martes, 30 de septiembre de 2008

Reflexión Martes, 30 de septiembre de 2008


Para que sepas
"Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna." -- 1 Juan 5:13
Un día, mientras Wim estaba en el mercado en Holanda, entabló conversación con una mujer que hizo la observación de que se puede llegar al cielo haciendo buenas obras.

El intento de Wim por explicar que es por la gracia de Dios que somos «salvos por medio de la fe» (Efesios 2:8) provocó una sonrisa en la mujer mientras ésta repetía con confianza: «y . . . haciendo buenas obras». Luego otra mujer se ofreció a comentar: «Usted puede tener la esperanza de que irá al cielo, pero no puede estar seguro». La afirmación de Wim de que lo sabía con certeza recibió un «nadie lo sabe con certeza» entre dientes.

Wim le mostró luego a la mujer lo que 1 Juan 5:11-13 dice. Le explicó: Vea, aquí no dice para que esperéis, sino para que sepáis. No convencida, ella respondió: «Al igual que usted, mi pastor dice que tenemos que tener fe, pero en realidad nunca sabemos si hemos sido lo suficientemente buenos. Puede que usted piense que lo ha sido, pero, ¿quién puede estar seguro de ello?»

Para algunos, puede que la confianza de Wim parezca increíble. Pero él basó sus palabras en esta declaración: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras» (Efesios 2:8-9).

Es verdad. No podemos ser lo suficientemente buenos. Nunca podemos hacer suficientes cosas buenas. Pero podemos estar seguros del cielo si simplemente creemos en el Señor (Hechos 16:31).

"Somos salvos por la misericordia de Dios, no por nuestro propio mérito; por medio de la muerte de Cristo, no por nuestras acciones."
Lectura del día: 1 Juan 5:6-13

lunes, 29 de septiembre de 2008

Reflexión Lunes, 29 de septiembre de 2008


Pregúntame ahora
"Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría , pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada." -- Santiago 1:5
Ya sea que necesites un pronóstico del tiempo para Singapur o direcciones para conducir a algún restaurante en Chicago, puede que la respuesta esté tan sólo a una llamada de teléfono móvil de distancia. Un servicio de teléfonos móviles con sede en California, llamado AskMeNow (PregúntaMeAhora) utiliza fuentes de contenido en Internet para enviar respuestas de mensaje de texto a dudas de los usuarios registrados simplemente sobre cualquier tema. En muchos casos, una respuesta de mensaje de texto puede recibirse en cuestión de minutos después de haber enviado una pregunta.

En un sentido, la invitación a preguntar cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier lugar, refleja el llamado de Dios a todos los que siguen a Jesús: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche» (Santiago 1:5). Pero esto es más que un servicio de información de teléfono móvil. Es la promesa de nuestro Padre celestial de proveer la guía que necesitamos, especialmente durante los tiempos de prueba.

Todo lo que necesitamos es un sincero deseo de seguir la dirección de Dios y la fe de que Su camino es el mejor. Debido a que el Señor «da a todos en abundancia sin echárselo en cara» podemos pedir con fe y sin dudar (vv. 5-6, la Biblia en Lenguaje sencillo).

Internet es un gran lugar para encontrar información útil, pero sólo hay una fuente de sabiduría divina para dirigir nuestros pasos cada día. El Padre nos invita a hacer nuestras solicitudes sinceras en cualquier momento, en cualquier lugar.

"Sé inteligente -pide la sabiduría de Dios."
Lectura del día: Santiago 1:1-8

domingo, 28 de septiembre de 2008

Reflexión Domingo, 28 de septiembre de 2008


Presentándome

"Porque ha inclinado a mí su oído; por tanto le invocaré en todos mis día." -- Salmos 116:2
Leonardo da Vinci pasó diez años dibujando orejas, codos, manos y otras partes del cuerpo en muchos aspectos diferentes. Luego, un día puso a un lado los ejercicios y pintó lo que veía. De manera similar, los atletas y los músicos jamás llegan a ser grandes sin la práctica periódica.

Durante años me resistí a una rutina periódica de oración, pues creía que la comunicación con Dios debía ser espontánea y libre. Pero descubrí que necesitaba la disciplina de lo periódico para hacer posibles esos momentos excepcionales de comunicación libre con Dios. Finalmente aprendí que la espontaneidad a menudo fluye de la disciplina.

La autora Nancy Mairs dice que ella asiste a la iglesia con el mismo espíritu con que va a su escritorio cada mañana para escribir, para que, si llega una idea ella esté allí para recibirla. Yo me acerco a la oración del mismo modo. Continúo orando si siento que estoy obteniendo algún provecho o si no lo siento; me presento con la esperanza de llegar a conocer mejor a Dios, tal vez al saber de Él de maneras que sólo son accesibles por medio de la soledad.

La palabra en castellano «meditar» se deriva de una palabra en latín que significa «ensayar». A menudo, mis oraciones parecen una especie de ensayo. Repaso notas básicas (el Padrenuestro), practico piezas familiares (los Salmos) y trato unas cuantas nuevas tonadas. Principalmente, me presento.

"La oración es una conversación íntima con nuestro Dios."
Lectura del día: Salmos116

sábado, 27 de septiembre de 2008

Reflexión Sábado, 27 de septiembre de 2008


Últimas palabras famosas
"En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta." -- 2 Timoteo 4:6
Tan sólo unos días antes de su muerte, Gandhi escribió: «Todo a mi alrededor es oscuridad; estoy orando por luz». En contraste, las últimas palabras que se registran de D. L. Moody son: «¡Este es mi triunfo; este es mi día de coronación! ¡Es glorioso!» En ambos casos, estas últimas palabras fueron expresiones significativas por parte de quienes las pronunciaron, de sus perspectivas en cuanto a la vida, la muerte y todo lo que había entre ellas.

Aparte de algunos saludos personales, las últimas palabras registradas de Pablo no sólo trataron acerca de lo que él había hecho en su vida y su ministerio, sino más bien acerca de cómo veía a las personas. Lo que lo hace aún más significativo es que algunas de estas palabras eran acerca de personas que le habían decepcionado.

Con respecto a una persona que le había hecho daño al oponerse a su ministerio, Pablo confió en que el Señor trataría con ella. Y al considerar a aquellos que le habían abandonado cuando fue encarcelado, les pidió a los demás que les trataran con gracia: «En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta» (2 Timoteo 4:16). Sus últimas palabras fueron de compasión y amabilidad en vez de dureza y represalia.

