jueves, 30 de abril de 2009

Reflexión Jueves, 30 de abril de 2009

Nunca te dejaré

“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” —Mateo 28:20

Uno de mis primeros recuerdos de haber escuchado buena música fue cuando un cuarteto masculino ensayó en nuestra casa. Yo tenía unos diez años y le prestaba especial atención a mi papá, quien cantaba como primer tenor. Una de las canciones favoritas del cuarteto se titulaba, «Yo estoy con vosotros». Incluso a esa tierna edad, no sólo aprecié la música sino que «capté el mensaje».

Esas palabras de Jesús a sus discípulos justo antes de su ascensión —«Yo estoy con vosotros todos los días»— se hicieron preciosas para mí cuando el cuarteto cantó, «Bajo el sol, en la sombra, Yo estoy con vosotros dondequiera que vayáis».

Una de las primeras referencias a la constante presencia de Dios la hace Moisés en Deuteronomio 31:6-8, cuando le dio instrucciones a su sucesor en cuanto a guiar al pueblo de Dios a la «tierra de la promesa». Y el propio Josué escuchó la misma palabra del Señor: «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé» (Josué 1:5).

Esa promesa se repite en el Nuevo Testamento, donde el autor de Hebreos garantiza lo siguiente: «Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré» (13:5).

Dondequiera que sea que te encuentres hoy, no estás solo. Si has colocado tu confianza en Jesús para tu salvación eterna, puedes tener la certeza de que él nunca te dejará.

“Primero asegúrate de que estás con él; entonces puedes estar seguro de que él estará contigo.”

Lectura del día: Deuteronomio 31:1-8

miércoles, 29 de abril de 2009

Reflexión Miércoles, 29 de abril de 2009

Alejándose

“¡Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos!” - Job 2:10

Imagínate relajado sobre un bote de goma a poca distancia de la playa, con los ojos cerrados, recibiendo el sol y escuchando el suave retumbar de las olas contra la orilla. No tienes una sola preocupación en el mundo —¡hasta que abres los ojos! De repente, la orilla está alarmantemente lejos.

Así es como tendemos a alejarnos espiritualmente. Es algo que sucede de manera sutil, pero es espeluznante cuando de repente nos damos cuenta cuánto nos hemos alejado de Dios. El punto de partida comienza cuando Satanás nos roba el afecto por nuestro amoroso Creador colocando un giro engañoso en nuestras experiencias y haciendo que sospechemos de Dios en vez de confiar en él.

Considera a Job y su esposa. Ambos tenían muchísimas razones para estar furiosos con Dios. Sus hijos habían muerto, su fortuna se había perdido y la salud de Job estaba destrozada. Su esposa le dijo: «Maldice a Dios, y muérete». Pero Job respondió: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (Job 2:9-10).

Hay muchas actitudes que nos pueden poner a la deriva: creer que necesitamos algo más que a Dios para ser felices; colocar relaciones significativas por encima de nuestra lealtad a Dios; pensar que Dios debe estar a la altura de nuestras expectativas; resistir sus reprobaciones; hacernos los sordos cuando su palabra nos incomoda.

Si estás comenzando a alejarte, acuérdate de mantenerte cerca de aquel que es la única fuente de satisfacción.

“Para evitar alejarte de Dios, mantenten anclado a la Roca.”

Lectura del día: Job 1:13-22

martes, 28 de abril de 2009

Reflexión Martes, 28 de abril de 2009

Las arenas Slapton

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” —1 Pedro 5:8

Las Arenas Slapton se encuentran en las costas del sur de Inglaterra. Esta bella playa acarrea un trágico recuerdo de su pasado.

El 28 de abril de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados aliados se dedicaron a la Operación Tigre, un ejercicio de entrenamiento para desembarques anfibios de playa, como preparación para la invasión de Normandía conocida como el Día D. De repente aparecieron cañoneras enemigas y mataron a más de 700 soldados norteamericanos en un ataque sorpresa. Hoy, un monumento se levanta en las Arenas Slapton para conmemorar el sacrificio de esos jóvenes que murieron mientras entrenaban para la batalla pero que jamás pudieron entrar en el conflicto.

Esta tragedia es la metáfora de una advertencia al creyente en Cristo. Nosotros también estamos involucrados en el combate con un enemigo que es poderoso y engañoso. Esa es la razón por la que el apóstol Pedro advirtió: «Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8).

Al igual que los soldados de las Arenas Slapton, nos enfrentamos a un enemigo que desea nuestra perdición. Debemos estar alertas en el servicio a nuestro Rey. El llamado a ser efectivos en batalla (2 Timoteo 2:3-4) nos desafía a estar listos para los ataques sorpresa de nuestro enemigo espiritual —para que podamos resistir y servir un día más.

“Los ardides de Satanás no pueden competir con el poder del Salvador.”

Lectura del día: 1 Pedro 5:1-11

lunes, 27 de abril de 2009

Reflexión Lunes, 27 de abril de 2009

Primero lo primero

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” -Mateo 6:33

El líder de un seminario quería explicar algo importante, así que tomó una jarra de boca ancha y la llenó de piedras. «¿Está la jarra llena?» preguntó. «Sí» fue la respuesta. «¿De veras?» volvió a preguntar. Luego echó guijarros más pequeños en la jarra para llenar los espacios entre las piedras. «¿Está llena ahora?» «Sí» dijo alguien más. «¿De veras?» Entonces llenó los espacios restantes entre las piedras y los guijarros con arena. «¿Está llena ahora?» preguntó. «Probablemente no», dijo otra voz, para diversión de los asistentes. Luego tomó un jarro de agua y lo vertió en la jarra.

«¿Cuál es la lección que aprendemos de esto?» preguntó. Un ansioso participante levantó la voz: «No importa cuán llena esté la jarra, siempre hay espacio para más». «No exactamente», dijo el líder. «La lección es: para hacer caber todo en la jarra, hay que poner las cosas grandes primero».

