martes, 31 de marzo de 2009

¿Le importa a Dios?

“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte.” — Marcos 14:33-34

En un terrible año, tres de mis amigos murieron rápidamente uno tras otro. Mi experiencia con las dos primeras muertes no contribuyó para nada en prepararme para la tercera. Apenas si podía hacer otra cosa que no fuera llorar.

Encuentro extrañamente consolador el hecho de que Jesús respondió de una manera muy parecida a la mía cuando enfrentó el dolor. Me consuela saber que él lloró cuando su amigo Lázaro murió (Juan 11:32-36). Eso me da una revelación asombrosa de cómo debió haberse sentido Dios con respecto a mis amigos, a quienes él también amaba.

Y en el huerto la noche antes de su crucifixión, Jesús no oró: «Oh, Señor, estoy tan agradecido de que me hayas escogido para sufrir en tu nombre». No, Él experimentó dolor, temor, abandono, incluso desesperación. El libro de Hebreos nos dice que Jesús rogó «con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte» (5:7). Pero no fue salvado de la muerte.

Es demasiado decir que Jesús mismo hizo la pregunta que nos angustia: ¿Le importa a Dios? ¿Qué otra cosa pueden significar sus palabras en ese oscuro salmo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»? (Salmo 22:1; Marcos 15:34).

Jesús soportó su dolor porque sabía que su padre es un Dios de amor en quien se puede confiar sin importar cómo se presenten las circunstancias. Demostró con fe que la respuesta final a la pregunta ¿Le importa a Dios? es un rotundo ¡Sí!

“Cuando sabemos que la mano de Dios está en todo, podemos dejarlo todo en la mano de Dios.”

Lectura del día: Marcos 14:32-42

lunes, 30 de marzo de 2009

Reflexión Lunes, 30 de marzo de 2009

¿Inmundo? ¡Se limpio!

"Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio." —Marcos 1:41

Cuando leo Marcos 1:40-45 imagino la siguiente escena: Le vieron venir hacia ellos desde el otro lado del camino. Estaba agitando los brazos para advertirles que debían alejarse. Le reconocieron por el pañuelo que le cubría la nariz y la boca. Tenía las vestimentas rotas y la piel se le caía del cuerpo. Era un leproso, ¡un inmundo!

La multitud alrededor de Jesús se dispersó cuando el leproso se les abalanzó, poniéndose en medio de ellos. Todos tenían miedo de que les tocara porque entonces ellos mismos se harían inmundos. A los leprosos se les excluía de la vida religiosa de la comunidad, se les aislaba de la sociedad y se les obligaba a llevar luto por su propia muerte rasgando sus vestiduras.

Pero este leproso se echó a las pies de Jesús, clamando a Él en un acto de desesperación y fe para ser restaurado y volver a ser una persona íntegra: «Si quieres, puedes limpiarme» (v. 40). Teniendo misericordia de él, Jesús le tocó y le dijo: «Quiero, sé limpio» (v. 41). Jesús sanó al hombre de su lepra y le dijo que se mostrara al sacerdote del templo.

Jesús tiene el poder de limpiar, perdonar y restaurar a aquellos que han quedado atrapados sin esperanza e impotentes en su pecado y no pueden encontrar una salida. Confía en que Él te dirá: «Quiero, sé limpio».

"Jesús es un especialista en la restauración."

Lectura del día: Marcos 1:40-45

domingo, 29 de marzo de 2009

Reflexión Domingo, 29 de marzo de 2009

Decide

"Decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano." — Romanos 14:13

Una vez decoré un cuaderno con definiciones de las palabras idea, pensamiento, opinión, preferencia, fe y convicción para recordarme que no significan lo mismo. La tentación de elevar una opinión al nivel de una convicción puede ser fuerte, pero está mal hacerlo, tal y como lo aprendemos de Romanos 14.

En el primer siglo, las tradiciones religiosas basadas en la ley eran tan importantes para los líderes religiosos que éstos no lograron reconocer a aquel que personificaba la ley, Jesús. Estaban tan centrados en asuntos de menor cuantía que descuidaron los importantes (Mateo 23:23).

Las Escrituras dicen que necesitamos subyugar incluso nuestras creencias y convicciones a la ley del amor (Romanos 13:8,10); Gálatas 5:14; Santiago 2:8), por cuanto el amor cumple la ley y lleva a la paz y la edificación mutua.

Cuando las opciones y las preferencias se vuelven más importantes para nosotros que lo que Dios dice que es valioso para Él, significa que hemos hecho ídolos de nuestras propias creencias. La idolatría es una ofensa grave porque viola el primer y más importante mandamiento: «No tendrás dioses ajenos delante de mí» (Éxodo 20:3).