¿Mostrarán nuestras últimas palabras la gracia de Cristo o la amargura de un corazón herido? Nuestra respuesta debe hacer impacto en las palabras que usamos hoy.

"¿Qué palabras serán tu legado?"
Lectura del día: 2 Timoteo 4:9-18

viernes, 26 de septiembre de 2008

Reflexión Viernes, 26 de septiembre de 2008


Las cosas de arriba
"Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios." -- Colosenses 3:1
Salir y mirar hacia el cielo en una noche tachonada de estrellas siempre ayuda a calmar mi alma después de un día lleno de problemas. Cuando echo un vistazo al cielo nocturno, olvido, al menos por un momento, las preocupaciones de la vida en la tierra.

El prolífico compositor del antiguo Israel escribió un poema hace miles de años que todavía suena actual: «Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, la luna y las estrellas que Tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?» (Salmo 8:3-4).

Cuando tratamos de imaginar la inmensidad de los cielos de Dios, ciertamente nuestros problemas parecen triviales. ¡Pero Dios no lo cree así! Aun cuando tiene que ocuparse de todas las galaxias, Dios nos tiene presentes. Y no sólo estamos en Su mente, Él cuida de nosotros.

No es de sorprender que el apóstol Pablo aconsejara a los nuevos creyentes que pusieran sus mentes en las cosas de arriba (Colosenses 3:2). Al hacerlo, elevamos nuestros pensamientos por encima del nivel de las disputas terrenales y, en vez de ello, nos centramos en nuestro amoroso Padre celestial, quien quiere que Le conozcamos, que sepamos cómo vivir pacíficamente unos con otros, y que sepamos que podemos vivir eternamente con Él en un lugar aún más bello que los cielos.

«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos» (Salmo 19:1). Unamos la creación en alabanza a Él.

"Debido a que Dios nos lo da todo, Le debemos toda nuestra alabanza."
Lectura del día: Colosenses 3:1-13

jueves, 25 de septiembre de 2008

Reflexión Jueves, 25 de septiembre de 2005


El poder de la paciencia
"Mas el fruto del Espíritu es... paciencia." -- Gálatas 5:22
Todos hemos escuchado la oración: «Señor, hazme más paciente . . . ¡ahora!»

¿Por qué la paciencia se evapora cuando llegamos tarde para un compromiso muy importante y quedamos atrapados en un embotellamiento del tráfico? O corremos a la fila del cajero de «10 productos o menos» en el supermercado, ¡sólo para encontrar que alguien delante de nosotros está comprando 16 productos!

Vernos obligados a esperar desata la tensión y hace que nuestra mecha se encienda. Cuando eso sucede, no sólo no podemos ser pacientes sino que se debilita la obra del Espíritu en nuestras vidas.

La paciencia no sólo es una virtud, es un fruto del Espíritu (Gálatas 5:22), lo que significa que las demostraciones de impaciencia revelan el agrio fruto de nuestros corazones caídos en vez de la dulzura de Jesús en nuestras vidas. Ya que Dios es un Dios paciente, cuando abandonamos la paciencia perdemos la oportunidad de mostrarle a nuestro mundo la gloria de Dios a través de nuestras vidas.

Las explosiones de impaciencia sólo demuestran que estamos más preocupados por nuestras propias agendas que por las necesidades y las luchas de los demás. Así que, respiremos todos profundamente y alejemos nuestro enfoque de nosotros mismos amando pacientemente a los demás en vez de a nosotros mismos en medio de la tensión.

La paciencia nos da el privilegio de compartir el refrescante fruto de Dios con los demás.

"Sé paciente. Muéstrale a tu mundo cómo es Dios en realidad."
Lectura del día: Gálatas 5:16-24

martes, 23 de septiembre de 2008

Reflexión Martes, 23 de septiembre de 2008


Él vela por nosotros
"Desde el lugar de su morada miró sobre todo los moradores de la tierra." Salmos 33:14
A principios de la década de los 60 leí la novela 1984 por George Orwell, la cual hizo famosa la frase:«El hermano mayor te está observando». En esta sociedad imaginaria, todos los aspectos de la vida están bajo vigilancia.

¡Hoy en día se estima que sólo en el Reino Unido hay unos 4.2 millones de cámaras de vídeo de circuito cerrado! Londres está saturada de ellas. Estas cámaras observan los salones y las veredas por razones de seguridad. Incluso monitorean el tráfico.

El Salmo 33 nos dice que Dios también está observando desde lo alto (v. 14). Él no sólo ve las imágenes y las actividades, sino que discierne los pensamientos y los motivos. En su calidad de Dios Creador, se hará según Su Palabra (v. 9). Sus propósitos eternos siguen su marcha sin obstáculo alguno (vv. 10-11). Los obstáculos terrenales son sólo peldaños para Él. Aunque puede que muchos dependan de la fortaleza militar para obtener liberación y seguridad, su esperanza es en vano (vv. 16-17).

Pero los que confiamos en el Señor no tenemos que huir de este Dios imponente. El salmista afirma: «He aquí el ojo de Jehová sobre los que Le temen, sobre los que esperan en Su misericordia . . . nuestra ayuda y nuestro escudo es Él» (vv. 18, 20).

Puede que el ojo de Jehová sea aterrador, pero los que confiamos en Él nos regocijamos. Él no es un «Hermano Mayor» entrometido sino nuestro Padre celestial amoroso que vela por nosotros.

"Mantén tus ojos puestos en el Señor; Él nunca quita Sus ojos de ti."
Lectura del día: Salmos 33:8-22

domingo, 21 de septiembre de 2008

Reflexión Domingo, 21 de septiembre de 2008


Usando bien la palabra de verdad
"Procura con diligencia... usa bien la Palabra de verdad." -- 2 Timoteo 2:15
En 1879, James Murray fue contratado como el editor de El Diccionario Inglés Oxford. Apenas si había alcanzado la educación superior, pero era un talentoso lingüista. Murray reclutó a un gran número de voluntarios en todo el mundo para que leyeran profusamente y le enviaran los usos de las palabras que les fueran asignadas. En Oxford, él y un pequeño equipo de eruditos catalogaban y editaban las definiciones que recibían.