Jesús proclamó un principio similar en el Sermón del Monte. Él sabía que desperdiciamos tiempo preocupándonos por las pequeñeces que parecen muy urgentes y que no reparamos en las cosas grandes de valor eterno. «Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas», Jesús les recordó a sus oyentes. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:32-33).

¿Qué estás poniendo primero en tu vida?

“Aquellos que acumulan tesoros en el cielo son las personas más ricas en la tierra.”

Lectura del día: Mateo 6:25-34

domingo, 26 de abril de 2009

Reflexión Domingo, 26 de abril de 2009

Servicio de labios

“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí.” —Marcos 7:6

«Sonríe», me dijo Jay mientras conducíamos hacia la iglesia. «Pareces tan infeliz». No lo estaba; simplemente estaba pensando y no puedo hacer dos cosas a la vez. Pero, para hacerle feliz, sonreí. «No así —me dijo. Quiero una sonrisa de verdad».

S
u comentario me hizo pensar con aún mayor atención. ¿Es razonable esperar una sonrisa de verdad de alguien a quien se le está dando una orden? Una sonrisa de verdad viene de adentro; es una expresión del corazón, no del rostro.

Nos conformamos con las sonrisas falsas en las fotografías. Estamos felices cuando todos cooperan en el estudio del fotógrafo y obtenemos al menos una foto con todos sonriendo. Después de todo, estamos creando un icono de felicidad, así que no tiene que ser auténtico.

Pero la falsedad delante de Dios es inaceptable. Ya sea que estemos felices o tristes o furiosos, la honestidad es esencial. Dios no quiere expresiones falsas de adoración de la misma forma que tampoco quiere declaraciones falsas acerca de personas o circunstancias (Marcos 7:6).

Cambiar nuestra expresión facial es más fácil que cambiar nuestra actitud, pero la verdadera adoración requiere que todo nuestro corazón, nuestra alma, nuestra mente y nuestras fuerzas estén de acuerdo en que Dios es digno de alabanza. Aun cuando las circunstancias que nos rodean sean tristes, podemos estar agradecidos por la misericordia y la compasión de Dios, las cuales son dignas de algo más que el «servicio de labios» de una sonrisa falsa.

“Una canción en el corazón le pone una sonrisa en el rostro.”

Lectura del día: Marcos 7:5-15

sábado, 25 de abril de 2009

Reflexión Sábado, 25 de abril de 2009

Contra la pared

“¿Quién nos separará del amor de Cristo?” —Romanos 8:35

El 25 de abril de 1915, soldados del Cuerpo del Ejército de Australia y Nueva Zelanda desembarcaron en la península de Gallipoli esperando una rápida victoria. Pero la feroz resistencia de parte de la defensa turca dio como resultado un punto muerto de ocho meses durante el cual miles de soldados en ambos bandos terminaron heridos o muertos.

Muchos de los soldados de las tropas australianas y neozelandesas que fueron evacuados a Egipto visitaron el campamento de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, por sus siglas en inglés) en las afueras de El Cairo, donde el capellán Oswald Chambers ofreció hospitalidad y esperanza a estos hombres tan quebrantados y desilusionados por la Guerra. Con gran perspicacia y compasión, Chambers les dijo: «Ningún hombre es el mismo después de una agonía; o se vuelve mejor o se vuelve peor y la agonía de la experiencia de un hombre casi siempre es lo primero que abre su mente para entender la necesidad de la redención obrada por Jesucristo. Al final de la pared del mundo está Dios de pie con los brazos extendidos y todo hombre que es conducido hacia allí es llevado a los brazos de Dios. La cruz de Jesús es la evidencia suprema del amor de Dios».

P
ablo preguntó: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?» (Romanos 8:35). Su confiada respuesta fue que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo (vv. 38-39).

Cuando estamos contra la pared, Dios está allí con los brazos abiertos.

“El amor de Dios sigue de pie cuando todo lo demás ha caído.”

Lectura del día: Romanos 8:31-39

viernes, 24 de abril de 2009

Reflexión Viernes, 24 de abril de 2009

La fidelidad del padre

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias... grande es tu fidelidad.” —Lamentaciones 3:22-23

Hudson Taylor, el humilde siervo de Dios que trabajó en China, demostró una extraordinaria confianza en la fidelidad de Dios. En su diario escribió:

«Nuestro Padre celestial tiene mucha experiencia. Sabe muy bien que sus hijos despiertan con buen apetito cada mañana… mantuvo a tres millones de israelitas en el desierto por cuarenta años. No esperamos que envíe tres millones de misioneros a la China; pero, si lo hiciera, tendría recursos suficientes para mantenerlos a todos… dependamos del hecho de que la obra de Dios hecha a la manera de Dios jamás carecerá de la provisión de Dios».

Puede que estemos débiles y cansados, pero nuestro Padre celestial es todopoderoso. Puede que nuestros sentimientos fluctúen, pero él es inmutable. Incluso la creación misma es una prueba de su firmeza. Esa es la razón por la que podemos cantar estas palabras de un himno de Thomas Chisholm: «La noche oscura, el sol y la luna, las estaciones del año también, unen su canto cual fieles criaturas, porque eres bueno, por siempre eres fiel».

¡Cómo nos anima a vivir para él! Nuestra fuerza para el presente y nuestra esperanza para el futuro no se basan en la estabilidad de nuestra propia perseverancia sino en la fidelidad de Dios. No importa cuál sea nuestra necesidad, podemos contar con la fidelidad del Padre.

“El que se abandona a Dios jamás será abandonado por Dios.”

Lectura del día: Salmo 107:1-16

jueves, 23 de abril de 2009

Reflexión Jueves, 23 de abril de 2009

De acuerdo con Dios

“Este pueblo de labios me honra; mas su corazon está lejos de mí.” - Mateo 15:8

El oyente que había llamado al programa de radio mencionó la palabra religión, así que el presentador del programa de entrevistas comenzó a despotricar contra los hipócritas. «No puedo soportar a los hipócritas religiosos —dijo—.Hablan acerca de religión, pero no son mejores que yo. Esa es la razón por la que no me gusta todo este asunto de la religión».