Decidamos no elevar nuestras propias opiniones por encima de las de Dios, no vaya a ser que se conviertan en una piedra de tropiezo e impidan que los demás conozcan el amor de Jesús.

"La mayor fuerza en la tierra no es la coacción de la ley sino la compasión del amor."

Lectura del día: Romanos 14:1-13

sábado, 28 de marzo de 2009

Reflexión Sábado, 28 de marzo de 2009

¿Has dejado propina?

“Por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico.” — 2 Corintios 8:9

La práctica de dejar propina es comúnmente aceptada en muchos países. Pero me pregunto: ¿Habrá influido este gesto de cortesía en nuestra actitud en cuanto a dar dinero a la iglesia?

Muchos cristianos consideran sus ofrendas financieras como apenas algo más que un gesto de buena voluntad hacia Dios por el servicio que Él nos ha prestado. Creen que, mientras hayan dado su diezmo a Dios, el resto es para que ellos hagan con ello como les plazca. ¡Pero la vida cristiana significa muchísimo más que el dinero!

La Biblia nos dice que a nuestro Creador le pertenecen «los millares de animales en los collados» (Salmo 50:10). «Mío es el mundo —dice Dios—, y su plenitud» (v. 12). Todo proviene de Él y todo lo que tenemos le pertenece a Él. Dios no sólo nos ha dado todos los bienes materiales que poseemos, sino que también nos ha dado a su Hijo, el Señor Jesucristo, quien nos provee nuestra propia salvación.

Pablo usó a los cristianos macedonios como una ilustración de cómo debe ser nuestro ofrendar a la luz de la increíble generosidad de Dios hacia nosotros. Los macedonios, quienes estaban en «profunda pobreza», dieron con «generosidad» (2 Corintios 8:2). Pero «se dieron primeramente al Señor» (v. 5).

Dios el Creador del universo no necesita nada de nosotros. No quiere una propina. ¡Nos quiere a nosotros!

“No importa cuanto des, no puedes superar a Dios.”

Lectura del día: 2 Corintios 8:1-9

viernes, 27 de marzo de 2009

Reflexión Viernes, 27 de marzo de 2009

¡Soy Inocente!

“Pero sed hacedores de la palabra.” — Santiago 1:22
Todos los estudiantes de un colegio en Florida —2,550 en total— estaban en problemas. Un sistema de mensajes notificó a cada uno de los padres que su hijo (o hijos) quedarían castigados ese fin de semana por mal comportamiento. Muchos niños alegaron su inocencia, pero algunos padres de todas maneras impusieron el castigo. Una madre, Amy, admitió que le gritó a su hijo y se aseguró que éste se presentara en el colegio el sábado para recibir su castigo.

Para alivio de 2,534 niños y vergüenza de algunos padres, se descubrió que el mensaje automático había sido enviado por error a todo el cuerpo estudiantil, ¡cuando en realidad sólo 16 estudiantes merecían el castigo! Amy se sintió tan mal por no haber escuchado y creído a su hijo que esa mañana le invitó a desayunar fuera.

Todos tenemos historias que contar acerca de circunstancias que nos han mostrado nuestra necesidad de escuchar antes de hablar. Somos naturalmente tentados a hacer juicios rápidos y a reaccionar con ira. El libro de Santiago nos da estas tres exhortaciones prácticas para tratar las situaciones estresantes de la vida: «Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Santiago 1:19).

En las tensiones de la vida, seamos hoy «hacedores de la palabra» (v. 22) y tomemos tiempo para escuchar y restringir nuestras palabras y nuestra ira.

“Escucha para entender, y luego habla con amor.”
Lectura del día: Santiago 1:19-24

jueves, 26 de marzo de 2009

Reflexión Jueves, 26 de marzo de 2009

martes, 24 de marzo de 2009

Reflexión Martes, 24 de marzo de 2009

Días corrientes

“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor.” —Lucas 2:9

En la revista God’s Revivalist (El que hace el avivamiento de Dios) la autora Anita Brechbill hizo la observación de que «la mayoría de las veces la Palabra del Señor llega al alma en medio de los deberes ordinarios de la vida». Ella cita los ejemplos de Zacarías cuando estaba realizando sus deberes como sacerdote y de los pastores cuando vigilaban sus rebaños. Trabajaban según su costumbre, sin la menor idea de que estaban a punto de recibir un mensaje de parte de Dios.

Lucas describe los días comunes y corrientes en que estos hombres recibieron su mensaje de parte de Dios: «Ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,… se le apareció un ángel del Señor» (1:8,11). Mientras los pastores «velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño… se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor» (2:8,9).

En su obra My Utmost for His Highest (En pos de lo supremo), Oswald Chambers dijo: «Rara es la vez en que Jesús llega donde lo esperamos; Él aparece donde menos lo esperamos y siempre en las situaciones más ilógicas. La única manera en que un obrero puede mantenerse fiel a Dios es estando listo para las visitas por sorpresa del Señor».