Durante su vida, Murray recibió el título de caballero y se le confirió un doctorado honoris causa de la Universidad de Oxford. Hoy en día, El Diccionario Inglés Oxford de 20 volúmenes sigue siendo reconocido como uno de los diccionarios más precisos y completos del mundo.

El legado de precisión y exactitud de Murray me recuerda lo que el apóstol Pablo le escribió a Timoteo, un joven pastor de la iglesia en Éfeso: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15). La frase «que usa bien» es una metáfora derivada del arte del picapedrero de cortar piedras con precisión para que éstas encajen perfectamente en su lugar apropiado en una construcción.

La precisión con las palabras es esencial para una interpretación exacta de la Palabra de Dios. Seamos personas profundamente preocupadas por lo que la Biblia dice y por lo que quiere decir.

"Usar bien la Palabra de verdad multiplica nuestro entendimiento."
Lectura del día: 2 Timoteo 2:14-19

sábado, 20 de septiembre de 2008

Reflexión Sábado, 20 de septiembre de 2008


Nadie es lo suficientemente bueno
"Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos." -- Isaías 1:18
Un amigo me contó recientemente acerca de una madre joven que estaba tratando de explicarle la muerte de su padre a su hijita de cuatro años. La niña se preguntaba dónde estaría el abuelo. «Estoy segura de que está en el cielo -respondió la madre-, porque él era muy bueno». La niña respondió con tristeza, «Supongo que yo no iré al cielo». «¿Por qué no?» le preguntó su madre sorprendida. «Porque yo no soy muy buena».

La historia me entristeció, así como me entristece saber de otros que creen que deben ser muy buenos para entrar al cielo, y más todavía cuando todos sabemos en lo más profundo de nuestro corazón que no somos muy buenos en absoluto.

Tal vez, al igual que esta niñita, estés pensando en tus pecados y preguntándote: «¿Qué debo hacer para entrar en el cielo?» La respuesta ya nos ha sido dada: Jesús, por medio de Su muerte, ha pagado la totalidad del precio de tus pecados, sin importar cuán sórdidos, escabrosos o vergonzosos puedan ser éstos. Tu salvación es gratis.

Dios promete: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18). John Donne escribe:

Oh, lávate en la sangre de Cristo, la cual tiene este poder

Que, siendo roja, tiñe las almas rojas de blanco.

Nadie es lo suficientemente bueno para entrar al cielo. La vida eterna es un regalo. Recibe a Jesús por fe.

"Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo; nadie es tan malo que Dios no le pueda salvar."
Lectura del día: 1 Timoteo 1:12-17

Reflexión Sábado, 20 de septiembre de 2008


Nadie es lo suficientemente bueno
"Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos." -- Isaías 1:18
Un amigo me contó recientemente acerca de una madre joven que estaba tratando de explicarle la muerte de su padre a su hijita de cuatro años. La niña se preguntaba dónde estaría el abuelo. «Estoy segura de que está en el cielo -respondió la madre-, porque él era muy bueno». La niña respondió con tristeza, «Supongo que yo no iré al cielo». «¿Por qué no?» le preguntó su madre sorprendida. «Porque yo no soy muy buena».

La historia me entristeció, así como me entristece saber de otros que creen que deben ser muy buenos para entrar al cielo, y más todavía cuando todos sabemos en lo más profundo de nuestro corazón que no somos muy buenos en absoluto.

Tal vez, al igual que esta niñita, estés pensando en tus pecados y preguntándote: «¿Qué debo hacer para entrar en el cielo?» La respuesta ya nos ha sido dada: Jesús, por medio de Su muerte, ha pagado la totalidad del precio de tus pecados, sin importar cuán sórdidos, escabrosos o vergonzosos puedan ser éstos. Tu salvación es gratis.

Dios promete: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18). John Donne escribe:

Oh, lávate en la sangre de Cristo, la cual tiene este poder

Que, siendo roja, tiñe las almas rojas de blanco.

Nadie es lo suficientemente bueno para entrar al cielo. La vida eterna es un regalo. Recibe a Jesús por fe.

"Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo; nadie es tan malo que Dios no le pueda salvar."
Lectura del día: 1 Timoteo 1:12-17

Reflexión Sábado, 20 de septiembre de 2008


Nadie es lo suficientemente bueno
"Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos." -- Isaías 1:18
Un amigo me contó recientemente acerca de una madre joven que estaba tratando de explicarle la muerte de su padre a su hijita de cuatro años. La niña se preguntaba dónde estaría el abuelo. «Estoy segura de que está en el cielo -respondió la madre-, porque él era muy bueno». La niña respondió con tristeza, «Supongo que yo no iré al cielo». «¿Por qué no?» le preguntó su madre sorprendida. «Porque yo no soy muy buena».

La historia me entristeció, así como me entristece saber de otros que creen que deben ser muy buenos para entrar al cielo, y más todavía cuando todos sabemos en lo más profundo de nuestro corazón que no somos muy buenos en absoluto.

Tal vez, al igual que esta niñita, estés pensando en tus pecados y preguntándote: «¿Qué debo hacer para entrar en el cielo?» La respuesta ya nos ha sido dada: Jesús, por medio de Su muerte, ha pagado la totalidad del precio de tus pecados, sin importar cuán sórdidos, escabrosos o vergonzosos puedan ser éstos. Tu salvación es gratis.

Dios promete: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18). John Donne escribe:

Oh, lávate en la sangre de Cristo, la cual tiene este poder

Que, siendo roja, tiñe las almas rojas de blanco.

Nadie es lo suficientemente bueno para entrar al cielo. La vida eterna es un regalo. Recibe a Jesús por fe.

"Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo; nadie es tan malo que Dios no le pueda salvar."
Lectura del día: 1 Timoteo 1:12-17

Reflexión Sábado, 20 de septiembre de 2008


Nadie es lo suficientemente bueno
"Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos." -- Isaías 1:18
Un amigo me contó recientemente acerca de una madre joven que estaba tratando de explicarle la muerte de su padre a su hijita de cuatro años. La niña se preguntaba dónde estaría el abuelo. «Estoy segura de que está en el cielo -respondió la madre-, porque él era muy bueno». La niña respondió con tristeza, «Supongo que yo no iré al cielo». «¿Por qué no?» le preguntó su madre sorprendida. «Porque yo no soy muy buena».

