Confesiones verdaderas
"He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre." -- Salmo 51:5
Me encanta el coco. ¡Siempre me ha encantado! Así que, después de un día agotador en el segundo grado, encontré una bolsa de coco rayado en el aparador y me la devoré toda. Cuando más tarde mi madre entró en la cocina para hornear -ya puede imaginar el qué: una torta de coco-, escuché: «¿Quién se comió el coco? »
Yo sabía que estaba en apuros, pero mi plan de escape era sencillo -una mentira rápida y fácil: «¡Yo no fui!»
Ella siguió con su interrogatorio con mis hermanas, pero después de que ellas lo negaron, todos escuchamos esas palabras que nos eran tan familiares: «¡Esperen a que su papá venga a casa!» Mi plan de encubrimiento estaba condenado al fracaso, y más tarde esa noche confesé.
Nadie me había enseñado a mentir. Tal y como lo admite el salmista David, «en maldad he sido formado» (Salmo 51:5). Pero en medio de su pecado, David supo a dónde ir -al Dios de abundante misericordia que nos limpiará de nuestro pecado (vv. 1-2).
Cuando reconocemos la continua realidad del pecado en nuestras vidas, se nos recuerda nuestra continua necesidad de la presencia de Dios y el poder de Su Palabra para mantenernos a salvo y espiritualmente cuerdos. Él está esperando que confesemos nuestras faltas y aceptemos el perdón y la limpieza que siempre está dispuesto a ofrecernos.
Recuerda, ¡una zambullida refrescante en la misericordia de Dios te espera al otro lado del pecado confesado!
Yo sabía que estaba en apuros, pero mi plan de escape era sencillo -una mentira rápida y fácil: «¡Yo no fui!»
Ella siguió con su interrogatorio con mis hermanas, pero después de que ellas lo negaron, todos escuchamos esas palabras que nos eran tan familiares: «¡Esperen a que su papá venga a casa!» Mi plan de encubrimiento estaba condenado al fracaso, y más tarde esa noche confesé.
Nadie me había enseñado a mentir. Tal y como lo admite el salmista David, «en maldad he sido formado» (Salmo 51:5). Pero en medio de su pecado, David supo a dónde ir -al Dios de abundante misericordia que nos limpiará de nuestro pecado (vv. 1-2).
Cuando reconocemos la continua realidad del pecado en nuestras vidas, se nos recuerda nuestra continua necesidad de la presencia de Dios y el poder de Su Palabra para mantenernos a salvo y espiritualmente cuerdos. Él está esperando que confesemos nuestras faltas y aceptemos el perdón y la limpieza que siempre está dispuesto a ofrecernos.
Recuerda, ¡una zambullida refrescante en la misericordia de Dios te espera al otro lado del pecado confesado!
"Admite tu pecado y experimenta el gozo de la confesión."
Lectura del día: Salmo 51:1-13