En este día común y corriente, puede que el Señor tenga una palabra de aliento, guía o instrucción para nosotros, si estamos escuchando y listos para obedecer.

“Dios les habla a aquellos que están en silencio delante de Él.”

Lectura del día: Lucas 2:8-20

sábado, 21 de marzo de 2009

Reflexión Sábado, 21 de marzo de 2009

La casa torcida

"Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete." —Apocalipsis 3:19

Cuando Roberto se mudó a su casa de cien años de antigüedad, los extraños sonidos que de ella emanaban eran desconcertantes. Un carpintero le dijo que la casa estaba torcida. Roberto admitió,: «Podía verlo en los pisos, los cielos rasos, la línea del tejado, las jambas e incluso los marcos de las ventanas. Si se dejaba caer una pelota en el piso, ésta se iría rodando hasta perderse». Diecisiete años después, la casa sigue en pie y Roberto ha llegado a habituarse a ella e incluso a quererla.

En Apocalipsis, Jesús se enfrentó a una iglesia que se había acostumbrado a su espiritualidad torcida e incluso había llegado a amar sus inconsistencias. Laodicea era una ciudad acaudalada; pero esa misma riqueza la había llevado a una falsa ilusión de autosuficiencia. Esto se había impregnado en la cultura de la iglesia y había producido un tipo de espiritualidad torcida que parecía decir «no necesitamos a Jesús». Por lo tanto, Jesús reprendió a estos creyentes, llamándoles «tibios… desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos» (3:16-17). Les reprendió porque les amaba y seguía queriendo una comunión cada vez más profunda con ellos. Así que les dio la oportunidad de arrepentirse (v. 19).

Si la autosuficiencia ha torcido tu comunión con Jesús, puedes enderezarla por medio del arrepentimiento y una renovación de la comunión íntima con Él.

"El arrepentimiento es la manera que Dios usa para enderezar lo torcido."
Lectura del día: Apocalipsis 3:14:20

viernes, 20 de marzo de 2009

Reflexión Viernes, 20 de marzo de 2009

Jamás se es demasiado viejo
"¿Hay para Dios alguna cosa difícil?" —Génesis 18:14
Las mujeres de la Casa Brown habían criado a sus familias y se habían jubilado de sus carreras. Ahora ya no podían vivir solas así que vinieron a la Casa Brown, como una especie de «última parada antes del cielo». Disfrutaban de la compañía mutua pero a menudo luchaban con sentimientos de inutilidad. Algunas veces incluso cuestionaban por qué Dios tardaba tanto en llevárselas al cielo.

Una de las mujeres, que había pasado años tocando el piano, a menudo tocaba himnos en el piano de la casa. Otras mujeres se le unían y juntas elevaban sus voces en alabanza a Dios.

Un día, un auditor gubernamental estaba llevando a cabo una inspección de rutina durante uno de los servicios religiosos espontáneos de estas mujeres. Cuando las escuchó cantar «¿Qué harás con Jesús?», el espíritu de Dios conmovió su corazón. Recordó la canción de su niñez y supo que había elegido dejar atrás a Jesús. Ese día, Dios le habló otra vez y le dio otra oportunidad para responder a la pregunta de manera diferente. Y lo hizo.

Al igual que las mujeres de la Casa Brown, Sara pensó que estaba demasiado vieja para ser usada por Dios (Génesis 18:11). Pero Dios le dio un hijo en su vejez, quien habría de ser el ancestro de Jesús (21:1-3; Mateo 1:2,17). Al igual que Sara y las mujeres de la Casa Brown, jamás somos demasiado viejos para ser usados por Dios.
"Dios te puede usar a cualquier edad... si estás dispuesto."
Lectura del día: Génesis 18: 1-15

Reflexión Jueves, 19 de marzo de 2009

Un corazón de preocupación
"...con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros." —Fil. 2:3-4
Jason Ray era un rayo de alegría en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Durante tres años representó al Carnero Ramsés (la mascota de la universidad), arrastrando la gigantesca cabeza de carnero de su disfraz a los eventos deportivos unos días, y a los hospitales infantiles otros. Luego, en marzo del 2007, mientras estaba con su equipo en un torneo de baloncesto, un automóvil atropelló a Jason. Su familia hizo vigilia y esperó en el hospital, pero el joven de 21 años sucumbió a sus heridas y murió.

Sin embargo, su historia no termina allí. Dos años antes, Jason había llenado unos formularios para donar sus órganos después de su muerte; y ese acto de preocupación salvó la vida de cuatro personas y ayudó a docenas más. Un joven en la flor de la vida, con todos los motivos para vivir, se preocupó por el bienestar de los demás y actuó en base a dicha preocupación. Las personas que recibieron la ayuda y sus familias están profundamente agradecidas a este joven, quien pensó en los demás.