Este hombre no se había dado cuenta, pero estaba de acuerdo con Dios. Dios ha manifestado claramente que tampoco puede soportar la hipocresía. Pero es una ironía que algunas personas usen algo a lo que Dios se opone como una excusa para no buscarle a él.

Jesús dijo esto acerca de la hipocresía: «Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres» (Mateo 15:8-9).

Notemos lo que Jesús les dijo a los que tal vez eran los más grandes hipócritas de su tiempo, los fariseos. En Mateo 23, les llamó hipócritas —¡no una, ni dos, sino siete veces! Eran religiosos que hacían un gran espectáculo, pero Dios conocía sus corazones. El Señor sabía que estaban lejos de él.

Los no cristianos que señalan la hipocresía en nosotros cuando la ven tienen toda la razón al hacerlo. Están de acuerdo con Dios, quien también la desprecia. Nuestra tarea es asegurarnos de que nuestras vidas honran a aquel que merece nuestra total dedicación.

“El diablo está satisfecho con dejarnos profesar el cristianismo siempre que no lo practiquemos.”

Lectura del día: Mateo 15:1-9

miércoles, 22 de abril de 2009

Reflexión Miércoles, 22 de abril de 2009

¿Demasiado viejo?

“He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes.” —Génesis 17:4

Cuando Dios le prometió a Abraham y a su esposa Sara que tendrían un hijo, Abraham se rió con incredulidad y respondió: «¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?» (Génesis 17:17).

Más tarde, Sara se rió por la misma razón: «¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?» (18:12).

N
osotros también envejecemos y nos preguntamos si el Señor puede cumplir las promesas que nos hizo. Ya no tenemos prominencia ni status. Nuestras mentes ya no son tan ágiles como una vez lo fueron. Nos vemos obstaculizados por problemas físicos que limitan nuestra movilidad y nos mantienen cerca de casa. Cada día parecemos perder más de las cosas que nos hemos pasado adquiriendo toda la vida. Robert Frost resalta algo que algunas veces nos preguntamos: «La pregunta… es qué podemos sacar de algo que disminuye».

No mucho, si se nos deja por nuestra cuenta. Pero Dios puede hacer más con nosotros de lo que podemos imaginar. Él nos pregunta, así como le preguntó a Sara. «¿Hay para Dios alguna cosa difícil?» (18:14). ¡Por supuesto que no!

Nunca estamos demasiado viejos para ser útiles si nos ponemos a disposición de Dios para sus propósitos.

“A medida que Dios añade años a tu vida, pídele que añada vida a tus años.”

Lectura del día: Génesis 17:15-22

martes, 21 de abril de 2009

Reflexión Martes, 21 de abril de 2009

Pensamientos tormentosos

“Y el Dios de paz estará con vosotros.” —Filipenses 4:9

Me río cada vez que escucho un anuncio en la radio en el que una mujer le grita a su amiga mientras conversan. Ella está tratando de hacerse oír por encima de los ruidos de la tormenta eléctrica en su propia cabeza. Desde que una tormenta destruyó parte de su hogar, todo lo que la mujer escucha es la tormenta porque su compañía de seguros no atiende a sus reclamos.

Yo he escuchado tormentas en mi cabeza y tal vez tú también. Sucede cuando surge una tragedia que nos afecta a nosotros, a alguien cercano a nosotros, o a alguien de quien escuchamos en las noticias. Nuestras mentes se convierten en una tempestad de preguntas del tipo «¿qué pasaría si?». Nos centramos en todos los malos resultados posibles. Nuestro temor, nuestra preocupación y nuestra confianza en Dios se balancea mientras esperamos, oramos, lloramos por la pérdida y nos preguntamos qué hará el Señor.

Es natural que estemos temerosos en una tormenta (ya sea literal o figurativamente). Los discípulos tenían a Jesús justo allí en la barca con ellos, y sin embargo tuvieron miedo (Mateo 8:23-27). Él calmó la tormenta como una lección para mostrarles quién era —un Dios poderoso que también cuida de ellos.

Desearíamos que Jesús siempre calmara las tormentas de nuestra vida así como calmó la tormenta para los discípulos ese día. Pero podemos encontrar momentos de paz cuando estamos anclados a la verdad de que él está en la barca con nosotros y que le importamos.

“Para darnos cuenta del valor del ancla, tenemos que sentir la fuerza de la tormenta.”

Lectura del día: Mateo 8:23-27

lunes, 20 de abril de 2009

Reflexión Lunes, 20 de abril de 2009

El fiel Gayo

“Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos.” —3 Juan 1:5

La tercera carta de Juan presenta un agudo contraste entre la manera en que dos miembros de la iglesia recibían a los creyentes que los visitaban. La carta está dirigida al «amado» Gayo, a quien Juan amaba «en la verdad» (v. 1). La verdad estaba en él ya que caminaba con Dios (v. 3). Lo que fuera que hiciera por sus «hermanos» —misioneros y maestros itinerantes, como Pablo» lo hacía fielmente y con amor (vv. 5-6).

Con Diótrefes la historia era otra. Él era orgulloso y dominante (v. 9) y hablaba contra aquellos que venían en el nombre de Cristo (v. 10), probablemente incluso contra Pablo. Además, expulsaba de la iglesia a cualquiera que quisiera aceptarlos. Sin duda alguna, lo hacía para proteger su posición y sus propios intereses y para mantenerlo todo y a todos centrados en él.

Mi esposa, Shirley, y yo, junto con nuestra nieta Bree, recientemente visitamos un país que una vez estuvo cerrado al Evangelio. Los creyentes nos recibieron con confianza, apertura, hospitalidad y auténtico amor. Aunque tenían muy poco, su generosidad era increíble. ¡Qué motivo de aliento para nosotros! Verdaderamente seguían el ejemplo del fiel Gayo.

Que Dios nos dé un espíritu amoroso y fiel que nos haga capaces de tratar a nuestros compañeros creyentes «como es digno de su servicio a Dios» (v. 6).

