domingo, 26 de octubre de 2008

Reflexión Domingo, 26 de octubre de 2008


El yo que madura
"Mas el Dios de toda gracia, ...después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirma, fortalezca y establezca." -- 1 Pedro 5:10
Durante sus primeros años de ministerio, el predicador inglés Charles Simeon (1759-1836) fue un hombre duro e insistente en cuanto a expresar sus propias opiniones. Un día estaba visitando a un amigo y compañero en la labor pastoral en una aldea cercana. Una vez que se despidió y se fue, las hijas del amigo se quejaron ante su padre de la manera de ser del predicador Simeon. Él llevó a las muchachas al jardín interior de la casa y les dijo: «Dadme algunos de esos melocotones». Era principios del verano y los melocotones estaban verdes. Las muchachas preguntaron por qué era su padre quería fruta verde y no madura. Él respondió: «Bueno, mis niñas, la fruta está verde ahora y debemos esperar; pero con un poquito más de sol y unas cuantas lluvias más, los melocotones estarán maduros y dulces. Lo mismo se aplica al Sr. Simeon».

A su debido tiempo, Charles Simeon efectivamente cambió. El calor del amor de Dios y las «lluvias» de malentendidos y decepciones fueron los medios por los que él llegó a ser un hombre gentil y humilde.

El Dios de toda gracia obra en todos Sus hijos, humillando a los orgullosos y exaltando a los humildes, a fin de hacerles maduros y dulces. Nuestra tarea es aferrarnos a la gracia de Dios para soportar nuestras aflicciones con paciencia, sin cansarnos.

Con el tiempo, Él nos «perfeccionará, afirmará y establecerá» (1 Pedro 5:10). Debemos «aguardar a Jehová» y «alentar nuestro corazón» (Salmos 27:14).

"La salvación es el milagro de un momento; el crecimiento es la labor de toda una vida."
Lectura del día: 1 Pedro 5:8-11