El acto de Jason resuena en el meollo de las palabras de Pablo en Filipenses 2, cuando éste llamó a los creyentes a que vieran más allá de sí mismos y sus propios intereses y vieran los intereses de los demás. Un corazón que se vuelve hacia las otras personas ciertamente será un corazón sano.
"Ver las necesidades de los demás honra a Cristo."
Lectura del día: Filipenses 2:1-11

Reflexión Miércoles, 18 de marzo de 2009

¿Qué implica un nombre?
"Andad como es digno de la vocación con que fuisteis llamados." —Efesios 4:1
Mi apellido chino me separa de las demás personas con otros apellidos. También me confiere una responsabilidad familiar. Soy un miembro de la familia Hia. Como miembro de la familia, se espera que yo continúe con la línea Hia y conserve el honor de mis ancestros.

Los creyentes que han sido salvados por la sangre expiatoria de Jesucristo tienen un apellido espiritual. Se nos llama «cristianos».

En el Nuevo Testamento, fueron los discípulos de Antioquia quienes recibieron el nombre cristianos por parte de aquellos que observaron su comportamiento (Hechos 11:26). Dos cosas definían a estos primeros creyentes. Hablaban acerca de las buenas nuevas del Señor Jesús dondequiera que iban (v. 20); y aprendieron con entusiasmo las Escrituras cuando Bernabé y Saulo les enseñaron durante todo un año (v. 26).

El nombre cristiano significa un «seguidor de Cristo», literalmente, alguien que «se pega» a Cristo. Hoy en día, muchas personas se llaman a sí mismos cristianos. Pero, ¿debieran hacerlo?

Si te llamas a ti mismo cristiano, ¿le dice tu vida a los demás quién es Jesús? ¿Tienes sed de la Palabra de Dios? ¿Tus acciones dan honra o traen vergüenza al nombre de Cristo?

¿Qué implica un nombre? Cuando el nombre es cristiano, ¡ciertamente implica mucho!
"Un cristiano refleja a Jesucristo."
Lectura del día: Hechos 11:19-26

Reflexión Martes, 17 de marzo de 2009

Da un paso
"Amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días." —Deuteronomio 30:20
En un centro comercial en Coventry, Inglaterra, los investigadores colocaron coloridos anuncios a lo largo de las barandillas de una escalera que decían: «Subir las escaleras protege su corazón». A lo largo de un periodo de seis semanas, el número de personas que eligieron subir las escaleras tradicionales en vez de las escaleras mecánicas que había al lado se elevó a más del doble. Los investigadores dicen que cada paso cuenta, y que el comportamiento a largo plazo sólo cambiará si los anuncios se ven con regularidad.

La Biblia está llena de «anuncios» que nos instan a obedecer al Señor y seguirle incondicionalmente. Justo antes de que el pueblo de Dios entrara en la Tierra Prometida, Dios le dijo: «Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;… escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días» (Deuteronomio 30:15,19-20).

Muy a menudo esperamos que nuestras vidas cambien por medio de un gigantesco salto de fe, una profunda decisión, o algún acto significativo de servicio. En realidad, la única manera en que cambiamos es dando un paso cada vez; y cada paso cuenta.

Prestemos hoy atención a los anuncios y demos un paso de obediencia sincera hacia el Señor.

"Un pequeño paso de obediencia es un gigantesco paso hacia la bendición."
Lectura del día: Deuteronomio 30:15-20

lunes, 16 de marzo de 2009

Reflexión Lunes, 16 de marzo de 2009


El tiempo de Tomás

"Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!" —Juan 20:28
Un joven estaba luchando con su fe. Después de crecer en un hogar donde le amaron y le criaron de una manera piadosa, permitió que las malas decisiones y las circunstancias le alejaran del Señor. Aunque había afirmado conocer a Jesús cuando era un niño, ahora luchaba con la incredulidad.

Un día, mientras hablaba con él, le dije: «Sé que caminaste con el Señor por largo tiempo, pero justo ahora no estás tan seguro acerca de Jesús y la fe. ¿Puedo decirte que creo que te encuentras en el ‘tiempo de Tomás’ en tu vida?»

Él sabía que Tomás era uno de los doce apóstoles y que había confiado abiertamente en Cristo por varios años. Le recordé a este joven que, después de la muerte de Jesús, Tomás dudó de que Él realmente hubiese resucitado de la tumba. Pero ocho días después el Señor se le apareció a Tomás, le mostró Sus cicatrices y le dijo que dejara de dudar y creyera. Finalmente, listo para abandonar sus dudas, Tomás dijo: «¡Señor mío, y Dios mío!»

