Sirviendo juntos
"De espíritu prudente es el hombre entendido." - Proverbios 17:27
Una espectacular batalla aérea se libraba fuera de nuestra ventana. Hábiles y rápidos seres voladores revoloteaban en el aire, lanzándose desde lo alto, acercándose rápidamente por la izquierda y la derecha, apareciendo desde abajo para derribarse unos a otros en medio de la lucha. El aire estaba vivo con sonido mientras se atacaban, se eludían, se cernían y arremetían el uno contra el otro.
«Animalitos peleadores, ¿no es cierto?» observó mi esposa, Shirley. Seis colibríes llenaban el aire moviéndose como flechas, cerniéndose y aleteando mientras luchaban por los tres lugares en nuestro comedero rojo para colibríes. «¿Por qué simplemente no pueden ser pacientes?» se preguntaba ella.
Al igual que muchas disputas y peleas que asolan a la iglesia, estas batallas eran totalmente innecesarias. El comedero estaba lleno de agua azucarada. Lo rellenábamos cada día. Pero, a veces, ningún colibrí aparecía por allí durante horas, hasta que todos querían el agua azucarada al mismo tiempo. Parecían preferir una buena lucha.
Las peleas entre los creyentes en Jesucristo le deshonran a Él. Crean heridas en nuestros hermanos y hermanas, dejando cicatrices. «Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella», dice Proverbios 20:3. Y «el que ahorra sus palabras tiene sabiduría» (17:27).
¡Cuánto mejor es cuando decimos palabras amables de paz, y no palabras iracundas de lucha!
«Animalitos peleadores, ¿no es cierto?» observó mi esposa, Shirley. Seis colibríes llenaban el aire moviéndose como flechas, cerniéndose y aleteando mientras luchaban por los tres lugares en nuestro comedero rojo para colibríes. «¿Por qué simplemente no pueden ser pacientes?» se preguntaba ella.
Al igual que muchas disputas y peleas que asolan a la iglesia, estas batallas eran totalmente innecesarias. El comedero estaba lleno de agua azucarada. Lo rellenábamos cada día. Pero, a veces, ningún colibrí aparecía por allí durante horas, hasta que todos querían el agua azucarada al mismo tiempo. Parecían preferir una buena lucha.
Las peleas entre los creyentes en Jesucristo le deshonran a Él. Crean heridas en nuestros hermanos y hermanas, dejando cicatrices. «Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella», dice Proverbios 20:3. Y «el que ahorra sus palabras tiene sabiduría» (17:27).
¡Cuánto mejor es cuando decimos palabras amables de paz, y no palabras iracundas de lucha!
"Dos no pueden pelear cuando uno de ellos no lo hace."