“La hospitalidad a la imagen de Cristo es un corazón abierto y un hogar abierto.”

Lectura del día: 3 Juan

sábado, 18 de abril de 2009

Reflexión Sábado, 18 de abril de 2009

¿Qué sigue?

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” —Filipenses 3:14

En la serie de televisión The West Wing (El Ala Oeste), el presidente en la ficción, Josiah Bartlet, frecuentemente terminaba las reuniones con su personal con dos palabras. «¿Qué sigue?» Era su manera de señalar que había dado el asunto que estaba tratando por terminado, y que estaba listo para seguir hacia otros asuntos de preocupación. Las presiones y las responsabilidades de la vida en la Casa Blanca exigían que él no se centrara en lo que estaba en el espejo retrovisor; tenía que mantener su mirada al frente, avanzando hacia lo que seguía.

En un sentido, el apóstol Pablo tenía una perspectiva similar de la vida. Él sabía que espiritualmente todavía no había «llegado» y que le quedaba un largo camino por recorrer para llegar a ser como Cristo. ¿Qué podía hacer? Podía obsesionarse con el pasado, con sus fracasos, decepciones, luchas y disputas, o podía aprender de aquellas cosas y proseguir hacia «lo que sigue».

En Filipenses 3, Pablo nos dice cómo eligió vivir su vida: «Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (vv. 13-14). Es una perspectiva que habla acerca de proseguir, de adoptar lo que sigue. También es donde debemos centrarnos al buscar ser formados en la imagen del Salvador mientras esperamos la eternidad con él.

“Mantén tus ojos firmes en el premio.”

Lectura del día: Filipenses 3:7-16

viernes, 17 de abril de 2009

Reflexión Viernes, 17 de abril de 2009

El conductor del autobús

“Sed, pues, imitadores de Dios... y andad en amor.” —Efesios 5:1-2

Es fácil que en medio del acarreo de 70 piezas de equipaje, un piano electrónico y otros equipos de un aeropuerto a otro y de un autobús a otro, nos preguntemos: «¿Por qué estamos haciendo esto?»

No es fácil llevar a 28 adolescentes en un viaje ministerial de once días a un país al otro lado del océano. Pero, al final del viaje, nuestro conductor de autobús, quien nos había llevado por toda Inglaterra y Escocia, tomó el micrófono del vehículo y con lágrimas les agradeció a los muchachos y a las muchachas por lo maravillosos que habían sido. Más tarde, cuando llegamos a casa, él nos escribió un correo electrónico para decirnos lo mucho que apreció las tarjetas de agradecimiento que los jóvenes le habían escrito —muchas de las cuales contenían el Evangelio.

Aunque los estudiantes ministraron a cientos por medio de canciones durante el viaje, tal vez fue el conductor del autobús quien recibió el mayor beneficio de la actitud de los jóvenes que imitaban a Cristo. En Efesios se nos dice que seamos imitadores de Dios y que andemos en amor (Efesios 5:1-2). Los demás ven a Dios en nosotros cuando nos mostramos amor unos a otros (1 Juan 4:12). El conductor de autobús vio a Jesús en los estudiantes y les dijo que ellos podían perfectamente convertirle a la fe en Cristo. Tal vez fue por este hombre que hicimos ese viaje.

¿Por qué haces lo que haces? ¿En la vida de quién estás causando efecto? Algunas veces no es a la audiencia a la que nos dirigimos a la que le causamos el mayor impacto. Algunas veces es a los conductores de autobús del mundo.

“Dar testimonio no es simplemente lo que un cristiano dice, sino lo que hace.”

Lectura del día: 1 Juan 4:7-12

jueves, 16 de abril de 2009

Reflexión Jueves, 16 de abril de 2009

Porteros

“El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” —1 Corintios 3:17

En periodismo, el término portero hace referencia a los periodistas, redactores y editores que consideran diversos artículos y determinan qué historias son dignas de hacer noticia. Algunos experimentados profesionales de las noticias advierten que Internet permite que pase la información sin que ésta haya sido verificada en la puerta.

En tiempos del Antiguo Testamento, los guardianes cuidaban el templo para evitar que los inmundos entraran en él (2 Crónicas 23:19). En el año 70 d.C. el ejército romano del emperador Tito destruyó el templo. Pero la destrucción había comenzado años antes cuando los levitas asignados para cuidarlo no lo hicieron después de caer bajo la corrupta influencia del rey sirio Antíoco IV.

Pablo llamó a nuestros cuerpos el «templo» de Dios (1 Corintios 3:16-17), y hay muchas fuerzas obrando para atacar la nueva morada de Dios. El mal puede lograr un punto de apoyo atravesando áreas no fortificadas de nuestra vida espiritual —lugares donde la envidia, los conflictos, o las divisiones pueden socavarnos (3:3). Cada uno de nosotros debe estar en guardia contra el enemigo de nuestras almas y jamás darle lugar al diablo (Efesios 4:27).

Los criterios para lo que puede entrar se encuentran en Filipenses 4:8: todo lo verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre, de virtud y digno de alabanza. La paz que resulta guardará la puerta de nuestros corazones y de nuestras mentes.

“Si no estás en guardia contra el mal, éste influirá en ti.”

Lectura del día: 1 Corintios 3:1-17

miércoles, 15 de abril de 2009

Reflexión Miércoles, 15 de abril de 2009

Verifica tu actitud

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” —Juan 3:30

Un profesor de música con una voz bien entrenada era quien generalmente cantaba las principales partes para solista masculino en el coro de una gran iglesia. Algunas veces un joven llamado Beto, quien carecía de formación musical, cantaba unos cuantos solos más cortos. Cuando la directora del coro comenzó las preparaciones para la cantata navideña, tuvo la idea de que la voz y el estilo de Beto eran la elección natural para el principal papel de solista. Sin embargo, no sabía cómo decírselo a Beto sin ofender al otro solista, quien era un hombre mayor.

Su angustia fue innecesaria. El profesor pensaba lo mismo que ella, y le dijo que Beto debía cantar como solista. Él siguió cantando fielmente en el coro y fue una fuente de mucho aliento para Beto.