¿Será posible que te encuentres en el «tiempo de Tomás»; es un momento en el que te parece difícil sentirte cerca de Jesús, tal vez incluso dudando de Él? Jesús está esperándote. Extiende tu brazo y toma Su mano marcada por los clavos.

"Un hijo de Dios siempre es bienvenido a casa."
Lectura del día: Juan 20:24-28

domingo, 15 de marzo de 2009

Reflexión Domingo, 15 de marzo de 2009


Alzando las manos al cielo

"El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles." —Romanos 8:26

Veo a niños que alzan sus manos hacia sus madres, ansiosos por captar su atención. Me recuerda mis propios esfuerzos por llegar a Dios en oración.

La iglesia primitiva declaró que la obra de los ancianos es amar y orar. De estos dos, me parece que amar es lo más difícil y orar es lo más confuso. Mi debilidad radica en no saber exactamente por qué debo orar. ¿Debo orar para que los demás sean librados de sus tribulaciones —o para que dichas tribulaciones desaparezcan? ¿O debo orar pidiendo valentía para continuar en medio de las dificultades que les acosan?

Encuentro consuelo en las palabras de Pablo: «Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad» (Romanos 8:26). Aquí el apóstol usa un verbo que significa «ayudar uniéndose en una actividad o esfuerzo». El Espíritu de Dios se une al nuestro cuando oramos. Él intercede por nosotros «con gemidos indecibles». Él se conmueve con nuestras tribulaciones; a menudo suspira mientras ora. Se preocupa profundamente por nosotros —más de lo que nos preocupamos por nosotros mismos. Más aún, ora «conforme a la voluntad de Dios» (v. 27). Sabe cuáles son las palabras correctas que hay que decir.

Por lo tanto, no tengo que preocuparme por formular mi petición a la perfección. Sólo tengo que tener sed de Dios y alzar mis manos, sabiendo que a Él Le importa.

"Al orar, es mejor tener un corazón sin palabras, que palabras sin corazón."
Lectura del día: Romanos 8:18-27

viernes, 13 de marzo de 2009

Reflexión Viernes 13 de marzo de 2009

Ser o no ser

"Fuimos abrumados sobremanera…, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida." —2 Corintios 1:8

Cuando yo era pequeño, los niños en el parque citaban en broma la famosa frase de Shakespeare: «Ser o no ser; esa es la cuestión». Pero en realidad no entendíamos lo que significaba. Más tarde supe que el personaje de Shakespeare, Hamlet, quien dice estas líneas, es un príncipe melancólico que se entera de que su tío ha asesinado a su padre y se ha casado con su madre. El horror de esta realidad es tan perturbador que él piensa en el suicidio. Su duda era: «ser» (continuar viviendo) o «no ser» (quitarse la vida).

A veces, el sufrimiento de la vida puede llegar a ser tan abrumador que somos tentados a caer en la desesperación. El apóstol Pablo le dijo a la iglesia en Corinto que la persecución que él había padecido en Asia había sido tan intensa, que «aun perdí la esperanza de conservar la vida» (2 Corintios 1:8). Pero al trasladar su enfoque hacia su Dios, el sustentador de su vida, Pablo adquirió una capacidad de recuperación en vez de abrumarse, y llegó a la conclusión de que «no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios» (v. 9).

Las pruebas pueden hacer parecer que la vida no val la pena. Centrarnos en nosotros mismos puede llevarnos a la desesperación. Pero poner nuestra confianza en Dios nos da una perspectiva completamente diferente. Mientras vivamos en este mundo, podemos tener la certeza de que nuestro Dios Todo-suficiente puede sostenernos. Y como Sus seguidores, siempre tendremos un propósito divino para «ser».

"Las pruebas nos hacen pensar; pensar nos hace sabios; la sabiduría hace que la vida sea provechosa."

Lectura del día: 2 Corintios 1:3-11

jueves, 12 de marzo de 2009

Reflexión Jueves, 12 de marzo de 2009


Incompleta

"El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el díada Jesucristo." —Filipenses 1:6

Cuando yo era una niñita, mis padres compraron su primera casa. Una tarde, toda la familia nos metimos de repente en el automóvil y fuimos a ver dónde estaríamos viviendo pronto.

N
o lo podía creer. La casa no tenía ventanas ni puertas y tenía un olor extraño. Se podía ver el sótano claramente a través de grandes brechas en el suelo y tuvimos que encaramarnos a una escalera para bajar allí.

Esa noche, cuando le pregunté a mi madre por qué ella y papá querían vivir en una casa como ésa, ella me explicó que el constructor todavía no la había terminado. «Sólo espera y verás —dijo—.Creo que te va a gustar cuando quede lista».