La historia me entristeció, así como me entristece saber de otros que creen que deben ser muy buenos para entrar al cielo, y más todavía cuando todos sabemos en lo más profundo de nuestro corazón que no somos muy buenos en absoluto.

Tal vez, al igual que esta niñita, estés pensando en tus pecados y preguntándote: «¿Qué debo hacer para entrar en el cielo?» La respuesta ya nos ha sido dada: Jesús, por medio de Su muerte, ha pagado la totalidad del precio de tus pecados, sin importar cuán sórdidos, escabrosos o vergonzosos puedan ser éstos. Tu salvación es gratis.

Dios promete: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18). John Donne escribe:

Oh, lávate en la sangre de Cristo, la cual tiene este poder

Que, siendo roja, tiñe las almas rojas de blanco.

Nadie es lo suficientemente bueno para entrar al cielo. La vida eterna es un regalo. Recibe a Jesús por fe.

"Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo; nadie es tan malo que Dios no le pueda salvar."
Lectura del día: 1 Timoteo 1:12-17

Reflexión Sábado, 20 de septiembre de 2008


Nadie es lo suficientemente bueno
"Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos." -- Isaías 1:18
Un amigo me contó recientemente acerca de una madre joven que estaba tratando de explicarle la muerte de su padre a su hijita de cuatro años. La niña se preguntaba dónde estaría el abuelo. «Estoy segura de que está en el cielo -respondió la madre-, porque él era muy bueno». La niña respondió con tristeza, «Supongo que yo no iré al cielo». «¿Por qué no?» le preguntó su madre sorprendida. «Porque yo no soy muy buena».

La historia me entristeció, así como me entristece saber de otros que creen que deben ser muy buenos para entrar al cielo, y más todavía cuando todos sabemos en lo más profundo de nuestro corazón que no somos muy buenos en absoluto.

Tal vez, al igual que esta niñita, estés pensando en tus pecados y preguntándote: «¿Qué debo hacer para entrar en el cielo?» La respuesta ya nos ha sido dada: Jesús, por medio de Su muerte, ha pagado la totalidad del precio de tus pecados, sin importar cuán sórdidos, escabrosos o vergonzosos puedan ser éstos. Tu salvación es gratis.

Dios promete: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18). John Donne escribe:

Oh, lávate en la sangre de Cristo, la cual tiene este poder

Que, siendo roja, tiñe las almas rojas de blanco.

Nadie es lo suficientemente bueno para entrar al cielo. La vida eterna es un regalo. Recibe a Jesús por fe.

"Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo; nadie es tan malo que Dios no le pueda salvar."
Lectura del día: 1 Timoteo 1:12-17

viernes, 19 de septiembre de 2008

Reflexión Viernes, 19 de septiembre de 2008


Alguien que aprende
"Le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles." -- Lucas 2:46
El afiche en el pasillo de la iglesia mostraba a un muchacho vestido con ropas del Medio Oriente con una Biblia en la mano, subiendo por una ladera a la iglesia. La leyenda decía: «Jesús era un buen muchacho cristiano que iba a la escuela dominical cada domingo».

Como judío, Jesús no iba a la escuela dominical ni a la iglesia el domingo, así que el afiche era inadecuado. Pero la ilustración está en lo correcto al mostrar el deseo de Jesús de estar en el templo de Su Padre para escuchar Su enseñanza.

Cuando Jesús tenía 12 años, fue con sus padres a Jerusalén para la fiesta de la Pascua (Lucas 2:41-42). De camino a casa, Sus padres se dieron cuenta de que Él no estaba con ellos. Cuando regresaron «Le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles» (v. 46).

Jesús tenía el corazón de un discípulo que aprende. Isaías escribe acerca de Él como el Siervo de Jehová: «Jehová el Señor me . . . despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído» (50:4-5). En Su humanidad, el Hijo estaba abierto a aprender de Su Padre.

El ejemplo de Jesús nos desafía a ser oidores de la Palabra de Dios. Nosotros también podemos llegar a ser discípulos que aprenderemos si mantenemos nuestros corazones abiertos a la enseñanza de Dios.

"La meta más elevada de aprender es conocer a Dios."
Lectura del día: Lucas 2:46-52

jueves, 18 de septiembre de 2008

Reflexión Jueves, 18 de septiembre de 2008


Camas adicionales
"No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles." -- Hebreos 13:2
En el 2004, Casey Fenton fue co-fundador de un servicio sin fines de lucro que ayuda a los viajeros a encontrar una «alternativa más amistosa» a los hoteles que son poco acogedores. Encuentran a dueños de casas que estén dispuestos a ofrecer sus camas adicionales y sus sofás a los demás.

El grupo alardea de tener casi un cuarto de millón de amistades que se han formado a partir de su servicio. «Cuanto más ampliemos la red -dice Fenton-, tanto mejores oportunidades tendremos de que este mundo sea un mejor lugar».

Dicho servicio se parece mucho a la hospitalidad bíblica. En las últimas páginas de su carta a los Hebreos, el autor instruyó a los creyentes a que practicaran su fe en Jesucristo por medio de la hospitalidad (13:2). Los primeros seguidores de Cristo definieron eso como actos de generosidad hacia personas extrañas.

En el primer siglo, la hospitalidad a menudo incluía darle alojamiento a un invitado. Esto era lo más difícil de hacer durante una época de persecución. Estos creyentes no sabían si la persona era un espía o un compañero creyente que estaba siendo perseguido. Pero al recibir a extraños, el autor dijo que en efecto podrían estar invitando una bendición a sus hogares.

Como pueblo de Dios, estamos llamados a ser hospitalarios con los demás como parte de nuestra gratitud por la salvación que hemos recibido de Dios.

"Las personas con Dios en su corazón también tienen a las personas en su corazón."
Lectura del día: Hebreos 13:1-6

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Reflexión Miércoles, 17 de septiembre de 2008


Él está allí todo el tiempo
"No dije...: En vano me buscáis." -- Isaías 45:19
Nunca olvidaré una frustrante experiencia cuando fui a la estación Union Station de Chicago temprano una mañana para recoger a una pariente anciana que había viajado en tren. Cuando llegué al lugar, ella no estaba donde yo creía que estaría. Cada vez más angustiado registré todo el lugar -en vano. Pensando que ella había perdido su tren, estaba a punto de irme cuando eché un vistazo por el pasillo hacia el área del equipaje. Allí estaba ella, con el equipaje a sus pies, esperando pacientemente a que yo llegara. Había estado allí todo el tiempo. Y, para mi pesar, estaba justo donde se suponía que debía estar.