Las personas que pueden poner a un lado sus ambiciones egoístas y buscan de todo corazón el bien de los demás tienen una actitud que agrada a Dios. ¿Recuerdas cómo reaccionó Juan el Bautista cuando las multitudes le dejaron y comenzaron a seguir a Jesús? Él dijo: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (Juan 3:30).

¿Qué tienen en común Juan el Bautista y el profesor de música? Pudieron poner a un lado sus «ambiciones egoístas». Estuvieron felices de ver a los demás elevarse por encima de ellos cuando era para un bien común. ¿Se puede decir lo mismo acerca de nosotros?

“Cuando nos olvidamos de nosotros mismos, hacemos cosas que los demás recordaran.”

Lectura del día: Juan 3:22-36

martes, 14 de abril de 2009

Reflexión Martes, 14 de abril de 2009

Dios se acuerda

“Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca.” —Génesis 8:1

Hay un festival chino llamado Qing Ming, el cual es un tiempo de duelo por los parientes fallecidos. Durante este festival siempre se arreglan las tumbas y se dan caminatas con los seres queridos por el campo. La leyenda dice que el Qing Ming comenzó cuando el comportamiento grosero e insensato de un joven tuvo como resultado la muerte de su madre. Así que él decidió que de allí en adelante visitaría la tumba de su madre cada año para recordar lo que ella había hecho por él. Es triste pensar que él no se acordó de su madre hasta que ésta murió.

¡Cuán diferente es la manera en que Dios nos trata! En Génesis, leemos cómo el diluvio destruyó el mundo. Sólo sobrevivieron aquellos que estaban con Noé en el arca. Pero Dios se acordó de ellos (8:1) y envío un viento para secar las aguas y para que ellos pudieran dejar el arca.

Dios también se acordó de Ana cuando pedía un hijo (1 Samuel 1:19). Él le concedió a Samuel.

Jesús se acordó del ladrón moribundo quien dijo: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». A lo que Jesús respondió. «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:42-43).

Dios se acuerda de nosotros dondequiera que estemos. Nuestras preocupaciones son suyas. Nuestro dolor es suyo. Encomiéndale a él tus desafíos y tus dificultades. Él es el Dios que todo lo ve y que se acuerda de nosotros como una madre se acuerda de sus hijos y espera satisfacer nuestras necesidades.

“Saber que Dios nos ve trae tanto convicción como consuelo.”

Lectura del día: Génesis 8:1-17

lunes, 13 de abril de 2009

Reflexión Lunes, 13 de abril de 2009

Borbotea en mi alma

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba… de su interior correrán ríos de agua viva.” —Juan 7:37-38

Hace décadas, visité un centro ministerial en el África Occidental y vi a una niñita trepar a un camión que tenía un sistema de altavoces para dirigirse al público. Sonriendo, comenzó a cantar por el micrófono:

¡Borbotea, borbotea,
borbotea en mi alma; canto y río
pues Jesús me restauró.
Pues Jesús entró en mi vida,
y limpió mi corazón de pecado,
borbotea, borbotea, borbotea,
borbotea, borbotea en mi alma!

Sólo la escuché cantar esa canción una vez. Pero el gozo en su voz era tan evidente y poderoso que hasta hoy recuerdo la letra y la tonada.

El paralelo en la canción entre el agua y el refrigerio espiritual es bíblico. Durante la Fiesta de los Tabernáculos, un sacerdote levita vertía agua como símbolo de que Dios proveyó de agua a Israel en el desierto. Durante esa fiesta, «Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:37-38). Jesús estaba hablando acerca de la promesa del Espíritu Santo para aquellos que creyeran en Él (v. 39). El agua que sacia la sed es una ilustración de la satisfacción espiritual que sólo Él puede proveer.

Tal vez has perdido ese gozo que experimentaste por primera vez en el momento de tu salvación. Confiesa todo pecado conocido en este momento (1 Juan 1:9). Se llenó del Espíritu Santo de Dios (Efesios 5:18) y deja que Él te provea de eso que «borbotea en tu alma».

“Fue necesario que Cristo se fuera para que el Espíritu Santo viniera.”

Lectura del día: Juan 7:33-39

domingo, 12 de abril de 2009

Reflexión Domingo de Pascua, 12 de abril de 2009

¡Mucho más!

“Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.” —Romanos 5:20

Hay una declaración que escuché en un culto de Pascua que siempre me viene a la memoria: «Más fue lo que se ganó con la resurrección de Jesús que lo que se perdió con la caída». ¿Se ganó más de lo que se perdió? ¿Puede ser esto cierto?

Cada día experimentamos el daño causado por el pecado que ha entrado en nuestro mundo. La codicia, la injusticia y la crueldad encuentran sus orígenes en la decisión de Adán y Eva de seguir su propio camino en vez de el de Dios (Génesis 3). El legado de su desobediencia ha pasado a cada generación. Sin la intervención de Dios estaríamos en una situación sin esperanza. Pero Jesús dominó al pecado por medio de su cruz y conquistó a la muerte por medio de su resurrección.

La victoria de Cristo se celebra en Romanos 5, al cual a menudo se le llama el capítulo del «mucho más» en el Nuevo Testamento, donde Pablo contrasta la devastación causada por el pecado con el poder restaurador de la gracia de Dios. En cada caso, la gracia supera las consecuencias del pecado. Llegando a una gran conclusión, Pablo dice: «Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro» (5:20-21).

No importa cuánto hayamos perdido personalmente por causa del pecado, hemos ganado muchísimo más por medio de la victoria de la resurrección de Cristo.

“Nuestro pecado es grande; la gracia de Dios es más grande.”

Lectura del día: Romanos 5:12-21

sábado, 11 de abril de 2009

Reflexión Sábado, 11 de abril de 2009

El día sin nombre

“Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” Romanos 8:25

En Louisiana se encuentra la tumba de una mujer sepultada en un huerto de robles de 150 años en el cementerio de una iglesia Episcopal. Sólo una palabra ha sido grabada en su lápida: «Esperando».

