Pablo llegó a este punto cuando escribió acerca de la obra de Dios para salvar a judíos y griegos en el libro de Romanos. Tres cosas acerca de Dios hicieron que él dijera «¡Oh!».
Primero, Dios es todo sabiduría (11:33). Su plan perfecto de salvación muestra que tiene soluciones muchísimo mejores para los problemas de la vida de los que nosotros seamos capaces de idear.
Segundo, Dios es todo conocimiento. Su conocimiento es infinito. No necesita de consejero alguno (v. 34) ¡y nada Le sorprende!
Tercero, Dios es todo suficiencia (v. 35). Ninguna persona puede darle a Dios lo que él no le haya dado a ésta primero. Tampoco puede jamás corresponder a su bondad.
Podemos decir junto con Moisés: «¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?» (Éxodo 15:11). ¡Qué maravilloso es el Dios a quien servimos!