que son temporales para asegurarnos de que nos concentraremos en aquellas que son para siempre. Y así estaremos ansiosos por dejar la parte de nosotros que es temporal y que se deteriora, y sentiremos verdadera nostalgia de nuestro hogar eterno. Si nos mantuviéramos jóvenes, fuertes y bellos, es probable que jamás quiséramos irnos.»

Cuando somos jóvenes y estamos felizmente ocupados con todas nuestras relaciones y actividades, puede que no anhelemos nuestro hogar celestial. Pero, a medida que pasa el tiempo, puede que nos encontremos sin familiares ni amigos, afligidos por una vista deficiente y dificultades auditivas, incapaces ya de saborear la comida, o atribulados por la falta de sueño.

He aquí el consejo que me doy a mí mismo: Sé agradecido de que, tal y como el apóstol Pablo lo escribió en 1 Timoteo 6:17, «Dios… nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» tanto en el verano como en el otoño de la vida. Y regocíjate también de que, con la llegada del invierno de la vida, podemos prever que pronto estaremos viviendo en la tierra de la eterna primavera.

“La promesa del cielo es nuestra esperanza eterna.”

Lectura del día: Eclesiastés 12:1-7

martes, 9 de junio de 2009

Reflexión Martes, 9 de junio de 2009

Riesgo

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.” —1 Pedro 5:6

Cuando nuestros hijos eran pequeños, Risk era uno de nuestros juegos de mesa favoritos. El objetivo era la conquista del mundo. Cada jugador movilizaba sus tropas para tomar posesión de países y continentes. Siempre me divertía ver que la persona que inicialmente lideraba el juego rara vez ganaba. La razón es obvia. Cuando los demás jugadores percibían el orgullo cada vez mayor del líder, se unían contra él.

Ya sea consciente o subconscientemente, es fácil que no nos gusten las personas poderosas con apariencia orgullosa. Su propio semblante parece animar a los demás a lanzarles obstáculos en el camino o ser opositores silenciosos.

En la lectura bíblica de hoy, se nos dice que son siete las cosas que Dios odia. De forma reveladora, la primera es el orgullo. Cuando alguien se sobrevalora a sí mismo infravalorando a los demás, inevitablemente lo revela con su apariencia orgullosa. Hinchado de auto-presunción, también puede crear maldad y sembrar discordia. No es de extrañar que Dios aborrezca las apariencias orgullosas.

Puede que la gente orgullosa y poderosa piense que tiene que preocuparse con lo que piensen los demás, pero no puede ignorar la oposición de Dios. Pedro nos recuerda que no confiemos en nosotros mismos sino en aquel que nos exaltará «cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6). Al someternos a él, evitamos el riesgo que el orgullo representa para nuestro carácter, y nos convertimos en siervos de Dios agradecidos y humildes.

“Nadie puede glorificarse a sí mismo y glorificar a Cristo al mismo tiempo.”

Lectura del día: Proverbios 6:16-19

lunes, 8 de junio de 2009

Reflexión Lunes, 8 de enero de 2009

Una vida recordada

“Para que podamos… consolar a los que están en… tribulación, por medio de la consolación con que… somos consolados por Dios.” — 2 Corintios 1:4

«Papi, ayúdame». Esas fueron las últimas palabras que Dianne y Gary Cronin le escucharon decir a su hija mientras ésta luchaba por respirar. Kristin, de 14 años, murió repentinamente, justo dos días después de decir que no se sentía bien. Una infección de estreptococo atacó su cuerpo el jueves. Para el sábado, estaba rogando a su padre que la ayudara.

Antes de que Kristin muriera, tenía programado hablar en la iglesia de su familia en Soldotna, Alaska. En el tiempo de Dios, estuve ante la congregación el día después del funeral de la niña.

Kristin era una de esas vivaces adolescentes que amaba a Jesús y vivía para Él —y cuya súbita muerte nos deja con un millón de preguntas.