Un amigo mío conoce a un pastor anciano que dio un conmovedor sermón de Viernes Santo titulado «Es viernes, pero ya llega el domingo». Con una cadencia cuyo ritmo y volumen van en aumento, el sermón de este ministro contrasta la manera en que se veía el mundo el viernes —cuando las fuerzas del mal parecían haber triunfado— con la manera en que se veía el domingo. Los discípulos que pasaron por ambos días jamás volvieron a dudar de Dios. Aprendieron que, cuando Dios parece estar más ausente que nunca, puede que esté más cerca que nunca.

Sin embargo, el sermón se salta un día —el sábado— el día sin nombre. Lo que los discípulos vivieron a pequeña escala ahora lo vivimos a una escala cósmica. Es sábado en nuestro planeta tierra; ¿llegará el domingo alguna vez?

A ese oscuro viernes «golgotano» sólo puede llamársele Viernes Santo por lo que sucedió el domingo. La Pascua de Resurrección abrió una grieta en un universo que cae en espiral hacia la desintegración; y un día, Dios ampliará el milagro de la Pascua a una escala cósmica.

Mientras tanto, aguardamos con una expectativa llena de esperanza, viviendo nuestros días de sábado, el día de en medio sin nombre. Es sábado. Pero ya llega el domingo.

“Dios tomó la peor de las acciones de la historia y la convirtió en la mayor de la victoria.”

Lectura del día: Romanos 8:18-25

viernes, 10 de abril de 2009

Reflexión Viernes Santo, 10 de abril de 2009

¿Quién crucificó a Jesús?

“Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores…” —Lucas 23:33

Al mirar la pintura de Rembrandt Las Tres Cruces, lo primero que capta nuestra atención es la cruz donde murió Jesús. Luego, al mirar a la multitud congregada alrededor del pie de esa cruz, quedamos impresionados ante las diversas expresiones faciales y las acciones de las personas involucradas en el terrible crimen de crucificar al Hijo de Dios. Finalmente, nuestros ojos van hacia el extremo de la pintura para captar con la vista otra figura, casi escondida en las sombras. Algunos críticos dicen que es una representación de Rembrandt mismo, por cuanto reconocía que por causa de sus pecados él había ayudado a clavar a Jesús a la cruz.

Alguien ha dicho: «Es sencillo decir que Cristo murió por los pecados del mundo. Lo difícil es decir que Cristo murió por mis pecados… Es una idea espeluznante el que podamos ser tan indiferentes como Pilato, tan intrigantes como Caifás, tan crueles como los soldados, tan despiadados como la muchedumbre, o tan cobardes como los discípulos. No fue simplemente lo que ellos hicieron —fui yo quien le clavó al madero. Yo crucifiqué al Cristo de Dios. Me uní a la mofa».

Colócate en las sombras junto con Rembrandt. Tú también estás allí. Pero luego recuerda lo que Jesús dijo mientras colgaba de esa cruz, «Padre, perdónalos». Gracias a Dios, eso nos incluye a ti y a mí.

“La cruz de Cristo revela lo mejor del amor de Dios y lo peor del pecado del mundo.”

Lectura del día: Lucas 23:33-38

jueves, 9 de abril de 2009

Reflexión Jueves, 9 de abril de 2009

El honor de tu amistad

"Os he llamado amigos." —Juan 15:15

Durante la ceremonia de bodas de una pareja británica, el padrino se mantuvo inmóvil. Ni siquiera se movió después del intercambio de votos.

La figura quieta era la de un conductor de autos de carrera que estaba tratando de estar en dos lugares a la vez. Debido a compromisos contractuales, Andy Priaulx, tricampeón mundial de carreras de automóvil tuvo que romper su promesa de participar en la boda de su amigo. Así que envió una figura de cartón de tamaño natural de sí mismo, así como también un discurso grabado con anticipación. La novia dijo que se sintió conmovida por el esfuerzo de este amigo por honrar el matrimonio de la pareja.

El gesto de Priaulx ciertamente fue creativo y no debemos cuestionar a posteriori sus acciones. Pero Jesús nos dio otra norma por la cual medir la amistad.

Jesús les pidió a sus discípulos que le mostraran su amistad amándose unos a otros tal y como él les había amado. Después, elevó el nivel de exigencia. Previendo su muerte en la cruz, dijo: «Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13).

Esta profundidad de la amistad no trata simplemente acerca de hacer lo correcto. Trata acerca de sacrificio y emana de una relación con aquel que verdaderamente puso su vida por nosotros.

¿Les estamos mostrando a los demás que Jesús nos ha amado tal y como su Padre le ha amado a él? (v. 9)

"El amor es más que un sentimiento, es poner las necesidaded de la otra persona por encima de las propias."

Lectura del día: Juan 15:9-17

miércoles, 8 de abril de 2009

Reflexión Miércoles, 8 de abril de 2009

El otro Chivo

“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” —1 Juan 2:2

El chivo expiatorio, una novela de Daphne du Maurier, trata acerca de dos hombres que quedan sorprendidos ante su asombroso parecido físico. Pasan una noche juntos, pero uno de ellos huye, robándole la identidad al otro y dejándole en el torbellino de una vida llena de problemas. El segundo hombre se convierte en un chivo expiatorio.

El origen de esta palabra proviene de una ceremonia que se realizaba con dos machos cabríos en el Día de Expiación (hoy conocido como Yom Kippur). El sumo sacerdote sacrificaba un chivo y simbólicamente colocaba los pecados del pueblo en la cabeza del otro —el chivo expiatorio— antes de enviarlo al desierto, llevándose consigo la culpa del pecado (Levítico 16:7-10).

Pero cuando vino Jesús, él se convirtió en nuestro chivo expiatorio. Se ofreció a sí mismo «una vez para siempre» como sacrificio para pagar por los pecados «de todo el mundo» (1 Juan 2:2; Hebreos 7:27). Al primer chivo se le había sacrificado como una ofrenda por el pecado del pueblo de Dios y simbolizaba el sacrificio de Jesús en la cruz. El otro chivo era una representación del Jesús completamente inocente que aceptaba y quitaba nuestro pecado y nuestra culpa.

