sábado, 11 de abril de 2009

Reflexión Sábado, 11 de abril de 2009

El día sin nombre

“Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” Romanos 8:25

En Louisiana se encuentra la tumba de una mujer sepultada en un huerto de robles de 150 años en el cementerio de una iglesia Episcopal. Sólo una palabra ha sido grabada en su lápida: «Esperando».

Un amigo mío conoce a un pastor anciano que dio un conmovedor sermón de Viernes Santo titulado «Es viernes, pero ya llega el domingo». Con una cadencia cuyo ritmo y volumen van en aumento, el sermón de este ministro contrasta la manera en que se veía el mundo el viernes —cuando las fuerzas del mal parecían haber triunfado— con la manera en que se veía el domingo. Los discípulos que pasaron por ambos días jamás volvieron a dudar de Dios. Aprendieron que, cuando Dios parece estar más ausente que nunca, puede que esté más cerca que nunca.

Sin embargo, el sermón se salta un día —el sábado— el día sin nombre. Lo que los discípulos vivieron a pequeña escala ahora lo vivimos a una escala cósmica. Es sábado en nuestro planeta tierra; ¿llegará el domingo alguna vez?

A ese oscuro viernes «golgotano» sólo puede llamársele Viernes Santo por lo que sucedió el domingo. La Pascua de Resurrección abrió una grieta en un universo que cae en espiral hacia la desintegración; y un día, Dios ampliará el milagro de la Pascua a una escala cósmica.

Mientras tanto, aguardamos con una expectativa llena de esperanza, viviendo nuestros días de sábado, el día de en medio sin nombre. Es sábado. Pero ya llega el domingo.

“Dios tomó la peor de las acciones de la historia y la convirtió en la mayor de la victoria.”

Lectura del día: Romanos 8:18-25