Debido a que yo había pasado por algo similar al perder a mi propia hija adolescente hacía unos cuantos años, pude ofrecer algo de consejo a esta iglesia asombrada y acongojada. Primero, dije, debemos reconocer la soberanía de Dios. Salmo 139:16 nos recuerda que la vida de Kristin duró el tiempo exacto que Dios quiso. Segundo, le pedí a la iglesia que jamás olvidara a la familia de la muchacha. Sea que pasen dos meses o cinco años, la familia jamás «superará» la pérdida de Kristin. Jamás dejará de necesitar a cristianos que se preocupen y que se acuerden de ella.

En momentos como éste, no olvides que Dios tiene el control y que él quiere que seamos un consuelo para los demás.

“En todo desierto de desesperación, Dios tiene un oasis de consuelo.”

Lectura del día: Salmo 139:1-16

domingo, 7 de junio de 2009

Reflexión Domingo, 7 de junio de 2009

Palabras y números

“Yo y el Padre uno somos.” —Juan 10:30

Mi esposo es una persona «de números»; yo soy una persona «de palabras». Cuando mi incompetencia con los números me exaspera al máximo, trato de impulsar mi ego recordándole a Jay que las personas de palabras son superiores porque Jesús se llamó a sí mismo el Verbo, no el Número.

En vez de tratar de defenderse, Jay simplemente sonríe y continúa ocupándose de sus asuntos, los cuales consisten en cosas mucho más importantes que mis tontos argumentos.

Como veo que Jay no se defiende, entonces me siento obligada a hacerlo. Aunque es verdad que Jesús era el Verbo, estoy equivocada al decir que él no se refirió a sí mismo como un número. Uno de los pasajes más conmovedores de las Escrituras es la oración de Cristo justo antes de su arresto y crucifixión. Con la muerte frente a él, Jesús oró no sólo por él mismo, sino también por sus discípulos y por nosotros. Su petición más urgente a favor nuestro involucró un número: «[Ruego] para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17:21).

Como personas que viven por la Palabra, tenemos que recordar que las «palabras correctas» les suenan huecas al mundo a menos que, siendo uno en Cristo, estemos glorificando a Dios con una sola mente y una sola voz.

“Dios llama a sus hijos a la unidad.”

Lectura del día: Juan 17:20-26

sábado, 6 de junio de 2009

Reflexión Sábado, 6 de junio de 2009

El día de entre todos los días

“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.” —2 Timoteo 2:3

En la miniserie para la televisión, Banda de Hermanos (Band of Brothers), el transporte aéreo N.º 101 está volando sobre la zona de lanzamiento en paracaídas durante el Día D (el día del desembarco aliado de Normandía), la principal ofensiva para liberar a Europa del control nazi. Cuando el personaje principal, el teniente Richard Winters, se lanza desde el avión, el estallido del ataque antiaéreo y el fuego de las ametralladoras llena el aire.

Posteriormente, Winters reflexionó sobre su primer día en combate: «Esa noche, reservé un tiempo para agradecer a Dios por mantenerme a flote ese día de entre todos los días… y que, si de alguna manera me las arreglaba para volver a casa, le prometí a Dios y a mí mismo que encontraría una parcela tranquila en algún lugar y pasaría el resto de mi vida en paz». Winters sabía que debía resistir hasta que llegara ese día.

La Biblia nos dice que los creyentes quedan atrapados en un conflicto iniciado por la rebelión de Satanás contra Dios. Debido a esto, somos desafiados a «sufr[ir] penalidades como buen[os] soldado[s] de Jesucristo» (2 Timoteo 2:3). En los días de Pablo, los legionarios romanos sufrían al servicio del emperador. Como seguidores de Jesús, puede que se nos llame a hacer lo mismo por el Rey de reyes.

En el cielo ya no experimentaremos tales dificultades, sino que disfrutaremos de una paz perdurable con el Salvador. Por ahora, hemos de perseverar por fe.

“La victoria es segura para aquellos que resisten.”