Pronto comenzamos a ver cambios. A la casa le pusieron ventanas, luego puertas. El «olor raro» de la madera nueva se fue. Pintaron las paredes. Mamá puso cortinas en las ventanas y cuadros en las paredes. La casa incompleta se había transformado. Había llevado algo de tiempo pero finalmente había quedado terminada.

Como cristianos, nosotros también necesitamos un «acabado». Aunque los cimientos se echan en el momento de nuestra conversión, el proceso de crecimiento continúa a lo largo de nuestra vida. Al seguir obedientemente a Jesús, «el autor y consumador de nuestra fe» (Hebreos 12:2), un día, nosotros también quedaremos completos.

"Ten paciencia, por favor, ¡Dios todavía no ha terminado conmigo!

Lectura del día: Filipenses 1:3-11

miércoles, 11 de marzo de 2009

Reflexión Miércoles, 11 de marzo de 2009


Máquinas voladoras

"Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas." —Salmo 6:6

El artista discográfico James Taylor se disparó en la escena musical a comienzos de los años 70 con la canción «Fire and Rain» («Fuego y lluvia»). En ella, hablaba acerca de las decepciones de la vida, describiéndolas como «dulces sueños y máquinas voladoras hechos pedazos en el suelo«. Ésa era una referencia al grupo musical original de Taylor «Flying Machine» («Máquina voladora»), cuyos intentos por introducirse en la industria discográfica habían fracasado rotundamente, haciéndole preguntarse si sus sueños de una carrera musical se cristalizarían alguna vez. La realidad de las expectativas que se rompen era claramente perceptible, dejando a Taylor con un sentimiento de pérdida y desesperanza.

El salmista David también experimentó esa frustración sin esperanza, mientras luchaba con sus propios fracasos, los ataques de los demás y las decepciones de la vida. En el Salmo 6:6 dijo: «Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas». La profundidad de su dolor y pérdida le llevó al sufrimiento; pero en ese pesar se volvió al Dios de todo consuelo. Las mismas «máquinas voladoras» estrelladas y rotas dieron pie a la seguridad del cuidado de Dios, empujándole a decir: «Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración» (v. 9).

En nuestras épocas de decepción, también podemos encontrar consuelo en Dios, quien se ocupa de nuestros corazones destrozados.

"El susurro consolador de Dios aquieta el ruido de nuestras pruebas"

Lectura del día: Salmo 6

martes, 10 de marzo de 2009

Reflexión Martes, 10 de marzo de 2009


Para las aves

"No codiciarás… cosa alguna de tu prójimo." —Éxodo 20:17

El comedero para aves atado a la ventana de mi oficina está justo fuera del alcance de las ardillas. Pero una ardilla se ha planteado como misión especial obtener las semillas que son para los pájaros. Al ver a sus diminutos vecinos mordisquear ruidosamente la abundante provisión, la ardilla está obsesionada con disfrutar del mismo placer. Ha tratado de llegar al comedero desde todos los lados, pero sin éxito. Se abrió paso trepando por el marco de madera de la ventana hasta llegar a tan sólo unos cuantos centímetros del comedero, pero cayó por el vidrio resbaladizo. Trepó por las delgadas ramas del arbusto forsitia, y llegó tan al borde que cayó al suelo.

Los incansables intentos de la ardilla por obtener lo que no ha sido preparada para ella nos traen a la memoria a un hombre y una mujer que tomaron alimento que no había sido provisto para ellos. Ellos también sufrieron una caída; una caída tan severa que causó un profundo dolor a toda la raza humana. Debido a su desobediencia y a que tomaron un alimento que Dios les había dicho que no comieran, el Señor les puso donde ya no pudieran alcanzarlo. Como resultado de dicha desobediencia, ellos y sus descendientes ahora debemos trabajar duro para obtener lo que originalmente Dios había dado como un regalo: el alimento (ver Génesis 2–3).

Que nuestro deseo por tener lo que Dios ha mantenido fuera de nuestro alcance no nos impida disfrutar lo que sí nos ha dado (Hebreos 13:5).

"Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento."

Lectura del día: Hebreos 13:5-16

lunes, 9 de marzo de 2009

Reflexión Lunes, 9 de marzo de 2009


¡No puedes decir eso!

"Señor, ¿qué quieres que yo haga?" -- Hechos 9:6

Según un sitio en la red para formación de carreras profesionales, hay ciertas palabras que se deben evitar en el trabajo. Cuando alguien de autoridad te pide que hagas un proyecto, no debes responder, «claro, no hay problema», si no estás hablando en serio y no vas a llevarlo a cabo hasta el final. De otra manera, te ganarás la fama de ser alguien que no cumple su palabra. Y no digas, «no me corresponde hacer eso», porque puede que en el futuro necesites la ayuda de esa persona.