Así sucede con Dios. Él está allí, esperándonos pacientemente. Él nos tranquiliza asegurándonos, «no dije . . . :En vano Me buscáis» (Isaías 45:19). ¿Por qué, entonces, a menudo tenemos problemas para encontrarle? Probablemente porque estamos buscando en todos los lugares equivocados.

Le encontrarás justo donde se supone que deba estar: en su Palabra, en la oración y en la voz del Espíritu Santo que vive dentro de ti. El Dios que dice «buscad, y hallaréis» (Mateo 7:7) también promete que «es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6). Así que puedes regocijarte en que Dios está justo donde se supone que debe estar y en que está esperándote en este mismo momento.

"¿Has estado buscando a Dios en todos los lugares equivocados?"
Lectura del día: Isaías 45:18-25

martes, 16 de septiembre de 2008

Reflexión Martes, 16 de septiembre de 2008

Respondiendo a la crítica
"Para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios." -- 1 Pedro 2:12
Abraham Lincoln sabía lo que era enfrentar la crítica. Se le atribuye esta cita: «Si hubiera de intentar leer, mucho menos responder a todos los ataques que se me hacen, mi gestión bien podría quedar fuera de circulación y ser reemplazada por cualquier otra. Me esfuerzo al máximo en hacer lo que mejor sé hacer, en hacerlo lo mejor que pueda; y pretendo seguir haciéndolo hasta el final. Si al final resulta que lo hice bien, lo que se diga contra mí no llegará a nada. Si al final resulta que lo hice mal, las cosas no cambiarían aunque diez ángeles juraran que yo tenía la razón».

Enfrentando a una enorme oposición, Lincoln continuó uniendo la fracturada nación de los Estados Unidos, ganar la Guerra Civil y abolir la esclavitud en dicho país. Si hubiese permitido que las críticas le derrotaran, Lincoln no habría logrado hacer lo que hizo.

El apóstol Pedro entendía los peligros de la crítica infundada. Escribió; «Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras» (1 Pedro 2:12).

Las críticas pueden consumir nuestras vidas hasta el punto de producirnos parálisis emocional, o podemos disponer nuestros corazones para servir a Dios fielmente, sin amilanarnos ante esas críticas y mostrar a nuestro Dios. Cuando hagamos eso, no tendremos que responder a los que nos critican con palabras -nuestras vidas dirán todo lo que sea necesario.

"El testimonio más poderoso es una vida piadosa."
Lectura del día: 1 Pedro 2:4-12

lunes, 15 de septiembre de 2008

Reflexión Lunes, 15 de septiembre de 2008


¿Cuál es tu historia?
"Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa." -- Hechos 16:31
Todo creyente tiene una historia única de su encuentro con Cristo. Ana, una recepcionista en Ministerios RBC, me contó que ha usado un diario la mayor parte de su vida. Ella atesora el relato que registró acerca de su conversión cuando tenía 15 años. He aquí un extracto: «Fui a ver a Billy Graham. ¡Fui salva! Estoy muy feliz . . . Cuando recibí la salvación sentí calidez en mi corazón».

Hace años, en un curso que impartí acerca de evangelismo personal, les pedí a los estudiantes que escribieran la historia de cómo habían llegado a la fe en Cristo. Me quedé pasmado ante cuán diferente era cada peregrinaje. Algunos fueron salvos de una vida de drogas e inmoralidad. Otros eran miembros de alguna iglesia y llegaron a Cristo después de años de instrucción bíblica.

Las conversiones varían. El apóstol Pablo tuvo un encuentro de crisis con el Salvador que le hizo cambiar de perseguidor en predicador del Evangelio (Hechos 26). En contraste, Timoteo fue alimentado tranquilamente en las Escrituras desde su primera infancia, dando como resultado la experiencia de su salvación (2 Timoteo 3:14-15). No hay dos peregrinajes de fe que sean idénticos. Pero cada uno tiene el elemento común de volverse al Señor Jesús con fe para recibir la salvación del pecado y recibir un nuevo corazón.

¿Puedes volver sobre tus propios pasos hasta el momento en que Dios te ayudó a venir a Cristo? ¿Cuál es tu historia?

"Necesitamos más que un nuevo comienzo: ¡Necesitamos un nuevo corazón!"
Lectura del día: Hechos 26:9-18

domingo, 14 de septiembre de 2008

Reflexión Domingo, 14 de septiembre de 2008


Final de la construcción
"Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria..." -- Judas 1:24
Hace años, Ruth Bell Graham, esposa del evangelista Billy Graham, vio un aviso junto a la carretera: «Final de la construcción. Gracias por su paciencia». Con una sonrisa, ella observó que quería esas palabras en su lápida.

Después de su muerte en junio del 2007, se llevó a cabo su deseo. Su lápida lleva rotulados los caracteres en chino para la palabra justicia (la Sra. Graham había nacido en China), seguidos de las palabras que la hicieron sonreír.

Todo seguidor de Cristo puede compartir la confianza de que la fidelidad de Dios nos llevará a través de este periodo de formación espiritual en la tierra. Hacemos eco de las palabras de alabanza de Judas: «Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos» (Judas 1:24-25).

Hoy nos encontramos en la zona de construcción. La carta de Judas nos desafía a crecer en fe, a orar en el Espíritu y a permanecer rodeados del amor de Dios (vv. 20-21). Pero esta construcción no es un proceso egocéntrico. Hemos de mostrar misericordia a los demás y rescatar a aquéllos en peligro de ruina espiritual (vv. 22-23).

Un día nuestra construcción quedará culminada, una perspectiva que vale muchísimo más que una sonrisa.

"Para construir una vida piadosa, permite que Dios sea el arquitecto y que Su Palabra sea el plano."
Lectura del día: Judas 1:20-25

sábado, 13 de septiembre de 2008

Reflexión Sábado, 13 de septiembre de 2008


Una medida de sanidad
"Ella es mí  consuelo en mí aflicción, porque tu dicho me ha vivificado." -- Salmos 119:50
Cuando le pregunté a una amiga cómo le estaba yendo cuatro años después de la súbita muerte de su esposo, ella me contestó: «Siento que estoy sanando. Las lágrimas tienden ahora a quedarse en mis ojos más que a rodar por mi rostro. Para mí, esa es una prueba de sanidad».

