El dolor de la traición
"Yo he pecado entregando sangre inocente." Mateo 27:4
Cuando yo era un muchacho, mi padre observaba mi manera de derrochar el dinero y a menudo decía que el dinero hacía un agujero en mi bolsillo. Supongo que no es diferente a la manera en que aquellas 30 piezas de plata hicieron un agujero en el corazón de Judas después de traicionar a Jesús por algo de dinero en efectivo. Imagina cómo debió haberse sentido al ver a su amigo Jesús con las manos atadas y siendo llevado a juicio. Judas había visto esas mismas manos calmar la tempestad en el mar y tocar a los ciegos y tullidos. ¡Cuán a menudo esas manos amorosas habían tocado su propia vida!
Para Judas, la plata ya no era una recompensa sino más bien un recordatorio de lo que le había hecho a Jesús. A cada paso, las tintineantes monedas entonaban un canto fúnebre de condenación, hasta que finalmente admitió desesperado: «Yo he pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4).
Cuando hacemos elecciones que traicionan a Jesús, nuestras vidas al final se llenan de pesar. Incluso los seguidores bien intencionados se dan cuenta de que, frecuentemente, su deseo por amarle y servirle se encuentra en una ruta de colisión con el atractivo del dinero u otras tentaciones. Sin embargo, todo aquello que hemos conseguido sacrificándole a Él final e inevitablemente se convierte en un símbolo ruidoso de sufrimiento y pesar.
La próxima vez que tengas que hacer una elección con respecto a dinero, o cualquier otra cosa, recuerda el repiqueteo de las monedas condenatorias de Judas y no traiciones a tu amoroso Guía.
Para Judas, la plata ya no era una recompensa sino más bien un recordatorio de lo que le había hecho a Jesús. A cada paso, las tintineantes monedas entonaban un canto fúnebre de condenación, hasta que finalmente admitió desesperado: «Yo he pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4).
Cuando hacemos elecciones que traicionan a Jesús, nuestras vidas al final se llenan de pesar. Incluso los seguidores bien intencionados se dan cuenta de que, frecuentemente, su deseo por amarle y servirle se encuentra en una ruta de colisión con el atractivo del dinero u otras tentaciones. Sin embargo, todo aquello que hemos conseguido sacrificándole a Él final e inevitablemente se convierte en un símbolo ruidoso de sufrimiento y pesar.
La próxima vez que tengas que hacer una elección con respecto a dinero, o cualquier otra cosa, recuerda el repiqueteo de las monedas condenatorias de Judas y no traiciones a tu amoroso Guía.
"Cuando te enfrentes a una elección, no traiciones a tu amoroso Guía."