Y si tu jefe viene a ti con un problema, el sitio en la red antes mencionado sugiere que lo mejor es no culpar a otra persona ni decir, «¡no es mi culpa!».

Esa es la excusa que Adán y Eva Le dieron a Dios. Se les dijo que no comieran del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:16-17). Cuando desobedecieron y Dios les confrontó, Adán le echó la culpa a Dios y a Eva, y Eva le echó la culpa a la serpiente (3:9-19). Básicamente, lo que dijeron fue: «¡No es mi culpa!»

Tal vez deberíamos evitar ponerle a Dios algunas excusas en lo que respecta a lo que Él nos ha dicho que hagamos o no hagamos. Por ejemplo, en 1 Corintios 13 nos da instrucciones específicas para un comportamiento a semejanza de Cristo, pero puede que nos veamos tentados a decir, «simplemente eso no me convence en absoluto», o «ese no es realmente mi don».

¿Qué está pidiendo el Señor de ti hoy? ¿Cómo responderás? ¿Qué te parece decirle «¡sí, Señor!»?

"El motivo más elevado para obedecer a Dios es el deseo de agradarle."

Lectura del día: Génesis 3:9-19

domingo, 8 de marzo de 2009

Reflexión Domingo, 8 de marzo de 2009


Porque vendrá tiempo

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina." -- 2 Timoteo 4:3

Un artículo de una revista muy popular en los Estados Unidos describe cómo algunos padres hoy quieren que sus hijos se adapten a un mundo en el que predomina el sincretismo. Una pareja le pidió a Ema Drouillard, quien realiza servicios religiosos, que oficiara un servicio para la hijita de ellos, Greer. La madre dijo: «Simplemente queríamos que un espíritu mayor guiará a nuestra hija, pero no queríamos ser específicos. No queríamos que se nos escapara nadie». La pareja dijo: «Simplemente hacemos que el cristianismo sea algo light para Greer, quien ‘cree en ángeles y hadas, duendes y Papá Noel’». Esto ilustra el poco valor que se le da a la verdad bíblica y esto es lo que hoy prevalece tanto en nuestra cultura.

El apóstol Pablo le advirtió a Timoteo que vendría una época cuando las personas preferirían alimento espiritual «light» y que no tolerarían la enseñanza más intensa (2 Timoteo 4:3-4). Predijo que la falsa enseñanza se incrementaría y que muchos la adoptarían porque satisface las necesidades de su carne. Quieren ser aceptados y desean una enseñanza que les haga sentirse bien consigo mismos. Pablo dio instrucciones a Timoteo de combatir esto enseñando doctrinas según la Palabra de Dios. El propósito de esta instrucción era redarguir, reprender y exhortar a los demás (v. 2).

Como creyentes, estamos llamados a enseñar y obedecer la Palabra de Dios, no a satisfacer los deseos de nuestra cultura
.

"Sostente en la Palabra de Dios y no caerás en el error."

Lectura del día: 2 Timoteo 4:1-8

viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexión Viernes, 6 de marzo de 2009


No te olvidamos

"Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún." -- Hebreos 6:10

Cuando el hombre más anciano de Gran Bretaña cumplió 111 años, aviones antiguos volaron por el cielo y la banda de los Infantes de la Marina Real tocó «Feliz Cumpleaños». Según el diario británico Daily Mirror, Henry Allingham quedó asombrado por toda la atención. Hasta hacía seis años, él había mantenido en secreto durante 86 años los horrorosos recuerdos de lo que había sucedido en las trincheras de la I Guerra Mundial. Este anciano, que había sido blanco de proyectiles, bombas y que al final había sido herido, no recibió honor alguno por lo que había soportado a favor de su país sino hasta que la Asociación de Veteranos de la I Guerra Mundial le encontró.

La historia de la Biblia nos ofrece historias parecidas a la de Henry. Las Escrituras muestran que aquellos que libran las batallas de Dios a menudo terminan heridos, encarcelados e incluso asesinados como resultado de su servicio.

Los cínicos podrían observar esas vidas y con un suspiro llegar a la conclusión de que no hay buena acción que no reciba castigo. Pero el autor de Hebreos ve un panorama más amplio. Él nos recuerda que un día Dios honrará absolutamente todo lo que hayamos hecho con fe y amor (6:10).

¿
Te sientes desalentado hoy? ¿Te sientes insignificante? ¿Te sientes olvidado después de tratar de servir a Dios? ¿Ten la seguridad y la tranquilidad de que Dios no olvidará nada de lo que has hecho en tu servicio a Él o a los demás.

"Dios recuerda el bien que olvidamos."