Cuán apropiadas son esas palabras para describir los cambios que se dan a medida que pasan los años para los dolientes que han soportado una pérdida inesperada.

Las Escrituras nos prometen consuelo en nuestro sufrimiento (2 Corintios 1:3-7), pero esa ayuda no viene toda de inmediato. De hecho, por lo que he oído, puede que nuestra sanidad deseada no llegue de manera completa en esta vida. Esto es lo que me dicen otros que han avanzado más en el camino del dolor que nuestra familia, seis años después de haber perdido a nuestra hija adolescente Melissa. En medio de nuestro dolor, encomendamos nuestras vidas a la dirección soberana de Dios, pero también nos damos cuenta que la lacerante tristeza siempre morará en nuestros corazones.

En efecto, Dios ha prometido que enjugará toda lágrima en el cielo (Apocalipsis 7:17), pero, hasta entonces, la sanidad será incompleta. El sufrimiento amaina pero no se disipa. El salmista dijo que. mientras la Palabra de Dios da vida, todavía está la combinación del «consuelo en mi aflicción» (Salmo 119:50). Incluso en las circunstancias más duras de la vida, podemos, con la ayuda de Dios, disfrutar de una medida de sanidad.

"¡El Dios que lavó nuestros pecados también enjugará nuestras lágrimas!"
Lectura del día: 2 Corintios 1:3-7

viernes, 12 de septiembre de 2008

Reflexión Viernes, 12 de septiembre de 2008


Construyendo una ciudad

"Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial, por lo cual Dios  no se avergüenza de ellos." -- Hebreos 11:1

Durante 41 años, el edificio Empire State Building de Nueva York disfrutó de la distinción de ser el edificio más alto del mundo con 375 metros de altura. Desde entonces, otros lo han superado, incluyendo las Torres Gemelas Petronas, de 445 metros de altura, en Kuala Lumpur, Malasia, y el Edificio 101 de 501 metros de altura, en Taipei. El edificio Burj, de 797 metros de altura, en Dubai, que debe terminarse a fines del 2008, los superará a todos de lejos.

Desde tiempos antiguos, el hombre ha tratado de distinguirse por medio de monumentos de todo tipo. Sigue siendo el sueño de muchos hoy.

El autor del libro a los Hebreos presenta una mejor manera de lograr la trascendencia. Hizo notar que los héroes de la fe jamás perdieron de vista el hecho de que «eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra» (Hebreos 11:13). Como resultado de ello, «Dios no se avergüenza de ellos; porque les ha preparado una ciudad» (v. 16).

Es un hecho de la vida que es probable que todo trabajo monumental sea superado. Incluso los más grandes «éxitos» del hombre son efímeros. Nuestros mejores esfuerzos sólo pueden traer honra temporal, y muy pronto serán eclipsados por los nuevos y mayores logros de los demás. Pero aquellos que invierten sus esfuerzos en vivir para agradar a Dios tienen una ciudad perdurable y una honra eterna que los espera. Aún ahora, Dios la está preparando para ellos.

¿Quién está edificando tu vida? ¿Tú o Dios?

"Un sólido fundamento le da fuerza a una edificación y a una vida."
Lectura del día: Hebreos 11:8-16

jueves, 11 de septiembre de 2008

Reflexión Jueves, 11 de septiembre de 2008


Llamada
"De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, ...úsense." -- Romanos 12:6
En septiembre del 2001, Lisa Jefferson tuvo una inesperada oportunidad de ser usada por Dios. Su ahora muy conocida conversación de 15 minutos con un pasajero en el vuelo 93 de la línea aérea United cambió para siempre la dirección de su vida. En su libro Called (Llamada), ella enfatiza que sus habilidades para escuchar y hacerse cargo, y mantenerse calmada en una crisis fueron utilizadas para alentar a otro creyente, Todd Beamer, en los últimos momentos de su vida.

Ella no pidió ser usada de esa manera. Pero Dios vio a una mujer que estaba disponible y la hizo coincidir con alguien que estaba en necesidad. Lisa ahora comparte su historia con quienquiera que pueda para alentar a los creyentes a estar siempre listos para servir.

Dios no sólo nos ha dado capacidades naturales, también equipa a cada creyente con dones espirituales para el propósito del ministerio. Dios no usa a los que no están dispuestos -Él no nos obligará a servirle. Su parte es equiparnos (Efesios 4:11-13) y darnos el poder y la preparación para el servicio. Nuestra parte es ser fieles y estar disponibles, y al tanto de las oportunidades para usar nuestros dones (Romanos 12:6).

Cuando te sientas impelido a ayudar a satisfacer una necesidad, cuando te sientas interiormente impulsado a servir, haz caso a esos sentimientos. No querrás perderte el llamado de Dios.

"Dios usa a personas ordinarias para hacer una obra extraordinaria."
Lectura del día: Romanos 12:3-8

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Reflexión Miércoles, 10 de septiembre de 2008


Escucha su clamor
"A ninguna viuda ni huérfano afligiereis, Porque si tu llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor." -- Éxodo 22:22-23
El canal de noticias CNN informó recientemente que hay unos 40 millones de viudas en la India. Quince mil de ellas viven en las calles de la ciudad de Vrindavan, en el norte de dicho país. Desafortunadamente, muchas de sus familias no escuchan el clamor de estas mujeres. Una viuda de 70 años dice: «Mi hijo me dice: 'Has envejecido. ¿Ahora quién te va a alimentar? Vete'». Ella clama: «¿Qué hago? Mi dolor no tiene límite».

Cuando Dios dio a Su pueblo instrucciones en el desierto, le dijo que tenía la responsabilidad de cuidar de las viudas y los huérfanos en el país (Éxodo 22:22-23). Los israelitas tenían que dejar algo de las cosechas en el campo para ellos y cada tercer año se recogía un diezmo especial para los necesitados. Dios esperaba que Su pueblo escuchara el clamor de los impotentes, defendiera sus derechos y se ocupara de ellos.