Ninguno de nosotros está libre de pecado, pero el Padre puso en Jesús «el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:6). Dios ve a los seguidores de su hijo como intachables, porque Jesús tomó toda la culpa que merecemos.

“Jesús toma nuestro pecado y nos da su salvación.”

Lectura del día: Levítico 16:5-22

martes, 7 de abril de 2009

Reflexión Martes, 7 de abril de 2009

¿Quién está en mi lista de invitados?

“Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado.” —Lucas 14:13-14

Me encanta ofrecer cenas festivas. Algunas veces le digo a mi esposa: «Tonia, hace bastante tiempo que no tenemos a nadie en casa para cenar. ¿A quién crees que debemos invitar?» Repasamos nuestra propuesta de lista de invitados y sugerimos amigos a los que nunca hemos invitado o que no han venido hace tiempo. Y parece que esta lista normalmente consta de personas que se parecen, actúan y viven como nosotros y que pueden corresponder a nuestra invitación. Pero, si le preguntamos a Jesús a quién debiéramos invitar a cenar, él nos dará una lista de invitados totalmente distinta.

Un día, un prominente fariseo invitó a Jesús a su casa, probablemente para compartir la mesa con él, pero posiblemente para observarle de cerca y poder atraparle. Mientras estuvo allí, Jesús sanó a un hombre y le enseñó a su anfitrión una importante lección: Al hacer nuestra lista de invitados para una cena, no debemos ser exclusivos —invitando sólo a amigos, parientes, vecinos ricos y aquellos que pueden devolverte la invitación. En vez de ello, debemos ser inclusivos, invitando a los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos. Aunque tales personas no podrían corresponderle al anfitrión, Jesús le aseguró a éste que recibiría bendición y que Dios le recompensaría (Lucas 14:12-14).

Así como Jesús ama a los menos afortunados, también nos invita a amarles abriendo nuestros corazones y hogares.

“Abrir nuestros corazones y hogares nos bendice tanto a nosotros como alos demás.”

Lectura del día: Lucas 14:7-14

lunes, 6 de abril de 2009

Reflexión Lunes, 6 de abril de 2009

Sin nada más que Dios

“No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” — 2 Crónicas 20:15

Un sabio maestro bíblico dijo una vez: «Tarde o temprano Dios colocará a personas autosuficientes en una posición donde no les quede otro recurso sino Él —sin fuerzas, sin respuestas, sin nada más que Él. Sin la ayuda de Dios se hunden».

Luego contó acerca de un hombre desesperado que le confesó a su pastor: «Mi vida está realmente yendo muy mal». «¿Cómo de mal?» inquirió el pastor. Enterrando la cabeza entre sus manos, gimió: «Le diré cómo de mal; Dios es todo lo que me queda». El rostro del pastor se iluminó. «¡Me alegra poder darte la seguridad y la tranquilidad de que una persona a la que no le queda nada más que Dios tiene más que suficiente para alcanzar la mayor victoria!»

En la lectura bíblica de hoy, el pueblo de Judá también estaba en problemas. Admitió su falta de poder y sabiduría para conquistar a sus enemigos. ¡Dios era todo lo que les quedaba! Pero el rey Josafat y el pueblo vieron esto como un motivo de esperanza y no de desesperación. «A ti volvemos nuestros ojos», Le declararon a Dios (2 Crónicas 20:12). Y su esperanza no quedó decepcionada cuando Él cumplió su promesa: «No es vuestra la guerra, sino de Dios» (v. 15).

¿Te encuentras en una posición donde toda la autosuficiencia ha desaparecido? Al volver tus ojos al Señor y poner tu esperanza en Él, tienes la tranquilizadora promesa de Dios de que no necesitas nada más.

“Cuando Dios es todo loque tienes, tienes todo lo que necesitas.”

Lectura del día: 2 Crónicas 20:3-17

domingo, 5 de abril de 2009

Reflexión Domingo de Ramos, 5 de abril de 2009

La medida de la misericordia

"Fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, …sino con la sangre preciosa de Cristo." — 1 Pedro 1:18-19

¿Cuál es la distancia desde el trono de esplendor de Dios hasta el abismo de la cruz del Calvario? ¿Cuál es la medida del amor del Salvador por nosotros? En la carta de Pablo a los filipenses, el apóstol describió el descenso de Jesús desde las alturas de la gloria hasta las profundidades de la vergüenza y la agonía y su ascenso de regreso (2:5-11).

Cristo es el Creador eterno y Señor de todo lo que existió, existe y existirá, y exaltado infinitamente sobre lo viciado y lo podrido del mundo. Él es la fuente de vida, con millares de ángeles que cantan sus alabanzas y hacen su voluntad. Y, sin embargo, motivado por su amor hacia nuestra raza humana perdida, «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (v. 8). Vino a nuestro penoso planeta, nació en un establo que era una cueva llena de hedores e inmundicia y le colocaron como un indefenso bebé en un pesebre.

Cuando se hizo hombre, soportó no tener un lugar para vivir (Mateo 8:20). Sediento, le pidió agua a una adúltera (Juan 4:7-9). Agotado, se quedó dormido en una barca en medio de un mar agitado por la tormenta (Marcos 4:37-38). Sin tener pecado alguno, las multitudes le adoraron un día (Mateo 21:9) y luego le condenaron como un criminal y murió en una cruz romana sufriendo de manera atroz.

¡Esa es la distancia desde el trono de Dios hasta el Calvario! ¡Esa es la medida de su misericordia y gracia!

"Dios irrumpió en la historia humana para ofrecernos el regalo eterno de la salvación."