Lectura del día: Hebreos 11:24-40

jueves, 5 de marzo de 2009

Reflexión Jueves, 5 de marzo de 2009


Ídolos en el corazón

"Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus idolos en su corazón." -- Ezequiel 14:3

Cuando mi esposo y yo salimos por primera vez como misioneros, recuerdo haber estado preocupada por el crecimiento del materialismo en nuestra sociedad. Nunca se me cruzó por la mente que yo misma pudiera ser materialista. Después de todo, ¿no habíamos acaso salido al extranjero con casi nada? ¿No estábamos eligiendo vivir en un apartamento con muebles muy viejos y en decadencia? Pensaba que el materialismo no podía tocarnos.
 
Sin embargo, sentimientos de descontento gradualmente comenzaron a echar raíces en mi corazón. Al poco tiempo sentía el hambre y el anhelo de tener cosas bonitas y estaba disconforme por no tenerlas.
 
Luego, un día, el Espíritu de Dios abrió mis ojos con una verdad profunda y perturbadora: el materialismo no es necesariamente tener cosas, también puede ser anhelarlas. Allí estaba yo —¡culpable de materialismo! Dios había expuesto mi descontento por lo que era ¡un ídolo en mi corazón! Ese día, cuando me arrepentí de este sutil pecado, Dios volvió a capturar mi corazón y establecerse allí como Su trono de justicia. No hace falta decir que a esto le siguió una profunda satisfacción, basada no en cosas materiales sino en Él.
 
En el tiempo de Ezequiel, Dios lidió concienzudamente con este tipo de idolatría secreta. Su trono en la tierra siempre ha estado en los corazones de Su pueblo. Esa es la razón por la que debemos eliminar de nuestro corazón cualquier cosa que destruya nuestra satisfacción en Él.

"Un ídolo es cualquier cosa que ocupa el lugar de Dios."

Lectura del día: Ezequiel 14:1-8

miércoles, 4 de marzo de 2009

Reflexión Miércoles, 4 de marzo de 2009


Un océano de tinta

"Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento." -- Efesios 3:19

Las palabras del himno «El amor de Dios» captan en cuadros verbales la imponente magnitud del amor divino:

Podríamos con tinta el océano llenar

y fueran los cielos

de pergamino hechos,

fuera una pluma cada tallo en la tierra

y fuera todo hombre de oficio escriba,

para escribir el amor de Dios en lo alto.

El océano seco quedaría,

ni el rollo podría

contenerlo todo

aunque de cielo a cielo

extenderse pudiera.

Esta maravillosa letra hace eco a la respuesta de Pablo al amor de Dios. El apóstol oraba para que los creyentes pudieran «comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento» (Efesios 3:18-19). Al reflexionar en estos versículos acerca del amor de Dios, algunos eruditos bíblicos creen que «anchura» se refiere a su alcance mundial (Juan 3:16), «longitud», a su existencia por todos los siglos (Efesios 3:21); «profundidad», a su profunda sabiduría (Romanos 11:33); y «altura», a su victoria sobre el pecado abriendo el camino al cielo (Efesios 4:8).

Se nos amonesta a apreciar este asombroso amor. Pero al ampliar nuestra conciencia del amor de Dios, pronto nos damos cuenta de que su medida plena se encuentra más allá de nuestro entendimiento. Aun si el océano fuera llenado de tinta, usarla para escribir acerca del amor de Dios lo secaría.


"El amor de Dios no puede explicarse; sólo puede experimentarse."


Lectura del día: Efesios 3:18-19


lunes, 2 de marzo de 2009

Reflexión Lunes, 2 de marzo de 2009


Encontrando nuestro llamado


Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.” – Efesios 4:1


Una continua lucha que tenemos cuando intentamos seguir a Cristo es tratar de encontrar nuestro llamado en la vida. Si bien a menudo pensamos en términos de ocupación y ubicación, tal vez un asunto más importante sea el del carácter —el ser que provee la sólida base para el hacer: «Señor, quién quieres que yo sea?»

En Efesios 4, Pablo escribió: «Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados» (v. 1). Añadió a esto tres condiciones de «ser»: con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia «los unos a los otros en amor» (v. 2). Pablo escribió esto desde la cárcel, un lugar difícil donde siguió viviendo su llamado de parte de Dios.

Oswald Chambers dijo: «La consagración no es dedicarse al llamado en una vida para Dios, sino la separación de todos los demás llamados y dedicarnos nosotros mismos a Dios, dejando que Su providencia nos coloque donde Él quiera —en el trabajo, la ley, o la ciencia; en el taller, la política o las labores monótonas. Hemos de estar allí trabajando según las leyes y los principios del Reino de Dios».

Cuando somos personas correctas delante de Dios, podemos hacer cualquier tarea que Él nos mande, dondequiera que nos ponga. Al hacerlo, descubrimos y manifestamos públicamente el llamado que hemos recibido de Él.


“Lo más importante no es lo que haces, sino lo que eres.”