Pueblo fantasma
"¿Qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que... sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?" -- Deuteronomio 10:12
El trabajo en una veta de oro que comenzó en los años 70 hizo de Boa Vista, Brasil, una ciudad en auge situada al borde de uno de los campos auríferos más ricos del mundo. Eso cambió cuando se clausuraron las minas de oro. Los funcionarios del gobierno dijeron que los mineros estaban destruyendo el bosque pluvial, vertiendo mercurio en los ríos, y trayendo armas y enfermedades que mataban a miles de lugareños. Hoy en día, Boa Vista es un «pueblo de almas perdidas y aventureros frustrados demasiado pobres para regresar a sus sombríos inicios».
Tal era el panorama del pueblo de Dios exiliado en Babilonia. Todo lo que tenían eran recuerdos de los días cuando el favor de Dios estaba con ellos. Jerusalén estaba en ruinas porque un pueblo bendecido había estado explotando a los débiles, sin ocuparse de la tierra que les había sido encomendada (2 Crónicas 36:19-21), y adorando a Dios mecánicamente. El profeta Nehemías confesó: «En extremo nos hemos corrompido contra Ti, y no hemos guardado los mandamientos» (Nehemías 1:7).
Dios amaba demasiado a Su pueblo como para dejarles continuar haciéndose daño a sí mismo y a los demás. Al permitir que éste «hiciera tiempo» en Babilonia, les ayudó a ver lo que puede suceder cuando un pueblo bendecido queda atrapado en una vida que saca a Dios de su perspectiva. ¡Él hará lo que sea necesario para ayudarnos a que también veamos eso!
El trabajo en una veta de oro que comenzó en los años 70 hizo de Boa Vista, Brasil, una ciudad en auge situada al borde de uno de los campos auríferos más ricos del mundo. Eso cambió cuando se clausuraron las minas de oro. Los funcionarios del gobierno dijeron que los mineros estaban destruyendo el bosque pluvial, vertiendo mercurio en los ríos, y trayendo armas y enfermedades que mataban a miles de lugareños. Hoy en día, Boa Vista es un «pueblo de almas perdidas y aventureros frustrados demasiado pobres para regresar a sus sombríos inicios».
Tal era el panorama del pueblo de Dios exiliado en Babilonia. Todo lo que tenían eran recuerdos de los días cuando el favor de Dios estaba con ellos. Jerusalén estaba en ruinas porque un pueblo bendecido había estado explotando a los débiles, sin ocuparse de la tierra que les había sido encomendada (2 Crónicas 36:19-21), y adorando a Dios mecánicamente. El profeta Nehemías confesó: «En extremo nos hemos corrompido contra Ti, y no hemos guardado los mandamientos» (Nehemías 1:7).
Dios amaba demasiado a Su pueblo como para dejarles continuar haciéndose daño a sí mismo y a los demás. Al permitir que éste «hiciera tiempo» en Babilonia, les ayudó a ver lo que puede suceder cuando un pueblo bendecido queda atrapado en una vida que saca a Dios de su perspectiva. ¡Él hará lo que sea necesario para ayudarnos a que también veamos eso!
"Dios nos da bendiciones para que podamos darle la gloria a Él."
Lectura del día: Nehemías 1:4-11