¿Quién está en mi lista de invitados?
“Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado.” —Lucas 14:13-14
Me encanta ofrecer cenas festivas. Algunas veces le digo a mi esposa: «Tonia, hace bastante tiempo que no tenemos a nadie en casa para cenar. ¿A quién crees que debemos invitar?» Repasamos nuestra propuesta de lista de invitados y sugerimos amigos a los que nunca hemos invitado o que no han venido hace tiempo. Y parece que esta lista normalmente consta de personas que se parecen, actúan y viven como nosotros y que pueden corresponder a nuestra invitación. Pero, si le preguntamos a Jesús a quién debiéramos invitar a cenar, él nos dará una lista de invitados totalmente distinta.
Un día, un prominente fariseo invitó a Jesús a su casa, probablemente para compartir la mesa con él, pero posiblemente para observarle de cerca y poder atraparle. Mientras estuvo allí, Jesús sanó a un hombre y le enseñó a su anfitrión una importante lección: Al hacer nuestra lista de invitados para una cena, no debemos ser exclusivos —invitando sólo a amigos, parientes, vecinos ricos y aquellos que pueden devolverte la invitación. En vez de ello, debemos ser inclusivos, invitando a los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos. Aunque tales personas no podrían corresponderle al anfitrión, Jesús le aseguró a éste que recibiría bendición y que Dios le recompensaría (Lucas 14:12-14).
Así como Jesús ama a los menos afortunados, también nos invita a amarles abriendo nuestros corazones y hogares.
Un día, un prominente fariseo invitó a Jesús a su casa, probablemente para compartir la mesa con él, pero posiblemente para observarle de cerca y poder atraparle. Mientras estuvo allí, Jesús sanó a un hombre y le enseñó a su anfitrión una importante lección: Al hacer nuestra lista de invitados para una cena, no debemos ser exclusivos —invitando sólo a amigos, parientes, vecinos ricos y aquellos que pueden devolverte la invitación. En vez de ello, debemos ser inclusivos, invitando a los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos. Aunque tales personas no podrían corresponderle al anfitrión, Jesús le aseguró a éste que recibiría bendición y que Dios le recompensaría (Lucas 14:12-14).
Así como Jesús ama a los menos afortunados, también nos invita a amarles abriendo nuestros corazones y hogares.
“Abrir nuestros corazones y hogares nos bendice tanto a nosotros como alos demás.”
Lectura del día: Lucas 14:7-14