Lectura del día: Filipenses 2:5-11

sábado, 4 de abril de 2009

Reflexión Sábado, 4 de abril de 2009

Humildad y grandeza

"El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor." — Mateo 20:26

Cuando tenía siete años, Richard Bernstein admiraba la habilidad atlética y la valentía de Jackie Robinson porque era el primer afro-americano que jugó en las ligas mayores de béisbol de la era moderna. Unos cuantos años después, mientras trabajaba en el campo de golf de una ciudad pequeña, Bernstein quedó atónito al encontrarse cargando la bolsa de su héroe, Jackie Robinson. Mientras la lluvia demoraba el partido, Robinson sostenía un paraguas sobre las cabezas de ambos y compartió su barra de chocolate con el joven cargador de palos de golf. Ya como escritor de un importante periódico, Bernstein citó ese humilde acto de amabilidad como una marca de grandeza que jamás olvidó.

La verdadera grandeza se muestra por medio de la humildad, no por el orgullo. Jesucristo demostró y enseñó esto de manera poderosa, al decirles a sus ambiciosos discípulos: «Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:26-28).

Cuando Dios mismo caminó sobre la tierra como un hombre, lavó pies, recibió niños y voluntariamente entregó su vida para librarnos de la tiranía egocéntrica del pecado. Su ejemplo hace que su mandato tenga validez.

"Podemos hacer grandes cosas para el Señor si estamos dispuestos a hacer pequeñas cosas para los demás."

Lectura del día: Mateo 20:20-28

viernes, 3 de abril de 2009

Reflexión Viernes, 3 de abril de 2009

El viaje a casa

"Porque esperaba la ciudad… cuyo arquitecto y constructor es Dios." — Hebreos 11:10

A Bill Bright, el fundador de Cruzada Estudiantil para Cristo, le diagnosticaron hace años fibrosis pulmonar, la cual es una enfermedad mortal. En su última época tenía que guardar cama. Bright usó este tiempo de callada reflexión para escribir un libro llamado The Journey Home (El viaje a casa).

En su libro, cita a Charles Haddon Spurgeon, quien dijo: «Vivamos aquí como extranjeros y hagamos del mundo no un hogar, sino una posada, en la que comemos y nos alojamos, esperando reanudar nuestro viaje mañana».

Impresionado por la perspectiva de Spurgeon en lo concerniente a su propio pronóstico mortal, Bright comentó: «Saber que el cielo es nuestro verdadero hogar nos hace más fácil pasar por los duros momentos aquí en la tierra. A menudo, he encontrado consuelo en el conocimiento de que los peligros de un viaje en la tierra no serán nada comparados con las glorias del cielo».

Abraham, el amigo de Dios, ilustra esta misma orientación hacia el otro mundo: «Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena… porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:9-10). Su estancia era la de un extranjero de viaje, quien por fe buscaba una ciudad eternal construida por Dios.

Ya sea que la muerte esté cerca o lejos, mostremos una fe que se centre en nuestro hogar eterno.

"Puede que andemos por un camino desierto, pero al final del viaje se encuentra el Huerto de Dios."

Lectura del día: Hebreos 11:1-10

jueves, 2 de abril de 2009

Reflexión Jueves, 2 de abril de 2009

Su parte; nuestra parte

"Ahora, pues, levántate y pasa este Jordán… no te dejaré, ni te desampararé." — Josué 1:2-5

Siempre que el Señor nos asigna una tarea difícil, nos da lo que necesitamos para llevarla a cabo. Juan Wesley escribió. «Entre las muchas dificultades al inicio de nuestro ministerio, mi hermano Carlos a menudo decía: ‘Si el Señor me diera alas, volaría’. Yo solía responder: ‘Si Dios me pide que vuele, yo confiaré en que Él me dará las alas’».

El pasaje de hoy nos dice que a Josué le entregaron un cargo de gran responsabilidad. Sin duda alguna, la magnitud del desafío que tenía por delante le hizo temblar de miedo. ¿Cómo podría alguna vez seguir a semejante líder como Moisés? Sería imposible que guiara al pueblo a la Tierra Prometida con sus propias fuerzas. Pero junto con las órdenes de marchar, el Señor le dio una promesa de seguridad y tranquilidad: «No te dejaré ni te desampararé» (Josué 1:5). Luego dijo: «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas» (v. 9). Tales palabras de tranquilidad fueron el respaldo que necesitaba Josué.


Si Dios te ha encomendado para que realices alguna tarea especial que te atemoriza, es tu responsabilidad entrar de lleno en ella. Dependerá del Señor que la culmines. Si haces tu parte fielmente, Él hará la Suya.

"¡Donde Dios guía, Dios provee!"

Lectura del día: Josué 1:1-9

miércoles, 1 de abril de 2009

Reflexión Miércoles, 1 de abril de 2009

La amistad por medio del servicio

"Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos." — 1 Ts. 2:7

Don Tack quería saber cómo era la vida de los que no tenían hogar. Así que ocultó su identidad y se fue a vivir a las calles de su ciudad. Descubrió que muchas organizaciones ofrecían alimento y refugio. Se enteró de que podía pasar la noche en uno de los albergues si, antes, escuchaba un sermón. Así lo hizo, agradeció el mensaje del orador invitado y quiso hablar con él después. Pero, cuando Don se acercó para estrecharle la mano y preguntarle si podía hablar con él, éste pasó por su lado como si no existiera.

Don supo que lo que más faltaba en el ministerio a los que no tenían hogar en su localidad era personas que estuvieran dispuestas a formar relaciones. Así que comenzó una organización llamada el Centro de los Siervos para ofrecer ayuda por medio de la amistad.

Lo que Don encontró en el albergue fue lo opuesto a lo que experimentaban las personas cuando escuchaban al apóstol Pablo. Cuando él compartía el Evangelio, se daba a sí mismo también. En su carta a los tesalonicenses dio testimonio de lo siguiente: «Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos» (1 Tesalonicenses 2:8). Dijo también: «Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza» (v. 7).

En nuestro servicio para el Señor, ¿compartimos no sólo nuestras palabras o dinero, sino también nuestro tiempo y nuestra amistad?

"Una medida de nuestra semejanza a Cristo es nuestra sensibilidad ante el sufrimiento de los demás."

Lectura del día: 1 Tesalonicenses 2:1-8