Lectura del día: 2 Timoteo 2:1-4

viernes, 5 de junio de 2009

Reflexión Viernes, 5 de mayo de 2009

Adoptado

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia.” —Colosenses 3:5

En la antigua Roma, los emperadores ocasionalmente hacían uso de la adopción para transmitir la sucesión a herederos competentes. César Augusto fue adoptado por su tío abuelo Julio César. Otros adoptados notables incluyen a los emperadores Tiberio, Trajano y Adriano. Todos ellos demostraron ser gobernantes fuertes porque cada uno de ellos vivió como hijo de su padre adoptivo.

Todo cristiano es un hijo adoptado por el Rey de reyes. Tenemos una enorme deuda a Su favor. Pero Dios, quien lo tiene todo, no necesita que la cancelemos.

¿Qué es lo que Dios desea? Él quiere que vivamos de la manera que corresponde a Sus hijos. Las actividades y los valores que no van acorde con nuestra posición como hijos de Dios deben eliminarse (Colosenses 3:5). Las actitudes egoístas y destructivas han de ser reemplazadas por actividades y valores que exhiban nuestra gratitud y nuestro amor por Dios y debemos reflejar nuestra condición como Sus hijos. Pablo escribió: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (v. 12).

¿Pueden los demás a tu alrededor decir que efectivamente eres un hijo del Rey? Pregúntale al Espíritu Santo qué es lo que necesitas quitar de tu vida y qué es lo que necesitas poner en ella para que puedas reflejar con mayor fidelidad tu condición de hijo adoptado de Dios.

“Honramos el nombre de Dios cuando le llamamos nuestro Padre y vivimos como sus hijos.”
Lectura del día: Colosenses 3 :1-11

jueves, 4 de junio de 2009

Reflexión Jueves, 4 de junio de 2009

El círculo del miedo

“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” —1 Juan 2:1

Cuando el mítico grupo de rock The Eagles (Las Águilas) preparaba una nueva canción para algún concierto, todos los miembros se sentaban en un círculo con sus guitarras acústicas y sin amplificadores para ensayar sus intrincadas voces. Llamaban a esta rutina «el círculo del miedo» porque no hay dónde esconderse ni dónde ocultar cualquier error que se pueda hacer en la armonía. Esa sensación de absoluta exposición de sus errores es lo que hace que este ejercicio les cause tanto temor.

Lejos de Cristo sufriríamos un tipo de exposición muchísimo peor delante del Dios de toda justicia. Si no tuviéramos abogado ni escapatoria, tampoco tendríamos esperanza alguna. Pero en Cristo, el creyente tiene a un Defensor delante del Padre a nuestro favor. 1 Juan 2:1 dice: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo». Él asume nuestra defensa cuando son expuestos nuestros fracasos. Nuestro Defensor lleva nuestra relación con Dios más allá de un «círculo del miedo» hacia una comunión de gracia y verdad.

Nuestro desafío es vivir una vida de pureza e integridad que honre a nuestro Padre celestial. Pero, cuando fallamos, no tenemos que temer el abandono o el ridículo de parte de Él. Tenemos un Abogado que nos sostendrá.

“Aquel que murió como nuestro sustituto ahora vive como nuestro abogado.”

Lectura del día: 1 Juan 2:1-11

miércoles, 3 de junio de 2009

Reflexión Miércoles, 3 de junio de 2009

El Señor de nuestros años

“Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.” —Salmo 90:2

Cuando la versión reducida del Diccionario Oxford de inglés anunció en el 2006 que la palabra tiempo era el sustantivo usado con mayor frecuencia en el idioma inglés, no pareció sorprender a nadie. Vivimos en un mundo donde las personas están obsesionadas con usar sus días, ahorrar minutos y tratar de encontrarle más horas a cada jornada. Aunque cada uno de nosotros tiene todo el tiempo que existe, muy pocos de nosotros pensamos que tenemos suficiente.

Tal vez esa sea la razón por la que el Salmo 90 es un pasaje tan precioso. Aleja el enfoque de nuestras vidas limitadas por el tiempo trasladándolo hacia nuestro Dios eterno. «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» (v. 2).