A los israelitas se les mandó que cuidaran de los demás como un recordatorio de su experiencia en Egipto. Cuando ellos estaban en problemas y clamaban a Dios, Él les escuchaba y les ayudaba. Así que su recuerdo de opresión y liberación tenía el propósito de moldear sus valores, actitudes y acciones hacia los débiles del país (Deuteronomio 24:18-22).

Imitemos a nuestro Padre escuchando el clamor de los necesitados en nuestro mundo.

"Cuanto más cerca estés de Dios, tanto más te compadecerás de los demás."
Lectura del día: Éxodo 22:22-24

martes, 9 de septiembre de 2008

Reflexión Martes, 9 de septiembre de 2008


La tarjeta de cumpleaños del chimpancé
"Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dió el del árbol, y yo comí." -- Génesis 3:12
No hace mucho tiempo mi esposa me pidió que buscara una tarjeta de cumpleaños atrasada para su hermano. Hurgando en el estante, encontré una tarjeta con un chimpancé en la tapa sosteniendo un auricular en la mano.

Esto es lo que decía: «Mejor que no sepa . . . cómo estás de disgustado porque se me pasó tu cumpleaños. Quiero decir, ¿cómo sabes que no tuve un grave accidente automovilístico y que estuve tirado en alguna zanja en medio de la nada? . . . Bueno, puede que haya olvidado tu cumpleaños, pero tampoco digamos que recibí alguna llamada telefónica para ver si yo estaba bien. ¡Todo lo que sé es que mejor será que tengas una buena excusa del por qué no supe de ti el día de tu cumpleaños!»

Es casi ridículo hasta dónde llegan las personas con tal de evitar su legítima responsabilidad, pero tampoco es nada nuevo. Cuando Dios confrontó a Adán por haber comido del fruto prohibido, él eligió echarle la culpa a su esposa y a Dios: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí» (Génesis 3:12).

Cuando hemos hecho algo malo, podemos aceptar la legítima culpa por lo que hemos hecho o echársela a los demás. Lo que a Dios Le agrada y da como resultado el crecimiento espiritual es aceptar la responsabilidad personal por nuestras acciones. Echarle la culpa a los demás de manera irracional no es asunto de risa.

"Una buena demostración del carácter de una persona es su comportamiento cuando está equivocada."
Lectura del día: Génesis 3:1-13

lunes, 8 de septiembre de 2008

Reflexión Lunes, 8 de septiembre de 2008


Cumplidos recibidos aquí

"Y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios." -- 1 Corintios 4:5
El artista Tom Greaves sabe cómo hacer cumplidos. Diseñó una caja de brillantes rayas rojas y blancas para una exhibición de arte en Washington, DC., llamada «La Máquina de los Cumplidos». Cuando la gente pasa por su lado, la máquina reparte cumplidos provenientes de un iPod interno. Dice cosas tales como, «tienes lindos ojos», «qué bien hueles» y «a las personas les atrae tu energía positiva».

Greaves no dirá que su motivación para haber creado la caja es otra que una respuesta a la cultura de sacarina en la que todos son especiales y no se critica a nadie, sin importar cómo se comporten las personas.

A todos nos encanta escuchar un cumplido de vez en cuando; por supuesto, si es auténtico. Tener la aprobación o la admiración de los demás nos hace sentirnos bien con nosotros mismos -al menos por unos cuantos minutos. Sin embargo, el apóstol Pablo consideraba lo que los demás pensaran de él o incluso lo que él pensara de sí mismo como «en muy poco» (1 Corintios 4:3). Él dijo, «el que me juzga es el Señor» (v. 4). Él sabía que un día nuestros corazones serán revelados «y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios» (v. 50).

No podrá haber mayor cumplido que el que recibiremos de nuestro Padre celestial cuando nos encontremos con Él: «Bien, buen siervo y fiel» (Mateo 24:23).

"El trabajo bien hecho para Cristo recibirá un «bien hecho» de parte de Cristo."
Lectura del día: 1 Corintios 4:1-8

domingo, 7 de septiembre de 2008

Reflexión Domingo, 7 de septiembre de 2008


Los peligros del éxito
"Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos." Deuteronomio 8:11
Alexandr Solzhenitsyn dijo que aprendió a orar en un campo de concentración siberiano porque ya no le quedaba otra esperanza. Antes de su arresto, cuando las cosas iban bien, apenas si pensaba alguna vez en Dios.

De manera similar, los israelitas aprendieron el hábito de depender de Dios en el desierto de Sinaí donde no tenían otra opción; necesitaban de Su intervención diaria para algo tan básico como comer y beber. Pero, cuando finalmente estuvieron sobre las márgenes del río Jordán, quedaron a la espera de una prueba de fe aún más difícil. Cuando entrasen en la tierra de la abundancia, ¿se olvidarían pronto de Dios?

Poco sabían los israelitas acerca de las tentaciones de las demás culturas, ya que habían pasado sus vidas en el desierto. Moisés estaba más temeroso de la prosperidad venidera que de los rigores del desierto -la cautivante sensualidad, las religiones exóticas, la fastuosa riqueza. Pudiera ser que los israelitas dejaran a Dios atrás y se atribuyesen el crédito de su éxito (Deuteronomio 8:11,17).

Irónicamente, el éxito dificulta la dependencia en el Señor. Los israelitas demostraron ser menos fieles después de entrar en la Tierra Prometida. Una y otra vez volvieron sus corazones hacia otros dioses.

Cuídate de la tentación que trae el éxito. Hay un grave peligro en obtener lo que queremos.

"No hay fracaso más desastroso que el éxito que deja a Dios a un lado."
Lectura del día: Deuteronomio 8:6-18

sábado, 6 de septiembre de 2008

Reflexión Sábado, 6 de septiembre de 2008


Da el máximo de tu capacidad y deja lo demás
"Fiel es el que os llama, el cual también lo hará." -- 1 Tesalonicenses 5:24
¿Alguna vez te has encontrado bajo una presión extrema? ¿Ha habido fases en tu vida en las que estabas tan cargado de tareas y responsabilidades que simplemente ya no te quedaba ni un respiro para prepararte para tu servicio a Dios?

