lunes, 30 de junio de 2008

Reflexión Lunes, 30 de junio de 2008


La fiebre de Lassa


"Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por Él seremos salvos de la ira." -- Romanos 5:9
Cuando Lily Pinneo, una enfermera misionera, estaba en el África Occidental, contrajo una enfermedad mortal llamada la fiebre de Lassa. Después de trasladar a Lily por avión a Nueva York para tratamiento médico, su temperatura se elevó a 42ºC. Para reducir la fiebre, los doctores la envolvieron en hielo y la alimentaron por vía intravenosa. La fiebre disminuyó. Después de nueve semanas, había perdido 28 libras (casi 13 kilos) y la mayor parte de su cabello. Pero, de alguna manera, sobrevivió.

En un laboratorio, el Dr. Casals aisló con mucho cuidado y analizó el virus de Lassa. Pero él también se infectó debido a que quedó expuesto a la enfermedad. En esa época, no se conocía tratamiento alguno que fuera efectivo. Afortunadamente, la enfermera Pinneo estaba convaleciendo y había creado anticuerpos a la aterradora enfermedad. Ella donó plasma sanguíneo para el Dr. Casals y él también se recuperó. La sangre de ella le salvó la vida.

Todos nosotros estamos infectados con la fatal enfermedad del pecado (Romanos 6:23). Sólo hay una cura. Ésta radica en el poder limpiador de la sangre derramada de Jesucristo. Pablo escribió: «Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por Él seremos salvos de la ira» (Romanos 5:9). La ira justa de Dios contra la transgresión ha quedado totalmente aplacada por medio de la muerte de Jesús en nuestro lugar. Todo lo que necesitamos es arrepentirnos, reconocerle como nuestro Salvador y recibir la cura espiritual para el pecado. ¿Has tomado esa decisión?

"El precio de nuestra libertad del pecado fue pagado con la sangre de Jesús."
Lectura del día: Romanos 3:19-26