Una estrofa en el famoso himno de Matthew Bridges «A Cristo coronad» dice: «Y bendecid al Inmortal por toda eternidad». El soberano, el monarca ungido con majestad —alguien que no busca ser designado ni ganar unas elecciones.

Dios creó el tiempo. Lo gobierna y va más allá de él. Cuando nos sentimos frustrados por el calendario o atrapados por el reloj, una lectura en silencio del Salmo 90 nos recordará que nuestros días y nuestros años están en manos de nuestro Dios eterno.

Al inclinarnos humildemente ante Él, vemos el tiempo desde una nueva perspectiva.

“Debemos tener una precisa perspectiva de la eternidad para conocer el verdadero valor del tiempo.”

Lectura del día: Salmo 90

martes, 2 de junio de 2009

Reflexión Martes, 2 de junio de 2009

Devolver el favor

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” —Juan 13:15

Cadena de favores es una película que trata de un niño de 12 años que quiere marcar una diferencia en el mundo. Motivado por un maestro de su colegio, Trevor invita a un hombre sin hogar a dormir en su garaje. Ignorante de este arreglo, la madre de Trevor se despierta una noche para encontrar al hombre que estaba arreglándole la camioneta. A punta de pistola, ella le exige que se explique. Él le muestra que ha logrado arreglar la camioneta, y le cuenta acerca de la amabilidad de Trevor. Le dice: «simplemente estoy devolviendo el favor».

Creo que esto es lo que Jesús tenía en mente en una de las últimas conversaciones con Sus discípulos. Quería mostrarles hasta dónde llegaba Su amor. Así que, antes de su última cena juntos, se quitó el manto, se ciñó una toalla alrededor de la cintura y comenzó a lavarles los pies a Sus discípulos. Esto fue algo escandaloso porque sólo los esclavos lavaban los pies. Era un acto de servidumbre y un símbolo que señalaba el sacrificio, la pasión y la humillación de Jesús en la cruz. Lo que Él les pidió a Sus discípulos fue: «Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros» (Juan 13:14). Debían «devolver el favor».

Imagina lo diferente que se vería nuestro mundo si les diéramos a los demás el tipo de amor que Dios nos ha dado por medio de Jesús.

“Para conocer el amor, abre tu corazón a Jesús. Para mostrar el amor, abre tu corazón a los demás.”

Lectura del día: Juan 13:3-15

lunes, 1 de junio de 2009

Reflexión Lunes, 1 de junio de 2009

Santos tontos

“Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” —Marcos 9:23

Cuando Dios habló con Abram, éste obedeció de inmediato y partió hacia una tierra desconocida basándose tan sólo en una promesa. Aunque no tenía hijos, confió en que Dios haría de él «una nación grande» (Génesis 12:2).

Dios a menudo realiza Su obra por medio de «santos tontos»; soñadores que emprenden la marcha con una fe absurda. Y aun así, yo suelo tomar mis decisiones con base en cálculos y dudas.

Una vez, mi iglesia en Chicago programó toda una noche de oración durante una gran crisis. Antes de informar en el calendario, discutimos bastante la utilidad de este evento. Los miembros más pobres de la congregación, un grupo de ancianos, fueron los que respondieron afirmativamente con mayor entusiasmo. Pensé que talvez muchas de sus oraciones no habrían sido contestadas durante los años y, sin embargo, confiaban en el poder de la oración como si fueran niños. «¿Cuánto tiempo quieren quedarse? ¿un par de horas?» preguntamos, pensando en que ellos usaban transporte público. «Bueno, nos vamos a quedar toda la noche», respondieron.

Una mujer de más de 90 años lo explicó así: «Podemos orar. Tenemos el tiempo y tenemos la fe. Además, algunos de nosotros no dormimos mucho. Podemos orar toda la noche si es necesario». Y lo hicieron.

Mientras tanto, un grupo de profesionales ricos, jóvenes, ambiciosos y bien educados en una iglesia del centro aprendió una importante lección: La fe a menudo aparece donde menos se la espera y falla donde debiera crecer con fuerza.

“La Oración es la voz de la fe.”

Lectura del día: Génesis 12:1-5