Esa fue la experiencia de un pastor llamado A. J. Gossip. Durante una semana muy agitada, no contó con su acostumbrada cantidad de tiempo para preparar su sermón. Ese domingo por la mañana, mientras se acercaba al púlpito, se sintió culpable por las escasas notas para su sermón que tenía en la mano. Parecía como si el Señor le estuviese preguntando; «¿Esto es lo mejor que has podido hacer para Mí esta semana?» Y Gossip respondió con toda honestidad: «Sí, Señor, es lo mejor que he podido hacer». Más tarde le contó a un amigo que Jesús tomó ese trabajo mal preparado y en Sus manos «se convirtió en una trompeta» para su congregación.

El apóstol Pablo animó a los tesalonicenses para que Le entregasen todo a Dios (1 Tesalonicenses 5:14-22). Ellos debían exhortar, advertir, consolar, regocijarse, orar y expresar su gratitud a Dios -entre otras cosas. Nosotros también debemos siempre hacer todo lo que podamos en nuestra vida y servicio cristianos. Pero, cuando vienen los periodos de presión y simplemente no tenemos el tiempo que creemos necesario, debemos hacerlo lo mejor que podamos y luego, en oración, confiar en la fidelidad de Dios (v. 24).

"Sé fiel, y déjale los resultados a Dios."
Lectura del día: 1 Tesalonicenses 5:14-24

viernes, 5 de septiembre de 2008

Reflexión Viernes, 5 de septiembre de 2008



¿Raíces o retoños?
"Y porque no tenía raíz, se secó." Mateo 13:6
En la vida de los árboles, una clave para la supervivencia es tener más raíces que retoños. En su libro Oak: The Framework of Civilization (El Roble: El marco de la civilización), el autor William Bryant Logan dice: «Si un árbol tiene muchas hojas en las ramas y pocas raíces, probablemente tendrá una madera débil y vivirá poco tiempo . . . ; pero si echa muchas raíces y añade retoños con mayor lentitud, probablemente tenga una larga vida y sea resistente a las tensiones y a las presiones».

Las personas y las organizaciones pueden ser como los árboles. La carrera hacia el éxito es emocionante, pero todo lo que haga brotar retoños con mayor rapidez que echar raíces será frágil y estará en peligro de romperse, caer o morir.

Jesús usó una analogía similar en Su parábola del sembrador. Las personas que oyen la Palabra y la reciben con gozo son como la semilla plantada en pedregales; brotan rápidamente pero sólo perduran por un poco de tiempo porque no tienen raíces (Mateo 13:5, 20-21).

Las raíces no son bonitas en absoluto, pero son la fuente de nuestra fortaleza. Si nuestras raíces llegan a lo profundo en el conocimiento de Dios (Jeremías 9:24) y nuestras vidas están escondidas con Cristo (Colosenses 3:3), seremos fuertes, resistentes a la plaga y tendremos mayores probabilidades de sobrevivir a las tormentas de la adversidad.

¿Cuán profundas son tus raíces?

"Las raíces de la estabilidad provienen de estar bien cimentados en la Palabra de Dios y en la oración."
Lectura del día: Mateo 13:1-9

jueves, 4 de septiembre de 2008

Reflexión Jueves, 4 de septiembre de 2008



El dolor de la traición
"Yo he pecado entregando sangre inocente." Mateo 27:4
Cuando yo era un muchacho, mi padre observaba mi manera de derrochar el dinero y a menudo decía que el dinero hacía un agujero en mi bolsillo. Supongo que no es diferente a la manera en que aquellas 30 piezas de plata hicieron un agujero en el corazón de Judas después de traicionar a Jesús por algo de dinero en efectivo. Imagina cómo debió haberse sentido al ver a su amigo Jesús con las manos atadas y siendo llevado a juicio. Judas había visto esas mismas manos calmar la tempestad en el mar y tocar a los ciegos y tullidos. ¡Cuán a menudo esas manos amorosas habían tocado su propia vida!

Para Judas, la plata ya no era una recompensa sino más bien un recordatorio de lo que le había hecho a Jesús. A cada paso, las tintineantes monedas entonaban un canto fúnebre de condenación, hasta que finalmente admitió desesperado: «Yo he pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4).

Cuando hacemos elecciones que traicionan a Jesús, nuestras vidas al final se llenan de pesar. Incluso los seguidores bien intencionados se dan cuenta de que, frecuentemente, su deseo por amarle y servirle se encuentra en una ruta de colisión con el atractivo del dinero u otras tentaciones. Sin embargo, todo aquello que hemos conseguido sacrificándole a Él final e inevitablemente se convierte en un símbolo ruidoso de sufrimiento y pesar.

La próxima vez que tengas que hacer una elección con respecto a dinero, o cualquier otra cosa, recuerda el repiqueteo de las monedas condenatorias de Judas y no traiciones a tu amoroso Guía.

"Cuando te enfrentes a una elección, no traiciones a tu amoroso Guía."
Lectura del día: Mateo 27:1-10

lunes, 1 de septiembre de 2008

Reflexión Lunes, 1 de septiempre de 2008



Títulos y responsabilidades
"Pues si yo, el Señor  y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros tambien debéis lavaros los ies los unos a los otros." -- Juan 13:14
Las investigaciones realizadas por una firma líder en tecnología para el pago de compensaciones arrojaron que la mayoría de los empleados que tenían planeado dejar sus empleos creían que estaban siendo mal pagados. Sin embargo, menos del 20% de ellos de hecho estaban recibiendo salarios menores al estándar establecido en la industria para las labores que llevaban a cabo.

Bill Coleman, de Salary.com, cree que, más que haber recibido una mala paga, muchos empleados infelices han recibido demasiados títulos en sus cargos. Algunas compañías les dan a sus empleados títulos impresionantes aun cuando las responsabilidades de sus puestos de trabajo no han aumentado. Con el tiempo, los empleados creen que merecen más dinero de lo que ameritan sus deberes reales. «Cuando se trata del salario -dice Coleman-, lo que cuenta es lo que haces y no cómo te llaman».

Es interesante la manera en que Jesús lidió con el asunto de los títulos y las responsabilidades. Durante la última cena, realizó la labor de un humilde siervo al lavarles los pies a Sus discípulos, creando el escenario adecuado para Su asombrosa declaración acerca de la humildad: «Vosotros Me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si Yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros» (Juan 13:13-14).

Cristo el Señor estableció el ejemplo para todos Sus seguidores, confirmando que lo que cuenta no es cómo se nos llama sino lo que hacemos.


"Cuanto más sirvamos a Cristo, tanto menos serviremos al yo."
Lectura del dia: Juan 13:3-16